«Methinks that the moment my legs begin to move, my thoughts begin to flow.»

(Thoreau)

Hace unos días salí a sacar la basura —esta es la frase menos viajera de todo el blog— y me quedé mirando el mar. La casa que estamos alquilando por unos meses en Biarritz está a pocos metros de la playa de Port Vieux y en diagonal a la esquina donde L y yo nos dimos la mano por primera vez —a veces creo que estaba predestinada a quedarme acá—. Como quería despejarme un rato, me fui por una calle perpendicular y terminé en un parque que sube por una colina y tiene vista abierta al mar. No pisaba ese parque desde la primera vez que vine a Biarritz y me pregunté por qué nunca más había vuelto a pasear por ahí. A lo lejos vi un banquito al sol con vista a la Grande Plage y supe que ese sería mi spot cuando quisiera desconectarme por un rato. Desde ahí veo el faro, la piscine municipel y las mareas.

Mi nuevo lugar preferido

Esos somos L y yo! En Biarritz! Ilustrados y convertidos en cuaderno por los chicos de Marilú Cuadernos Alegres

También veo esto desde mi «spot», si giro la cabeza.

Empecé natación otra vez. Hace un mes que voy a nadar dos veces por semana y cada vez que entro a la pileta me pasa lo mismo: el primer impacto con el agua le compite a los abrazos con L por mejor momento del día, pero hago dos piletas y pienso ohdiosmío ya me aburrí, cómo voy a hacer para aguantar más de 45 minutos acá adentro. En el agua no tengo libros, ni videos de youtube, ni paisajes, ni conversaciones, ni Netflix, ni cuadernos, ni mapas, ni ventanas que aceleren el tiempo o me distraigan de las repeticiones. Somos mi cuerpo, mi mente y yo en un loop que, mientras dura, parece infinito. Nadar es puro presente y si bien me parece el deporte más aburrido del mundo, lo practico desde que soy muy chica y es el único que mi cuerpo me pide —y mi cuerpo no es muy fan del deporte, la verdad—. Las idas y vueltas de la pileta me ponen en un estado meditativo. Nado, luego pienso, luego existo. Es un estado al que solo llego cuando camino durante al menos media hora sin plan ni apuro o cuando voy en un transporte por la ruta —no me estaría pasando lo mismo en un avión—.

Soy de las que necesitan el movimiento para pensar y sin embargo elegí uno de los trabajos más estáticos, que es escribir. Por más que parezcan actividades opuestas, nadar y escribir me resultan cada vez más similares: me cuesta tanto ir a nadar como sentarme a escribir —siempre hay una excusa o algo más importante que hacer—, pero cuando voy en contra de mis trolls mentales, cuando obligo a mi cuerpo a ir a la pileta o a sentarse en la silla, cuando entro en calor y voy agarrando el ritmo, ya no quiero frenar, me acuerdo por qué es que me gusta tanto hacer eso y me doy cuenta de que tanto en la natación como en la escritura, lo que cuenta, lo que hay que disfrutar, es esa práctica diaria —publicar, competir, son cosas que pasan de vez en cuando, como culminación de un entrenamiento largo—.

Casitas de Biarritz

La bajada a la Cote de Basques

Una de las cosas que más me cuesta hacer desde que decidí frenar es tener rutinas. Supongo que es la consecuencia de haber vivido 10 años de días todos distintos, sin horarios, con cambios constantes de escenario y sin demasiados planes a largo plazo (también es la consecuencia de ser una de esas personas que nunca puede hacer las cosas en orden, como leer un solo libro a la vez, estudiar capítulos de manera cronológica o usar los cuadernos de a uno). Así que estoy trabajando en eso, en tener hábitos. Desde que dije que me había cansado de viajar sentí que todo cambió de lugar, hubo una inclinación de algún eje planetario interior y tuve que realinearme en un sistema distinto, pasar de ser la viajera a ser otra cosa, permitir que todo a mi alrededor se reacomode para volver a funcionar en armonía. Si por diez años mi desafío fue vivir viajando, ahora es vivir escribiendo.

“Con la escritura hay que comprometerse” y “hoy voy a escribir” son mis dos mantras actuales. Los tengo escritos en papeles y pegados en la pared de mi escritorio compartido. No quiero olvidarme de lo que anoté en uno de mis cuadernos durante los tres meses que pasé —offline— en Buenos Aires: “Biarritz va a ser mi cuartito de escritura”, y por cuartito de escritura me refiero a un lugar al que iré solo para dedicarme a escribir, porque en Buenos Aires vivo de urgente en más urgente y me olvido de lo importante, de lo que quiero hacer ahora que estoy quieta. Siento que entré en la década de si vos no hacés que las cosas pasen no van a pasar, ya no vale el “dentro de un tiempo” o “seguro que en el futuro lo voy a hacer” (¿será cierto? ¿qué diré de mis 30 a los 40?).

Mi escritorio actual, cuando todavía no le había pegado tantas cosas en la pared

Cuaderno actual :)

Y un recordatorio diario (llavero de Adam JK)

Hace unos días encontré esto escrito en otro cuaderno, al que bauticé El cuaderno de las pequeñas observaciones cotidianas: “Cuando empecé a soñar con viajar, lo que más me atraía de ese estilo de vida era que mis días fuesen distintos. Durante casi 10 años lo fueron. Ahora que decidí frenar, tengo otro proyecto que me resulta igual de atractivo: diseñar mis días, crear el mapa ideal de mi cotidianidad. Puedo tener días distintos aunque esté quieta y aunque repita las mismas actividades: leer, escribir, aprender, enseñar, compartir. Son verbos expansivos, donde caben mundos enteros”. Así que acá estoy, aprendiendo a convivir con la quietud y todo lo que cabe en ella. Por ejemplo:

Todas las mañanas, cuando me despierto, lo primero que hago es fijarme si pasó el cartero. Él ya sabe quién soy (la que se pide cosas de Japón) y a veces, cuando L está fumando, le pasa los paquetes por la ventana. Otras veces los deja encajados en el buzón, sobresalidos.

Una vez por semana entro a la papeterie y miro todo.

Hay días que el mar tiene olas de tres metros y días que parece un lago. Cuando sale el sol, la playa se llena. (El viernes pasado hice mi casual Friday’s en la arena, metí los pies en el mar pero no el cuerpo entero).

El casual Friday’s

La Cote des Basques

Acá decoran el jardín público por Halloween (jamás lo hubiese imaginado)

Otra tarde miré el atardecer en la Cote des Basques en compañía de una amiga, cada una con una taza de té en la mano.

A veces hacemos asados con amigos argentinos y franceses y tomamos Fernet.

Si hay un cumpleaños, se festeja.

Hago journaling todos los días, decoro mis cuadernos, escribo con lápices de colores y pego cosas con washi tape.

Nos fuimos unos días a Londres porque había pasajes en oferta y no pude resistir.

Hay días en los que siento muchísimas ganas de acampar, de irme sin computadora ni teléfono ni nada y acampar durante diez días. Casi no viajo pero pienso en viajar.

La primavera duró hasta principios de noviembre. Todavía casi no llovió.

Cada vez que saco la basura me quedo mirando el mar. Me parece un sueño tenerlo tan cerca. Cuando sale el sol me voy a sentar a mi banco y me olvido por un rato del mundo.

El resto del tiempo nado o pienso en que tengo que ir a nadar, y también trato de convivir con la incomodidad de estar sentada, y escribo, o pienso que debería estar escribiendo.

Así es Biarritz vista desde el cielo


Aprovecho para contarles algunas novedades, ya que hace mucho que no vengo por acá:

* Ya lo mencioné en algún newsletter y red social, pero hace unas semanas registré Viajando por ahí como sello editorial. Por el momento es para seguir publicando mis libros pero bajo un nombre. Su primer título oficial será “Mapa subjetivo de viaje”, un journal de viajes (diario con consignas para que ustedes completen, ilustrado por María Luque) que en este mismo momento está en imprenta y sale a la venta en diciembre (¡ya avisaré! Si se quieren enterar, suscríbanse al blog). (Si te estás preguntando qué es un journal y para qué sirve, te invito a leer este post: Lista de journals para disparar la creatividad).

* Entre el 1 y el 12 de diciembre estaré en Medellín, Colombia. La primera semana voy de blogtrip y la segunda me quedo por mi cuenta para dar el Laboratorio creativo con Caro Chavate (taller de escritura y creatividad) y presentar mis libros.

* Hay ejemplares de mis libros disponibles en México, Costa Rica, Colombia y Uruguay (sin costo de envío o con un costo muchísimo menor). Ya no tenemos distribuidor oficial en Perú (si quieren más info me escriben por privado). Acá pueden ver todos los puntos de venta actuales.

* El año que viene empiezo con los cursos online. Este año en Buenos Aires di varios talleres presenciales de escritura y creatividad y creo que encontré mi verdadera vocación.

* Firmé contrato con la Editorial Atlántida para publicar mi segundo journal de viajes (muy distinto al que está por salir ahora), que saldrá a mediados del año que viene, así que estoy trabajando en eso.

* La semana que viene me voy a testear el viaje en tren de Barcelona a Lyon (sí, a testear, porque me contrataron de una empresa para viajar en tren y escribir acerca de eso).

* Si les gusta escribir, les recomiendo mucho el libro «Still writing», de Dani Shapiro, su serie «Office hours» y esta columna de Leila Guerriero. También los invito a seguir el Instagram de escribir.me, mi blog de escritura creativa (pero solo si les gustan las washi tapes y aman los cuadernos).