Visita a las Killing Fields de Camboya: cuando la realidad duele

Admiro a los camboyanos.

Admiro sus sonrisas.

Admiro su buen humor.

Admiro también, por qué no, su caos, porque significa que salieron adelante y siguen viviendo.

Admiro su fortaleza.

Admiro su presente.

Porque veo su pasado y no me queda otra que llorar por lo injusto que es el mundo, por lo extraño que es todo, y que unos pocos puedan arruinar la vida de millones de familias y porque no hay manera de borrar el sufrimiento.

Supongo que esto es lo que se siente al llegar a un país donde toda una generación fue borrada.

Donde hay más gente joven que adulta.

Donde todos los intelectuales de una generación murieron.

Donde hombres, mujeres, monjes, niños, todos fueron obligados al trabajo forzado o a la muerte.

Donde un hombre tuvo la idea de generar un país sin clases, sin educación, sin hospitales, sin futuro y lo logró gracias al apoyo de unos pocos y una máquina sanguinaria que borró a más de 8 millones de personas del mapa.

Pensé que no me iba a afectar pero me afectó.

Caminar por el lugar conocido como Killing Fields”, campo clandestino en las afueras de Phnom Penh donde se llevaba a la gente en camiones para matarlos en masa.

Pisar los bordes de las fosas comunes donde fueron encontrados miles de cuerpos destrozados.

Ver los árboles que servían para matar a los bebés (me lo explicaron literalmente así), agarrándolos de los pies y rompiéndoles el cráneo contra el tronco.

Tener los restos de ropa, de mandíbula, de huesos y de cráneos de las víctimas frente a mí, para que los oliera, mirase y tocase.

Caminar por dentro  del “S-21”, un colegio que fue tomado por el Khmer Rouge y transformado en una de las mayores cárceles clandestinas y centros de tortura.

Ver las celdas construídas rústicamente con madera, una madera que delimitaba los bordes de la vida: de acá para adentro, seguís vivo, cuando salgas, olvidate.

Mirar y ser mirada por las miles de fotos de las víctimas, sabiendo que no hay manera de resucitarlas.

Ver a los turistas sacándose fotos frente a los instrumentos de tortura, como si fuese algo “divertido”.

Leer los relatos de aquellos que fueron reclutados de niños y decidieron colaborar con el régimen para seguir vivos.

Ver que todavía, al día de hoy, no se hizo justicia y tal vez nunca se haga, ya que los mayores responsables murieron.

Saber que sólo siete de los miles de prisioneros sobrevivieron.

Escuchar aún hoy los gritos de desesperación, el llanto de los chicos, las plegarias de las mujeres.

Sentir el aire pesado, cargado de muerte, que quedó en todos estos lugares.

Entrar a una de las cuevas en las afueras de Battambang que también sirvió de fosa común y mirar desde abajo, cual víctima, el hueco desde donde arrojaban a la gente de lo alto.

Y pensar: no hay escapatoria.

Frente a la maldad humana no hay escapatoria.

Me afectó. No puedo no sentir nada frente a algo así. Es morbo, puede ser, porque de alguna forma ahora alguien gana dinero con la muerte, se la exhibe en un museo, se cobra entrada para presenciar la ausencia.

Pero sirve para generar conciencia, para que esto no se repita.

Y es una historia que no se puede pasar por alto si se visita este país. Porque la historia da forma al presente, y un lugar es lo que es, por consecuencia de lo que fue.

Y yo, personalmente, no puedo no sentir dolor, indignación, asco frente al ser humano que se dedica a matar a otras personas para lograr su cometido.

No puedo.

Hoy estoy indignada frente al mundo.

Camboya: cosas que veo desde la ventana (y que escucho desde el asiento de atrás)

I. Me gusta mucho viajar en colectivo

Hay gente que lo odia, se aburre, no soporta estar tres, cinco, diez, veinte horas arriba de un vehículo junto con tanta gente.

Para mí es una de las mejores formas de viajar y si pudiese recorrer el mundo entero en colectivo y evitar los aviones, lo haría (y escribiría un “Colectiveando por ahí”, o algo así…).

¿Por qué? Porque desde el avión solamente veo (de arriba y de lejos) el lugar del que me voy y el lugar al que llego.

Pero desde el colectivo veo todo lo que pasa entremedio. Desde la ventana del colectivo veo el camino.

Si miran el mapa del Sudeste Asiático desde Argentina, probablemente piensen que todos estos países “son iguales”.

A mí me pasa eso, por ejemplo, con Oceanía, no por ignorancia, sino porque es el continente del que menos sé y no me da la imaginación para diferenciar cada una de las culturas que viven ahí…

Y antes de viajar a esta porción del mundo también pensaba: ¿qué pueden tener de distinto países como Laos, Vietnam, Camboya, Tailandia, que están casi enroscados en el mapa y comparten un pedazo de tierra mucho menor que la superficie de Argentina?

De lejos, tendemos a homogeneizar.

Acá sucede lo mismo: mucha gente también cree que todos los países occidentales son una gran sucursal de Estados Unidos.

Vine a Camboya sin saber demasiado de Camboya (corrección: el Reino de Camboya) más que lo básico: calor, budismo, Angkor Wat, Khmer Rouge, Pol Pot y el genocidio que sufrió la población en los ’70.

No soy de las que se estudian el país de punta a punta antes de viajar. Al contrario, prefiero dejarme sorprender e ir aprendiendo a medida que veo.

Tuve el primer anticipo de Camboya desde la ventana del avión: este país es verde.

Las ciudades, los pueblos, las rutas, las aldeas están plagadas de vegetación, árboles, plantaciones de arroz, pasto. Se nota que se trata de un país rural.

Apenas dejé el aeropuerto y subí al tuk-tuk que me llevó al hostel en Siem Reap, vi algo que me llamó mucho la atención: las calles están “vacías” (en comparación con, por ejemplo, Indonesia, donde pareciera que no cabe uno más en la vereda), hay poca gente, el tráfico es mucho más tranquilo que en los países vecinos (a pesar de que acá también abundan las motos), hay pocos autos, mucha gente en bicicleta y muchos (muchísimos) chicos y personas jóvenes.

Dos datos interesantes: la población es de 15 millones y el 50 por ciento tiene menos de 20 años.

Toda una generación fue arrasada por el régimen dictatorial del Khmer Rouge (se calcula que aproximadamente 8 millones de personas murieron durante el régimen).

Viajando desde Siem Reap hacia Battambang, pueblo a unas cuatro horas, pude sentir la simpatía de los camboyanos.

En Siem Reap no es tan fácil conocerlos, porque ahí sos de un bando o del otro: turista o local, y los integrantes no se mezclan más que para hacer negocios.

Pero fuera de Siem Reap, todo cambia.

Acá los extranjeros no son vistos como “estrellas de cine” (no puedo evitar la comparación con el furor que causa la gente rubia en Indonesia), tampoco hay hostilidad (como me dijeron que pasa en ciertos lugares de Vietnam): acá la gente me sonríe muy cálidamente en todos lados e intenta comunicarse conmigo en inglés o con señas.

El viaje en colectivo hacia Battambang se atrasó dos horas a causa de las inundaciones que tapaban la ruta así es que tuvimos que hacer trasbordo a una combi, cruzar los charcos (llenos de chicos nadando con inflables) y subirnos al colectivo que nos esperaba del otro lado.

Pero entre tanda y tanda de gente tuvimos que esperar sentados al costado de la ruta una hora.

Hacía muchísimo calor, así que cuando apareció el vendedor de helados, todos compraron (los gustos más solicitados: durien, café y coco).

Un grupo de tres camboyanas me compró un helado para mí.

Apenas llegué a Battambang (ya de noche), uno los hombres que trabajaba en la terminal llamó al hotel donde me pensaba quedar para que me fueran a buscar a la terminal (que quedaba algo así como a dos cuadras de distancia).

Me ven viajando sola y se preocupan.

La mañana que hice el check-out de ese mismo hotel, los chicos de la recepción me regalaron un tejido típido de acá llamado krama, que sirve como “bufanda” y para taparse la cabeza del sol.

No me lo esperaba y fue una linda sorpresa.

En el viaje desde Battambang hacia Phnom Penh (la capital, a seis horas) vi uno de los contrastes más llamativos: casitas hechas de paja y palitos, a pocos metros de templos imponentes que parecen fabricados con oro.

Un templo tras otro, uno más impresionante que el otro.

Una casita tras otra, una más pobre que la anterior.

Los suburbios de Phnom Pehn (que, no se dejen engañar, por lo que vi ahora es como un pueblo grande, no llega a tener estatus de gran ciudad) me gustaron, a pesar de que los vi desde la ventana y a toda velocidad.

Mujeres con sus carritos vendiendo baguettes, herencia de la época en que fueron colonia francesa (en el Sudeste Asiático no es común ver que te vendan pan en cada esquina), más templos y (elemento nuevo), varias mezquitas (a pesar de que los musulmanes no superan el 2 por ciento por ciento de la población).

Siempre que viajo en colectivo, intento que me toque el asiento al lado de la ventana.

No hay nada que me guste más que avanzar por la ruta mirando el camino.

El problema es cuando sos extranjera, no podés disimular que sos extranjera, y llegás a un destino popular donde los taxistas y tuk-tuk drivers están literalmente al acecho.

Te ven por la ventana desde la calle, te señalan, se señalan a sí mismos como diciendo ya sé que me elegiste a mí de chofer, te esperan en la puerta, por poco te suben a la fuerza a sus transportes y si no respondés o decís que no, se enojan.

Nota mental: cuando esté llegando a una ciudad, cerrar la cortina de la ventana.

II. La vida secreta de las motos

Si venís al Sudeste Asiático, amigate con las motos.

No sólo vas a tener que esquivarlas (o rogar que te esquiven) cada vez que cruces la calle, también se van a convertir en tu transporte predilecto.

En Battambang decidí hacer un tour por las afueras con un conductor local que trabajaba en el hotel donde me estaba quedando: Mr. Bun Nak.

Fuimos en su moto y no paró de contarme cosas durante todo el viaje.

Que trabajaba para una ONG pero se aburrió de la oficina y decidió comenzar a trabajar en la industria turística.

Que habla cinco idiomas (khmer, inglés, lao, tailandés y holandés).

Que una vez tuvo una novia pero lo dejó porque él no quería casarse y ella sí, y en Camboya, si una mujer pasa los 25 años y sigue soltera, chau (en este país hay más mujeres que hombres).

Que le gusta la cultura europea porque es más “abierta” (la gente se va a vivir junta sin casarse).

Que el régimen de Pol Pot arrasó al país y mató a la gente más culta.

Que los camboyanos son gente tímida.

Dicho eso, me dejó al pie de un templo y esperó abajo a que yo recorriera.

Primero me crucé con un anciano, de esos que casi no se ven en Camboya, que me sonrió. Le pregunté dónde estaba el baño, y él, que obviamente no entendió, me invitó a sentarme al lado. Le hice un gesto con la cámara pidiéndole permiso para sacarle una foto. Asintió y se quedó petrificado con una sonrisa. Le agradecí y seguí camino.

Arriba, en el templo, me crucé con un grupo de mujeres camboyanas. Me miraron. Una de ellas, sin decirme nada, me agarró del brazo y me hizo posar para la foto que sacó otra con el celular. Después me mostró la foto y se fue.

Cuando estaba terminando el recorrido, apareció un monje budista que me preguntó de dónde era, de dónde venía, hacia dónde iba, cómo me llamaba. Le pedí una foto, se arregló la túnica naranja y posó.

Finalmente, cuando terminé mi recorrido y volví hacia donde me había dejado mi amigo motorizado, el policía me dijo que mi guía se había ido a desayunar, que lo esperara un ratito ahí y que, de paso, le explicara en qué consiste una democracia liberal ya que esa misma tarde tenía que dar una presentación oral en la universidad.

Dije lo que pude y le saqué una foto.

Y en todos lados, siempre, los nenes me sonríen.

En Angkor Wat una nena se divirtió posando para todas mis fotos.

En el Palacio Real de Phnom Penh estaba sentada en un banco y una nena de no más de tres años se subió al banco, se colgó de mi cuello y se puso a mirar mi cámara de fotos y a hablarme en khmer.

¿De qué timidez hablan?

Me encanta esta gente.

[box type=star] Links y descuentos para que disfrutes de tu viaje

[wc_fa icon=”hotel” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Te regalo 25 euros para tu primera reserva en [eafl id=”21127″ name=”Airbnb” text=”Airbnb”].

[wc_fa icon=”ticket” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Mi página favorita para encontrar los vuelos más baratos es [eafl id=”22601″ name=”Vuelos Skyscanner” text=”Skyscanner”]

[wc_fa icon=”book” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] ¿Querés leer algo inspirador antes de viajar o llevarte un libro o guía a tu viaje? ¡Pedilo por [eafl id=”21091″ name=”Book Depository (general)” text=”Book Depository”]! (el envío es gratis a cualquier lugar del mundo) O leé alguno de mis libros ;)

[wc_fa icon=”pencil” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Si querés abrir un blog de viajes para contar tu aventura y buscás hosting te recomiendo [eafl id=”22613″ name=”Siteground” text=”Siteground”]. Y si querés aprender sobre escritura de viajes, ¡sumate a alguno de mis talleres de escritura y creatividad! [/box]

 

Viajar a los templos de Angkor Wat: info y recomendaciones

***Última actualización: septiembre 2018

 Info importante

[box type=star][wc_fa icon=”asterisk” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Visa Camboya: se saca en los aeropuertos y fronteras de Camboya, pero también se puede hacer online en este link. Cuesta USD 35 por 30 días y se puede extender una sola vez.

[wc_fa icon=”asterisk” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Siem Reap: el pueblo más cercano a los templos de Angkor Wat, un lugar extremadamente turístico pero que igualmente vale la pena conocer. Hay muchísimos hostels, hoteles y guesthouses, así que hay muchísima variedad para elegir. Se consiguen desde 5 USD para arriba (dormitorio compartido).

[wc_fa icon=”asterisk” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] ¿Qué es Angkor Wat? Angkor es un complejo de templos hindúes (y luego budistas, cuando el Imperio Khmer cambió la religión oficial) que sirvió como base del imperio Khmer entre los siglos 9 y 13. Las ruinas de Angkor están ubicadas en medio del bosque y son patrimonio de la humanidad de la UNESCO. Angkor Wat es el templo principal y mejor conservado, y, según dicen, el monumento religioso más grande del mundo. Estudios demuestran que Angkor fue la mayor ciudad pre-industrial del mundo (le sigue Tikal, en Guatemala, de cerca).

[wc_fa icon=”asterisk” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Entrada a los templos de Angkor: cuesta 37 USD por un día, 62 USD por 3 días y 72 USD por 7 días. Mi recomendación es comprar la entrada de 3 días para ver todo con tranquilidad.

[wc_fa icon=”asterisk” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Ubicación y transporte: los templos están desparramados y separados en un área bastante extensa, así que la mejor opción es movilizarse de uno a otro en bicicleta (para quienes les de el estado físico, se consiguen desde 1 USD por día), tuk-tuk (de 10 a 20 USD por día), auto, taxi, moto o colectivo o combi privada.

[wc_fa icon=”asterisk” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Comida “barata” en Angkor: 3 a 5 USD

[wc_fa icon=”asterisk” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Comida en Siem Reap: desde 1.50 USD

[wc_fa icon=”asterisk” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Moneda: el riel (4100 riel equivale a un dólar). En Siem Reap todos los precios están en dólares y toda la industria turística se maneja en dólares (restaurantes, hoteles, hostels, mercados, etc).[/box]

Mis recomendaciones

Prepárense para el acoso. Va a empezar desde el momento que pisen Siem Reap.

– Lady! Lady! I take you to the temples!

– Lady, you want tuk-tuk?

– Lady como here, cheap food! LADYYYY!!

Los gritos de las mujeres son unos chillidos que recordarán hasta en sueños.

Siem Reap (como el Aguascalientes de Machu Picchu pero más grande y, en mi opinión, más lindo) es una ciudad orientada al turista, especialmente al turista con dinero. Entonces por más mochilero que seas, te van a querer cobrar fortunas hasta por respirar. Lo bueno es que siempre se puede regatear. Lo malo es que se vuelve muy irritante no poder caminar en paz por la calle y por los templos sin que te persigan los taxistas, los nenes vendiendo imanes y postales, las mujeres ofreciendo masajes, los hombres ofreciendo ropa, etc.

Por más NO que digas, no lo van a entender y son capaces de seguirte durante cuadras.

Así que una buena solución es escuchar música con auriculares o hablarles en castellano. A veces simplemente si no hablás inglés, te abandonan.

Vayan tres días a los templos y, si les da el estado físico, háganlo en bicicleta.

Para ir de un templo a otro se necesita transporte.

Se puede hacer caminando, claro, pero en ese caso les recomiendo sacar la entrada de siete días porque les va a llevar mucho tiempo.

Las rutas están asfaltadas, son anchas y cómodas. El paisaje es muy lindo, los árboles envuelven el camino y todo es verde verde, como un día en el campo.

Si creen que no pueden hacerlo en bici (yo hice solamente un día en bicicleta porque mi estado en este momento es medio patético), la segunda mejor opción es el tuk-tuk (cobran de 10 a 20 USD por día) o la moto (no alquilan motos a extranjeros, así que hay que ir con un conductor local que puede cobrar unos 10 USD).

Creo que tres días es el tiempo ideal para ver todo con tranquilidad y repetir los que más les hayan gustado.

Se puede ver todo en un día pero llegar a este lugar para correr… ¡no tiene mucho sentido!

Amíguense con la oscuridad y vayan a ver el amanecer. La entrada a los templos abre a las 5.30 AM y mucha gente llega a esa hora para ver el amanecer en Angkor Wat.

Yo decidí ir en bicicleta (serán unos 20 minutos desde la ciudad) y cuando llegué me di cuenta de que fui la única, todos fueron en tuk-tuk o colectivo privado.

Salí de mi hostel a las 5 AM y me puse a pedalear, literalmente, en la boca del lobo.

Creo que no podía estar más oscuro, y si hubiese ido con los ojos vendados seguro que veía más ;)

Me hice la canchera pensando que iba a haber algún farolito, pero nada, la ruta estaba completamente oscura. Así que me encomendé a Buda, Alá y un par de dioses hindúes y me fui nomás, rogando que alguno de ellos se copara y me preparara un amanecer con cielo rosa o naranja (mínimo).

Y, como me pasa siempre, a mitad de camino apareció mi ángel: una mujer que iba en bicicleta con su hija y una linterna y me iluminó todo el camino hasta llegar al templo.

El amanecer que me tocó a mí fue “lindo”.  Lo recomiendo si quieren sacar buenas fotos y pero más que nada para ver el templo con poca gente.

Sepan que van a formar parte de la G.O.F. de Angor Wat: La Gran Orgía Fotográfica. Nunca vi tanta gente sacando fotos a la vez. Foto de un Buda, foto de una piedra, foto del cielo, foto del templo, foto del monje, foto del amanecer, foto del atardecer.

Todos sacamos las mismas fotos.

Pero lo más gracioso es que es una especie de todos contra todos, porque la gente no saca fotos solamente de los templos, sino que le saca fotos a los turistas de otros países (con disimulo, obvio).

Las chinas le sacan fotos a los nenes estadounidenses, los estadounidenses le sacan fotos a las mujeres camboyanas, los franceses le sacan fotos a los coreanos tal vez.

Todos se sacan fotos con el monje budista cual Mickey Mouse.

Es así, un Asia vs. Occidente, donde todos parecen exóticos a los ojos del otro, y todos se fotografían.

Cuando me cansé de sacarle fotos a los templos, confieso que yo también me convertí en paparazzi y le saqué fotos a la gente.

También descubrí personas que me sacaban fotos de lejos y se escondían detrás de una piedra.

Y comprobé algo: no importa qué tan buena y de último modelo sea tu cámara, siempre, SIEMPRE, habrá un chino o japonés con una cámara mejor.

Y, por último, no pierdan la capacidad de asombro. Por más acoso, oscuridad y orgía de fotos que haya los templos de Angkor tienen bien merecido el título de maravilla del mundo.

Son impresionantes, un trabajo tan detallista y minucioso, e imponente a la vez…

Mientras caminaba entre las ruinas pensaba qué tipo de civilización pudo construir algo así…

Pareciera que vienen de otro mundo. Y cómo las palabras no sirven en estos casos, acá les dejo varias fotos.

[box type=star] Links y descuentos para que disfrutes de tu viaje

[wc_fa icon=”hotel” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Te regalo 25 euros para tu primera reserva en [eafl id=”21127″ name=”Airbnb” text=”Airbnb”].

[wc_fa icon=”ticket” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Mi página favorita para encontrar los vuelos más baratos es [eafl id=”22601″ name=”Vuelos Skyscanner” text=”Skyscanner”]

[wc_fa icon=”book” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] ¿Querés leer algo inspirador antes de viajar o llevarte un libro o guía a tu viaje? ¡Pedilo por [eafl id=”21091″ name=”Book Depository (general)” text=”Book Depository”]! (el envío es gratis a cualquier lugar del mundo) O leé alguno de mis libros ;)

[wc_fa icon=”pencil” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Si querés abrir un blog de viajes para contar tu aventura y buscás hosting te recomiendo [eafl id=”22613″ name=”Siteground” text=”Siteground”]. Y si querés aprender sobre escritura de viajes, ¡sumate a alguno de mis talleres de escritura y creatividad! [/box]

Mi llegada a Siem Reap de mal humor y mi amigo el tuk-tuk driver

Llegué a Siem Reap a las 7.05 AM del martes 19, sin haber dormido en toda la noche y agotada de tanto caminar en Singapur los dos días anteriores.

Cualquiera que haya tomado un vuelo en estos horarios estrambóticos sabe lo cansador que resulta para el cuerpo y para el ánimo (ejemplo: vuelo que sale a las 5 de la mañana: tenés que estar en el aeropuerto dos o tres horas antes, por ende salir una hora antes de tu casa, por ende prepararte dos horas antes, por ende… terminás pasando la noche sin dormir).

Dormí media hora en el aeropuerto, mientras esperaba para embarcar, y una media hora entrecortada con la cabeza sobre la mesita de adelante durante el vuelo.

Cuando estábamos por aterrizar pensé que lo único que quería era tirarme en paracaídas y descender sobre una cama.

No me importaba Cambodia, Camboya, como se diga, ni Angkor Wat, ni nada.

Para que vean que no iba de lo mejor predispuesta.

Además, a todo esto podríamos subar que ya estaba extrañando horrores a mi novio y pensaba quién corno me mandó a viajar a Camboya me quiero volver a Indonesia ya.

Pero la vista del avión me despejó y me devolvió el asombro y el ánimo.

Creo que la mayoría de los vuelos que tomé anteriormente en mi vida aterrizaron en capitales, en grandes ciudades llenas de autos y edificios. Y ahora me doy cuenta de que lo estresante de tomar un avión es llegar, tener que hacer todos los trámites aeroportuarios por segunda vez para después tener que enfrentarse al tráfico y atravesar una ciudad muchas veces desconocida.

Por eso cuando vi que estábamos descendiendo sobre un colchón verde, con casitas de madera desparramadas por ahí, con charcos de agua por todos lados (que bien podrían ser lagos o producto de las inundaciones, no lo sé), con el sol recién salido y un silencio que se sentía desde el avión, me entusiasmé.

Sentí que estaba llegando al campo, y ya me gustó.

Bajé del avión, entré al mini aeropuerto y lo que vi me dio risa: una mesa con doce camboyanos vestidos de uniforme, sentados formando un semicírculo, serios y formales cual reunión de las Naciones Unidas.

Eran los encargados de preparar las visas turísticas para entrar al país.

¡¿Doce camboyanos para esta tarea?!

Sí, el primero te pide que llenes el formulario y le des una foto carnet junto con tu pasaporte, el segundo te cobra (20 dólares por una visa de un mes) y el número doce te devuelve el pasaporte cinco minutos después.

Qué pasa entre el número tres y el once, es un misterio.

Yo creo que se pasan el pasaporte de mano en mano, cada uno escribe una letra del nombre, el número once lo sella y el doce te lo devuelve con una sonrisa.

Hola Camboya.

Salí del aeropuerto diez minutos después (nunca tan rápido) y me encontré con algo mejor aún: tres camboyanos sosteniendo carteles, y uno de ellos, el más bajito y con cara simpática, agarrando uno que decía Welcome to Siem Reap, Ms. Aniko Villalba.

Creo que los tres estaban haciendo apuestas a ver a quién le tocaba llevarme a mí, porque cuando me acerqué al del medio y le puse cara de hola soy Aniko, miró a los otros y les dijo ¡JÁ! (en khmer, su idioma, no sé cómo será, pero hizo el típico gesto de “¡los cagué!”).

Y me puse de mejor humor aún cuando vi el transporte que manejaba: un tuk-tuk (moto-taxi) que parecía una carroza.

¿Cómo sabía este hombrecito que yo llegaría a esa hora a ese lugar?

Estando todavía en Indonesia empecé a buscar gente de Couchsurfing con quien quedarme en Siem Reap, pero me desilusioné un poco al ver que todos los que ofrecían alojamiento eran dueños de hostels que le ponían la mejor onda y pedían la tarifa correspondiente a cambio.

No me gustó eso de que usaran Couchsurfing, una comunidad de hospitalidad en la que no debe haber dinero de por medio, para ofrecer y difundir sus servicios, así que decidí buscar directamente un hostel por medio de Booking (página que recomiendo junto con Trip Advisor, la primera para hacer reservas online y la segunda para leer críticas de hostels).

Reservé uno que me pareció super barato y por la cantidad de cosas gratis que ofrecía: desayuno, bicicletas, internet, wi-fi, tuk-tuk para ir al pueblo, etc, todo por dos dólares la noche (en cuarto compartido).

En Siem Reap hay muchísimos hoteles, hostels y B&B, ya que es un pueblo que tiene la (buena o mala) suerte de estar casi al lado de los templos de Angkor Wat, una de las nuevas maravillas del mundo y el principal centro turístico del país.

Así que así fue como conocí a Mr. Som Art, quien sería mi “tuk-tuk driver” los próximos dos días por el pueblo y por los templos de Angkor Wat (de este lugar increíble hablaré en el próximo capítulo).

Durante los 25 minutos de recorrida entre el aeropuerto y el hostel, todo lo que vi me gustó.

Primero, naturaleza por todos lados.

Árboles altísimos al costado de la ruta, plantaciones de arroz, muchos chicos caminando por la calle y andando en bicicleta, puestos callejeros de venta de comida, hombres cargando fardos de pasto y arriando animales, muchas menos motos que en el resto de los países asiáticos, muy pocos autos, más tranquilidad y un aire pesado y puro de campo.

Llegué al hostel (impecable, un lujo), donde la dueña (local) me recibió con un jugo de naranja y una cama preparada.

Agotadísima, no pude más con mi alma y dormí todo el día sin culpa.

Perdón por la falta de encuadre, iba en el tuk tuk a toda velocidad

Camino al hostel

Dentro del hostel (un lujo!)

Nena que me recibió en el hostel

[box type=star] Links y descuentos para que disfrutes de tu viaje

[wc_fa icon=”hotel” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Te regalo 25 euros para tu primera reserva en [eafl id=”21127″ name=”Airbnb” text=”Airbnb”].

[wc_fa icon=”ticket” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Mi página favorita para encontrar los vuelos más baratos es [eafl id=”22601″ name=”Vuelos Skyscanner” text=”Skyscanner”]

[wc_fa icon=”book” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] ¿Querés leer algo inspirador antes de viajar o llevarte un libro o guía a tu viaje? ¡Pedilo por [eafl id=”21091″ name=”Book Depository (general)” text=”Book Depository”]! (el envío es gratis a cualquier lugar del mundo) O leé alguno de mis libros ;)

[wc_fa icon=”pencil” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Si querés abrir un blog de viajes para contar tu aventura y buscás hosting te recomiendo [eafl id=”22613″ name=”Siteground” text=”Siteground”]. Y si querés aprender sobre escritura de viajes, ¡sumate a alguno de mis talleres de escritura y creatividad! [/box]

Dos días en la vida (nunca vienen nada mal y mucho menos en Singapur)

Transmitiendo en vivo desde Changi International Airport (Singapur)
01:27 AM del martes 19 de octubre
– esperando mi vuelo a Siem Reap (Cambodia) que sale a las 6 AM.

¿Alguna vez te tocó dormir en un aeropuerto?

¿O hacer una conexión con largas horas de espera?

¿O quizá tuviste la mala suerte de sufrir una huelga o cancelación de un vuelo por condiciones meteorológicas? Y te preguntaste, ¡¿por qué a mí?! ¿Y ahora qué [insertar adjetivo correspondiente según el grado de enojo] hago en este lugar de [insertar adjetivo otra vez]?

Les voy a presentar una página que les va a solucionar la vida, donde sea en el mundo que se hayan quedado varados.

 The Budget Traveler Guide to Sleeping in Airports: algo así como la guía para dormir en aeropuertos para aquellos que viajan con poco presupuesto, porque si tenés presupuesto, ni loco dormís en el piso, ¿no?

A mí me parece una experiencia por la que hay que pasar, al menos una vez en la vida.

Esta guía ofrece “reseñas” aeropuerto por aeropuerto, con opiniones de los usuarios acerca de “qué piso es más cómodo”, “de dónde NO te echan los de seguridad”, “donde da menos/más el aire acondicionado”, “objetos necesarios para pasar la noche en un aeropuerto”, “tips para que no te roben mientras dormís”, “mejores/peores aeropuertos del mundo” y mucho más.

Les aseguro que si no logran encontrar el lugar óptimo para dormir, se les va a pasar el tiempo leyendo esta página adictiva, divertida y muy útil.

dormido

Y el premio a mejor aeropuerto (invicto desde 2006 y por K.O.) es para…

Chan chan chan…

¡CHANGI INTERNATIONAL AIRPORT SINGAPORE! ¡Vamos todavía! ¡Changi acá estoy!

El aeropuerto de Singapur es mejor que cualquier casa de familia: tiene wi-fi gratis, pileta de natación, hotel, duchas, locker, internet gratis (con computadoras y todo), películas gratis, videojuegos gratis, jardines, tren propio para ir de un lugar a otro, bandas y música en vivo, karaoke, sillas muuuy cómodas y reclinables, música ambiente, tours gratis por la ciudad (en caso de que la espera sea más de 5 horas entre vuelo y vuelo), comida las 24 horas y pisos alfombrados y acolchonaditos.

Lástima que todavía no puedo entrar a este paraíso porque el check-in para mi vuelo abre en dos horas.

Antes de pasar migraciones, este aeropuerto no tiene nada demasiado especial más que la limpieza y tranquilidad.

Pero una vez adentro… hay gente que le dedica un día entero al aeropuerto-tour (¡de verdad!).

Qué demonios hago en Singapur se preguntarán.

Saqué el pasaje hace un tiempo para la fecha en que se me vencía la visa de Indonesia, pero sin saber adónde iría después.

Finalmente el público votó Camboya-Vietnam así que decidí pasar dos días de mi vida en Singapur antes de volar a Siem Reap.

¿Por qué?

Porque es un respiro. Porque es un placer. Porque es un descanso. Pasar dos días en Singapur te renueva. Es un lugar ordenado, limpio, eficiente, correcto en todo sentido y encima con onda.

No sé por qué mucha gente cree que es un lugar aburrido y lo saltea en su itinerario por el Sudeste Asiático.

Yo caminé por los mismos lugares donde estuve la vez anterior (en mayo de este año) y encontré cosas nuevas y distintas, aunque también me choqué con fotos que ya había sacado.

Me quedé en el departamento de Kuni (otra vez), un Couchsurfer japonés que ya alojó a más de… ¡540 personas!

Un monoambiente en un condominio con una pileta de natación que es un sueño y puertas que no se abren con llave sino con clave.

Kuni confía en sus huéspedes, los deja en su casa mientras él se va a trabajar, les da la clave de la puerta y del wi-fi y jamás, JAMÁS, tuvo una mala experiencia ni tampoco le faltó nada.

Al contrario, tiene un cuaderno (“guestbook”) cada vez más lleno de mensajes de agradecimiento, fotos, cartas y souvenirs, una heladera llena de imanes y una biblioteca llena de postales.

La hospitalidad EXISTE.

Hay más gente buena que mala en este mundo…

Así que después de dos días en los que me la pasé nadando, comiendo, caminando, comiendo, viajando en subte, comiendo, caminando, transpirando, comiendo, pensando mecortoelpelo-nomelocorto-mecortoelpelo-nomelocorto (me incliné por el no), acá estoy, en “El Mejor Aeropuerto del Mundo”, escribiendo y pasando el tiempo hasta que me toque la hora de hacer el check-in.

Singapur es una ciudad muy internacional que da para hacer un ¿Adivine qué nacionalidad? (Guess which nationality?), y eso hice desde que llegué.

Me pareció ver muchos argentinos, algo que no me pasaba hace tiempo (con excepción de Hong Kong).

El primero fue uno que se quejaba frente a la máquina expendedora de boletos de subte de última generación con un acento sospechosamente latino y una actitud sospechosamente porteña: Bat nou! Jau is dis posibel! Ai put de coin and nou tiket!

Hasta que llegó un guardia y amablemente le explicó que la máquina no acepta un billete tan grande para una compra tan chica.

El tipo murmuró y quiso hacerme cómplice de la situación, me miró y puso cara de “es de no creer”, a lo que yo ni abrí la boca.

Después vi (o me pareció ver) varios más caminando por la calle. No hablaron cerca mío así que no pude corroborar, pero entre nosotros nos reconocemos…

Lo que me hace sentir orgullosa, más allá de mi habilidad (?) para reconocer argentinos a la distancia, es que ya soy capaz de diferenciar nacionalidades asiáticas. Cosa que antes jamás.

Ese, por la forma de los ojos y la manera de caminar, es japonés, te lo firmo. Esas dos que se ríen así son malayas. Esos con esa actitud tan despreocupada y alegre… ¡filipinos!

Y también logro diferenciar idiomas asiáticos.

Qué lindo, qué felicidad. Mi viaje progresa.

Lo que no progresa es el tiempo.

Todavía una hora y media más para poder hacer el check-in…

Y después, vuelo directo a Siem Reap (Angkor Wat, ¿les suena?).

País nuevo, expectativas y un poco de nervios.

Especialmente por Vietnam… 9 de cada 10 viajeros me hablaron “mal” de Vietnam. Ya les contaré mi experiencia cuando esté allá.

Cambio y fuera.

templo

Templo en Chinatown

naughty copy

Todos miraban en esa dirección

noodle

Pero los mejores, eh.

peluqueria-express

Casi casi me animo. Peluquería “express” de Tokio que abunda en las estaciones de subte de Singapur. Un corte, diez dólares y diez minutos.

Ventanitas en Chinatown

littleindia

Templo en Little India

calle

Callecita que me gustó

deepavali

La comunidad hindú se prepara para los festejos de Deepavali

cocacola

Auspicia este momento…

Buda sonriente

Buda sonriente

[box type=star] Links y descuentos para que disfrutes de tu próximo viaje

[wc_fa icon=”hotel” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Alojamiento: te dejo [eafl id=”21127″ name=”Airbnb” text=”25 euros de regalo”] para tu primera reserva en Airbnb.

[wc_fa icon=”ticket” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Vuelos: buscá pasajes aéreos al mejor precio con [eafl id=”22601″ name=”Vuelos Skyscanner” text=”Skyscanner”]

[wc_fa icon=”book” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] ¿Querés leer algo inspirador antes de viajar o llevarte un libro o guía a tu viaje? ¡Pedilo por [eafl id=”21091″ name=”Book Depository (general)” text=”Book Depository”]! (el envío es gratis a cualquier lugar del mundo) O leé alguno de mis libros ;)

[wc_fa icon=”pencil” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Si querés abrir un blog de viajes para contar tu aventura y buscás hosting te recomiendo [eafl id=”22613″ name=”Siteground” text=”Siteground”]. Y si querés aprender sobre escritura de viajes, ¡sumate a alguno de mis talleres de escritura y creatividad! [/box]

Comiendo por ahí | Capítulo 1: Tailandia

Tengo hambre, pensé en Tailandia.

Cuándo no.

Mis viajes son también experiencias gastronómicas y culinarias, algunas con mejores resultados que otras.

Tailandia fue mi primer contacto REAL con la cocina asiática (nada de restaurantes en Palermo Hollywood, esta vez lo pruebo de primera mano).

Siempre “not spicy”, obvio, y no puedo quejarme, la comida en Tailandia es DE-LI-CIO-SA.

Esta fue una de mis primeras comidas en Bangkok: arroz (obvio) con pollo, verduras y una salsa agridulce.

Miro esta foto y me dan ganas de comerme la pantalla (?). Pollo con verduras y ese mini choclo que no sé cómo se llama.
Esto lo comí en Ko Phanghan, sentada mirando el mar desde una terraza.

Bangkok otra vez. Este plato se llamaba algo así como “arroz agridulce”
(no recuerdo los nombres de los platos, mucho menos en tailandés): arroz, cebolla, pepino y … ¡ananá!

Qué ricooo, cómo extraño esta comida. En Ko Phi Phi: camarones con verduras. ¿El precio? Ridículamente barato para ser comida de mar (creo que este plato costaba unos 3-4 dólares y en un restaurante “turístico”).

Banana Rotee al paso: panqueques en Ko Phanghan (sur de Tailandia)

Un clásico: noodles fritos con verduras, pollo y maní

¿Tenés hambre? Salí a dar una vuelta por Bangkok, seguro encontrás algo.

El barrio chino nunca falla.

ALGO vas a encontrar.

Y lamento decirlo, pero si querés ir a lo seguro, hay un lugar que siempre estará esperándote…

En el próximo capítulo: Malasia

[box type=star] Links y descuentos para que disfrutes de tu viaje

[wc_fa icon=”hotel” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Alojamiento: te dejo [eafl id=”21127″ name=”Airbnb” text=”25 euros de regalo”] para tu primera reserva en Airbnb.

[wc_fa icon=”ticket” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Vuelos: buscá pasajes aéreos al mejor precio con [eafl id=”22601″ name=”Vuelos Skyscanner” text=”Skyscanner”]

[wc_fa icon=”book” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] ¿Querés leer algo inspirador antes de viajar o llevarte un libro o guía a tu viaje? ¡Pedilo por [eafl id=”21091″ name=”Book Depository (general)” text=”Book Depository”]! (el envío es gratis a cualquier lugar del mundo) O leé alguno de mis libros ;)

[wc_fa icon=”pencil” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Si querés abrir un blog de viajes para contar tu aventura y buscás hosting te recomiendo [eafl id=”22613″ name=”Siteground” text=”Siteground”]. Y si querés aprender sobre escritura de viajes, ¡sumate a alguno de mis talleres de escritura y creatividad! [/box]

Viajando en una foto: Qué ves cuando me ves

Los descubrí (o, tal vez, ellos me descubrieron a mí) en Banaue, un pueblito en las montañas en el norte de las Filipinas.

Fui ahí gracias a Judy, mi amigo cura filipino, que me puso en contacto con una familia amiga suya de Banaue para que me hospedara y me llevara a recorrer las famosas terrazas de arroz.

Así que nos fuimos, dos filipinos de Banaue, el “taxi-moto” que aparece en la foto y yo a dar vueltas por los caminos de ripio de las montañas en busca de las plantaciones de arroz.

Banaue es un pueblo bien pueblo, uno de esos lugares donde los chicos todavía salen a jugar a la mitad de la calle (sin peligro de que “los pise un auto” ya que estos no abundan), donde las mujeres se sientan en las veredas y trabajan en sus artesanías mientras charlan con sus amigas, donde los hombres se la pasan mascando una raíz y escupiendo saliva roja.

Que aparezca una extranjera sentada dentro de esa carroza azul es todo un acontecimiento.

La curiosidad es más fuerte que ellos.

Cada vez que pasábamos frente a alguna casa, el ruido del motor hacia que la gente interrumpiera sus actividades para salir a la calle a mirar.

Algunos solamente veían la moto con el carrito “atado” al costado y se volvían a meter en sus casas, pero otros me veían a mí adentro de ese carrito y enseguida le pasaban la voz al resto.

¿Qué dirían?

– ¡Miren, una gringa! ¡Miren, una actriz de cine! ¡Miren, una turista! ¡Miren, una embajadora! ¡Miren, una mujer! ¡Miren, una occidental! ¡Miren, una “americana”! ¡Miren, una científica! ¡Miren, un ser humano!

Más tarde frenamos al borde de la ruta a descansar y mientras estaba sacando fotos del paisaje me di cuenta de que alguien me espiaba de atrás.

Primero, el nene.

Después apareció ella.

Y después se sumaron dos más.

Ninguno se animó a hablarme. Solamente me miraban con muchísima curiosidad.

Nota al margen: acá no existe eso de no mires fijo que es de mala educación, acá te miran fijo sin ningún tipo de pudor.

Sin hablar, posaron para mis fotos.

Cuando me subí a “la carroza” para seguir camino, les dije, moviendo la mano, “Byyye!”.

Todos se rieron y emocionadísimos me respondieron el saludo a ocho manos.

¿Qué habrán visto en mí? ¿Qué se les cruzará por la cabeza? ¿Qué idea tendrán estos chicos acerca de “los extranjeros”? ¿Pensarán que soy rica? ¿Que soy famosa? ¿Que salgo en la tele? ¿Que soy superior/inferior porque mi piel es más clara y mi pelo también? ¿Que vengo a comprar tierras? ¿Que vengo a raptar chicos? ¿Que soy mala? ¿Que soy buena?

Yo solamente vi un grupo de chicos filipinos medio tímidos que me observaron atentamente, con esa curiosidad típica de los chicos, con esa curiosidad típica de cuando uno se enfrenta a algo distinto y desconocido.

Pero ahora que miro esta foto otra vez, me pregunto qué habrán visto ellos cuando me vieron a mí.

[box type=star] Links y descuentos para que disfrutes de tu viaje soñado

[wc_fa icon=”hotel” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Alojamiento: te dejo [eafl id=”21127″ name=”Airbnb” text=”25 euros de regalo”] para tu primera reserva en Airbnb.

[wc_fa icon=”ticket” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Vuelos: buscá pasajes aéreos al mejor precio con [eafl id=”22601″ name=”Vuelos Skyscanner” text=”Skyscanner”]

[wc_fa icon=”book” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] ¿Querés leer algo inspirador antes de viajar o llevarte un libro o guía a tu viaje? ¡Pedilo por [eafl id=”21091″ name=”Book Depository (general)” text=”Book Depository”]! (el envío es gratis a cualquier lugar del mundo) O leé alguno de mis libros ;)

[wc_fa icon=”pencil” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Si querés abrir un blog de viajes para contar tu aventura y buscás hosting te recomiendo [eafl id=”22613″ name=”Siteground” text=”Siteground”]. Y si querés aprender sobre escritura de viajes, ¡sumate a alguno de mis talleres de escritura y creatividad! [/box]

Viajando en una foto: Ilación de Hechos en Filipinas

Ilación* de Hechos: o lo que se dice “Estar en El Lugar Correcto en El Momento Justo”

Cada día se fortalece mi teoría de que la vida es una larga larguísima cadena de casualidades.

O tal vez, de casualidades predestinadas, no lo sé, pero que hay algo o alguien que nos va llevando por cierto camino a través de una larga sucesión de causas y efectos, eso seguro que sí.

Me encanta hilar los hechos hacia atrás, ponerme a pensar Si no hubiese hecho Aquello, entonces Eso nunca hubiese pasado, y si Eso no hubiese pasado, entonces no hubiese conocido a Tal, y fue gracias a Tal que fui a Ese Lugar y presencié Ese Momento…

Y así hasta el infinito, es una actividad que no se termina nunca y que me demuestra que el cliché de todopasaporalgo tal vez no sea tan cliché después de todo (yo siempre le creí).

Esta es la cadena de situaciones que me llevó a sacar esta foto.

Para empezar tengo que elegir un hecho concreto en el pasado, porque sino podría decir: “Si mis abuelos nunca se hubiesen conocido, entonces mi mamá no existiría y yo mucho menos, etc.” y el proceso se volvería demasiado extenso e infinito hacia el pasado.

Así que empieza acá.

Si yo nunca hubiese decidido viajar por Latinoamérica (estoy hablando del año 2008) entonces nunca hubiese escrito un blog con mis relatos de viaje

Si ese blog no hubiese existido nunca hubiese recibido un mail de (mi ahora amigo, pero en ese momento desconocido) Nico

Si no fuese por Nico (quien a su vez tuvo que pasar por una larga cadena de casualidades para conocer a quien voy a nombrar) nunca hubiese conocido a Judy, un cura filipino que vivió en Argentina y que me recibió cálidamente en su país hace pocos meses (a todo esto, no olvidemos el “Si yo nunca hubiese decidido irme de viaje por el Sudeste Asiático…)

Si no hubiese sido por Judy nunca me hubiese reunido a desayunar con sus amigos de Dagupan, entre ellos el ex gobernador de aquella ciudad

Si no se me hubiese ocurrido mencionar (quién sabe por qué) en aquel desayuno que tenía ganas de asistir a la asunción del nuevo presidente de las Filipinas en Manila

Entonces Gonzalo (el ex gobernador) nunca me hubiese ofrecido ser parte de la comitiva oficial que asistiría al evento en la Capital en pocos días

Y si nunca hubiese ido a la inauguración con este grupo de gente tal vez nunca me hubiese abierto paso entre la gente con Mira, una de las mujeres de la comitiva, para acercarnos un poco más al escenario

Y si no hubiese sido por ella que me lo señaló tal vez nunca hubiese visto a este hombre parado casi sin ropa en medio de la multitud.

Así fue.

Y lo que pasó después no fueron casualidades sino hechos intencionales.

Mira me explicó que el hombre formaba parte de una comunidad de “habitantes originarios” del país que había venido a la inauguración para demostrar su apoyo a Noynoy Aquino, el nuevo presidente.

Me acerqué a él, siempre con respeto, sin siquiera apuntarle con la cámara.

Lo miré y me miró a los ojos, mantuvo la mirada durante unos segundos.

Después me sonrió con mucha calidez y finalmente levantó la mano, hizo la señal de la L (que identifica a los seguidores del Presidente) y se quedó unos segundos inmóvil.

No dijo una palabra, pero con sus gestos me invitó a que le sacara esta foto.

(*siempre creí que se escribía Hilación con hache porque venía de “hilar” hechos como si fuesen hilos entrecruzados… Gracias Marita por la corrección, ahora sé que la hilación no existe más que en mi cabeza y que el término es Ilación: Acción y efecto de inferir una cosa de otra.)

[box type=star] Links y descuentos para que disfrutes de tu viaje soñado

[wc_fa icon=”hotel” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Alojamiento: te dejo [eafl id=”21127″ name=”Airbnb” text=”25 euros de regalo”] para tu primera reserva en Airbnb.

[wc_fa icon=”ticket” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Vuelos: buscá pasajes aéreos al mejor precio con [eafl id=”22601″ name=”Vuelos Skyscanner” text=”Skyscanner”]

[wc_fa icon=”book” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] ¿Querés leer algo inspirador antes de viajar o llevarte un libro o guía a tu viaje? ¡Pedilo por [eafl id=”21091″ name=”Book Depository (general)” text=”Book Depository”]! (el envío es gratis a cualquier lugar del mundo) O leé alguno de mis libros ;)

[wc_fa icon=”pencil” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Si querés abrir un blog de viajes para contar tu aventura y buscás hosting te recomiendo [eafl id=”22613″ name=”Siteground” text=”Siteground”]. Y si querés aprender sobre escritura de viajes, ¡sumate a alguno de mis talleres de escritura y creatividad! [/box]

Viajando en una foto: agua

¿Qué es lo que tiene el agua que la hace tan especial?

Además de eso de que la necesitamos para vivir, de que somos dos tercios agua y de que el mundo, a su vez, es dos tercios agua (interesante que tengamos la misma proporción que el mundo…).

Pero el agua tiene algo, un nosequé que hace que nosotros, seres humanos, paguemos fortunas para poder nadar en los mares más transparentes, para ir en los cruceros más caros por el Caribe más cristalino, para tomar sol en la arena más blanca.

Parece ser que la arena sólo combina con el mar si esta es blanca y aquel es celeste, la gama de marrón con marrón no nos gusta tanto.

Tenemos nuestro propio Atlántico en las costas de Argentina, pero si nos aventuramos a bañarnos ahí pensamos, “Esto no es el verdadero mar, el verdadero mar está en el Caribe, donde puedo verme los pies mientras el agua me llega por la cintura…”.

Yo siempre fui como un pez: me siento mejor en el agua que en la tierra, ya sea nadando, navegando, esquiando o flotando boca arriba en un mar/río/lago/laguna/pileta/charco/bañadera.

Muchas veces sueño que la tierra no existe y todo es agua y a pesar de que no viajo en busca de playas, cuando encuentro una que me gusta más que el resto, me dedico a disfrutarla.

Y, sin planearlo ni saberlo, un día la encontré: LA Playa.

Me sumé (porque sí, por deporte, por inercia) a un tour de tres días por unas tal “Islas Karimunjawa” en Indonesia.

El precio era ridículamente barato: 10 dólares por día (con TODO incluido: alojamiento, comida, snorkeling, barco, futuro marido).

La belleza de un lugar NO es directamente proporcional a su precio, más bien diría que en muchos casos es inversamente proporcional a éste.

A veces creemos que si un lugar es carísimo, entonces debe valer la pena y que si algo es muy barato, hay que desconfiar.

No es así.

Y mi foto lo demuestra.

El mar de Karimunjawa es el más celeste/cristalino/transparente (y “barato”) que vi en mi vida, un mar en el que podés caminar kilómetros sin chocarte con ningún crucero turístico, bote-taxi o Duty Free Shop (diría que sin chocarte con ningún ser humano más que con los que van en el mismo bote).

Si hay un Paraíso para mí, es éste.

Y después de haber pasado unos pocos días de mi vida acá, creo que ya ninguna playa va a sorprenderme.

[box type=star] Links y descuentos para que disfrutes de tu próximo viaje

[wc_fa icon=”hotel” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Alojamiento: te dejo [eafl id=”21127″ name=”Airbnb” text=”25 euros de regalo”] para tu primera reserva en Airbnb.

[wc_fa icon=”ticket” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Vuelos: buscá pasajes aéreos al mejor precio con [eafl id=”22601″ name=”Vuelos Skyscanner” text=”Skyscanner”]

[wc_fa icon=”book” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] ¿Querés leer algo inspirador antes de viajar o llevarte un libro o guía a tu viaje? ¡Pedilo por [eafl id=”21091″ name=”Book Depository (general)” text=”Book Depository”]! (el envío es gratis a cualquier lugar del mundo) O leé alguno de mis libros ;)

[wc_fa icon=”pencil” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Si querés abrir un blog de viajes para contar tu aventura y buscás hosting te recomiendo [eafl id=”22613″ name=”Siteground” text=”Siteground”]. Y si querés aprender sobre escritura de viajes, ¡sumate a alguno de mis talleres de escritura y creatividad! [/box]

Viajando en una foto: Una pared en algún lugar

No sé bien por qué, pero esta es una de esas fotos que vuelvo a mirar una y otra vez y nunca deja de atraparme.

Tal vez no sea una gran fotografía, muchos verán solamente una pared,  pero yo veo una pared que por alguna razón me llamó la atención en la vida real y me sigue llamando la atención en esta foto.

La vi cuando iba caminando distraída por Macau con mis amigos y frené de golpe.

Puede que haya sido el mensaje, “Start from Zero”, lo que me hizo mirarla y apropiármela con la cámara.

Un mensaje que apareció una y otra vez (porque lo vi repetido por Hong Kong y Macau) en el momento justo y que me indicó que, de una vez por todas, era momento de dejar mucho peso atrás y empezar de cero frente a lo nuevo.

Si hay algo que extraño de Buenos Aires es su arte, especialmente el arte callejero, esos murales y mensajes anónimos que le dan color a la ciudad.

Dicen que los ojos ven lo que la persona busca, y yo siempre intento encontrar dibujos en la calle: stencils, murales, graffitis, stickers, lo que sea.

Cada vez que me cruzo con alguno, le saco una foto y me pregunto quién será el o la autor(a), porqué lo habrá hecho, qué habrá querido transmitir.

Para muchos estos dibujos o mensajes probablemente pasen desapercibidos, otros los verán como manchas o como actos de vandalismo tal vez.

A mí me alegran la existencia y me demuestran que hay ciertas expresiones que van más allá de cualquier cultura o nacionalidad.

El arte (en este caso el callejero) no pertenece exclusivamente a un sector del mundo, el arte es uno de los elementos más humanos que compartimos.

[box type=star] Algunos enlaces útiles (y descuentos) para que planees tus viajes:

[wc_fa icon=”hotel” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Alojamiento: te dejo [eafl id=”21127″ name=”Airbnb” text=”25 euros de regalo”] para tu primera reserva en Airbnb.

[wc_fa icon=”ticket” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Vuelos: buscá pasajes aéreos al mejor precio con [eafl id=”22601″ name=”Vuelos Skyscanner” text=”Skyscanner”]

[wc_fa icon=”book” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] ¿Querés leer algo inspirador antes de viajar? ¿O llevarte un libro o guía a tu viaje? ¡Pedilo por [eafl id=”21091″ name=”Book Depository (general)” text=”Book Depository”]! (el envío es gratis a cualquier lugar del mundo) O leé alguno de mis libros ;)

[wc_fa icon=”pencil” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] ¿Pensando en abrir un blog de viajes? Si buscás un hosting, te recomiendo [eafl id=”22613″ name=”Siteground” text=”Siteground”]. Y si querés aprender sobre escritura de viajes, sumate a alguno de mis talleres de escritura y creatividad [/box]

Viajando en una foto: El famoso Lugar En El Mundo

Viajo, como ya conté, por varias razones.

Viajo, además de porque me gusta escribir y conocer nuevas culturas, por algo más.

Viajo porque no creo que si nacés en determinado lugar, entonces ese es tu lugar en el mundo y tenés que quedarte ahí para siempre.

¿A mí quién me dio a elegir dónde nacer y dónde no?

Creo que falté el día que repartieron los formularios.

No reniego del país que me tocó pero tampoco soy nacionalista. La verdad es que no le doy mucha importancia al tema de las fronteras o nacionalidades.

También creo que si tenemos la posibilidad de elegir dónde queremos vivir y dónde queremos morir, no hay que desperdiciarla.

La vida es muy corta para pasársela soñando frente a la ventana.

Hay que actuar.

Así es que viajo para encontrar Mi lugar en el mundo.

O al menos para buscarlo (de “buscar” a “encontrar” hay un largo largo camino que tal vez nunca se termine del todo).

Y cada vez que llego a un lugar que va conmigo siento inmediatamente una energía especial que me dice “tal vez es acá…”.

Ahí es cuando me pregunto cómo sería mi vida si hubiese nacido allí.

Como esta mujer que me cruce en las plantaciones de arroz de Banaue, en Filipinas.

Tal vez, en otra vida, esa mujer podría haber sido yo.

Primero pienso en cómo será su vida, su familia, sus sueños, qué le hace reir y qué le hace llorar. Después pienso cuáles serían mis sueños si hubiese nacido y trabajado toda mi vida en esta plantación de arroz. ¿Tendría las mismas ansias de recorrer el mundo?

Tal vez sí, tal vez no.

Tal vez me sentiría feliz viviendo una existencia más simple en donde la única que manda es la Naturaleza y sus ciclos…

Eso me hace pensar, a la vez, en la cantidad de modos de vida que existen…

Y me pregunto, entonces, ¿cómo sería mi vida si yo (mi actual yo: Aniko, argentina, escritora, etcétera) me quedara a vivir acá y adoptara la forma de vida de esta mujer?

Creo que a veces esa es la pregunta decisiva: ¿Sería feliz viviendo una rutina con este paisaje de fondo?

Porque al fin y al cabo, un lugar nuevo pasa a ser parte de la rutina después de algunos meses.

Y ahí me doy cuenta de que lo mío (por ahora) es estar en movimiento.

Mi lugar en el mundo es el mundo entero.

[box type=star] Algunos enlaces útiles (y descuentos) para que planees tus viajes:

[wc_fa icon=”hotel” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Alojamiento: te dejo [eafl id=”21127″ name=”Airbnb” text=”25 euros de regalo”] para tu primera reserva en Airbnb.

[wc_fa icon=”ticket” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Vuelos: buscá pasajes aéreos al mejor precio con [eafl id=”22601″ name=”Vuelos Skyscanner” text=”Skyscanner”]

[wc_fa icon=”book” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] ¿Querés leer algo inspirador antes de viajar? ¿O llevarte un libro o guía a tu viaje? ¡Pedilo por [eafl id=”21091″ name=”Book Depository (general)” text=”Book Depository”]! (el envío es gratis a cualquier lugar del mundo) O leé alguno de mis libros ;)

[wc_fa icon=”pencil” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] ¿Pensando en abrir un blog de viajes? Si buscás un hosting, te recomiendo [eafl id=”22613″ name=”Siteground” text=”Siteground”]. Y si querés aprender sobre escritura de viajes, sumate a alguno de mis talleres de escritura y creatividad [/box]

Privacy Settings
We use cookies to enhance your experience while using our website. If you are using our Services via a browser you can restrict, block or remove cookies through your web browser settings. We also use content and scripts from third parties that may use tracking technologies. You can selectively provide your consent below to allow such third party embeds. For complete information about the cookies we use, data we collect and how we process them, please check our Privacy Policy
Youtube
Consent to display content from Youtube
Vimeo
Consent to display content from Vimeo
Google Maps
Consent to display content from Google