Hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana, Viajando por ahí solía tener una sección llamada “Viajando en una foto”.

Era una sección que escribía cada vez que estaba de “no-viaje” (es decir, instalada en alguna ciudad) y que cumplía la función de lo que vulgarmente se conoce como “relleno”, cual jamón y queso de la empanada de este blog (?). Se trataba, básicamente, de postear una «foto del día» y escribir unas pocas lineas al respecto (ya sea la historia o backstage, la cadena de casualidades que me llevó a esa imagen o una simple reflexión derivada de ella).

Últimamente me está pasando algo que me dice que tengo que reinaugurar esta sección: cada vez que reviso mi archivo de fotos (extenso, muy extenso), me encuentro con imágenes que ni recordaba que había sacado y que me sorprenden, me transportan o me hacen preguntarme: “Ay… ¿te acordás de cuando estuviste ahí?” :). Entonces pienso, ¿por qué no compartir estas imágenes sueltas en el blog? ¿Por qué no usar estos meses de quietud (estaré unos meses en Buenos Aires) como excusa para compartir fotos que no tienen que ver con nada (pero que tienen que ver con mis viajes)?

Así que en este solemne acto declaro reabierta la sección Viajando en una foto y me comprometo a compartir mis fotos preferidas (no por eso “las mejores”, sino las que más me gustan y sorprenden) con todos ustedes. Intentaré subir aunque sea una foto por día o cada dos días, como para no perder el espíritu viajero. E intentaré, también, sorprenderlos con fotos que no haya subido nunca a este blog. Esta sección empezó con un bigote, así que quién sabe con qué aparecerá mañana.

Y para reinaugurar, lo hago con mi foto «preferidísima», con una imagen que tengo impresa y colgada en mi casa y que nunca pero nunca deja de hipnotizarme. Fue una de las primeras fotos que saqué con una reflex. La capturé en las afueras de Kuala Lumpur (Malasia), allá por abril de 2010, cuando recién empezaba mi viaje por Asia. ¿Qué me gusta de esta foto? Esa mirada. Esos ojos negros me transportan inmediatamente a ese templo hindú, a esas escaleras, a esa madre, a mí misma diciéndole «She’s so beautiful! May I take a picture?», y al click que inmortalizó esas caras. Podré estar en mi casa en Buenos Aires, pero miro esta foto y viajo.