El miedo a volar (y qué hago para superarlo)

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Mucha gente se sorprende cuando digo que me da miedo volar. El avión es el medio de transporte que menos me gusta, aunque no nací con este miedo: hasta hace unos años, me encantaba tomar aviones. Orson Welles dijo que solo existen dos emociones en el avión: aburrimiento o terror. Yo no sentía ninguna, a mí volar me parecía divertido y no me generaba inseguridades. Empezó a gustarme menos cuando me di cuenta de que en el avión me perdía lo mejor: el cambio de paisaje. Así valoré la lentitud de ir por tierra y agua y empecé a ver los vuelos como algo poco natural (todos encerrados a miles de metros de altura), pero hasta ahí no tenía miedo. Hace tres años, cuando volvía de España a Argentina, pasé por una turbulencia muy fea. Había tormenta eléctrica en Buenos Aires y tuvimos que sobrevolar Ezeiza durante cuarenta minutos. El avión se sacudió tanto —sumado a los vómitos de la gente y a la visibilidad cero— que pensé que se iba a partir al medio y adiós mundo cruel. Le agarré la mano a mi compañera de asiento, cerré los ojos y, cuando aterrizamos en Buenos Aires, lloré.

Desde ese día me pongo muy nerviosa cuando estoy en un avión y trato de subirme lo menos posible. Un año y unos meses después volé de Perú a España, y por suerte me tocó una mujer al lado que me charló todo el viaje, me agarró la mano y me ayudó a distraerme. Unos meses después volé a Islandia, aunque el avión despegó con tormenta y también hubo bastante turbulencia y entré en pánico. Un año después volé a Croacia y la pasé mal todo el vuelo, hace unas semanas volé a Londres y a cada mínimo movimiento pensaba: se cae se cae se cae se cae. Me resulta muy incómodo sentir estas cosas y pasar por tanto estrés, pero a la vez es incontrolable. Los miedos son irracionales y la imaginación negativa no tiene límites. La fobia, además, suele agarrarme cuando ya estoy sentada adentro del avión, con el cinturón puesto, a punto de despegar. En ese momento pienso: “¿Por qué estoy acá otra vez? Me quiero bajar”. Cada movimiento me asusta, los pozos de aire me desesperan y lo único que pienso es en llegar a tierra firme lo más rápido posible para no tener que subirme a un avión nunca más en mi vida. Llegué a tener pensamientos como “vuelvo a Buenos Aires… si el avión no se cae”. Es horrible.

Lo que destaco de viajar en avión son las vistas

Lo que destaco de viajar en avión son las vistas, como esta de Laponia sueca

O esta, por aterrizar en Camboya

O esta, por aterrizar en Camboya

Hace unas semanas, el vuelo que más miedo me daba era el de vuelta de Francia a Buenos Aires: hacía escala en Madrid —en la mente del fóbico: dos despegues y dos aterrizajes— y yo no sabía cómo iba a hacer para soportar tantas horas metida ahí adentro, encerrada con las maquinaciones de mi cabeza. Varios me dijeron que me tomara pastillas para dormir, y lo pensé, pero nunca en mi vida tomé nada de eso y me daba miedo quedar demasiado sedada y no poder levantarme. También me dijeron que tomara una copa de vino, pero tenía miedo de que me generara el efecto contrario y en vez de relajarme me volviera paranoica. Quería subirme al avión, no enterarme de nada y bajarme, pero las opciones para lograr eso no me gustaban. Para que se entienda: lo que me da miedo no es volar, me da miedo caer y ser consciente de que me voy a morir en los próximos minutos. Esa es mi verdadera fobia: saber que me voy a morir y que no puedo hacer nada para evitarlo.

Sin embargo, el vuelo de vuelta a Argentina no fue tan terrible como pensé. Al contrario, hasta podría decir que, después de tres años, mi miedo disminuyó bastante. Imagino que no soy la única con estos temores —más de un cuarto de la población tiene miedo a volar, al parecer—, así que les comparto algunas de las técnicas que usé y seguiré usando para ir superándolo de a poco.

1. Me informé acerca del funcionamiento de los aviones

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Unas semanas antes de volar a Londres, con algo de nervios e insomnio, me puse a buscar información acerca del miedo a volar. Tenía tantas ganas de llegar a Londres pero tan pocas de tomar ese avión, que mi cabeza parecía un ring de boxeo: “Ay, quiero estar ya en esas librerías inglesas”, “sí, primero asegurate de que el avión llegue entero”, “no veo la hora de sentarme a leer en Waterstones”, “bueno, igual si perdés el vuelo porque te quedaste dormida tampoco sería tan terrible”, “libros, papelerías, buses rojos”, “turbulencia turbulencia turbulencia”. Quería cortarla con eso de una vez. Google, que a veces debería recibirse de psicólogo, me derivó a una web que me ayudó muchísimo: se llama Volando sin miedo y es un curso online gratuito para superar el miedo a volar.

Lo primero que decía era “este no es un curso para leer de manera apresurada”, creo que me lo leí casi todo entre esa noche y la mañana siguiente. Si tienen miedo a volar o quieren saber más acerca del funcionamiento de los aviones y las etapas de un vuelo, se los recomiendo mucho. Los textos, reflexiones y videos me ayudaron a derribar varios mitos que tenía metidos en la cabeza: por ejemplo, yo pensaba que a un avión se le podían quedar los motores en medio del aire y caer ahí mismo en picada (no pensé en que, en ese caso, las alas le sirven para planear), tampoco era consciente de que los transportes terrestres también tienen turbulencia (sientan los movimientos la próxima vez que vayan en auto o bus), no sabía que los aviones están preparados para soportar muchísima más turbulencia de la que existe de manera natural y que incluso pueden atravesar huracanes.

Viajé a Londres un poco más tranquila, aunque no del todo. Las estadísticas dicen que los aviones son el transporte más seguro del mundo, y es cierto, porque cada año despegan millones y son muy pocos los accidentes. Pero cuando hay un accidente suele ser terrible, y los medios de comunicación solo nos muestran eso. Sin embargo, si bien sé que es muy poco probable que tenga un accidente aéreo, en mi cabeza sigo pensando que es la lotería de la vida y que nada impide que la próxima que esté en una catástrofe sea yo.

 

2. Hago ejercicios de respiración durante el vuelo

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Uno puede leerse todos los textos de internet y sentirse más tranquilo, pero el momento de la verdad es cuando estás con el cinturón abrochado y a punto de despegar. Ahí es cuando hago los ejercicios de respiración. Cierro los ojos, me concentro en mis inhalaciones y exhalaciones e intento no pensar en otra cosa mientras el avión sube o se sacude un poco. Esto me ayuda mucho a tranquilizarme y a no pensar tanto, porque no hay nada peor que entrar en pánico en ese espacio cerrado.

 

3. Me distraigo con todo lo que encuentre

Como esta vista de Londres, por ejemplo

Como esta vista de Londres, por ejemplo

En mi experiencia, no hay nada mejor que distraerse durante el vuelo. Como no duermo mucho en los aviones, intento llevarme todos los juguetes para mantenerme entretenida: libros, revistas, películas en la compu, música, cuadernos. Si veo que el avión tiene pantallita en el asiento hago un bailecito de felicidad, aunque ya me haya visto todo. Y en general suelo tener suerte y me tocan compañeras de asiento muy charlatanas que me hacen cambiar mi foco de atención de “nos vamos a morir todos” a “contame más, quiero saber todo acerca de ese tema”.

En el vuelo de Francia a Madrid me levanté para ir al baño y mi compañera de asiento aprovechó para ir también. Cuando salimos justo estaban con los carritos de comida en los pasillos así que tuvimos que esperar un largo rato para poder volver a sentarnos, entonces charlamos de la vida durante cuarenta minutos frente a los baños. Cuando volvimos, el marido había aprovechado nuestra ausencia y se había hecho una cama con los tres asientos, y yo estaba mucho más tranquila que al despegar.

 

4. Trato de recordar cómo era no tener miedo

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En un vuelo muy largo, puede que las distracciones no sean suficientes o que necesite un rato de descanso de la pantalla. Además, si hay mucha turbulencia la siento igual, por más que esté mirando una película. Si veo que el miedo está por volver, me pongo a pensar en cómo era no tener miedo a volar. Antes me subía a un avión sin pensar en que se podía caer, y en realidad las chances de que me pasara algo eran las mismas, solo que al no tener miedo no me estresaba antes de tiempo. ¿Cómo hice para volar 33 horas de Asia a Argentina? Me aburrí mucho, pero no tuve miedo, me acuerdo, entonces trato de volver a ese estado mental pre-turbulencia traumática. Si estoy muy asustada, miro al resto de los pasajeros y a las azafatas: si tienen cara de que no pasa nada, me doy cuenta de que estoy exagerando y vuelvo a tranquilizarme.

 

5. Adopto identidades secretas

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Aunque suene ridículo, esta fue una de las técnicas que más me sirvió. En el primer tramo de la vuelta de Francia a Buenos Aires, mientras esperábamos que despegara el avión a Madrid, se subió un señor que volvía con atención médica. Creo que se había quebrado la pierna, así que tuvo que ir en los tres asientos de adelante, a dos filas del mío. Lo miré e imaginé que yo era la enfermera, y pensé: “No puedo ir con miedo, mi rol en este avión es cuidar a mi paciente”. Funcionó. Cada vez que me ponía nerviosa, pensaba: “Tranquila, vos estás acá para otra cosa, no para tener miedo”. Eso de sentir que tenía a otra persona (imaginariamente) a mi cargo, me hizo olvidarme de mis ansiedades y enfocar la atención en otras cosas.

En el vuelo siguiente, Madrid – Buenos Aires, lo llevé al extremo: “Soy azafata y hago esto todos los días, no puede darme miedo el trabajo que elegí”. Y volé tranquila, porque soy azafata (de a ratos piloto) y soy valiente.

 

6. Tengo diálogos imaginarios con mi mejor amiga

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Acá es cuando empiezan a dudar de la sanidad de quien escribe. Hola.

Mi mejor amiga y yo somos como hermanas y nos conocemos hace más de 27 años, así que ambas somos capaces de hablar con la otra sin que una esté presente. Ella también lo hace. Mientras iba en el avión a Londres decidí pasar el tiempo escribiendo, y me salió un diálogo imaginario con ella. Resulta que cuando tuve aquella turbulencia fea, la que me traumó, también estaba pasando por turbulencias sentimentales. Ambos hechos me marcaron y, como somos humanos y tendemos a recordar lo malo, me costó mucho olvidarme del sufrimiento.

En nuestro diálogo imaginario, mi mejor amiga me dijo, entre otras cosas: “Basta Ani, cada relación es distinta. Esto es como tu miedo a volar me parece… Tuviste una turbulencia una vez, y sí, fue horrible y pensaste que te morías, pero seguís acá, lo superaste, fue feo pero pasó. Ahora no podés subirte a todos los aviones pensando que va a pasar lo mismo, que se va a sacudir o se va a caer. Seguramente vuelvas a tener vuelos feos, pero si las condiciones meteorológicas son buenas entonces no te hagas la cabeza”. Y es cierto. Me tomé muchos aviones en mi vida y hubo uno que fue feo, y yo solo me acuerdo de ese.

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Tal vez crecer es volverse más consciente de la muerte y por eso todo da un poco más de miedo, pero también es aceptar que las cosas pasan por algo y que no somos tan importantes como para que justo nuestros aviones estén siempre en peligro. Los miedos están para superarlos. Y confío en que todavía me quedan muchos vuelos por delante.

[box]¿Alguien más por acá con miedo a volar? Cuenten sus técnicas para superarlo, si es que las tienen. Y sepan que no están solos![/box]

Cosas que me inspiran (9): otras formas de viajar

[box type=”star”]Este post pertenece a la serie Cosas que me inspiran: una dosis quincenal —ejem mensual, ejem bimensual— de fotos, lugares, enlaces, charlas, ilustraciones, artistas, películas, libros y otras cosas que me gustan.[/box]

Desde que abrí mi otro blog, escribir.me, fui volcando todas las cosas que me inspiran ahí: libros, canciones, papelería, journals, frases, y dejé un poco abandonada esta sección en Viajando por ahí. Así que hoy la reactivo con una selección de cosas que me hacen viajar de distintas maneras o que son un viaje en sí mismas. Empecemos.

1. Música: “Back it up” (Caro Emerald) y el disco “Y punto” de Bebe

Tengo mis épocas con la música: la escucho siempre, es una de mis necesidades básicas, pero suelo ir variando de géneros, ritmos y artistas según mi estado de ánimo. En este último tiempo me la pasé escuchando a cantantes mujeres (y leyendo a escritoras y admirando a ilustradoras y muy conectada con la obra de otras mujeres en general). “Y punto”, el disco de Bebe que menciono acá, me lo pasó un amigo catalán y enseguida se convirtió en una de las bandas sonoras de este viaje. Escúchenlo y préstenle atención a la letra: la primera canción empieza con un viaje “en su casita con ruedas” y habla de la libertad de la ruta. Ideal para escuchar en un tren o durante una caminata. Y el otro video que puse acá, “Back it up”, es un tema de Caro Emerald, una cantante de pop y jazz holandesa, que escuché por primera vez hace unos días y me encantó. Ideal para ponerse de buen humor.

2. La librería Waterstones de Londres

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El edificio de la librería Waterstones de Londres. una de las más grandes de Europa

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Artículos de viajes en la sección de Viajes de la librería

Uno de mis lugares en el mundo es una librería. Tiene seis pisos, uno dedicado por completo a los viajes, dos cafeterías, cientos de estantes y muchos sillones para quedarse horas leyendo: es la Waterstones de Londres. La descubrí de casualidad la primera vez que estuve allá, cuando caminaba sin rumbo por Picadilly y una vidriera me llamó la atención. Entré sin imaginarme que me esperaba un paraíso de libros. Quedé tan enamorada de esa librería que quise volver y un año después encontré un pasaje barato desde Francia y me fui a pasar cinco días a Londres como autorregalo de cumpleaños (hace unos días cumplí treinta). Fui con un solo objetivo: encerrarme en Waterstones a leer libros. Si me hubiesen dejado acampar, me quedaba a dormir ahí. Visité otras librerías en Londres, pero esta sigue estando entre mis preferidas, sobre todo por esos sillones mullidos en los que me senté con pilas de diez libros a leer toda la tarde. Si van a Londres, no se la pierdan.

Acá pueden ver qué libros tiene y dónde quedan las sucursales: Waterstones.com

3. Libro: An age of license, de Lucy Knisley

Foto: lucyknisley.com

Foto: lucyknisley.com

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Foto: lucyknisley.com

Revolviendo libros en Waterstones me encontré con este cómic: [eafl id=”21094″ name=”An age of license” text=”‘An age of license – A travelogue'”] de Lucy Knisley. Me llamó la atención enseguida y, cuando lo abrí, no pude parar de leer. Lucy es una dibujante estadounidense, y en este libro relata un viaje que hizo por Europa cuando la invitaron a presentar uno de sus libros en Escandinavia. Me sentí muy identificada con sus reflexiones, miedos, historias y descripciones. Pasó a mi lista de artistas preferidas.

Pueden ver su trabajo en su web: lucyknisley.com

4. Pasaportes alternativos

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Foto: www.philosophersguild.com

Descubrí el pasaporte de Utopía la primera vez que fui a Londres (aunque no me acuerdo en qué librería, si Waterstones u otra) y me encantó la idea: ¡un cuaderno con formato de pasaporte! Me lo llevé y lo usé para escribir listas de cosas que no me quiero olvidar, es algo así como mi pasaporte para la mala memoria. Un día, muchos meses después, se me ocurrió mirar la web de Philosopher’s Guild, los creadores de esta libretita y me encontré con algo… terrible: tienen un montón de pasaportes y quiero todos, como el de Pangea, Marte, Neverland, Nirvana e incluso el del Paraíso y el Infierno. El que más me gustó es el de El País de las Maravillas. Va a mi wishlist.

Pueden ver todos los modelos acá: Philosophersguild.com

5. Revista Flow

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Esta debe ser, junto con Orsai, una de las mejores revistas que descubrí en estos últimos años, aunque una no tiene nada que ver con la otra. La Flow nació en Holanda y es una revista dedicada a los amantes del papel (hola). Cada número trae regalos como postales, stickers, libretas, mini-agendas, papel de origami y cosas así. Tiene ilustraciones lindísimas y artículos muy interesantes acerca de creatividad, artistas, historias de vida, crafts, psicología positiva, mindfulness. Es pura inspiración. La publican en holandés, alemán, inglés y francés. Se consigue en Europa pero también la envían a casi todo el mundo por correo. Si son amantes de la papelería y de las cosas lindas como yo, les va a encantar.

Más info en la web: Flowmagazine.com

6. Libro: The crossroads of should and must, por Elle Luna

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“The crossroads of should and must”, de Elle Luna, nació de un artículo del mismo nombre que la autora publicó en Medium en el 2014. Los invito a que lo lean: “The crossroads of should and must”. Habla de cómo en la vida nos encontramos constantemente en esa intersección entre lo que debemos hacer y lo que queremos hacer, y como solemos elegir lo que debemos y dejamos muchos sueños de lado. Muy inspirador. El libro lo consiguen en [eafl id=”21095″ name=”The crossroads of should and must” text=”Book Depository”] (gran página porque hace envíos de libros a todo el mundo sin costo de envío).

Y para saber más de la autora: Ellaluna.com

7. Película: Wild (2014)

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Basada en el libro “Wild: From Lost to Found on the Pacific Crest Trail” (2012), de Cheryl Strayed, la película cuenta la historia real de Cheryl, una chica que caminó, sola, 1770 kilómetros por un sendero en la costa del Pacífico de Estados Unidos, desde el límite con México hasta la frontera con Canadá. Durante tres meses, Cheryl caminó con su mochila a cuestas para superar traumas, pérdidas y duelos del pasado y reencontrarse a sí misma. Me gustó mucho la actuación de Reese Witherspoon y creo que la película refleja muy bien, en varios momentos, lo que significa viajar sola e irse lejos de casa para superar tristezas.

8. Wanderlust Journal

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Cuando juré que no iba a comprarme más journals (ya llevo demasiados libros a Argentina) apareció este, el Wanderlust Journal, un cuaderno pensado para completar durante uno o más viajes. Tiene tapa dura, está dividido en 11 destinos y para cada uno te propone que escribas listas, reflexiones, aspectos culturales que te llamen la atención, que describas un día en un lugar, que cuentes cómo llegaste y cosas así. Entremedio tiene fotos y frases inspiradores y al final tiene espacio para hacer un bucket list (las cosas que querés hacer antes de morir). Las creadoras son Axel y Ash, dos diseñadoras con base en Australia.

9. Libro: “Los autonautas de la cosmopista”, por Julio Cortázar y Carol Dunlop

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En 1982, el escritor argentino Julio Cortázar y Carol Dunlop, su mujer estadounidense, decidieron hacer “un viaje atemporal” por la autopista París-Marsella. El objetivo no era llegar a Marsella, sino vivir un mes dentro de la autopista, visitar dos paraderos al día y escribir acerca de ese mundo que para muchos es solo un lugar de tránsito. Cargaron todo lo que necesitaban en Fafner, su combi roja, y durante más de treinta días fueron de paradero en paradero y escribieron un libro, este, contando lo que iban encontrando en cada lugar y reflexionando acerca de esta manera de viajar. Una joyita. Lo consiguen en [eafl id=”21096″ name=”Los autonautas de la cosmopista” text=”Book Depository”] (con envío gratuito).

10. Película: Inside out (Pixar, 2015)

“Inside out” (IntensaMente) debe ser una de las primeras películas de animación que habla de manera tan directa acerca de las emociones. Riley, el personaje principal, es una nena que tiene que mudarse con su familia de Mississippi a San Francisco y que, en consecuencia, pasa por muchos cambios de humor. La película muestra el funcionamiento interno de su cabeza, donde hay cinco personajes al mando: Alegría, Tristeza, Ira, Disgusto y Miedo. Cada emoción va tomando el control según la situación y crea recuerdos distintos que, en conjunto, forman la personalidad de Riley. Me encanta Pixar y esta película pasó a mi lista de preferidas. La animación es espectacular y el tema que trata, muy universal. Recomendadísima.

BIS: 104 things to photograph (journal fotográfico)

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Los journals son mi nueva adicción, y la colección “642 Things to write about” es mi preferida: son libros-cuaderno con disparadores para escribir todo tipo de escenas y situaciones. “104 things to photograph” es la versión fotográfica: cada página está dividida en dos y cada espacio tiene una consigna de algo para fotografiar, por ejemplo “alguien saltando la soga”, “algo hecho a mano”, “un helado derritiéndose” u “otra perspectiva”. Como en los libros de escritura, estas consignas son abiertas y libres a interpretación. Lo lindo es que una vez que hayas sacado todas las fotos, podés pegarlas en este libro y convertirlo en un álbum de imágenes creativas.

Pueden conseguirlo en Amazon: [eafl id=”21097″ name=”104 things to photograph” text=”‘104 things to photograph'”]
Y si hay otros fans de los journals por acá, les dejo una lista de mis preferidos

Fotorrelato:
33 momentos de nuestro viaje por Serbia y Croacia

[box type=”star”]En este fotorrelato, comparto 33 fotos alternativas de nuestro viaje por Serbia y Croacia. Lugares, detalles y momentos que quedaron afuera de los posts de Desafíos y que tenía ganas de mostrarles. [/box]

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1. En caso de rabia, rompa aquí

¿Qué hacer con todos esos objetos y recuerdos que nos quedan de nuestras ex parejas? ¿Tirarlos por la ventana, revolearlos contra la pared, enterrarlos en el placard? En Zagreb, la capital de Croacia, decidieron ponerlos en un museo: el Museo de las Relaciones Rotas. Toda historia de amor, aunque haya terminado mal, sirve de bálsamo para otros, para darnos cuenta de que no somos los únicos que vivimos y sufrimos estas cosas. Y estos lápices para la bronca me parecieron un gran souvenir.

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2. Mensajes en botellas

Vi estas botellas después de ir al Museo de las Relaciones Rotas y me pareció que seguían el mismo hilo conductor. “I release and forgive”: “Dejo ir y perdono”. Cuesta pero hay que hacerlo.

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3. Así vale la pena

Me gusta mucho visitar cementerios en otras partes del mundo ya que me interesa ver cómo cada cultura trata a sus muertos. En China encontré cementerios con lápidas rojas, en Buenos Aires tenemos uno que parece una ciudad en miniatura, me dijeron que en Guatemala y México son muy coloridos. Los cementerios grises me parecen muy tristes, ¿por qué se le da ese color a la muerte? ¿por qué no ponerle colores al fenómeno más universal que tenemos?¿Por qué recordar a las personas en un solo tono? Si al final todos vamos a terminar ahí, deberíamos hacer ese fin lo más agradable posible. En Zagreb fuimos a visitar el cementerio Mirogoj y, entre tantas tumbas negras, esta me llamó la atención. La bauticé la tumba Van Gogh.

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4. De fábricas y conejos

Habíamos ido a ver los monumentos socialistas ubicados a lo largo de la orilla del río, en Zagreb, en una zona alejada del centro, y volvimos caminando por una parte bastante residencial de la ciudad. Nos encontramos con este edificio y enseguida pensé en la fábrica de artistas de Islandia, con todas las paredes repletas de arte. Me gusta mucho conocer los lugares que no salen en los mapas turísticos.

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5. Llegamos a Belgrado

Nos subimos al tren nocturno en Zagreb, nos metimos en un compartimento de seis asientos y nos dormimos. A eso de las tres de la mañana, mientras llovía a baldazos, entró el policía de frontera de Croacia a pedirnos los pasaportes. Todo bien. A los diez minutos entró el de Serbia para hacer el mismo trámite. Nunca me voy a olvidar de cómo miró el pasaporte de Lau, leyó su nombre y lo dijo en voz alta: a mí me sonó a “La – Ra”, con una erre muy suave. Puso los sellos correspondientes, nos dijo que esperemos y se llevó nuestros pasaportes a otra parte. Nos pusimos un poco nerviosas. ¿Será porque tengo el sello de Kosovo?, me dijo Lau. ¿Será porque soy húngara?, pregunté yo. ¿Nos harán bajar del tren con esta lluvia? Al rato volvió como si nada, nos sonrió y nos devolvió los pasaportes. Nunca sabremos para qué se los llevó, nosotras decimos que se los fue a mostrar a los amigos. Cuando nos despertamos, a las seis de la mañana, ya estábamos en Belgrado. Habíamos llegado a otro mundo.
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6. La calle de los paraguas

Cada ciudad tiene sus calles memorables. Hay calles con lámparas, calles con gatos, calles con plantas, calles de bombonerías, calles de tiendas de segunda mano. En Belgrado está la calle de los paraguas. Creo que cuando la vimos no nos dimos cuenta de que era una señal de todo lo que iba a llover.

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7. Bombonería

Estábamos en pleno mini desafío, buscando nuestra lista de cosas para fotografiar, cuando vi el frente de este negocio. No leo cirílico, pero mi mente interpretó esas letras como “Bombonería – desde 1936”. Me acerqué para mirar la vidriera, que efectivamente tenía cosas dulces, y esta señora también se puso a espiar y a conversar con la gente de adentro.

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8. Tiene un nuevo mensaje

Estábamos en una de nuestras caminatas por Belgrado cuando vimos la puerta de un edificio abierta. No era una puerta que diera a un hall cerrado, sino que se notaba que llevaba a un espacio común compartido, como un jardín central. Entramos. En una de las paredes vimos estos buzones. Me encantaron. Algunos, al parecer, siguen en funcionamiento. Yo los usaría para guardar sorpresas.

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8. El del brócoli

Fue difícil encontrar este mural. No me acuerdo quién me dijo o dónde leí que en Savamala, uno de los barrios de Belgrado, había un mural “de un hombre gigante comiendo un brócoli”. Lo buscamos durante un rato mientras caminábamos, hasta que nos cansamos y entramos en un bar a preguntar. Como no sabíamos exactamente qué buscábamos, expliqué que era algo así como un señor muy grande comiendo un árbol. Nadie sabía de qué hablábamos. Seguimos caminando, nos olvidamos del brócoli y de golpe nos dimos vuelta en una esquina para mirar algo y ahí estaba: el hombre-ciudad comiéndose la naturaleza. Era más poderoso de lo que esperaba.

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9. Dale, que siga lloviendo, total es gratis

Cuando armé la mochila en Biarritz estuve a punto de llevar el paraguas. Al final lo dejé. No creo que allá llueva como en Francia, ya estamos casi en verano. Error. Nos llovió durante toda la primera semana y tuvimos que andar pidiendo paraguas prestados. Me gusta la lluvia pero no cuando estoy de viaje con tiempo limitado. Lo bueno es que después se forman fotocharcos.

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10. Ranking de vidrieras raras

Entiendo que en este negocio venden cosas que cortan, pero no sé cuál será su especialidad, porque hay desde tijeritas para las uñas hasta tijeras-machetes, y esa rosa que no sé bien para qué es. Esta vidriera es en Belgrado, pero tanto las de Serbia como las de Croacia están en mi ránking de vidrieras más retro, raras y originales.

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11. ¿Esos son cisnes?

Una mañana nos fuimos a pasear a Zemun, una ciudad histórica que ahora forma parte de Belgrado pero que fue parte del Imperio Austro-Húngaro. Después de comer fuimos a caminar por el Danubio y a lo lejos vimos algo que parecía ser un cisne. Nos acercamos y vimos que no había uno sino decenas, todos en grupo yendo de un lado a otro. Después apareció esta familia, que les dio de comer, así que estuvieron un largo rato muy cerca de la costa.

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12. Un Plazma Shake con Jelena

Cuando Jelena me escribió un mail diciéndome que quería invitarme a tomar un café en Belgrado me puse re contenta: nunca me imaginé que tenía una lectora serbia —y que hablaba muy bien español, además—. Le dije que sí y nos encontramos allá, debajo de la estatua del caballo en la Plaza de la República. Yo propuse café, pero ella quiso que probara algo nuevo, así que nos tomamos dos Plazma Shake como el de la foto: un licuado de galletitas con leche, chocolate, crema batida y caramelo. Mientras charlábamos con vista al río, me preguntó: “¿Qué palabra se te viene a la mente cuando piensas en Serbia?”. En aquel momento, no muchas: Kusturica, Balcanes, guerra. Ahora tampoco es que haya formado un diccionario de términos, pero al menos pude ponerle cuerpo al país y recordarlo por otras cosas: el rakija (la bebida alcohólica predilecta), Momo Kapor (uno de sus escritores), Belgrado (que ya no es una ciudad abstracta), Mokra Gora y plazma shake.

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13. Dos genios

Hace poco un chico me escribió para contarme que estaba por poner un alojamiento chiquito y para preguntarme qué era lo que para mí hacía la diferencia en un lugar así. Le dije que la limpieza me parece fundamental. Está bien que seamos jóvenes pero eso no quiere decir que todo tenga que estar sucio. El espacio común también me parece importante, tiene que haber aunque sea un living o un lugar cómodo donde poder relajarse y charlar con otros viajeros. Pero creo que la mayor diferencia la hace la buena onda de quienes trabajan ahí. Cuando el staff es simpático, amable y bien predispuesto, el lugar se transforma. Lo sé porque lo experimenté muchas veces, para bien y para mal. Me quedé en hostels muy lindos pero con gente tan antipática que no volvería, y me quedé en lugares muy rústicos donde la calidez de las personas me hizo sentirme como en casa. De este viaje —y creo que Lau estará de acuerdo— me quedo con el mejor recuerdo de los chicos del Hedonist Hostel: fue como tener un hogar en Belgrado.

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14. Nos bajamos todos para la foto

El día que nos subimos al tren a vapor repleto de griegos no sabíamos en lo que nos estábamos metiendo. Resulta que formaban parte del club de amigos del ferrocarril de Atenas y habían viajado a Serbia y a Rumania solo para tomar trenes a vapor, así que los conocimos en su punto álgido de excitación. Todos sabemos que cuando un grupo de gente con la misma pasión se junta para irse de viaje, la emoción del evento compartido hace que todo sea un quilombo. Los griegos estaban como locos: iban, venían, hablaban, gritaban, se reían, se sacaban fotos, cambiaban de lugar, sacaban los brazos por la ventana. Ya nos habían avisado desde el principio que el tren haría varias paradas para sacar fotos y que nosotras no podíamos salir en las tomas —lo entendimos, éramos intrusas—, así que cada vez que se bajaban en masa para hacer una foto, nosotras teníamos que ir detrás y asegurarnos de no estar siendo apuntadas por ninguna cámara. Para esta foto, el tren nos dejó en el bosque, hizo marcha atrás y volvió a entrar por el túnel mientras todos disparábamos como locos.

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15. La manzana de regalo

Me gustó la imagen del señor con sus verduras en la calle y la balanza colgando del baúl. Me acerqué para preguntarle cuánto costaban las manzanas pero no me entendió —o yo no lo entendí a él, que es lo más probable—, así que agarré una y le señas de how much. Me hizo un gesto de nada, es un regalo, y le sonreí. Después le pregunté si podía sacar una foto, y así quedó. Esta es una de mis preferidas.

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16. Yo también quiero andar en unicornio

Después del viajecito en tren por Mokra Gora tuvimos que hacer tiempo hasta la noche, que salía el otro tren. No queríamos alejarnos mucho pero teníamos ganas de conocer los pueblos cercanos, así que nos pusimos a hacer dedo con el lema vamos a donde nos lleven —mientras no sea muy lejos—. Le dije a Lau que había una ciudad que se llamaba Zlatibor y que al parecer era linda. El primer auto que frenó venía con tres amigos serbios, y lo primero que nos dijo el conductor fue: “Solo vamos a Zlatibor, no podemos llevarlas a otra parte”. Perfecto. Zlatibor resultó ser… rara, digamos. Es un lugar de esquí, así que durante el verano no hay mucha actividad. Lo que hay son unicornios, como los que estas nenas estaban montando en una de las plazas.

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17. Recepción con música balcánica

El tren volvió a dejarnos en Belgrado, ¿cuántas veces habremos bajado en esa estación?, y nos encontramos con esta banda de mariachis serbios a las seis de la mañana. Cómo me gustan los instrumentos de viento y la percusión, me ponen de buen humor en cualquier momento del día, incluso cuando solo dormí cuatro horas la noche anterior.

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18. Mirá ese señor

Fue en el último tren serbio que nos tomamos. Lau y yo estábamos sentadas en nuestros asientos cuando vi pasar a este señor. Me llamó la atención su ropa. “Mirá ese señor, Lau. Vos querías gente para fotografiar…”. Al rato, Lau se acercó a su vagón y charló con una señora que estaba sentada cerca para ver si podía pedirle permiso para fotografiarlo. El señor aceptó encantado. Cuando escuché la música me acerqué. Había sacado un instrumento de su funda y estaba recitando un poema. Todo el tren lo escuchaba en silencio. Recitaba en serbio, así que no entendimos, pero la señora nos dijo que hablaba acerca de la unión entre yugoslavos. Cuando terminó, mucha gente lo aplaudió. Él nos sonrió y nos hizo un high five a cada una.

19. Subase nomás

Eran menos de las seis de la mañana en Zagreb y estábamos esperando el tranvía para ir a tomar el tren hacia la costa de Croacia. Tengo la teoría de que los personajes que esconden las ciudades salen a esa hora, muchos recién se están yendo a dormir, otros quieren dar una vuelta antes de que la gente empiece con sus rutinas cotidianas. Este señor salió así, vestido de policía y con una guirnalda de globos —con dos colores de la bandera de Croacia—, entró al tranvía y se sentó como si nada. Tal vez le habían encargado que lleve los globos de un evento a la fiesta infantil de su hijo. O quizá iba a soltar globos en medio de una plaza. Quién sabe.

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20. ¿Y si hacemos dedo?

Al principio no lo pusimos como opción. El viaje por Serbia y Croacia iba a ser en tren. Pero una tarde en la que descubrimos que teníamos que esperar tres horas para tomar el próximo bus o siete horas para el próximo tren a Belgrado, tiré la idea al aire. “Lau, ¿y si hacemos dedo?”. Y claro. Nos paramos al costado de la ruta, ya era casi de noche y no sabíamos si el autostop funcionaría en Serbia. A los pocos minutos estábamos en un auto a Belgrado sin escalas. Siempre es cuestión de probar antes de decir que no se puede.

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21. Linda la pileta

Esta foto la sacó Lau en el Haludovo Hotel, uno de los lugares abandonados que exploramos en la costa de Croacia. No sé si es que la silla quedó ahí desde que el hotel cerró, o si algún otro explorador urbano la trasladó hasta el borde de la pileta para, como yo, sentarse e imaginar cómo habrá sido ese resort cuando todavía había huéspedes y la pileta se llenaba con champagne —eso dicen—.

22. Luka el fotógrafo

En una de nuestras casas de Couchsurfing lo conocimos a Luka, el menor de la familia que nos recibió. Al principio no se animaba a hablarnos mucho, pero siempre nos seguía de cerca y nos preguntaba Hungry?Thirsty? y se apuraba a traernos algo aunque le dijéramos que no se preocupara, que estábamos bien. Con las horas se fue soltando y empezó a sacarnos fotos. Primero de lejos, con el zoom, retratos cándidos, momentos espontáneos. Después entró en confianza y nos hizo posar, nos acomodó para la foto, se sacó autofotos con nosotras. Al final, además de hablarnos en croata, nos habló un poquito en inglés. Luka, el niño fotógrafo, nuestro amiguito croata.

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23. Cielo circular

Por fin llegamos a la costa croata. Nos quedamos dos días en Split, la segunda ciudad más grande de Croacia, y caminamos por el Palacio de Diocleciano, construido entre los siglos III y IV d.C. por encargo del emperador romano Diocleciano como lugar para su retiro. Hoy el palacio forma parte del centro de la ciudad de Split y es Patrimonio de la Humanidad. Está muy bien conservado y, al recorrerlo, uno se puede imaginar las cosas que sucedían en cada espacio. Cuando entramos a uno de sus anfiteatros nos encontramos con un grupo cantando a capella. Miré hacia arriba y me encontré con el cielo así, recortado con forma de círculo.

24. Arrancó el verano en Split

Yo sabía que la costa croata estaba de moda, pero no me imaginé que veríamos tanta gente. El verano empezó con todo. Zona por la que caminábamos, zona por la que nos cruzábamos con grupos turísticos sacando fotos, posando con los guardias, comiendo, tomando café en las escaleras, comprando pasajes, saliendo de los hoteles. Estos lugares con turismo tan masivo y concentrado me generan una sensación rara y al final me agobian un poco.

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25. ¿Vamos a la playa?

En los lugares con playa suele pasar lo mismo: en algunas los turistas son mayoría, y otras son más populares entre la gente local. A veces las turísticas son las más lindas y cristalinas, y las locales son menos de folleto; a veces es al revés: los locales conocen las playas más secretas y van ahí sin que se corra la voz. En el caso de Split, decidimos ir a una de las playas locales, ubicada muy cerca del centro de la ciudad. El agua nos llegaba por las rodillas, había nenes jugando a la pelota, la arena era un poco barrosa, estaba lleno de familias haciendo picnic y casi no había espacio en el agua. Pero con el calor que hacía, nosotras estábamos felices.

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26. Cuidado con los erizos

Una de las frases más repetidas de este viaje fue: “No quiero pisar los erizos”. En mi caso: “Lau, ¿hay erizos ahí? No veo sin anteojos…”. Las playas croatas con piedras están repletas de erizos, así que hay que tener cuidado porque debe ser bastante doloroso que te atraviesen un pie. Lau me contó que en las playas de Italia casi no hay porque se los comen. En Croacia siguen intactos, así que antes de entrar al agua miren bien.

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27. Hicimos couchsurfing en un barco sobre tierra

Las dos teníamos ganas de navegar por Croacia, de ir de isla en isla en velero, de nadar en esas playas turquesas de las fotos. Una tarde, Lau me dijo: “Conseguí couch en un velero”. Enseguida nos pusimos a saltar de alegría. Yo ya me veía como cuando crucé de Colombia a Panamá, feliz con el vaivén del agua, con esas gotitas de mar que me salpicaban en cada ola. “Ah, pero dice que su velero está en reparación, así que está sobre tierra”, me dijo Lau cuando terminó de leer el mensaje. Igual estuvo buenísimo. Compartimos el espacio del velero con tres francesas, y compartimos el espacio de la Marina con unos treinta barcos llenos de estudiantes de fiesta, así que tuvimos música, gritos y wooo-hooo hasta que salió el sol. Lau tenía tapones de oído. Yo no.

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28. Yo a Dubrovnik voy en barco

Dubrovnik fue la última parada de nuestro viaje. Desde ahí salía el avión que nos llevaría de vuelta a Barcelona (luego tomaríamos un tren hasta Francia). Si pudiera elegir un medio de transporte, iría por la vida en barco. Cuando vimos que podíamos llegar a Dubrovnik por tierra o por mar, ambas elegimos ir por agua. Así que nos subimos a un catamarán en Brac, isla cercana a Split, y unas cuatro horas después vimos las primeras imágenes de la costa de Dubrovnik. Hacía mucho calor y era domingo, así que el bus que iba del puerto al centro tardó bastante en pasar. Dejamos las cosas, salimos a caminar por el centro histórico y descubrí algo que me encanta: a pocos pasos del centro, pegada a la muralla, había una playa de piedras casi en medio de la ciudad. El mar era transparente y había gente saltando, así que hice lo mismo que ellos y me bañé con vista a Dubrovnik.

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29. Si la ropa está colgada, la ciudad está viva

“Me gusta ver la ropa colgada, ya que eso quiere decir que mi ciudad está viva”, nos dijo Marina, quien fue nuestra guía durante una mañana en Dubrovnik. Pienso lo mismo, me encantan las ciudades con la ropa tendida hacia afuera.

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30. El que madruga ve el mercado

Lau me dijo que quería levantarse bien temprano para ver el casco antiguo de Dubrovnik antes de que saliera demasiado el sol y se llenara de turistas. Si Split es una ciudad concurrida, Dubrovnik le gana con ventaja. Hace mucho que no caminaba por un lugar tan repleto de gente. Puse el reloj a las 6 y me levanté, Lau siguió durmiendo y como yo estaba medio desvelada, salí a dar una vuelta. Si van a Dubrovnik en verano, les recomiendo que salgan a dar una vuelta a esa hora. Van a ver otra ciudad: sin ruido, con muy poca gente, con un sol suave. Así pude ver cómo preparaban el mercado de frutas y flores y cómo preparaban a la ciudad, en general, para el resto del día.

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31. Me encontré este libro en la calle

Ese mismo día, mientras caminaba por Dubrovnik a las seis de la mañana, vi algo tirado contra una pared. Entró en mi radar enseguida: era un libro, y uno muy grande. Lo levanté y miré a mi alrededor, quizá a alguien se le había caído. Pero no, estaba rodeado de cajas de cartón, revistas y otras cosas que habrán considerado basura. ¿Cómo alguien puede tirar un libro a la basura? ¿Cómo pueden dejar un libro así? Me fijé a ver si había más pero no encontré nada. En la foto parece un libro finito, pero pesa más de un kilo. Me lo llevé, obvio.

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32. Cómo posan las chinas

Me percaté de que a los asiáticos les gusta mucho la fotografía cuando estuve en Asia. Posan, se sacan fotos en grupo, le sacan fotos a los turistas y suelen tener muy buenas cámaras. Cuando viajan son un show. Una vez viajé con tres chinas por China y se disfrazaron de mujeres de una etnia tradicional y hicieron una sesión de fotos frente a un lago. Lo juro. En Dubrovnik vimos bastantes turistas chinos y japoneses, y nuestra guía nos explicó que los chinos eran bastante difíciles de controlar. En este monasterio vimos por qué. Mientras las mujeres posaban, por turnos, los hombres oficiaban de fotógrafos de moda, les gritaban las indicaciones y les sacaban veinte fotos a la vez.

33. Las escaleras de Dubrovnik

Dubrovnik es una ciudad de escaleras: el centro está abajo y todas las calles suben desde ahí. Lo bueno es que cuanto más arriba vas, menos gente hay y más escenas como estas se ven. El señor sentado en la puerta de su casa, al sol, fumando un cigarrillo. La nena barriendo cada escalón de su cuadra.

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+1 en Francia

Esta foto es en Saint Jean de Luz, uno de los pueblos del país vasco francés, muy cerca de Biarritz, donde viví por nueve meses. Después del viaje por Serbia y Croacia, le dije a Lau que se viniera unos días a conocer mi casa y la región. El viaje de vuelta desde Dubrovnik fue una odisea: tomamos el avión a las 10 de la mañana, llegamos al mediodía a Barcelona y nos subimos al tren que iba hasta Irún, en la frontera entre el País Vasco español y francés. Llegamos a Irún a las 10 de la noche, y como era verano todavía había luz. El problema era que teníamos que ir de ahí a Biarritz, a 32 kilómetros, y a esa hora ya no pasaban buses ni trenes. No quedaba otra que hacer autostop. Era muy jugado: quedaban pocos minutos de luz y había empezado a lloviznar, además no había un buen lugar donde pararse en la ruta.

Nos pusimos en una salida, muy pero muy mal posicionadas, y a los cinco minutos frenó un señor que ofreció llevarnos a un lugar mejor. Nos dejó en otra ruta y nos quedamos ahí, casi a oscuras y sin gente. Se largó a llover. A los cinco minutos frenó una pareja francesa de unos 60 años. Nos dijeron que iban a Saint Jean de Luz, a 15 kilómetros de ahí. Nos subimos. Estábamos en una situación bastante límite así que cualquier trayecto, por más corto que fuera, nos venía bien. El señor hablaba algo de español y yo me defendí como pude con el francés. A mitad del viaje nos dijeron: “Chicas, las vamos a llevar hasta Biarritz, no podemos dejarlas en el medio de la nada, de noche y con lluvia”, y nos dejaron en la puerta de mi casa. Fue un gesto que me emocionó. A veces no sé cómo agradecer estas cosas, porque ellos no tenían obligación de llevarnos, pero confío en que la vida les devolverá la buena acción. Y sepan que estos gestos son mucho más reales y frecuentes que todas esas noticias horribles que nos muestran los diarios para generarnos miedo de vivir. Cambio y fuera.

[box type=”star”]Este post forma parte de la serie Desafío Serbia Croacia, un viaje en conjunto con Lau de Los Viajes de Nena. [/box]

Carta de despedida a Biarritz

Me cuesta escribir esto sin ponerme triste. Llegué a Biarritz por primera vez hace poco más de un año, el verano pasado, sin saber que me quedaría a vivir por nueve meses, que caminaría tanto por estas calles, que vería el faro cubierto de niebla y cubierto de sol, que odiaría su lluvia y amaría su mar. Vine porque dos personas no conectadas entre sí me dijeron, casi con las mismas palabras, que si quería aprender surf tenía que ir a Biarritz, y a mí esa palabra se me quedó pegada. No sabía nada de Biarritz ni de surf y sin embargo vine, llegué un día en el que estaba a la deriva, en una época en la que me sentía sin rumbo y en la que todo me daba un poco igual. Y a primera vista la ciudad me pareció de las más lindas que vi, pero no me sentí cómoda y quise irme. Unas horas después conocí a alguien y las cosas cambiaron. Y me quedé. Nos quedamos. Nueve meses viviendo juntos acá.

Desde mi cuarto.

Desde mi cuarto.

La vista desde mi ventana

La vista desde mi ventana

Las postales frente a mi escritorio.

Las postales frente a mi escritorio.

Mis grullas.

Mis grullas.

Escribo esto todavía en Biarritz, sentada en mi escritorio de vidrio al lado de la ventana, con vista a un jardín que todavía es mi jardín, mirando la pared llena de postales que aún no despegué. Frené acá porque necesitaba esto: un espacio de trabajo, un hogar y un amor. Me sentía muy huésped y muy sola, y estaba cansada de moverme de un lado a otro sin parar. Mi límite de viaje en continuado es un año, después de eso ya me canso, pierdo la capacidad de asombro, no tengo ganas de ver lugares nuevos y me surge la necesidad de detenerme. Acá volví a tener la rutina que tanto necesitaba: empecé natación, fui al cine, llené las alacenas, jugué al Super Mario, miré películas, me abrí otro blog, recibí postales y escribí mucho, un montón. Escribí otro libro, aunque el capítulo de Biarritz todavía ni lo empecé, dicen que hay que escribir acerca de un lugar cuando uno ya se fue.

Además me compré libros.

Además me compré libros.

y zorritos.

y zorritos.

Amo mi jardín.

Amo mi jardín.

Recibí cartas.

Recibí cartas.

Y ahora me toca despedirme de prepo, porque no sé si nos iríamos si la situación fuese distinta. Acaba de empezar el verano, la mejor época del País Vasco, ya no llueve, el mar está calentito, la gente está contenta, hay luz hasta las diez de la noche y uno casi se olvida de que acá existió el invierno. Pasamos seis meses bajo lluvia, con caracoles trepando por las paredes, hongos expandiéndose por el techo, olor a humedad en el baño, las toallas siempre mojadas, sabañones en los pies, y ahora tenemos que irnos porque la dueña de la casa-cueva cuadruplica sus precios durante los meses de verano y si Biarritz ya era cara en invierno ahora es imposible. Mi casa-cueva ya no esta, será otra, será muchas. Se nos terminó el contrato, el primero que firmé con un chico, sin pensarlo, cuando me dijo quedate a vivir conmigo acá, estemos juntos, quiero estar con vos.

La playa

La playa

Una rotonda

Una rotonda

Cerca de casa

Cerca de casa

Durante estos meses en Biarritz me di cuenta de que el clima afecta mucho mi estado de ánimo. Tuve tristeza de invierno —autodiagnosticada—, lloré cada vez que llovía, me enojé cuando no salió el sol durante dos semanas, me dio rabia ver que el servicio meteorológico anunciaba lluvia con cien por ciento de probabilidades para los próximos diez días, dije un montón de veces que me iba para Argentina, que chau, que empaco todo y ya fue, que no quiero estar más acá, que estoy pasada por agua, que no me banco más el viento y esa garúa fina que me corroe. Me consolé con macarrons, con chocolate, con cafés con leche, con películas y series, con los abrazos de L. Me sentí mejor —y peor, por improductiva— quedándome en la cama hasta tarde, leyendo mis libros con dos frazadas encima. Aprendí que a veces eso también está bien, que no puedo estar todo el tiempo forzándome a hacer cosas, que los descansos son tan importantes como el trabajo.

Vidrieras

Vidrieras

Peluquería

Peluquería

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Cosas que veo en mis caminatas de todos los días

Cosas que veo en mis caminatas de todos los días

Aprendí a medir el paso del tiempo de otras maneras. En esta casa los relojes nunca estuvieron en hora y tampoco tuve calendarios, hasta hace poco, pero supe que los meses pasaban porque vi mi pared llenarse de postales, porque vi el ciclo de las mareas, porque a L. le crecían los rulos, porque el sol fue saliendo cada vez más temprano y escondiéndose más tarde. Supe que había empezado la primavera cuando escuché a dos pájaros cantar al lado de mi ventana a las tres de la mañana y recordé que ese sonido existía. Y ahí me di cuenta de que esta fue la primera vez que pasé un invierno, mejor dicho: que hiberné en una cueva. También me volví más friolenta, supongo que de tanto invierno, y un poco más miedosa, quizá por tanta lluvia.

Junto con la primavera llegó una inquilina nueva a la casa, y ahí empecé a practicar el arte de la paciencia y a decirme ya está, es hora de empacar, con nuestras cosas a otro lado, esta casa ya no es nuestro espacio. Así que me despido sin despedirme, porque todavía sigo acá, aunque en cuenta regresiva, tres, dos, uno. Caeré cuando estemos en la próxima ciudad, en algún lugar sin humedad y sin mar. Nunca, jamás, hubiese pensado que iba a quedarme a vivir en Francia. Ni aunque me lo hubiese dicho mi astróloga, que, si mal no recuerdo, alguna vez me lo mencionó. Tampoco pensé que iba a encontrar mi hogar en un chico francés, siempre dije que los franceses eran lindos pero que no los terminaba de entender, y mirá. Ahora nos toca ir a los dos a mi país, a construir otro hogar transitorio en Buenos Aires y después veremos dónde más. Y por primera vez lloro mientras escribo un post, no sé si de tristeza por la partida, de alegría por irme acompañada, de emoción por volver a Buenos Aires, de felicidad por todo lo que nos espera, de ansiedad por las ganas que tengo de hacer un viaje largo por Argentina, o de hipersensible porque me está por venir (debe ser eso). Pero nunca viví tanto tiempo en otro lugar que no fuese Buenos Aires y todo eso me genera una procesión. Además hace casi dos años que no vuelvo a Argentina, y me parece demasiado.

Arco iris de hortensias

Arco iris de hortensias

La Grande Plage

La Grande Plage

Balcones

Balcones

Chau Biarritz, siempre me despido de personas, ahora me toca despedirme de un lugar. Ni sé cómo hacer: ¿salgo a caminar? ¿Saco la basura por última vez? ¿Me meto al mar? ¿Cómo se le dice chau a un hogar? Te deseo que sigas con buen clima, que los turistas no te maltraten mucho, que alguien se enamore de vos, que cuiden tus hortensias, que sigas recibiendo surfers y que le des un buen susto al hombre que escupe. No sé si volveremos, tampoco sé si será lo mismo si volvemos, pero yo me llevo mi mapa subjetivo de tus calles y toda la inspiración que me diste, y eso para mí es lo más valioso. No te lo quería decir, pero si bien te nombré un montón de veces, hay mucha gente que sigue pensando que viví estos nueve meses en París, y qué tendré que ver yo con París, te estarás preguntando. Nada, estás mucho más cerca de España que de París, sos parte del País Vasco, tenés mar. Solo quiero que sepas que L. y yo siempre tendremos Biarritz. Gracias por eso.

À bientôt ! ¡Hasta pronto!

A.

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Publicado desde Estrasburgo, en la otra punta de Francia, con calor y nostalgia.

Viajar sola

[box type=”star”]Viajar en solitario es una experiencia muy gratificante y, sin embargo, es algo que muchos no se animan a hacer por miedo. ¿Y si me pasa algo? ¿Y si me siento solo/a? ¿Y si me pierdo? ¿Y si me enfermo? ¿Y mi seguridad? Hace siete años que viajo sola —y acompañada, de a ratos, también— y hasta ahora no me había dignado a escribir un post al respecto.[/box]

Autofoto en Cadaqués, España

Autofoto en Cadaqués, España

Viajar sola siendo mujer es muy distinto a viajar solo siendo hombre. Parece obvio, y lo primero que pensarán es: claro, viajar sola es más peligroso. Los peligros existen, pero también existen a la vuelta de tu casa, y lo que muchos/as no saben —al menos quienes nunca se animaron a irse— es que viajar sola tiene un montón de ventajas y es mucho más seguro de lo que parece.

Hablaremos de los miedos, las preguntas, las ventajas, las desventajas, las experiencias y todo eso que nos pasó por habernos ido solos/as por ahí. Ojalá esto les dé un empujón y los anime a tener una de las experiencias viajeras más lindas. Empecemos entonces.

[hr]

En Perú

En Perú

Viajar sola: carta a una futura viajera

Querida A.:

Ya sé, no me digas nada: querés viajar sola pero te da miedo, ¿no? A mí también me pasó, por eso te escribo. Quiero contarte todas las cosas que viví en estos siete años, desde que tomé la decisión de empezar a viajar sola hasta hoy: qué me dijeron, qué miedos tuve, qué cosas buenas y malas me pasaron —son muchas más las buenas, no te preocupes—, qué ventajas y desventajas le veo a los viajes en solitario. Y quiero que te quedes con tres ideas:

  1. viajar sola es mucho más fácil y seguro de lo que te cuentan, no hay que tener un dios aparte ni ser una suertuda (¿siete años seguidos de buena suerte? no creo),
  2. para viajar sola no necesitás una personalidad especial
  3. y si viajás sola no vas a estar sola (a menos que quieras).

Para organizarnos mejor, voy a dividir mi relato en tres: el antes, el durante y el después del viaje. Cualquier duda que te quede, me escribís, ¿sí?

En Copacabana, Bolivia

En Copacabana, Bolivia

* Antes: los miedos

Una de las partes más difíciles de viajar sola es tomar la decisión de hacerlo. Siendo chicas, es normal que tengamos miedos, dudas e inseguridades: los clásicos ¿y si…? Es normal, también, que muchos intenten desmotivarnos: “¿Cómo que te vas a ir sola? ¿Vos no mirás los noticieros? ¿No ves lo peligroso que es el mundo? ¿Y si te pasa algo? ¿No pensás en tu seguridad? ¿No viste el caso de las turistas asesinadas? Claro, andá para que te violen. Vos estás loca”. Y ahí puede pasar que te digas es verdad, ¿cómo se me ocurre irme sola a un lugar que no conozco? Soy una inconsciente, me va a pasar de todo, y que tu sueño de recorrer el mundo quede ahí, guardado en el recuerdo por culpa de miedos ajenos. Porque, según muchos, viajar no es algo para que una chica haga sola. Y a veces nos lo terminamos creyendo.

Pero, momento: un día encontrás los relatos de chicas que viajan solas —¡hace años!— y a las que nunca les pasó nada malo —al menos nada tan terrorífico como las historias que te contaron quienes nunca se fueron—, y encima te dicen que viajar sola siendo chica es mucho más fácil y seguro de lo que pensás. Eso te genera una lucha de pensamientos: ¡Si ellas viajan solas yo también puedo! vs. Seguro que son muy suertudas o tienen una personalidad opuesta a la mía. Viajar sola no es para mí… Lo primero que quiero decirte es que no existe La Personalidad Adecuada para viajar sola (ni para viajar). No hay que ser ni muy esto ni muy lo otro: todas podemos viajar y lo lindo es que cada cual adaptará el movimiento a su modo de ser.

Si, está bien, pero vos decís eso porque hace siete años que viajás sola, entonces ya no te da miedo hacerlo. Nada que ver. En mi caso, elegí viajar sola por varios motivos: uno, porque no encontré a nadie que quisiera irse conmigo sin fecha de vuelta, y dos, porque siempre fui bastante solitaria e irme sola me pareció algo acorde a mi modo de ser. Pero cuando tomé la decisión tuve muchísimo miedo: el día antes de irme sola por primera vez lloré como si se hubiese muerto alguien y le dije a mi mamá que mejor me quedaba en casa: “Lo que dice la gente es verdad: ¡estoy loca! ¡Me va a pasar de todo! No me quiero ir”. Nunca me sentí como alguien con personalidad viajera —después decreté que eso no existe—: soy introvertida, desorientada, distraída, no me gusta el deporte aventura y puedo ser muy tímida en ciertas situaciones. Pero me fui igual porque sentía un llamado muy fuerte. Al menos tenía que intentarlo.

Y me fui por América Latina...

Y me fui por América Latina…

 

Descubrí, viajando sola, que la imagen que los medios nos muestran del mundo es muy limitada —a lo negativo, casi siempre— y está muy lejos de reflejar la vida cotidiana de la gente en otras partes del mundo. En casi todos los lugares que conocí encontré hospitalidad, sonrisas, amabilidad y seguridad —y digo “casi todos” porque también tuve situaciones de estafas o mala onda, pero fueron las menos—. Es cierto que ni yo ni nadie puede asegurarte que si te vas no va a pasarte nada, pero también puede que te quedes en tu casa y te pase lo mismo a la vuelta de tu casa. Por eso, sacate el “me va a pasar de todo” de la cabeza y pensá que sí, que te van a pasar un montón de cosas, pero lindas. Es cierto que, al ser chicas, tendremos que tomar algunos recaudos extra y pensar en nuestra seguridad —ya hablaré de eso—, pero te aseguro que viajar sola tiene un montón de ventajas que ni te imaginás. Hasta que te vas y las empezás a vivir.

Hay muchos motivos para elegir viajar sola y está bueno que conozcas el tuyo: puede que no tengas con quien ir, que no encuentres al compañero o compañera adecuado/a, o que prefieras ir sola. Pero no lo veas como una decisión irreversible: si te vas sola y no te sentís cómoda, te volvés. O, si volverte no es una opción, sabé que en los hostels está lleno de gente que viaja sola y con la que podés compartir un tramo del camino. Pero, eso sí, si tu sueño es viajar sola, date la oportunidad de probar: hacé un viaje-piloto, andate sola un fin de semana, una semana, quince días, andá a la ciudad de al lado, a un país vecino, a un pueblo cercano y fijate cómo te sentís. No hace falta que te vayas al otro lado del mundo. Y date tiempo: los viajes suelen empezar a fluir mejor unos días después de haberte ido.

Mi primer viaje sola duró dos días y fue no-planeado: estaba viajando por el norte argentino y Bolivia con un grupo de amigos y decidí separarme dos días para ir al Salar de Uyuni, lugar que ellos no tenían ganas de conocer y que a mí me tentaba muchísimo. Ese mini viaje —o viaje piloto— marcó un antes y un después. En esos dos días experimenté una libertad que nunca había sentido: no tuve que ponerme de acuerdo con nadie, fui a donde quise y conocí a mucha más gente de la que pensé que iba a conocer. Quizá si lo pensaba durante meses no lo hacía, pero la situación se dio, la aproveché y me encantó. Y tuve una situación de hospitalidad que me cambió la manera de ver las cosas: en mi libro lo cuento mejor, pero una chica boliviana me tapó con la manta de su bebé mientras yo dormía en el tren nocturno que iba por el Altiplano, y eso me hizo querer seguir viajando en busca de más gestos así. Así que si querés viajar (sola), viajá (sola).

En Argentina

En Argentina

* Durante: ventajas y desventajas de irse sola

Mi primer viaje largo sola —nueve meses por América Latina— lo empecé con una amiga: viajamos juntas por Bolivia y Perú durante un mes y medio y cuando ella se volvió a Buenos Aires yo seguí camino. Fue un buen empujón porque cuando tuve que seguir sola ya estaba en modo viaje y muy aclimatada. Por eso, esta me parece una buena opción si querés viajar sola y no te animás a empezar: andá los primeros días o semanas con alguien, entrá en confianza con el viaje y después vas a ver que te resultará mucho más fácil seguir. A mí me llevó unos días adaptarme a no tener compañera, pero eso pasa siempre y hay que tenerse paciencia. En ese viaje —y luego en Asia— descubrí que viajar sola tiene un montón de ventajas que no me imaginaba. Te cuento algunas.

[wc_box color=”secondary” text_align=”left”] Ventajas de viajar sola:

* Cada vez que viajo sola, la gente se acerca a preguntarme si necesito algo e intenta cuidarme. Esto suele pasarme más en América Latina y Asia y menos en Europa, pero es casi una constante. Solo por ser extranjera y estar sola, mucha gente me regaló comida, me invitó a sus casas, me acompañó a tomarme un medio de transporte, me ayudó a encontrar calles, me hizo regalos, me ayudó con el idioma y me trató como a una hija. Tengo un montón de madres y hermanas sustitutas por el mundo.

* Cuando viajo sola me resulta muy fácil hacer Couchsurfing o ser alojada espontáneamente por la gente local, y de esto me di cuenta gracias a un chico que también viajaba solo haciendo couch. Me dijo: “Te envidio, para ustedes las chicas es tan fácil conseguir sofá. Te dirán que sí los hombres, te dirán que sí las mujeres, te dirán que sí las familias. Todos confían en una chica. Yo, en cambio, tengo que mandar al menos veinte solicitudes para que alguien me acepte”. Supongo que esto varía de chico a chico (Antonio nos contará su versión), pero es cierto que siendo mujer estas cosas son más fáciles. También me lo dijo Steve McCurry (¡sí!) cuando lo entrevisté en Buenos Aires, poco antes de irme a Asia:
—¿Cómo hace para sacar fotos tan íntimas de la gente, para tener acceso a sus casas?
—La gente me invita. Es muy fácil, y para vos va a ser mucho más fácil porque sos mujer, ya vas a ver.

No le creí. Y tenía razón.

* Cuando viajo sola, nunca estoy sola (a menos que quiera). Al contrario, estoy tan abierta y receptiva ante el mundo que me resulta mucho más fácil conocer gente que si estoy viajando con alguien. Suelo quedarme en hostels o en casas de familia, y en ambos casos es muy fácil interactuar con otros viajeros y con la gente local. Y para esto no hay que ser súper simpática ni hablar hasta por los codos: suele ser al revés, es la gente la que se me acerca, por curiosidad, a charlar conmigo.

* Cuando viajo sola me siento libre. Cien por ciento libre de hacer lo que quiera, de elegir a dónde ir, de decidir cuánto tiempo quedarme, de rodearme de gente o pasar la tarde sola, de caminar, de leer durante horas, de escribir.

* Cuando viajo sola estoy mucho más despierta. Por un lado, porque tengo que cuidarme sola y eso ya me hace estar atenta, y por otro, porque no tengo mi enfoque puesto en otra persona —como un compañero de viajes— sino en todo lo que me rodea. Suele ser cuando más escribo, ya que absorbo todo como una esponja.

* Una de las cosas que más me gusta de viajar sola es lo fácil que me resulta entrar en contacto con las mujeres locales. Hay culturas donde los roles están muy marcados y donde, si estás viajando con un chico, las mujeres no se te acercan. Me pasó, por ejemplo, en Marruecos. Viajé casi dos meses, gran parte con mi amigo Andi, y cada vez que salí a caminar sin él, las mujeres marroquíes me sonrieron, se me acercaron para charlar y hasta me agarraron del brazo —sin pedirme permiso ni perdón— y me llevaron de paseo con ellas. Esas cosas me encantan y solo me pasan cuando estoy sola.

* Relacionado con lo anterior, al viajar sola descubrí que existe mucha solidaridad entre las mujeres de todas partes del mundo: hay como un acuerdo silencioso de cuidarnos entre nosotras. Si bien fui ayudada por familias y por hombres, siempre sentí que las ayudas más grandes las tuve de otras mujeres.

* Viajar sola me ayudó a confiar aún más en mi intuición. Chicas, tenemos un arma muy poderosa: nuestro sentido común. Y viajando aprendí a guiarme casi siempre por él: si una situación me genera una sensación mala o rara, por lo que sea, intento irme. Y, al contrario, si una situación que a simple vista puede parecer sospechosa no me da desconfianza, me quedo. Hasta ahora no me equivoqué casi nunca. Y no es un superpoder selectivo: todas lo tenemos.

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Vas a estar rodeada de mujeres...

Vas a estar rodeada de mujeres…

Esta foto es en Marruecos, con una chica marroquí que me vistió de bereber

Esta foto es en Marruecos, con una chica marroquí que me vistió de bereber

 

Siete años de viajes —sola, acompañada, en pareja, soltera, con amigas, con amigos, con familia— me mostraron que todo tiene su lado B, y que viajar sola también tiene sus desventajas. Podría decirte que no, que viajar sola es perfecto, que no pasa nada, pero sería irresponsable de mi parte no mostrarte la otra cara de la moneda. Pero, ¿sabes qué?, si bien parecen desventajas grandes, no tienen tanto protagonismo y casi siempre quedan opacadas por las ventajas. Es bueno conocerlas y saber que existen —no hay nada mejor que estar informada—, pero no dejar que te frenen. Estas son, en mi experiencia, algunas de las desventajas de viajar sola.

[wc_box color=”secondary” text_align=”left”] Desventajas de viajar sola:

* Puede que te sientas muy observada y hasta juzgada. Hay lugares del mundo donde es raro ver a una chica sin su marido o familia y eso puede generar varias cosas: que te miren con pena —me preguntaron muchas veces por qué no estaba casada y si no me sentía sola— o que los hombres saquen conclusiones erróneas y se te acerquen pensando que sos una chica fácil. En algunas partes del mundo te van a decir cosas en la calle, te van a silbar, te van a hacer propuestas al oído y se van a poner bastante pesados. Varias tácticas: decí no con firmeza, inventate un marido —ponete un anillo y tené una foto a mano— o ignoralos. Mantenete en espacios públicos y no aceptes ir con ellos a lugares donde estarás sola. Además, siempre es bueno respetar la vestimenta local: si las mujeres se cubren los hombros y las piernas hasta por debajo de las rodillas, hacé lo mismo. Ellas van a estar agradecidas y vos vas a pasar más desapercibida.

* Cuando viajo sola no me animo a hacer de todo y eso hace que me pierda de tener ciertas experiencias. Por ejemplo, si bien hice autostop bastantes veces —con amigas y amigos— todavía no me animé a hacerlo sola: sé que muchas chicas lo hacen, que casi siempre te levantan otras mujeres y que una no se va a subir a un auto que no le genere confianza, pero a mí todavía me cuesta dar el primer paso, aunque espero animarme pronto —es como cuando recién empecé a viajar y no me animaba a hacer Couchsurfing—. Cuando viajo sola no me meto en lugares desolados, no camino por una ciudad a cualquier hora —a menos que la conozca bien y me sienta segura—, no hago trekkings sola e intento no tomarme buses nocturnos —lo hice un montón de veces y supongo que lo seguiré haciendo, pero la verdad es que nunca duermo del todo relajada—.

* Hay desventajas que van más allá de que seas chica o chico: viajar en solitario suele ser un poco más caro ya que no tenés con quien compartir gastos o comida, aunque a la vez es más fácil que la gente local te aloje y con eso se compensa. También es más cansador: tomás todas las decisiones sola y tenés que cuidarte sola. Una situación para mí típica de viajar sola es cuando estoy esperando un transporte en una estación y me dan ganas de ir al baño: tengo que movilizarme con todas mis cosas y hacer todo con las dos mochilas puestas. Si te enfermás, no tenés a nadie cercano que te cuide —aunque siempre aparecen las madres y hermanas sustitutas en esos momentos— y hay días en los que, por más que estés rodeada de gente, te sentirás sola y no tendrás a nadie que te reconforte. Todo esto lo cuento mejor en El lado oscuro de los viajes.

* Una chica que viaja sola genera mucha confianza, pero a la vez hace que algunos nos vean como un blanco fácil y vulnerable. Siempre habrá gente que intentará aprovecharse de esto: algunos tratarán de robarte —como me pasó en Vietnam e Indonesia, las únicas dos veces que me robaron, ambas por distracción—, otros querrán estafarte y algunos intentarán llegar más lejos. En Indonesia me robaron la cámara y la computadora en el tren, pero ser mujer y extranjera me jugó a favor: la policía encontró al ladrón y, tras mi llanto desconsolado, me devolvió todo. Acá les cuento la historia completa: El policial más bizarro de mi vida.

* Lo que más me preocupa cuando viajo sola es mi seguridad —y subirme a un avión, odio subirme a un avión—. No ando paranoica, pero sé que al ser mujer estoy expuesta a más riesgos físicos que un hombre. Si intentan hacerme algo con violencia sé que me será más difícil huir de la situación. Sin embargo, puedo contar con los dedos de una mano las veces que sentí miedo por mi seguridad en estos siete años: fueron muy pocas, y te las cuento acá abajo para que no te generes fantasmas pensando en qué me habrá pasado. [/wc_box]

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Las veces que sentí miedo o incomodidad en un viaje: 

  1. Una noche estaba caminando por Chinatown, el barrio más turístico de Kuala Lumpur —una ciudad que me pareció muy segura las cinco veces que fui—, y me di cuenta de que un tipo me estaba siguiendo. Al principio fue sutil: yo caminaba a un puesto, y a los pocos segundos aparecía ahí y me miraba. Me metí en un negocio y me quedé adentro unos diez minutos, esperando a que se fuera, pero cuando salí estaba parado en la puerta. Caminé rápido entre los puestos y vi que él me copiaba todos los movimientos. Había mucha gente a mi alrededor pero nadie notaba la situación, me puse nerviosa, le grité algo, pero el tipo seguía, así que me fui rápido y me subí al primer taxi que pasó. Esto fue en Kuala Lumpur, pero podría haberme pasado en cualquier lugar del mundo, incluso en Buenos Aires.
  1. Crucé la frontera de Nicaragua a Honduras con mi amiga Belén, con quien viajé un mes por Centroamérica. Para llegar de una oficina de migraciones a la otra había que cruzar un descampado de varios kilómetros a pie, y como nos parecía tierra de nadie decidimos subirnos a dos bicitaxis que estaban ahí para hacer ese trayecto. Alrededor nuestro solo había hombres, y nos dijeron cosas como: “No confíen en estos taxistas, si las matan nosotros no vamos a enterrar los cuerpos” —esto debe haber sido lo peor que me dijeron en siete años—, “Vengan conmigo, soy policía”, “No vayan con él, es mentira que es policía”, y cosas así. Nos subimos a las bicitaxis y, en el camino, los conductores nos preguntaron cómo llevábamos la plata: les respondimos que ya nos volvíamos y no teníamos nada. Llegamos a destino diez minutos después, pero la situación nos dio un buen susto. ¿Podría haber pasado algo? Sí. Conclusión: algunas fronteras en América Latina son feas, más que nada porque están muy desoladas, así que si estás viajando sola, podés buscarte a un compañero o compañera para hacer el cruce más tranquila.
  1. Tuve miedo (pánico casi) una sola vez haciendo autostop, y fue por algo que tal vez fue imaginación mía, porque visto de afuera no pasó nada, solo fue una sensación de peligro. Me pasó en Islandia —el país más seguro que debo haber pisado en mi vida—, viajando a dedo con mi amiga Lau, y lo cuento mejor en este post.
  1. Esta no fue una situación de miedo sino de incomodidad. Cuando hago Couchsurfing casi siempre elijo quedarme con chicas, parejas o familias, aunque también me he quedado con chicos que viven solos porque tenían muy buenas referencias, porque eran amigos de amigos o su perfil me generaba confianza. Se sabe que muchos/as usan Couchsurfing como una web de citas —y sino, sepanlo—, pero en general es fácil darse cuenta por lo que ponen en su perfil: “me encanta cocinar y soy buen masajista”, “solo acepto mujeres”, “superficie para dormir: compartida” y cosas así. Bueno, una vez me quedé en la casa de un chico francés que usaba Couchsurfing para conocer chicas, y como no leí bien su perfil no me percaté. Si bien no pasó nada, más allá de varias insinuaciones bastante directas de su parte —como “podés dormir en mi cama”—, para mí fue muy incómodo quedarme ahí sabiendo que su hospitalidad tenía un objetivo, así que apenas pude me fui. Conclusión: lean bien los perfiles de Couch y no se queden en la casa de alguien que no les genere confianza o las haga sentir incómodas.
  1. Una vez estaba haciendo Couchsurfing en lo de una chica que vivía en las afueras de Kuala Lumpur —otra vez Kuala Lumpur, pobrecita, es una de mis ciudades preferidas—. No había transporte público directo hasta su casa: tenía que tomarme un bus desde el centro de la ciudad, bajarme en equis parada de la autopista, salir de la autopista por una escalera y caminar veinte minutos hasta su casa. Un día volví de noche y me equivoqué de parada: bajé por la escalera —incorrecta— y en vez de salir de la autopista aparecí debajo. En Buenos Aires, las zonas debajo de las autopistas no suelen ser las más lindas para perderse de noche, menos estando sola. Como era mi primera vez en la capital malaya no tenía idea si estaba en situación de peligro o no, así que me asusté. No tenía teléfono, la zona estaba muy oscura, no sabía si pasarían más buses a esa hora y no parecía haber nadie a la vista —mi cabeza me decía: ¿y si hay alguien escondido detrás de alguna columna?—. Caminé lo más rápido posible hasta una zona residencial y encontré un taxi: el conductor acababa de terminar su turno y estaba por irse con su mujer a su casa, pero le pedí que por favor me llevara y aceptó. Así, pude charlar un ratito con una familia Sikh de Malasia y llegué bien a destino. Conclusión: esto me pasó por distraída y también podría haber sido en cualquier ciudad —no saben la cantidad de veces que me tomé el colectivo para el otro lado en Buenos Aires y terminé bajándome en el garage del final del trayecto—, así que a estar atentas.
Pero la realidad es que en todos estos años tuve muchísimas más experiencias buenas que malas. Y casi nunca estuve sola.

Pero la realidad es que en todos estos años tuve muchísimas más experiencias buenas que malas. Y casi nunca estuve sola.

 

Para las situaciones que me generaron felicidad, en cambio, no me alcanzan los dedos de las manos de toda la gente que conozco para contarlas. Este blog y mi libro están dedicados a eso, y podría pasarme horas contándote historias.

Estas son algunas de las cosas más lindas que me pasaron por estar viajando sola:

* Y de repente, empieza el viaje: cuando no pude comunicarme con mi anfitriona en Penang (Malasia) y una familia indonesia me ayudó a conseguir alojamiento, me invitó a comer y hasta me dio plata —que no quise aceptar— para pagarme el hostel.

* Filipinas: iglesias y karaoke: cuando viajé sola a Filipinas, me quedé en una parroquia, me hice amiga de los curas y nos fuimos todos juntos de road-trip.

* Las chinas y yo: acerca de la conexión que sentí con las mujeres chinas y cómo me cuidaron en todos los lugares del país. Hubo tres, por ejemplo, que me adoptaron por unos días y me llevaron de viaje con ellas, aunque no logramos hablar ni una palabra —nos sacamos un montón de fotos juntas, eso sí—.

* Cuando te perdés en China (nunca sabés quién te puede encontrar): gracias a que estaba viajando sola y no entendía nada de chino, conocí a una chica y a su mamá en una estación. Me llevaron a conocer a su familia, me invitaron a comer a su casa y me dijeron, así como si nada, que formaban parte de una de las minorías étnicas de China, así que terminamos haciendo una sesión de fotos con su vestimenta tradicional. Todo mi paso por China lo pueden leer en este capítulo de mi libro (está gratis en PDF): “China sin hablar”.

* Karimunjawa trip: versión bulé: esas cosas delirantes que pueden pasarte en Indonesia por ser mujer, ser extranjera (“bulé”) y estar viajando sola.

* Montevideo sin Paula: cómo fueron mis días sola en Montevideo, mientras esperaba a que llegara mi amiga Pau.

* Final del juego: mis últimos días sola en Marruecos, después de haber viajado un mes y medio con mi amigo Andi.

* El último viaje en las combis limeñas: en el 2011 volví de Asia y me fui a Perú a ver a dos de mis mejores amigas. Como ven, viajo sola pero casi nunca estoy sola. Lo que más recuerdo de ese viaje son las combis de Lima, esos micromundos dentro de la ciudad.

* H de hospitalidad: este post es parte de mi abecedario asiático y muestra el buen recibimiento que tuve en toda Asia.

* I love Savannakhet: uno de esos lugares que fue aún más especial porque fui sola y lo tuve todo para mí.

En Marruecos

En Marruecos

*Después: las reflexiones

Viajar sola me hizo crecer de muchas maneras. Me demostró qué soy capaz de hacer y cuáles son mis límites, me ayudó a guiarme por mi instinto y a estar mucho más abierta a conocer gente, me enseñó a confiar y a desconfiar, a cuidarme sola y a ser capaz de tomar decisiones todo el tiempo. Viajar sola me dio libertad, me permitió entrar en contacto con mujeres que de otra manera no podría haber conocido, me hizo menos tímida y más agradecida.

Viajar sola me demostró, también, que el mundo es mucho más hospitalario de lo que nos cuentan y que las chicas podemos viajar solas, digan lo que nos digan. Puede que viajar sola no sea para todas, pero para saberlo hay que probar y no decir no puedo de entrada por culpa de los miedos ajenos. Si querés viajar sola, hablá con chicas que lo hagan y no te guíes solo por lo que te dicen quienes nunca salieron de su ciudad.

Si bien hice muchos viajes acompañada, viajar sola es un gran amor al que espero volver siempre. Ojalá vos también te animes.

Aniko

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[wc_box color=”primary” text_align=”left”] Libro recomendado: “Viajeras”

Además de haber publicado mi libro, soy coautora de una guía de la que me siento muy orgullosa: “Viajeras, el manual para preparar tus viajes y lanzarte a descubrir el mundo”. Está escrito por varias viajeras y pensado para chicas que quieren viajar solas o con amigas y que tienen las mismas dudas que tuvimos nosotras antes de salir: ¿A dónde voy? ¿Qué llevo? ¿Viajar sola o acompañada? ¿Cómo hago para sentirme más segura? ¿Qué países o regiones son más amigables para las mujeres? ¿Cómo armo la ruta? ¿Cómo cuido mi salud? Yo escribí la introducción, el capítulo dos (“¿Viajar sola?”) y el seis (“Seguridad durante un viaje”).

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[box type=”info”]Otros recursos: 

– Somos varias las chicas que viajamos solas y lo contamos. Les recomiendo el blog de Carmen (trajinandoporelmundo.com), el de Cristina (mipaseoporelmundo.com), el de Angie (titinroundtheworld.com) el de Magalí (caminomundos.com) y el de Patricia (dejarlotodoeirse.com)

– Guía para hacer autostop escrita por una mujer (en inglés):
http://hitchwiki.org/en/images/en/c/cb/Hitchhiking_-_Neo-nomad.pdf

– Consejos de autostop para chicas (en inglés): http://hitchwiki.org/en/Women_hitchhiking

– Hablo con más profundidad acerca de las desventajas o “incomodidades” de viajar sola en este artículo que publiqué hace poco en Matador Network.

– Para inspirarse: Mujeres viajeras de la historia (para que vean que esto de viajar sola no es ninguna novedad).

“Mujeres viajeras” es el primer post que escribí acerca de viajar sola.

– En mi libro, Días de viaje, cuento cómo empecé y qué historias viví por estar viajando sola por el mundo.

– En la entrevista que me hizo Antonio hablamos largo y tendido sobre viajar en solitario.

– Y en esta entrevista de Mochileros.tv también hablamos acerca de viajar sola[/box]

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¿Consultas, preguntas, cosas para contar? Dejen todo en los comentarios. :)

 

Carta a una futura estudiante

“Hola Aniko. Mi nombre es Micaela, tengo 17 años y soy de la provincia de Córdoba, Capital. Quería contarte que vos me inspiraste mucho a tomar la gran decisión de qué voy a hacer por el resto de mi vida. Para mí vos sos mi modelo a seguir, realmente me encanta lo que hacés y espero que nunca dejes esto que tanto te apasiona. Este año ya termino la secundaria y tengo decidido estudiar Licenciatura en Comunicación Social, con sinceridad es algo que me asusta mucho, pero no voy a dejar que mis miedos o lo que la gente diga me frenen. Quisiera que me aconsejaras un poco sobre cómo debo tomarme las cosas, esto de empezar la facu, seguir mis sueños, hacer las cosas que me gustan.

Te agradezco desde mi corazón por hacer lo que hacés, por amar lo que hacés y sobre todo por compartir con tantas personas esto que hacés. Sos mi modelo a seguir, gracias. Te mando un saludo grande, muchísima suerte.

Mica.”

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Querida Mica:

Primero quiero decirte gracias: por dejarme compartir tu mail con mis lectores y por inspirarme a escribir este post. Que me veas como modelo a seguir me hace sentir halagada y a la vez me genera cierta responsabilidad. Estoy haciendo lo que me gusta, es cierto, pero no tengo muchos años de experiencia —recién voy a cumplir 30, y solo pasaron siete desde que terminé de estudiar— ni tampoco todas las certezas. Sin embargo, me vi reflejada en tus palabras y sentí que necesitaba escribirte a vos y a mi yo de 17 años. Así que acá van las palabras de alguien que estuvo en la misma que vos y que todavía sigue tratando de descifrar la vida. Espero que te sirvan.

* Es normal estar asustada. Yo también tuve miedo cuando pasé del colegio a la facultad. A diferencia de vos, yo no elegí la carrera, sino que ella me eligió a mí. Como no sabía qué estudiar hice un test de orientación vocacional y me salió Comunicación Social, una carrera que ni sabía que existía. Cuando leí el plan de estudios sentí que encajaba muy bien con mis intereses. Tenía un poco de todo: diseño, escritura, cine, radio, televisión, historia, literatura. Sin embargo, todavía no sabía a qué de todo eso podría dedicarme. No sabés lo nerviosa que me sentí el primer día de clases cuando los profesores nos dijeron que la carrera le daba mucha importancia a la escritura. A mí me encantaba escribir pero no me animaba a mostrarle mis textos a nadie, mucho menos a una clase entera. Pensé: “Ya está, acá es donde voy a descubrir que soy pésima en esto y que tendré que dedicarme a otra cosa”.

"La creatividad requiere coraje"

“La creatividad requiere coraje”

* Comunicación Social es una carrera muy amplia y puede que te sientas un poco perdida. De mi camada, creo que no hay dos egresados que estemos trabajando de lo mismo, y eso es lo lindo: tengo un amigo que se dedica al teatro, otra que escribe en distintos medios, otra que hace la comunicación corporativa de una empresa, otra es editora de una revista, yo viajo. Más allá de las especialidades, la carrera de Comunicación te da herramientas para interpretar la realidad y te enseña a transmitir un mensaje. Vos tendrás que buscar qué transmitir y cómo, pero no te sientas obligada a tener que trabajar en un lugar determinado o a dedicarte a algo específico solo porque tenés el título de licenciada en Comunicación.

"Lo lindo de aprender es que nadie te lo puede sacar"

“Lo lindo de aprender es que nadie te lo puede sacar”. Foto: Skillshare

* Puede que con el tiempo tus intereses vayan cambiando. Quizá entres a estudiar creyendo que te gusta una cosa y después descubras que hay otra que te gusta más. Permitite eso. También puede pasar que durante los cuatro o cinco años de la carrera sientas que no encontrás “lo tuyo”. Me pasó. Sabía que quería escribir pero no quería estar en una redacción ni en una oficina. También me gustaba la parte de diseño e imagen, pero no sabía cómo combinar todo. Al final encontré lo mío después de haber estudiado. Y todavía sigo descubriendo cosas nuevas que me gustan.

Lettering de Sean Wes

“¿Querés ser único? Tenés que hacer lo que otros no están haciendo, y eso da mucho miedo”. Lettering de Sean Wes

* Disfrutá mucho la carrera, ser estudiante es una etapa muy linda, pero no le hagas caso a los que te dicen que después de la universidad se te termina la joda. Me lo dijeron muchas veces: “Aprovechá los dos/tres meses de vacaciones porque nunca más en tu vida los vas a tener”, “disfrutá esta libertad porque después empieza la vida real”. La que define cómo va a ser tu vida real sos vos. Para algunos la vida real es tener un trabajo fijo, un sueldo a fin de mes y 15 días de vacaciones al año: si lo eligieron sabiendo que tenían otras opciones, está bien. Pero que no te hagan creer que esa es la única manera de vivir.

* Tampoco le hagas mucho caso a los que te digan que tu carrera no tiene futuro, que vas a morirte de hambre o que ya hay demasiada competencia en ese rubro. También me lo dijeron. Pero, ¿sabés qué?, somos billones de seres humanos en el mundo, claro que ya hay mucho de todo y es verdad que siempre habrá competencia, pero todos somos distintos y deberíamos enfocarnos en usar nuestros talentos para crear cosas que todavía no existen, para cambiar el mundo y para hacernos más felices entre todos. Sea cual sea tu vocación, combinala con tu personalidad, dale ese toque único que solo vos podés darle. Inspirate en el trabajo de otros, pero siempre proponete encontrar tu propio estilo. Aprovecho para recomendarte un libro que, para mí, debería ser lectura obligatoria en todas las escuelas: [eafl id=”21083″ name=”El elemento” text=”‘El elemento’, de Ken Robinson”]

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“Sé vos mismo y poné algo lindo en el mundo”

 

* Tu trabajo no es tu empleo (work is not a job). Cuando estaba estudiando me estresaba pensar en entrar “al mundo laboral” porque, según tenía entendido, trabajar era algo horrible que había que hacer para ganar plata. Es decir: no era algo que diera placer o alegría, y me esperaban por lo menos cuarenta años de eso para poder retirarme y vivir la vida. No me convencía. Si bien mi mamá me educó para que me dedicara a lo que más me gustara, yo pensaba que ella lo había logrado porque tenía suerte —es artista—, pero que no sería mi caso. Después entendí que el trabajo va más allá del empleo de 9 a 5: es ese aporte positivo que solo vos podés darle al mundo, es tu pasión puesta en acción. Lleva tiempo, mucho esfuerzo y perseverancia, pero es posible vivir de lo que a una le gusta: todos podemos convertir nuestra pasión en nuestro trabajo. Es cuestión de creérselo y proponérselo.

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“No apuntes al éxito. Hacé lo que amás y vendrá de manera natural”

 

* Nunca dejes de educarte, aún cuando termines de estudiar. Esto no quiere decir que tengas que hacer masters y posgrados, hoy hay muchas manera de estudiar a distancia y de seguir aprendiendo en formas no tradicionales. Leé, investigá, sé autodidacta, practicá. Mirá muchas charlas TED: ahí, para mí, está la escuela del futuro. No tengas miedo de empezar a hacer algo solo porque no lo estudiaste en la facultad. Yo no estudié fotografía de manera formal y sin embargo saco fotos. Tampoco estudié diseño —si bien me quedé con las ganas— y es una de las cosas que más me gusta hacer.

* Sé emprendedora. Si no conseguís un trabajo, inventátelo. Si tu trabajo ideal no existe, sé la primera en hacerlo. No esperes a que te llegue la oportunidad perfecta: creala.

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“Hacelo con pasión o no lo hagas”

 

* No escuches a los que dicen que los sueños no se cumplen. Todo se puede y cualquier sueño se puede cumplir, pero tenés que proponértelo de verdad y poner muchas horas de trabajo y esfuerzo por detrás. La frase “hacé lo que amás y el universo conspirará a tu favor” es cierta, pero no te olvides de agregarle esto: “hacé lo que amás, poné toda tu energía y dedicación en eso, y el universo conspirará a tu favor”. Tampoco hagas propios los miedos ajenos: mucha gente no se anima a hacer lo que le gusta por miedo.

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“El único lugar donde el éxito viene antes que el trabajo es en el diccionario”

 

* Escuchá a quienes te aconsejen con amor y con experiencia. La envidia es muy destructiva y siempre habrá gente que querrá desalentarte: muchos no pueden tolerar que otros cumplan los sueños que ellos no se animaron a seguir e intentarán convencerte de nada es posible. Así que aprendé a tomar los consejos como de quien vienen y escuchá a quienes te hablen con el corazón.

*Andá paso a paso, pero no pierdas de vista tus objetivos. Recién estás por empezar a estudiar, así que andá de a poco. Disfrutá la carrera, conocé gente, aprovechá que vas a estar rodeada de personas con tus mismos intereses, pensá proyectos con otros, formá sinergias, hacé contactos. Descubrí qué es lo que te hace sentirte en tu elemento y tené una meta, aunque parezca inalcanzable o sea a largo plazo. La mía, a los 17, era que me pagaran por escribir acerca de otras culturas, que viajar fuese mi trabajo. A muchos les parecía una idea ridícula, típica de una soñadora que todavía no había caído en la vida real. Pero siempre tuve ese objetivo en la cabeza e hice todo pensando en eso. Así que paciencia, puede que los resultados de tu esfuerzo tarden en llegar, pero si tenés una meta sabrás hacia dónde caminar.

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“Planeá en décadas, pensá en años, trabajá en meses, viví en días”. Por Gaping Void

 

* Como me dijo una vez un amigo: “Toda experiencia es un éxito”. Depende de vos tomártelo así. Te vas a equivocar un montón de veces, te van a poner notas injustas, te vas a poner nerviosa en algún examen, no vas a llegar a tiempo a una entrega, no te van a dar el trabajo. Miralo como un éxito y vas a ver que de todo se aprende, aunque en el momento dé bronca.

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* Y por último, no estás sola. Yo también tuve tu edad y también tuve miedo. Lo sigo teniendo, en realidad, pero un poco menos que antes. Pensá que todos empezamos de cero, ningún escritor nació con sus libros bajo el brazo, y lo mismo se aplica a otras profesiones. Lo más difícil es tomar la decisión de dar el primer paso. Después, si le ponés pasión y perseverancia, todo se va dando.

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Trabajá mucho y sé buena con la gente

 

Una de las cosas que más me gustó de tu mail es que me dijiste que ya sabés lo que vas a hacer el resto de tu vida, pero no me contaste qué. Sea escribir, sea viajar, sea comunicar, lo que me estás diciendo es que tu plan es dedicarte a lo que te haga feliz, así que nunca te olvides de eso, sigas el camino que sigas.

Te dejo una reflexión de Séneca (tené en cuenta que escribió esto en el siglo 1):

Oirás a la mayoría decir: «A partir de los cincuenta me retiraré a descansar, los sesenta años me librarán de obligaciones». ¿Pero quién te garantiza una vida lo bastante larga? ¿Quién dará permiso para que eso salga como dispones? ¿No te da vergüenza reservar para ti los remanentes de tu vida y destinar para el bien espiritual solo ese tiempo que no se puede dedicar a ninguna cosa? ¡Qué tarde es empezar a vivir justamente cuando la vida termina! ¡Qué olvido de nuestra mortalidad tan estúpido aplazar los planteamientos sensatos para los cincuenta o los sesenta años y pretender empezar la vida en un momento al que pocos logran llegar!

Un abrazo y gracias por escribirme,

Aniko

Cuestiones pre-viaje: visas, pasaporte, pasajes de salida, tiempo de estadía y algunos consejos prácticos

Viajar es lindo y viajar sin plan también, pero hay ciertas cuestiones legales y de documentación que tenemos que prever sí o sí, por más que viajemos de manera independiente o sin fecha de retorno. Es el caso del pasaporte, las visas, los tiempos de estadía, los pasajes de vuelta y otras cuestiones. Quiero aclarar desde ya que en estos temas no hay una respuesta que valga para todos: al contrario, los requisitos migratorios varían muchísimo de un país a otro y dependen de la nacionalidad de cada viajero. Por eso, si bien les voy a dar toda la información que pueda, ustedes tendrán que seguir investigando y corroborar cada dato por su cuenta.

Estas son las respuestas a algunas de las preguntas más frecuentes que recibo. Dejen sus consultas, experiencias o consejos en los comentarios así ampliamos este post, pero por favor tengan en cuenta que no puedo responder a cada caso migratorio puntual.

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Bali, Indonesia

* ¿Necesito pasaporte para viajar?

Depende adónde vayas. El pasaporte es el documento de identificación necesario para viajar al exterior. Si viajás dentro de tu país no lo necesitás, y en algunos casos tampoco lo necesitás para viajar a países limítrofes o de la región, por ejemplo:

– si sos residente de un país miembro del Mercosur o Estados Asociados (Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela) podés viajar por estos países con tu DNI —no es necesario el pasaporte—. Si vas a viajar a cualquier otro país del mundo, fuera de Sudamérica, necesitás un pasaporte con al menos seis meses de validez.

– si sos ciudadano de la Unión Europea podés moverte por los países de la UE sin pasaporte —con alguna forma de identificación válida—. Si vas a viajar a cualquier otro país del mundo, necesitás un pasaporte con al menos seis meses de validez.

– Los ciudadanos asiáticos también tienen convenios que les permiten moverse sin pasaporte por algunos países de la región.

Los pasaportes suelen tener una validez de diez años y son emitidos por las autoridades migratorias de cada país, así que el trámite varía de un lugar a otro. Es recomendable empezar a tramitarlo unos meses antes de viajar y no dejarlo para último momento (si bien en Argentina, por ejemplo, se puede tramitar el pasaporte a último momento en el aeropuerto, pero cuesta tres veces más de lo normal).

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Camboya

* ¿Qué es una visa? ¿Cómo sé si la necesito?

Ciertos países o regiones requieren que el viajero tenga una visa o permiso legal para poder entrar y permanecer un tiempo determinado en ese territorio. Que la necesites o no depende del país al que vayas y de dónde seas. Como estos permisos dependen de los acuerdos migratorios entre los gobiernos de cada país, cada caso es distinto y es imposible hacer generalizaciones. Así que por favor chequeá estos datos en las embajadas y consulados de tu país.

A grandes rasgos, cuando viajás a otro país hay tres opciones:

A) que no te pidan visa para entrar como turista (por un máximo de 1-3 meses)

B) que tengas que sacar una visa on arrival (la tramitás en el aeropuerto al llegar a destino y te la dan en el momento)

C) que te pidan que saques la visa en tu país antes de viajar (si no la tenés no te dejarán entrar al país y tampoco podrás sacarla en el momento)

[box]Estas webs son útiles para saber si necesitás visa para viajar a cierto lugar o o no:

– Ingresá tu nacionalidad y doyouneedvisa.com te mostrará la lista de los países para los que necesitás y no necesitás visa (ojo, en general la información está bien y es muy útil para tener un pantallazo, pero encontré algunos errores: por ejemplo, dice que los argentinos necesitamos visa para Rusia y no es así, así que les recomiendo que usen esto como guía pero chequeen dos o tres veces la información)

Visahq.com también te dice si necesitás visa y además te da una lista de los requisitos y documentos necesarios para solicitarla. La versión en español es visados.org

IATA Travel Centre y Star Alliance también tienen mucha información útil acerca de visas y otras cosas que necesitás saber/tener antes de viajar a cada país[/box]

[box type=”tick”]IMPORTANTE: si bien estas páginas tienen buena información, puede que haya errores o que los requisitos cambien, así que lo mejor es que te comuniques con la embajada o consulado del país al que vas a viajar, corrobores la información con ellos y les preguntes cuáles son los pasos a seguir para obtener la visa, si es que la necesitás. En general las visas que se sacan con anticipación se tramitan ahí, en las embajadas. Puede pasar que el país al que querés viajar no tenga consulado ni embajada en tu país, en ese caso buscá el sitio web del ministerio de relaciones exteriores o de migraciones de ese país y ponete en contacto por ese medio: ellos te explicarán cómo pedir la visa a distancia.[/box]

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Laponia, Suecia

* ¿Qué tipo de visa me conviene sacar?

Depende de cuál sea tu objetivo en el país (trabajar, estudiar, visitar, hacer turismo, vivir) y de cuánto tiempo quieras quedarte.

Existen varios tipos de visas, algunas son:

* visa de turismo. Es la que se suele pedir para viajar y en general te permite quedarte en el país de uno a tres meses. Hay países que te dan una visa on arrival de 30 días (por ejemplo, Indonesia) y te permiten extenderla por 30 días más. Esta visa no te permite trabajar y para obtenerla tenés que mostrar una prueba de que vas a salir del país una vez pasado el tiempo máximo del permiso (por ejemplo, mostrando un pasaje de salida).

* visa de estudiante. Si querés estudiar en otro país, esta visa te permitirá quedarte durante el tiempo que dure el curso o carrera. No tengo experiencia con este tipo de visa, así que si alguien quiere aportar más información es bienvenido en los comentarios.

* working-holiday visa. Esta visa te permite trabajar de manera temporaria en el país de destino, suele darte un año de estadía en el país y está pensada para gente de entre 18 y 29 años. Para argentinos, hay working-holiday visas para Francia, Australia, Nueva Zelanda, Dinamarca e Irlanda. En la web Yo me animo y vos hay un montón de información al respecto.

* Otras: visas de trabajo, visa de tránsito (si hacés una escala en el país, dura entre 24 horas y 10 días), visa de visita privada (si vas a visitar amigos o familiares que estén residiendo legalmente en otro país), visa religiosa (para hacer la peregrinación a la Meca, por ejemplo), entre otras.

[box type=”tick”]Para poder quedarme tres meses seguidos en Indonesia, país donde hice base mientras viajaba por Asia, apliqué a la visa social: me pidieron una carta de invitación de un familia sponsor (la familia de mi mejor amiga indonesia hizo de sponsor, esto no quiere decir que cubrieran mis gastos, sino que eran los responsables legales de mi visita) y algunos formularios, pero nada complicado. Pude quedarme dos meses y extenderla a un mes más. Con la visa de turismo solo podés quedarte dos meses.[/box]

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Punta Negra, Perú

*¿Qué me van a pedir para poder sacar la visa?

Sí o sí:

1. Pasaporte (en general lo piden con al menos seis meses de validez). La visa casi siempre va pegada en una página del pasaporte.

2. Formulario de aplicación completo.

3. Una tarifa. Una visa puede costar entre 20 y 160 usd, en general pagarás un promedio de 30-50 usd por visa, aunque también hay visas gratuitas.

También puede que te pidan: partida de nacimiento, documento de identidad, recibo de sueldo, resumen bancario, pruebas de fondos suficientes para la duración del viaje, carta de invitación, reservas de hotel, seguro médico, pasaje de salida del país, itinerario programado. Esto depende del país de destino y de tu nacionalidad, por eso lo mejor es consultar en la embajada. Hay visas que son muy fáciles de sacar y otras son más complicadas.

Valparaíso, Chile

Valparaíso, Chile

[box]Algunos consejos basados en mi experiencia:

* hay países que te piden visa aunque solo pases por ahí de tránsito. Por ejemplo, si tomás un vuelo con destino a Canadá y hacés escala en Estados Unidos, por más que no salgas del aeropuerto tendrás que tener una visa estadounidense.

* La región del mundo donde más visas me pidieron fue Asia (viajé con pasaporte argentino y húngaro, pero casi siempre usé el argentino): en algunos casos tuve que sacarla antes de entrar al país (por ejemplo las de Vietnam y China), en otros la saqué en el aeropuerto de llegada (Camboya, Indonesia, Laos), en otros no me pidieron (Malasia, Tailandia, Filipinas). La única visa que no pude sacar en Asia fue la de la India: apliqué en Malasia y me la negaron por no ser residente malaya. Sé que en Bangkok se puede pedir sin problemas pero te la dan por menos tiempo que si la pedís en Buenos Aires. En el post de Datos y consejos para viajar al Sudeste Asiático doy más información.

* Ojo si viajás con dos pasaportes porque hay países que no reconocen la doble ciudadanía de manera legal. En Malasia me pasó que quise entrar al país con el pasaporte húngaro (era nuevo y quería probarlo) (?) y me llevaron detenida a una oficina y me dijeron que lo que estaba haciendo era ilegal: yo había entrado a Tailandia —país del que estaba saliendo en ese momento— con el pasaporte argentino, en la oficina de migraciones de Tailandia me habían sellado la salida en ese mismo pasaporte y ahora estaba intentando ingresar a Malasia con el húngaro —donde no tenía sello de salida de Tailandia—. Hice esto en otros países y no tuve problemas, pero hay ciertos lugares como Malasia o Indonesia donde la doble ciudadanía no es reconocida y por eso tenés que entrar con el mismo pasaporte con el que saliste del país anterior. Al final mostré mi pasaporte argentino y me dejaron pasar.

* No estuve en Israel, pero muchos viajeros que me crucé en Asia me dijeron que si tenés el sello de Israel en tu pasaporte, los países árabes te negarán la entrada. ¿La solución? Pedir que te pongan el sello israelí en un papel aparte. Todos hacían eso.

* Dicho todo esto, puede pasar que cumplas todos los requisitos, que tengas pasaporte vigente, la visa correspondiente, el certificado de vacunación, las reservas de hotel y todo lo que te pidan y que aún así no te dejen ingresar al país. No es común pero pasa.[/box]

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China

* ¿Puedo viajar sin pasaje de vuelta a mi país?

Sí, lo que necesitás es un pasaje de salida, pero no tiene por qué ser de vuelta a tu país. Lo que le interesa a la gente de migraciones es que demuestres que vas a salir del país después de la cantidad máxima permitida de días, pero adónde vas después da igual. Además, no tiene por qué ser de avión, también puede ser de tren, bus, o barco, siempre y cuando salga del país. Por eso, si por ejemplo viajás a Asia y no tenés una fecha de retorno, lo que te recomiendo es que saques el vuelo Buenos Aires – Bangkok (por ejemplo) y compres un vuelo barato de Bangkok a Kuala Lumpur (por ejemplo) para demostrar que vas a salir de Tailandia.

[box type=”info”]Ojo: en los países asiáticos suelen pedir casi siempre que muestres el pasaje de salida. Cuando estaba en el aeropuerto de Singapur, por viajar a Indonesia, me dijeron que no me dejarían subir al avión a menos que mostrara que tenía un pasaje de salida de Indonesia. Tuve que comprar uno ahí mismo, a Filipinas, y por suerte pude hacerlo por internet —fue mucho más barato que sacarlo en el mostrador del aeropuerto—.[/box]

* ¿Cuánto tiempo puedo quedarme en otro país?

Como dije antes, depende del país de destino, de tu nacionalidad y de la visa a la que apliques. En general, como turista te dejan quedarte entre uno y tres meses.

* ¿Cuánto tiempo puedo quedarme en Europa?

Hablé de esto en el post de Datos y consejos para viajar por Europa, pero en resumen:

– Primero es importante que entiendas lo que es el Espacio Schengen, ya que la libertad de circulación y los días permitidos para quedarte corresponden a esos países. Schengen es un acuerdo que le permite a los residentes europeos y a los visitantes extranjeros moverse libremente entre países sin tener que hacer el trámite de migraciones cada vez que se cruza una frontera.

Fuente: thesavvybackpacker.com

Fuente: thesavvybackpacker.com

– Los requisitos para latinoamericanos varían: los argentinos no necesitamos pedir visa para entrar a Europa como turistas, podemos viajar y quedarnos hasta 90 días, pero sé que a otros países sí les piden que soliciten una visa Schengen por adelantado. Aunque no nos pidan visa, puede que en el aeropuerto de llegada nos pidan las reservas de hotel, la prueba del seguro médico y el pasaje de vuelta, así que siempre es bueno tener eso a mano. (Comenten qué experiencias tuvieron con esto: ¿qué les pidieron en el aeropuerto de entrada a Europa?)

– Los países que pertenecen al Espacio Schengen te permiten estar en toda la región hasta un máximo de 90 días dentro de un período de 180 días: por ejemplo, si vas 20 días a los países de Schengen, después salís 15 días para ir a Marruecos y volvés a entrar a Schengen, te quedarán 70 días más (la visa no se resetea al salir, y tampoco se cuentan los días que estás afuera de la región). Los países que no forman parte de Schengen tienen sus tiempos de estadía.

– Sin embargo, esto no quiere decir que NO puedas quedarte en Europa más de tres meses: durante esos otros 90 días en los que no podés entrar a Shengen podés viajar por países europeos que no formen parte del Espacio y pasado ese tiempo volver a entrar.

Camboya

Camboya

* ¿Qué pasa si me paso de los días que tenía permitidos?

Depende del país: algunos te cobrarán una multa por cada día que te hayas quedado de más, otros no te permitirán volver a aplicar para una visa o entrar a la región por determinada cantidad de años y hay casos en los que pueden detenerte (eso leí, cuenten experiencias si las tienen). También puede pasar que no se den cuenta y no te digan nada. Pero eso ya es suerte. Así que investigá antes de viajar.

* ¿Además del pasaje de salida, van a pedirme que muestre reservas de hoteles al entrar a un país o región?

Depende. En algunos países asiáticos me pidieron la dirección de mi hostel y se las di, pero no me pidieron pruebas de que tuviese una reserva. Sé que en Europa pueden ser más estrictos con eso, así que averigüen bien en la embajada antes de viajar.

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Mendoza, Argentina

* ¿Es obligatorio viajar con seguro médico?

Depende a dónde vayas. Para entrar a Schengen sí, para el resto del mundo no.

* ¿Cómo me conviene llevar la plata? (para argentinos)

En general recomiendo llevar una parte en efectivo y otra en tarjeta(s). Te conviene salir del país con dólares o euros porque los pesos argentinos no los cambian en casi ninguna parte (y si los cambian dan una tarifa muy mala). Otra buena opción es activar la función de “adelanto en efectivo” de tu tarjeta de crédito: para eso llamá a tu banco antes de viajar y pedí que te generen un PIN para poder retirar dinero en los cajeros del exterior usando tu tarjeta de crédito. Luego pagarás ese monto a fin de mes (con el 35% de impuesto, eso sí). En algunas partes del mundo podés pagar casi todo con tarjeta, y en las que no podés sacar la plata —en moneda local— del cajero.

Y para terminar, dos consejos prácticos:

* Hacé un backup electrónico de todos los papeles y documentos importantes: escaneá —o sacá fotos de— tus pasajes, tarjetas, números de póliza (de seguro médico por ejemplo), pasaporte, DNI, guardá toda esa información en varios lugares (pen drive, la nube, dásela a alguien de confianza) y tenela disponible en caso de emergencia, pérdida o robo.

* Si viajás con smartphone podés descargarte mapas de ciudades o países para usar de manera offline (y evitarte los costos altísimos de roaming): para esto te recomiendo que compres la app maps.me o que guardes los mapas de Google para ver de manera offline. ¿Cómo? Abrí la app de Google Maps, buscá la ciudad a la que vas a viajar, tocá el nombre de la ciudad, tocá el menú de tres puntitos que aparece arriba a la derecha y seleccioná “Save offline map”.

[box type=”info”]Compartan sus experiencias en los comentarios. ¿De qué país son, qué requisitos les pidieron para entrar en otros países o regiones? ¿Tuvieron algún problema de visas? ¿Tienen algún consejo referido a eso? Toda esta información aporta mucho. A la vez, por favor tengan en cuenta que no tengo las respuestas para cada caso migratorio puntual y que tampoco respondo a ese tipo de consultas por mail, todo lo que sé lo puse en este post.[/box]

 

Tengo blog nuevo: escribir.me

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Adentro mío conviven dos personas:

a) la chica que quiere pasarse la vida viajando

b) la chica que quiere pasarse la vida escribiendo

En general se llevan bien y trabajan en equipo, pero a veces cada cual tiene su ritmo y empiezan los roces. Cuando gana la viajera me voy de viaje largo, cargo lo menos posible y no hay nada que me frene. Cuando gana la escritora me quedo encerrada durante meses en un mismo lugar, acumulando libros y cuadernos. La viajera quiere vivir en movimiento, la escritora prefiere la quietud. A la viajera le encanta conocer gente, a la escritora le encanta conocer autores. La viajera está todo el día afuera, la escritora prefiere encerrarse. La viajera busca un lugar en el mundo, la escritora sabe que su hogar es el papel.

Pero la verdad —y ambas tienen que aceptarlo— es que se necesitan una a la otra.

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Abrí Viajando por ahí en una época en que la viajera era la protagonista de mi vida. Si bien la escritora tenía más años, la viajera era la novedad. Era ella la que estaba por empezar una vida nueva, y la escritora, con timidez, le preguntó si podía acompañarla e ir relatando lo que veía. Hace siete años que viajo y hace siete años que escribo de viajes, y me encanta, pero en realidad son muchos más los textos que escribo acerca de otras cosas —que no tienen nada que ver con nada— que de viajes en sí. Lo que pasa es que están todos en mis cuadernos.

Hace un tiempo me di cuenta de que quería empezar a publicar cosas que acá, por ser un blog de viajes, no encajaban. Es cierto que a veces subo posts que no tienen nada que ver con nada —y me pregunto cuánta gente huye desilusionada de este falso blog de viajes después de leerlos—, pero necesitaba un espacio donde lo central fuese escribir y no viajar, donde no importara si la que escribe es viajera o no. Tengo todo un mundo relacionado con los cuadernos, los libros, las biromes y las bibliotecas que quiero compartir hace tiempo. Y hace un tiempo, cuando se me ocurrió abrir otro blog, me pregunté cómo no me había dado cuenta antes. El empujón final me lo dio el libro “Writing down the bones”, de Natalie Goldberg (podrán leer al respecto en mi otro blog).

Empecé mi blog nuevo hace un mes. En ese tiempo lo diseñé, le elegí los colores, la tipografía, lo programé, le subí contenido, lo peiné y lo perfumé para cuando este día llegara. Porque es muy lindo tener un blog pero lo más lindo es compartirlo y poder inspirar, acompañar o al menos llegar a otros. Ahora me toca presentarlo y estoy nerviosa como si tuviese que hablar en público. Les juro que me late el corazón. Este blogcito que están por conocer me devolvió una motivación que había perdido. Así que acá está: se llama escribir.me y es el blog de una escriviviente. Pero esperen: antes de que se vayan de acá y me abandonen por mi otro blog, les cuento un poquito más.

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10 cosas acerca de mi nuevo blog:

1. escribir.me no tiene orden cronológico, pueden empezar a leer por donde quieran.

2. Su manifiesto se resume en que todo es escribible: todo lo que nos pasa en esta vida es material para un texto.

3. Está organizado siguiendo los tres consejos de Natalie Goldberg para ser un buen escritor: Leer (nutrirse del trabajo de otros artistas), Escuchar (prestar atención a la realidad) y Escribir (no dejar de mover la mano).

4. Es un blog conector: quiere ser un puente entre todas esas cosas que me inspiran y ustedes.

5. Es un blog disparador: quiere darles ideas para que empiecen a escribir lo que sea.

6. Tiene textos propios, pero eso no es lo central.

7. Como siempre quise tener una papelería, acá me saco las ganas y hablo de cuadernos como quien habla de sus gatos.

8. Detrás de este blog hay un enorme deseo de poder, algún día, dar talleres de escritura creativa en escuelas, de enseñarle a los chicos —y grandes— a ver la escritura como un medio de expresión y autoconocimiento y no solo como algo práctico. Aunque para eso me faltan unos años.

9. Surge, también, de mi necesidad de sentirme acompañada como escritora, ya que este es un oficio muy solitario, así que me encantaría que participen y comenten lo que quieran y que formemos un pequeño espacio de contención.

10. Es un espacio para los escrivivientes: los que necesitamos relatarnos nuestra vida a través de la escritura. Y para potenciales escrivivientes también, acá no hace falta ser escritor sino mirar el mundo con ganas de escribirlo.

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Así que ya está, me desdoblé. Era un paso necesario. Viajando por ahí también seguirá en pie, son muchos años y no quiero cerrarlo porque sé que cuando vuelva a viajar me volverán las ganas de publicar de viajes. Veré cómo lo encaro mientras tanto. Como siempre, les agradezco mucho que estén del otro lado y que se tomen el tiempo de leer los delirios de estas dos chicas que tengo conviviendo adentro mío.

Ahora sí, los invito a pasar: escribir.me

Y si quieren seguirlo por Facebook: www.facebook.com/escribirme.blog

Siete
(Reflexiones en mi séptimo aniversario viajero)

[quote]“El número siete, por sus virtudes ocultas, tiende a realizar todas las cosas. Es el dispensador de la vida y fuente de todos los cambios, pues incluso la Luna cambia de fase cada siete días. Este número influye en todos los seres sublimes.” (Hipócrates)[/quote]

El siete y el dos siempre fueron mis números preferidos. No soy muy original: las estadísticas —que en este caso no tengo idea cómo se calculan— dicen que el siete es el número preferido de la mayoría de la población mundial. El siete me sirve para expresar cosas que otros números no me permiten: me gusta decir “llego en siete” o “dame siete minutos” cuando el cinco me parece muy corto y el diez demasiado completo. El siete indica algo que no se hace enseguida pero que tampoco lleva dos cifras de tiempo, aunque a veces eso de ser un número intermedio me pone en un limbo: tener 27 años, por ejemplo, me pareció una edad rara. Sentía que todavía estaba cerca de los 25 y a la vez acercándome a los 30, o sea que no estaba en un lugar muy definido. Tener 29 me gusta más: al menos sé que en un año cambio de década y que me acerco a una etapa distinta.

Cuadro by vero gatti y Luna

Cuadro by vero gatti y Luna

Muchos dicen que el siete es el número perfecto y que tiene poderes especiales. El siete está en todo. Los siete días de la semana, los siete planetas clásicos en la astrología, los siete pecados capitales, los siete colores del arco iris, los siete cielos del Islam, los siete sacramentos del Catolicismo, las siete edades del hombre según Shakespeare, las siete notas musicales, los siete mares, las siete vidas de los gatos, las siete diferencias, los siete chakras, los siete enanitos, siete años en el Tíbet, siete monos, el séptimo hijo varón, el mundo creado en siete días. La suma de las caras opuestas de los dados siempre da siete. Le dicen el número mágico porque está formado por la suma del tres —sagrado— y el cuatro —terrenal— y forma, entonces, un puente entre el cielo y la tierra.

Siete años en la ruta (en esta foto: Islandia)

Siete años en la ruta (en esta foto: Islandia)

En mi caso, ayer cumplí siete años de vivir viajando. El 28 de enero de 2008 me puse la mochila, tomé un bus de ida de Buenos Aires a La Quiaca —la frontera entre Argentina y Bolivia— y, sin tener mucha idea de lo que estaba haciendo, decidí que ese sería el primer día del resto de mi vida. Desde ese 28 de enero hasta hoy viajé por más de treinta países en cuatro continentes, viví en varias ciudades, escribí dos blogs de viajes con más de cuatrocientos posts, publiqué nosécuántos artículos de viajes en revistas, expuse fotos de viajes, fui columnista de viajes en programas de radio, di charlas de viajes y autopubliqué mi primer libro de relatos de viajes. Durante siete años puse todas mis energías en construir esa realidad que había elegido: ser viajera.

Candado budista en los puentes de París.

Candado budista en los puentes de París.

Pero dicen que algo pasa a los siete años. Hay una teoría psicológica que asegura que después de despertarte 2555 días junto a la persona que elegiste de pareja para toda la vida aparecen las dudas, preguntas y desilusiones: la famosa crisis o comezón del séptimo año de matrimonio. ¿Esto es lo que quiero para siempre? Nunca tuve una relación de siete años así que en ese aspecto no sé, pero sí sé que hace 2555 días me despierto con la misma etiqueta y con el mismo estilo de vida, ese que elegí hasta que la muerte nos separe solo por intuición, sin siquiera haberlo testeado antes. A veces pienso en lo fácil que usamos las palabras “para siempre”. A los veintidós años decreté, así de fresca, que viajaría para siempre, pero nunca pensé en todas las cosas que pasarían entre mis veintidós y el para siempre. Yo solo veía la meta: cumplir ese sueño.

Mensaje visto en Praga.

Mensaje visto en Praga.

Ondas luminosas. Esta foto la saqué en la exposición de Kusama en el Malba, Buenos Aires.

Ondas luminosas. Esta foto la saqué en la exposición de Kusama en el Malba, Buenos Aires.

En siete años, ese sueño dejó de ser una ilusión y se convirtió en algo corpóreo, y mi vida de viajes tuvo subidas y bajadas. Como vivir en movimiento me hace perder la noción del calendario, me gusta pensar en años-viaje y poder, así, diferenciar cada bloque de tiempo y recordar por qué cada año fue distinto.

El año uno empezó con la euforia del primer paso: esto es lo que siempre soñé ahora sí que seré feliz toda la vida. El año dos fue el del primer regreso y la depresión post-viaje: para qué volví, no sé si voy a poder seguir viajando, qué va a ser de mí. El año tres me fui a Asia y otra vez la euforia: esto es lo que siempre soñé ahora sí que seré feliz toda la vida bis. El año cuatro apareció la calma y logré cierta estabilidad: bueno, creo que ya puedo decir que me dedico a escribir desde cualquier lugar del mundo. El año cinco estuvo desbordado por la emoción y el agotamiento de escribir un libro: este es el resultado de hacer las dos cosas que más me gustan, pero cómo cansa. El año seis volví a viajar y tuve una sensación que intenté tapar durante mucho tiempo: esto no es lo que esperaba. Había empezado el proceso de desidealización de la vida soñada, una de las mejores cosas que me pasaron desde que me fui de Buenos Aires, ya que me permitió ver todo de manera más real. Y el año siete, este que se acaba de cumplir, es el de las preguntas: bueno, ya sé más o menos cómo son las cosas, ¿y ahora qué?

Por las calles de Salamanca, España.

Por las calles de Salamanca, España.

Cumplí siete años de viajera en un estado intermedio —típico del siete, diría—: viviendo en otro país. Es decir: ni del todo en mi casa, ni del todo de viaje, ni tan quieta, ni tan en movimiento. Ni sí ni no, ni blanco ni negro. ¿Qué estoy haciendo entonces? ¿Estoy viajando? ¿Estoy frenada? ¿Debería estar viajando? ¿Debería estar con ganas de viajar? ¿Debería volver? Siempre dije que iba a viajar toda la vida, pero ¿y si me canso? ¿Y si me aburro? ¿Y si ya no me motiva? ¿Y si de golpe aparecen otros intereses? De acá a “toda la vida” falta mucho, y hay un montón de otras cosas que me gusta hacer además de viajar. ¿Qué pasaría si les dedico más tiempo? ¿Si cambio de profesión? ¿Si cierro el blog, dejo de escribir y desaparezco de internet? ¿Podría ganarme la vida? ¿Lo mío es escribir sí o sí? ¿Y si cambio de rubro y pongo un negocio de algo? ¿Y si refloto ese sueño de irme a cosechar lechuga a una granja en Canadá? Pero a mí viajar me gusta, aunque tambiénETC. Esto de tener monólogos internos constantes es agotador.

Músico callejero en Praga, frente al muro de John Lennon.

Músico callejero en Praga, frente al muro de John Lennon.

Ojo de Magritte en Bélgica.

Ojo de Magritte en Bélgica.

Para mí, el superpoder del siete es que, cuando lo usás para contar años, marca un quiebre. Siete años es un tiempo considerable para estar en algo, aunque no llega a ser una década: si quiero arrepentirme, todavía estoy a tiempo. Obvio que a los diez años también puedo arrepentirme, pero el siete es más liviano, no es un número cerrado. Entonces me siento así, como si estuviese terminando un período de prueba, el test-drive: ya sé cuáles son las cosas que más me gustan de vivir viajando y cuáles son las que más me cuestan, ya sé en qué consiste y en qué no consiste este estilo de vida. Ahora puedo decidir si seguir o cambiar. O si seguir pero de otra manera. Si acelerar o desacelerar. Si dedicarle más tiempo a esto o a otras cosas. Las opciones son muchas. Y lo bueno es eso: que tengo opciones, que nadie me obliga a estar encadenada a nada.

Frente al reloj en París.

Frente al reloj en París.

Infinito (foto: Islandia)

Infinito (foto: Islandia)

Pero entre tantas preguntas, también tengo algunas certezas. Me demostré —a mí, no a otros— que puedo vivir con mis reglas, aunque esto de no tener manual de instrucciones hace que tenga que estar reescribiéndolas todos los días. También entendí que no tengo que impresionar a nadie ni cumplir expectativas ajenas. Antes sentía que tenía que hacer ciertas cosas —viajar / escribir de determinada manera— porque eso era lo que se esperaba de mí —”la viajera”—. Ahora siento que si mañana decido dejar de viajar no va a ser un fracaso sino un aprendizaje: quizá viajar no era lo mío, quizá necesitaba viajar para darme cuenta de cuánto necesitaba tener un hogar, o quizá necesitaba frenar para darme cuenta de cuánto me gusta viajar.

Visto en Cusco.

Visto en Cusco.

También sé que aunque esté de cumple viajero y tenga estas preguntas no voy a tomar decisiones porque no hay decisiones para tomar. Estoy acá, estoy escribiendo un libro. Después volveré a Buenos Aires, haré cosas allá, volveré a tener a mis amigos y a mi familia, estaré quieta un rato más. Y ahí la intuición, otra vez, me dirá qué hacer. Pero aunque entre en crisis o tenga dudas, cuando me proyecto me doy cuenta de que en mi futuro siempre veo viajes. Quiero hacer un viaje en auto por la Patagonia, quiero hacer un road trip por Estados Unidos y Canadá, quiero hacer dedo en Japón, quiero recorrer las islas de Oceanía en barco, quiero atravesar Asia Central. Quiero ir a muchos lugares. No sé a qué ritmo ni cuándo. No sé si escribiendo un blog o no. Pero todos esos planes de viajes están ahí y no los veo con intenciones de desaparecer.

En siete años les cuento.

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Pizarrón en la casa de vero!

*

Epílogo:

El 28 a la noche le dije a L:

—Hoy cumplo siete años de vivir viajando.
—¿Por qué no me dijiste antes?
—Es que me acabo de dar cuenta.
—Me hubieses avisado y comprábamos una torta y brindábamos.

Y eso hicimos, aunque con un día de delay. Torta de chocolate y vino blanco para festejar una fecha que me parece más representativa que mi cumpleaños. Así que propongo que cada uno elija su fecha de cumpleaños —o de no-cumpleaños— en honor a algún acontecimiento importante. A mí me encantaría festejar cada 28 de enero como si fuese 29 de julio.

Buenos Aires.

Buenos Aires.

[box type=”star”]De vez en cuando escribo estos posts aniversario en honor a mis cumpleaños de viajera o al nacimiento de mi blog. Son estos:

Cuando te perdés en China, nunca sabés quién te puede encontrar (post número 100)
Doscientos viajes (post número 200)
“Detrás de los viajes” – Edición especial 300 posts
Mis cuatro años de viajera: cómo empecé, cómo trabajo y cómo me financio
Mis seis años de viajera: el Síndrome de París y el lado oscuro de los viajes [/box]

Datos y consejos para viajar por Europa

[box type=”star”]Aclaración: esto no es una guía de viajes sino una ayuda para todos los que me escriben pidiéndome consejos para viajar por esta parte del mundo. Aclaración más importante aún: Europa tiene 50 países (y 6 parcialmente reconocidos) de los cuales recorrí (ni siquiera en profundidad) 10, así que lo que encontrarán en este texto son datos y consejos basados en mi experiencia por Alemania, Bélgica, España, Francia, Hungría, Inglaterra, Islandia, Portugal, República Checa y Suecia. [/box]

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* DESTINO: EUROPA

Los países más visitados del mundo están en Europa. En mi caso, el continente nunca fue una prioridad entre mis destinos. Cuando empecé a viajar soñaba con lugares lejanos y exóticos (por eso, quizá, me fui a Asia antes que a los lugares más “tradicionales”) y Europa me parecía muy turística y un poco aburrida. Tenía los típicos prejuicios: “Es caro”, “es demasiado ordenado”, “va a seguir igual por varias décadas”, “es para conocer de grande” (?), “es para ir a ver museos y ruinas”, “es un destino fácil”. Error. ERROR (me pegaría). Ahora que la conozco siento que vine en el momento justo de mi vida: en Europa pasa de todo y me encanta estar disfrutándola a esta edad (casi 30).

Mis raíces, al igual que las de muchos argentinos, están en Europa: mi mamá es húngara (nacida en Alemania) y mi papá es hijo de españoles asturianos. Y en algún momento las raíces empezaron a tirar.

Así que en el 2011 me fui a España.

Y conocí Europa por primera vez.

Y me encantó.

Sin haberlo planeado, ya pasé más de un año (aunque no todo seguido) viajando por y viviendo en Europa. Pasé inviernos, veranos, primaveras, otoños. Conocí varias de las grandes capitales y muchas me quedaron pendientes. Me perdí en pueblitos y me di cuenta de que Europa parece chiquita pero es enorme y hay demasiado para ver. Así que una de dos: quédense todo el tiempo que puedan o vengan con el modo slow travel activado. No vale la pena ir a las apuradas de una ciudad a otra. Lo lindo en Europa es el camino.

Cartel visto en Praga

Cartel visto en Praga

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* ITINERARIO

Cuando me preguntan qué recomiendo conocer de Europa me quedo en blanco. En este continente hay 50 países (y 6 parcialmente reconocidos) y de esos 56 conozco 10: ni un 20 por ciento. Cuando miraba el mapa de Europa, sentada en el escritorio de mi casa, sentía que todo estaba cerca y que la iba a poder recorrer en poco tiempo. Otro gran error. Europa es chiquita (si la comparo con, por ejemplo, las distancias en Argentina o América Latina) pero muy poblada y variada. Es cierto que todo queda cerca y que muchos países se pueden atravesar en pocas horas, pero cada uno es un mundo y merece su tiempo.

Sé que hacer el “gran tour” de Europa puede parecer muy tentador (por alguna razón, esa es la manera más “famosa” de recorrer Europa), también sé que muchos solamente pueden venir por 15 o 30 días y quieren ver todo lo posible, pero mi recomendación: no hagan ese recorrido maratónico de una capital por día o un país distinto cada dos días. Sí, se van a sacar las fotos típicas en todos los monumentos famosos de Europa (¿sirve de algo?), pero van a estar agotados, no van a tener tiempo de disfrutar de cada lugar, van a gastar mucho más que si viajan lento y va a llegar un punto en que no van a saber dónde están.

Las capitales europeas son para vivirlas: hay muchísimo para ver, hacer, caminar, conocer. Y en dos días no se puede. Por eso les aconsejo que cambien el chip, desaceleren y se armen un itinerario con menos lugares (y que antes de viajar investiguen: hay taaantas joyitas ocultas…). Yo diría 5/7 días por capital, y en las ciudades más chiquitas y pueblos pueden estar 3/4 días (mínimo) (si es por mí, quédense mucho más).

[box type=”tick”]Webs útiles:

– En 101 Viajes encontrarás información útil y muchas ideas de experiencias, paseos y excursiones para hacer en todas las ciudades de Europa. También podrás leer las guías de cada ciudad para decidir qué lugares conocer durante tu viaje.

-La web de la revista Time Out tiene una agenda con los eventos semanales y mensuales de muchísimas ciudades y tiene listas de 20 cosas para hacer en las principales ciudades europeas.

– No sé qué tan acertada será TripTuner, pero por lo menos es divertida para probar: seteen los controles según sus expectativas y la web les dirá a qué destino les recomienda viajar. [/box]

Casita de Catalunya

Casita de Catalunya

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* LISTA PERSONAL

Los países europeos por los que viajé son los siguientes (no en este orden) (si hacen click en los nombres podrán leer los relatos que escribí acerca de cada lugar).

  • Alemania. Fue mi viaje a las raíces: recorrí la región de Baviera (los pueblitos y las ciudades como Munich o Regensburg) con mi familia con el objetivo de conocer el pueblo donde nació mi mamá. Caí a Munich, sin saberlo, en pleno Oktoberfest. Y me encantó. Alemania queda en mi memoria como el país de los valles verdes, los bosques mágicos y la cerveza artesanal.
  • Bélgica. ¿Dije cerveza? Nunca probé cerveza tan rica como en Bélgica. Este país no estaba en mis planes (¿qué país estaba en mis planes?) pero fui porque al estar tan cerca de París, ¿por qué no? Y me sorprendió. Hice base en Bruselas (qué lindos murales hay en Bruselas) y me fui a recorrer pueblitos.
  • España. Cada vez que voy a España me siento como en casa (además de que estoy enamoradísima de Barcelona, pero esa es otra historia…). No sé si es el idioma, la historia compartida o la buena onda que parece haber entre españoles y argentinos, pero este es uno de esos países a los que sé que voy a volver siempre. Tiene playa, fiesta, buena comida, pueblitos mediterráneos y muchísima variedad cultural.
  • Francia. ¿Lo digo o no? Lo digo. No quería conocer Francia. Estaba negadísima con este país (no tengo explicación). Creo que al ser tan turístico me generaba cierta aversión. ¿Y ahora? Estoy viviendo en un pueblo costero del país vasco francés. Ja. Y nunca me voy a cansar del queso, de los vinos, de la comida, de las chimeneas de París, del arte (en los museos y en las calles) y de ese acento tan pero tan seductor (e impronunciable).
  • Hungría. Ay Hungría, cómo te quiero. Crecí escuchando a mi mamá hablar húngaro, usando ropa con bordados típicos, comiendo goulash y paprika. ¿Cómo no me iba a enamorar de Hungría? Fui a Budapest para aprender el idioma y después a recorrer el país con mi familia, y si bien me queda mucho por ver, es otro de esos lugares a los que les digo que vayan. Budapest es una de las ciudades más lindas del mundo.
  • Inglaterra. Ah… el país de mis sueños, uno de esos lugares que siempre siempre quise conocer (debe ser por Los Beatles, el brit-pop, el humor inglés —ese acento—, la literatura y tantas otras expresiones artísticas y culturales que me gustan). Fui a Londres y a Liverpool y me quedé con ganas de mucho más.
  • Islandia. Uno de los lugares más surrealistas a los que viajé en mi vida. Me fui durante dos semanas con mi amiga Lau y fue un viaje delirante, bizarro, mágico. En Islandia todo es posible: dar la vuelta a dedo, rescatar patos de la ruta, encontrar fábricas de artistas, golpear puertas para pedir frazadas, subirse a barcos de pescadores, emborracharse de tanto sol. Vayan, por favor vayan a Islandia. No hay manera de que se arrepientan.
  • Portugal. Pienso en mis días en Portugal y ya me da saudade. Si este país fuese una persona, lo abrazaría y lo guardaría en la mesita de luz. Es divino. Muchos se olvidan de él porque está en la punta del continente: no saben lo que se pierden. Lisboa es otra de las ciudades más lindas y nostálgicas del mundo (en mi opinión): el tranvía, los cafecitos, los artistas callejeros, la poesía. Portugal es un país para caminarlo de punta a punta.
  • República Checa. Praga… y sí, imposible no nombrarla: es una de las ciudades más encantadoras de Europa Central (aunque, eso sí, a ser compartida con los miles de turistas que van todos los días). Y de mi road trip por República Checa me quedan sus castillos, los paisajes de campo, las fábricas de cerveza y sus ciudades medievales.
  • Suecia. Conocí muy poquito de Suecia y fue como estar en un sueño. Viajé cinco días a Laponia, una de las regiones con mayor naturaleza salvaje de Europa, y pensé en quedarme ahí para siempre. Caminé por bosques nevados, vi la aurora boreal, fotografié casitas de colores y me prometí hacer un recorrido mucho más en profundidad por los países nórdicos.
Algunas fotitos al tuntún. Esta: Laponia sueca.

Algunas fotitos al tuntún. Esta: Laponia sueca.

La Tabacalera, espacio artístico recuperado y autogestionado en Madrid

La Tabacalera, espacio artístico recuperado y autogestionado en Madrid

Munich durante el Oktoberfest (debo crónica de ese evento)

Munich durante el Oktoberfest (debo crónica de ese evento)

Los baños termales de Budapest: lugares de reunión social.

Los baños termales de Budapest: lugares de reunión social.

Islandia, donde los abrazos gratis son muy bien recibidos.

Islandia, donde los abrazos gratis son muy bien recibidos.

Ghent, uno de los lugares de Bélgica que me sorprendió.

Ghent, uno de los lugares de Bélgica que me sorprendió.

París y su arte en las paredes.

París y su arte en las paredes.

Portugal y su otoño tan lindo.

Portugal y su otoño tan lindo.

Praga, ya sabemos que sos linda.

Praga, ya sabemos que sos una diva.

La casa de un amigo en Londres, el lugar perfecto para festejar su cumple.

La casa de un amigo en Londres, el lugar perfecto para festejar su cumple.

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* VISAS Y TIEMPO DE PERMANENCIA

[box type=”star”]En el 2022 entrará en vigor el permiso ETIAS, una nueva autorización para viajar a Europa. Gracias a los avances en torno a su manejo de la pandemia, la UE ha incluido a países de América Latina como Chile o Uruguay en su lista segura, y sumó recientemente a Argentina, Colombia y Perú. En la web de Visa Europa pueden encontrar una guía que provee todos los detalles clave. [/box]

(Spoiler: podés quedarte —legalmente— más de 90 días en Europa. Seguí leyendo.)

Esta es una de las partes más complicadas así que les recomiendo que investiguen el tema más en profundidad. Los datos importantes son los siguientes:

* En Europa existen la Unión Europea y el Espacio Schengen: este último es un acuerdo de libre circulación firmado por 26 países (es decir que entre esos países no hay fronteras: entrás a uno y si pasás a otro no necesitás hacer migraciones). Pero atención: hay países de la Unión Europea que no forman parte del acuerdo Schengen (como Irlanda y el Reino Unido) y hay países de Schengen que no son de la Unión Europea (Suiza, Noruega e Islandia). En este mapa está bien explicado:

Fuente: thesavvybackpacker.com

Fuente: thesavvybackpacker.com

* Los ciudadanos de (entre otros países) Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Uruguay y Venezuela NO necesitan visa para entrar al espacio Schengen y pueden quedarse un máximo de 90 días en un período de 180 días. Es decir que entrás, por ejemplo, a España (mostrás tu pasaporte en el aeropuerto) y a partir de ese días tenés 90 días para moverte libremente dentro de los países Schengen. Cuando salís de Schengen tenés que esperar otros 90 días para volver a entrar. Si salís, por ejemplo, a los 45 días de estar en Schengen, te vas 10 días a otra parte y volvés a entrar, tendrás 45 días más (esos 10 días que saliste no se cuentan).

* Los ciudadanos de otras nacionalidades (chequear cuáles en esta web) necesitan aplicar a una visa Schengen antes de viajar. Si te la dan, es lo mismo: podés estar 90 días en un período de 180. En este post explico el tema de las visas con más profundidad y hay muchos comentarios de los lectores contando sus experiencias migratorias en Europa: Cuestiones pre-viaje: visas, pasaporte, pasaje de salida, tiempos de estadía y algunos consejos prácticos.

* Puede que en el aeropuerto europeo al que llegues te pidan una carta de invitación, las reservas de hotel y el comprobante del seguro médico. Escuché todo tipo de historias y no sé cada cuánto lo piden, pero sepan que se los pueden requerir.

* Si tenés pasaporte europeo podés quedarte por tiempo ilimitado y trabajar.

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Visto en Londres

* Si bien la visa Schengen NO se puede extender, hay algunas maneras de quedarse legalmente más de 90 días en Europa. Algunas opciones:

1. Movete de un país a otro. Entrá a cualquier país del espacio Schengen, quedate los 90 días y después andá a otro país europeo que no forme parte de Schengen. Ahí te van a dar un tiempo de permanencia (depende de cada país, y ojo porque algunos piden visa), quedate por ejemplo dos meses, pasá a otro país que esté fuera de Schengen, quedate un mes más, y ahí (como ya pasaron 90 días desde que saliste de Schengen) podés volver a entrar a los países Schengen y quedarte 90 días más. Y así sucesivamente. Obviamente no sirve si querés quedarte más de 90 días en un mismo país.

2. Aplicá a otro tipo de visa. Si sos estudiante y querés cursar una carrera universitaria en Europa, podés aplicar a una visa de estudiante. Hay ciertos países que ofrecen visas de trabajo y te permiten quedarte hasta un año en todo Schengen (las que conozco, al menos para argentinos, son las que otorgan Francia e Irlanda. Averiguen).

3. Trabajá freelance. Alemania ofrece una visa para trabajadores independientes (artistas, programadores y cualquiera que trabaje a distancia): tenés que aplicar una vez que estás allá, en Berlín, y si te la dan podés quedarte entre uno y dos años viviendo y trabajando desde ahí. En esta web está toda la información.

[box type=”tick”]Estas dos webs tienen información mucho más detallada de todo esto (en inglés):

– The Savvy Backpacker: Long term travel Europe

– NomadicMatt: How to legally stay in Europe for more than 90 days [/box]

Mensaje visto por ahí.

Mensaje visto por ahí.

Postales de Portugal

Postales de Portugal

Granada (España) al atardecer

Granada (España) al atardecer

Y carteles en París

Y carteles en París

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* TRANSPORTE

Los países y ciudades europeas están muy bien conectadas, aunque el transporte, en mi opinión, es lo más caro de Europa (a menos que viajes haciendo autostop, claro). Estas son las opciones más usadas para ir de un lado a otro:

[highlight]– Avión.[/highlight] No soy fan de los aviones, pero en Europa existen varias aerolíneas de bajo costo que permiten ir rápido de un punto a otro y pagar menos que yendo por tierra. Ejemplo: Ryan Air, Vueling. (Acá tienen la lista completa de aerolíneas de bajo costo en Europa)

[box border=”full”]Lo bueno: el precio.

Lo malo: a ese precio hay que sumarle otros (como el costo de moverse hasta el aeropuerto o el costo de despachar las valijas), los vuelos baratos suelen salir de aeropuertos alternativos (que muchas veces quedan en otras ciudades, bastante alejados), uno cree que va más rápido pero a veces se tarda lo mismo que yendo en tren (porque hay que sumarle el tiempo de traslado desde y hasta el aeropuerto y el tiempo de espera), los aviones suelen ser incómodos (asientos muy chiquitos).[/box]

[highlight]– Tren.[/highlight] Durante dos meses me moví por Europa con el Pase Global de Eurail y ohporfavor qué placer. Europa es un continente hecho para recorrerlo en tren (y para pasarse horas mirando por la ventana).

[box border=”full”]Lo bueno: las estaciones están en el centro de la ciudad (o sea que son fácilmente accesibles en metro o a pie), los trenes son híper puntuales (salen en el minuto exacto, aunque muchas veces puede que se retrasen a mitad de camino), son mucho más cómodos que los aviones, podés ir viendo el paisaje mientras viajás, tienen mesas para que trabajes, los trenes de alta velocidad hacen el trayecto en un tercio del tiempo.

Lo malo: el precio. Los trenes en Europa son caros (aunque en algunos casos, para distancias largas, cuestan lo mismo que un avión, por eso hay que comparar).[/box]

Los pases (como el Eurail, ofrecido por Rail Europe) te permiten viajar en los trenes europeos de manera casi ilimitada (depende del pase que compres, pero imaginátelo como un boleto único que te sirve para subirte a casi todos los trenes de Europa) durante una cierta cantidad de días (por ejemplo, podés viajar durante 15 días distribuidos en dos meses: durante cada uno de esos días podés hacer todos los viajes que quieras). Entonces: elegís tu pase, pagás un monto final por anticipado, lo recibís en tu domicilio y cuando llegás a Europa ya podés viajar en tren. Este pase vale la pena si planeás hacer muchos viajes en poco tiempo (y en especial viajes largos).

[box type=”tick”]Webs útiles:

– en Rail Fan Europe hay enlaces a las webs de todas las compañías de tren de Europa, organizadas por país

Seat61 es la guía más completa y actualizadas de los trenes de todo el mundo.[/box]

Las vías en Sant Pol

Las vías en Sant Pol

[highlight]– Bus.[/highlight] En Europa (por lo menos por donde yo viajé) no se usa tanto el bus como en otras partes del mundo, aunque hay empresas que cubren los destinos principales de cada país (pero si te querés ir a un pueblito, es más probable que encuentres pasaje en tren antes que en bus).

[box border=”full”]Lo bueno: donde hay, suelen ser bastante más baratos que los trenes, son cómodos, tienen baño y wifi.

Lo malo: no tienen tanta frecuencia, son más lentos, para distancias muy largas pueden ser más caros que un avión.[/box]

[box type=”tick”]Web útil y un consejo:

Eurolines es la empresa de buses más extensa de Europa y suele tener muy buenos precios.

– Una de las maneras más baratas de cruzar de Francia a Inglaterra es en bus (suele haber muy buenas ofertas, mucho más baratas que el tren o barco)[/box]

[highlight]- Carpooling (o coches compartidos).[/highlight] Esta iniciativa me parece excelente: la gente “vende” los espacios vacíos en su auto y lleva a otros pasajeros (desconocidos) en su trayecto. Es como hacer dedo pero por internet (y pagando). Hay muchas webs que ponen en contacto a los conductores con los pasajeros, como blablacar.es.

[box border=”full”]Lo bueno: es la manera más barata de moverse de un lado a otro (más que el bus y mucho más que el tren), te permite conocer gente local y charlar, si sos mujer y estás viajando sola es una opción segura porque los conductores tienen referencias y están registrados en la web.

Lo malo: no hay viajes a todas partes, el horario de salida depende del conductor, los viajes más requeridos (de una gran ciudad a otra) son pocos y se llenan enseguida, algunas webs empezaron a cobrar comisión por el servicio.[/box]

[highlight]- Autostop.[/highlight] Europa es un buen lugar para hacer autostop. Yo lo hice varias veces, aunque nunca sola (es un miedo que todavía tengo que superar).

[box border=”full”]Lo bueno: te permite conocer la cultura local desde adentro, podés viajar sin horarios (vos decidís cuándo salir a la ruta), es gratis, te puede llevar a situaciones inesperadas (como que te inviten a quedarte en su casa o a conocer un lugar que no estaba en tus planes).

Lo malo: tenés que ir con paciencia, salir de las grandes ciudades a la ruta suele llevar bastante tiempo de traslado, puede que estés horas esperando, puede que no llegues cuando tenías pensado. [/box]

[box type=”tick”]Web útil para viajar a dedo: HitchWiki.org[/box]

[highlight]– Auto alquilado.[/highlight] Si vas en grupo, alquilar un auto es una muy buena opción (y, al dividir gastos, bastante económica).

[box border=”full”]Lo bueno: tenés libertad total, podés ir a donde quieras en el horario que quieras, las rutas son muy buenas, hay mucha señalización (o podés alquilarlo con GPS), si compartís gastos resulta barato, si no encontrás dónde dormir podés dormir en el auto.

Lo malo: la nafta en Europa es cara, es muy difícil estacionar en las grandes ciudades (o tenés que pagar un parking de 2-4 euros la hora), si alquilás el auto en un país y querés devolverlo en otro suelen cobrarte un extra bastante alto.[/box]

[box type=”tick”]TIP: mucha gente alquila motorhomes. Son más caros, pero si son varios y planean dormir ahí, también me parece una buena opción. Aunque OJO: en muchas ciudades no dejan estacionarlos en cualquier lado y los obligan a ir a un camping (pago) sí o sí.[/box]

[box type=”tick”]Si planeás alquilar un auto y conducir por Europa, vas a necesitar un permiso internacional para conducir o IDP (International Driver’s Permit). Ojo, el permiso no es una licencia en sí, si no un documento que traduce tu licencia a otros idiomas y la valida en el exterior, por eso siempre necesitás tener una licencia o registro de conducir previamente emitido en tu país de residencia. Podés sacar el IDP a través de la web de International Driver’s Association o, si tu registro es de Argentina, en el ACA.[/box]

[highlight]– Barco/Ferry.[/highlight] Hay trayectos entre países (o dentro de los mismos países) que solamente se pueden hacer en barco. A mí no me tocó ninguno así que no puedo hablar por experiencia. En esta web hay un buscador y comparador de precios y rutas.

Transporte dentro de las ciudades: es muy fácil ir de un lado a otro ya que el transporte público está muy bien organizado y tiene bastante frecuencia. En general las grandes ciudades tienen metro (subte), colectivos (buses), tranvías, trenes y taxis. Además muchos lugares se pueden recorrer caminando o en bici.

[box type=”tick”]Webs útiles:

– en Urban Rail pueden encontrar los mapas del metro de casi todas las ciudades de Europa.

– World Travel Guide tiene una guía de aeropuertos: ahí pueden ver qué opciones de transporte hay para llegar al centro de cada ciudad.[/box]

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La salida del metro en París

La salida del metro en París

Los motorhomes están por todas partes.

Los motorhomes están por todas partes.

En algunas ciudades se pueden alquilar Smarts por horas o minutos.

En algunas ciudades se pueden alquilar Smarts por horas o minutos, con el mismo sistema de alquiler de bicicletas.

Y hablando de bicis, en la mayoría de las grandes ciudades hay sistemas de alquiler de bicis por hora (aunque para pagarlo necesitan tarjeta de crédito con chip).

Y hablando de bicis, en la mayoría de las grandes ciudades hay sistemas de alquiler de bicis por hora (aunque para pagarlo necesitan tarjeta de crédito con chip).

El autostop se hace en todos lados.

El autostop se hace en todos lados.

Varias ciudades tienen tranvía (como Praga)

Varias ciudades tienen tranvía (como Praga)

Y taxis también hay en todos lados (aunque caros!)

Y taxis también hay en todos lados (aunque caros!)

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* ALOJAMIENTO:

¿Dónde dormir? Algunas opciones:

[highlight]- Hostels.[/highlight] Hay en casi todas las ciudades (no tanto en los pueblos) y suelen ser la opción más económica. En general, una cama en un dormitorio compartido ronda los €10-20 (aunque si vas, por ejemplo, a Munich durante el Oktoberfest podés encontrarte con la sorpresa de que una cama en una habitación compartida te cuesta €100) (leíste bien). Podés buscar hostels en hostelbookers.com o hostelworld.com

[highlight]- Hoteles.[/highlight] Hay por todas partes aunque son bastante más caros que los hostels (de €40/50 para arriba). Una buena página para buscar alojamiento es booking.com

[highlight]- Campings.[/highlight] Casi siempre están en las afueras y no son tan baratos como esperaba, pero están muy bien equipados (duchas, baños, lavarropas, piscina, estacionamiento). En Francia y España pagué un promedio de €20 por noche de camping. En los lugares con playa son una buena opción porque suelen estar ubicados cerca del mar (ojo que cada país tiene sus leyes con respecto a la acampada: en España la policía me desalojó porque había acampado en la playa y no estaba permitido).

[highlight]- Guesthouses/Pensiones.[/highlight] En algunos países (como Hungría) las pensiones o casas de huéspedes son muy comunes. En estas casas cada huésped tiene su habitación y a veces se comparten el baño y la cocina. A mí me gustan mucho más que los hoteles (y son más baratas).

[highlight]- Alquiler de departamentos o habitaciones a gente local.[/highlight] El alquiler de departamentos puede ser una opción mucho más barata (y cómoda) que el hotel, sobre todo si viajás en grupo, en pareja o en familia. Las webs más populares para esto son Airbnb y Wimdu, en ambas podés alquilar un departamento entero o solamente una habitación (generalmente, cuando alquilás solo la habitación hay gente viviendo en el resto de la casa o te tocará compartir la vivienda con otros huéspedes). Los precios varían según el tamaño del departamento, la ubicación, las comodidades, los servicios y la cantidad de personas, y en general es más barato que un hotel. La web HundredRooms te permite ver y comparar los precios de los departamentos ofrecidos en distintas plataformas (Wimdu, Airbnb, Booking, HomeAway y más) en un solo lugar.

[highlight]- Couchsurfing.[/highlight] En todos los países de Europa que visité se hace Couchsurfing (podés quedarte de manera gratuita en casas de gente local). ¿Querés saber de qué se trata? Acá lo explico.

[highlight]– Intercambio de casas.[/highlight] Nunca lo probé pero parece que se usa bastante: podés intercambiar tu casa con la de otra familia (por los días que dure el viaje) de manera gratuita. Una de las webs más usadas es intercambiocasas.com

[highlight]– Alojamiento a cambio de trabajo.[/highlight] Conocí gente que se queda en casas o granjas orgánicas a cambio de trabajo. A través de Helpx podés encontrar gente que ofrece alojarte semanas o meses en su casa a cambio de que, por ejemplo, le enseñes tu idioma o lo ayudes con las refacciones; a través de wwoof podés contactarte con los dueños de granjas orgánicas para quedarte con ellos a cambio de trabajar en la granja; a través de Staydu podés quedarte con gente local a cambio de dinero, trabajo o de manera gratuita.

[highlight]– HouseSitting (cuidado de casas).[/highlight] Mucha gente se va de vacaciones (o de viaje) y necesita a alguien que le cuide la casa, así que si buscás estadías largas podés investigar esta opción. Para mucha más información de HouseSitting les recomiendo la web La guía de Housesitting. La plataforma que suelo usar para esto es TrustedHousesitters.com

Camping en España

Camping en España

Uno de mis hostels preferidos: el Sant Jordi Rock Palace de Barcelona

Uno de mis hostels preferidos: el Sant Jordi Rock Palace de Barcelona

Un hotel en Laponia Sueca

Un hotel en Laponia Sueca

Un arbolito a la salida de la casa donde nos quedamos en Zandt (Alemania)

Un arbolito a la salida de la casa donde nos quedamos en Zandt (Alemania)

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* PRESUPUESTO: ¿Cuánto plata necesito?

[box border=”full”]El presupuesto, como digo siempre, depende de muchos factores: de qué manera querés viajar, con quién vas, cuánto tiempo, qué tan rápido planeás moverte, cuánto equipaje vas a llevar, dónde querés quedarte, qué querés comer, qué transporte querés usar… Es difícil calcular un presupuesto diario porque depende de qué hagas ese día (si te tomás un tren va a subir bastante, pero si solamente gastás en dormir y comer podés mantenerlo más bajo).[/box]

Acá van algunos números (promediados) para que puedas hacer cuentas.

– El euro es una moneda muy fuerte y si bien muchos países de Europa lo utilizan, en cada país tiene un valor distinto (la economía no es igual en todas partes, hay países más caros —como Alemania o Francia— y más baratos —como Hungría o Portugal—). No sé si hace falta aclararlo, pero Europa es caro (al menos en comparación con otros destinos como el Sudeste Asiático o América Latina).

[highlight]- Alojamiento:[/highlight] quedarte en la habitación compartida de un hostel puede costarte entre €10 y €20 la noche (promedio). Alquilar un cuarto en un departamento puede costarte desde €20 hasta €100 o más (según el tipo de departamento, la cantidad de personas que se queden y la ciudad en la que esté ubicado). Los hoteles me parecen caros (€50/70 o más), hoy en día hay muchas otras opciones de alojamiento así que no es necesario quedarse en un hotel sí o sí. Los campings rondan los €10-25 (al menos en los que estuve); en algunos países se puede acampar en cualquier lugar sin pagar (como en Islandia) y en otros está restringido (pero siempre pueden pedirle permiso a alguien para armar la carpa en su jardín).

[highlight]– Transporte:[/highlight] para mí, el transporte es lo más caro que tiene Europa. Lo más barato es hacer carpooling (un viaje de 6 horas te cuesta unos €25-30, por ejemplo) o autostop. Un viaje en tren depende mucho del país (en España, un viaje de una hora tal vez te cuesta menos de €10, mientras que en Francia, en el tren de alta velocidad, te puede costar €25) (el precio del tren es muy difícil de calcular, lo mejor es que entren por ejemplo a esta web y busquen algunos trayectos para ver los precios, aunque si tuviese que estimar un promedio diría que viajar en los trenes normales, no de alta velocidad, cuesta unos €10 por hora de viaje). Hay empresas de bus que tienen ofertas muy buenas (como Megabus, iDBus o Eurolines).

[highlight]- Transporte interno:[/highlight] el transporte público tampoco es tan barato (si convertimos de euro a pesos), pero siempre es mucho más barato que moverse en taxi. Un viaje en metro puede costar entre €1 y €5 (el de Londres fue el más caro que me tomé: arriba de 3 libras por viaje), y siempre es más barato comprar los pases de 10 viajes o los pases diarios. Los buses suelen ser más baratos, aunque también cuestan entre €1 y €3 por viaje. Los trenes de cercanías son los que van a las afueras, a barrios más alejados o a los pueblos vecinos: los precios dependen del tipo de tren, de la distancia, de la velocidad…

[highlight]- Comida:[/highlight] los precios varían según el país, pero en todos lados lo más barato es hacer una compra en el supermercado y cocinarte (por €10 pueden comer tres). Sino, un menú de almuerzo o cena está entre €10 y 20 por persona (pregunten porque en algunos lugares pueden pedir medio menú) (obviamente hay lugares donde se come más barato, es cuestión de buscar), un desayuno en España puede costarte €2 (café + croissant) mientras que en Francia puede costarte €5 o más. O la opción clásica: baguette + queso + jamón = picnic improvisado y barato (esto existe en todas partes). Y si se animan, dumpster diving y table diving. Ah, un café con leche cuesta entre €1.50 y 3.50 aprox., un croissant/baguette alrededor de €1, una botella de agua de 1/2 L depende de dónde la compres (en el super unos 30 centavos, en la calle de €1 para arriba), un vaso de cerveza depende del país, pero entre €1 y €7.

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En el Oktoberfest, un vaso con un litro de cerveza costaba €10

En el Oktoberfest, un vaso con un litro de cerveza costaba €10

Si compran souvenirs, van a encontrar desde postales por €1 hasta lo que se les ocurra

Si compran souvenirs, van a encontrar desde postales por €1 hasta lo que se les ocurra

Para subir a ciertos miradores hay que pagar entrada, en general ronda los €3-6

Para subir a ciertos miradores hay que pagar entrada, en general ronda los €3-6

Si bien no es como Asia, hay bastantes puestos de comida callejera (no por eso baratos). En Hungría, por ejemplo, se vende este pan por todas partes (a €2)

Si bien no es como Asia, hay bastantes puestos de comida callejera (no por eso baratos). En Hungría, por ejemplo, se vende este pan por todas partes (a €2)

Y en Bélgica, los waffles.

Y en Bélgica, los waffles.

Los mercados callejeros (generalmente matutinos) son buenos lugares para comprar frutas y verduras frescas

Los mercados callejeros (generalmente matutinos) son buenos lugares para comprar frutas y verduras frescas

En muchos países, además de la comida local, hay restaurantes de otras partes del mundo. La comida rápida más barata es el kebab (que puede costar unos €3-5). Esta es una bandeja de comida libanesa que me comí en París por algo así como €7

En muchos países, además de la comida local, hay restaurantes de otras partes del mundo. La comida rápida más barata es el kebab (que puede costar unos €3-5). Esta es una bandeja de comida libanesa que me comí en París por algo así como €7

En Europa hay un montón de museos, y muchos que vale la pena ver (como el Guggenheim). Eso sí, son un presupuesto aparte: pueden costar entre €2 y €12.

En Europa hay un montón de museos, y muchos que vale la pena ver (como el Guggenheim). Eso sí, son un presupuesto aparte: pueden costar entre €2 y €12.

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En Europa se usan mucho los “free walking tours” (tours gratuitos, generalmente a cambio de una propina voluntaria al final). Los chicos de Go Local San Sebastián me llevaron en un bici-tour por la ciudad.

[highlight]Popurrí:[/highlight]

– Si quieren ir a un supermercado barato, busquen el Lidl más cercano. Suele tener los mejores precios, aunque no tanta variedad como otros supermercados.

– Los precios de los museos varían, pero casi todos tienen algún día u horario de entrada reducida o gratuita, así que averigüen en la página web antes de ir.

– En Praga es más barato tomar un vaso de cerveza que una gaseosa. En España también.

– En Granada (España) si te pedís un jugo o cerveza te dan una tapa o ración de comida (por algo así como €2).

– De los países que visité, los más caros me parecieron Francia y Alemania. Hungría me pareció uno de los más baratos.

– Hay muchos descuentos para estudiantes o menores de 26 años (en transportes y museos). También hay descuentos para jubilados.

– Hay muchas maneras de ahorrar durante un viaje. En este post doy varios consejos.

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[box type=”note”]Muchos argentinos me preguntan cómo llevar la plata. Según lo que vi, en el aeropuerto de Madrid cambian pesos argentinos a euros pero a una cotización malísima. No conviene. Así que me parece que las opciones son llevar todo en efectivo (en euros en lo posible, o en dólares y cambiarlos acá) o viajar con tarjeta de crédito (la aceptan en casi todas partes así que con eso pueden pagar y a la vez sacar plata de los cajeros con la opción de “adelanto en efectivo”) Eso sí, a cualquier transacción con la tarjeta hay que sumarle el impuesto del 35 por ciento.[/box]

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* OTRAS COSAS

[highlight]– Seguridad.[/highlight] Si bien Europa es un continente muy seguro, en algunas ciudades hay que estar alerta (en Barcelona intentaron robarme como tres veces, aunque siempre aprovechando alguna distracción; en el metro de París también roban bastante, dicen). Yo ando con la cámara colgada al cuello y no pasa nada, también suelo usar la computadora en parques, en los trenes o al aire libre y nunca tuve problemas.

[highlight]– Idioma.[/highlight] Hay países donde se habla muy buen inglés (Islandia, Suecia, Hungría) y otros donde cuesta más comunicarse en ese idioma (como Francia o ciertos pueblitos de Alemania). En varios países se habla algo de castellano, pero en general en los lugares turísticos casi siempre podrán comunicarse en inglés.

[highlight]– Clima.[/highlight] Europa tiene cuatro estaciones muy marcadas. Mis preferidas son el otoño (de septiembre a diciembre) y la primavera (de marzo a junio). En invierno suele hacer bastante frío y en verano mucho calor, así que nada mejor que un punto medio. Si quieren saber qué clima hace (o hará en los próximos días) en la ciudad que van a visitar, les recomiendo la web (o app) de Yahoo Weather, de todas las que usé me parece la más acertada.

[highlight]– Equipaje.[/highlight] Les recomiendo llevar poco ya que van a estar moviéndose de un lado a otro. Fíjense qué clima hará cuando vayan y empaquen en función de eso. Si les falta ropa no se preocupen, en Europa se consigue de todo y a muy buen precio (pueden ir al Decathlon para ropa de deporte, a HyM para ropa de moda o a Primark para ropa bien barata). Si llevan equipaje liviano no van a tener que tomarse un taxi jamás, pueden subir con la valijita o mochila al transporte público, además si viajan en avión y llevan todo en la cabina se ahorran el costo de facturación del equipaje (que puede costar unos €40).

[highlight]– Internet.[/highlight] En estos países no vi nada que se parezca a un ciber café, sino que la gente lleva su computadora, teléfono o tableta a los bares y cafés y se conecta al wifi. En general todos los hostels y hoteles tienen wifi (a veces los campings también).

Castillo de Sintra, Portugal

Castillo de Sintra, Portugal

Bar en Budapest

Bar en Budapest

Brujas, en Bélgica

Brujas, en Bélgica

Callecita de Portugal

Callecita de Portugal

Pueblo checo.

Pueblo checo.

Y una esquina de Praga.

Y una esquina de Praga.

* Otras webs útiles para viajar por Europa:

rome2rio.com y goeuro.com.ar: ponen dos destinos en el buscador y estas webs les da todas las opciones de transporte (con precios estimados).

mappy.com y viamichelin.com: estas webs son muy útiles si planean viajar en auto o bici por las rutas de Europa, ya que les arman el itinerario detallado y les dicen cuánto van a tardar, cuánto van a gastar (peajes, nafta) y qué opciones de rutas tienen.

– Wikitravel: Europe: guía colaborativa (wiki) con información y consejos para viajar por Europa (en inglés)

– Wikitravel: Travel in the Schengen Zone: wiki con información muy detallada acerca de Schengen y las visas (en inglés)

europa.eu: la web con toda la información de la Unión Europea (en esta sección: Documentos necesarios para viajar)

visiteurope.com: web de turismo de Europa

eurocheapo.com: buscador y tips para viajar barato por Europa

skypicker.com: esta la acabo de descubrir (nunca la usé para comprar) y me parece muy útil, por lo menos para chusmear precios. Cuando entrás, la web reconoce en qué parte del mundo estás y te muestra una lista de todos los vuelos baratos que salen desde tu ciudad.

maps.me: con esta aplicación podés tener mapas de todo el mundo en tu teléfono y usarlos offline. La estoy usando hace poco y me parece muy útil.

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Y estos músicos callejeros que vi en París y me encantaron.

Nota: le pongo muchas horas de viaje, caminatas, investigación y trabajo a estas guías prácticas y te las ofrezco de manera gratuita porque es lo que a mí me hubiese gustado leer antes de viajar. Si te sirven para planificar tu viaje, por favor considerá reservar alguno de los siguientes servicios (vuelos / hoteles / Airbnb) a través de estos buscadores. Si lo hacés, me dan una pequeña comisión que no se suma al precio final de tu compra y que me ayuda a seguir viajando y publicando guías como estas. ¡Gracias!

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Este post contiene enlaces de afiliado (si contratás ciertos servicios a través de mi blog, recibo una comisión que no se suma al valor final de tu compra) y enlaces patrocinados.

“Quiero viajar sola pero no me animo”
(Manual para futuras viajeras)

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Uno de los mails más frecuentes que recibo es de chicas que quieren viajar solas pero no se animan. Tienen miedo, tienen muchas preguntas, creen que no tienen “la personalidad adecuada” para viajar solas. Déjenme decirles algo que aprendí en estos poquitos años de movimiento: la personalidad adecuada no existe. Es una excusa para no empezar, una justificación para quedarte en tu casa con el sueño de algún día irte por ahí. Cada cual viaja como es, y no hay que ser súper simpática ni Miss Valentía para poder viajar sola. Hay que usar el sentido común (todas lo tenemos), la intuición y saber a qué tipo de situaciones podemos llegar a enfrentarnos. El mundo es un lugar con buena onda, aunque les digan lo contrario. Ya les dije, en otro post, que viajar siendo mujer puede ser mucho más fácil que viajar siendo hombre…

Hace unas semanas, a las chicas que me mandaban mails con esta consulta les respondía que estuvieran atentas porque en breve anunciaría algo que les iba a interesar. Y hoy, varios meses después de haber empezado a trabajar en este proyecto editorial, está listo y se los puedo presentar en sociedad: se llama “Viajeras” y es un manual práctico para mujeres que quieran irse de viaje por ahí, solas o con amigas.

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Está escrito por seis mujeres viajeras: Verónica Boned DevesaDoris Casares, Itziar Marcotegui, Almudena Sánchez Fernández, Carmen Teira y yo. Tiene información práctica y consejos útiles para cada una de las etapas del viaje: planificación, qué llevar, consejos de salud, transporte y alojamiento, qué hacer si te sentís sola, seguridad durante el viaje, cómo hacer para que la vuelta no sea tan difícil, entre otras cosas. También tiene varias anécdotas y un anexo en el que se da una idea general de lo que puede esperar una mujer que viaja a las distintas regiones del mundo. A mí me tocó escribir la introducción, el capítulo de ventajas y desventajas de viajar sola y el capítulo de seguridad, y mientras los preparaba recordaba mis experiencias.

¿Qué les puedo decir? Estoy feliz y orgullosa de haber participado en este libro y de haber colaborado con La Editorial Viajera (de mis amigos Pablo e Itziar, autores del libro “Cómo preparar un gran viaje”). Espero que este manual les de el empujoncito que les falta para animarse a viajar. Pueden leer las primeras páginas en este enlace.

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[box type=”star”]Viajeras. El manual para preparar tus viajes y lanzarte a descubrir el mundo.

Autoras: Verónica Boned Devesa, Doris Casares, Itziar Marcotegui, Almudena Sánchez Fernández, Carmen Teira, Aniko Villalba

216 páginas, B/N, en papel y en ebook

A la venta de través de la tienda de La Editorial Viajera y en librerías de España.

Presentaciones de “Viajeras” en España (2014):
– 8 de mayo en la librería De viaje (Madrid)
– 16 de mayo en el CIAJ (Barcelona) (Taller para mujeres viajeras)
– 20 de mayo: librería Desnivel (Madrid)
– 29 de mayo: librería Altaïr (Barcelona)
– 6 de junio: librería Arenas (Coruña)[/box]

Datos y consejos para viajar por Marruecos

[box border=”full”]Aclaración: Esta guía está basada en mi experiencia de viaje por Marruecos durante febrero y marzo de 2012. Estuve casi dos meses recorriendo el país, de mochilera y con bajo presupuesto: todos los lugares que menciono son lugares que visité, y todos los precios que pongo son los que yo personalmente pagué. [/box]

“Bienvenidos”

Junto con “Inshallah” (Si Dios, o en este caso Alá, quiere), “Bienvenidos” será una de las palabras que más escucharán durante su viaje por Marruecos. Marruecos es uno de esos países que te sacuden, que te golpean, que no te dejan indiferente. Por momentos es África pura, por momentos parece Asia (por sus colores, sus aromas, su vida callejera), por momentos se asemeja al imaginario colectivo que tenemos de “Arabia” y sus mil y una noches

Es un país repleto de estímulos, de colores y de “micromundos”: hay medinas blancas frente al mar que se parecen (según me contaron) a Grecia, hay cuevas con familias nómadas que viven en las montañas, hay ciudades alocadas e híper turísticas, hay pueblitos perdidos y silenciosos, hay medinas medievales, hay nieve (sí), hay mucho sol (dicen que Marruecos es un país frío con un sol muy fuerte), hay té a la menta a toda hora, hay regateo, hay hospitalidad, hay insistencia… Marruecos es un país que me fascinó y me agotó a la vez, y un lugar al que volvería sin dudarlo.

Acá les dejo algunos datos prácticos para organizar su viaje. Si quieren leer mis relatos de viaje por Marruecos, vayan al final de este post y elijan el que más les guste.

Cómo llegar

Barco: Yo crucé a Marruecos en barco desde el sur de España. Hice el cruce Tarifa – Tánger (tardé alrededor de una hora) y pagué € 33. Hay dos empresas de ferry que realizan el cruce desde ahí, una cuesta € 33 y la otra € 35 (ambos de ida). Compré el pasaje en el momento sin problemas en el puerto (les recomiendo hacer eso). Una vez en Tánger, caminé hasta la medina (la “ciudad vieja”) y busqué alojamiento ahí. También pueden hacer el cruce Algeciras – Ceuta.

Avión: Se puede llegar a Marruecos en avión. Los vuelos baratos que salen de Europa llegan, en su mayoría, a Marrakech. Yo pagué unos € 80 para volar de Marrakech de vuelta a Barcelona (con Vueling), pero lo saqué bastante sobre la fecha. Si buscan con tiempo, pueden encontrar pasajes mucho más económicos. Acá les cuento Cómo comprar un pasaje bueno bonito y barato por internet.

¿Necesito visa?

Si sos argentino o tenés pasaporte de la comunidad europea NO necesitás visa para ingresar a Marruecos y podés quedarte hasta tres meses. Si sos de otra nacionalidad, chequeá esta web: Do you need visa?

Salud y vacunas

A mí no me pidieron el Certificado Internacional de Vacunación en ningún momento. No me puse ninguna vacuna nueva, ya que las tenía dadas de antes para mi viaje por Asia. Estrictamente hablando, la única vacuna “obligatoria” por la OMS es la de Fiebre Amarilla, aunque en Marruecos, según leí, pueden pedirles el certificado de la vacuna de cólera.

Igualmente antes de irse de viaje a cualquier parte del mundo les recomiendo visitar a su médico de cabecera o ir al sector de “Medicina del viajero” de su hospital más cercano u obra social para asesorarse. ¿Quiéren saber si llevar seguro médico o no? Entonces lean este post y decidan. Pero mi respuesta es sí, lleven. A mí no me pasó nada (más allá de que tuve sabañones en los dedos durante semanas —historia para contar en otro post—), pero uno nunca sabe.

No tomen agua de la canilla, las botellas de agua mineral son muy baratas y más seguras.

¿Hace frío o calor?

Todos imaginamos Marruecos como un lugar muy caluroso (¡es África! ¡Seguro que hace calor!). Sí, pero no se confíen demasiado. Yo fui en invierno (diciembre a marzo) y pasé mucho frío (¡nevó y todo!), especialmente de noche y dentro de las medinas (están construidas de tal forma que no permiten que el sol pase demasiado, entonces son bastante frescas).

Marruecos tiene varios climas:

  • En la costa (el norte y el oeste del país) el clima es moderado y subtropical, con vientos frescos del Mediterráneo y del Atlántico. En invierno (diciembre a marzo) el norte del país es lluvioso y húmedo.
  • En el interior las temperaturas son más extremas: los inviernos son muy fríos (en el Atlas, la cadena montañosa central, la temperatura llegan a bajo cero y hay nieve) y los veranos son muy calurosos (arriba de 38°C).

Así que si me preguntan cuál es la mejor época para ir, yo diría que en primavera (fines de marzo, abril), cuando ya no hace tanto frío y todavía no hace tanto calor.

Esta foto de nieve en Marruecos es real!

¿Hay internet en todos lados?

En general , todas las ciudades tienen cibers y algunos restaurantes turísticos y hostels tienen wi-fi. Dudo que consigan internet en el medio del desierto (a menos que se compren un USB de esos que te da internet usando la señal del celular), pero tampoco lo necesitan. :)

¿Qué enchufe usan?

En Marruecos se usa el enchufe “europeo” (ver foto). No se preocupen demasiado ya que pueden comprar un adaptador allá en cualquier mercado y muy barato (por un euro o menos).

¿Qué idioma hablan?

Una de las cosas que más me sorprendió de los marroquíes es su “poliglotismo” (si es que existe la palabra). Hablan muchísimos idiomas y muy bien: los oficiales son el árabe, el tamazight (lengua bereber) y el francés. En el norte, además, es común que también hablen castellano (ya que fueron colonia española) y en el centro y sur es más común que hablen francés o inglés, así que con esos idiomas van a andar bien. Nunca está de más aprender palabras en el idioma local como por ejemplo “la, shokran” (no, gracias) o “salam alaikum” (el saludo tradicional).

Lo importante: el presupuesto para los tres gastos básicos
(alojamiento + transporte + comida)

[box]El objetivo de este apartado es ayudarlos a ahorrar (¡para poder viajar más!), así que los precios que les doy acá son los más baratos (o por lo menos lo más barato que conseguí, tal vez si regatean lo consiguen por menos). Si quieren viajar con más comodidad y/o lujos, tendrán que pagar más.[/box]

– La moneda que se usa en Marruecos es el [highlight]dirham[/highlight]. El cambio (junio de 2012) es [highlight]1 euro = 11 dirham / 1 usd = 9 dirham[/highlight]

– Probablemente crucen a Marruecos desde España, y si es así les recomiendo viajar con euros y/o dólares y cambiarlos allá, una vez que están en Marruecos, ya que el cambio siempre será más favorable. (Ya sé que en Argentina estamos en un momento complicado para conseguir moneda extranjera. Muchos me escribieron para preguntarme pero la verdad es que no tengo la solución todavía.)

– Dentro de las medinas no hay muchos bancos ni casas de cambio, ya que estos están casi siempre en las Ville Nouvelle o parte nueva de la ciudad. Hay bastantes cajeros electrónicos.

1) Alojamiento: 

Las opciones de alojamiento más baratas siempre están dentro de las medinas (y son hostels o pensiones tradicionales). [highlight]Lo más barato que pueden conseguir es entre 3 y 6 euros la noche por persona (¡regateen duro!).[/highlight]

[box border=”full”] Aclaración: ¿Qué son las medinas?

Las ciudades de Marruecos generalmente se dividen en dos sectores: la medina (el casco antiguo, la ciudad vieja y tradicional, generalmente rodeada de una gran pared o muralla y sin tráfico de automóviles en su interior) y la ville nouvelle (parte nueva de la ciudad, más “moderna”, con más edificios y restaurantes “de moda”). Lo lindo de Marruecos es vivir las medinas y su ambiente de otra época. [/box]

Algunos tips:

  • Una cama en una habitación compartida de un hostel les va a costar alrededor de 40 – 50 dirham / € 4 – 5 (a veces un poco más y con desayuno incluido, a veces un poco menos).
  • Una habitación privada para dos personas en cualquier pensión (hotel barato) está entre 40 y 80 dirham por persona (de 4 a 8 euros).
  • Si están viajando sol@s y quieren una habitación privada (y barata), tendrán que pagar de 60/80 dirham para arriba (de 6 a 8 euros).
  • Tengan en cuenta que los alojamientos en los que paguen estos precios casi siempre tendrán el baño afuera, compartido.
  • Muy importante: antes de quedarse pregunten si hay agua caliente y si está incluida en el precio, ya que muchas veces hay que pagar 10 dirham (€ 1) extra por usar la ducha.
  • Hay ciertas posadas que ofrecen, además de la habitación, “media pensión” (desayuno + cena) y/o  “pensión completa” (desayuno + almuerzo + cena). Por media pensión van a pagar, como mínimo, 120 o 150 dirham por persona (unos 12 o 15 euros). Esto es común en ciertos lugares como Merzouga (el desierto) o el valle del Todra donde los hoteles están “en el medio de la nada” y no hay lugares cercanos para ir a comer.
  • Hay hoteles que tienen terrazas abiertas con colchones o carpas donde pueden dormir (en verano) por 25 dirham (€ 2.5). Pregunten. También hay hoteles (baratos) que alquilan los sillones de sus salones de té por un precio menor al de una habitación.
  • Yo no acampé nunca, pero leí que casi todas las ciudades y pueblos tienen áreas para acampar, aunque están medio alejadas del centro. En las zonas rurales pueden pedirle permiso a la gente local para acampar en sus terrenos.
  • Otra opción más que válida es hacer Couchsurfing y alojarse de manera gratuita en la casa de un marroquí (doy detalles de esto más abajo) o alquilar un apartamento a través de Wimdu o Airbnb y alojarse con los locales.

Salón común de un hostel en Marrakech (el más barato que encontré en internet, súper lindo!)

B) Comida

La comida en Marruecos es barata. Les recomiendo probar la comida callejera, es muy rica y más barata aún. [highlight]Si buscan precio, van a gastar unos 5 – 10 euros al día por la comida (van a gastar 5 si, por ejemplo, comen sandwiches baratos más de una vez al día).[/highlight]

Algunos precios típicos:

  • Los menúes en los restaurantes turísticos empiezan en 50 dirham (€ 5) (entrada, plato principal, postre). TIP: pregunten si pueden comer “medio menú” —solamente el plato principal, sin la entrada y el postre— por 25 dirham.
  • Un desayuno en un restaurante turístico está entre 20 y 25 dirham (€ 2 – 2.5).
  • Agua de 1.5 litros: 3 dirham (en el supermercado), 5/6 dirham (en la calle)
  • Kebab: alrededor de 18 dirham
  • Hamburguesa: alrededor de 13 dirham
  • Pan casero con queso: a partir de 2 dirham (según el tamaño del pan y la cantidad de queso)
  • Sandwich: entre 6 y 20 dirham (según el tamaño y los ingredientes)
  • Café, té o chocolatada en un bar: 5 dirham
  • Yogur bebible mediano: 5 dirham (en un kiosko)
  • Facturas y cosas dulces: de 2 a 4 dirham por unidad (un croissant, por ejemplo, cuesta 2 dirham)
  • Harira (sopa marroquí): 3 dirham
  • Plato de couscous: 30+ dirham
  • Plato de tajine: 35+ dirham
  • Pan: según el tamaño, entre 1 y 2.50 dirham por unidad
  • Crepe con miel: 3 a 5 dirham
  • Vaso de jugo de naranja: 4 dirham
  • Pizza mediana de muzarella: 20 dirham

Sandwich típico

C) Transporte

Si quieren ahorrar, les recomiendo viajar siempre en los medios de transporte local y no en los turísticos. Para ir de un pueblo o ciudad a otro las opciones son:

  • buses (están los baratos —que salen de la estación local a toda hora y van frenando en los pueblitos intermedios— y los “turísticos” como Supratours y CTM que son un poquito más caros pero van directo)
  • trenes (es lo más cómodo, aunque no cubren todo el país)
  • grand taxi (taxis compartidos —de hasta 10 personas— para ir de un pueblo a otro cercano. El precio se divide entre la cantidad de pasajeros)
  • dedo (cuando los suban pregunten de antemano si les cobran o no, porque en Marruecos casi todo se cobra)
Algunos tips:
  • Para moverse dentro de las ciudades, lo mejor es caminar, ya que todo está cerca. Dentro de las medinas, además, casi no hay transportes motorizados (excepto motos o bicis).
  • Cuando lleguen a la terminal de buses se les van a abalanzar para venderles pasajes “a buen precio”. Tengan en cuenta que siempre les van a querer cobrar un poco de más, porque esas personas trabajan por comisión. Lo mejor es ir directamente al mostrador de la empresa de buses que viaje al destino al que quieran ir y comprar el pasaje ahí mismo en ventanilla.
  • Para calcular los precios de cada viaje tengan en cuenta que la hora de trayecto en bus cuesta entre 12 y 15 dirham y la hora de tren cuesta entre 20 y 25 dirham (clase económica)
  • El extra por el equipaje: cada vez que tomen un bus local les van a cobrar un extra por el equipaje. Supuestamente, si el equipaje es chico te cobran 5 dirham y si es grande, 10 dirham. Si van con una mochila no deberían pagar más de 5 dirham. 

Estación local de buses

4) Otros gastos

– Si quieren estar comunicados con la gente local (para, por ejemplo, hablar con sus hosts de Couchsurfing) les recomiendo comprarse una tarjeta SIM local (recuerden que hay que tener el teléfono desbloqueado). La tarjeta cuesta 30 dirham (€ 3) y viene con 10 dirham (€ 1) de crédito. Después cada recarga les costará 10 dirham.

– Excursiones: hay muchíiisimas excursiones para hacer en Marruecos, algunas que valen la otra y otras que no tanto. Generalmente un guía local les va a cobrar entre 100 y 200 dirham (€ 10 − 20) por día para llevarlos a algún lado.

– Ir al desierto: ir en dromedario a las dunas de Erg Chebbi y pasar la noche en una jaima les va a costar, como mínimo, € 20 por persona por noche (con comida incluida).

[box]IMPORTANTE: El regateo

Todo, absolutamente todo, se regatea. En Marruecos no hay precio que no sea negociable, y en muchos casos (como en los mercados) los vendedores esperan que el cliente regatee. Lo más común es que pidan de más (a veces el doble, el triple o hasta cinco veces más) para darle pie al regateo. Les juro que es un deporte nacional. No tengan miedo de pedir rebajas y de negociar, siempre con respeto y buen humor. Y una cosa: si pelean por un precio y al final lo consiguen, compren el objeto en cuestión, ya que está muy mal visto regatear, “ganar” y después irse sin comprar nada. [/box]

[box]IMPORTANTE bis: La propina

En Marruecos es muy común que les pidan propina por todo. Ejemplo: estás perdido en la medina, alguien te ayuda a encontrar el camino: propina. Estás buscando un hostel, alguien te ayuda a encontrarlo: propina. Estás recorriendo la medina, alguien se pone al lado tuyo para oficiar de guía no oficial: propina (cuidado, la policía de Marruecos no permite que haya guías no oficiales, así que si ven a alguno de ellos caminando con ustedes, lo van a detener y llevárselo).

Les recomiendo dos cosas: una, que le aclaren al marroquí que se les acerque que no le van a pagar más de “x” cantidad de dinero por “su servicio”; o dos, que le digan, directamente, que no le van a pagar nada y que si quieren ayudarlos a encontrar el lugar bien, y sino se las arreglan solos (digo esto así porque llega un momento, después de viajar durante varias semanas por el país, en el que esta cuestión de la propina empieza a molestar un poco).[/box]

Mujeres que viajan solas

Yo hice la mayor parte del viaje con mi amigo Andi y la última semana recorrí algunas ciudades sola. Cuando iba con Andi los hombres ni me hablaban, algunos me miraban de reojo y me susurraban cosas en árabe cuando les pasaba al lado (lo juro), pero generalmente no me prestaban mucha atención (suponen que cualquier hombre y mujer que viajan juntos están casados y respetan eso). Cada vez que salía sola, se me venían encima para hablarme.

Mujeres que viajan solas: tengan cuidado pero tampoco sean paranoicas. Cuando vayan solas por la calle probablemente escucharán el “coro marroquí” de hombres diciéndoles “hola”, “hello?”, “cht cht”, “where are you from?”, “pssst”, “¿de dónde eres?”, “chau guapa” y cosas por el estilo. Lo mejor: ignorarlos. Otra opción: reírse y seguir caminando. Los hombres, además, se les van a acercar constantemente, las van a invitar a tomar té, a comer, a sus casas, a sus oficinas, a sus mercados, a caminar, a la playa, a donde sea, les van a ofrecer de acompañarlas a buscar hostel, a buscar restaurante, a buscar el monumento de turno, a buscar lo que ustedes necesiten. Probablemente les pregunten si están casadas, si están solas, hace cuánto están en Marruecos y cosas así. Si se sienten más cómodas, digan que están casadas y que se están por encontrar con su marido. Pueden ser pesados e insistentes, pero si ustedes se ponen firmes no pasa nada. Son buena gente y son respetuosos, pero también son extremadamente curiosos.

Ayuda mucho, por ejemplo, ir con ropa más larga o directamente vestirse de musulmanas. Si hacen eso, van a quedar como mujeres locales y lo más probable es que nadie les diga nada y que no les intenten cobrar de más de entrada.

Si les preguntan cómo se llaman, digan “Fátima”. :)

Algunos recaudos al hacer Couchsurfing

Hay muchísimas personas de Marruecos que están en Couchsurfing y ofrecen alojamiento gratuito, sin embargo lo que más me llamó la atención es que son todos hombres o extranjeros. Si sos mujer y estás viajando sola, leé muy bien las referencias de tus posibles anfitriones: yo encontré muchos perfiles falsos (de supuestas “chicas estadounidenses que viven en Marruecos” pero no saben casi escribir en inglés y no tienen dos fotos de perfil donde aparezca la misma persona) y también encontré varios casos de hombres que fueron acusados de querer abusar de sus huéspedes. Fueron los menos, pero hay, por eso digo que lean bien las referencias y se fijen a quién le piden alojamiento. Lo más probable es que tengan una experiencia más que positiva, especialmente en el desierto, donde está lleno de Couchsurfers (nunca me lo hubiese imaginado).

Otra cosa: hay muchos casos también de anfitriones de Couchsurfing que aceptan alojar viajeros pero, a cambio, intentan “venderles” su tour en camello, su excursión por algún pueblito o sus clases de lo que sea. Tengan esto en cuenta y no se sientan presionados a nada, ustedes deciden si quieren pagar a su host por algo así o no. Couchsurfing es una red de hopitalidad en la que no debería haber ningún interés económico de por medio.

Tomando el té en lo de un anfitrión

¿Puedo ir durante Ramadán?

El Ramadán es el mes de ayuno de los musulmanes y es uno de los momentos más importantes del año para ellos, ya que finaliza con los festejos de Eid al-Fitr. El ayuno se realiza todos los días durante un mes, desde que sale el sol hasta que se pone, y durante esas horas los musulmanes no pueden comer, beber ni fumar.

Yo no viví el Ramadán en Marruecos pero sí en Indonesia. Se puede viajar igual que en cualquier otra época, pero hay que tener en cuenta que muchos restaurantes van a estar cerrados al mediodía y que todo puede funcionar a un ritmo más lento. El ayuno no es obligatorio para quienes no sean musulmanes, pero por respeto es recomendable no comer ni beber en lugares públicos a la vista de aquellos que están ayunando. Tengan en cuenta que durante los festejos de Eid al-Fitr casi todo cierra durante una semana y los marroquíes se movilizan en masa de una parte del país a la otra para ver a sus familias.

Próximos Ramadanes:

  • 2012 (1433): 20 de julio a 18 de agosto
  • 2013 (1434): 9 de julio a 7 de agosto
  • 2014 (1435): 28 de junio a 27 de julio

¿Viajar de manera independiente u organizada?

Me llegan bastantes mails preguntándome si les aconsejo viajar de manera independiente por Marruecos o no. Yo hice el viaje por mi cuenta, junto con mi amigo Andi. Viajamos un mes y medio juntos y casi siempre fuimos contratando todo en el lugar, lo cual nos llevó bastante tiempo y horas de regateo, pero valió la pena. Contratamos excursiones para ir al desierto de Erg Chebbi (no les recomiendo meterse por su cuenta, necesitan dromedarios y alguien que conozca el terreno), al Valle de Todra y a las montañas de Azrou, siempre con guías locales. Andi se fue una semana antes y yo hice el último tramo sola. Marruecos me pareció un país seguro (tiene una de las menores tasas de homicidio del mundo), lo más agotador fue pelear para que no nos cobraran por todo, aprender a soportar el “acoso” de venta y tener que regatear sí o sí por cualquier cosa.

Dicho esto, creo que la decisión de hacer el viaje de manera independiente o no es personal. Si van con tiempo, con flexibilidad para adaptarse a los cambios y ganas de dejarse llevar por el azar, sí. Es una linda experiencia y los marroquíes son amables (a pesar de su alma de comerciantes). Si van por pocos días, no quieren viajar solos y quieren conocer varios lugares, existe la opción de contratar una excursión. Hay muchas empresas que ofrecen este tipo de viajes.

Lugares que conocí en mi viaje por Marruecos (y posts que escribí):

Nota: le pongo muchas horas de viaje, caminatas, investigación y trabajo a estas guías prácticas y te las ofrezco de manera gratuita porque es lo que a mí me hubiese gustado leer antes de viajar. Si te sirven para planificar tu viaje, por favor intentá reservar alguno de los siguientes servicios (vuelos / hoteles / Airbnb) a través de estos buscadores. Si lo hacés, me dan una pequeña comisión que no se suma al precio final de tu compra y que me ayuda a seguir viajando y publicando guías como estas. ¡Gracias!

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