Guía para aprovechar un día de lluvia

[box]Este post fue inspirado por el blog “Charcos en el mundo” de Diego Koltan, un argentino que vive en Barcelona. Llegué a su blog de casualidad y me pareció genial su idea de los “Fotocharcos”. Así que me puse en contacto con él, esperamos a que lloviera y salimos por Barcelona en busca de charcos para fotografiar. Les recomiendo muchísimo su página. Además, está en busca de charcos invitados para ampliar su archivo, así que vamos, ¡a sacar fotocharcos por ahí! [/box]

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Cómo aprovechar un día de lluvia
(O, más bien, cómo aprovechar el después de un día de lluvia)

1. Salga a la calle pocos minutos después de que la lluvia haya parado, cuando las nubes se abren y el sol empieza a asomar.

2. No es necesario llevar paraguas. Tampoco es necesario llevar cámara de fotos. Solamente ir con la vista activada en Modo: Charcos. (Eso sí, tenga cuidado de no chocarse con la gente ni de tropezar por estar mirando el piso. También tenga cuidado de no patinarse ni pisar baldosas flojas. Si le pasa, ríase. Es agua nomás.)

3. Busque charcos de agua en las calles, en las veredas, en la tierra, en el pasto. Una vez que encuentre uno, acérquese. Agáchese y mírelo desde todos los ángulos posibles, fíjese qué cosas refleja.

4. Si tiene cámara, saque una foto de aquello que le resulte interesante. Si está con un amigo, muéstrele lo que ve. Si está solo, probablemente parezca un loco. Tal vez alguien se acercará a preguntarle si perdió algo. Tal vez lo miren de lejos. Tal vez un grupo de curiosos se congregue a su alrededor para fijarse qué es lo que mira con tanto interés. No pasa nada. Enséñele el secreto de los charcos a aquellos que estén interesados en mirar la realidad desde otro ángulo.

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Esos charcos, como verán, esconden otros mundos. Ver una ciudad a través de sus charcos es como ver un universo subterráneo, un lugar que está ahí, bajo nuestros pies, pero que solamente se abre los días de lluvia.

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Así que olvídese de ese cliché de que los días de lluvia son deprimentes. Solamente tenga paciencia. Siempre que llovió, paró. Siempre que paró, se formaron charcos. Y siempre que se formaron charcos, algo se reflejó en ellos. Esos reflejos muestran realidades que siempre estuvieron ahí, pero que nunca supimos ver.

[singlepic id=5015 h=800 float=center] Los charcos están, pero muchas veces los esquivamos o les pasamos por encima

[singlepic id=5011 w=800 float=center] Un charco en estado normal

[singlepic id=5028 h=800 float=center] Lo que vemos así…

[singlepic id=5027 h=800 float=center] …también se puede ver así.

[singlepic id=5020 h=800 float=center] Conclusión: vivimos patas para arriba

[singlepic id=5019 h=800 float=center] Post inspirado por la web de Diego, el fotógrafo de charcos.

[box type=”tick”]Aclaración final: Esta guía de charcos puede ser utilizada en cualquier lugar del mundo en el que llueva o se acumule agua. [/box]

Querido Blog: soñé, viajé y me desperté (en qué orden, no sé).

3 de abril, Barcelona

Querido Blog:

Para qué te voy a mentir. Podría hacer de cuenta que te escribo desde una ventana que da a algún bosque nevado de Suecia. Podría decirte que los renos pasean por enfrente de mi casa y que siento el olor de los árboles.

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Pero no.

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Te escribo sentada frente a una ventana que da a la plaza de toros de Barcelona, con la lluvia que no para de caer. Llegué hace unos días y la ciudad me atrapó otra vez (sigo tan enamorada de Barcelona como antes). Este regreso, sin embargo, fue distinto a mi regreso de Marruecos (acerca del cual todavía no te conté). Volver de Marruecos, fue raro. Fue gris. No sé si hablar de esto en esta carta… ¿O sí? Bueno, brevemente.

Te voy a contar un secreto: existe algo conocido como La Depresión Post Viaje. Bah, no sé si existe, pero a mí me pasa y por eso le puse ese nombre. Volver de un viaje implica pasar del movimiento constante a la quietud, de la incertidumbre a lo seguro, de ser el elemento novedoso en un lugar desconocido a ser una más en un lugar más que conocido. Volver de un viaje implica pasar de no saber dónde vas a dormir, dónde vas a comer, a quién vas a conocer, por dónde te va a llevar el camino, a tener todo más o menos ordenado y sin mucho lugar para la espontaneidad. Volver de un lugar tan intenso, colorido, bullicioso y acelerado como Marruecos acarrea una depresión (llamémosla tristeza, sensación de vacío, miedo a la inmovilidad) segura. ¿Sabés por qué? Yo creo que en cada viaje, en cada paisaje y en cada persona voy dejando un pedacito mío, un poquito de alma, por decirlo de alguna manera. Entonces cuando me voy siento que  dejo algo atrás, siento eso de “¡¿Qué hago acá?! Que alguien me explique en qué momento decidí volver y por qué”… Siento que parte de mí queda en un lugar al que nunca jamás volveré. Porque si bien puedo regresar al mismo lugar (físicamente), la experiencia va a ser distinta, la gente que voy a conocer va a ser otra, mi estado va a ser diferente (es imposible que un ser humano esté siempre igual). Por eso volver es tan difícil, ¿entendés? Este tema da para largo…

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Si bien mi regreso de Marruecos a Barcelona duró solamente cinco días (porque después de eso me fui a Suecia) y no fue el regreso tradicional (no volví a Buenos Aires sino a Barcelona, a una ciudad que me encanta y en la que todavía me queda muchísimo por descubrir), igualmente sufrí esa depresión. Y Suecia, ay Suecia… Ese viajecito fue la cura perfecta. Un viaje para curar la depresión post-viaje. ¿Quién lo hubiese dicho?

[singlepic id=4947 w=800 float=center] Bienvenidos…

Volví de Suecia mucho más tranquila. Y, pequeño detalle: enferma. Apenas me subí al avión de vuelta de Skellefteå empecé a estornudar y a sentirme bastante mal. Mi cuerpo dijo basta. Eso de estar casi dos meses girando por Marruecos, volver a Barcelona, irme a Suecia, dormir cuatro horas por día y pasar de los cero grados a los 25 en cuatro horas (que es lo que dura el vuelo de Laponia Sueca a Girona) me mató. Así que estuve todo el fin de semana en cama y recién hoy me siento un poco mejor. Pero como te decía, este regreso fue distinto. A pesar de estar enferma, volví de muy buen humor y con el alma contenta.

¿Dónde nos habíamos quedado en la carta anterior? Ah sí, el anteúltimo día de viaje, Miguel y yo volvimos en el auto de Tova y Bob (la pareja que nos alojó en su B&B) a Skellefteå para tomar el vuelo a Girona al día siguiente. A eso de las 8 pm nos reencontramos con David y Florent (nuestros otros compañeros de blogtrip que hicieron una ruta distinta a la nuestra) y hablamos eufóricos acerca de la aurora boreal, los renos (que nosotros no vimos pero ellos sí), la aurora boreal, su visita a los Sami, la aurora boreal, la experiencia de la moto de nieve, la aurora boreal, la comida y la aurora boreal otra vez. En algún momento la charla se puso muy divertida y a los cuatro nos agarró un ataque de risa. Y no eran solamente risas, eran carcajadas de esas que no podés contener y que te hacen llorar. Estuvimos diez minutos llorando de risa como cuatro salames, tratando de no hacer mucho ruido para no molestar al resto de los huéspedes. Otra gran medicina, la risa.

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Cuando terminamos de cenar decidimos salir a caminar un poco por la ciudad y adiviná qué: empezó a nevar. Para mí, que soy una principiante en esto de la nieve, ver cómo caen los copos del cielo es algo mágico. Agarramos cuatro paraguas y nos fuimos por ahí. Te juro que fue como si nos metiéramos adentro de una novela policial. Imaginate este ambiente: casas con puertas y ventanas totalmente cerradas, farolas empañadas en las veredas, la nieve que cae y se acumula, bicicletas estacionadas, silencio, ni un alma en la calle, cuatro extranjeros y cuatro paraguas, huellas misteriosas, un cementerio. Sí, había un cementerio al lado del hotel, con las lápidas hundidas en la nieve y todo. También vimos unas huellas rarísimas, de un par de zapatos estilo Aladdino (y de número, por lo menos, 45) y pisadas de un animal (¿un zorro tal vez? ¿Un Sasquatch de pies pequeños?). Yo subí a una montaña de nieve para sacar una foto y quedé enterrada casi hasta la cadera. Mirá, saqué algunas fotos, aunque no usé el trípode y salieron medio chungas.

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[singlepic id=4956 w=800 float=center] Esta fue de cuando quedé enterrada en la nieve y Miguel acudió al rescate.

Y la mañana siguiente, después de cinco días en Laponia Suecia, tomamos el vuelo de RyanAir de vuelta a Girona. Se me pasó rapidísimo y, cuando me di cuenta, ya estaba de vuelta en Barcelona. Así que eso es todo, Blog. The Dream is Over, como cantaba una de mis personas preferidas. Se terminó este pequeño e intenso viaje onírico y próximamente vendrán otros distintos. Si bien vi muy poco de Suecia, puedo decirte que en este viaje aprendí varias cosas:

1. Que la naturaleza es un gran desestresante. A mí, por lo menos, me da muchísima paz y felicidad.

2. Que la risa es una de las mejores medicinas. Imaginate si todos nos dedicáramos a reírnos a carcajadas (de esas que te sacan las lágrimas) por lo menos una vez al día… El mundo sería un lugar mucho más relajado y alegre. Y si todos nos riéramos de nosotros mismos, aún mejor.

3. Que desde que te creé (o “te conocí”) empecé a conocer gente muy afín a mí, con los mismos sueños, con los mismos ideales, con la misma pasión por viajar. Así que gracias. Creo que no hubiese sido posible sin vos. Cuando empecé nunca me imaginé que iba a llegar a tener charlas de blogs, wordpress, blogtrips y viajes con otras personas (sin quedar como una loca que habla constantemente de blogs).

4. Que, como leí alguna vez, el mundo necesita gente que ame lo que hace. Las personas apasionadas por su trabajo no aportan más que cosas positivas, más allá de que se equivoquen y tropiecen de vez en cuando. Todos nacemos con un talento y creo que una de las misiones más importantes que tenemos es descubrirlo y aprovecharlo, sea cual sea. Si ofrecemos nuestro talento al mundo, estaremos haciendo algo para mejorarle la existencia a los demás y a nosotros mismos.

5. Que cada persona que me voy cruzando en el camino me enseña algo, ya sea acerca del mundo, de sí misma o de mí misma. De todos se aprende.

5. Que cuanto más viajo, siento que menos conozco. Es como el “sólo sé que no sé nada”. Cuando más mundo conozco, más me doy cuenta de que me queda muchísimo más por descubrir y que, probablemente, no me dará la vida para verlo todo.

 6. Que volver de un viaje es como despertar de un sueño. A veces podemos despertarnos con una sensación de felicidad, a veces con melancolía, a veces con tristeza, a veces con tranquilidad. Todo depende de cómo fue el sueño y de dónde nos despertamos.

Bueno Blog, me voy a pasear bajo la lluvia y aprovechar mis últimas dos semanas acá…

No creas que me olvidé: Feliz cumple. Felices dos años de vida. Ya te haré un post cumpleañero.

Nos vemos por ahí,

Aniko

[singlepic id=4959 w=800 float=center] Adopté a una geisha con superpoderes, ahora se dedica a viajar conmigo :)

Asia de la “A” a la “Z”: L de Lluvia

[box type=”star”]Este post forma parte de la serie “Asia de la A a la Z”, un abecedario personal de mis experiencias en Asia. [/box]

L de Lluvia

En el Sudeste Asiático, al igual que en cualquier región tropical del mundo, la lluvia es parte de la rutina cotidiana. Para empezar, el año no se divide en cuatro estaciones sino en dos épocas: la de lluvias y la de “menos lluvias” (o “sequía”).

Como viajera, la lluvia es mi peor enemiga. Quienes hayan viajado y les llovió todos los días sabrán a qué me refiero. No hay nada peor que estar en un lugar con los días contados y no poder disfrutar por culpa de la lluvia.

Y acá, cuando empieza, no para.

Mis peores encuentros cara a cara con la lluvia fueron dos: en Vietnam y en China. En un viaje tan largo, era imposible que la lluvia no me sorprendiera en algún país. Y en cada lugar me generó una emoción distinta.

En Vietnam, el mal humor. Nunca estuve tan pasada por agua como en Vietnam. Me acuerdo cuando llegué a Hue, la antigua capital imperial del país, y no pude ver casi nada porque no paró de llover JAMÁS. Y cuando no había lluvia, estaba todo tan inundado que me era imposible caminar con la mochila sin el riesgo de patinarme y bucear en alguna vereda. Lo mismo en Hoi An, en Sapa, en Hanoi: lluvia, lluvia y más lluvia a toda hora.

En China, la melancolía y la resignación. Juro que la lluvia me persiguió de una provincia a otra, y eso que China es grande eh. En Kunming, la “Ciudad de la Eterna Primavera”, no sólo llovió sino que NEVÓ. Insólito. Cuando llegué a Guilin y Yangshuo, dos de mis últimas paradas en el país, dije ya fue, un poco de agua no le hace mal a nadie, y salí a caminar igual. Pero no contaba con el frío, que combinado con la lluvia no es nada agradable.

Sin embargo hay algo de la lluvia en Asia que me gusta, y es ver cómo se las ingenia la gente local para seguir con su rutina como si nada a pesar del agua:

  • Todos los que andan en moto pelan un poncho multicolor tan grande que alcanza para cubrirlos a ellos y a la moto (y al acompañante)
  • Los vendedores ambulantes improvisan paraguas con plásticos sobre la cabeza.
  • Los puestos callejeros se protegen debajo de carpas fabricadas con bolsas o lonas y las frutas o verduras se tapan con un plástico (pero la venta sigue).
  • Los bici-taxis hacen techitos con bolsas de plástico o pilotos para proteger al pasajero.
  • Los vendedores de paraguas y ponchos hacen negocio con los turistas (si habré comprado ponchos por 50 centavos que no sirven para más de una lluvia).
  • Los peatones sacan el paraguas o el piloto (que tenían previamente preparado) de la cartera y siguen caminando como si nada.
  • Y otros, como el amigo vietnamita de la foto, se sientan a tomar una cerveza en plena inundación. Esa es la actitud.

Llueve en China

Llueve en China. Y a mí me cuesta escribir. Imaginen esa escena trillada de película donde la lluvia cae y la protagonista mira por la ventana hacia afuera, con expresión melancólica, mientras apoya el codo sobre el marco de la ventana y la pera sobre la palma de la mano. Así estuve esta última semana, aunque sin la parte de mirar por la ventana. Con escuchar la lluvia me alcanza.

Podría contarles todo lo que no pude ver por culpa de la lluvia, pero no quiero pensarlo demasiado. Me siento en Vietnam parte II, otra vez los días grises. Porque un día de lluvia, cuando uno está viajando con los días contados (por una visa, por un pasaje de vuelta o por la razón que sea), es un día perdido y por ende un día gris, casi negro. Desde que me nevó en Kunming (digo “me nevó” porque estoy segura que esa nieve me la dedicó Dios, ya que Kunming es famosa por ser la ciudad “de la eterna primavera”) la lluvia no paró.

[singlepic id=2230 w=800] En Guilin, donde la lluvia y la niebla no me dejó ver demasiado lejos…

De Xijiang, aquel ex pueblito sin nombre, me fui a Congjiang, también en la provincia de Guizhou, con el plan de hacer village-hopping como le dicen. Ir de aldea a aldea. Caminar por pueblitos entre terrazas de arroz. Conocer a la gente local. Ah, pero la lluvia, la bendita lluvia. Ustedes pensarán que un poco de agua no le hace mal a nadie, pero acá el agua trae dos cosas: frío y niebla. O sea que por más impermeable que me ponga, es imposible ver el paisaje. Y la verdad es que para eso vine, en busca de paisajes. Así que me perdí varios lugares “espectaculares” que quería ver. Siempre me digo, para consolarme, “será la próxima”, pero ¿habrá próxima? Uno nunca sabe. Ojalá que sí.

De Congjiang me tomé el colectivo a Guilin, en la provincia de Guangxi, y pensé: Quiero volver al ex pueblito sin nombre, donde había turistas pero nadie me daba demasiada bola. Guilin es un lugar extremadamente turístico y la banda sonora callejera es algo así: lady! lady! hello, motorbike, lady, here lady, bamboo boat, lady lady where you go, cheap tour for you, lady, leiidiii !! Ponganlo en repeat y se darán una idea de lo que significa caminar por la calle siendo extranjera. Cansa, les juro que después de un año cansa.

[singlepic id=2219 w=800] “A picture with the birds, lady?”

[singlepic id=2220 w=800] La calle turística en Yangshuo, al sur de Guilin

[singlepic id=2237 h=800] Messi presente (creo que si no fuese por él, nadie nos ubicaría en el mapa)

[singlepic id=2231 w=800] McDonald’s presente…. creo que esta foto representa muy bien cómo un pueblito pasa a ser un destino turístico internacional.

Hacer viajes largos tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Las buenas, ya saben, conocer conocer y conocer. Las malas, que a veces todo parece repetirse, o mejor dicho, aparece esa sensación de “¿realmente quiero ver otro templo/río/mercado/buda/whatever?” Y a veces la respuesta es no. Pero un viaje (largo o corto) tiene algo que me gusta, eso de “no me importa si no veo tal o cual lugar, porque en Laos —ejemplo— conocí a los monjes budistas más buena onda del mundo o porque en China —otro ejemplo— tomé el té con las mujeres de una minoría. Y eso no se compra con ningún tour.

Así que para cerrar el viaje por el sur de China me fui a Yangshuo, a una hora y media de Guilin. Y si este lugar tiene fama, es por algo. Estuve cuatro días y solamente me llovió uno, así que me alquilé una bici y me fui a andar sin rumbo a orillas del río, entre montañas y por el barro de las plantaciones de arroz. Me embarré completamente, me perdí entre aldeas, obvio (creo que “viajar es perderse por el mundo”) y, como siempre, aparecieron esas personas caídas del cielo que me mostraron el camino. En chino y todo.

[singlepic id=2223 w=800] Andar en bici por medio de este paisaje “no tiene precio” (o sí, 10-20 yuan por el alquiler de la bici, pero el paisaje no se paga)

[singlepic id=2232 w=800] Tras 45 minutos de pedalear y pedir indicaciones, llegué a esta montaña conocida como Moon Hill, subí unos 800 escalones y me choqué con esta vista…

[singlepic id=2234 w=800] Más tarde frené al costado de la ruta y me encontré con este amigo que me miraba (soy búfalo en el horóscopo chino, ¿tendrá que ver?)

[singlepic id=2236 w=800] El camino me llevó entre casitas y plantaciones de arroz

[singlepic id=2226 w=800] Cada vez que veo una casita así, en medio de la naturaleza, me pregunto: ¿y si me quedo acá para siempre?

[singlepic id=2227 w=800] O tal vez largo todo y me pongo a cosechar arroz…

[singlepic id=2238 h=800] Caí en esta aldea histórica de casualidad. No había ni un solo turista ni tampoco la encontré en el mapa…

[singlepic id=2225 w=800] Seguí pedaleando en busca del río Yulong y me perdí. Le pedí indicaciones a esta mujer (le mostré un papelito en chino donde decía “dónde está el Yulong River” y me hizo señas de que la siguiera. Me guió durante unos 10 minutos con su bici y sus bebé en la espalda. Pasamos por unos paisajes irreales, llenos de árboles otoñales y hojitas por el piso, pero no pude frenar para sacar fotos porque tenía miedo de perderla (y de perderme otra vez).

[singlepic id=2233 w=800] Un poco más adelante apareció este hombre que me señaló dónde quedaba el río y me cruzó en su balsa de bambú hacia la otra orilla.

[singlepic id=2235 w=800] Y, por fin, el río.

Hoy pasé mi último día en lo que se conoce como mainland China (toda China sin incluir Hong Kong ni Macau) con mi querida amiga Journey en Foshan, su ciudad natal, a dos horas y media de la frontera con Hong Kong y Macau. Me llevó a conocer la atracción principal de Foshan (escuchen esta): The Toilet Waterfall (“La cascada de inodoros”). Cuando me adelantó que me iba a llevar al “Toilet World” pensé que íbamos a ver precios de artefactos de baño en un símil Easy Home o Barugel, ¡jamás me imaginé esto! Creo que ahora entiendo por qué Journey es tan personaje: ¡viene de una ciudad donde hay inodoros en cascada!

[singlepic id=2228 w=800] Journey frente a la cascada de inodoros (Foshan es famosa en China por sus trabajos en porcelana y cerámica… y por sus inodoros, bidets, bañaderas y lavatorios).

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[singlepic id=2229 w=800] Ver para creer. Me hizo reir muchísimo.

Fue un gran epílogo para este mes de travesía por China.

Y hoy, en este día gris de marzo, les confieso que estoy un poco cansada de tanto ir y venir. Un poquito nomás eh, no estoy diciendo que esto se termina. Quiero que mi vida sea un viaje constante, pero con algunas pausas en el medio como para “recobrar el aliento”, ahorrar y seguir disfrutando y conociendo.

No va a haber China parte dos, no en este momento. No me da el presupuesto ni la energía para seguir viajando ahora. Así que me quedo diez días en Macau, con mis amigos, y después vuelvo a Indonesia para quedarme allá un tiempo. Igualmente sigan atentos, que tengo muchas cosas para escribir y contar. Como dije, esto no termina acá.

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[box]Datos útiles para visitar Yangshuo:

  • Colectivo de Guilin a Yangshuo: ¥18 (aprox 3 USD), sale cada media hora y el viaje dura una hora y veinte.
  • Alojamiento: una cama en un dormitorio compartido cuesta ¥20 (3.5 USD), un cuarto privado en un hostel desde ¥60.
  • Alquiler de bicicleta: desde ¥10 (USD 1.5) por día.
  • Comida: depende dónde y qué se coma, pero entre ¥5 (un plato de noodles) y ¥15 (verduras con arroz), de ¥20 para arriba si es con carne. Botella de agua de medio litro: ¥2.[/box]

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