Chan. (Si te estás preguntando y ahora qué y te mata la intriga, andá a la segunda parte del post.)

Alguna tarde del 2007, cuando todavía me faltaban unos meses para terminar la universidad, decidí que apenas rindiera el último final me iba a ir de viaje sin fecha de vuelta. Estaba trabajando en una revista y usaba cada rato libre para escribir en mi blog (otro, en el que solía mencionar que tenía muchas ganas de viajar) y para googlear fotos de los lugares que quería conocer. Irme de viaje era mi obsesión y no imaginaba mi futuro en una oficina o viviendo días iguales. Necesitaba construir una vida en movimiento y no quería quedarme con la duda de qué hubiese pasado si, por más miedos que tuviera.

El 28 de enero de 2008, con 22 años, me tomé un colectivo de ida a Bolivia y di por iniciada mi vida de viajera (así empieza la contratapa de “Días de viaje”, donde cuento todo esto con mucho más detalle). Entre ese día y hoy hice y viví muchísimo más de lo que me hubiese imaginado:

viajé sola por más de 40 países,
me quedé más de 200 veces en casas de familia alrededor del mundo,
me animé a hablar con extraños y a fotografiarlos,
probé comidas de todos los continentes,
acampé en el desierto,
me invitaron a casamientos y cumpleaños,
viajé por China sin entender nada,
descubrí mis raíces en España y en Hungría (incluso intenté estudiar húngaro),
me enamoré,
me desenamoré (y me animé a compartir varias de esas historias en “El síndrome de París”, mi segundo libro),
atravesé Europa en auto con un chico que recién conocía y que terminó siendo mi marido,
vi la aurora boreal desde un bosque sueco,
viajé en barco, en crucero, en helicóptero, en avión, a dedo, en camiones, en tractores,
tuve dengue, sabañones, fiebre, me corté, me caí, me esguincé,
tuve un período de muchísima tristeza,
conocí a algunas de las personas más importantes de mi vida,
me despedí de algunas de las personas más importantes de mi vida,
logré llevar mi trabajo en la mochila y vivir de lo que más me gusta,
publiqué varios libros,
di una charla TEDx,
me invitaron a viajes de prensa,
llené 43 cuadernos (y contando),
di talleres,
conté todo en este blog,
recibí comentarios haters,
recibí comentarios inspiradores, llenos de amor y gratitud (gracias por eso),
volví varias veces a Buenos Aires,
tuve la vida que siempre soñé y entendí, a la vez, que no era ideal ni perfecta.

Mural visto en Madeira (Portugal)

Pero alguna tarde del 2017, en alguna parte del mundo, me cansé de vivir así. Me cansé de trasladarme, de mudarme, de empacar y desempacar, de llegar a tiempo a los trenes, de buscar dónde dormir y a la vez dónde trabajar, de no tener un espacio propio, de no tener mi biblioteca, de tener mis cosas dispersas en distintos lugares, de no ver a mis amigos y a mis sobrinos, de no poder encarar proyectos largos porque nunca me quedo varios meses en el mismo lugar. Sé que ya escribí sobre esto antes, pero durante este último viaje le dije demasiadas veces a L, llorando, no me quiero volver a mudar, quiero una casa, hasta acá llegué y algo adentro mío me dijo: «Esto así no va más».

Me siento igual que en el 2007, cuando miraba fotos y soñaba con viajar, pero al revés: ahora miro casas y sueño con vivir ahí. Abro con más emoción un cuaderno en blanco que un mapa, entro con más ganas a un departamento en alquiler que a un hotel, me motiva más armar mi escritorio que hacer la mochila. Ya no quiero andar girando “como bola sin manija” (dirían), ya no quiero vivir sin rumbo fijo. Me cansé. Necesito una base, un ancla, un nido. Y si no escucho este llamado interno, tan fuerte como el “quiero viajar” de hace 10 años, no voy a ser feliz, voy a seguir viajando por inercia, por miedo a cerrar una etapa que empezó como el sueño más grande de mi vida pero que ya no me motiva como antes, y no voy a crear cosas que valgan la pena porque no voy a estar alineada con lo que quiero ser.

Y no saben lo difícil que es para mí escribir esto y el miedo que voy a tener cuando haga click en el botón de “Publicar”, pero siento que si no soy honesta (conmigo y con ustedes), si hago de cuenta que todo sigue como siempre, me voy a quedar trabada en algo que ya no soy y voy a terminar dejando este blog porque no me voy a sentir identificada con él (¿crisis de 7 años con el blog? No sos vos, soy yo, te lo juro), y no quiero que eso pase. Y como siempre escribí desde mis emociones y desde la sinceridad, no puedo hacer de cuenta que ahora no está pasando nada. Necesito dejar todo esto por escrito para cerrar una gran década y poder abrir otra. Así que eso: dejo los viajes para volver a la oficina (ese sería el título marketinero de este post). La diferencia es que esta oficina va a ser un espacio de trabajo diseñado por mí, en mi casa, en el lugar del mundo que elija, con las horarios que quiera, decorado a mi manera y para hacer cosas que no estaría haciendo si no me hubiese ido de viaje por casi 10 años.

¿Y ahora qué?

¿Y ahora? ¿Qué va a pasar con el blog? ¿Qué va a pasar con nosotros?, se estarán preguntando ustedes, si es que todavía queda alguien leyendo o ya dieron un portazo masivo y me dejaron sola para siempre. ¿Qué implica todo esto? (Spoiler: va a haber Viajando por ahí para rato.)

Primero, que voy a quedarme quieta y voy a armar mi espacio de trabajo para poder enfocar todas mis energías en crear y compartir. Quiero devolver todo lo que aprendí durante estos 10 años, quiero crear para mí y para ustedes, quiero escribir más que nunca, quiero responder a sus preguntas y sus miedos, quiero compartir todo lo que sé acerca de viajar, de escribir y de ser nómada digital. Mi objetivo es inspirarlos a que si quieren viajar, viajen (y de la manera más suya posible), y si no quieren viajar, no viajen y se queden quietos haciendo lo que aman. Como adelanto les cuento que en septiembre sale mi primer journal de viajes, hecho a dúo con María Luque, del que ya les iré mostrando cositas y que vamos a presentar en Buenos Aires (pronto preventa!), también que estoy por firmar contrato con una editorial argentina para hacer un lindísimo proyecto de libros para el año que viene y que estoy preparando, por fin, mis cursos y workshops online.

Segundo, esta decisión implica que me llegó el momento de elegir dónde vivir, al menos por unos años, y con L tenemos todas las fichas puestas en Biarritz (Francia). Nos gusta la idea de vivir frente al mar y de estar en Europa y a ambos nos gusta esta ciudad para, en un tiempo, tener familia. Ahora mismo estamos acá, buscando casa, aunque está difícil porque hay muchísima demanda y poca oferta. Hace unos días fuimos a ver el departamento de nuestros sueños: entramos y fue amor a primera vista, ya nos veíamos viviendo ahí… nosotros y 20 postulantes más. Al final no nos lo dieron (por eso anduve medio triste esta última semana), así que seguimos buscando. La idea es establecernos en Biarritz y pasar varios meses al año en Buenos Aires.  Ahora en julio nos vamos tres meses a Buenos Aires y en octubre volvemos a Francia con la idea de quedarnos acá de manera indefinida.

Nos quedaremos por acá…

Tercero: no voy a dejar de viajar (y lo subrayo porque sé que lo tengo configurado en el ADN). Lo que quiero y necesito es dejar de moverme de manera tan constante y pasar a ser una nómada part-time (u ocasional). Quiero seguir viajando pero de otra forma: quiero hacer viajes más cortos, con ida y vuelta (en lo posible sin tecnología), y durante esos días enfocar todas mis energías en explorar, en conocer, en documentar, en fotografiar, en interactuar con el lugar y no en estar pensando dónde voy a vivir después de ese viaje, si voy a tener internet o no, qué va a ser de mí y todo eso que me está pasando ahora. Quiero poder decir “me voy una semana a explorar Estambul” e irme con la emoción del 2008, a perderme en la ciudad y a disfrutar de ese viaje “en estado puro”. Y para eso necesito frenar y tener una base. Necesito volver a hacer de los viajes algo extraordinario y no parte de mi rutina, porque así como los estoy viviendo hoy, ya no los disfruto.

Y por último: no voy a dejar de escribir de viajes (tengo mucho material por subir todavía), aunque también escribiré acerca de otras cosas (en escribir.me, no se preocupen, que para eso está). Me quedan muchos libros por delante. Que empiece la década creativa.

Cierro con esta frase del libro «Nos vamos», de Power Paola.

Y con una foto mía, que hace mucho que no doy la cara (estoy más arrugada que hace 10 años, eso seguro).

Si quieren enterarse de todo lo que se viene, los invito a suscribirse a mi newsletter. Pronto estaré anunciando preventa y talleres en Buenos Aires. :)

Ah! Y hay promo en la Tienda para celebrar a Biarritz: si compran dos o más libros les mando una postal escrita a mano desde acá, de regalo, para ustedes o para un amigo.