Viajo, como ya conté, por varias razones. Viajo, además de porque me gusta escribir y conocer nuevas culturas, por algo más. Viajo porque no creo en eso de que si nacés en determinado lugar, entonces ese es “tu lugar en el mundo” y tenés que quedarte ahí para siempre. ¿A mí quién me dio a elegir dónde nacer y dónde no? Creo que falté el día que repartieron los formularios. No reniego del país que me tocó, pero tampoco soy nacionalista, la verdad es que no le doy mucha importancia al tema de las fronteras o nacionalidades. También creo que si tenemos la posibilidad de elegir dónde queremos vivir y dónde queremos morir, no hay que desperdiciarla. La vida es muy corta para pasársela soñando frente a la ventana. Hay que actuar.

Viajo, entonces, como habrán deducido, para encontrar Mi Lugar En El Mundo. O al menos para buscarlo (de “buscar” a “encontrar” hay un largo largo camino que tal vez nunca se termine del todo).Y cada vez que llego a un lugar que “va conmigo” siento inmediatamente una energía especial que me dice “tal vez es acá…”. Ahí es cuando me pregunto cómo sería mi vida si hubiese nacido allí. Como esta mujer que me cruce en las plantaciones de arroz de Banaue, en Filipinas. Tal vez, en otra vida, esa mujer podría haber sido yo.

Primero pienso en cómo será su vida, su familia, sus sueños, qué le hace reir y qué le hace llorar. Después pienso cuáles serían mis sueños si hubiese nacido y trabajado toda mi vida en esta plantación de arroz. ¿Tendría las mismas ansias de recorrer el mundo? Tal vez sí, tal vez no. Tal vez me sentiría feliz viviendo una existencia más simple en donde la única que manda es la Naturaleza y sus ciclos… Eso me hace pensar, a la vez, en la cantidad de modos de vida que existen…  Y me pregunto, entonces, ¿cómo sería mi vida si yo (mi actual yo: Aniko, argentina, escritora, whatever) me quedara a vivir acá y adoptara la forma de vida de esta mujer? Creo que a veces esa es la pregunta decisiva: ¿Sería feliz viviendo una rutina con este paisaje de fondo? Porque al fin y al cabo, un lugar nuevo pasa a ser parte de la rutina después de algunos meses. Y ahí me doy cuenta de que lo mío (por ahora) es estar en movimiento. Mi lugar en el mundo es el mundo entero.