Mis 9 años de viajera: cómo viajo ahora, cuáles son mis miedos, qué cosas me cansaron y qué aprendí en estos años

El 28 enero de 2008, con 22 años y la carrera de Comunicación Social recién terminada, salí de mi casa con un pasaje de ida a Bolivia, una mochila, un cuaderno y el enorme deseo de vivir viajando. Tenía miedo, tenía muchas más preguntas que respuestas y no sabía qué iba a ser de mí, pero estaba convencida de que tenía que intentarlo. Hace unos días, el 28 de enero de 2017, se cumplieron nueve años de aquel día en que decidí dejar todo (o llevarme todo) y probar si podía hacer de los viajes mi estilo de vida.

Festejé mi noveno aniversario viajero en una playa de agua transparente en Bali —no siempre tengo tanta suerte los 28 de eneros— junto con L, mi marido, y Nita, una amiga indonesia a la que no veía hacía 7 años. Viajamos casi dos horas en moto para llegar a esa playa y, como a mí las ideas se me ocurren cuando estoy en movimiento, en el trayecto hice un resumen mental de lo que transité durante estos últimos años. Como el año pasado no publiqué post aniversario, el de hoy vale por dos.

Acá festejamos.

Estas son algunas de las cosas que aprendí, que cambiaron y que siento después de nueve años de vivir viajando:

* Cada vez quiero viajar más lento (o pasar varios meses en un mismo lugar)

Miro para atrás y veo que mi manera de viajar cambió mucho. Cuando empecé estaba desesperada por conocer todo. ¿Qué querés ver en tu viaje? TODO. Me recorría un país entero en un mes, daba vueltas por un continente durante un año sin parar, me movía cada cuatro o cinco días, iba de hostel en hostel y trataba de no perderme nada de lo que creía que “tenía que ver y hacer”. Si me quedaba más de un mes en un mismo lugar era por necesidad, por amor* o por cansancio, porque estar quieta (o volver a un lugar que ya había conocido) me parecía perder el tiempo. No sé si será la edad (31+) o que la velocidad me agotó, pero ya no puedo —ni quiero— viajar así. Ahora, cuanto más lento me mueva, mejor. Y cuanto más tiempo pase en un lugar en el que me siento bien, mucho mejor todavía. Cuando recién empecé, para mí esto no era viajar, porque viajar tenía que ver con el movimiento y el cambio constante, no con la estabilidad ni la quietud (aunque fuese en un lugar distinto a Buenos Aires). Pero después de quedarme nueve meses en un solo punto del mapa (en Biarritz, Francia, entre el 2014 y el 2015) me di cuenta de que me también me gusta —y necesito— estar quieta, tener mi escritorio, mis alacenas, la panadería del barrio, el mar a una cuadra, mi biblioteca, un buzón. Me gusta frenar y descubrir un lugar nuevo de a poco, a través de las rutinas cotidianas, y a la vez poder seguir mirándolo con ojos de extranjera.

(*lo del amor, especialmente el desamor, lo cuento en mi libro “El síndrome de París”)

* Hay días en los que daría todo por tener un hogar fijo y días en los que no cambio este estilo de vida por nada.

En mis días malos, mis frases de cabecera son: “me quiero ir a mi casa” y “ya no quiero viajar más”. Suelo decirlas cuando las cosas no salen como esperaba, cuando no me siento bien en el lugar que estoy (o conmigo misma) o cuando nos toca mudarnos de casa o ciudad. Estoy muy cansada de moverme de un lado a otro, de tener que buscar alojamiento, de empacar y desempacar y empacar y desempacar, de no tener un escritorio propio (a veces ni siquiera una mesa) y tener que inventarme un espacio de trabajo todos los días, de tener que llegar a tiempo a un tren, de tener todas mis pertenencias en el piso. Hay días en los que dejaría todo sin pensarlo para establecerme en un lugar y no moverme nunca más, pero hay otros días en los que me miro de afuera, me doy cuenta de que estoy pasando el tiempo como yo quiero, donde yo quiero y con quien yo quiero y entiendo que más allá de los cansancios ocasionales, no cambio esta libertad de desplazamiento por nada. Supongo que esta es la lucha interna con la que tendré que convivir toda mi vida. Por lo pronto, estamos entre dos opciones: hacer base semi-permanente en algún lado y hacer viajes cortos, o movernos cada seis meses.

Primera carta que encontré en este viaje (en Bali)

* Lo principal en mi vida ya no es viajar sino escribir (y trabajar).

Pasé de ser mochilera a ser nómada digital, que es lo que siempre había querido lograr: poder trabajar de lo que me gusta desde cualquier lugar del mundo a través de internet y ganar lo suficiente para poder seguir moviéndome de un lado a otro. Y a mí lo que más gusta y lo que más me importa es escribir, llenar cuadernos, hacer libros y compartir las cosas que me pasan con el objetivo de motivar a quienes también buscan tener un estilo de vida distinto. Empecé a viajar como excusa para encontrar temas de escritura y ahora siento que el viaje se convirtió en el complemento ideal, pero ya no en lo central de mi vida. ¿Esto quiere decir que voy a dejar de escribir de viajes? Para nada, es una de mis temáticas preferidas, pero sí quiere decir que ahora me doy permiso para escribir acerca de otras cosas.

Mi oficina portátil

* Entendí que sostener este estilo de vida nómada requiere mucho trabajo y que cuanto más profesionalizo lo que hago, menos tiempo tengo para viajar.

Parece contradictorio pero es así: me fui de viaje para huir de la vida de oficina y los horarios fijos y ahora resulta que trabajo más horas que nunca. Haber creado este blog me trajo un montón de oportunidades laborales, me permitió publicar mis libros, escribir en revistas, trabajar con editoriales, ser oradora y dar talleres, entre otras cosas, y si quiero seguir por ese camino, si quiero seguir creciendo y publicando libros y dando talleres y siendo oradora y generando contenido y profesionalizando los viajes tengo que trabajar en eso todos los días. Y si además quiero tener la libertad de elegir dónde vivir y de moverme adonde quiera cuando quiera, tengo que trabajar todavía más. Lo bueno es que amo trabajar porque hago lo que me apasiona y mi trabajo tiene que ver con quien soy, lo malo es que cuanto más profesionalizo, menos tiempo me queda para viajar. Hay momentos en los que extraño viajar sin tecnología y en los que quisiera poder pasar un mes sin tener que conectarme a internet, responder mails, manejar mi tienda, prender un teléfono, revisar mi blog o publicar en redes sociales. En cualquier momento me pido mis quince días de vacaciones y me voy de viaje sin ningún tipo de pantalla en el equipaje (lo tengo pensado, pero para eso tengo que empezar a delegar más, que es algo en lo que ya estoy trabajando).

* Ya no viajo sola (ni quiero hacer todo por mi cuenta)

Viajé sola durante seis años y me encantó. Creo que todos/as deberían viajar solos/as alguna vez en la vida, para mí fue una de las experiencias más enriquecedoras y de crecimiento personal que tuve, y es algo que sigo y seguiré haciendo, aunque de manera más esporádica. Hace dos años y medio me enamoré de un francés que conocí viajando y tomé la decisión de empezar una vida nómada de a dos. Me encanta tener con quien compartir lo que voy viviendo, reírme todos los días, tener rutinas de trabajo en conjunto (él es programador), pero no deja de ser un cambio enorme en mi vida y, por eso, un aprendizaje constante. Estoy aprendiendo a tomar decisiones de a dos, a encontrar un punto medio entre lo que cada uno quiere, a ceder y a respetar los espacios del otro. Y aunque estemos viviendo la vida que ambos queríamos tener, seguimos sin ponernos de acuerdo en muchas cosas. Ejemplo:

—Quiero vivir frente al mar.
—Yo también.
—Quiero un océano con olas para hacer bodyboard.
—Ah no, pero yo quiero un mar calmo y transparente para poder nadar.
—Bueno, vamos a (equis lugar con mar intermedio).
—Pero no tiene ciudad.
—Mejor, a mí me gustan los pueblos.

Y así.

A la vez, siento que llegué a un punto en el que ya no puedo hacer todo sola, laboralmente hablando. Hace unos meses participé en uno de los talleres de Vero Gatti, mi amiga ilustradora, y la escuché decir una frase que me quedó grabada: “No se puede crecer solo”. Durante muchos años hice todo sola: viajé sola, creé mi blog sola, escribí sola, hice todo el proceso de publicación de mis libros sola, organicé mis presentaciones sola, manejé todo sola. Y llegué a un límite. Quiero seguir creciendo y me doy cuenta de que para eso necesito ayuda, así que estoy en proceso de formar mi equipo de trabajo y de abrirme a colaboraciones.

Me gusta ir por el mundo de la mano.

* Superé muchos miedos iniciales pero sigo siendo muy miedosa

Los miedos que tenía antes de empezar a viajar desaparecieron: ya no me da miedo viajar a otro continente, ni irme con un pasaje de ida sin saber cuál va a ser mi ruta, ni no saber de qué voy a vivir, ni tener que hablar con extraños, ni que me estafen, ni no saber el idioma. Pero el miedo en sí nunca se me fue, es como un virus que muta y evoluciona a la par mía y va reapareciendo completamente adaptado a mi forma de ser actual. Por ejemplo, ahora me da miedo que el avión al que me subo se caiga, que el mosquito que me pique tenga dengue, que me pase algo en las manos, estar andando en moto y que no funcionen los frenos, tener un accidente espectacular y nunca visto en un tobogán acuático y pasar a formar parte de la lista de freak accidents de la historia (épico), que a L le pase algo cada vez que entra al mar a hacer bodyboard, que la gente que quiero se muera y yo esté lejos. También me da miedo la depresión, empezar a escribir un texto, publicar un libro nuevo, que no me respondan un mail importante, ser tan vulnerable, la primera clase de un taller, los primeros minutos de una charla y cada proyecto nuevo que empiezo. (Debería dedicarle un post solo a los mieRdos). Los miedos son adaptativos y los odio, pero también creo que la vida consiste en superarlos y que sin miedo no habría desafíos.

* No me iluminé ni llegué al Nirvana

Viajar me trajo muchísimas cosas buenas y me enseño cosas de mí y del mundo que de otra manera tal vez no hubiese aprendido, pero yo sigo siendo la misma. Me enojo, tengo días de mal humor, días en los que no quiero hacer nada, días en los que me siento invencible, días en los que quiero esconderme debajo de la cama, días en los que no quiero hablar con nadie, días en los que se me da por charlar con todo el mundo, días en los que todo me viene bien y días en los que todo me cae mal. Vivir viajando no es la panacea y me molesta ver cómo a veces se muestra este estilo de vida como algo ideal, perfecto o fácil cuando no lo es (me parece hasta irresponsable, porque puede generar mucha frustración en quien decide vivir así pensando que se le solucionarán todos los problemas). Los problemas siguen existiendo y, al igual que los miedos, son adaptativos: vivir en movimiento constante genera conflictos internos que tal vez no aparecen en quienes siempre están quietos. Me pasó y se los conté. Y me seguirá pasando mientras siga estando viva.

De todo este proceso de enamoramiento – desilusión – desidealización – aceptación – madurez hablé en mi segundo libro (y Vero lo supo captar muy bien a través de sus ilustraciones)

* Cada vez me siento más orgullosa de no haber escuchado a los que me dijeron que no se podía vivir así

Cuando miro para atrás me doy cuenta de que todo lo que logré y todo lo que tengo en mi vida hoy fue gracias a que hace nueve años me animé a dar el primer paso y no escuché toda la negatividad que me rodeaba. Me dijeron que me iba a pasar de todo por viajar sola, que nunca iba a tener pareja ni formar familia, que me iba a morir de hambre, que no iba a conseguir trabajo, que no iba a poder vivir de la escritura, que seguro iba a ser una mantenida, que quería ser una hippie de por vida y todo lo que ya les conté muchas veces. Lo más fácil hubiese sido resignarme, darles la razón, quedarme en mi casa y seguir el camino socialmente esperado, por eso agradezco haberle hecho caso a ese impulso inicial y haberme animado a probar qué pasaba. Y aún si me hubiese ido “mal” viajando, la experiencia hubiese sido un éxito. A veces me pregunto cómo sería mi vida hoy si el 28 de enero de 2008 no me hubiese animado a subirme a ese colectivo.

Y a veces no puedo evitar sentirme así:

* Y, por último, antes pensaba que para vivir viajando había que dejar todo. Ahora pienso que la palabra clave es “llevar”.

Antes creía que para vivir viajando había que renunciar al trabajo o estudios, despedirse de familia y amigos, vender todas las pertenencias, ponerse una mochila, comprarse un pasaje de ida y empezar de nuevo. Ahora pienso que la clave no está en dejar todo, sino en llevarse todo lo que uno ya es (o lo que puede llegar a ser) y combinar eso con el movimiento: idear un trabajo que se adapte a nuestra pasión, talentos y capacidades y hacerlo a distancia (en lo posible) o físicamente en otra parte del mundo, seguir estudiando por internet (gracias SkillshareCreativebug y Duolingo por existir), formar comunidades de amigos y colegas online y offline, mantener el contacto con las personas cercanas y seguir siendo quien uno es, aún estando de viaje. No hay que convertirse en otra persona para vivir viajando, tampoco hay que ser millonario o superhéroe. En estos años conocí a muchísima gente que vive así y lo que vi que tenían en común es que todos buscaron la manera de combinar lo que les apasiona con el movimiento, e invirtieron sus energías, recursos y tiempo en lograr ese objetivo. Y esa, creo, es una de las pocas maneras de lograr que este estilo de vida sea sostenible en el tiempo. Si antes decía que viajar debería ser una materia obligatoria para recibirse de humano, ahora digo que también debería ser obligatorio descubrir nuestro talento, ser fieles a lo que nos apasiona, no escuchar a los que dicen que no se puede y tener la libertad de elegir cómo queremos pasar nuestro tiempo.

Felices 9 años a mí y felices (casi) 7 años a mi blog. Les dejo algunos videos que me gustan:

(Si quieren seguir indagando en esto de “encontrar su pasión” les recomiendo el libro “El elemento” de Ken Robinson.)

Y el video que más me hizo reír el año pasado:

Cosas que me inspiran (2): creatividad y otras cuestiones

[box type=”star”][wc_fa icon=”slack” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] Una dosis quincenal de videos, libros, charlas, películas, series, citas, personas y otras cosas que me inspiran. Puede que ya las conozcan, puede que no todas les gusten, pero tal vez encuentren una y digan “ajá! esto me cae en el momento justo”. Es la idea.[/box]

[highlight]1. #CREATIVIDAD: Los libros de Keri Smith[/highlight]

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La descubrí en alguna librería de España. El primer libro que vi de ella fue “Destroza este diario” y me llamó la atención. Me gustan mucho los libros que se pueden intervenir, que proponen juegos para nosotros, los lectores, y que hacen que cada copia sea única. Keri Smith, la autora, es una artista e ilustradora canadiense, y todos sus libros tienen algo en común: buscan fomentar la creatividad. Hace unas semanas, en un viaje híper-relámpago por Madrid, pasé por dos de mis librerías preferidas y me encontré con la colección completa. Los miré y pensé no puedo, los quiero todos, ma’sí, ahora que estoy viviendo en un lugar puedo tener libros, cuando los termine los mando por correo. Y me autorregalé estos tres. “Cómo ser un explorador del mundo” propone un montón de experiencias para cambiar la mirada: buscar texturas en la calle, hacer un mapa de sonidos, coleccionar objetos y experiencias, crear ecosistemas. “The pocket scavenger” invita a tomarse la vida como una búsqueda del tesoro y propone encontrar 72 cosas y documentarlas, entre ellas hojas de árboles, papeles escritos, nueve círculos, una pieza de rompecabezas y algo que tenga un agujero. Y “Acaba este libro” nos pide que seamos detectives y llevemos adelante distintas pruebas para poder terminar de escribir ese libro. Más que recomendados.

Web: kerismith.com

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[highlight]2. #FOTOGRAFÍA: Mitchell Kanashkevich[/highlight]

Fotografía: Mitchell

Fotografía: Mitchell Kanashkevich

Descubrí su trabajo en la web Digital Photography School (que también recomiendo, está repleta de información y tutoriales de fotografía) y me enamoré de sus imágenes. Mitchell Kanashkevich es fotógrafo de viajes y se dedica a documentar la vida de la gente en Asia y Europa del Este. Saca las fotos que a mí me encantaría poder sacar algún día. No les voy a decir más, entren a ver su web. Tiene, además, muy buenos ebooks de teoría y práctica de fotografía.

Web: mitchellkphotos.com

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[highlight]3. #MÚSICA: Zaz – Je veux[/highlight]

Zaz es una cantante y compositora francesa que mezcla estilos como el jazz, el soul y la acústica. Es conocida por este tema, “Je veux”. Yo lo escucho y me da escalofríos. Lo comparto con subtítulos en español para que puedan leer la lindísima letra que tiene. Y van a ver que no se lo van a poder sacar de la cabeza por varios días.

Quiero amor, diversión, buen humor
no es tu dinero lo que me hará feliz
quiero morir con la mano en el corazón
Vamos, juntos, descubramos mi libertad
olvidemos entonces todos tus prejuicios
bienvenidos a mi realidad

(y en francés suena mucho mejor)

Web: zazofficial.com

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[highlight]4. #PROYECTO ARTÍSTICO: Pequeños grandes mundos [/highlight]

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Foto: Pequeños Grandes Mundos

Me acuerdo cuando Iván me contó su proyecto: “Me voy de viaje durante casi dos años para dibujar con todos los chicos que me cruce en el camino”. Era una idea simple, sólida y enorme. Me encantó. Hoy, Iván Kerner, ilustrador argentino, está en México llevando adelante su proyecto “Pequeños grandes mundos”. Ya dibujó con chicos de Argentina, Bolivia, Perú, Colombia, Cuba, entre otros países. Y todavía lo esperan Asia, África y Europa. Él es una muestra de que se puede viajar haciendo grandes cosas y que todo, por más enorme que sea, empieza con una idea. Y para lograrlo hay que animarse y trabajar. Nada más.

Web: pequeniosgrandesmundos.org (y miren el video que subió a su Facebook)

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[highlight]5. #CHARLA TED: “La escuela mata la creatividad”, de Ken Robinson: [/highlight]

Es la charla TED más vista de la historia y seguramente la conocen, pero véanla otra vez, véanla una vez por mes, compártanla con sus amigos, proyéctenla en colegios, muéstrensela a profesores y maestros, muéstrensela a sus hijos y a sus papás y a sus abuelos y a sus hermanos y a cualquier ser humano por el que sientan cariño.

Además de ser un excelente orador, Ken Robinson es uno de los educadores más importantes de la actualidad. En esta charla expone cómo el sistema educativo actual aplaca nuestra creatividad, no nos enseña a equivocarnos, no nos incentiva a usar nuestros talentos y no nos prepara para un mundo que está en cambio y evolución constante. Véanla: es una orden.

Más charlas: ted.com

Gira mágica y misteriosa por Liverpool

Antes que nada, esto:

Ahora sí.

*

Liverpool is the centre of the consciousness of the human universe
(Liverpool es el centro de la conciencia del universo humano)
Allen Ginsberg (poeta estadounidense), 1965

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“¿Para qué vas a ir a Liverpool?”, me preguntó M. con cara de ¿hace falta dejar Londres para ir a una ciudad en la que no hay nada? Es que no puedo estar en Inglaterra y no ir a Liverpool. Ya sé: Los Beatles ya no están ahí, todo lo que voy a encontrar va a ser el post-marketing de una banda que ya no existe en la vida real, no me voy a cruzar ni con Paul ni con Ringo ni con sus familiares o ex novias, no va a ser más que una ciudad que alguna vez fue la cuna de mis artistas preferidos. Pero no puedo no ir. Uno de los mandamientos beatles es irás a Liverpool al menos una vez en tu vida. Para nosotros es como hacer la peregrinación a la Meca. Así que entendeme: Liverpool me espera desde que nací.

Mentiría si digo que no fui con expectativas. Fui con todas las expectativas del mundo: no tanto de ver o hacer o encontrar algo en particular, sino de estar en el mismo espacio físico que alguna vez estuvieron ellos. Porque si los Beatles surgieron en Liverpool fue por algo: no surgieron en Buenos Aires ni en Tokio, sino en esa ciudad industrial inglesa que fue el lugar justo en el momento indicado. Porque en realidad no es que Los Beatles nacieron en Liverpool: Liverpool (al menos para mí) nació en Los Beatles.

Réplica de The Cavern en el museo Beatle's Story de Liverpool

Réplica de The Cavern en el museo Beatle’s Story de Liverpool

Tomé un bus desde Londres y casi seis horas después me bajé en la terminal de Liverpool y me encontré con Greg y Emilie, los chicos que me recibirían en su casa. Nos subimos a un tren urbano y unos siete minutos después aparecimos en las afueras, en una zona de fábricas, espacios abiertos y casas puestas en fila como fichas de dominó. En el camino vi una bicicleta BMX rota, tirada en medio de una calle vacía. Volví a verla los tres días que pasé por ahí, inmóvil. Greg —entremedio de su humor tan inglés, muy ocurrente pero siempre dicho en tono serio— me dijo algo que me quedó grabado: “Liverpool is raw” (Liverpool es un lugar crudo). “Esta ciudad tuvo muchos problemas sociales y de desempleo, pero hace un tiempo que está mejorando. No tiene nada que ver con Londres, yo me vine a vivir acá porque me parece más real y tiene mucha movida cultural. La gente no quiere quedar bien con nadie, pero a la vez es amigable. Ya vas a ver”.

Calle típica de los suburbios de Liverpool

Calle típica de los suburbios de Liverpool

Primeras imágenes de Liverpool.

Primeras imágenes de Liverpool.

Liverpool es una ciudad más linda e importante de lo que esperaba: tiene más de 800 años, varias zonas son Patrimonio de la Humanidad, fue nombrada la capital del pop y al ser una ciudad portuaria recibe inmigrantes de todas partes del mundo.

Liverpool es una ciudad más linda e importante de lo que esperaba: tiene más de 800 años, varias zonas son Patrimonio de la Humanidad, fue nombrada la capital del pop y al ser una ciudad portuaria recibe inmigrantes de todas partes del mundo.

Después de dejar las cosas en la casa, pensé: “No voy a ir hoy mismo a ver The Cavern, tuve un viaje largo y quiero descansar…” (nota: The Cavern es el bar donde tocaron Los Beatles durante sus inicios y donde fueron descubiertos por Brian Epstein, quien luego sería su manager). PF, QUÉ NO. “Por favor no me pidas que vaya a ver las atracciones beatles con vos, ya fui muchas veces con otros huéspedes y no es algo que me interese”, me dijo Greg. Enterado y entendido. Miré los precios de los tours Beatles —hay, como se imaginarán, todo tipo de tours en todo tipo de vehículos— pero me parecieron muy caros (por un momento tuve una lucha entre pero si ya estás acá no seas rata y pagá vs. estaré en Liverpool pero no voy a pagar por algo que puedo hacer sola), así que decidí hacer un recorrido temático autogestionado: sí, la gira mágica y misteriosa por Liverpool tenía que ser por mi cuenta.

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[highlight]* Primera parada: Matthew Street. “Vendí todos mis álbumes: no los quiero escuchar más”.[/highlight]

Cuando llegué al centro me recibió una gaviota. Cierto que esta es una ciudad portuaria, pensé, y ya me cayó bien la gaviota. A primera vista, me pareció una ciudad muy poco pretenciosa, y eso me gustó.

Fui derecho a Matthew Street, lo que debe ser la calle más comercial de la ciudad pero por una buena razón: ahí está ubicado The Cavern. Y cuando me encontré cara a cara con la escalera que bajaba al club donde tantas veces tocaron los Beatles sentí una emoción que hacía tiempo no sentía por nada. Bajé saltando, sonriendo, temblando y me encontré con ese escenario de techo redondo tan reconocible, que vi tantas veces en fotos y en videos en blanco y negro. Había un hombre tocando temas de los Beatles (obvio): The Cavern tiene música en vivo todos los días casi a toda hora. Si son fans de los Beatles vayan a The Cavern (segundo mandamiento beatle: entrarás a The Cavern y te quedarás escuchando a la banda que esté tocando). Mi visita a Liverpool valió la pena solo por ese momento, pero todavía faltaban más cosas.

Matthew Street.

Matthew Street.

Emoción!

Emoción!

El señor que estaba tocando temas de los Beatles

El señor que estaba tocando temas de los Beatles

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Estatua de John Lennon

Estatua de John Lennon

Y la estatua de Eleanor Rigby

Y la estatua de Eleanor Rigby

Salí a la calle y entré al primer beatle shop que vi: Bueno, acá es donde pierdo todo tipo de razón y me vuelvo una potencial compradora compulsiva de cosas que no me van a servir pero sin las que no sé cómo viví todos estos años. El lugar era una sobredosis de estímulos: Ahhhh! Un vestido con dibujos de Yellow Submarine. Ahh! Cajitas de lata con las tapas de los discos. Ahhh! Fotos de la época. AAAHHH! Muñequitos delantales valijitas botas imanes libros remeras tasas cajas más muñequitos tantas cosaaaas. Agarré, toqué, sacudí, miré, fotografíe y me probé todo lo que pude, pero lo único que me compré (no sé cómo me contuve) fue una cajita de lata con la tapa de Yellow Submarine. De fondo, no sé si hace falta decirlo, sonaban los Beatles.

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Sí, estos lugares son lo más comercial que hay, pero yo no puedo resistirme.

Se vende de todo.

Se vende de todo.

Las botas!

Las botas!

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Me puse a charlar con el vendedor. Me contó que trabajaba ahí desde 1985 (toda mi vida), es decir que hace casi 30 años que escucha a los Beatles todos los días.

It’s just background noise now. A few months after working here I sold all my Beatles records, I don’t want to listen to them at home. I don’t have any Beatles stuff, they were never my favourite band. (Son sólo ruido de fondo para mí. Unos meses después de empezar a trabajar acá vendí todos mis discos, no quería escucharlos más en casa. No tengo nada de los Beatles, nunca fueron mi banda preferida.)

Y sí, cualquier cosa en exceso termina saturando, supongo. Yo no sé si soportaría 30 años escuchando la misma música en repeat (por más que sean Los Beatles). Aunque a la vez se me vino la frase de la película El secreto de sus ojos: “Podes cambiar de vida, de casa, de novia, de familia o religion. Pero hay una cosa de la que nadie puede cambiar: de pasión”. Habría que ver qué pasa después de 10 950 días escuchando las mismas canciones.

Tuve que contenerme para no comprarme este bolso.

Tuve que contenerme para no comprarme este bolso.

[highlight]* Segunda parada: Strawberry Field. “¡Rejas de mierda!”[/highlight]

Al día siguiente busqué Strawberry Field en el mapa y seguí las indicaciones: tomé el tren a West Allerton y caminé media hora hasta las rejas. ¿Qué es Strawberry Field? Además de una de las canciones más conocidas de los Beatles (“Strawberry Fields Forever”), Strawberry Field era un hogar de niños del Ejército de Salvación, ubicado en uno de los suburbios de Liverpool, muy cerca de la casa de John Lennon. Parece que de chico, John jugaba con sus amigos en el parque detrás del edificio, e iba todos los veranos a la fiesta que organizaba el Ejército de Salvación en el jardín del lugar. De esas memorias surgió la canción. Strawberry Field cerró en el 2005 y hoy quedan las réplicas de las rejas de entrada.

Por acá caminé media hora

Por acá caminé media hora

Vi cosas en las ventanas.

Vi cosas en las ventanas.

Pasé por parques

Pasé por parques

Y llegué a las rejas de Strawberry Field

Y llegué a las rejas de Strawberry Field

:)

:)

Cuando llegué a las rejas me encontré con el Magical Mystery Tour bus, un bus que replica al de la película y hace un tour por los atractivos beatles de Liverpool. Cuando el bus y sus pasajeros se fueron, las rejas quedaron solo para mí. La vándala que tengo adentro quiso treparse y pasar al otro lado, pero mientras lo pensaba pasó un auto a toda velocidad y alguien desde adentro me gritó: “Shit gates!” (que sonó como shit gueeeeeeeitsss), es decir: rejas de mierda. Puede ser, si no fuese por los Beatles no me interesarían en lo más mínimo. Me reí sola.

El bus

El bus

Y pasé por este lugar que no recuerdo cómo se llama.

Y pasé por este lugar que no recuerdo cómo se llama.

De ahí me fui caminando hasta Penny Lane (sí, esa, la de la canción). En alguna parte del trayecto pasé por al lado de una cancha de fútbol donde un montón de pibes jugaban un partido. Seguí de largo y escuché: “Hey, pretty!” (“Ey, linda!”), y pensé: no debe ser para mí. Aunque no había nadie más. Seguí caminando y otra vez, con más fuerza: “Hey, pretty!”. Yo nada. Y no se daba por vencido: “HEY, pretty!”. Si hay algo que me causa gracia (y me encanta) es el acento de los scouser (así se le dice a la gente de Liverpool). Si escucharon a cualquiera de los Beatles hablar, ya lo conocen, y sino tengan en cuenta esto: se escribe Liverpool pero se pronuncia algo así como “livapu”.

Mensaje scouser que encontré en el tren.

Mensaje scouser que encontré en el tren.

[highlight]* Tercera parada: Penny Lane. “No vas a encontrar a los Beatles acá”.[/highlight]

Y llegué, por fin, a Penny Lane.

https://www.youtube.com/watch?v=62s-Jier2yI

Debe ser, junto con Abbey Road, una de las calles más famosas del mundo, pero lo que me gustó es que no había nadie cruzando el paso de cebra ni haciendo fila para sacar una foto. Era una calle común y corriente. La caminé de punta a punta; en el medio encontré un centro comunitario y entré. La mujer que estaba detrás del escritorio me preguntó si podía ayudarla a rotar un PDF en la compu, le dije que sí y lo hice. “Por ayudarme, te voy a mostrar las fotos de un proyecto en el que estamos trabajando”. Y estuvimos como una hora mirando fotos de Penny Lane, esa misma calle, a lo largo del tiempo, antes y después de los Beatles.

Se robaron tantas veces este cartel que ya no lo ponen empotrado a la pared.

Se robaron tantas veces este cartel que ya no lo ponen empotrado a la pared sino así como lo ven.

Esta es Penny Lane

Esta es Penny Lane

En la entrada del centro comunitario Penny Lane.

En la entrada del centro comunitario Penny Lane.

En el patio del centro comunitario

En el patio del centro comunitario

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Salí, caminé hasta la esquina, y me encontré con un policía vestido de naranja que estaba cortando el (poco) tráfico para que los chicos que acababan de salir del colegio pudieran cruzar. Inferí (porque era obvio, por la ubicación) que ese debía ser el colegio al que había ido John Lennon, así que fui a mirar. No me generó nada (supongo que lo mismo que si hubiese ido a ver los hospitales donde nacieron), pero fue un detalle de color. Volví a la esquina donde estaba el policía y él solo me empezó a hablar. Me preguntó si estaba buscando algo en particular, le dije que estaba haciendo un walking tour independiente de los Beatles. Me hizo señas de que me pusiera al lado de él (en medio de la calle, mientras cortaba el tráfico), extendió el brazo y empezó a señalar:

—So you see there, that’s the shelter in the middle of a roundabout. Down the road there’s St Barnabas Church, where Paul McCartney sung as a choir boy and then stood as best man when his brother got married. And that way, you already saw, is where John Lennon went to school. (Ves allá, ese es el refugio en el medio de la rotonda —nota: en inglés, esas son las palabras exactas que aparecen en el tema Penny Lane. Más allá está la iglesia St Barnabas, donde Paul McCartney cantó en el coro juvenil y luego fue padrino en el casamiento de su hermano. Y allá, de donde venís, está el colegio al que fue John Lennon).

Y agregó:

—Paul and John used to meet at the bus stop here to go together to the center of the town. But you won’t find the Beatles here anymore! (Paul y John se encontraban en la parada del bus para ir al centro de la ciudad. ¡Pero ya no vas a encontrar a los Beatles acá!)

No. Pero puedo seguir escuchando sus letras, y esta vez en el lugar donde surgieron…

El policía simpático que me hizo un free standing tour.

El policía simpático que me hizo un free standing tour.

Más negocios de Penny Lane

Más negocios de Penny Lane

Y la iglesia

Y la iglesia

Penny Lane is in my ears and in my eyes

There beneath the blue suburban skies.

Así era el cartel anterior (este está adentro de un bar9

Así era el cartel anterior (este está adentro de un bar)

[highlight]* Cuarta parada: una caminata por el centro. En busca de los seres mitológicos.[/highlight]

Más allá de tour Beatle —que seguí al día siguiente con la visita al museo Beatle’s Story, donde hay réplicas a tamaño real de The Cavern, el estudio de grabación de Imagine, el submarino amarillo, la tapa de Sgt. Pepper, entre otras cosas—, Liverpool me gustó mucho. Me pareció una ciudad bien inglesa, real, con mucho arte y gente amable. Tal como me había dicho Greg. Mi anfitrión, además, me propuso un desafío: “Hay unas criaturas mitológicas en Liverpool, no se sabe si existen o no. Emilie dice que las vio una vez. Son las roller girls, chicas que salen de su casa muy bien vestidas y con los ruleros puestos. Si llegas a ver alguna por favor decímelo”.

Todo lo que vi caminando por el centro de Liverpool.

Todo lo que vi caminando por el centro de Liverpool.

La zona del puerto.

La zona del puerto.

Una princesa

Una princesa

Dentro del museo Beatle's Story

Dentro del museo Beatle’s Story

El submarino amarillo

El submarino amarillo

Imagine

Imagine

Una calle de Liverpool

Una calle de Liverpool

Y otra.

Y otra.

Y otra...

Y otra…

Y un mensaje.

Y un mensaje.

Dediqué mi último día a caminar por el centro y alrededores. Fui al puerto, al museo y en general deambulé por ahí. Me llamó la atención que había grupos de gente muy bien vestida (como si estuvieran yendo a una fiesta de casamiento), y después me enteré que estaban yendo a ver las carreras de caballos (un deporte, para ellos, tan importante como el fútbol). Cuando se hizo de noche fui a tomar el tren para volver a lo de Greg, y mientras esperaba en el andén los vi: ruleros que se asomaban, con orgullo —como diciendo sí, acá estamos, no queremos escondernos ni quedarnos en casa—, del pelo de una chica. Y de otra. Y de otra más. Avistamiento de tres figuras mitológicas en un mismo lugar y a la misma hora. Enseguida le mandé un mensaje a Greg: “Existen. Acabo de ver tres”.

Y, satisfecha, me subí al tren que me llevaría de vuelta a los suburbios de Liverpool.

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[box border=”full”]Algunas cosas al respecto de Liverpool:

  • Si son fans de los Beatles, vayan, por el amor de dios, vayan. 
  • Van a ver que hay un montón de tours y visitas guiadas por la ciudad y por los atractivos beatles (incluyendo las antiguas casas de algunos de ellos). Los buenos tours me parecieron muy caros, y los baratos no tenían buenas referencias. Así que investiguen. Hay guías especializados en los Beatles que pueden contarles y mostrarles un montón de cosas que de otra manera se perderían, pero son caros, sobre todo si están solos (para grupos es más barato). Lo bueno es que se puede hacer un tour independiente: usen google maps y caminen mucho.
  • Tienen que ver Magical Mystery Tour, por más que sea una de las películas más bizarras, de momentos mala y la menos popular de los Beatles, tienen que verla (déjense llevar, aunque no entiendan nada de lo que está pasando, y escuchen esa música). En realidad tienen que ver todas (a mí me encanta Help!).
  • Un buen libro para leer durante este viaje es [eafl id=”21083″ name=”El elemento” text=”‘El elemento'”], de Ken Robinson (uno de los educadores y oradores más importantes e influyentes de la actualidad, nacido también en Liverpool). Si bien no tiene nada que ver con los Beatles (o sí, porque pone de ejemplo a Paul McCartney, entre otros), el libro de Ken Robinson los hará pensar en ese talento que todos cargamos y que tenemos que escuchar (¿qué hubiese pasado si los Beatles le hubiesen hecho caso a algún profesor o pariente que les dijo que nunca iban a poder dedicarse a la música?). Léanlo. [/box]

Sziget Festival (día 4): la marea

[box border=”full”]Entre el 11 y el 17 de agosto fui al festival Sziget en Budapest, uno de los eventos musicales y artísticos más grandes de Europa. En estos posts (que ya no son en tiempo real sino en tiempo irreal) hablo acerca de algún artista o detalle que me haya gustado (o no). Y casi siempre termino filosofando acerca de la vida en general, no sé por qué.[/box]

 

Ya sé: estoy haciendo trampa. Me hice la loca y dije que iba a escribir un post por día de festival (es decir siete posts en siete días) y al cuarto día abandoné la misión y me fugué de internet. La verdad es que no me dio el cuerpo ni la cabeza para seguir el ritmo de Sziget y a la vez ir a las clases de húngaro todas las mañanas (seré nerd pero vine a Budapest a estudiar húngaro y no quería descuidar eso). Los textos anteriores los escribí con pocas horas de sueño encima y me da miedo releerlos porque no sé si tienen mucho sentido. Así que voy de nuevo. Toma 2, ¡acción!

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El día 4 no llevé la cámara, así que las pocas fotos que saqué fueron con el teléfono (el resto son de los fotógrafos oficiales de Sziget)

Siempre me gustó leer las biografías de mis artistas preferidos. Me interesa saber cómo se criaron, dónde crecieron, qué les pasó de chicos, qué querían ser, cómo llegaron a donde están, qué experiencias tuvieron, en qué creyeron fallar. Vivimos en un mundo de resultados y en general conocemos a los artistas cuando ya están arriba, cuando ya son John Lennon o Gabriel García Márquez o Stanley Kubrick o Soda Stereo y nos olvidamos de que todos transitaron un camino que los llevó hasta ahí, todos empezaron con una idea, un talento, un sueño, una vocación, un impulso y fueron paso a paso. Hace un tiempo leí un post en el blog Zen Habits y ahora no puedo encontrarlo para citarlo pero decía, en otras palabras, que si salimos a correr y vemos a otro que está corriendo más rápido o mejor que nosotros no tenemos que sentir bronca ni envidia ya que no tenemos ni idea de qué proceso transitó esa persona para correr así (quizá está entrenando para una maratón, quizá acaba de terminar su rehabilitación y está feliz de volver a correr, quizá está corriendo rápido para no pensar en cosas que le hacen mal). Todos estamos en proceso de algo.

El cuarto día de Sziget fue uno de mis preferidos pero también el más agotador. No fui con tantas expectativas como los días anteriores: el lunes fui por Blink 182, el martes por Ska-p, el miércoles por Placebo. El jueves fui más bien a ver qué onda. Y tuve tanta suerte que vi en vivo a un dúo que ahora me gusta mucho: Macklemore & Ryan Lewis. Confieso que unos días antes los googlé para ver si conocía algún tema y cuando me encontré con Thrift Shop (lo pongo acá abajo) dije ¡ah, son ellos! y fui contenta (sin saber lo que me esperaba).

Macklemore (Ben Haggerty, nacido en 1983) es un rapero estadounidense que produce su música de manera independiente desde el 2000. Ryan Lewis (nacido en 1988) es un productor, músico, fotógrafo y DJ estadounidense que también produce sus propios álbumes y que trabaja con Macklemore desde el 2006. En el 2012 grabaron, produjeron y distribuyeron el álbum The Heist de manera independiente, sin ningún tipo de promoción mainstream, y llegaron al primer puesto en iTunes horas después de haberlo publicado. Sus videos tienen millones de vistas y miles de personas van a sus recitales, y todo sin sello discográfico de por medio (otra prueba más de que el contacto entre artistas y fans cada vez es más directo).

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Hay algo del hip-hop (la cultura de la que forma parte el rap) que me gusta mucho: supongo que es la importancia que tienen las palabras, las letras, en las canciones. Si bien es un género que no tengo explorado a fondo para nada, siempre me atrajo. En el show de Macklemore y Ryan Lewis había 85.000 personas (fue el día con más gente del festival) y si bien no me gustan (ni me motivan) las masas de gente así toda junta tengo que reconocer que fue una noche cargada de energía. Macklemore no solo cantó sino que se conectó mucho con la audiencia. Una de las frases que dijo y que más me gustó fue: “We need differences, we are products of something bigger, if we were all the same there would be no creativity” (“Necesitamos diferencias, somos productos de algo más grande que nosotros mismos, si todos fuésemos iguales no habría creatividad”). Ahí empecé a ver por dónde venía la mano.

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Foto: szigetfestival.com / Szemerey Bence

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Foto: szigetfestival.com / Szemerey Bence

Creo que si bien existen las biografías y las autobiografías y las memorias, los artistas escriben su historia a través de sus obras. Las letras de Macklemore y Ryan Lewis hablan acerca de temas que nos tocan a todos, están cargados de franqueza y apuntan a los conflictos más básicos y humanos de cualquier persona. La canción Ten thousand hours (Diez mil horas) hace referencia a un concepto del autor Malcolm Gladwell: “Una de las claves para tener éxito es practicar una tarea durante 10.000 horas”. Y Macklemore dice, por ejemplo: “I stand here in front of you today all because of an idea / I could be who I wanted if I could see my potential” (“Hoy estoy acá parado frente a ustedes todo gracias a una idea / Podía ser quien quería si podía ver mi potencial”); “The greats weren’t great because at birth they could paint / The greats were great cause they paint a lot” (“Los grandes no fueron grandes porque pudieron pintar desde que nacieron / Los grandes fueron grandes porque pintaron mucho”); “A life lived for art is never a life wasted” (“Una vida vivida para el arte nunca es una vida desperdiciada”); “I make my living off of words / And I do what I love for work” (“Me gano la vida con mis palabras / Y trabajo de lo que amo”); “Generation of kids choosing love over a desk” (“Generaciones de chicos eligiendo el amor antes que un escritorio”).

En Victory Lap habla, justamente, acerca del camino que transitó para llegar a donde está: “I remember the days with nothing but a bus pass” (“Me acuerdo de los días en que no tenía más que un pase de bus”); y acerca de ser un artista independiente: “But I got creative control and my soul is mine / I wouldn’t trade it, maybe I’m crazy” (“Pero tengo control creativo y mi alma me pertenece / No lo cambiaría, quizá estoy loco”), “Now a days make good music, the people are your label” (“Hoy en día hacé buena música, la gente es tu discográfica”). Y, por sobre todo: “Music is the only medium that I could find myself through” (“La música es el único medio por el que me puedo encontrar”). Cada cual se expresa como mejor le sale, unos usan la música, otros usan las letras, otros los colores, otros el baile, pero todos hablan de lo mismo, de todo eso que tienen adentro.

Las letras de M&RL me hacen pensar mucho en las historias y conceptos del libro El Elemento de Ken Robinson (del cual hablaré en otro post, porque me parece un libro fundamental y que todos tienen que leer): ambos hablan acerca de hacer lo que uno ama, ambos redefinen el concepto de trabajo y de educación. Ahora, quizá uno se pregunta por qué tanta gente fue a ver a esta banda. ¿Es una moda? ¿Es el género cool del momento? No sé, no creo, me parece que la diferencia la marca la autenticidad de lo que hacen. Una de las canciones más reconocidas del dúo se llama Same love (Mismo amor) y se convirtió en el himno a favor de la legalización del matrimonio igualitario: “Whatever god you believe in / We come from the same one / Strip away the fear, underneath, it’s all the same love” (“Sea cual sea el dios en el que creas / Todos venimos del mismo / Sacate el miedo, en el fondo, es todo el mismo amor”). Es la primera vez que un grupo de hip-hop habla acerca de la necesidad de respetar estos derechos.

El jueves fuimos una marea de 85.000 personas cantando acerca de temas que nos importan, acerca de temas que definen a esta época y a esta generación. Y cada vez me convenzo más de cómo está cambiando todo, cómo se está redefiniendo la realidad, cómo los conceptos de trabajar/amar/educar/vivir/(y viajar, por qué no) van tomando nuevos significados y dejan de estar encasillados en un solo modelo. Todavía hay muchos que dicen (y condenan): “Eso no es música”, “eso no es trabajo”, “eso no es amor”, “eso no es educación”. No quieren mirar hacia adelante ni dejar atrás estructuras que cada vez se vuelven más obsoletas y se alejan más de la naturaleza humana. Pero por suerte hay miles de personas cantando, escribiendo, pintando, bailando, pensando y haciendo lo posible para generar otra manera de mirar.

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