Este post forma parte de la serie “Asia de la A a la Z”, un abecedario personal de mis experiencias en Asia.

Y de Yo

I. Yo

Cada vez que leo un blog (o un libro, o una poesía, o una canción, o cualquier cosa fabricada con palabras), lo primero que quiero saber es quién lo escribe. De dónde viene, qué piensa, qué sueña, qué hace, cómo elige pasar sus días, cuáles son sus objetivos, sus motivaciones. Por eso en este blog también hablo acerca de mí, para que sepan quién es la persona que les está contando lo que les cuenta, que saca las fotos y reflexiona acerca de lo que vive.

Siempre intento recalcar algo que, para mí, es obvio: todos mis posts son puramente subjetivos. Si quisiera hacer textos “objetivos” (aunque no creo que exista la objetividad), tendría que dedicarme a escribir enciclopedias. Todas las historias y reflexiones que escribo provienen de mi propia experiencia, de mi manera de ver el mundo, de mis elecciones, de mis decisiones, de los lugares a los que voy y de los lugares a los que prefiero no ir.

Por más que dos personas hagan el mismo recorrido, vean los mismos lugares y conozcan a la misma gente, las historias jamás serán iguales (y las fotos ¡mucho menos!). El paisaje puede ser el mismo, pero cada cual lo ve desde un ángulo distinto, a través de todos esos pequeños filtros (o anteojos) que va juntado a lo largo de la vida y a través de todas esas características que la definen como la persona que es.

Yo escribo, por un lado, desde todo lo que soy “por añadidura”: mujer, veinteañera, argentina, sudamericana, occidental, amiga de, novia de, hija de, descendiente de, estudiante de, licenciada en, con experiencia laboral en. Y escribo, también, desde lo que quiero ser: escritora, fotógrafa, viajera, feliz. Quien les escribe es una persona más, como ustedes, que sueña con vivir haciendo lo que la hace feliz, que anhela convertir esa felicidad en su profesión y que desea, sobre todo, inspirar a muchos más a que sigan el mismo camino (que no tiene por qué ser “viajar”).

II. Aniko en Asia

Si me incluyo en una de las letras de este abecedario/rompecabezas asiático, es porque en estos 14 meses yo me convertí en parte de Asia y Asia se convirtió en parte mía. Si bien soy “extranjera”, me resulta imposible separarme del escenario que me rodea por el simple hecho de que al viajar también interactúo y vivo. Si “viajase por ahí” dentro un avión, siempre mirando los paisajes y la gente por la ventana, seguiría siendo un elemento aparte, un personaje externo. Pero estoy en Asia, camino por Asia, viajo por Asia, hablo con Asia, escucho a Asia, me mezclo con Asia y soy parte de Asia.

Siempre soñé con venir a Asia, desde Buenos Aires sentía que este continente me llamaba de lejos. Finalmente me animé y viajé. Pasé más de un año acá, viajé, frené, volví a viajar, volví a frenar, conocí, aprendí, descubrí, entendí, no entendí, acepté, me adapté. Y les transmití mis impresiones de la A a la Z.

De más está decirles que todas las letras de Asia de la A a la Z (y todo este blog) provienen de mis anteojos. Donde yo vi idiomas, tal vez otro vio imperios; donde yo vi Occidente, tal vez otro vio ofrendas; donde yo vi mercados tal vez otro vio motos. Donde alguno vio “aburrimiento”, yo vi “diversión”, donde alguien encontró “algo feo” quizá yo encontré “algo lindo”.

Gracias a este viaje conocí un pedacito más de este mundo y lo “humanicé”: aprendí acerca de las distintas culturas que conforman el continente, logré separar “chinos” de “asiáticos”, vi las religiones desde adentro, probé las comidas, escuché la música, aprecié el arte. Y espero que este abecedario los haya hecho viajar por Asia conmigo y los haya inspirado a conocer este lado del mundo.

Mañana: la Z. Y después, a seguir viajando por ahí.

La foto me la sacó mi amiga Delfi en un templo de Penang (Malasia)