The ordinary is extraordinary
(Lynda Barry)

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I.

Escribí: esta va a ser la primera navidad que voy a pasar en invierno. Y enseguida me di cuenta de que no. Pero me gusta la frase y la voy a dejar. Esta va a ser la segunda navidad que voy a pasar en invierno: la primera fue hace tres años, cuando viajé a España y conocí a mi familia asturiana.

Juré que no iba a pasar otro invierno en Europa. Pero uno hace planes y ellos se deshacen solos. También juré que no iba a vivir en Francia y acá estoy.

L. y yo nos vamos a ir a Estrasburgo a pasar las fiestas con su familia. Otro road-trip juntos, esta vez sin cruzar fronteras.

—Las decoraciones de Navidad que hay allá son impresionantes, te va a encantar. Eso sí, va a hacer mucho frío.

—¿Va a nevar?

—No creo.

Sigue pendiente la Navidad con nieve, entonces.

Acá ya está todo decorado.

Acá ya está todo decorado.

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Hasta en mi pileta es navidad

Hasta en mi pileta es navidad

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II.

Mi hábitat: la casa-cueva.

Vivo en una casa que está a menos de dos cuadras del mar. No salgo mucho. Hace frío, llueve bastante y estoy en período de reclusión creativa. Lo de que soy cíclica lo descubrí hace un tiempo. Antes me parecía mal frenar en medio de un viaje, me daba vergüenza, me sentía menos viajera. Ahora sé que es necesario: para mí, al menos, es necesario.

Desde que frené recuperé la felicidad y la inspiración. Es casi una paradoja. Tuve que irme de viaje triste para poder frenar después de un año y volver a estar contenta. Pero si me hubiese quedado quieta en Buenos Aires no hubiese sido lo mismo: necesitaba el proceso.

Estoy rodeada de las cosas lindas que me están mandando por correo.

Estoy rodeada de las cosas lindas que me están mandando por correo.

Me mandaron flores con olor y todo!

Me mandaron flores con olor y todo!

Estoy abusando del buzón y comprando libros por internet. Que alguien me frene porque no sé cómo voy a hacer para volver a Argentina con tanto peso.

Estoy abusando del buzón y comprando libros por internet. Que alguien me frene porque no sé cómo voy a hacer para volver a Argentina con tanto peso.

Me rodeo de cosas que me inspiran. Como los libros de Keri Smith.

Me rodeo de cosas que me inspiran. Como los libros de Keri Smith.

Y los textos de Austin Kleon (fuente: austinkleon.com)

Y los textos de Austin Kleon (fuente: austinkleon.com)

Y miro series que me gustan. (Gracias Bea por recomendarme The Flight of the Conchords, estos chicos son mis nuevos ídolos)

Y miro series que me gustan. (Gracias Bea por recomendarme The Flight of the Conchords, estos chicos son mis nuevos ídolos. Pronto lo recomendaré en mi serie de cosas que me inspiran.)

III.

Cada vez que salgo a caminar por Biarritz tengo los mismos pensamientos:

1. No puedo creer lo lindo que es este lugar.

2. ¿De dónde salió esta arquitectura?

3. No me quiero ir. Sé que en algún momento me voy a ir, pero no me quiero ir.

4. Es la primera vez que me quedo tanto tiempo en un lugar.

5. No sé si voy a volver de visita cuando ya no viva acá, este lugar va a quedar tan lleno de recuerdos que me van a dar ganas de llorar.

Magia pura.

Magia pura.

Al menos, esto es magia para mí.

Al menos, esto es magia para mí.

Hay batiseñales.

Hay batiseñales.

Carteles que dicen la verdad.

Carteles con sentimientos.

Pisos psicodélicos.

Pisos psicodélicos.

Casas que me encantan.

Casas que me encantan.

Mi preferida es esta.

Mi preferida es esta.

Decidí empezar a sacar fotos de los lugares y situaciones normales. Este es un negocio que está frente al correo.

Decidí empezar a sacar fotos de los lugares y situaciones normales. Este es un negocio que está frente al correo.

Un espacio en reparación, frente al mercado.

Un espacio en reparación, frente al mercado.

La librería-papelería en la que compro cosas.

La librería-papelería en la que compro sobres, papel y cosas.

Esta casa está justo enfrente del correo.

Esta casa está justo enfrente del correo.

A veces hago la misma ruta y a veces me pierdo. Siempre encuentro cosas en la calle, como por ejemplo:

– Una llave de auto

– Un espejo retrovisor roto

– Un espejo entero, apoyado contra un auto

– Un auto antiguo

– Una casa que me encanta

– Gatos

– Una tarjeta con la dirección de un coiffeur

– Un guante azul

– Un zapato de bebé

– Paraguas

– Un oso de peluche

Una de mis partes preferidas de la ciudad está acá nomás: es un laberinto de calles angostas y casas de colores. Cuando camino por ahí siento que estoy en un lugar que no existe en la vida real.

Encontré un auto con hojitas de otoño.

Encontré un auto con hojitas de otoño.

Detalles del mismo auto.

Detalles del mismo auto.

Banderín.

Banderín.

Un oso encerrado

Un oso encerrado

Un viajero a pie

Un viajero a pie

Fachadas

Fachadas

Gente en el mar

Gente en el mar

Gatos.

Gatos.

Más gatos.

Más gatos.

Mensajes

Mensajes

Cielos

Cielos

Plantas.

Plantas.

Olas.

Olas.

Barcos.

Barcos.

Surfers que se animan con el frío.

Surfers que se animan con el frío.

Y un invierno inminente.

Y un invierno inminente.

Y más cosas que dibujé acá (este es un ejercicio del libro "Acaba este libro" de Keri Smith)

Y más cosas que dibujé acá (este es un ejercicio del libro “Acaba este libro” de Keri Smith)

IV.

La gente se pregunta (me pregunta) qué hago todos los días en Biarritz, cómo es mi rutina. Creo que se imaginan de todo. Muchos piensan que estoy en París, porque asocian Francia con la capital, y yo estoy casi a diez horas, en el límite con España.

Deberían preguntarme qué hago todos los días en mi casa-cueva, porque mi hábitat ahora es este. Mi rutina acá no es de viajes sino de escritura. Estoy escribiendo otro libro, les digo. Estoy intentando escribir otro libro. Estoy metida en la cueva. Estoy con L. Estoy bien.

Y si tuviese que describir un día cualquiera, o una mezcla de días cualquieras, diría que las cosas que me pasan acá son más o menos así:

Me despierto,
a veces con la alarma,
a veces con la luz del sol,
a veces con la luz del ipad de L.
Estaba soñando, le digo.
Soñaba que para hacer cambios en el php teníamos que bailar y actuar una escena,
soñaba que cruzaba a España para ir a una verdulería muy incómoda, con un montón de escaleras caracol,
soñaba que teníamos vacas en el jardín
y que yo estaba en la proa de una lancha y casi salgo volando.
Leo un rato en la cama,
miro videos,
hago una lista en mi cuaderno,
o me doy vuelta,
me acurruco y sigo durmiendo.
Pero en general no quiero que eso pase,
no me gusta dormir tanto,
después no funciono bien.
Me levanto,
abro la ventana,
si hay sol, digo: hay sol,
si llueve, digo: llueve.
Pongo el agua para el té
y lo tomo sin azúcar
y frío,
yo el té lo tomo siempre frío.
Me preparo tres tostadas,
con mermelada de durazno y queso,
y las como en la cocina.
Después llevo la taza al escritorio y me siento:
tengo que escribir.
Primero voy a responder mails,
tengo varios pendientes,
también chequeo si tengo mensajes en facebook,
retuits en twitter,
likes en Instagram.
Leo los diarios, a ver qué pasa en el mundo,
reviso el buzón,
me fijo si la ropa se secó,
miro por la ventana.
Tengo que escribir,
pero se hizo medio tarde, tengo hambre, ¿vos tenés hambre?
Voy a preparar una tarta.
Mientras se cocinan los puerros, limpio.
“Es día de escritura, por eso la casa está tan limpia”, me dijo G.
Ella también escribe, ella me entiende.
Así que paso la escoba,
saco la basura,
lavo los platos,
ordeno.
Abro la heladera:
qué sucios que están los estantes,
esos cajones están llenos de migas,
eso está vencido.
Limpio la heladera,
la limpio a fondo,
saco todo, paso el trapo, vuelvo a guardar las cosas.
Ahora sí:
tengo que escribir.
Pero primero hay que comer.
Estoy por meter la tarta en el horno y se me cae,
se me caen los puerros sobre la puerta del horno y quiero llorar.
Rescato lo que no tocó el piso,
vuelvo a armarla,
la meto en el horno con cuidado.
La tarta caída pasa a formar parte de mi lista de accidentes domésticos, junto con:
la tortilla que se me cayó sobre el fuego cuando la di vuelta,
el arroz del sushi que cociné mal y se desarmó,
el huevo poché que derribé sobre la mesa,
el papel vegetal que se me quemó con la hornalla,
el medio kilo de azúcar que se me cayó adentro del café.
Comemos.
Tengo que escribir.
Vuelvo a revisar el buzón, por si pasó el cartero.
No hay nada.
Salió el sol,
no puedo estar encerrada,
mudo mi escritorio al jardín.
Llevo mis cuadernos y mis libros de escritura creativa
y me siento con las piernas cruzadas sobre la silla.
Miro la casa de enfrente, sus líneas rectas y diagonales.
“Uno mira las cosas bien cuando las dibuja”.
Dibujo, entonces.
Copio las líneas de la casa en lápiz,
no tengo goma así que no puedo borrar.
Más tarde le muestro el dibujo por skype a mi mamá, que es arquitecta, y se pone orgullosa de ese dibujo tan malo.
Tengo que escribir,
pero me duele la espalda: mejor voy a la pileta.
Nadar y escribir son las dos actividades que mejor me hacen sentir y que más me cuesta empezar.
Nado una hora y me lleno de ideas.
No me las quiero olvidar, así que mientras vuelvo caminando a casa se las cuento al grabador del teléfono.
Paso por el supermercado,
entro,
siempre hace falta algo.
Compro chocolate.
Compro más pan.
Compro verduras.
Compro croissants, a veces.
La pileta me da hambre.
Cuando salgo, los dos hombres que están sentados en la vereda me saludan,
como todos los días:
bonjour mademoiselle !
Bonshur,
les digo,
con mi acento tan argentino.
Vuelvo a casa,
lo abrazo a L.,
nos tomamos un café.
Me llegan noticias por whatsapp:
nació S.,
murió S.,
V. volvió a Buenos Aires,
O. ya tiene celular,
A. se está por casar.
Tengo que escribir.
Pero estoy tan cansada,
la natación me agotó,
mejor me meto en la cama y sigo desde ahí.
Mudo mi escritorio al colchón,
respondo mails, reviso facebook, miro twitter, leo los diarios.
Se me ocurre una idea para el libro,
la anoto en mi cuaderno, prefiero desarrollarla a mano.
Pienso en que quiero volver a tener el pelo corto,
la pileta me lo está destruyendo.
Se me pega una canción,
tengo que mirar el videoclip.
Afuera llueve,
hay viento,
ya es de noche.
El cuarto es como una estufa,
el aire está pesado, calentito.
Tengo que escribir.
Se nos pasó la hora de cenar,
qué tarde que es.
Comamos una pizza.
¿Querés ver una peli?
Dale, a esta hora ya no me da la cabeza para escribir.
Y empieza la pelea por la película,
que al final ni importa porque yo me voy a quedar dormida igual,
a menos que sea Star Trek,
The Lost Room,
o alguna de esas que juegan con la temporalidad.
Antes de apagar la luz agarro unos de mis journals,
que tiene una pregunta por día,
como cuál sería tu trabajo ideal del día o qué comiste esta semana
y la respondo.
Y después me quedo dormida,
y tengo un sueño lúcido con un caballo que entiende lo que le digo
y con un cuarto lleno de heladeras.
Y sé que aunque hoy no escribí nada,
estuve escribiendo todo el día.

Mi vida en Biarritz.

Mi vida en Biarritz.

El lugar que me cura.

El lugar que me cura.

Y más palabras sabias de Austin Kleon.

Y más palabras sabias de Austin Kleon.

* Todas las fotos de este post las saqué con el teléfono. Hay más en mi Instagram.