Les presento “Usted está aquí”, mi nuevo libro, pensado para leer y completar durante un viaje

“Usted está aquí” es un libro para leer y completar: tiene relatos de mis 10 años de viajes por el mundo, así como preguntas, consignas y sugerencias para que vos lo completes mientras viajás. Es una invitación a reconectar con el papel, a dejar de lado las pantallas y a vivir el viaje con todos los sentidos (y emociones). En este post te cuento cómo surgió, cómo lo fui armando y dónde se consigue.

No recuerdo en qué parte de Buenos Aires estábamos —no sé por qué se me viene  a la cabeza Puerto Madero— ni qué día era —inicios de 2017. Recuerdo que estábamos sentadas al aire libre, recuerdo el cielo azul intenso y el brillo del sol rebotando sobre una hoja de mi cuaderno. Recuerdo a mi amiga Estefi diciéndome: “Quiero que hagas un libro donde en cada doble página haya de un lado un relato tuyo y del otro una consigna para completar. Se lo voy a proponer a la editorial”. Recuerdo que me volví a casa pensando: “No puedo esperar para empezar ese proyecto”.

Los journals (o, dicho correctamente, los guided-journals) son libros que empezaron a hacerse conocidos gracias a “Wreck this journal” de Keri Smith. Son libros interactivos, guiados, en los que el autor propone y el lector completa. En general tienen consignas de escritura, dibujo, fotografía, ceatividad y/o preguntas de autoconocimiento. Por eso, cada ejemplar terminado es único y refleja la personalidad e intereses del lector, quien lo llena a su manera. En un journal no existen respuestas correctas o incorrectas.

Descubrí los guided-journals en el 2014, cuando viajé a Liverpool (para saciar mi Beatlemanía), entré a la tienda de un museo y me encontré con lo que llamé un libro-cuaderno titulado “642 things to write about”. Pesaba como medio kilo y tenía las páginas casi en blanco, y en cada una había 1-4 consignas de textos para escribir. Me lo llevé y lo cargué durante meses en mi supuesta mochila minimalista (“los libros no pesan” era mi mantra). A partir de ese momento me volví fan de los journals y empecé a comprar todos los que se me cruzaron en el camino.

Mis dos compañeros de viaje offline por Moscú (2018): mi journal “Mapa subjetivo de viaje” y un cuaderno en blanco

Unos años después, en el 2017, decidí crear “Mapa subjetivo de viaje”, mi primer journal. Lo hice por necesidad: no había encontrado un diario interactivo para usar durante un viaje, y por eso hice el mío, casi a medida. Unos meses después, cuando la editorial en la que trabajaba Estefi aprobó su idea, nos pusimos a trabajar en el que luego sería “Usted está aquí. Un diario para explorar el mundo”. Formamos equipo: Estefi como editora, Vero Gatti como ilustradora y diseñadora y yo como autora de los textos y las consignas.

Lo que más tiempo me llevó (y una de las cosas que más disfruté) fue encontrarle la estructura interna al libro. Sabíamos esto:

  • Queríamos que el libro hiciese un recorrido escrito por mis 10 años de viajes (es decir, que tuviese relatos en primera persona en casi todas sus páginas)
  • Queríamos que cualquier persona se lo pudiese llevar de viaje y completarlo, sin necesidad de irse de viaje durante meses o años (es decir, que tuviese preguntas y propuestas aplicables a cualquier viaje)

Algunos de mis cuadernos de viajes

Una de las primeras cosas que hice fue releer mis cuadernos de viaje. Eso me ayudó a ponerme en el lugar de mi yo del pasado, a recordar qué pensaba y sentía cuando empecé a soñar con viajar, qué miedos tenía, qué preguntas me daban vueltas por la cabeza. Quería descubrir qué de todo lo que había vivido viajando podía pasarle a cualquiera que se fuese de viaje. Pensé en las etapas que atravesé, pensé en las emociones que sentí, en las preguntas, los descubrimientos, las dudas, las desilusiones, las vueltas, los aprendizajes. Pensé mis viajes en verbos, y terminé con esta lista como guía:

Etapa 1: planear / soñar
Etapa 2: llegar / sorprenderse / descubrir
Etapa 3: adaptarse
Etapa 4: preguntarse / desilusionarse / sentir
Etapa 5: aceptar / apropiarse
Etapa 6: volver / aprender

En un viaje, por más corto o largo que fuese, casi siempre había pasado por esas etapas internas. Así que ordené los futuros relatos del libro en torno a ese eje: el viaje interior.

Finalmente, cada capítulo quedó así:

📍La primera parte es puro wanderlust: el deseo de viajar, las ganas de irse a otro lado, los planes, las decisiones, los miedos, las certezas.

📍La segunda parte tiene que ver con las primeras impresiones, la llegada a un lugar desconocido, los sentidos que se activan, el estado de asombro y sorpresa constante.

📍La tercera parte es la adaptación a rutinas ajenas: comer, dormir, transportarse en una cultura distinta, y todas las reflexiones e historias que esas actividades tan cotidianas pueden generar.

📍La cuarta parte es el lado B, las desilusiones, las preguntas, las dudas existenciales, lo que no sale como esperábamos.

📍La quinta parte es cuando aceptamos, cuando nos apropiamos del viaje, nos olvidamos de lo que “deberíamos estar haciendo” y lo vivimos a nuestra manera, siguiendo nuestros deseos personales.

📍Y la sexta parte es el regreso a casa y todos los aprendizajes con los que volvemos.

Este es el mini escritorio en Biarritz en el que escribí este libro

Escribí los textos y pensé las consignas todavía en Biarritz, a lo largo del invierno (dos de mis libros salieron de inviernos vascos), y Vero fue diseñando e ilustrando cada capítulo a medida que se los entregaba (todo desde su interpretación personal, la parte visual fue creada desde cero por ella). El proceso completo (hasta que tuvimos el libro impreso en las manos) duró dos años. Cuando el libro por fin estuvo listo para entrar a imprenta, la editorial argentina que iba a publicarlo entró en crisis y el proyecto se canceló. El plan original era que el libro estuviese disponible en todas las librerías, quioscos de revistas y (tal vez) aeropuertos de Argentina. Con la rescisión del contrato, eso cambió. Finalmente, Vero y yo decidimos publicarlo de manera independiente, al igual que el resto de mis libros.

¿Por qué lo titulamos “Usted está aquí”?

El objetivo de este libro es invitarte a estar presente, a vivir el aquí y ahora de un viaje.

Cuando no viajábamos con tecnología era más fácil (no quedaba otra), pero ahora la hiperconectividad, las transmisiones en vivo y la foto para Instagram pueden hacernos perder el foco de lo importante. Por eso, este libro te invita a desconectarte de la pantalla, a reconectar con los sentidos y a registrar el viaje (y lo que sentís) en papel, solo para vos.

¿Qué diferencias (y similitudes) tiene con “Mapa subjetivo de viaje”?

  • El eje es distinto: “Mapa subjetivo de viaje – Un diario para documentar lo cotidiano y lo extraordinario de tus viajes” es un journal creativo pensado para completar antes, durante y después de un viaje. El diario te invita a olvidarte de “los imperdibles” y de “lo que hay que hacer” y a viajar a tu ritmo, en torno a tus intereses y gustos personales. “Usted está aquí. Un diario para explorar el mundo” hace un recorrido por las distintas etapas y momentos internos de un viaje: los planes, los miedos, el asombro, la adaptación, las desilusiones, las preguntas, los aprendizajes, y te invita a ponerte en contacto con todo lo que te pasa por dentro mientras viajás. Si “Mapa subjetivo de viaje” invita a mirar hacia afuera, “Usted está aquí” invita a mirar hacia adentro.
  • Cantidad de consignas: “Mapa subjetivo de viaje” tiene más de más de 70 consignas creativas para completar con textos, imágenes o collages, y el objetivo es que cada uno lo llene de sus historias personales, emociones y momentos vividos. “Usted está aquí” tiene más de 50 consignas para completar, la mayoría de ellas para escribir.
  • El contenido es distinto: “Mapa subjetivo de viaje” no tiene relatos, yo casi no aparezco como autora (excepto en el Manifiesto inicial). “Usted está aquí”, en cambio, tiene relatos escritos en primera persona por mí a lo largo de casi todas sus páginas.
  • Las ilustraciones son distintas: “Mapa subjetivo de viaje” está ilustrado por María Luque, y “Usted está aquí” por Vero Gatti.
  • El objetivo es el mismo: ambos diarios nacieron como un homenaje a los viajes offline, slow y de autoconocimiento. Mi objetivo es que cada persona llene las consignas como quiera, cree un ejemplar único de cada diario y, a la vez, se conozca mejor, reconecte con el papel y explore el mundo (o su ciudad) desde su óptica personal.

Son diarios que se complementan. :)

[box type=star] Ficha técnica:

Título: Usted está aquí – Un diario para explorar el mundo
Escrito por: Aniko Villalba
Ilustrado y diseñado por: Vero Gatti
Editado por: Estefanía Romano
Género: libro de relatos ilustrado, con consignas para completar por el lector
Temáticas: viajes, creatividad, slow travel, mindfulness
Páginas: 168
Interior: dos colores (amarillo y negro), papel de 120 gr.
Tamaño: 20 x 14 cm
ISBN: 9789878609829
País: Argentina, 2019, publicación independiente

En todas sus páginas hay:
📍relatos de los 10 años de viajes de Aniko Villalba
📍ilustraciones de Vero Gatti
📍consignas y ejercicios creativos para que el lector complete durante su viaje

Por ser una edición independiente y autogestionada por las autoras, el libro NO se consigue en librerías, solamente a través de estos puntos de venta:

Pedilo ahora desde acá. Y, si querés compartir alguna de sus páginas o seguir su recorrido en redes, podés usar el hashtag #UstedEstaAquiDiario

Les presento mi primer journal: “Mapa subjetivo de viaje”, un diario para que ustedes completen durante sus viajes

¡Por fin! Estaba ansiosa por mostrárselos. Lo empecé a idear hace casi un año, en Bali, y después de mucho trabajo ya está listo. Con ustedes, mi primer journal creativo: Mapa subjetivo de viaje – Un diario para documentar lo cotidiano y lo extraordinario de tus viajes”.

¿Qué es un journal?

Sé que para muchos la palabra “journal” es una incógnita, así que les cuento de qué se trata. En inglés, journal significa “diario”, y se puede usar para referirse a un cuaderno en blanco o a un libro/cuaderno interactivo con consignas creativas para que el lector complete (como estos, por ejemplo: “Lista de journals para disparar la creatividad” y estos: “Journals para llevarse de viaje”). Los más conocidos en español son los de Keri Smith (autora de “Destroza este diario”), “Esto no es solo un diario” de Adam JK y la colección “642 cosas para escribir” de Chronicle Books. Yo soy muy pero muy fan de este género, y después de comprarlos y completarlos durante tres años decidí empezar a crearlos.

Mapa subjetivo de viaje es un diario interactivo con consignas y disparadores creativos, pensado para que te lo lleves de viaje y lo completes antes, durante y después de tu recorrido. ¿Por qué se llama “mapa subjetivo”? Porque así como yo una vez construí mi Mapa subjetivo de Biarritz, ahora les propongo a ustedes que llenen este diario de experiencias, historias, sensaciones y pensamientos y que llenen los mapas de cada lugar de significados personales y únicos.

¿Cómo se usa?

  1. Viajá. Cerca, lejos, por unos días, sin fecha de vuelta, a un lugar nuevo o a uno que conozcas de memoria. El destino es lo de menos. 
  2. Documentá: escribí, dibujá o inventá técnicas nuevas de documentación para llenar sus páginas. Las consignas son solo sugerencias, si alguna no te inspira, inventate otra. No hace falta que seas escritor ni dibujante ni fotógrafo, solo que tengas muchas ganas de dejar un registro visual y/o escrito de tus viajes.

 

Ejemplo de una doble página

 

Mapa subjetivo de viaje está dividido en 4 partes:

  1. El plan (mapa imaginario) -> con consignas y disparadores para que dejes por escrito todo lo que te pasa antes de salir de viaje
  2. El viaje (mapa de exploraciones) -> para registrar todo lo que vivís, pensás y sentís durante tu recorrido
  3. La vuelta (mapa de emociones) -> para seguir documentando una vez que volviste a tu casa
  4. Notas y recortes -> espacio vacío para que lo llenes de boletos, papeles, anotaciones, dibujos o lo que vos quieras guardar

Carátula de la parte 2

Este es su Manifiesto:

Y estas son algunas páginas del interior (que es a todo color! – hacé click para agrandar):

 

Las ilustraciones son de María Luque, una artista argentina que admiro mucho y que supo capturar desde el principio el espíritu del libro. ¡Gracias, María!

Gracias también a Vero Gatti, que me asesoró mucho en el diseño editorial, y a mi mamá que se encargó de que saliera súper bien impreso. ¡Ustedes lo van a ver en papel antes que yo! (Los ejemplares están en Bs As y yo en Francia).

Este es un libro muy especial para mí: es el primero que sale publicado bajo el sello editorial “Viajando por ahí” y el primero de una colección de journals para disparar la creatividad, ya sea de viaje o en casa.

Espero que los inspire a viajar a su ritmo, a observar todo, a coleccionar historias y momentos, a jugar, a divertirse y a hacer de su viaje algo único e irrepetible. Pueden compartir sus páginas en redes con el hashtag #mapasubjetivodeviaje. Y si saben de alguien que se esté por ir de viaje y a quien le pueda gustar completarlo, es una linda opción para regalar. <3 Apenas tenga el mío empezaré a completarlo!

[box type=info] Ficha del libro

Mapa subjetivo de viaje
{ Un diario para documentar lo cotidiano y lo extraordinario de tus viajes }

Género: journal de viajes (diario con consignas creativas)
Creado por: Aniko Villalba
Ilustrado por: María Luque
Páginas: 128
Interior: a color
Editorial: Viajando por ahí
Colección: Journals creativos
Edición exclusiva para Argentina[/box]

[box type=star] ¿Dónde se consigue?

Por el momento, “Mapa subjetivo de viaje” solo está a la venta en Argentina (ya que es la edición escrita en “argentino”, pronto haré la edición “neutra”) y se consigue a través de mi Tienda online (pronto estará disponible para el resto del mundo).

Si estás en CABA: podemos coordinar para que pases por nuestro domicilio a una cuadra del Alto Palermo (para eso, escribinos a tienda@anikovillalba.com).

Si sos del Interior: lo comprás a través de mi Tienda y te lo enviamos por correo (trabajamos con MercadoEnvíos, que llega en unos 3-5 días hábiles a tu casa). [/box]

El mapa de los días
(o Todo lo que cabe en un mismo lugar)

“Methinks that the moment my legs begin to move, my thoughts begin to flow.”

(Thoreau)

Hace unos días salí a sacar la basura —esta es la frase menos viajera de todo el blog— y me quedé mirando el mar. La casa que estamos alquilando por unos meses en Biarritz está a pocos metros de la playa de Port Vieux y en diagonal a la esquina donde L y yo nos dimos la mano por primera vez —a veces creo que estaba predestinada a quedarme acá—. Como quería despejarme un rato, me fui por una calle perpendicular y terminé en un parque que sube por una colina y tiene vista abierta al mar. No pisaba ese parque desde la primera vez que vine a Biarritz y me pregunté por qué nunca más había vuelto a pasear por ahí. A lo lejos vi un banquito al sol con vista a la Grande Plage y supe que ese sería mi spot cuando quisiera desconectarme por un rato. Desde ahí veo el faro, la piscine municipel y las mareas.

Mi nuevo lugar preferido

Esos somos L y yo! En Biarritz! Ilustrados y convertidos en cuaderno por los chicos de Marilú Cuadernos Alegres

También veo esto desde mi “spot”, si giro la cabeza.

Empecé natación otra vez. Hace un mes que voy a nadar dos veces por semana y cada vez que entro a la pileta me pasa lo mismo: el primer impacto con el agua le compite a los abrazos con L por mejor momento del día, pero hago dos piletas y pienso ohdiosmío ya me aburrí, cómo voy a hacer para aguantar más de 45 minutos acá adentro. En el agua no tengo libros, ni videos de youtube, ni paisajes, ni conversaciones, ni Netflix, ni cuadernos, ni mapas, ni ventanas que aceleren el tiempo o me distraigan de las repeticiones. Somos mi cuerpo, mi mente y yo en un loop que, mientras dura, parece infinito. Nadar es puro presente y si bien me parece el deporte más aburrido del mundo, lo practico desde que soy muy chica y es el único que mi cuerpo me pide —y mi cuerpo no es muy fan del deporte, la verdad—. Las idas y vueltas de la pileta me ponen en un estado meditativo. Nado, luego pienso, luego existo. Es un estado al que solo llego cuando camino durante al menos media hora sin plan ni apuro o cuando voy en un transporte por la ruta —no me estaría pasando lo mismo en un avión—.

Soy de las que necesitan el movimiento para pensar y sin embargo elegí uno de los trabajos más estáticos, que es escribir. Por más que parezcan actividades opuestas, nadar y escribir me resultan cada vez más similares: me cuesta tanto ir a nadar como sentarme a escribir —siempre hay una excusa o algo más importante que hacer—, pero cuando voy en contra de mis trolls mentales, cuando obligo a mi cuerpo a ir a la pileta o a sentarse en la silla, cuando entro en calor y voy agarrando el ritmo, ya no quiero frenar, me acuerdo por qué es que me gusta tanto hacer eso y me doy cuenta de que tanto en la natación como en la escritura, lo que cuenta, lo que hay que disfrutar, es esa práctica diaria —publicar, competir, son cosas que pasan de vez en cuando, como culminación de un entrenamiento largo—.

Casitas de Biarritz

La bajada a la Cote de Basques

Una de las cosas que más me cuesta hacer desde que decidí frenar es tener rutinas. Supongo que es la consecuencia de haber vivido 10 años de días todos distintos, sin horarios, con cambios constantes de escenario y sin demasiados planes a largo plazo (también es la consecuencia de ser una de esas personas que nunca puede hacer las cosas en orden, como leer un solo libro a la vez, estudiar capítulos de manera cronológica o usar los cuadernos de a uno). Así que estoy trabajando en eso, en tener hábitos. Desde que dije que me había cansado de viajar sentí que todo cambió de lugar, hubo una inclinación de algún eje planetario interior y tuve que realinearme en un sistema distinto, pasar de ser la viajera a ser otra cosa, permitir que todo a mi alrededor se reacomode para volver a funcionar en armonía. Si por diez años mi desafío fue vivir viajando, ahora es vivir escribiendo.

“Con la escritura hay que comprometerse” y “hoy voy a escribir” son mis dos mantras actuales. Los tengo escritos en papeles y pegados en la pared de mi escritorio compartido. No quiero olvidarme de lo que anoté en uno de mis cuadernos durante los tres meses que pasé —offline— en Buenos Aires: “Biarritz va a ser mi cuartito de escritura”, y por cuartito de escritura me refiero a un lugar al que iré solo para dedicarme a escribir, porque en Buenos Aires vivo de urgente en más urgente y me olvido de lo importante, de lo que quiero hacer ahora que estoy quieta. Siento que entré en la década de si vos no hacés que las cosas pasen no van a pasar, ya no vale el “dentro de un tiempo” o “seguro que en el futuro lo voy a hacer” (¿será cierto? ¿qué diré de mis 30 a los 40?).

Mi escritorio actual, cuando todavía no le había pegado tantas cosas en la pared

Cuaderno actual :)

Y un recordatorio diario (llavero de Adam JK)

Hace unos días encontré esto escrito en otro cuaderno, al que bauticé El cuaderno de las pequeñas observaciones cotidianas: “Cuando empecé a soñar con viajar, lo que más me atraía de ese estilo de vida era que mis días fuesen distintos. Durante casi 10 años lo fueron. Ahora que decidí frenar, tengo otro proyecto que me resulta igual de atractivo: diseñar mis días, crear el mapa ideal de mi cotidianidad. Puedo tener días distintos aunque esté quieta y aunque repita las mismas actividades: leer, escribir, aprender, enseñar, compartir. Son verbos expansivos, donde caben mundos enteros”. Así que acá estoy, aprendiendo a convivir con la quietud y todo lo que cabe en ella. Por ejemplo:

Todas las mañanas, cuando me despierto, lo primero que hago es fijarme si pasó el cartero. Él ya sabe quién soy (la que se pide cosas de Japón) y a veces, cuando L está fumando, le pasa los paquetes por la ventana. Otras veces los deja encajados en el buzón, sobresalidos.

Una vez por semana entro a la papeterie y miro todo.

Hay días que el mar tiene olas de tres metros y días que parece un lago. Cuando sale el sol, la playa se llena. (El viernes pasado hice mi casual Friday’s en la arena, metí los pies en el mar pero no el cuerpo entero).

El casual Friday’s

La Cote des Basques

Acá decoran el jardín público por Halloween (jamás lo hubiese imaginado)

Otra tarde miré el atardecer en la Cote des Basques en compañía de una amiga, cada una con una taza de té en la mano.

A veces hacemos asados con amigos argentinos y franceses y tomamos Fernet.

Si hay un cumpleaños, se festeja.

Hago journaling todos los días, decoro mis cuadernos, escribo con lápices de colores y pego cosas con washi tape.

Nos fuimos unos días a Londres porque había pasajes en oferta y no pude resistir.

Hay días en los que siento muchísimas ganas de acampar, de irme sin computadora ni teléfono ni nada y acampar durante diez días. Casi no viajo pero pienso en viajar.

La primavera duró hasta principios de noviembre. Todavía casi no llovió.

Cada vez que saco la basura me quedo mirando el mar. Me parece un sueño tenerlo tan cerca. Cuando sale el sol me voy a sentar a mi banco y me olvido por un rato del mundo.

El resto del tiempo nado o pienso en que tengo que ir a nadar, y también trato de convivir con la incomodidad de estar sentada, y escribo, o pienso que debería estar escribiendo.

Así es Biarritz vista desde el cielo


Aprovecho para contarles algunas novedades, ya que hace mucho que no vengo por acá:

* Ya lo mencioné en algún newsletter y red social, pero hace unas semanas registré Viajando por ahí como sello editorial. Por el momento es para seguir publicando mis libros pero bajo un nombre. Su primer título oficial será “Mapa subjetivo de viaje”, un journal de viajes (diario con consignas para que ustedes completen, ilustrado por María Luque) que en este mismo momento está en imprenta y sale a la venta en diciembre (¡ya avisaré! Si se quieren enterar, suscríbanse al blog). (Si te estás preguntando qué es un journal y para qué sirve, te invito a leer este post: Lista de journals para disparar la creatividad).

* Entre el 1 y el 12 de diciembre estaré en Medellín, Colombia. La primera semana voy de blogtrip y la segunda me quedo por mi cuenta para dar el Laboratorio creativo con Caro Chavate (taller de escritura y creatividad) y presentar mis libros.

* Hay ejemplares de mis libros disponibles en México, Costa Rica, Colombia y Uruguay (sin costo de envío o con un costo muchísimo menor). Ya no tenemos distribuidor oficial en Perú (si quieren más info me escriben por privado). Acá pueden ver todos los puntos de venta actuales.

* El año que viene empiezo con los cursos online. Este año en Buenos Aires di varios talleres presenciales de escritura y creatividad y creo que encontré mi verdadera vocación.

* Firmé contrato con la Editorial Atlántida para publicar mi segundo journal de viajes (muy distinto al que está por salir ahora), que saldrá a mediados del año que viene, así que estoy trabajando en eso.

* La semana que viene me voy a testear el viaje en tren de Barcelona a Lyon (sí, a testear, porque me contrataron de una empresa para viajar en tren y escribir acerca de eso).

* Si les gusta escribir, les recomiendo mucho el libro “Still writing”, de Dani Shapiro, su serie “Office hours” y esta columna de Leila Guerriero. También los invito a seguir el Instagram de escribir.me, mi blog de escritura creativa (pero solo si les gustan las washi tapes y aman los cuadernos).

10 consejos para futuros nómadas digitales

**Spoiler alert: se viene un post largo. Hacete un té y ponete cómodo.**

La primera vez que conocí a un nómada digital fue en la sala común de un hostel de Panamá City en el 2008. Yo recién llegaba de una caminata por el centro histórico y él estaba sentado frente a su laptop. Como suele pasar en los hostels, nos hicimos las preguntas típicas: de dónde sos, dónde estuviste, a dónde vas después, a qué te dedicás. No recuerdo su nombre, solo que era canadiense y que se presentó como periodista de viajes. Me contó que viajaba por el mundo hacía cuatro años y se financiaba vendiendo artículos a revistas y guías de viajes. “Voy a un lugar, busco una historia y le propongo la nota a varias revistas que encuentro por internet o con las que ya tengo contacto. Muchas veces no me responden, pero casi siempre hay alguna a la que le interesa comprar mi artículo. Con eso genero el dinero suficiente para poder seguir viajando y a veces hasta gano extra”.

Me quedé con la boca abierta. Me impresionó tanto que, un rato después, anoté todo el diálogo en mi cuaderno para no olvidarme nunca. No podía creer que fuera posible. Yo había salido unos meses antes de Buenos Aires con el objetivo de vivir así, de financiar mis viajes a través de la escritura, pero no conocía (al menos no personalmente) a nadie que lo hubiese logrado. El término “nómada digital” ni existía (o al menos no se conocía demasiado), había pocos blogs y esta idea de trabajar por internet era algo bastante nuevo. Él nunca lo supo, pero así como la chica boliviana del tren me inspiró a viajar en búsqueda de más experiencias de hospitalidad, el canadiense me demostró que era posible viajar y trabajar a distancia.

consejos para nomadas digitales vivir viajando

Hace unos meses, en un espacio de coworking de Bali, compartí mesa de trabajo con un brasilero y, en algún descanso, nos pusimos a charlar. Fue como en el hostel: de dónde sos, dónde viviste antes, dónde vas a vivir después, a qué te dedicás. “Soy nómada”, me dijo, y me lo tomé con total naturalidad. Me habló de asistentes virtuales, de las apps que usaba para trabajar, de las webs de economía colaborativa con las que se maneja, de sus negocios online.

Pasaron menos de diez años desde el encuentro en el hostel panameño y las cosas cambiaron mucho: hoy hay cada vez más gente que decide combinar un estilo de vida nómada con un trabajo a distancia o un negocio en internet. Durante estos nueve años conocí a muchos viajeros que viven así, y yo, en algún momento y sin darme cuenta, también muté de mochilera a nómada digital. Y como últimamente muchos de ustedes me escriben pidiéndome consejos para ser nómadas digitales, decidí hacer este post basado en las cosas que aprendí durante estos años de viajar lento y con mi oficina a cuestas. Ojalá les sirva. Ya saben que pueden dejar sus preguntas, consejos y experiencias en los comentarios. Y, no sé si hace falta aclararlo, pero todo esto está basado en mi experiencia y probablemente no sea igual para todo el mundo. Este es el primer post de una serie, así que dejo algunas cuestiones más prácticas para los próximos.

*

10 consejos para futuros nómadas digitales:

Primero hay que ver qué entendemos por “nómada digital”

1) Ser nómada digital es un estilo de vida, no una profesión (y no es necesario ser blogger de viajes para vivir así)

Un nómada digital es una persona que puede hacer su trabajo desde cualquier lugar del mundo a través de internet (por eso lo de “digital”) y que elige cambiar de locación cada cierta cantidad de tiempo. Muchos creen que para ser nómada digital hay que ser blogger de viajes o que esa es la única manera de financiarse una vida en movimiento. Entiendo la confusión: los bloggers somos la cara visible y es lógico que a veces parezca que somos los únicos que vivimos así. Pero no, la movida es mucho más grande y hasta me animaría a decir que los bloggers de viaje no somos mayoría. Ser blogger, además, siempre tiene una profesión o pasión por detrás que sostiene al blog y le da su razón de ser: la escritura, la fotografía, los videos, el dibujo. En mi caso tengo este blog porque amo escribir, pero mis ingresos provienen de la venta de mis libros, de mis conferencias y de mis trabajos de generación de contenido, no del blog en sí (al menos no de manera directa).

Hay muchos trabajos que se pueden hacer a distancia: programación, diseño web/gráfico/editorial, desarrollo de apps, consultoría, auditorías, asistencia virtual, clases online, fotografía, video, edición y corrección literaria/periodística, traducción, coaching, ilustración, venta online, atención al cliente, periodismo, escritura. Es cierto que no todas las profesiones se pueden ejercer a distancia (por ahora), pero el campo de posibilidades es cada vez más amplio. El primer paso para definir tu futuro como nómada digital es preguntarte qué te gusta hacer y cómo podés combinar eso con el movimiento (en el post “Reflexiones acerca de vivir viajando o ¿Cómo puedo financiarme en el camino?” hablo en más profundidad acerca de eso). Y el segundo paso es empezar a buscar gente que ya lo haga (preguntar, googlear y leer a más no poder) y aprender de su ejemplo. Por eso, no creas que para poder trabajar a distancia tendrás que abrirte un blog y dedicarte a eso (a menos que quieras, y en ese caso te dejo estos 10 consejos).

consejos para nomadas digitales vivir viajando

2) Tendrás que acostumbrarte a viajar mucho más lento (y enamorarte del concepto de slow travel)

En general cuando nos miran de afuera le prestan más atención al término “nómada” que a “digital”, como si lo de digital solo significara que llevamos una computadora en la mochila y la abrimos para chequear mails cuando nos aburrimos de abanicarnos con hojas de palmera o de ver otra maravilla del mundo. Yo me siento 25% nómada y 75% digital porque trabajo mucho más de lo que me muevo. Mi viaje, ahora, consiste en vivir en distintos lugares y en conocerlos desde mis rutinas cotidianas. Antes recorría un país en un mes, ahora prefiero quedarme tres meses en una misma ciudad o pueblo, pero llegué a este punto después de muchos años de moverme a distintas velocidades y de por fin darme cuenta de cuál era la ideal para mí.

En mi opinión (y según la experiencia de otros nómadas digitales que conocí en el camino), si querés trabajar a distancia mientras viajás vas a tener que moverte con mucha más lentitud que en un viaje “tradicional”. A mí me resulta muy difícil sentarme a trabajar si cambio de lugar cada dos o tres días y si tengo que estar readaptándome y reinstalándome (física y mentalmente) cada semana. Puedo escribir posts y artículos aunque me esté moviendo con frecuencia, pero me es imposible meterme en un proyecto más grande —como escribir un libro— si tengo que estar pensando a qué hora sale el próximo tren, dónde voy a dormir o si voy a tener una mesa en la que poder trabajar. Por eso, creo que tendrás que olvidarte de la idea de recorrer tres países en un mes (a menos que te tomes vacaciones) y enamorarte del slow travel.

En el post “Mis 9 años de viajera” reflexiono bastante acerca de este tema y en “Prácticas de slow travel en Kujukuri” hablo acerca de una de mis maneras preferidas de viajar.

consejos para nomadas digitales vivir viajando

3) Elegí el destino en el que vas a vivir según tus intereses

Una de las cosas que más me gusta de ser nómada digital es que puedo elegir dónde vivir y desde dónde trabajar. Ese, para mí, es el mayor premio de este estilo de vida: la libertad de ubicación. Por ahora puedo decir que viví en Indonesia, Francia y Argentina, y ya tengo una lista de lugares en los que me gustaría instalarme al menos una temporada. En mi caso, las condiciones para elegir un lugar es que tenga mar (o pileta de natación), librería (en lo posible una papelería también), cafés, algún centro cultural y, si se puede, un espacio de coworking. En Biarritz, donde viví casi un año, conocimos a una pareja de argentinos que también trabaja a distancia: ella es diseñadora y él hace trabajos de marketing y desarrollo de apps y suelen quedarse de tres a seis meses en un mismo lugar. Además son surfers y siempre eligen el próximo destino en el que se van a instalar en función del surf, es decir que para que un lugar quede entre sus elegidos tiene que tener buenas olas.

Mi consejo es que elijas el lugar para hacer base según tus intereses. Hay quien elige Bali por el surf y quien lo elige por el yoga, hay quien hace “la ruta de los coworkings” y va a ciudades donde solo tiene oficinas compartidas y hay quien busca una movida cultural interesante. Si te gusta nadar, podés buscar algo cerca de la costa, si te gusta hacer trekking, un lugar metido en la naturaleza. Queda en cada uno investigar. Eso sí, hay dos factores más que hay que tener en cuenta antes de hacer la elección final:

* La conexión y acceso a internet (dependiendo del trabajo que hagas, tiene que ser muy buena o excelente, sino puede ser muy frustrante)

* Las visas y tiempos de estadía. Hay países en los que podés quedarte tres meses pero podés salir y volver a entrar de manera casi indefinida, hay países en los que solo podés quedarte tres meses en un período de seis meses, hay países en los que podés quedarte menos y hay países que ofrecen visas para freelancers (sé que en Berlín hay algo así) o working holiday visas. Toda la info que tengo al respecto la puse en este post: “Cuestiones pre-viaje: visas, pasaporte, pasajes de salida, tiempo de estadía y algunos consejos prácticos“. Lo mejor es que te asesores en la embajada del país correspondiente.

(Y como tercer factor, el costo de vida del país seguramente afectará tu decisión. Por algo muchos eligen quedarse en Tailandia, Indonesia u otros países del Sudeste Asiático, donde la vida es barata).

consejos para nomadas digitales vivir viajando

[box type=star] Otra opción de nomadismo

Si no querés moverte de un país a otro constantemente pero querés tener una experiencia en el exterior, una buena opción es irte a Australia, Canadá, Nueva Zelanda o Irlanda a trabajar y/o estudiar. Si ese plan te interesa, el equipo de Nómadas puede ayudarte a concretarlo. Ellos te asesoran según tus planes e intereses (tienen acuerdos con escuelas y universidades), te ayudan a aplicar a la visa que se adecúe a tus necesidades, te reciben en el país de destino y te ayudan con los trámites para instalarte en la ciudad. [/box]

4) Aprovechá las webs de economía colaborativa para solucionar aspectos prácticos de tu estadía, como buscar casa.

¿Cómo hago para buscar alquiler en una ciudad en la que no conozco a nadie? ¿Cómo hago para conocer gente con mis intereses? ¿Cómo me entero de las actividades culturales del lugar? Cuando recién llegás al lugar en el que querés instalarte por un tiempo, lo mejor es recurrir a las webs de economía colaborativa (en este post explico qué son y doy una lista de varias que pueden servirte). Para buscar alquiler, lo mejor suele ser quedarte los primeros tres o cuatro días en un hostel o Airbnb y salir a recorrer el lugar para preguntar (o, lo ideal, conseguir housesitting y olvidarte del alojamiento). A veces hay dueños de Airbnb que están dispuestos a alquilarte su departamento por varios meses por una tarifa mucho más baja que la diaria, así que es cuestión de hablar. Meetup.com es una buena web para conocer gente con tus mismos intereses y los foros de Couchsurfing.com son buenos lugares para encontrar actividades y poder conocer gente (tanto locales como expatriados).

consejos para nomadas digitales vivir viajando

5) Tendrás que generar tus rutinas de trabajo y aprender a ser organizado y productivo (porque nadie lo hará por vos)

Una de las cosas que más me enamoró de vivir viajando fue no tener rutinas, que cada día fuese distinto, que no existiese un límite claro entre vivir, viajar y escribir. Pero a medida que fui “profesionalizando” el viaje, por así decirlo, me di cuenta de que sin rutinas me costaba mucho ponerme a trabajar (la inspiración me llega, el 99% de las veces, cuando ya estoy sentada frente a la compu y no al revés) y que al no tener límites claros entre horas de trabajo y horas de descanso no le estaba dedicado a cada momento el tiempo que correspondía (en el post “El Monte Fuji en mi ventana” reflexiono acerca de esto). Creo que tuve el quiebre en Bali, cuando me hice socia de un espacio de coworking y pude diferenciar de manera “física” mi espacio de trabajo de mi espacio de descanso. Ahora trato de tener horarios más claros, de separar casa de oficina y de tomarme días (o al menos horas) de descanso, cosa que durante muchos años no hice.

Dicho esto, al ser nómada digital lo más probable es que seas tu propio jefe, que trabajes freelance para distintos clientes o que manejes tu propio negocio, es decir que no vas a tener cronogramas estrictos ni horarios fijos ni nadie que te recuerde que tenés que trabajar. Por eso, tendrás que aprender a ser organizado y productivo. No te preocupes, hay muchas herramientas que te van a ayudar en esto. Si bien tengo pensado hacer un post al respecto en el futuro, estas son algunas de las que uso y me sirven:

* Asana (para organizar listas de tareas por proyecto y compartirlas con otros miembros de tu equipo)
* Notion (la amo, es mi herramienta preferida ya que me permite tener todo mi espacio de trabajo organizado en un solo lugar) -> si te abrís una cuenta desde este enlace, tenés $10 de crédito
* Mi agenda y mi cuaderno (mi mejor herramienta de productividad es mi cuaderno)
* Bullet journal (“el sistema analógico para la era digital”)
* Invoice Ninja (buena herramienta para hacer cobros y manejar la contabilidad)
* Skillshare tiene varios cursos de productividad (si se suscriben a través de este enlace tienen 3 meses por $0.99)

consejos para nomadas digitales vivir viajando

6) Una vez que te instales buscá espacios compartidos y formá tu comunidad (virtual y real). En otras palabras: no dejes de socializar.

Tener una comunidad me parece fundamental y necesario en muchos sentidos. Si bien está bueno conocer gente nueva todo el tiempo, también está bueno poder generar vínculos que no se desvanezcan cuando te subís al avión o cambiás de lugar. Vero Gatti (mi amiga e ilustradora de mis libros) me dijo: “No se puede crecer solo” y creo que es cierto tanto en lo laboral como en lo emocional. Tener un grupo de gente con quien puedas compartir tiempo y actividades en el lugar en el que te quedás a vivir es tan importante como tener un equipo de trabajo.

En algunos lugares del mundo (como Bali o Chiang Mai) es más fácil sentirse parte de una comunidad porque cada vez hay más nómadas digitales que se quedan a vivir ahí y a quienes podés conocer fácilmente en cualquier espacio de coworking. En otras partes del mundo es más difícil. Yo llegué a Biarritz sin conocer a nadie (y sin la idea de quedarme a vivir) y gracias a Couchsurfing conocí a L y a un montón de nómadas (en su mayor parte “analógicos”) que habían llegado desde distintas partes del mundo para trabajar ahí durante la temporada. Cuando nos quedamos a vivir, la mayoría se fue pero los que trabajaban a distancia se quedaron y fue lindo tener un grupo con quien juntarse a cenar y charlar. Otra buena opción para conocer gente en el lugar es tomar clases de algo que te interese: cocina, idiomas, dibujo. Aprender el idioma local es una muy buena opción para conocer tanto locales como extranjeros.

Y en cuanto a la comunidad virtual, depende un poco del trabajo que hagas y del ambiente en que te muevas, pero siempre es bueno conectarse con gente que se dedica a lo mismo y con quien podés compartir conocimientos y, quien sabe, hacer proyectos en conjunto. Hoy en día es más que posible formar equipos de trabajo a distancia y colaborar en proyectos desde distintas partes del mundo.

[box type=star]

App recomendada para nómadas en busca de coworkings: GetCroissant

Puede que te pase, como a mí, que te movés con frecuencia de un lugar a otro y sentís que no se justifica pagar un mes entero en un coworking para usarlo durante pocos días. O puede que te pase, también, que no quieras atarte a un coworking en particular y quieras ir a varios para conocer todas las opciones que ofrece la ciudad. Entonces, GetCroissant es una muy buena opción.

¿Qué es? GetCroissant es una app que funciona con un sistema de membresía flexible: pagás un fee mensual por una cantidad determinada de horas, y podés usar esas horas en casi todos los coworkings de la ciudad en la que estés. La app funciona en lugares como Buenos Aires, Barcelona, París, Londres, Los Ángeles, NY, Lisboa, Berlín, Ámsterdam, Tel Aviv y más. Yo la estoy usando en Ámsterdam (diciembre 2019) y estoy muy contenta porque puedo cambiar de coworking cuando quiera y, a la vez, descubrir zonas nuevas de la ciudad.

Los pasos a seguir son estos:

  1. Te registrás y elegís tu membresía (hay varias opciones según la cantidad de horas) -> En este enlace te regalo una semana de prueba gratuita para que uses GetCroissant y decidas si es para vos
  2. Abrís la app en el lugar del mundo en el que estés y te fijás qué coworkings ofrecen asientos para que vayas a trabajar.
  3. Vas al coworking que hayas elegido, hacés check-in desde la app y listo. Tenés un lugar en el que sentarte a trabajar, usar wifi y conocer gente.

[/box]

 

consejos para nomadas digitales vivir viajando

 

7) No dejes de invertir en tus herramientas de trabajo y en tu formación (aprovechá que hoy se puede seguir estudiando a distancia)

En este caso es difícil dar consejos específicos porque ser nómada digital no es una profesión sino un modo de vivir la profesión, entonces lo que se aplica a uno no se aplica a todos. Pero hay algo que me parece fundamental en cualquier profesión y que es necesario para crecer: invertir tiempo y dinero.

* Invertí en tu negocio: si tenés un sitio de ecommerce, por ejemplo, invertí en un buen hosting, en un diseño profesional, en una buena atención al cliente, en asesoramiento de marketing, en fotos de producto, en asistentes virtuales, en todo lo que te pueda ayudar a mejorar. En mi experiencia, lo barato siempre termina saliendo caro.

* Invertí en tus herramientas: me llevó tiempo armar mi kit de herramientas y seguramente lo seguiré cambiando según mis necesidades, pero ahora mismo trabajo con:

  • una MacBook Air de 11’’ (es chiquita, no pesa nada y hasta ahora nunca me falló. La tengo desde 2014).
  • libretas Moleskine para documentar mis viajes en papel (pasé por muchísimas marcas y a veces uso otras, pero en general me quedo con las Moleskine)
  • una cámara Fujifilm X100T (tuve réflex y en este último viaje decidí dejarla en casa porque me pesaba demasiado, esta Fujifilm es mucho más chica y liviana, así que la llevo siempre encima y ni me entero)
  • un disco duro externo Seagate de 1TB para hacer backups (lo tengo desde 2013 y tampoco me falló todavía)
  • También tengo herramientas online que pago mes a mes y que también son fundamentales para hacer mi trabajo (y también me llevó tiempo encontrar las que más se adecuaban a mis necesidades): mi hosting, Dropbox, mi herramienta de envío de newsletters, wordpress, GSuite.

* Invertí en tu formación: una de las cosas que no me gustaba de la idea de vivir viajando era sentir que no iba a poder estudiar más. Seré nerd pero soy muy fan de estudiar y aprender, si pudiera me la pasaría cursando carreras universitarias y haciendo talleres de todo lo que me interesa. Por suerte en estos últimos años surgieron un montón de plataformas de educación a distancia con las que puedo seguir aprendiendo (y con los mejores profesores): Skillshare y CreativeBug son las que uso, pero hay muchas (y cada vez habrá más).

8) Vivir en movimiento  puede traerte conflictos internos que no tendrías estando quieto. Es normal, solo tendrás que aprender a gestionarlos.

Hace unos meses asistí a una charla llamada “Salud mental para nómadas digitales”. Fui con muchas expectativas porque me parece un tema muy interesante y poco tratado y salí con la impresión de que fue todo muy técnico, muy poco bajado a la realidad y que faltó abrirse mucho más. Me dieron ganas de agarrar el micrófono y decir algo como: “Ok, muy linda la definición de manual de la depresión, pero ¿quién acá se sintió deprimido mientras viajaba? ¿A quién le cuestan las despedidas? ¿Quién siente que cada adaptación a un lugar es también una readaptación emocional? ¿Quién se siente homeless y sueña con un hogar, pero a la vez no quiere dejar de viajar? ¿Quién siente que tiene dos “yos” que tal vez nunca puedan convivir? ¿Quién siente que vivir en movimiento trae problemas o mambos o cuestiones que no pasan cuando estamos quietos?”. Pero claro, ese miedo que tengo de que nadie levante la mano me frenó. Algún día daré esa charla (o escribiré ese post).

Yo sí pienso que vivir de esta manera trae ciertos conflictos emocionales que de otra manera no aparecerían. Despedirse constantemente de la gente no es fácil (por etapas me vuelvo reacia a querer conocer gente nueva, por el solo hecho de que si me encariño sufriré cuando me despida), estar viviendo del otro lado del mundo y que se muera un amigo o familiar hace que el duelo sea más difícil de procesar (a mí me costó no “estar” físicamente en el mismo lugar cuando ocurrieron esas muertes), viajar en pareja trae discusiones que probablemente no existirían al estar quietos (hay que tomar decisiones conjuntas en ambientes nuevos y desconocidos, muchas veces en medio del shock cultural y climático y con cansancio, y todo eso puede ser un combo explosivo), la distancia hace que algunas amistades se reafirmen y que otras se terminen. Hablé bastante acerca de esto en mi post “El síndrome de París y el lado oscuro de los viajes” y en mi libro “El síndrome de París” y me parece que es un tema que se debería discutir más.

Por todo esto, creo que como nómadas digitales es muy necesario que cuidemos nuestra salud, tanto física como mental, de la manera que más le sirva a cada uno: hacer ejercicio, caminar, nadar, escalar, hacer yoga, meditación, terapia (hoy en día muchos atienden por Skype), coaching, lo que sea.

 

[box type=star]

Una opción alternativa para la salud en viaje: un seguro creado por nómadas para nómadas.

SafetyWing es una empresa estadounidense, fundada por noruegos, que está creando una red de contención para gente que trabaja de manera independiente desde cualquier lugar del mundo. Por el momento ofrecen un seguro médico de viaje, pero a futuro irán incorporando licencias pagas, jubilación y otro tipo de ayudas sociales de las que los nómadas digitales solemos quedar afuera. Su objetivo es construir una seguridad social global, siguiendo el modelo noruego.

El seguro médico que ofrecen funciona como suscripción: se paga cada 4 semanas y se puede cancelar en cualquier momento (incluso se puede contratar una vez que estás de viaje, o se puede contratar por pocos días). Cuesta 37 dólares las 4 semanas (si sos menor de 39 años y tu viaje no incluye EEUU, luego el precio varía según el rango de edad) y ofrece cobertura en todo el mundo (excepto Cuba, Irán y Corea del Norte). También te cubre en tu país de origen 30 días de cada 90 (si, por ejemplo, volvés de visita y te pasa algo mientras estás ahí). Para familias, se puede incluir un hijo gratis por padre (de entre 14 días y 10 años). Es una propuesta muy interesante y una buena alternativa para slow travelers y nómadas digitales.

Podés ver toda la info en su web: SafetyWing.

[/box]

 

consejos para nomadas digitales vivir viajando

9) Si empezás a hacer un trabajo a distancia y no ves resultados inmediatos, no abandones antes de tiempo: recordá que el crecimiento es un proceso lento

A veces me llegan mails que dicen: “Quiero ser como vos, ¿cómo hago?” o “Quiero vivir de la escritura, dame tips”, “Quiero tener un blog exitoso, ¿cuál es el camino a seguir?”. En general esperan una respuesta corta con un plan de acción concreto (“A + B = blog exitoso”) y tal vez se desilusionan cuando les digo que no tengo la respuesta… pero es que no la tengo. Cada cual está en su propio camino y yo solo puedo compartir mi experiencia y sugerir según mi aprendizaje.

En mi caso, tuve cinco blogs antes de tener Viajando por ahí (ninguno con fin profesional, porque en esa época ni me lo planteaba), pasé casi dos años mandando propuestas de artículos a revistas hasta que logré publicar algo, tardé tres años en generar ingresos estables a través de mi blog (y ni siquiera fue de manera directa, sino a través de la venta de mis libros), tengo escritos 42 cuadernos y “solo” saqué dos libros de todo eso, y me llevó unos cinco años ser cien por ciento location independent. Mientras tanto, cuando todavía no lograba generar ingresos estables, me la fui arreglando como pude: viajaba con muy poco presupuesto, hacía trabajos esporádicos (artículos, generación de contenido), hacía muchos canjes, dejaba de hacer muchas cosas (porque eran caras) y tenía varios trabajos a medio tiempo a la vez. Conclusión: lleva tiempo pero se puede. Cualquier negocio, blog, profesión lleva tiempo en desarrollarse y en volverse sostenible, pero si abandonás antes de tiempo por falta de resultados nunca sabrás si era posible.

10) Desconectate de vez en cuando. Tomate descansos y vacaciones.

Step away from the screen.
I repeat.

Si te vas a quedar con un solo consejo, que sea este: no te olvides de desconectarte. Ser nómada digital quiere decir que vas a pasar horas y horas por día frente a la computadora y que probablemente trabajes más de lo que pensabas, sobre todo al principio. Por eso es muy importante que te pongas límites, que definas tus horas y/o espacios de trabajo y que no te olvides de conectarte con el lugar en el que estás viviendo (recordá que por algo estás ahí). Así que usá tu tiempo libre para hacer cosas sin tecnología de por medio, salí a caminar, andá a correr, juntate a cocinar, disfrutá de la naturaleza, explorá el entorno y tomate vacaciones de vez en cuando. Tengo unos amigos que un mes al año se van de viaje de viaje sin computadoras. Con L queremos hacer lo mismo, próximamente.

Nunca te olvides de que elegiste este estilo de vida para tener libertad y también para conocer lugares nuevos y experimentar otras culturas. Así que dejá el teléfono, alejate de la pantalla y volvé a ser nómada analógico al menos un rato cada día.


Rompecabezas de Tokio

Cada vez que nos mudamos de zona en Tokio pienso que cambiamos de ciudad. Durante estas tres semanas vivimos en Sumida, Shibuya, Shinagawa y Kawasaki y cada traslado fue como llegar a un destino nuevo. Tal vez esto de pensar que un lugar está desconectado del anterior sea el resultado de viajar bajo tierra o en trenes híper rápidos. El síndrome del metro. Cuando vi Tokio por primera vez, desde la ventana del tren que nos trajo del aeropuerto, me pareció que era todo más o menos igual: cables, edificios, carteles, mucho gris. Al menos desde cierta altura y a toda velocidad se veía así, como el estereotipo de la gran ciudad de cemento. Tampoco sabía qué esperar de una metrópolis donde conviven 39 millones de personas, además de viviendas angostas apiladas una encima de la otra y mucha gente junta.

Read More

Nueva York para armar

Puedo resumir mi semana en Nueva York en una sola sensación: dolor de pies. Cuando decidimos viajar a Japón (o trasladar la vida a Japón por un rato) y me puse a buscar pasajes encontré Buenos Aires – Tokio con escala en Nueva York y ni lo dudé: llamé a la aerolínea y pedí que nos extendieran la escala de unas horas a una semana. No nos cobraron extra y fue como ganarnos un viaje a Nueva York. La ciudad no estaba en nuestros planes así que sentí que esa semana era como un regalo y decidí tomármela de vacaciones. El año que pasé en Buenos Aires fue tan intenso (charlas, talleres, presentaciones, reuniones, proyectos, mini viajes, reencuentros, despedidas) que necesitaba desconectarme por unos días y solo dedicarme a caminar.

Iba a ser mi primera vez en NY

Iba a ser mi primera vez en NY

viaje-nueva-york-14

Empecé a empacar mentalmente quince días antes de irnos. Elegir el equipaje para este viaje no fue fácil ¿mochila o carrito?—, elegir qué llevar adentro tampoco. Viajábamos sin fecha de vuelta, sin saber exactamente a qué países iríamos después de Japón ni a qué clima, con la única certeza de que queríamos viajar a ritmo lento y quedarnos varias semanas o meses en un solo lugar. Al final guardé un poco de ropa, un par de zapatillas, unas ojotas y el botiquín. Con la ropa no tengo tanto problema, llevé poca porque pienso comprar algo allá (el precio de la ropa en Buenos Aires está imposible), lo que más me costó reducir fue lo que llamo mi kit de exploración: cuadernos, lapiceras, cartucheras, journals. Mi obsesión por documentar mi vida en cuadernos se potenció estando en Buenos Aires. Antes llenaba una libreta en tres o cuatro meses, ahora tardo como mucho un mes y medio. Antes solo combinaba los viajes con la fotografía, ahora creo que también se pueden combinar con journals, stickers, acuarelas, lápices y marcadores. Y todo eso ocupa espacio y pesa, pero me lo llevé igual. No quería dejar esa parte de mí en casa. Si Dino tiene su valija de magia, yo también puedo tener la mía.

Parte de mi kit de exploración. Libreta Leuchtturm1917 (similar a las Moleskine pero un poquito más ancha) y cámara nueva (dejé la réflex, me pesaba demasiado).

Parte de mi kit de exploración. Libreta Leuchtturm1917 (similar a las Moleskine pero un poquito más ancha), cartuchera y cámara nueva (dejé la réflex, me pesaba demasiado, y me pasé a las Fujifilm).

Inauguré la que sería mi primera libreta de este viaje un mes antes de irnos. La fui usando en paralelo con otra, y en esta solo escribí cosas referidas a Nueva York y Japón. Empecé con una lista titulada “En Nueva York quiero:” y anoté los datos y lugares que me iban llamando la atención de charlas, investigaciones y lecturas. No sabía ni dónde íbamos a dormir, pero sabía a qué librerías y papelerías iba a ir sí o sí y por qué barrios tenía ganas de caminar. Unas horas antes de ir a Ezeiza terminé de armar la mochila. Al final siempre empaco bajo presión y tomo decisiones apuradas. Guardé, entre cuadernos y medias limpias, dos manzanas que nos habían quedado en la heladera. El avión salía a las 9 de la noche y ese martes me pasé el día entero con sueño. Saber que empezaban mis vacaciones me relajó. El avión tardó una hora en despegar porque el cinturón de seguridad del piloto no funcionaba y alguien se recorrió media bodega de Ezeiza buscando la pieza de reemplazo, que al parecer era muy específica. Al lado mío, un señor miraba la pantalla personal de entretenimiento con una lupa, unos asientos más allá una señora hablaba por teléfono y le decía te amo a alguien. “Si no quieren volar a Nueva York hoy, esta es su última oportunidad de desembarcar”, dijo el piloto por el altoparlante. No me bajo ni de casualidad. Intenté dormir pero no pude. Si bien el miedo a volar ya se me fue bastante, dormir sentada me cuesta cada vez más. Después de mucha turbulencia y de varios capítulos de The Big Bang Theory, llegamos a Nueva York a las 7 de la mañana del miércoles.

viaje-nueva-york-10

En la fila de aduana se nos acercó un policía con un beagle. El perro olió nuestra mochila de mano y, en vez de pasar al siguiente en la fila, se quedó ahí parado.

—¿Tienen comida?

—Solo unos alfajores.

—¿Nada fresco?

Me quedé pensando, me costaba procesar con tan pocas horas de sueño encima.

—Ah, sí, una manzana.

—¿La declararon?

—No…

—Deberían haberla declarado.

Y con esa sentencia nos sacó de la fila y nos mandó a un sector aparte donde decía “control agrícola”, como si le hubiésemos dicho que estábamos cargando tres kilos de manzanas rellenas de cocaína. “¿Por qué no declararon esta manzana? No pueden entrar con comida fresca al país, saben que tendrían que pagar una multa de 300 dólares, ¿no?”, nos dijo el encargado de ese sector. Cómo revalorizar una manzana en tan solo un vuelo de avión. El viaje de la manzana. La manzana más cara de la historia. Nos hicieron pasar todo nuestro equipaje por un escáner y nos confiscaron la manzana. “Tienen suerte de que el perro la encontró”. Prohibido entrar con manzanas a la Gran Manzana. Salimos del aeropuerto y le dije a L: “Hay olor a Estados Unidos”. Hacía como nueve años que no venía y nunca estuve en el país en otra época que no sea verano, así que para mí este calor húmedo y este olor a orden son sinónimos de estar acá.

El puente de Brooklyn visto desde DUMBO.

El puente de Manhattan visto desde DUMBO.

Primeras imágenes de NY.

Primeras imágenes de NY.

viaje-nueva-york-22

viaje-nueva-york-70

No sé si tenía imágenes previas de Nueva York en la cabeza. Lo que había visto en películas y series, quizá, pero suele pasarme que las ciudades tan retratadas por las pantallas me parecen solamente sets que no existen en la vida real. Fuimos hasta Brooklyn, donde nos quedaríamos toda la semana, en metro. Nuestra primera vista de la ciudad fue al salir de las escaleras de la estación: casas de ladrillo, calles ordenadas, parques y un montón de gente negra. Nueva York es una de las ciudades más multi étnicas del mundo y se nota en cualquier esquina. No pude con mi ansiedad: dejamos las cosas en la casa (nos quedamos en un Airbnb) y volvimos a tomar el metro, esta vez en dirección a Manhattan. La falta de sueño me mareaba y, mientras caminaba por calles que para mí solo existían en Sex and the City, el piso se me movía como si estuviese en un barco. Ese primer día pude sacar algunas pocas conclusiones:

el metro de Nueva York es un poco confuso,
la gente me parece muy amable,
todo viene en cantidad y variedad,
las calles de Manhattan son cortitas,
algunos rincones me hacen pensar en Londres,
se habla mucho español,
tengo miedo de que me pise un auto de tanto mirar para arriba,
los taxis efectivamente son amarillos,
ahí está el Empire State.

La placa en honor a John Lennon en el Central Park

La placa en honor a John Lennon en el Central Park

Detalles

Detalles

Mural

Mural

La ciudad vista desde el Highline

La ciudad vista desde el Highline

viaje-nueva-york-50

viaje-nueva-york-57

A primera vista, Nueva York me pareció una ciudad reconocible y familiar. Sentí que era ella en todas partes, que no había un lugar en particular que fuese más Nueva York que otro. Su identidad es fuerte y homogénea en todos los barrios, aunque cada uno sea muy distinto. Los cinco días siguientes estuvieron como cosidos uno con otro: no hice otra cosa que caminar de un casillero del calendario al siguiente. Me cuesta diferenciar qué pasó el jueves, del viernes, del lunes. La frase que más me repitieron cuando dije que nos íbamos una semana a Nueva York fue: “Una semana no les va a alcanzar”. Es verdad, pero volví a comprobar que cuando uno viaja el tiempo se expande y en los días caben muchas más cosas. Es como si cada hora se extendiera hacia los costados y ocupara el triple de espacio. Una semana no alcanzó para ver “todo” (¿qué es todo? ¿los imperdibles que te marcan las guías de viaje? ¿Lo que en teoría hay que ver en un viaje a Nueva York? ¿Alcanza una vida para ver todo?) pero sí para ver lo que cada uno había ido a buscar.

viaje-nueva-york-41

viaje-nueva-york-38

En mi mapa de emociones de Nueva York hay:
un hombre tocando el saxo en el Central Park,
una nena sacándose selfies con la estatua de Alicia en el País de las Maravillas,
una ardilla que nos miró desde uno de los jardines comunitarios del East Village,
una pareja china haciendo sus fotos de casamiento con el puente de Manhattan de fondo,
la placa de Imagine llena de gente,
insomnio en Brooklyn y gritos callejeros que entraban por la ventana,
L y yo cantándonos canciones de Rodrigo en el metro,
un carrito con los mejores tacos mexicanos,
los sellos de la tienda de Moleskine que estampé en mi cuaderno,
un brunch vegano en el East Village,
las galletitas de la fortuna triple X de Chinatown,
una deuda kármica de 10 dólares,
una caminata de domingo por el Highline,
Nueva York vista como desde un cuarto piso,
cuadros de Monet y Van Gogh en el MET,
peluches de Super Mario y museo de consolas en el Nintendo Store (soy fan),
el vértigo del teleférico a Roosevelt Island,
ver la estatua de la libertad desde un barco y pensar qué chiquita que es,
el calor y las esperas en las estaciones de metro,
las horas que pasé en librerías y papelerías de Manhattan.

Más de esto en escribir.me

Más de esto en escribir.me

Mi recorrido por Nueva York estuvo marcado por la ubicación de las papelerías y librerías en el mapa. Antes viajaba de museo a iglesia a ruinas a templo porque pensaba que eso era lo que tenía que ver en un viaje y que sino estaba perdiendo el tiempo, ahora viajo de papelería a librería a papelería porque es lo que quiero ver. Así que ese fue mi eje, el hilo invisible. Me la pasé yendo de una a otra y en el medio vi Manhattan. También aproveché para hacerme los anteojos porque hace unas semanas me cambió la graduación y cuando salí de la óptica con los vidrios nuevos me sentí como la primera vez que me puse lentes de contacto y me di cuenta de que antes no veía nada: PARÁ, las cosas tienen borde (!). Me había estado perdiendo 0,50 del mundo. Tuve que caminar despacio porque de golpe recibí una sobredosis de información visual (sumada a la que ya tiene la ciudad) y fue como ver Nueva York en HD. Ahora sí.

viaje-nueva-york-65

La estatua de Alicia

La estatua de Alicia

Central Park

Central Park

La estatua de la libertad vista desde el ferry a Staten Island

La estatua de la libertad vista desde el ferry a Staten Island

viaje-nueva-york-34

Jardines comunitarios del East Village

Jardines comunitarios del East Village

Durante esos días de caminatas meditativas, mi mente se fue por todos los rincones:

antes pensaba que NY era un secreto al que yo no tenía acceso,

me faltaba la contraseña para entrar,

*Haga click aquí si olvidó su contraseña*

ahora ya sé de qué hablan todos /

¿pero qué es viajar, en realidad?

quizá aceptar que no soy local y hacer lo mejor posible por conocer un lugar como si lo fuera, porque nunca me sentí menos local que acá, en el sentido de que sé que me estoy perdiendo un montón de cosas que ni sé que existen /

“No debo tener la sensación continua de que me estoy perdiendo de algo”, dice Hebe Uhart, como un mandamiento viajero moderno, “aunque a la vuelta la vecina me diga: lo que te perdiste, cómo no pudiste ir a tal lugar. No me perdí de nada. Vi y encontré lo que me sirve para escribir mi crónica” /

siento que los neoyorquinos disfrutan del espacio público, lo aprovechan, si bien no hacen todo en la calle como en Asia, lo usan como parte de su vida cotidiana, están en las veredas y en los parques,

la ciudad como patio de juegos compartido /

además de catadora de mares, me gustaría ser tester de ciudades /

¿qué empacar para un viaje así? Lo que se te dé la gana /

de a poco empiezo a entender el mapa,

tal vez en eso consista conocer una ciudad: empezar a entender algo /

como ciudad creo que la que más me impresionó hasta ahora fue Hong Kong, que es lo que pasa cuando los chinos construyen ciudades capitalistas /

NY de a ratos me parece híperconsumista, todo está preparado para que compres compres compres,

y a veces caigo en eso,

pero después camino por barrios como el East Village donde lo lindo es pasear y no entiendo cómo no hay tanta gente acá como en Times Square /

esto de tener tanto tiempo libre hace que a veces me aburra,

aunque al rato encuentro algo y se me pasa.

viaje-nueva-york-20

En el teleférico

En el teleférico

Este es un negocio que me gustó mucho. Se llama "Story" y es casi un museo. Cada temporada eligen un tema y ambientan todo el negocio con eso. El tema de esta vez era "los 90".

Este es un negocio que me gustó mucho. Se llama “Story” y es casi un museo. Cada temporada eligen un tema y ambientan todo el negocio con eso. El tema de esta vez era “los 90”.

viaje-nueva-york-46

Buena manera de pasar un domingo!

Buena manera de pasar un domingo en el Highline

viaje-nueva-york-21

Además de ver librerías y papelerías, tenía el objetivo de cambiar la cámara (dejé la réflex, después de mucho pensarlo) y de conseguir algo más difícil que alojamiento barato: un pantalón que me gustara. Al final encontré uno en Uniqlo (una marca japonesa, viva Japón) y cuando lo fui a pagar me ofrecieron el servicio gratuito de tailor (modista) por si necesitaba hacerle alguna costura. Dije que no y al día siguiente volví y dije que sí porque me quedaba un poco largo. Menos de 12 horas después estaba listo, custom-made solo para mí. Como ese pantalón, Nueva York me pareció una ciudad que cualquiera puede hacer a su medida y adaptar a sus gustos: hay algo para todos, como si tuviera la capacidad de mutar y de mostrarse distinta —sin dejar de ser ella— a cada persona que la mira. Tailor-made New York. Si vas en busca de espectáculos, compras, bares en terrazas, los encontrás. Si vas en busca de edificios icónicos, sets de películas, recorridos temáticos, parques, los encontrás. Si vas en busca de librerías y papelerías, las encontrás. Y también podés ir sin buscar nada y seguro que la ciudad te va a dar algo que ni sabías que estabas buscando.

viaje-nueva-york-23

viaje-nueva-york-72

En el metro

viaje-nueva-york-12

viaje-nueva-york-67

Los fans de Super Mario no se pierdan el Nintendo Store

viaje-nueva-york-71

Música en el metro

Manhattan a lo lejos

Manhattan a lo lejos

El día antes de volar a Japón soñé con Tokio. Veía la ciudad por primera vez desde un colectivo que iba por una autopista y quedaba deslumbrada por los edificios. Las luces de las casas eran verdes y se notaba que los departamentos eran muy angostos. En el asiento de al lado tenía sentada a una china que me hacía acordar a una de mis amigas chinas. Me mostraba un cupcake con dulce de leche, me decía que le había costado 15 dólares y me daba para probar, yo le daba un mordisco y ella extendía la mano y me decía “4 dollars”. Llegábamos al hostel y para ir al dormitorio compartido teníamos que bajar unas escaleras amarillas por unas puertas horizontales, abiertas sobre la vereda —como las de NY—. Por falta de espacio, los hostels estaban construidos en sótanos y las camas cuchetas tenían como cinco pisos. Supongo que algo así me imagino de Tokio y les confieso que me asusta un poco.

El miércoles siguiente, después de seis días de caminata y con dolor de pies de souvenir, nos subimos a un avión japonés y nos trasladamos al futuro cercano.

[box type=”info” border=”full”]Si querés info útil de Nueva York, te recomiendo leer mi post de Datos y consejos para viajar a Nueva York. Y si sos fan de las librerías y papelerías como yo, tal vez este post te interese: “La ruta de las papelerías en Nueva York”.[/box]

El Paseo de la Historieta en bici un viernes santo

El Paseo de la Historieta

El Paseo de la Historieta

paseo-de-la-historieta-mapa

Mapa del Paseo de la Historieta

Belu y yo quedamos en Mafalda a las dos y cuarto. Son las dos y salgo al balcón de casa, en el que apenas puedo pararme de frente porque es tan angosto que casi no me entran los pies, y rescato la bici doblándole el manubrio a ángulos de contorsionista. “Ponete el casco”, me dice L, que no se preocupa por mi seguridad sino que le causa gracia mi casco redondito como de Hormiga Atómica. “No te rías, ya tuve un accidente y me rebotó la cabeza contra la asfalto, si no hubiese tenido casco…”. Bajo desde el 18 con la bici contorsionista. La sostengo en una sola rueda, trabo el manubrio en un hueco entre la puerta y el espejo, cierro las dos puertas del ascensor, me tomo ese minuto para pensar si hará frío y que ojalá haya poco tráfico y salgo por el otro lado tratando de no engancharme con el pedal. Arranco hacia 9 de Julio, voy en un pedaleo fluido hasta que aparece el empedrado, de golpe, en Chile. Los adoquines son la frontera silenciosa de San Telmo, la entrada al barrio más antiguo de Buenos Aires. No entiendo por qué hacen una bicisenda que desemboca directo a esa superficie como de meteorito. El rebote entrecortado me da alergia, literalmente, no sé si será que la sangre me empieza recorrer el cuerpo en otra dirección pero me salen manchas rojas y los brazos me empiezan a picar. Hago las tres cuadras que me faltan para llegar a Defensa caminando. Nunca sé si sacarme el casco cuando camino con la bici.

Entrando a San Telmo

Entrando a San Telmo

Detalles que voy encontrando

Detalles que voy encontrando

Ya veo detalles que me gustan: una esquina con un mural en homenaje a Leonardo Favio, un parche de cerámicas con dibujos de flores en el escalón de entrada de un restaurante. Tengo que salir a pasear más seguido. “Sos la viajera que no sale de su casa”, me dijo José hace un tiempo, cuando vino a trabajar y vio que había que sacarme con forceps de mi trinchera en las alturas. Hasta mi mejor amigo, desde Costa Rica, me dice que salga más. Estuve casi dos años viviendo en casas ajenas, necesito recuperar el tiempo en la mía. Estoy en una etapa muy casera y me siento bien, como si hubiese elegido prisión domiciliaria voluntaria y me dieran permiso para salir algunas veces por semana. Me siento a esperar y aparece Belu caminando con su bici, me dice que se demoró porque se cruzó con un via crucis. Nosotras estamos por empezar el nuestro. Hoy es viernes santo.

Hay cola para sacarse fotos con Mafalda. La dejamos para el final y avanzamos por Chile en dirección a Balcarce. Lo vemos a Isidoro Cañones con tres personas abrazándolo para una selfie. Lo pusieron en una esquina de bastante movida nocturna por su condición de playboy, parece. El Paseo de la Historieta es un recorrido de esculturas y murales que empieza en San Telmo y termina en Puerto Madero, es un homenaje a los personajes de historieta más populares de Argentina y a sus creadores.

Mafalda siempre tiene gente

Mafalda siempre tiene gente

Isidoro Cañones

Isidoro Cañones es un personaje de Dante Quinterno, creado en 1935. Se lo considera el típico playboy porteño, es un personaje canchero y seductor, le gusta vivir el momento y la buena vida.

Seguimos caminando por Balcarce, es otoño pero sopla un viento casi cálido. Le saco una foto a un árbol que me gusta.

—Eso es del Ministerio de Defensa —me dice Belu.
—El otro día me invitaron a una radio ahí pero tuvimos que cancelar porque estaba todo cortado por la visita de Obama —le cuento.
—¿A una radio a qué? —me dice Belu haciéndome montoncito con la mano izquierda.

Me encanta estar con mis amigas de siempre. Empieza la sesión de fotos. Sacame foto con el mural del gato de Landrú, a mí también, te saqué varias, uy en esta salí mal, sacá con mi teléfono así después no te la pido, saltá o hacé algo divertido. Intercambiamos celulares, ponemos cara de foto, no salto ni hago nada divertido. Hay una historieta de Inodoro Pereyra pintada en la pared y de fondo un edificio con las escaleras para incendios del lado de afuera y enseguida pienso en Nueva York, nunca estuve pero esas escaleras encastradas a la torre me parecen algo muy de allá. Pasamos a Larguirucho y Super Hijitus y enfrente vemos un mural con Anteojito y otros dibujos de García Ferré. Me acuerdo de cuando leía las revistas Anteojito y Billiken, cómo las disfrutaba, igual que ahora leyendo la revista Flow, se ve que mucho no cambié. “Quiero ver al de los globos”, le digo a Belu. Se llama Don Fulgencio, “el hombre que no tuvo infancia”, y se ve que la que no tuvo infancia fui yo porque no lo conocía. Es un personaje de Lino Palacio, de 1938, “un vejete bonachón, inocente, que se niega a crecer, ese niño que todos los grandes tenemos”, me entero. Está justo frente al lugar donde fui un par de veces a hacer natación, no me acerco para sentir el olor a cloro porque me va a dar abstinencia de pileta. En esa esquina se nota lo vacía que está Buenos Aires hoy. “Parece casi post-apocalíptica”, le digo a Belu, que me responde con un “Walking dead” que se va con el viento. Hay papelitos y hojas de árbol revoloteando y algunos grupos de turistas que se teletransportan.

El árbol y el Ministerio de Defensa

El árbol y el Ministerio de Defensa

Con el gato de Landrú

Con el mural de Landrú. El gato negro y sonriente es uno de los íconos de las caricaturas de Landrú y aparece casi siempre cerca de su firma.

Larguirucho y Superhijitus

Larguirucho y Superhijitus son personajes de “Las aventuras de Hijitus”, una serie de dibujos animados argentina, creada en 1967 por el dibujante español Manuel García Ferré.

"El de los globos"

“El de los globos”

Matías, de Sendra

Matías es el personaje más conocido de Sendra y el protagonista de la tira “Yo, Matías” que sale desde 1993 en la contratapa de Clarín, un diario argentino.

Escenas de San Telmo

Escenas de San Telmo. “Calé” fue el seudónimo de Alejandro del Prado, dibujante, guinoista y humorista gráfico. Pintó las costumbres y los rasgos porteños más típicos.

paseo-de-la-historieta-buenos-aires-mural-inodoro-pereyra

Una tira de Inodoro Pereyra y el falso edificio neoyorquino (?) de fondo.

Sonría

Carlos Garaycochea es un humorista gráfico, escritor, guionista, maestro y artista plástico argentino. Durante seis años fue presidente de la Asociación de Dibujantes Argentinos.

Con el mural de Tute

Con el mural de Tute (seudónimo del humorista gráfico Juan Matías Loiseau)

El mural de Liniers

El mural de Liniers (dibujante, pintor y artista gráfico argentino). Lo pintó en vivo en el 2012 con musicalización de Kevin Johansen.

Clemente

Clemente es un personaje de historieta creado en 1973 por Caloi (Carlos Loiseau). Es crítico de la realidad y le gusta el fútbol, se alimenta de aceitunas y mate. Durante el Mundial de 1978 tuvo una discusión ficticia con un relator de fútbol que decía que no había que tirar papelitos a la cancha durante los partidos ya que podían lesionar a los jugadores, Clemente sugirió, entonces, tirar carozos de aceituna.

Pedaleamos hacia Puerto Madero y en el medio vemos una sucesión de personajes, estamos en el corazón del via crucis de comics: Clemente, las Chicas Divito, Patoruzú, Patoruzito y Isidorito, Gaturro. A muchos los conozco porque están muy metidos en la cultura popular pero nunca los leí. Clemente es una creación de Caloi, es amante del fútbol y las mujeres, Patoruzú es un cacique tehuelche y el más antiguo de los personajes, creado en 1928, las Chicas Divito son pura curva, la ropa casi les explota, están con sus valijas como a punto de irse o recién llegadas. Entramos a Puerto Madero y es como cambiar de ciudad. Pedaleamos por las calles anchas, entre edificios espejados, cruzamos el dique y Belu me dice: “Ya no hay camalotes, hace unos días pasé y todavía flotaban algunos”. Hace más de un mes la marea trajo camalotes desde Brasil con serpientes y otros bichos y quedaron trabados en las costas de Buenos Aires. En la Reserva Ecológica había carteles de “prohibido acercarse al río: serpientes”. Vamos por Juana Manso y doblamos a la derecha en Marta Lynch. Las calles de Puerto Madero tienen nombre de mujer, Juana Manso y Marta Lynch fueron escritoras argentinas. Bordeamos una plaza con árboles plantados en filas organizadas. Siento que estoy en otro lugar, no sé bien de qué continente, pero me siento un poco de viaje. Diógenes y el Linyera descansan debajo de un árbol y me dan ganas de acompañarlos un rato. Se asoman unos rayos de sol que no duran mucho, el cielo está gris. Al fondo vemos a Inodoro Pereyra y Mendieta compartiendo un mate, me siento en el tercer banquito y veo que en el mate hay agua de lluvia. Se escucha el sonido de los árboles sacudiéndose con el viento, de fondo hay un puesto que se llama el Titán del choripán.

Las Chicas Divito

Las Chicas de Divito, dibujadas por Guillermo Divito, se caracterizaban por su físico sensual. Comenzó a dibujarlas en Patoruzú en 1936 y luego siguió en su propia revista. Las chicas Divito marcaron la moda de la época en Buenos Aires.

Patoruzú

Patoruzú fue creado en 1928 por Dante Quinterno y es uno de los personajes más importantes de la historieta argentina. Nació como personaje secundario pero pronto tuvo su propia historieta y luego su revista, del mismo nombre.

Patoruzito e Isidorito

Patoruzito e Isidorito también son personajes de Dante Quinterno. Apuntaban a un público infantil y representaban la infancia y adolescencia de Patoruzú.

Gaturro

Gaturro es el personaje más conocido de Nik, historietista argentino.

Tía Vicenta, en Puerto Madero

Tía Vicenta, en Puerto Madero, es otro personaje de Landrú, creado en 1957. También fue el nombre de una revista satírica de actualidad publicada en Argentina entre 1957 y 1966, creada por Landrú y su compañero ilustrador Oski.

paseo-de-la-historieta-buenos-aires-diogenes

Diógenes y el Linyera es una tira cómica dibujada por el historietista uruguayo Tabaré y guionada por Jorge Guinzburg, Carlos Abrevaya y Héctor García Blanco. Se publica en Argentina de manera ininterrumpida desde 1977.

Inodoro Pereyra

Inodoro Pereyra (el renegáu) es una historieta argentina creada en 1972 por el escritor y dibujante Roberto Fontanarrosa y trata sobre la vida de un gaucho solitario de la pampa argentina.

Vamos por la Avenida de los Italianos, una de mis preferidas para andar en bicicleta, en busca de una jirafa que aparece en el mapa. No la encontramos. Mientras tanto charlamos, Belu me cuenta de su prima suiza que estuvo de visita en Buenos Aires y de cómo un taxi la estafó, le dijo que había huelga de taxistas y que por eso los que trabajaban estaban cobrando una tarifa diferencial. La suiza estaba con una peruana y el taxista les cobró 265 pesos en vez de 65, ellas no tenían más de 100 pesos y le dieron eso y 10 soles peruanos haciéndole creer que era el equivalente a 10 dólares. Unos metros más adelante, como a propósito, nos encontramos con el monumento al taxista. Aparece la Jirafa Mordillo, está sentada en el jardín del Museo de la Historieta, que tiene un cartel escrito a mano en la reja: “25/3 cerrado”. Damos la vuelta para cerrar el círculo y volver a Mafalda. Al Loco Chavez, el personaje de Altuna, casi no lo reconocemos porque parece una persona de verdad.

Puerto Madero

Puerto Madero

El monumento al taxista

El monumento al taxista

Encontramos a la Jirafa Mordillo

Encontramos a la Jirafa Mordillo, uno de los personajes más conocidos del dibujante Guillermo Mordillo. Su obra es reconocida internacionalmente, en 1980 Mordillo fue nombrado presidente de la Asociación Internacional de Autores de Cómics y Cartoons en Suiza.

El Eternauta

El Eternauta es una historieta argentina de ciencia ficción creada por el guionista Héctor Germán Oesterheld y el dibujante Francisco Solano López, publicada por primera vez en 1957.

Camino a San Telmo veo una sucesión de perchas metálicas tiradas en la calle y pienso de dónde habrán salido: será una pista secreta, se habrán caído de un camión de mudanza, las habrá revoleado alguien por la ventana de un edificio. La bicisenda está cubierta de hojas secas como si fuera un charco naranja, las paso por encima porque quiero escuchar el crujido. Otra vez el empedrado, nos bajamos de las bicis y caminamos esquivando gente. Aprovecho para mirar algunas vidrieras, siempre me intrigó el uso de las comillas en ciertos carteles: su consulta “no” molesta. Volvemos a Mafalda, Belu me pide que le tenga la bici mientras entra a un bar a saludar a su prima que trabaja ahí. Hago la fila con las dos bicis y le pido a una pareja que me suena venezolana que me saque una foto con Mafalda, Susanita y Miguelito. De Mafalda sí que me leí todo. Durante la espera pienso en cómo la realidad se puede documentar de mil maneras, es cuestión de elegir una que me guste o me interese más que el resto. Belu vuelve y me dice que nos invitan a tomar un cortado. Entramos por un café rápido, me tengo que ir a encontrar con otra amiga por Palermo Viejo. Después volvemos juntas, cruzamos la 9 de Julio en un solo semáforo, algo que caminando me resulta imposible. Le cuento el sueño que tuve anoche y dos esquinas más adelante nos despedimos con un abrazo. Vuelvo a casa a dejar la bici y bajo otra vez para tomarme el 39. No llevo un libro para el viaje, voy escribiendo durante todo el trayecto.

Mafalda, Susanita y Miguelito

Mafalda, Susanita y Manolito son personajes de “Mafalda”, la tira cómica creada por Quino y desarrollada entre 1964 y 1973.

Café final

Café final

[box type=”info”] Información útil del Paseo de la Historieta:

* En la página de Turismo de Buenos Aires hay mucha más información. Acá hay un PDF con la historia detallada de cada personaje.

* Todas las esculturas están en espacios públicos así que se pueden visitar todo el año en cualquier horario.

* Suelen ir agregando esculturas nuevas, puede que en el mapa que está al principio de este post no aparezcan todas. En cada escultura hay una placa que indica a cuántos metros y hacia qué dirección están la anterior y la siguiente.[/box]

Mi segundo libro: “El síndrome de París”

Hace casi un año y medio que empecé a trabajar en este libro y ahora que está terminado me toca presentárselos y no sé qué decir. Es como cuando tuve que dar una conferencia acerca de mis viajes y al tomar consciencia de que estaba parada sobre un escenario con las luces apuntándome y el público esperando a oscuras me puse nerviosa y me olvidé de todo. Tengo tan naturalizado este libro que me cuesta mirarlo desde afuera. Y como ya lo van a leer, espero, tampoco tiene sentido que les adelante mucho. Además José, mi editor, no me deja ser tan anticipativa y explicativa. Ojalá que no esté leyendo este post, y si lo está haciendo es obvio que me lo está editando mentalmente.

Lo práctico:
mi segundo libro se llama “El síndrome de París”,
tiene 256 páginas,
seis capítulos,
está editado por José Sainz,
ilustrado por Vero Gatti,
es una edición independiente
y sale el 13 de abril.

El relato abarca mi último viaje largo, de casi dos años, por Sudamérica y Europa. La historia empieza en octubre de 2013, poco antes de irme de Buenos Aires, y termina en junio de 2015, después de vivir nueve meses en Francia. La contratapa dice así:

contratapa-esdp

Empecé a escribirlo en octubre de 2014 en mi escritorio de Biarritz, la ciudad francesa en la que viví, y lo terminé hace unos días en mi escritorio de Buenos Aires. En realidad lo empecé mucho antes, en nueve cuadernos que fui llenando en cafés, colectivos, casas ajenas, aeropuertos, veredas y plazas y que después releí y pasé en limpio. El post “El síndrome de París y el lado oscuro de los viajes” tiene mucho que ver con este libro, aunque ese texto fue el detonante de algo más grande.

Gran parte del libro salió de anotaciones hechas en estos cuadernos

Gran parte del libro salió de anotaciones hechas en estos cuadernos

trabajo-asi-1

El proceso de trabajo fue muy distinto al de “Días de viaje”, que escribí y edité de manera intensiva en nueve meses en los que casi no me dediqué a otra cosa.

“El síndrome de París”, en cambio, fue tomando forma más despacio
mientras nadaba cincuenta idas y vueltas en la pileta,
mientras desidealizaba un estilo de vida,
mientras tenía miedo de desilusionar,
mientras buscaba respuestas acerca de la muerte,
mientras me sentía perdida
y me enamoraba de L
y llenaba journals
y abría un blog nuevo
y me volvía más loca de los cuadernos
y escuchaba llover en Biarritz.
Creció cuando frené,
cuando dejé de ser viajera y volví a ser lectora
y tuve un escritorio de vidrio en el que pegué post-it rosas con recordatorios de autores que admiro:
“Escribí borradores de mierda”,
“La buena escritura consiste en decir la verdad”,
“Escribí el libro que querés leer”,
Write hard and clear about what hurts”.
Y entendí que para escribir no hay más truco que sentarse todos los días,
no dejar de mover la mano
y permitir que el cuerpo duela.

En algún lado leí que escribir un libro es como en ir en auto por una ruta oscura. Solo se ven pocos metros pero son los suficientes para seguir avanzando y llegar a destino. Empecé “El síndrome de París” sin saber que se llamaría así, durante más de un año no tuvo nombre hasta que me di cuenta. Lo empecé con una idea y una estructura y terminó siendo otra cosa, es un libro que mutó mientras lo escribía, al igual que yo. En ese proceso fue muy importante tener un editor como José, que además de corregirme y orientarme hizo de psicólogo y coach motivacional. Hay escritores que tienen un censor interno, yo tengo un mini José que me habla cuando él no está: “Aniko, eso no, cambiá ese comienzo, esa frase está buenísima, ampliá esa imagen, extendé ese momento, no te permito publicar eso, si ponés esa palabra sacás mi nombre del libro”, y así. Es algo que le pasa a muchas autoras que trabajan con José, ya hicimos una reunión sin él y lo comprobamos. También fue muy importante tener a una ilustradora y amiga como Vero que supo entender la estética visual que buscaba para este libro.

2016-02-17 09.21.36

Este fue el primer adelanto que me mandó.

“Ya no puedo ver la tapa de tu primer libro”,
me dijo Vero, que también ilustró “Días de viaje”.
“Yo ya no puedo leer mi primer libro”, le dije.
“Mirá cuando digamos lo mismo de este,
que ahora nos encanta,
mirá cuando no podamos verlo más”.
Es parte de una evolución, supongo.
“Ya no sos la del primer libro”,
me dijo José en alguna de nuestras tardes de edición.
“Este libro es transformador”,
me dijo Andrea, que casi no me conocía, la segunda vez que me vio.
“Se publica para desenamorarse”,
leí, no sé dónde.
Y por eso debe ser que llegué hasta acá otra vez.

fragmento-biarritz-vero-gatti

Fragmento de otra de las ilustraciones del libro, by vero gatti

Soñé que la presentación era así:
iba muy poca gente,
mi papá decía mi sobrenombre de la infancia adelante de todos,
la presentadora se ponía nerviosa y se atragantaba,
José se escondía entre el público,
Vero también,
me dejaban sola,
había un empleado de supermercado anunciando las ofertas del día por altoparlante,
caía un satélite sobre el colegio de al lado
y una mujer avisaba que algunos de los autos estaban arruinados.
Abría las cajas y la imprenta me había mandado otro libro:
una novela gráfica escrita por un italiano.

Los espero el 13 de abril en Matienzo y veremos si todo eso se cumple. (Daré más info de la presentación cuando se acerque la fecha, por ahora agenden nomás). Y si quieren comprar el libro en preventa, ya está disponible en mi Tienda a precio especial y con regalitos (se entrega a partir del 13 de abril). Prometo que apenas salga de imprenta le sacaré un montón de fotos y hasta le haré un videíto para que puedan verlo más de cerca. Mientras tanto, a esperar.

flyer-preventa2

 

Cosas que me inspiran (10):
journals para llevarse de viaje

Estoy más loca de los cuadernos que nunca, y ahora también de los journals, esos híbridos entre libros y cuadernos que suelen tener consignas creativas o disparadores y bastante espacio libre para escribir. Mi mutación de fan de las mochilas a obsesionada por los journals empezó cuando descubrí el primero en Liverpool y ya no pude parar de buscarlos en las librerías del mundo. Ahora elijo las mochilas en función al espacio que necesito para cargar el journal de turno, que se convirtió en otro de esos elementos que no pesan. Prefiero viajar solo con un par de ojotas y llevarme un cuaderno o journal de más. No sé qué pasaría si tengo que elegir entre cargar la cámara, que pesa y ocupa bastante, o llevar cuatro cuadernos distintos. Así como antes buscaba rutas en los mapas, ahora reviso los catálogos online de las librerías para ver qué hay de nuevo en el mundo de los diarios creativos. Es lindo descubrir que me gusta viajar con mis cuadernos como compañía, que soy una viajera que va por ahí con su biblioteca, que me encanta ir tomando notas de todo como si fuese una investigadora privada enviada por una organización secreta para documentar cómo es la vida cotidiana en otras partes del mundo y qué detalles voy descubriendo en el camino.

Les dejo una lista de journals —casi todos en inglés— para que se lleven en su próximo viaje o para que usen mientras están en casa y piensan en viajar. Sé que hay muchas más locas (y locos) de los journals por acá. Si tienen otros títulos para recomendar, son bienvenidos en los comentarios. Pronto les estaré dando novedades de mi segundo libro, que está casi listo y sale a fines de marzo. Estén atentos que en unas semanas empieza la preventa. Mientras tanto: journals. Quiero todos.

travel-listography

1. Travel listography: exploring the world in lists

Este es un journal para hacer listas, cada doble página viene con un disparador y espacio para completar, como por ejemplo: Gente memorable que conocí viajando, Medios de transporte en los que viajé, Lo que amo y odio de viajar, A dónde viajaría en el tiempo, Road-trips que hice, Cementerios que visité. El libro pertenece a la serie “Listography”, que también incluye “Love Listography”, “Literary Listography”, “Music Listography”, entre otros. Todos están en inglés y se consiguen por internet a través de [eafl id=”21107″ name=”I was here – BD” text=”Book Depository”] o [eafl id=”21106″ name=”Travel listography – BD” text=”Book Depository”] (la mejor página del mundo para comprar libros porque no cobran costo de envío).

i-was-here-journal

2. I Was Here: A Travel Journal for the Curious Minded

No lo tengo pero estoy a punto. “I Was Here” está pensado para prestarle atención a los objetos y detalles cotidianos que solemos pasar de largo en los viajes. Tiene una sección de referencias con información para viajar, disparadores para buscar elementos específicos (sabores, olores, colores, recetas) en el lugar que estemos, espacio para hacer listas o coleccionar boletos y un bolsillo en la parte de atrás para guardar cosas sueltas. Es de Chronicle Books y se consigue a través de [eafl id=”21108″ name=”I was here – Amazon” text=”Amazon”] o [eafl id=”21107″ name=”I was here – BD” text=”Book depository”].

como-ser-un-explorador-del-mundo-3

3. Cómo ser un explorador del mundo (Keri Smith)

Este es más un libro que un journal y sirve tanto para los viajes como para la vida cotidiana. “Tu misión es documentar y observar el mundo que te rodea como si nunca lo hubieses visto antes. Tomá notas. Coleccioná cosas que encuentres en tus viajes. Documentá tus hallazgos. Encontrá patrones. Copiá. Calcá. Concentrate en una cosa a la vez”, propone Keri Smith en la introducción. El libro incluye 59 consignas para cambiar nuestra percepción de la realidad y para ayudarnos a prestar más atención. Ideal para llevarse de viaje junto con un cuaderno en blanco. Se consigue a través de [eafl id=”21109″ name=”Cómo ser un explorador del mundo” text=”Amazon”], [eafl id=”21110″ name=”Cómo ser un explorador del mundo – BD” text=”Book Depository”] (en inglés) y en librerías.

4. Extraordinary objects observer’s journal

Este journal no está pensado para viajar sino para usar en nuestro día a día, pero yo me lo llevaría a cualquier lugar del mundo. Tiene actividades para escribir, dibujar y prestarle atención a los detalles cotidianos: “Escribí acerca del elemento con el que estás escribiendo”,  “Concentrate en un solo color a tu alrededor”, “Anotá palabras sueltas que ves desde donde estás sentado”, “Encontrá algo que haya sido tirado o abandonado”, “Buscá objetos, ideas o personas que vayan de a tres”, “¿Qué canción captura este momento?”.  También es de Chronicle Books, una editorial que hace journals lindísimos, y está a la venta en [eafl id=”21112″ name=”Extraordinary Objects (Amazon)” text=”Amazon”] y [eafl id=”21111″ name=”Extraordinary Objects journal (BD)” text=”Book Depository”].

5. The World Awaits: A Travel Organizer

Este es un organizador, más que un journal, pensado para planificar un viaje o guardar ideas para futuros recorridos. Tiene listas, preguntas, ilustraciones, mapas y cinco bolsillos para guardar papeles sueltos y crear distintas secciones (“Lugares para irme un fin de semana” o “Vuelta al mundo”, por ejemplo). A la venta a través de [eafl id=”21113″ name=”The world awaits (BD)” text=”Book Depository”] y [eafl id=”21114″ name=”The world awaits (Amazon)” text=”Amazon”].

travel-stub-diary

6. Travel stub diary

Para los coleccionistas de papelitos, tickets, pasajes, postales, folletos, mapas, recortes. El Travel Stub Diary es como un álbum de fotos pensado para guardar todos estos recuerdos de los viajes. Disponible a través de [eafl id=”21115″ name=”Travel stub diary (BD)” text=”Book Depository”] y [eafl id=”21116″ name=”Travel Stub Diary (Amazon)” text=”Amazon”].

anywhere-cards

7. Anywhere Travel Guide: 75 Cards for Discovering the Unexpected, Wherever Your Journey Leads

Este es un mazo de 75 cartas que sirve de guía en cualquier lugar del mundo. Sacá una y hacé lo que te ordene, por ejemplo: “Preguntale a la próxima persona que conozcas cuál es su calle preferida y andá ahí”, “Escribí lo que te gusta de esta ciudad en un papelito y dejalo en un lugar público para que alguien más lo encuentre”, “Elegí la ruta más larga, difícil, inconveniente e innecesaria y fijate qué obstáculos encontrás”. Lindo ejercicio para hacer en un lugar nuevo, pueden acompañar el mazo con un cuaderno e ir documentando los resultados. Lo consiguen a través de [eafl id=”21117″ name=”Anywhere travel guide” text=”Amazon”].

small-adventures

8. Small Adventures Journal: A Little Field Guide for Big Discoveries in Nature

Un diario para los amantes de la naturaleza. Este journal ilustrado propone actividades como identificar los tipos de nubes, estudiar las estrellas, hacer una fogata, identificar hongos, hacer una cápsula del tiempo para enterrar, fotografiar texturas, aprender cuáles son los tipos de árboles, distinguir huellas de animales y descubrir la naturaleza salvaje o los parques. Lo consiguen a través de [eafl id=”21118″ name=”Small adventures (BD)” text=”Book Depository”] y [eafl id=”21119″ name=”Small adventures (Amazon)” text=”Amazon”].

wanderlust-journal

9. Swept away by Wanderlust

Ya recomendé este journal en otra entrega de Cosas que me inspiran pero no quise dejarlo afuera de esta lista. “Swept away by Wanderlust” está pensado para usar en once destinos y es un diario guiado: te pregunta cómo llegaste, qué viste, qué hiciste, qué comiste, de qué reíste, por qué lloraste, qué esperás de este viaje, qué estás pensando, qué soñaste… Todo puesto entremedio de fotos a doble página, citas y espacios en blanco para escribir textos más largos. Eso sí, es pesadito para cargar. A la venta a través de [eafl id=”21120″ name=”Swept away by wanderlast” text=”Book Depository”] y [eafl id=”21121″ name=”Swept away by Wanderlast (Amazon)” text=”Amazon”].

journal-fotografia-1

10. 104 things to photograph

Este también lo recomendé en otra ocasión pero me parece una muy buena opción para quienes prefieren fotografiar en vez de escribir. “104 things to photograph” te da 104 consignas de cosas para fotografiar, desde escenas muy específicas (nenes saltando la soga) hasta otras con interpretación más libre (“apuro”). Además, las hojas vienen con el espacio en blanco para pegar las fotos impresas. Se consigue a través de [eafl id=”21097″ name=”104 things to photograph” text=”Amazon”].

etsy-travel-journals

Bis: cuadernos en blanco

Si prefieren los cuadernos en blanco, sin textos, ilustraciones ni consignas, les recomiendo chusmear los productos de Etsy, hechos a mano, también las libretas [eafl id=”21122″ name=”Moleskine (Amazon)” text=”Moleskine”] (acaban de sacar una edición especial del Principito lindísima) y los [eafl id=”21123″ name=”Decomposition Notebooks” text=”‘Decomposition Notebooks'”], hechos con material reciclado. ¡Feliz journaling!

BIS BIS: “Mapa subjetivo de viaje – Un diario para documentar lo cotidiano y lo extraordinario de tus viajes”

En noviembre de 2017 publiqué mi primer journal creativo, ilustrado por María Luque. “Mapa subjetivo de viaje” es un diario interactivo con consignas y disparadores creativos, pensado para que te lo lleves de viaje y lo completes antes, durante y después de tu recorrido. Está dividido en tres partes: “El plan”, “El viaje”, “La vuelta” y tiene una sección extra en blanco para que escribas y pegues lo que quieras. Todas las páginas tienen ilustraciones y consignas para que completes como más te guste.En este post lo presento mejor. Se consigue a través de mi Tienda online.

Mapa de emociones de Buenos Aires

Hace casi dos años, cuando nos conocimos en Madrid, K. me preguntó qué le recomendaba ver en Buenos Aires. Ella estaba por mudarse de manera definitiva a mi ciudad y quería tener una lista de lugares para recorrer. No me acuerdo bien qué palabras usó, pero me dijo que quería conocer rincones que fuesen especiales para mí y no los que aparecen en todas las guías. Unos días antes, yo había encontrado [eafl id=”21143″ name=”Viajes experimentales” text=”el libro de Viajes experimentales de Lonely Planet”] en la biblioteca de unos amigos y me había anotado algunos juegos que me gustaban, entre ellos el Hilo de Ariadna, que propone algo así:

[box]Consigna: deja que Ariadna te guíe por el laberinto de una ciudad nueva.

Instrumentos: Ariadna, una amiga, una amiga de una amiga, o una Ariadna sacada al azar de la guía telefónica. Nota: no es necesario que se llame Ariadna.

Método:
1) encontrá un teléfono
2) llamá a Ariadna
3) pedile una lista de sus diez lugares preferidos (o los que quiera compartir) de la ciudad donde vive. Nota: no tienen que ser lugares de interés turístico sino lugares especiales para ella.
4) marcá estos lugares en el mapa y unilos con una línea. Este es tu hilo de Ariadna.
5) seguilo.[/box]

Durante varios días, en 2014, le preparé el Hilo de Ariadna versión Ciudad de Buenos Aires a K. y al final nunca se lo mandé. Así que acá está, tarde pero seguro. No les recomiendo que lo sigan, no van a encontrar nada extraordinario, solo espacios vacíos. Viajar con un mapa de emociones es como perseguir fantasmas ajenos: uno va a una calle, plaza o intersección a ver algo que existe y a la vez no. Pero tal vez, pienso ahora, su fuerza está ahí, en lo que evoca, en eso que sabemos que fue y que ya no está. Las esquinas y rincones de la ciudad dejan de ser coordenadas anónimas y toman otra consistencia: son el escenario de cosas que pasaron alguna vez, cosas chiquitas, mundanas, insignificantes para el resto de la gente pero importantes en la vida de uno de sus habitantes. Y saber eso, quizá, nos hace sentir menos solos. Y al final las ciudades son eso, hilos de Ariadna que se entretejen y forman telarañas y nos atraviesan a todos.

*
mapa-de-emociones-de-buenos-aires

* Avenida Santa Fe y Paraná, a mitad de cuadra

Era viernes a las seis de la tarde, hora pico, la gente iba y venía por Santa Fe cargando bolsas, hablando por teléfono, mirando vidrieras. Estaba medio perdida así que frené contra una pared y me agaché para sacar la Guía T —una guía de bolsillo con los mapas de Buenos Aires— de la mochila. Siempre fui desorientada, incluso en calles por las que caminé toda la vida. Cuando me levanté, enfrente mío había frenado un chico pelado y vestido de naranja. “¿Te puedo mostrar unos libros que estoy vendiendo?”, me preguntó. Yo acababa de publicar mi primer libro, cómo iba a decir que no. Me dio uno que hablaba de lo que pasa después de la muerte. Me quedé en silencio. “Se acaban de morir dos personas muy importantes para mí y necesito respuestas”, le dije. El chico era hare krishna. Nos quedamos charlando y descubrimos que teníamos amigos en común. No sé qué más me dijo, solo recuerdo una frase porque la anoté: “La infelicidad proviene del apego”. Le compré uno de sus libros por quince pesos. Esa escena, para mí, ocurrió en otro plano: nosotros hablando de la muerte, en paz, mientras alrededor empezaba la vorágine del fin de semana. Fue como levitar un ratito.

Vista de la calle Santa Fe, aunque a otra altura

Vista de la calle Santa Fe, aunque a otra altura

* Arenales casi llegando a Aráoz

Ahí, medio escondida, hay una pileta de natación. Ya perdí el rastro del nombre, porque en estos 15 años tuvo muchos. Cuando yo iba se llama Palermo Acuarel. Entrando al hall hay un bar, al fondo, y al lado una especie de cúpula rectangular de vidrio que ocupa casi toda la planta baja. A través de ese vidrio se ve, en el piso de abajo, lo que sería el subsuelo, la pileta. En esa pileta aprendí a nadar, pasé colonias de verano jugando al waterpolo y parte de mi adolescencia entrenando para torneos. Tuve muy buenos amigos a los que casi no volví a ver. Una vez le pedí a una amiga que fuese a sacarme fotos —con cámara a rollo, todavía— para tener alguna del chico que me gustaba. No sé dónde quedó ese álbum ni si sobrevivió a mis ataques de limpieza. Cada vez que paso por alguna pileta y siento el calorcito del olor a cloro, me acuerdo de Palermo Acuarel.

No tengo fotos de todos estos lugares, así que algunas son de otros rincones que también me gustan. Esta es de San Telmo, Carlos Calvo casi Paseo Colón.

No tengo fotos de todos estos lugares, así que algunas son de otros rincones que también me gustan. Esta es de San Telmo, Carlos Calvo casi Paseo Colón.

* Paredón rojo sobre la calle Thames, en Palermo Viejo

Pasé tres años de mi vida almorzando contra esa pared. Éramos casi siempre las mismas cuatro chicas y nos reuníamos ahí durante la hora de recreo largo del colegio. Nos sentábamos en la vereda, afuera del edificio, contra esa pared medio bordó y usábamos las heladeritas como mesa. Mi mamá solía mandarme patitas de pollo o milanesas, otras veces comprábamos pizza o sandwiches en el quiosco de la esquina. La frase célebre era: “Me canto los bordes de Ani”, porque yo siempre dejaba el final de la pizza en el plato. Nunca faltaba la manzana apurada de mi amiga Sofi. Ella comía rápido y yo lento, así que siempre nos reíamos de que cuando yo empezaba a abrir el tupper, ella ya estaba pelando la manzana. De todos los años de colegio, ese debe haber sido el lugar más feliz que tuve. Hace poco volví a pasar y la pared me pareció distinta, como desteñida y más chica.

Al final una misma ciudad significa distintas cosas para cada uno. Todos la miramos desde un ángulo distinto.

Al final una misma ciudad significa distintas cosas para cada uno. Todos la miramos desde un ángulo distinto.

* Plaza Roma, sobre la calle Bouchard

No sé si sigue estando en el mismo lugar, pero en esa plaza había un banco y en ese banco me senté el día que salí de la antigua redacción de La Nación, dos semanas antes de irme de viaje por primera vez, en el 2008. Había tenido una reunión en el diario y me habían propuesto escribir un blog de viajes que iba a salir publicado en la web del diario. Dije que sí. Y cuando salí del edificio me tuve que sentar en ese banco de los nervios. Ese blog lo iba a ver mucha gente, y yo nunca había viajado ni escrito blogs. En el cuaderno que llevaba encima, escribí: “Siento que hoy es el antes de un después”.

mapa-de-emociones-de-buenos-aires-argentina-38

* Pampa y Figueroa Alcorta

Sri Ravi Shankar estaba en Buenos Aires y yo también. Habían anunciado que haría una meditación masiva y, si bien no sabía meditar ni era fan de este señor, fui. El punto de encuentro era el espacio abierto de Pampa y Figueroa Alcorta, pero cuando llegamos no había nadie. Un auto frenó al lado nuestro y unos chicos nos preguntaron si sabíamos dónde era la meditación. Habíamos escuchado al pasar que era por ahí cerca, así que les dijimos y les pedimos si podíamos ir con ellos. Nos subimos al auto. Fue la primera vez que hice algo muy parecido al autostop en plena ciudad.

mapa-de-emociones-de-buenos-aires-argentina-20

Así fue la meditación masiva

Así fue la meditación masiva

* Ciudad Cultural Konex, La bomba de tiempo, cualquier lunes

La primera vez que fui, la entrada costaba siete pesos. Hoy está a más de setenta. Me llevó un chico con el que estaba saliendo y a partir de ese día empecé a ir cada vez que pude. La Bomba de Tiempo es una banda de percusión que improvisa sobre el escenario. Imposible que no te hagan bailar y volar. Ahora hace mucho que no voy, pero el patio del Konex es otro lugar repleto de recuerdos.

mapa-de-emociones-de-buenos-aires-argentina-32

* Salguero casi llegando a Figueroa Alcorta

Era mi primer día de trabajo como asistente de comunicación en el Malba (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires) y decidí ir en bicicleta. El último tramo, antes de llegar a Figueroa Alcorta, era en bajada así que fui medio rápido. Un taxi frenó de golpe y antes de darme cuenta me choqué de frente con la puerta del asiento atrás, que justo se había abierto. Muerta de vergüenza, le pedí disculpas a la pasajera. Cuando vi quién era me quise morir. La que iba en el asiento de atrás y a quien casi atravieso con mi bicicleta era mi jefa. Así empezaba nuestra relación (que después de eso fue excelente).

* Parque Las Heras

Debo haber pasado más horas en este parque que en ningún otro lugar de Buenos Aires. Empecé a ir en pañales, al principio gateaba por el pasto, después caminaba y corría. Lo que más me gustaba era la calesita, dar vueltas sobre esos caballos de madera que subían y bajaban, sacar la sortija y ganarme otra vuelta gratis. Más adelante empecé a andar en patines por la pista, me agarraba de una de las barras, que era más alta que yo, y dejaba que mis pies patinen y mi cuerpo se balancee. Más de grande se convirtió en un lugar de encuentro con amigos, un rincón donde tirarse un poco al sol entremedio de tanto edificio. Ahora, cada vez que estoy por el barrio, me siento un ratito en un banco y miro los árboles y los perros.

mapa-de-emociones-de-buenos-aires-argentina-1-4

Así era cuando iba a jugar a la plaza

mapa-de-emociones-de-buenos-aires-argentina-35

mapa-de-emociones-de-buenos-aires-argentina-34

La calesita

* Esquina de Coronel Díaz y Juncal

Fue en el 2001, la noche antes del once de septiembre. Yo volvía del boliche con S. y sus amigos. Ese día nos habíamos puesto de novios. Creo que era como la cuarta vez que nos veíamos. Teníamos 16 años. S. y yo íbamos en el asiento de atrás, abrazados. Antes de bajarme me dio un beso, me miró y me dijo: “Me gustás mucho”. Era la primera vez que un chico me decía algo así. Me bajé enamorada y el auto se fue. Volvimos a vernos cada fin de semana durante casi un año. Al día siguiente mi mamá me despertó con la tele: “Mirá Ani, se están cayendo las Torres Gemelas”.

* Alguna esquina de la calle Piedras, en San Telmo

Íbamos caminando con dafne, la noche estaba lindísima, estábamos dando vueltas desde las tres o cuatro de la tarde. Para no olvidarnos nunca de ese día, me agarré de un farol y le dije a daf: “Vos acordate, siempre, que esta esquina te la regalé yo”. Me olvidé qué esquina era.

Ventanas de La Boca

Ventanas de La Boca

* La plazoleta del Obelisco

Este es uno de esos lugares porteños que va mutando según el día. El Obelisco no importa, importa lo que pasa debajo: festejos por partidos de fútbol, reuniones del club de fans de Justin Beiber, gente sacándose autofotos, gente a la que le roban la cámara, manifestaciones políticas, miles de bicicletas que se juntan ahí para la Masa Crítica, gente durmiendo. Yo una vez, desde ahí, vi dos arco iris juntos.

mapa-de-emociones-de-buenos-aires-argentina-18

El Obelisco con dos arco iris

* Humberto Primo 471

Acá participé por primera vez en un taller de narrativa y ficción.
Acá conocí a Pedro Mairal.
Acá sentí nervios al tener que leer mis textos frente a trece desconocidos.
Acá comí medialunas durante ocho viernes.
Acá conocí escritores que admiro.
Acá conocí al editor de mi próximo libro.
Acá nos hicieron salir a dar una vuelta por San Telmo con los ojos vendados.
Acá escuché sonidos a los que mis ojos nunca le habían prestado atención.
Acá festejé un cumpleaños.
Acá me peleé con un novio.
Acá estuvo el bar Orsai.

mapa-de-emociones-de-buenos-aires-argentina-40

* Avenida San Juan, pasando 9 de Julio

Un domingo salí a andar en bici por San Telmo y Barracas. Estaba pedaleando por Avenida San Juan, sola. Por la calle no venía nadie. Pasé al lado de un grupo de trabajadores que estaban arreglando algo en la vereda. Uno me gritó: “¡Dale, reina, que vas primera!”. Me aplaudieron.

* La Reserva Ecológica

Cuando descubrí que tenía la Reserva Ecológica tan cerca no pude creer que hubiera un lugar así en la ciudad, con caminos de tierra, árboles, río. Ir en bici a mitad de semana es como irse de viaje. Casi todos los caminos desembocan en el río. Hay un punto desde donde se ven los edificios de Puerto Madero, a lo lejos, tapados por la vegetación. Parece una escena post apocalíptica. En alguna parte de la Reserva, no sé precisar bien dónde, hay o había una cancha de cemento. Durante una época fui con paletas de playa a jugar. Ahora voy cuando quiero desenchufarme.

Buenos Aires después del apocalipsis

Buenos Aires después del apocalipsis

La Reserva Ecológica

La Reserva Ecológica

* El Paseo de la Historieta

Cuando iba a la facultad pasaba cerca, en los colectivos que iban por Paseo Colón, y cada vez que veía esas calles empedradas y llenas de árboles me daban ganas de bajarme. Después me olvidaba y a la mañana siguiente volvía a ver esos árboles y pensaba lo mismo. Durante el último año de carrera empecé a trabajar ahí cerca y me fui encontrando con las esculturas durante el horario de almuerzo, de casualidad. Cuando vinieron mis amigas de Perú me pidieron de ir a ver a Mafalda, así que fuimos hasta una de las esquinas del Paseo de la Historieta, a muy pocas cuadras de donde yo pasaba en colectivo todas las mañanas, y les saqué fotos. Nunca hice el paseo completo. Hoy, cuando terminé de escribir este post, L. me preguntó si la conocía a Mafalda. Obvio, fue mi respuesta, mientras sacaba el libro de [eafl id=”21144″ name=”Toda Mafalda” text=”Toda Mafalda”] de la biblioteca. Y me dijo: “Quiero ir a ver esto, vení, mirá”. Y me mostró fotos en Google de Mafalda sentada en un banco en la esquina de Defensa y Chile.

mapa-de-emociones-de-buenos-aires-argentina-5

mapa-de-emociones-de-buenos-aires-argentina-28

* Los escalones del parque Lezama

El parque Lezama tiene muchas subidas y bajadas, también tiene mesas de ajedrez y una iglesia ortodoxa rusa enfrente. Entre todo eso hay una zona de escalones en anfiteatro donde la gente va a sentarse. Ahí pasé la tarde de mi cumpleaños número veintiocho. Me senté al sol y leí un libro de Kapuscinski. Esa mañana había llevado el manuscrito final de mi primer libro a imprenta.

mapa-de-emociones-de-buenos-aires-argentina-15

* Las paredes de Honduras, en Palermo Viejo

Todas las calles que cruzan o van paralelas a Honduras tienen arte callejero. Siempre quise pintar paredes y tuve una época en la que se me dio por hacer stencils. Fabriqué cuatro: el Submarino Amarillo, la cara de John Lennon de Imagine, Woodstock —el amiguito de Snoopy— con una flor, y la banana dibujada por Andy Warhol. Y salí de noche, con aerosoles de tres colores, guantes de látex y bicicleta, a llenar las paredes de Honduras de stencils. No sé si quedará alguno visible, fue hace muchos años. Una amiga, incluso, me pidió que le hiciera uno enfrente de su casa en Las Cañitas. Le hice un Woodstock con aerosol rosa. La última vez que pasé ya no estaba.

Uno de mis stencils

Uno de mis stencils

Woodstock

Woodstock

Y más arte por Palermo Viejo

Y más arte por Palermo Viejo

* Una esquina de Microcentro, en la puerta de un banco

Durante mucho tiempo, no sé si seguirán, había una banda de ska que tocaba todas las tardes en la puerta de un banco en Microcentro, a esos de las seis de la tarde. Nunca me aprendí las coordenadas exactas porque me encantaba encontrármelos de casualidad, escuchar la música a lo lejos y buscarlos usando los oídos. Se reunía bastante gente alrededor, algunos bailaban. A mí me gustaba escucharlos por el contraste que generaba su música colorida con el gris del centro.

Una esquina cualquiera de Microcentro

Una esquina cualquiera de Microcentro

* Un escalón al lado de Güerrin, sobre la calle Corrientes

Descubrí las pizzerías del centro hace unos cuatro años, cuando unos amigos me invitaron a hacer la ruta de la pizza, un recorrido autogestionado que consiste en comer una porción de muzzarella en la barra de cada una de estas pizzerías (El Cuartito, Güerrin, Las Cuartetas, etc). Es la versión porteña de irse de tapas, aunque en un perímetro reducido y con mucha cerveza y muzzarella. Después de las masas críticas también solía ir a Güerrin: haber pedaleado seis horas merecía ese premio. Una vez fuimos varios, nos compramos una grande de muzzarella, nos sentamos afuera, en la vereda, y comimos la pizza ahí mientras la gente salía de los teatros. Era sábado a la noche. Comer en la calle mientras la gente hace su vida siempre me hace sentir de viaje. Creo que ese fue el día que vi cómo sacaban de baldes bolas enormes de muzzarella para hacer las pizzas.

* Pasaje Lanín, Barracas

Cuando internaron a T. en el Moyano, un hospital psiquiátrico para mujeres en Barracas, frené varias veces en este pasaje antes o después de ir a verla. Me daba paz. Es una calle con casas decoradas con mosaicos, y si te parás en el medio no escuchás ningún ruido de la ciudad.

Casas del Pasaje Lanín

Casas del Pasaje Lanín

* El 152

Estábamos volviendo de Martínez en el 152. Para pasar el tiempo, le leí textos en voz alta a mi pareja de aquel entonces. Uno de estos textos era Osito, una historia que había escrito para el taller de Pedro acerca de uno de los objetos que tengo hace más tiempo en mi vida: mi osito de peluche. Se lo leí medio bajito porque me daba vergüenza que alguien escuchara. Cuando terminé vi que el chico que estaba parado al lado nuestro nos miraba y sonreía. Creo que escuchó todo. Me miró y dijo: “¿Aniko Villalba?”. Era lector de mi blog. Me puse roja.

* Las bicisendas de Carlos Calvo y Billinghurst

Me encanta andar por estas bicisendas. La de Carlos Calvo casi siempre está vacía. Pasa por zonas de casas bajas y antiguas, almacenes y veredas arboladas. Va por una Buenos Aires donde el caos no se ve, donde el ritmo es otro. La de Billinghurst pasa, entre otros lugares, por un almacén de paredes verdes, en una esquina de Almagro. Frené muchas veces a mirarlo. Después me fui por dos años, y hace unos días volví a hacer el trayecto y no lo encontré.

mapa-de-emociones-de-buenos-aires-argentina-23

* Avenida 9 de Julio de madrugada y con lluvia

Eran las siete de la mañana. Había ido a una fiesta de casamiento y estaba caminando por la 9 de Julio con un amigo. Yo tenía un vestido negro con lunares blancos, corte princesa. Él estaba de traje. Llovía. La ciudad estaba gris. Nosotros caminábamos charlando debajo de mi paraguas rojo. Siempre quise que alguien sacara una foto de esa escena tan urbana. Parecía una publicidad de algún perfume.

9 de Julio de día

9 de Julio de día

* La casa de mis abuelos en Saavedra

Los recuerdos son difusos. Pasé muchos domingos ahí hasta que mis abuelos murieron, a mediados de los noventa. Me acuerdo de las cajitas con collares y anillos que tenía mi abuela, de la heladera antigua, de los pinceles de mi abuelo, de sus manos que temblaban, de las mantas tejidas y las cortinas y del olor a óleos y a tiempo. Hace poco, una lectora me escribió para contarme que había descubierto que vivía, justamente, en el departamento que había sido de mis abuelos.

* El río Paraná, en el Tigre

Pasé gran parte de los fines de semana de mi infancia en el Tigre. Yo lo daba por sentado hasta que me fui de viaje y entendí que tener un delta así tan cerca de la ciudad es un privilegio. Crecí remando en canoas, nadando sin ver el fondo, yendo al Paraná a pasar la tarde. Si pudiera hacer una X en el mapa argentino sería ahí, en la primera sección del río Paraná, cerca de la costa, en una canoa atada de un muelle ajeno, con la luz de la luna iluminando el agua y el río meciéndome. La gran mayoría de mis sueños tienen de escenario el Tigre.

Este arroyo sale al Paraná. Si lo habré nadado...

Este arroyo sale al Paraná. Si lo habré nadado…

Estas fotos me las mandó mi mamá un día de mucha niebla en el Tigre.

Estas fotos me las mandó mi mamá un día de mucha niebla en el Tigre.

En general los colores son estos

En general los colores son estos

* Todas las librerías de la ciudad

Buenos Aires es una gran librería. Si salgo a caminar, seguro que descubro una nueva. Y siempre entro, porque es inevitable, porque no puedo no entrar a esos paraísos que me generan ansiedad, angustia y felicidad todo a la vez. Hace poco volví al Ateneo de Callao y Santa Fe, ubicada dentro de un antiguo teatro y considerada una de las librerías más lindas del mundo. Me pareció que mudaron la sección de viajes. Antes estaba en un estante alto, ahora al ras del piso y medio escondida. Me acuerdo porque la última vez fui con una amiga peruana que me dijo: algún día tus libros estarán en esta sección.

Librería El Ateneo Grand Splendid (acá sí les recomiendo que vayan!)

Librería El Ateneo Grand Splendid (acá sí les recomiendo que vayan!)

* Una parrilla en Nueva Pompeya

Fuimos con mi papá a una imprenta por Avellaneda, después lo acompañé a buscar algo que había dejado arreglando y terminamos en Nueva Pompeya, los dos con hambre. Vamos a una parrilla, me dijo, vi una que me gustó. Dimos un montón de vueltas hasta que la encontramos. Entramos. Yo era la única mujer y me miraron. Estaban pasando cumbia, olía a carne. Comimos en platos de madera, yo un pollo con limón que no me pude terminar de lo grande, él una porción de asado. Y charlamos mucho. Le pregunté cosas de su infancia, de cómo se conocieron mis abuelos, por qué vinieron a Argentina. A los pocos días, él tuvo que volver por la zona y me llamó por teléfono: “Adiviná dónde estoy”. De fondo sonaba algo que parecía Gilda.

Además de las parrillas, de Buenos Aires me gustan los mercados y las verdulerías (esta foto es del mercado de San Telmo)

Además de las parrillas, de Buenos Aires me gustan los mercados y las verdulerías (esta foto es del mercado de San Telmo)

mapa-de-emociones-de-buenos-aires-argentina-12

* El 39 que tomó otra ruta

Hace unos días me subí al 39 para ir al Ateneo y había una calle cortada, así que el conductor agarró otro camino. Fue raro ver esos edificios desde la ventana del 39. Estoy tan acostumbrada a su recorrido que con solo ver un pedacito de calle ya sé dónde estoy. Pero ese día todo era nuevo y mientras miraba por la ventana pensé que, en este momento, viajar ya no es lo que le da sentido a mi vida. Y también anoté: “Estando de viaje escribo blogs, en Buenos Aires escribo libros”.

Ya ni sé si esto lo vi o no desde el 39 alguna vez.

Ya ni sé si esto lo vi o no desde el 39 alguna vez.

El 39 no pasa por acá, pero aprovecho para poner esta foto porque es una de mis esquinas preferidas en San Telmo.

El 39 no pasa por acá, pero aprovecho para poner esta foto porque es una de mis esquinas preferidas en San Telmo.

* El balcón de mi casa, piso 18

Era viernes a la noche. Eme, una chica estadounidense que se estaba alojando en casa, se asomó a mi balcón y miró las luces de Buenos Aires. Vivo en el piso dieciocho del único edificio de la zona. De noche se ven luces rojas que se prenden y se apagan y una luz blanca que parece un faro. Eme se agarró de la baranda y dijo: “¡Esta ciudad está loca!”. Sí. Y eso explica tantas cosas.

mapa-de-emociones-de-buenos-aires-argentina-1-7

Ya que hablamos de Buenos Aires, de Pedro Mairal y de escenas post apocalípticas, les recomiendo muchísimo su libro "El año del desierto".

Y ya que hablamos de Buenos Aires, de Pedro Mairal y de escenas post apocalípticas, les recomiendo muchísimo su libro “El año del desierto”. Mientras lo lean van a sentir que Buenos Aires se transforma frente a sus ojos.

[box type=”star”]Este post pertenece a la serie “Guías de viajes para humanos”. En una época intenté amigarme con mi ciudad y lo escribí acá: Amigate con Buenos Aires, también en formato de serie. También le hice un mapa subjetivo a Biarritz, la ciudad francesa en la que viví casi 10 meses, el segundo lugar en el que pasé más tiempo después de Buenos Aires. Si tienen un hilo de Ariadna de su ciudad, mándenmelo, aunque sea de manera anónima, así contradigo mi propio consejo y lo sigo si me voy de viaje a ese lugar. Y para ver fotos en tiempo real de mis días en Buenos Aires, pueden seguirme en Instagram.[/box]

Cosas que me inspiran (9): otras formas de viajar

[box type=”star”]Este post pertenece a la serie Cosas que me inspiran: una dosis quincenal —ejem mensual, ejem bimensual— de fotos, lugares, enlaces, charlas, ilustraciones, artistas, películas, libros y otras cosas que me gustan.[/box]

Desde que abrí mi otro blog, escribir.me, fui volcando todas las cosas que me inspiran ahí: libros, canciones, papelería, journals, frases, y dejé un poco abandonada esta sección en Viajando por ahí. Así que hoy la reactivo con una selección de cosas que me hacen viajar de distintas maneras o que son un viaje en sí mismas. Empecemos.

1. Música: “Back it up” (Caro Emerald) y el disco “Y punto” de Bebe

Tengo mis épocas con la música: la escucho siempre, es una de mis necesidades básicas, pero suelo ir variando de géneros, ritmos y artistas según mi estado de ánimo. En este último tiempo me la pasé escuchando a cantantes mujeres (y leyendo a escritoras y admirando a ilustradoras y muy conectada con la obra de otras mujeres en general). “Y punto”, el disco de Bebe que menciono acá, me lo pasó un amigo catalán y enseguida se convirtió en una de las bandas sonoras de este viaje. Escúchenlo y préstenle atención a la letra: la primera canción empieza con un viaje “en su casita con ruedas” y habla de la libertad de la ruta. Ideal para escuchar en un tren o durante una caminata. Y el otro video que puse acá, “Back it up”, es un tema de Caro Emerald, una cantante de pop y jazz holandesa, que escuché por primera vez hace unos días y me encantó. Ideal para ponerse de buen humor.

2. La librería Waterstones de Londres

libreria-waterstones-londres-1

El edificio de la librería Waterstones de Londres. una de las más grandes de Europa

libreria-waterstones-londres-viajes

Artículos de viajes en la sección de Viajes de la librería

Uno de mis lugares en el mundo es una librería. Tiene seis pisos, uno dedicado por completo a los viajes, dos cafeterías, cientos de estantes y muchos sillones para quedarse horas leyendo: es la Waterstones de Londres. La descubrí de casualidad la primera vez que estuve allá, cuando caminaba sin rumbo por Picadilly y una vidriera me llamó la atención. Entré sin imaginarme que me esperaba un paraíso de libros. Quedé tan enamorada de esa librería que quise volver y un año después encontré un pasaje barato desde Francia y me fui a pasar cinco días a Londres como autorregalo de cumpleaños (hace unos días cumplí treinta). Fui con un solo objetivo: encerrarme en Waterstones a leer libros. Si me hubiesen dejado acampar, me quedaba a dormir ahí. Visité otras librerías en Londres, pero esta sigue estando entre mis preferidas, sobre todo por esos sillones mullidos en los que me senté con pilas de diez libros a leer toda la tarde. Si van a Londres, no se la pierdan.

Acá pueden ver qué libros tiene y dónde quedan las sucursales: Waterstones.com

3. Libro: An age of license, de Lucy Knisley

Foto: lucyknisley.com

Foto: lucyknisley.com

lucy-knisley-comic

Foto: lucyknisley.com

Revolviendo libros en Waterstones me encontré con este cómic: [eafl id=”21094″ name=”An age of license” text=”‘An age of license – A travelogue'”] de Lucy Knisley. Me llamó la atención enseguida y, cuando lo abrí, no pude parar de leer. Lucy es una dibujante estadounidense, y en este libro relata un viaje que hizo por Europa cuando la invitaron a presentar uno de sus libros en Escandinavia. Me sentí muy identificada con sus reflexiones, miedos, historias y descripciones. Pasó a mi lista de artistas preferidas.

Pueden ver su trabajo en su web: lucyknisley.com

4. Pasaportes alternativos

utopia-passport-1

wonderland-passport-inside

Foto: www.philosophersguild.com

Descubrí el pasaporte de Utopía la primera vez que fui a Londres (aunque no me acuerdo en qué librería, si Waterstones u otra) y me encantó la idea: ¡un cuaderno con formato de pasaporte! Me lo llevé y lo usé para escribir listas de cosas que no me quiero olvidar, es algo así como mi pasaporte para la mala memoria. Un día, muchos meses después, se me ocurrió mirar la web de Philosopher’s Guild, los creadores de esta libretita y me encontré con algo… terrible: tienen un montón de pasaportes y quiero todos, como el de Pangea, Marte, Neverland, Nirvana e incluso el del Paraíso y el Infierno. El que más me gustó es el de El País de las Maravillas. Va a mi wishlist.

Pueden ver todos los modelos acá: Philosophersguild.com

5. Revista Flow

revista-flow-1

Esta debe ser, junto con Orsai, una de las mejores revistas que descubrí en estos últimos años, aunque una no tiene nada que ver con la otra. La Flow nació en Holanda y es una revista dedicada a los amantes del papel (hola). Cada número trae regalos como postales, stickers, libretas, mini-agendas, papel de origami y cosas así. Tiene ilustraciones lindísimas y artículos muy interesantes acerca de creatividad, artistas, historias de vida, crafts, psicología positiva, mindfulness. Es pura inspiración. La publican en holandés, alemán, inglés y francés. Se consigue en Europa pero también la envían a casi todo el mundo por correo. Si son amantes de la papelería y de las cosas lindas como yo, les va a encantar.

Más info en la web: Flowmagazine.com

6. Libro: The crossroads of should and must, por Elle Luna

crossroads-should-must-elle-luna-1

“The crossroads of should and must”, de Elle Luna, nació de un artículo del mismo nombre que la autora publicó en Medium en el 2014. Los invito a que lo lean: “The crossroads of should and must”. Habla de cómo en la vida nos encontramos constantemente en esa intersección entre lo que debemos hacer y lo que queremos hacer, y como solemos elegir lo que debemos y dejamos muchos sueños de lado. Muy inspirador. El libro lo consiguen en [eafl id=”21095″ name=”The crossroads of should and must” text=”Book Depository”] (gran página porque hace envíos de libros a todo el mundo sin costo de envío).

Y para saber más de la autora: Ellaluna.com

7. Película: Wild (2014)

Wild-Movie-2014

Basada en el libro “Wild: From Lost to Found on the Pacific Crest Trail” (2012), de Cheryl Strayed, la película cuenta la historia real de Cheryl, una chica que caminó, sola, 1770 kilómetros por un sendero en la costa del Pacífico de Estados Unidos, desde el límite con México hasta la frontera con Canadá. Durante tres meses, Cheryl caminó con su mochila a cuestas para superar traumas, pérdidas y duelos del pasado y reencontrarse a sí misma. Me gustó mucho la actuación de Reese Witherspoon y creo que la película refleja muy bien, en varios momentos, lo que significa viajar sola e irse lejos de casa para superar tristezas.

8. Wanderlust Journal

wanderlust-journal

Cuando juré que no iba a comprarme más journals (ya llevo demasiados libros a Argentina) apareció este, el Wanderlust Journal, un cuaderno pensado para completar durante uno o más viajes. Tiene tapa dura, está dividido en 11 destinos y para cada uno te propone que escribas listas, reflexiones, aspectos culturales que te llamen la atención, que describas un día en un lugar, que cuentes cómo llegaste y cosas así. Entremedio tiene fotos y frases inspiradores y al final tiene espacio para hacer un bucket list (las cosas que querés hacer antes de morir). Las creadoras son Axel y Ash, dos diseñadoras con base en Australia.

9. Libro: “Los autonautas de la cosmopista”, por Julio Cortázar y Carol Dunlop

Cortazar-Autonautas

En 1982, el escritor argentino Julio Cortázar y Carol Dunlop, su mujer estadounidense, decidieron hacer “un viaje atemporal” por la autopista París-Marsella. El objetivo no era llegar a Marsella, sino vivir un mes dentro de la autopista, visitar dos paraderos al día y escribir acerca de ese mundo que para muchos es solo un lugar de tránsito. Cargaron todo lo que necesitaban en Fafner, su combi roja, y durante más de treinta días fueron de paradero en paradero y escribieron un libro, este, contando lo que iban encontrando en cada lugar y reflexionando acerca de esta manera de viajar. Una joyita. Lo consiguen en [eafl id=”21096″ name=”Los autonautas de la cosmopista” text=”Book Depository”] (con envío gratuito).

10. Película: Inside out (Pixar, 2015)

“Inside out” (IntensaMente) debe ser una de las primeras películas de animación que habla de manera tan directa acerca de las emociones. Riley, el personaje principal, es una nena que tiene que mudarse con su familia de Mississippi a San Francisco y que, en consecuencia, pasa por muchos cambios de humor. La película muestra el funcionamiento interno de su cabeza, donde hay cinco personajes al mando: Alegría, Tristeza, Ira, Disgusto y Miedo. Cada emoción va tomando el control según la situación y crea recuerdos distintos que, en conjunto, forman la personalidad de Riley. Me encanta Pixar y esta película pasó a mi lista de preferidas. La animación es espectacular y el tema que trata, muy universal. Recomendadísima.

BIS: 104 things to photograph (journal fotográfico)

104-things-to-photograph

Los journals son mi nueva adicción, y la colección “642 Things to write about” es mi preferida: son libros-cuaderno con disparadores para escribir todo tipo de escenas y situaciones. “104 things to photograph” es la versión fotográfica: cada página está dividida en dos y cada espacio tiene una consigna de algo para fotografiar, por ejemplo “alguien saltando la soga”, “algo hecho a mano”, “un helado derritiéndose” u “otra perspectiva”. Como en los libros de escritura, estas consignas son abiertas y libres a interpretación. Lo lindo es que una vez que hayas sacado todas las fotos, podés pegarlas en este libro y convertirlo en un álbum de imágenes creativas.

Pueden conseguirlo en Amazon: [eafl id=”21097″ name=”104 things to photograph” text=”‘104 things to photograph'”]
Y si hay otros fans de los journals por acá, les dejo una lista de mis preferidos

Fotorrelato:
33 momentos de nuestro viaje por Serbia y Croacia

[box type=”star”]En este fotorrelato, comparto 33 fotos alternativas de nuestro viaje por Serbia y Croacia. Lugares, detalles y momentos que quedaron afuera de los posts de Desafíos y que tenía ganas de mostrarles. [/box]

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-1

1. En caso de rabia, rompa aquí

¿Qué hacer con todos esos objetos y recuerdos que nos quedan de nuestras ex parejas? ¿Tirarlos por la ventana, revolearlos contra la pared, enterrarlos en el placard? En Zagreb, la capital de Croacia, decidieron ponerlos en un museo: el Museo de las Relaciones Rotas. Toda historia de amor, aunque haya terminado mal, sirve de bálsamo para otros, para darnos cuenta de que no somos los únicos que vivimos y sufrimos estas cosas. Y estos lápices para la bronca me parecieron un gran souvenir.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-4

2. Mensajes en botellas

Vi estas botellas después de ir al Museo de las Relaciones Rotas y me pareció que seguían el mismo hilo conductor. “I release and forgive”: “Dejo ir y perdono”. Cuesta pero hay que hacerlo.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-6

3. Así vale la pena

Me gusta mucho visitar cementerios en otras partes del mundo ya que me interesa ver cómo cada cultura trata a sus muertos. En China encontré cementerios con lápidas rojas, en Buenos Aires tenemos uno que parece una ciudad en miniatura, me dijeron que en Guatemala y México son muy coloridos. Los cementerios grises me parecen muy tristes, ¿por qué se le da ese color a la muerte? ¿por qué no ponerle colores al fenómeno más universal que tenemos?¿Por qué recordar a las personas en un solo tono? Si al final todos vamos a terminar ahí, deberíamos hacer ese fin lo más agradable posible. En Zagreb fuimos a visitar el cementerio Mirogoj y, entre tantas tumbas negras, esta me llamó la atención. La bauticé la tumba Van Gogh.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-7

4. De fábricas y conejos

Habíamos ido a ver los monumentos socialistas ubicados a lo largo de la orilla del río, en Zagreb, en una zona alejada del centro, y volvimos caminando por una parte bastante residencial de la ciudad. Nos encontramos con este edificio y enseguida pensé en la fábrica de artistas de Islandia, con todas las paredes repletas de arte. Me gusta mucho conocer los lugares que no salen en los mapas turísticos.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-10

5. Llegamos a Belgrado

Nos subimos al tren nocturno en Zagreb, nos metimos en un compartimento de seis asientos y nos dormimos. A eso de las tres de la mañana, mientras llovía a baldazos, entró el policía de frontera de Croacia a pedirnos los pasaportes. Todo bien. A los diez minutos entró el de Serbia para hacer el mismo trámite. Nunca me voy a olvidar de cómo miró el pasaporte de Lau, leyó su nombre y lo dijo en voz alta: a mí me sonó a “La – Ra”, con una erre muy suave. Puso los sellos correspondientes, nos dijo que esperemos y se llevó nuestros pasaportes a otra parte. Nos pusimos un poco nerviosas. ¿Será porque tengo el sello de Kosovo?, me dijo Lau. ¿Será porque soy húngara?, pregunté yo. ¿Nos harán bajar del tren con esta lluvia? Al rato volvió como si nada, nos sonrió y nos devolvió los pasaportes. Nunca sabremos para qué se los llevó, nosotras decimos que se los fue a mostrar a los amigos. Cuando nos despertamos, a las seis de la mañana, ya estábamos en Belgrado. Habíamos llegado a otro mundo.
fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-13

6. La calle de los paraguas

Cada ciudad tiene sus calles memorables. Hay calles con lámparas, calles con gatos, calles con plantas, calles de bombonerías, calles de tiendas de segunda mano. En Belgrado está la calle de los paraguas. Creo que cuando la vimos no nos dimos cuenta de que era una señal de todo lo que iba a llover.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-14

7. Bombonería

Estábamos en pleno mini desafío, buscando nuestra lista de cosas para fotografiar, cuando vi el frente de este negocio. No leo cirílico, pero mi mente interpretó esas letras como “Bombonería – desde 1936”. Me acerqué para mirar la vidriera, que efectivamente tenía cosas dulces, y esta señora también se puso a espiar y a conversar con la gente de adentro.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-15

8. Tiene un nuevo mensaje

Estábamos en una de nuestras caminatas por Belgrado cuando vimos la puerta de un edificio abierta. No era una puerta que diera a un hall cerrado, sino que se notaba que llevaba a un espacio común compartido, como un jardín central. Entramos. En una de las paredes vimos estos buzones. Me encantaron. Algunos, al parecer, siguen en funcionamiento. Yo los usaría para guardar sorpresas.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-16

8. El del brócoli

Fue difícil encontrar este mural. No me acuerdo quién me dijo o dónde leí que en Savamala, uno de los barrios de Belgrado, había un mural “de un hombre gigante comiendo un brócoli”. Lo buscamos durante un rato mientras caminábamos, hasta que nos cansamos y entramos en un bar a preguntar. Como no sabíamos exactamente qué buscábamos, expliqué que era algo así como un señor muy grande comiendo un árbol. Nadie sabía de qué hablábamos. Seguimos caminando, nos olvidamos del brócoli y de golpe nos dimos vuelta en una esquina para mirar algo y ahí estaba: el hombre-ciudad comiéndose la naturaleza. Era más poderoso de lo que esperaba.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-17

9. Dale, que siga lloviendo, total es gratis

Cuando armé la mochila en Biarritz estuve a punto de llevar el paraguas. Al final lo dejé. No creo que allá llueva como en Francia, ya estamos casi en verano. Error. Nos llovió durante toda la primera semana y tuvimos que andar pidiendo paraguas prestados. Me gusta la lluvia pero no cuando estoy de viaje con tiempo limitado. Lo bueno es que después se forman fotocharcos.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-23

10. Ranking de vidrieras raras

Entiendo que en este negocio venden cosas que cortan, pero no sé cuál será su especialidad, porque hay desde tijeritas para las uñas hasta tijeras-machetes, y esa rosa que no sé bien para qué es. Esta vidriera es en Belgrado, pero tanto las de Serbia como las de Croacia están en mi ránking de vidrieras más retro, raras y originales.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-24

11. ¿Esos son cisnes?

Una mañana nos fuimos a pasear a Zemun, una ciudad histórica que ahora forma parte de Belgrado pero que fue parte del Imperio Austro-Húngaro. Después de comer fuimos a caminar por el Danubio y a lo lejos vimos algo que parecía ser un cisne. Nos acercamos y vimos que no había uno sino decenas, todos en grupo yendo de un lado a otro. Después apareció esta familia, que les dio de comer, así que estuvieron un largo rato muy cerca de la costa.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-27

12. Un Plazma Shake con Jelena

Cuando Jelena me escribió un mail diciéndome que quería invitarme a tomar un café en Belgrado me puse re contenta: nunca me imaginé que tenía una lectora serbia —y que hablaba muy bien español, además—. Le dije que sí y nos encontramos allá, debajo de la estatua del caballo en la Plaza de la República. Yo propuse café, pero ella quiso que probara algo nuevo, así que nos tomamos dos Plazma Shake como el de la foto: un licuado de galletitas con leche, chocolate, crema batida y caramelo. Mientras charlábamos con vista al río, me preguntó: “¿Qué palabra se te viene a la mente cuando piensas en Serbia?”. En aquel momento, no muchas: Kusturica, Balcanes, guerra. Ahora tampoco es que haya formado un diccionario de términos, pero al menos pude ponerle cuerpo al país y recordarlo por otras cosas: el rakija (la bebida alcohólica predilecta), Momo Kapor (uno de sus escritores), Belgrado (que ya no es una ciudad abstracta), Mokra Gora y plazma shake.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-28

13. Dos genios

Hace poco un chico me escribió para contarme que estaba por poner un alojamiento chiquito y para preguntarme qué era lo que para mí hacía la diferencia en un lugar así. Le dije que la limpieza me parece fundamental. Está bien que seamos jóvenes pero eso no quiere decir que todo tenga que estar sucio. El espacio común también me parece importante, tiene que haber aunque sea un living o un lugar cómodo donde poder relajarse y charlar con otros viajeros. Pero creo que la mayor diferencia la hace la buena onda de quienes trabajan ahí. Cuando el staff es simpático, amable y bien predispuesto, el lugar se transforma. Lo sé porque lo experimenté muchas veces, para bien y para mal. Me quedé en hostels muy lindos pero con gente tan antipática que no volvería, y me quedé en lugares muy rústicos donde la calidez de las personas me hizo sentirme como en casa. De este viaje —y creo que Lau estará de acuerdo— me quedo con el mejor recuerdo de los chicos del Hedonist Hostel: fue como tener un hogar en Belgrado.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-77

14. Nos bajamos todos para la foto

El día que nos subimos al tren a vapor repleto de griegos no sabíamos en lo que nos estábamos metiendo. Resulta que formaban parte del club de amigos del ferrocarril de Atenas y habían viajado a Serbia y a Rumania solo para tomar trenes a vapor, así que los conocimos en su punto álgido de excitación. Todos sabemos que cuando un grupo de gente con la misma pasión se junta para irse de viaje, la emoción del evento compartido hace que todo sea un quilombo. Los griegos estaban como locos: iban, venían, hablaban, gritaban, se reían, se sacaban fotos, cambiaban de lugar, sacaban los brazos por la ventana. Ya nos habían avisado desde el principio que el tren haría varias paradas para sacar fotos y que nosotras no podíamos salir en las tomas —lo entendimos, éramos intrusas—, así que cada vez que se bajaban en masa para hacer una foto, nosotras teníamos que ir detrás y asegurarnos de no estar siendo apuntadas por ninguna cámara. Para esta foto, el tren nos dejó en el bosque, hizo marcha atrás y volvió a entrar por el túnel mientras todos disparábamos como locos.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-31

15. La manzana de regalo

Me gustó la imagen del señor con sus verduras en la calle y la balanza colgando del baúl. Me acerqué para preguntarle cuánto costaban las manzanas pero no me entendió —o yo no lo entendí a él, que es lo más probable—, así que agarré una y le señas de how much. Me hizo un gesto de nada, es un regalo, y le sonreí. Después le pregunté si podía sacar una foto, y así quedó. Esta es una de mis preferidas.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-33

16. Yo también quiero andar en unicornio

Después del viajecito en tren por Mokra Gora tuvimos que hacer tiempo hasta la noche, que salía el otro tren. No queríamos alejarnos mucho pero teníamos ganas de conocer los pueblos cercanos, así que nos pusimos a hacer dedo con el lema vamos a donde nos lleven —mientras no sea muy lejos—. Le dije a Lau que había una ciudad que se llamaba Zlatibor y que al parecer era linda. El primer auto que frenó venía con tres amigos serbios, y lo primero que nos dijo el conductor fue: “Solo vamos a Zlatibor, no podemos llevarlas a otra parte”. Perfecto. Zlatibor resultó ser… rara, digamos. Es un lugar de esquí, así que durante el verano no hay mucha actividad. Lo que hay son unicornios, como los que estas nenas estaban montando en una de las plazas.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-34

17. Recepción con música balcánica

El tren volvió a dejarnos en Belgrado, ¿cuántas veces habremos bajado en esa estación?, y nos encontramos con esta banda de mariachis serbios a las seis de la mañana. Cómo me gustan los instrumentos de viento y la percusión, me ponen de buen humor en cualquier momento del día, incluso cuando solo dormí cuatro horas la noche anterior.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-38

18. Mirá ese señor

Fue en el último tren serbio que nos tomamos. Lau y yo estábamos sentadas en nuestros asientos cuando vi pasar a este señor. Me llamó la atención su ropa. “Mirá ese señor, Lau. Vos querías gente para fotografiar…”. Al rato, Lau se acercó a su vagón y charló con una señora que estaba sentada cerca para ver si podía pedirle permiso para fotografiarlo. El señor aceptó encantado. Cuando escuché la música me acerqué. Había sacado un instrumento de su funda y estaba recitando un poema. Todo el tren lo escuchaba en silencio. Recitaba en serbio, así que no entendimos, pero la señora nos dijo que hablaba acerca de la unión entre yugoslavos. Cuando terminó, mucha gente lo aplaudió. Él nos sonrió y nos hizo un high five a cada una.

19. Subase nomás

Eran menos de las seis de la mañana en Zagreb y estábamos esperando el tranvía para ir a tomar el tren hacia la costa de Croacia. Tengo la teoría de que los personajes que esconden las ciudades salen a esa hora, muchos recién se están yendo a dormir, otros quieren dar una vuelta antes de que la gente empiece con sus rutinas cotidianas. Este señor salió así, vestido de policía y con una guirnalda de globos —con dos colores de la bandera de Croacia—, entró al tranvía y se sentó como si nada. Tal vez le habían encargado que lleve los globos de un evento a la fiesta infantil de su hijo. O quizá iba a soltar globos en medio de una plaza. Quién sabe.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-42

20. ¿Y si hacemos dedo?

Al principio no lo pusimos como opción. El viaje por Serbia y Croacia iba a ser en tren. Pero una tarde en la que descubrimos que teníamos que esperar tres horas para tomar el próximo bus o siete horas para el próximo tren a Belgrado, tiré la idea al aire. “Lau, ¿y si hacemos dedo?”. Y claro. Nos paramos al costado de la ruta, ya era casi de noche y no sabíamos si el autostop funcionaría en Serbia. A los pocos minutos estábamos en un auto a Belgrado sin escalas. Siempre es cuestión de probar antes de decir que no se puede.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-43

21. Linda la pileta

Esta foto la sacó Lau en el Haludovo Hotel, uno de los lugares abandonados que exploramos en la costa de Croacia. No sé si es que la silla quedó ahí desde que el hotel cerró, o si algún otro explorador urbano la trasladó hasta el borde de la pileta para, como yo, sentarse e imaginar cómo habrá sido ese resort cuando todavía había huéspedes y la pileta se llenaba con champagne —eso dicen—.

22. Luka el fotógrafo

En una de nuestras casas de Couchsurfing lo conocimos a Luka, el menor de la familia que nos recibió. Al principio no se animaba a hablarnos mucho, pero siempre nos seguía de cerca y nos preguntaba Hungry?Thirsty? y se apuraba a traernos algo aunque le dijéramos que no se preocupara, que estábamos bien. Con las horas se fue soltando y empezó a sacarnos fotos. Primero de lejos, con el zoom, retratos cándidos, momentos espontáneos. Después entró en confianza y nos hizo posar, nos acomodó para la foto, se sacó autofotos con nosotras. Al final, además de hablarnos en croata, nos habló un poquito en inglés. Luka, el niño fotógrafo, nuestro amiguito croata.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-46

23. Cielo circular

Por fin llegamos a la costa croata. Nos quedamos dos días en Split, la segunda ciudad más grande de Croacia, y caminamos por el Palacio de Diocleciano, construido entre los siglos III y IV d.C. por encargo del emperador romano Diocleciano como lugar para su retiro. Hoy el palacio forma parte del centro de la ciudad de Split y es Patrimonio de la Humanidad. Está muy bien conservado y, al recorrerlo, uno se puede imaginar las cosas que sucedían en cada espacio. Cuando entramos a uno de sus anfiteatros nos encontramos con un grupo cantando a capella. Miré hacia arriba y me encontré con el cielo así, recortado con forma de círculo.

24. Arrancó el verano en Split

Yo sabía que la costa croata estaba de moda, pero no me imaginé que veríamos tanta gente. El verano empezó con todo. Zona por la que caminábamos, zona por la que nos cruzábamos con grupos turísticos sacando fotos, posando con los guardias, comiendo, tomando café en las escaleras, comprando pasajes, saliendo de los hoteles. Estos lugares con turismo tan masivo y concentrado me generan una sensación rara y al final me agobian un poco.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-50

25. ¿Vamos a la playa?

En los lugares con playa suele pasar lo mismo: en algunas los turistas son mayoría, y otras son más populares entre la gente local. A veces las turísticas son las más lindas y cristalinas, y las locales son menos de folleto; a veces es al revés: los locales conocen las playas más secretas y van ahí sin que se corra la voz. En el caso de Split, decidimos ir a una de las playas locales, ubicada muy cerca del centro de la ciudad. El agua nos llegaba por las rodillas, había nenes jugando a la pelota, la arena era un poco barrosa, estaba lleno de familias haciendo picnic y casi no había espacio en el agua. Pero con el calor que hacía, nosotras estábamos felices.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-51

26. Cuidado con los erizos

Una de las frases más repetidas de este viaje fue: “No quiero pisar los erizos”. En mi caso: “Lau, ¿hay erizos ahí? No veo sin anteojos…”. Las playas croatas con piedras están repletas de erizos, así que hay que tener cuidado porque debe ser bastante doloroso que te atraviesen un pie. Lau me contó que en las playas de Italia casi no hay porque se los comen. En Croacia siguen intactos, así que antes de entrar al agua miren bien.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-53

27. Hicimos couchsurfing en un barco sobre tierra

Las dos teníamos ganas de navegar por Croacia, de ir de isla en isla en velero, de nadar en esas playas turquesas de las fotos. Una tarde, Lau me dijo: “Conseguí couch en un velero”. Enseguida nos pusimos a saltar de alegría. Yo ya me veía como cuando crucé de Colombia a Panamá, feliz con el vaivén del agua, con esas gotitas de mar que me salpicaban en cada ola. “Ah, pero dice que su velero está en reparación, así que está sobre tierra”, me dijo Lau cuando terminó de leer el mensaje. Igual estuvo buenísimo. Compartimos el espacio del velero con tres francesas, y compartimos el espacio de la Marina con unos treinta barcos llenos de estudiantes de fiesta, así que tuvimos música, gritos y wooo-hooo hasta que salió el sol. Lau tenía tapones de oído. Yo no.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-54

28. Yo a Dubrovnik voy en barco

Dubrovnik fue la última parada de nuestro viaje. Desde ahí salía el avión que nos llevaría de vuelta a Barcelona (luego tomaríamos un tren hasta Francia). Si pudiera elegir un medio de transporte, iría por la vida en barco. Cuando vimos que podíamos llegar a Dubrovnik por tierra o por mar, ambas elegimos ir por agua. Así que nos subimos a un catamarán en Brac, isla cercana a Split, y unas cuatro horas después vimos las primeras imágenes de la costa de Dubrovnik. Hacía mucho calor y era domingo, así que el bus que iba del puerto al centro tardó bastante en pasar. Dejamos las cosas, salimos a caminar por el centro histórico y descubrí algo que me encanta: a pocos pasos del centro, pegada a la muralla, había una playa de piedras casi en medio de la ciudad. El mar era transparente y había gente saltando, así que hice lo mismo que ellos y me bañé con vista a Dubrovnik.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-55

29. Si la ropa está colgada, la ciudad está viva

“Me gusta ver la ropa colgada, ya que eso quiere decir que mi ciudad está viva”, nos dijo Marina, quien fue nuestra guía durante una mañana en Dubrovnik. Pienso lo mismo, me encantan las ciudades con la ropa tendida hacia afuera.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-57

30. El que madruga ve el mercado

Lau me dijo que quería levantarse bien temprano para ver el casco antiguo de Dubrovnik antes de que saliera demasiado el sol y se llenara de turistas. Si Split es una ciudad concurrida, Dubrovnik le gana con ventaja. Hace mucho que no caminaba por un lugar tan repleto de gente. Puse el reloj a las 6 y me levanté, Lau siguió durmiendo y como yo estaba medio desvelada, salí a dar una vuelta. Si van a Dubrovnik en verano, les recomiendo que salgan a dar una vuelta a esa hora. Van a ver otra ciudad: sin ruido, con muy poca gente, con un sol suave. Así pude ver cómo preparaban el mercado de frutas y flores y cómo preparaban a la ciudad, en general, para el resto del día.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-58

31. Me encontré este libro en la calle

Ese mismo día, mientras caminaba por Dubrovnik a las seis de la mañana, vi algo tirado contra una pared. Entró en mi radar enseguida: era un libro, y uno muy grande. Lo levanté y miré a mi alrededor, quizá a alguien se le había caído. Pero no, estaba rodeado de cajas de cartón, revistas y otras cosas que habrán considerado basura. ¿Cómo alguien puede tirar un libro a la basura? ¿Cómo pueden dejar un libro así? Me fijé a ver si había más pero no encontré nada. En la foto parece un libro finito, pero pesa más de un kilo. Me lo llevé, obvio.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-59

32. Cómo posan las chinas

Me percaté de que a los asiáticos les gusta mucho la fotografía cuando estuve en Asia. Posan, se sacan fotos en grupo, le sacan fotos a los turistas y suelen tener muy buenas cámaras. Cuando viajan son un show. Una vez viajé con tres chinas por China y se disfrazaron de mujeres de una etnia tradicional y hicieron una sesión de fotos frente a un lago. Lo juro. En Dubrovnik vimos bastantes turistas chinos y japoneses, y nuestra guía nos explicó que los chinos eran bastante difíciles de controlar. En este monasterio vimos por qué. Mientras las mujeres posaban, por turnos, los hombres oficiaban de fotógrafos de moda, les gritaban las indicaciones y les sacaban veinte fotos a la vez.

33. Las escaleras de Dubrovnik

Dubrovnik es una ciudad de escaleras: el centro está abajo y todas las calles suben desde ahí. Lo bueno es que cuanto más arriba vas, menos gente hay y más escenas como estas se ven. El señor sentado en la puerta de su casa, al sol, fumando un cigarrillo. La nena barriendo cada escalón de su cuadra.

en-francia

+1 en Francia

Esta foto es en Saint Jean de Luz, uno de los pueblos del país vasco francés, muy cerca de Biarritz, donde viví por nueve meses. Después del viaje por Serbia y Croacia, le dije a Lau que se viniera unos días a conocer mi casa y la región. El viaje de vuelta desde Dubrovnik fue una odisea: tomamos el avión a las 10 de la mañana, llegamos al mediodía a Barcelona y nos subimos al tren que iba hasta Irún, en la frontera entre el País Vasco español y francés. Llegamos a Irún a las 10 de la noche, y como era verano todavía había luz. El problema era que teníamos que ir de ahí a Biarritz, a 32 kilómetros, y a esa hora ya no pasaban buses ni trenes. No quedaba otra que hacer autostop. Era muy jugado: quedaban pocos minutos de luz y había empezado a lloviznar, además no había un buen lugar donde pararse en la ruta.

Nos pusimos en una salida, muy pero muy mal posicionadas, y a los cinco minutos frenó un señor que ofreció llevarnos a un lugar mejor. Nos dejó en otra ruta y nos quedamos ahí, casi a oscuras y sin gente. Se largó a llover. A los cinco minutos frenó una pareja francesa de unos 60 años. Nos dijeron que iban a Saint Jean de Luz, a 15 kilómetros de ahí. Nos subimos. Estábamos en una situación bastante límite así que cualquier trayecto, por más corto que fuera, nos venía bien. El señor hablaba algo de español y yo me defendí como pude con el francés. A mitad del viaje nos dijeron: “Chicas, las vamos a llevar hasta Biarritz, no podemos dejarlas en el medio de la nada, de noche y con lluvia”, y nos dejaron en la puerta de mi casa. Fue un gesto que me emocionó. A veces no sé cómo agradecer estas cosas, porque ellos no tenían obligación de llevarnos, pero confío en que la vida les devolverá la buena acción. Y sepan que estos gestos son mucho más reales y frecuentes que todas esas noticias horribles que nos muestran los diarios para generarnos miedo de vivir. Cambio y fuera.

[box type=”star”]Este post forma parte de la serie Desafío Serbia Croacia, un viaje en conjunto con Lau de Los Viajes de Nena. [/box]

Carta de despedida a Biarritz

Me cuesta escribir esto sin ponerme triste. Llegué a Biarritz por primera vez hace poco más de un año, el verano pasado, sin saber que me quedaría a vivir por nueve meses, que caminaría tanto por estas calles, que vería el faro cubierto de niebla y cubierto de sol, que odiaría su lluvia y amaría su mar. Vine porque dos personas no conectadas entre sí me dijeron, casi con las mismas palabras, que si quería aprender surf tenía que ir a Biarritz, y a mí esa palabra se me quedó pegada. No sabía nada de Biarritz ni de surf y sin embargo vine, llegué un día en el que estaba a la deriva, en una época en la que me sentía sin rumbo y en la que todo me daba un poco igual. Y a primera vista la ciudad me pareció de las más lindas que vi, pero no me sentí cómoda y quise irme. Unas horas después conocí a alguien y las cosas cambiaron. Y me quedé. Nos quedamos. Nueve meses viviendo juntos acá.

Desde mi cuarto.

Desde mi cuarto.

La vista desde mi ventana

La vista desde mi ventana

Las postales frente a mi escritorio.

Las postales frente a mi escritorio.

Mis grullas.

Mis grullas.

Escribo esto todavía en Biarritz, sentada en mi escritorio de vidrio al lado de la ventana, con vista a un jardín que todavía es mi jardín, mirando la pared llena de postales que aún no despegué. Frené acá porque necesitaba esto: un espacio de trabajo, un hogar y un amor. Me sentía muy huésped y muy sola, y estaba cansada de moverme de un lado a otro sin parar. Mi límite de viaje en continuado es un año, después de eso ya me canso, pierdo la capacidad de asombro, no tengo ganas de ver lugares nuevos y me surge la necesidad de detenerme. Acá volví a tener la rutina que tanto necesitaba: empecé natación, fui al cine, llené las alacenas, jugué al Super Mario, miré películas, me abrí otro blog, recibí postales y escribí mucho, un montón. Escribí otro libro, aunque el capítulo de Biarritz todavía ni lo empecé, dicen que hay que escribir acerca de un lugar cuando uno ya se fue.

Además me compré libros.

Además me compré libros.

y zorritos.

y zorritos.

Amo mi jardín.

Amo mi jardín.

Recibí cartas.

Recibí cartas.

Y ahora me toca despedirme de prepo, porque no sé si nos iríamos si la situación fuese distinta. Acaba de empezar el verano, la mejor época del País Vasco, ya no llueve, el mar está calentito, la gente está contenta, hay luz hasta las diez de la noche y uno casi se olvida de que acá existió el invierno. Pasamos seis meses bajo lluvia, con caracoles trepando por las paredes, hongos expandiéndose por el techo, olor a humedad en el baño, las toallas siempre mojadas, sabañones en los pies, y ahora tenemos que irnos porque la dueña de la casa-cueva cuadruplica sus precios durante los meses de verano y si Biarritz ya era cara en invierno ahora es imposible. Mi casa-cueva ya no esta, será otra, será muchas. Se nos terminó el contrato, el primero que firmé con un chico, sin pensarlo, cuando me dijo quedate a vivir conmigo acá, estemos juntos, quiero estar con vos.

La playa

La playa

Una rotonda

Una rotonda

Cerca de casa

Cerca de casa

Durante estos meses en Biarritz me di cuenta de que el clima afecta mucho mi estado de ánimo. Tuve tristeza de invierno —autodiagnosticada—, lloré cada vez que llovía, me enojé cuando no salió el sol durante dos semanas, me dio rabia ver que el servicio meteorológico anunciaba lluvia con cien por ciento de probabilidades para los próximos diez días, dije un montón de veces que me iba para Argentina, que chau, que empaco todo y ya fue, que no quiero estar más acá, que estoy pasada por agua, que no me banco más el viento y esa garúa fina que me corroe. Me consolé con macarrons, con chocolate, con cafés con leche, con películas y series, con los abrazos de L. Me sentí mejor —y peor, por improductiva— quedándome en la cama hasta tarde, leyendo mis libros con dos frazadas encima. Aprendí que a veces eso también está bien, que no puedo estar todo el tiempo forzándome a hacer cosas, que los descansos son tan importantes como el trabajo.

Vidrieras

Vidrieras

Peluquería

Peluquería

biarritz-francia-pais-vasco-21

Cosas que veo en mis caminatas de todos los días

Cosas que veo en mis caminatas de todos los días

Aprendí a medir el paso del tiempo de otras maneras. En esta casa los relojes nunca estuvieron en hora y tampoco tuve calendarios, hasta hace poco, pero supe que los meses pasaban porque vi mi pared llenarse de postales, porque vi el ciclo de las mareas, porque a L. le crecían los rulos, porque el sol fue saliendo cada vez más temprano y escondiéndose más tarde. Supe que había empezado la primavera cuando escuché a dos pájaros cantar al lado de mi ventana a las tres de la mañana y recordé que ese sonido existía. Y ahí me di cuenta de que esta fue la primera vez que pasé un invierno, mejor dicho: que hiberné en una cueva. También me volví más friolenta, supongo que de tanto invierno, y un poco más miedosa, quizá por tanta lluvia.

Junto con la primavera llegó una inquilina nueva a la casa, y ahí empecé a practicar el arte de la paciencia y a decirme ya está, es hora de empacar, con nuestras cosas a otro lado, esta casa ya no es nuestro espacio. Así que me despido sin despedirme, porque todavía sigo acá, aunque en cuenta regresiva, tres, dos, uno. Caeré cuando estemos en la próxima ciudad, en algún lugar sin humedad y sin mar. Nunca, jamás, hubiese pensado que iba a quedarme a vivir en Francia. Ni aunque me lo hubiese dicho mi astróloga, que, si mal no recuerdo, alguna vez me lo mencionó. Tampoco pensé que iba a encontrar mi hogar en un chico francés, siempre dije que los franceses eran lindos pero que no los terminaba de entender, y mirá. Ahora nos toca ir a los dos a mi país, a construir otro hogar transitorio en Buenos Aires y después veremos dónde más. Y por primera vez lloro mientras escribo un post, no sé si de tristeza por la partida, de alegría por irme acompañada, de emoción por volver a Buenos Aires, de felicidad por todo lo que nos espera, de ansiedad por las ganas que tengo de hacer un viaje largo por Argentina, o de hipersensible porque me está por venir (debe ser eso). Pero nunca viví tanto tiempo en otro lugar que no fuese Buenos Aires y todo eso me genera una procesión. Además hace casi dos años que no vuelvo a Argentina, y me parece demasiado.

Arco iris de hortensias

Arco iris de hortensias

La Grande Plage

La Grande Plage

Balcones

Balcones

Chau Biarritz, siempre me despido de personas, ahora me toca despedirme de un lugar. Ni sé cómo hacer: ¿salgo a caminar? ¿Saco la basura por última vez? ¿Me meto al mar? ¿Cómo se le dice chau a un hogar? Te deseo que sigas con buen clima, que los turistas no te maltraten mucho, que alguien se enamore de vos, que cuiden tus hortensias, que sigas recibiendo surfers y que le des un buen susto al hombre que escupe. No sé si volveremos, tampoco sé si será lo mismo si volvemos, pero yo me llevo mi mapa subjetivo de tus calles y toda la inspiración que me diste, y eso para mí es lo más valioso. No te lo quería decir, pero si bien te nombré un montón de veces, hay mucha gente que sigue pensando que viví estos nueve meses en París, y qué tendré que ver yo con París, te estarás preguntando. Nada, estás mucho más cerca de España que de París, sos parte del País Vasco, tenés mar. Solo quiero que sepas que L. y yo siempre tendremos Biarritz. Gracias por eso.

À bientôt ! ¡Hasta pronto!

A.

biarritz-francia-pais-vasco-27

Publicado desde Estrasburgo, en la otra punta de Francia, con calor y nostalgia.

Desafío Serbia Croacia: final del juego

aniko-laura-croacia

Con Lau en las escaleras de Dubrovnik, Croacia

DSC_2415

Después de nuestro primer Escape Room en Belgrado (no logramos salir a tiempo, pero estuvo buenísimo)

Si bien volvimos hace ya casi un mes —el tiempo pasa demasiado rápido— recién ahora le estamos dando un cierre mental y formal al viaje por Serbia y Croacia. Por si se perdieron de algo, así quedó la lista final de desafíos:

Desafío Serbia Croacia (y acá la intro de Lau)

Desafío #1: buscar tesoros en Zagreb

Desafío #2: encontrar el corazón de Zagreb (Lau)

Desafío #3: dejar que nos lleve el azar

Desafío #4: escapar en Belgrado (Lau)

Desafío #5: encontrar a Kusturica

Desafío #6: no dejar pasar el tren (Lau)

Desafío #7: explorar lugares abandonados

Desafío #8: hacer barcoestop (Lau)

Desafío #9: no comer pizza

Desafío #10: poder gritar a los cuatro vientos “This is Croacia!” (Lau)

Desafíos cumplidos y no cumplidos (y otros más o menos):

Luz del atardecer en Milna, isla de Brac, Croacia

Luz del atardecer en Milna, isla de Brac, Croacia

Estos son los desafíos que nos planteamos antes de hacer el viaje. Algunos los cumplimos y otros no, y en el medio surgieron cosas nuevas.

[wc_fa icon=”check” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] Hacer una búsqueda del tesoro. Soy muy fan de estas cosas (por algo casi muero cuando conocí Geocaching), así que usamos Zagreb como escenario de juego y encontramos de todo.

[wc_fa icon=”check” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] Fotografiar lugares abandonados. ¡Con éxito! Este era uno de los que más quería hacer.

[wc_fa icon=”check” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] Hacer barcoestop. Ponele que sí: nos subimos a un kayak, a un barco a motor y a un jetski gracias al poder de la palabra. Nos faltó hacer un tramo más largo, pero para ser la primera vez nos conformamos (la que lo cuenta mejor es Lau).

Acá estoy, contentísima, en una lanchita (amo navegar)

Acá estoy, feliz, en una lanchita (amo navegar)

[wc_fa icon=”check” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] Hacer un tour gastronómico. Digamos que comimos todo lo que pudimos.

[wc_fa icon=”meh-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] Aprender el alfabeto cirílico. Esteeeemmm… Intenté aprenderlo antes de salir, incluso lo llevé escrito, pero la verdad que no puedo leer todo.

La prueba de mi esfuerzo

La prueba de mi esfuerzo

[wc_fa icon=”times” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] Aprender un baile típico de los Balcanes. Esta te la debo. Soy de madera y creo que si me ponía a bailar, una de dos: me empezaban a dar monedas o me deportaban por tener poco ritmo.

[wc_fa icon=”check” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] Hacer el “fotógrafo programado” en el tren. Este es un juego del libro “Turista lo serás tú” que consiste en ponerse una alarma y sacar una foto a intervalos regulares de tiempo. Lo hicimos y los resultados están en el post de Subotica.

[wc_fa icon=”times” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] Aprender a preparar un plato típico de los Balcanes. ¿Lau? ¿Vos aprendiste? Queda para la próxima, estábamos muy concentradas en comer más que en cocinar…

La parte de comer me la tomé muy enserio. Por si se preguntan, estábamos haciendo picnic adentro de un velero.

La parte de comer me la tomé muy enserio. Por si se preguntan, estábamos haciendo picnic adentro de un velero.

[wc_fa icon=”times” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] Usar todas las formas de desplazamiento posibles. Fuimos en: avión, tren, bus, a pie, kayak, moto de agua, ferry, lancha. Nos faltó la bicicleta y el burro!

desafio-serbia-croacia-48

También nos faltó este carrito (Split, Croacia)

desafio-serbia-croacia-5

y este! (en Belgrado, Serbia)

Los lectores nos propusieron, entre otras cosas:

* Dormir en un castillo. No vimos ningún castillo en este viaje, pero dormimos en una estación de tren que era lo opuesto del castillo y parecía más bien un escape room.

ani-durmiendo-estacion

Por suerte tengo la capacidad de dormir sobre cualquier superficie.

* Documentar la tumba más antigua de un cementerio. Yo juré que sí, que la habíamos encontrado y que era la de la foto. Después me di cuenta de que no.

Leí mal el mapa del cementerio y pensé que la tumba más antigua era esta. Resulta que no (creo que esta ni es una tumba), estaba cerca, cubierta de hojas.

Leí mal el mapa del cementerio y pensé que la tumba más antigua era esta. Resulta que no (creo que esta ni es una tumba), que la más antigua estaba ahí cerca, cubierta de vegetación.

* Tomarse fotos con la persona más extraña. Hubo muchas personas extrañas, en esta foto salimos con un croata que nos levantó haciendo autostop y que se reía de absolutamente todo lo que le decíamos (Lau y él hablaban en alemán, yo solo asentía). No fue el más extraño pero sí el más cómico.

El conductor risueño

El conductor risueño

* Que una pareja serbia o croata nos cuente su historia de amor. A medias, porque faltó él. En Croacia conocimos a J., una mujer que está casada hace más de dieciséis años pero que hace diez años solo ve a su marido durante diez días cada mes y medio, ya que él trabaja en otras partes de Europa. Nos contó de los viajes que hacen juntos cada vez que él vuelve, de cómo ella se tiene que quedar en casa con los hijos, de cómo se dedica a cuidar el jardín. Nos mostró fotos de la construcción de su casa y nos contó que entre ella y su marido levantaron las paredes y techos del hogar en el que nos estábamos quedando. Si eso no es amor…

jardin-amor-croacia-1

Un detalle de su jardín

* Encontrar el Sistema Solar de Zagreb. Nos faltaron algunos planetas, pero fue una búsqueda divertida. (Cuento de qué se trata en el post de Zagreb).

Uno de los planetas del Sistema Solar de Zagreb

Uno de los planetas del Sistema Solar de Zagreb

* Y un lector me pidió lo siguiente: “Mi desafío sería que logres parar 3 minutos en la calle, en una de esas calles tan hostigadas por los conflictos y nos dejes una reflexión de lo que te genera”. Un lugar donde la historia reciente se ve es en esta esquina de Belgrado, donde está el Ministerio de Defensa que fue bombardeado en 1999 por la OTAN:

belgrado-serbia-aniko-villalba-2

Me da escalofríos y tristeza ver estas cosas. En general solemos ver fotos así en los diarios, y casi siempre corresponden a países que creemos lejanos y que parecen formar parte de otra realidad, y eso hace que naturalicemos estos eventos horribles. Eso pasa allá, en un país que no conozco y que no es el mío, yo no puedo hacer nada. Pero no debería ser así. Más allá de que viajar esté buenísimo, creo que una de las cosas más positivas es que genera una empatía que no se logra de otra forma. A mí, en lo personal, nunca dejará de afectarme lo que pasó y pasará en los lugares en los que estuve: tiemblo cuando hay terremotos o erupciones volcánicas en Indonesia porque allá tengo gente que quiero, los desastres naturales de Filipinas me duelen porque recuerdo a toda esa gente que me recibió tan bien, sufro cuando se cae un avión con malayos porque pasé mucho tiempo en su país y los siento muy cercanos, y así me pasa con todos los lugares que voy conociendo. Uno suma países en la lista y a la vez va sintiendo propios los conflictos, las tristezas y las alegrías de cada uno de esos lugares y esas personas.

Antes, quizá, ver una foto de Belgrado en llamas no me hubiese causado tanto impacto y tristeza como ahora —recién buscaba información de los bombardeos y vi imágenes de los edificios prendidos fuego—, porque caminé por Belgrado, recibí una enorme hospitalidad de parte de la gente, conocí a mi lectora serbia, me encariñé con la gente, le puse una cara a la ciudad y a sus habitantes, y me di cuenta de que sí, los serbios también son parecidos a nosotros, porque todos en todas partes somos parecidos. Y así como el bombardeo fue en Belgrado, podría haber sido en Buenos Aires. Y no es justo que estas cosas pasen, que se crea que los conflictos se resuelven con violencia, que tirando bombas se logra la paz. No creo que los viajes sean la respuesta a todo, pero sí creo que cuanto más conozcamos a los que viven en otras partes del mundo, cuanto más veamos que somos iguales y que lo único que cambia es lo cultural, más empatía sentiremos hacia el otro, hacia ese otro que antes solo veíamos en los diarios y considerábamos muy lejano, y menos prejuicios habrá.

Una gran opción para aprender acerca de la historia de la región es hacer el "Communist Walking Tour" en Belgrado. Más que de comunismo, habla de Yugoslavia. Dura unas cuatro horas, cuesta €10 y es muy interesante. Ya lo recomendaré en la guía práctica, pero para que lo tengan en mente.

Una gran opción para aprender acerca de la historia de la región es hacer el “Communist Walking Tour” en Belgrado. Más que de comunismo, habla de Yugoslavia. Dura unas cuatro horas, cuesta €10 y es muy interesante. Ya lo recomendaré en la guía práctica, pero para que lo tengan en mente.

Él fue nuestro guía, en esta foto vestido de yugoslavo, frente a la tumba de Tito.

Él fue nuestro guía, en esta foto vestido de yugoslavo, frente a la tumba de Tito.

Un mini desafío de yapa:

Antes de viajar, cuando vi la arquitectura de Belgrado en fotos, soñé con convertir la ciudad en un set de fotografía, en usar a Lau de modelo (o a quien se ofreciera) y hacer que tanto ella como las paredes de la capital serbia fuesen las protagonistas de las imágenes. Pero en Belgrado se empeñó en llover, llover y llover. Así que, como el clima ni el humor estaban para fotografía callejera, Lau y yo nos propusimos un mini desafío (creo que también salido de Turista lo serás tú): escribimos seis elementos en papelitos, sacamos tres cada una y durante todo el día nos dedicamos a buscar y fotografiar solo esas cosas. A mí me tocó: “cirílico”, “mapas” y “Tito” (el presidente de la ex Yugoslavia). Háganlo, es un muy buen ejercicio de atención. Acá algunos de mis resultados:

Cirílico:

Mapas:

Tito:

Y algunos pensamientos y conclusiones personales:

* Nos fuimos de viaje por Serbia y Croacia pensando que sería parecido al viaje por Islandia —en ambos usamos el formato de los desafíos— y nos dimos cuenta de que no: cada lugar invita a viajar de manera distinta y propone otras interacciones.

Islandia fue el contacto total con la naturaleza y el delirio permanente, allá no paramos de reírnos, quizá a causa del sol de medianoche, y nos tomamos casi todo para la chacota —esta expresión debe tener más años…—. Además, en Islandia nos sentimos demasiado seguras y eso hizo que nada nos diera miedo: hicimos dedo a las dos de la mañana —con la luz del sol—, golpeamos puertas para pedir frazadas, abrazamos islandeses, revolvimos la basura —que no nos recuerden solo por eso, por favor—, rescatamos patos, adoptamos chinos.

Si bien Croacia y Serbia no tienen esa naturaleza despampanante de Islandia (¿hay algún otro país que la tenga?), están repletos de paisajes rurales y urbanos lindísimos.

Si bien Croacia y Serbia no tienen esa naturaleza despampanante de Islandia (¿hay algún otro país que la tenga?), están repletos de paisajes rurales y urbanos lindísimos.

Serbia y Croacia fue un viaje distinto, no tan propenso al delirio —si bien nos reímos como de costumbre— sino más orientado a lo cultural e histórico, y eso hizo que los desafíos tomaran otra forma. En ambos países nos sentimos muy seguras y muy bien recibidas por la gente —los serbios deben ser las personas más hospitalarias y simpáticas que conocí hasta ahora—, pero los desafíos no fueron tan fáciles: en Islandia las cosas aparecían solas, en Serbia y Croacia tuvimos que buscarlas un poco más. Me gusta que no hayamos repetido los mismos desafíos que en Islandia, aunque, quien sabe, quizá en un viaje futuro también vayamos con la misión de abrazar ¿palestinos? y de dar la vuelta a ¿Australia? a dedo. Y ya iremos en busca de Murakami cuando hagamos el DesafíoHawaii…

En Croacia hicimos autostop con esta vista...

En Croacia hicimos autostop con esta vista…

* El viaje por Serbia y Croacia tuvo fecha de inicio y de fin (del 20 de mayo al 10 de junio) y eso nos obligó a aprovechar mejor el tiempo y a movernos más, pero a la vez nos permitió improvisar menos. Nos hubiese encantado pasar más días viajando en tren, quedarnos más tiempo en las casas de nuestros couch, poder estar un poco más a la deriva, ir a buscar a Kusturica a Bosnia y probar muchas más comidas, pero al tener los días contados no es tan fácil entregarse al azar porque aunque uno no quiera, hay un itinerario por cumplir y un avión que se va. Creo que está bueno viajar de ambas maneras, pero para mi próximo viaje por los Balcanes pienso ir sin fecha de vencimiento y pasar ahí varias semanas o meses. Esto fue un muy buen trailer, pero me quedé con ganas de más.

La lavandera de "la máquina del tiempo de Zagreb"

La lavandera de “la máquina del tiempo de Zagreb”

* Destaco mucho la hospitalidad y buena onda de la gente local. Nunca vi tanta buena voluntad para comunicarse, sobre todo en Serbia donde se habla menos inglés. Todas las personas que conocimos, toda la gente a la que le pedimos indicaciones, todos los que nos levantaron cuando hacíamos dedo tenían una simpatía y amabilidad desbordante. Nos sentimos acompañadas y seguras durante todo el viaje y eso, para mí, hace la diferencia. Cuanto más cálida es la gente, más ganas me dan de volver.

Con una familia de Couch en Croacia :)

Con una familia de Couch en Croacia :)

* Belgrado es una ciudad que me gustó mucho y que me generó ciertas procesiones internas, sobre todo en lo referido al homesickness que vengo sintiendo hace un tiempo. Al caminarla me acordé mucho de Buenos Aires, aunque no se parezcan tanto, y me hice una pregunta que aún intento responder: ¿Cuál es la esencia de Belgrado? ¿Qué la hace ser como es? ¿Los edificios antiguos, la fiesta, las panaderías, la simpatía de la gente, la historia? ¿O la esencia es algo distinto para cada persona que la habita? Y después traspasé eso a otras ciudades, a mí misma y a la vida, en general. Le debo un post a Belgrado, ya lo dije y lo haré pronto, cuando todos los pensamientos que tengo terminen de macerar.

desafio-serbia-croacia-41

Esquinas así, a mí, me recuerdan a Buenos Aires (sacale el cirílico…)

belgrado-serbia-aniko-villalba-1

Belgrado bajo lluvia

* Me gustó mucho el tren como medio de transporte en esta parte de Europa. Creo que en los Balcanes el tren sigue conservando esa atmósfera propensa a los encuentros y conversaciones espontáneas, cosa que en los trenes de, por ejemplo, Francia, no siento tanto. Además, son ideales para hacer trayectos nocturnos porque los asientos se estiran y se convierten en camas. La gente local no suele recomendar viajar en tren porque dice que es un transporte lento, lo cual es cierto, y ahí está su encanto. Los paisajes que se ven por la ventana son lindísimos y además es más barato y más cómodo que ir en bus.

Esta foto me la sacó Lau, se ve que estaba concentradísima porque ni me enteré.

Esta foto me la sacó Lau, se ve que estaba concentradísima porque ni me enteré.

* En cuanto al relato del viaje, me gustó mucho ir contando todo de manera fotográfica a través de Instagram. Todas las noches, cuando el sueño no me ganaba de mano, subía cuatro o cinco fotos de cosas que habíamos hecho o visto durante el día. Me siento cómoda en ese formato y es algo que intentaré hacer cada vez más durante mis viajes. También me di cuenta de que cuando viajo con fechas delimitadas me cuesta mucho sentarme a trabajar en la compu porque siento que estoy perdiendo el poco tiempo que tengo para ver el lugar. En Serbia y Croacia tuvimos un ritmo bastante más acelerado al que estoy acostumbrada, nos movimos mucho e intentamos aprovechar cada minuto, así que me resultó difícil publicar con más frecuencia acá en el blog.

instagram-aniko

Acá con mi segunda cámara: el teléfono. Juro que no me estaba sacando una selfie.

Acá con mi segunda cámara: el teléfono. Juro que no me estaba sacando una selfie.

Sé que me queda mucho por contar, que todo esto que les muestro es solo la punta del iceberg. Serbia y Croacia son países con una historia muy compleja y es difícil para mí escribir al respecto conociéndola tan por encima. Si van a viajar para allá, es bueno saber lo que pasó porque hay muchos elementos de la historia que siguen presentes, sobre todo en lo referido a la ex Yugoslavia, la influencia austro-húngara y turca, Tito, las guerras. Este fue un viaje para procesar de a poco. Puede que incluya un capítulo en mi próximo libro, cuando tenga las ideas más ordenadas, y también iré subiendo más cosas al blog. Pero todo a su ritmo.

¡Gracias por acompañarnos en estos desafíos!

[box type=”star”]Este post forma parte de la serie Desafío Serbia Croacia, un viaje en conjunto con Lau de Los Viajes de Nena. Nos fuimos tres semanas a Serbia y Croacia con diez desafíos por cumplir y los relatamos en nuestros blogs, yo los impares y ella los pares. Pueden leer el post de cierre en el blog de Lau. Esta semana publicaré un relato fotográfico (me quedó mucho por mostrar) y dentro de un tiempito la guía práctica. Agradecemos el apoyo de Eurail, Visit Zagreb, Experience Dubrovnik y Turismo de Serbia en este viaje de desafíos.[/box]

Desafío Serbia Croacia #9: no comer pizza

La pizza me parece un alimento glorioso. Me encanta en todos sus formatos: la pizza a la piedra, la de molde, amasada en casa, a la parrilla, la de ayer, la recién hecha y la de Güerrín (una pizzería muy famosa de Buenos Aires), que chorrea muzzarella por los costados. Y si no hay otra cosa, también acepto pizza congelada o de cadenas de fast-food, esas que vienen con los bordes todos blandos y rellenos de queso gomoso. La pizza es infalible: sirve de cena o de snack, se puede comer al paso o en reuniones, con la mano o con cubiertos (aunque no lo recomiendo, la pizza se come con la mano).

gastronomia-serbia-croacia-46

Mis preferidas son la de muzzarella y fugazzeta, pero acepto la que venga —excepto la pizza con pedazos de albóndiga o con sardinas, eso ya me parece mucho—. Lo que sí, soy fan de una pizza tan polémica como el mazapán: la hawaiana, pizza con jamón, muzzarella y ananá (y si tiene palmitos y salsa golf mejor). Todavía no conozco el paraíso de la pizza (léase: Italia) pero creo que en Argentina estamos bastante bien.

gastronomia-serbia-croacia-43

¿Por qué no comer pizza en este viaje, entonces? Porque sabíamos que tanto en Serbia como en Croacia la pizza estaría por todos lados y sería la salida fácil y económica al hambre, y no es que quisiémos gastar mucho en comida, sino que estábamos dispuestas a probar otras cosas. Qué curioso: cuando estaba viajando por Asia y quería darme un gusto occidental, pedía pizza. Allá no había mucho queso ni pan así que la pizza era un lujo caro —en comparación con los precios de los platos locales—. Esta vez, el objetivo no sería encontrarla sino evitarla.

Antes de viajar me armé una lista de todos los platos que quería probar. Decía algo así:

[box type=”star”]Serbia:

Plescavika: varios tipos de carne (al menos dos de los siguientes: cerdo, vaca, cordero) hechos hamburguesa, a la parrilla y con acompañamientos. Uno de los platos típicos de Serbia.

Cevapi: otro plato nacional que llegó a los Balcanes durante el período otomano. Es similar al kofte kebab turco, a base de carne picada (de vaca, cordero o cerdo), servido con cebolla, crema, queso cottage, kajmak (producto lácteo hecho de leche de búfalo, vaca, oveja o cabra), ajvar (pasta de pimientos rojos) y sal.

Burek: empanada o pastel elaborado con yufka (masa filo) y relleno con queso, carne picada o verduras.

Gibanica: pastel tradicional hecho con queso blanco y huevos. Se sirve de desayuno con yogur natural, también se come durante eventos tradicionales o celebraciones.

Punjena paprika (tradicional de Serbia y de Croacia): pimientos rellenos con carne, arroz y salsa de tomate.

Corbast pasulj: sopa o guiso de habas, cocinado lento, con cebolla y paprika.

Proja: un tipo de pan de maíz con queso blanco.

Riblja corba o fiš paprikaš (plato típico de Serbia y Croacia, aunque originario de Hungría): sopa picante de pescado de río.

Café turco: leer esta frase ya me emocionó: “In Serbia, for some, drinking coffee is a full-time job”. Para mí también debería serlo.

Croacia:

En esta lista fui más general, porque Croacia tiene todas las comidas que me gustan:

Comida de mar (lo que sea, algunas ideas: pulpo, calamar, camarones, atún, salmón)

Comida mediterránea: aceitunas, quesos, verduras frescas, fruta, platos fríos

Pastas. Muchas.

Helado.

Café.[/box]

Pero antes de que empiecen a salivar tengo que advertirles varias cosas: uno, así como soy barrilete y termino yendo a todos los lugares que no planeaba ir —y no voy a los que sí quería— soy igual con la comida. Me sería imposible hacerme un cronograma gastronómico y probar todo ya que casi siempre terminan decidiendo mi estómago, el azar y los precios. Dos, no me gusta tanto la carne, prefiero todo lo que provenga del mar, así que si tengo opción elijo eso, por eso no suelo comer muchos platos con carne. Tres, en los viajes donde la hospitalidad de la gente está presente, la comida lo elige a uno, más que al revés.

Esta fue nuestra ruta y así nos alimentamos en este #DesafíoSerbiaCroacia:

* Zagreb: café, dulce de leche, ñoquis y empanadas argentinas

Fue casualidad. En general no ando buscando comida argentina en otras partes del mundo ya que prefiero probar lo local y tengo la convicción de que nada se prepara tan bien como en su lugar de origen, pero si la comida argentina me encuentra, tampoco voy a decirle que no. Además, Croacia tiene mucha influencia italiana, al igual que Argentina, así que era lógico que estas cosas pasaran. En Zagreb solo faltaron las milanesas.

gastronomia-serbia-croacia-7

Les voy a dar ideas de precios, por si vienen por estos lados. Un café como este, alrededor de €1,50 (con decoración y todo)

Los croatas son grandes bebedores de café. Yo también. De esa combinación solo podían salir cosas buenas.

En Croacia se consumen cinco kilos de café por persona por año. Allá las cafeterías no son lugares de paso sino puntos de encuentro, lugares de reunión donde se socializa frente a un café que se enfría tras tanta conversación. Esto es herencia del Imperio Austro-Húngaro y del Imperio Otomano, dos culturas muy tomadoras de café que tuvieron mucha influencia en Croacia. Yo feliz, porque una de mis actividades preferidas cuando estoy de viaje es hacer una pausa en un café y, si estoy sola, sentarme a escribir en mi cuaderno. En Europa, en general, una taza de café cuesta alrededor de un euro (depende del lugar).

Un croata me preguntó cuánto tiempo tardaba en tomarme un café:

—No sé, un rato… Me gusta tomarlo despacio.

—Yo puedo estar tres horas con una misma taza. Hace poco fui a tomar café con unos huéspedes de Estados Unidos y se lo tomaron enseguida.

gastronomia-serbia-croacia-8

Si andan con nostalgia, el dulce de leche lo consiguen en el restaurante Mundoaka Street Food, en Zagreb. Como catadora de dulce de leche que soy (lo amo), me di cuenta de que la versión europea es un poco menos dulce y menos espesa que la argentina (allá somos muy exagerados con el azúcar). Este pote fue cortesía de Tom, el dueño del restaurante, y nos lo comimos a cucharadas, así que si pasan por ahí denle saludos de nuestra parte!

gastronomia-serbia-croacia-42

Las empanadas son caseras y fueron cortesía de Dalma, nuestra guía en Zagreb, una croata nacida y criada en Argentina. Nos hizo de pollo y de carne y estaban buenísimas.

gastronomia-serbia-croacia-11

Estos ñoquis estaban tan buenos como parecen. Este plato costó 44 kunas (€5,80) en un restaurante bastante turístico, así que seguro se consigue por menos.

gastronomia-serbia-croacia-12

También pedimos estos ravioles con muzzarella gratinada al horno. No estaban tan buenos como en la foto. El precio fue el mismo que el plato de ñoquis.

gastronomia-serbia-croacia-6

gastronomia-serbia-croacia-5

Dimos una vuelta por el mercado. La señora de la foto nos ofreció un pedacito de kukuruzni kruh (pan de maíz) para probar. Los mercados siempre son buenos lugares para comprar productos bien frescos y típicos de la región.

gastronomia-serbia-croacia-4

Y otra de las vendedores nos ofreció unas fetas de fiambre picante.

gastronomia-serbia-croacia-3

Este fue uno de nuestros desayunos en Zagreb, la capital de Croacia, en el Swanky Mint Hostel.

* Belgrado: ¿alguien dijo panaderías?

Belgrado me hizo acordar mucho a Buenos Aires —ya escribiré un post de la capital serbia y de todos los sentimientos de homesickness que me generó—. Ya sabía que en Serbia también hay mucha cultura del café, pero no esperaba encontrar tantas panaderías con tantas cosas ricas.

gastronomia-serbia-croacia-18

Esta es la sección salada de la panadería

gastronomia-serbia-croacia-25

Los pancitos de arriba son dulces, están rellenos de mermelada de durazno (Lau se hizo adicta)

gastronomia-serbia-croacia-28

gastronomia-serbia-croacia-27

Si no me equivoco, esto es “beigli”, una torta húngara rellena de semillas de amapola

gastronomia-serbia-croacia-17

Comida al paso: sandwiches por €1,50 o menos. La comida en Serbia es muy barata.

gastronomia-serbia-croacia-21

Pancito relleno de queso fresco.

El pan es una de las bases de la comida serbia: al igual que en Argentina (donde comemos todo con pan), los platos que contienen arroz, pasta y papas también se acompañan con pan. Debe haber una panadería por cuadra, y la verdad que todo lo que probamos fue delicioso y muy barato.

gastronomia-serbia-croacia-19

Un tipo de burek

Un tipo de burek

La comida serbia tiene raíces comunes con la gastronomía griega y turca, también tiene influencias Austro-Húngaras —sobre todo en los postres— y mantiene elementos de la antigua Yugoslavia. Uno de los platos más conocidos —y presente en toda la ex Yugoslavia— proviene del antiguo Imperio otomano: el burek o börek. Es una empanada o pastel hecha con masa filo y rellena con queso blanco, carne picada o verduras. Hay de varias formas, tamaños y presentaciones: en Serbia, por ejemplo, suele hornearse en una cacerola redonda y quedar con esa forma, mientras que en Bosnia la masa se enrolla. Hay bureks alargados, rectangulares, triangulares. cuadrados. Algunas panaderías modernas lo ofrecen relleno de papa, manzana o setas.

gastronomia-serbia-croacia-14

kavana-belgrade-serbia-1

Las kavanas (coffee houses, cafeterías) están por todo Belgrado. En realidad, esta costumbre está presente en toda la antigua Yugoslavia. Como dije, me encanta el café y me encanta el ritual del café, sola o acompañada. Pasamos varias horas en kavanas de Belgrado, descansando y escribiendo, y vimos cómo las mesas se iban llenando de grupos de amigos y conversaciones. Lo más común es tomar café turcopropio de Turquía y declarado Patrimonio de la Humanidad. Se prepara con café arábigo y tiene una consistencia mucho más espesa, casi como harina.

gastronomia-serbia-croacia-15

Me quedó un corazón en la borra del café (este no es café turco, era un café con leche)

Esta fue una de las pocas veces que comí carne durante el viaje. Estábamos apuradas —creo que íbamos a algún walking tour— y teníamos hambre, así que buscamos algo rápido. Pedimos estas hamburguesas y nos gustaron tanto que volvimos al día siguiente por más.

gastronomia-serbia-croacia-20

Precio: menos de 3 euros

Cuando me enteré de que en Belgrado había un bar de hummus me emocioné. En Budapest me la pasé comiendo falafel y nunca volví a encontrar uno tan rico, hasta Belgrado. Me encanta la comida de Medio Oriente, amo el hummus (pasta de garbanzos), el falafel (albóndigas de garbanzo), el pan pita y todo lo que se pueda combinar con esos ingredientes. En Belgrado comimos este pita relleno por solo 200 dinares (menos de 2 euros).

gastronomia-serbia-croacia-26

Los chicos del Hedonist Hostel Belgrado nos regalaron dos de estas Krem Banana, la versión serbia de la Bananita Dolca.

gastronomia-serbia-croacia-13

Y antes de irme de Belgrado recibí una sorpresa: ¡tengo una lectora serbia! Jelena me mandó un mail y me invitó a tomar algo con ella. Yo propuse café, pero ella sugirió algo más original y muy local: un Plazma Shake. Las Plazma son unas galletitas similares a las Okebon de leche, y para este trago/postre se las licúa junto con leche, helado, chips de chocolate, siropo de caramelo o chocolate y crema batida.

gastronomia-serbia-croacia-23

* Subotica: nunca me voy a cansar de estas ensaladas

Otra cosa que amo son las ensaladas, ideales para los días de calor.

No sé cómo descubrimos la Šopska salata (quizá fue el azar del día S) pero pasó a liderar el ranking de platos que más veces comimos en este viaje. La shopska es originaria de Bulgaria (también se llama Ensalada Búlgara), pero se sirve en todos los Balcanes y Europa Central. Se prepara con tomate, pepino, cebolla, pimientos y queso blanco (llamado sirene). Se acompaña con sal y un poco de aceite de oliva o de girasol.

La shopska se inventó en 1960 como parte de una acción de promoción turística. Durante la época del socialismo en Bulgaria, varios chefs de Balkanturist —el operador turístico más antiguo de Bulgaria, al principio al mando del estado— crearon ensaladas asociadas a diferentes regiones: la Macedonian, Dobrujan y Thracian Salad, entre otras, pero solo la Shopska Salada —originaria de la región de Shopluk— sobrevivió. De Bulgaria se extendió a otros países y hoy es el plato más reconocido del país.

gastronomia-serbia-croacia-34

La shopska salad. En Serbia la comimos por menos de €2, en Croacia costaba de €2,50 para arriba.

La ensalada griega es otro clásico de esta región. Tiene tomate, pepino, pimiento, cebolla roja, aceitunas negras, sal, pimienta negra, orégano, aceite de oliva y queso feta. Muy refrescante.

gastronomia-serbia-croacia-31

Esta ensalada costó 230 dinares (menos de €2)

Podría vivir a base de entradas: la sopa es otra de mis comidas preferidas. En este caso, sopa crema de champignones, aunque un poco líquida para mi gusto (la sopa crema me gusta más espesa).

gastronomia-serbia-croacia-30

Precio: 180 dinares (€1,50)

Habíamos ido a Subotica —la ciudad más húngara de Serbia— con idea de probar platos húngaros, pero terminamos comiendo ensaladas.

* Mokra Gora: larga vida a los buffets baratos

Los buffets son un buen invento para quienes comen mucho. Si bien soy de buen comer, en general no me rinde ir a estos tenedores libres porque: a) como tanto que después no me puedo mover y me siento mal, b) gasto de más y al tercer plato ya me llené.

gastronomia-serbia-croacia-33

El día que visitamos Drvengrad —el pueblo construido por Kusturica— se nos hizo tarde y cuando quisimos ir a cenar nos dimos cuenta de que estábamos en un pueblo donde todo cerraba temprano. Un poco resignadas, dimos una vuelta por los restaurantes de Drvengrad creyendo que todo iba a ser muy caro, pero tuvimos una sorpresa: buffet por 600 dinares (€4). Así que entramos a llenar los platos: ensalada, guiso, carne, pescado, pasta de pimiento, aceitunas, queso fresco. Esa noche dormimos como bebés.

gastronomia-serbia-croacia-32

* Zlatibor: debería haber puestos callejeros de panqueques en todo el mundo

Hay comidas que se venden solas. Si voy caminando por la calle y siento olor a panqueques con dulce de leche, yo freno. En varios países de Europa encontré puestos de crepes y de palacsinta (panqueques húngaros) en la calle, y la verdad que me parece un gran invento vender esto en las veredas, sobre todo los domingos (los domingos son días de panqueques).

gastronomia-serbia-croacia-37

Este panqueque doble con Nutella nos costo 260 dinares (€2,10)

zlatibor-serbia-panqueques-1

Gentilmente preparados por esta señora que tenía una máquina fantabulosa para estirar la masa sin esfuerzo y hacer el panqueque. Otra que la trenmetrocicleta (o no sé cómo es que se llama eso, pero para mí tiene nombre de máquina para hacer panqueques).

Caímos en Zlatibor haciendo autostop desde Mokra Gora. No sé si es porque era domingo, pero nos pareció una ciudad rara. Zlatibor está a 1000 metros de altura y es un resort de invierno. En primavera, que es cuando fuimos, había nenas montando unos unicornios con ruedas —lo juro, va en un próximo post de fotos—, souvenirs que no sabemos quién compra —pelucas violetas y guantes (?) para partes del cuerpo que no ven el sol—, castillos inflables y puestos de pochoclos. Todo muy de feria.

gastronomia-serbia-croacia-39

gastronomia-serbia-croacia-35

Le pregunté a este señor si podía sacarle una foto y quise comprarle una manzana, pero cuando se la iba a pagar me dijo que no y me la regaló.

gastronomia-serbia-croacia-60

Otra cosa que vimos por todas partes durante este viaje: los puestos callejeros de frutas. Acá es época de cerezas y están buenísimas.

* En el tren: pedimos algo para comer y nos trajeron esto

Fue en el último tren que tomamos en Serbia. Llegamos con el tiempo justo y no desayunamos pensando que en el tren habría un vagón comedor, pero no. Tampoco nos daba el tiempo para bajarnos y comprar comida porque el tren ya se iba. A mitad de camino, Lau habló con el señor que pasaba vendiendo café y lo convenció de contrabandear comida para nosotras. Le dimos los últimos dinares que nos quedaban y le pedimos algo que nos comprara algo para poder hacernos sandwiches. Recibimos un pedazo de pan, tres yogures y una bandeja de salame. La intención es lo que vale, así que igual lo comimos contentas, pero nos quedamos con un poco de hambre.

* Kastav: la comida de mamá

Creo que todos estamos de acuerdo en que no hay mejor comida que la que prepara una madre —que no tiene por qué ser la propia, con que sea madre alcanza—. Podés ir al mejor restaurante de la zona, pero la comida hecha en casa tiene otro sabor. Sin miedo de caer en cursilerías —aunque voy a caer— me animo a decir que la comida materna es tan rica porque está hecha con amor.

gastronomia-serbia-croacia-44

En Kastav, un pueblo croata muy cerca de la costa, decidimos hacer Couchsurfing. La que nos recibió en su casa fue G., madre de dos chicos. El perfil estaba a nombre de uno de sus hijos, de 16 años, pero la verdadera couchsurfer era ella, la mamá. “Me encanta viajar y sueño hacerlo así como ustedes, pero ahora con mis hijos no puedo, por eso quiero recibir gente en casa, porque es un poco como viajar. Le pedí a mi hijo que se abriera el perfil porque yo no hablo bien inglés y, además, ¿quién va a querer quedarse con una mujer de 40?”. ¡Nosotras! Estar unos días con ella fue como estar en casa.

gastronomia-serbia-croacia-45

Pasamos largas horas sentadas en la mesa de su jardín, rodeadas de flores, comiendo y charlando. Nos contó que la casa en la que vive la construyó con su marido, e incluso nos mostró el álbum de fotos en el que se veía cómo el terreno pasó de ser un bosque a ser un hogar.

gastronomia-serbia-croacia-50

Todos los días nos cocinó algo distinto y, si bien le pedimos que por favor no trabajara para nosotras y le dijimos que podíamos cocinar, ella insistió: “Ustedes son mis huéspedes y a mí me hace feliz prepararles comida”. La hospitalidad es bidireccional: también hace feliz a quien la da.

gastronomia-serbia-croacia-49

gastronomia-serbia-croacia-51

Fue difícil irse de su casa. Más allá de la comida, fue lindo tener los cuidados de una madre por unos días.

* Autostop y chipirones

Durante este viaje nos movimos mucho en tren pero también hicimos bastante autostop, sobre todo para tramos más cortos. Hubo un día que fue bastante agotador: esperamos horas bajo el sol a que nos levantaran, todos los conductores del día se pusieron de acuerdo en decirnos que lo que estábamos haciendo era muy peligroso y que que cada tantos años había noticias de chicas asesinadas en la ruta, después nos levantó un camionero que me puso muy incómoda porque me miraba las piernas así que le pedimos que nos dejara antes, tuvimos que esperar el tren como cinco horas en una estación vacía de madrugada, y así.

Y como soy de las que usan la comida de consuelo, esa noche sentí que me debía algo rico y me pedí un plato de algo que me enloquece: chipirones (calamares) a la plancha.

gastronomia-serbia-croacia-52

Precio de este plato: 47 kunas (€6). Mucho más barato y abundante que en Francia, que es mi parámetro en este momento (en Biarritz y todo el País Vasco se sirven mucho los chipirones, pero un plato cuesta arriba de €10)

* Split: un tour gastronómico fallido que terminó mejor de lo que esperábamos

gastronomia-serbia-croacia-53

Cuando llegamos a Split hacía 38 grados a la sombra. Lo bueno es que estábamos al lado del mar, lo malo es que la costa mediterránea de Croacia es muy turística y bastante cara. Una de las primeras cosas que hicimos fue tomarnos un batido de frutas. Después, mientras buscábamos alojamiento, hicimos una pausa para tomar un café y usar el wifi.

gastronomia-serbia-croacia-55

El café era orgánico y delicioso, y como a las chicas del local les caímos bien nos regalaron dos vasitos con helado artesanal.

gastronomia-serbia-croacia-54

Conseguimos un USE-it map de Split (me encantan porque están hechos por gente local, con recomendaciones y lugares por fuera del circuito turístico tradicional) e hice una lista de los lugares por los que quería pasar. Entre ellos anoté una cantina que al parecer preparaba la mejor ensalada de pulpo y un local de degustación de aceitunas. Así que la primera noche salimos en busca de ambos en plan tour gastronómico. El lugar del pulpo estaba cerrado y el de aceitunas en realidad no era de aceitunas sino de aceites de oliva (en mi emoción solo leí olive y no leí la parte de oil, y enseguida le dije a Lau ¡hayunlugardeaceitunastenemosqueir!).

gastronomia-serbia-croacia-59

Yo me esperaba algo así pero con cincuenta tipos de aceitunas.

Me desilusioné un poco y me agarró una pereza que suele aparecer cuando como afuera muy seguido: me cuesta elegir dónde sentarme a comer porque un lugar me parece caro, el otro no me tienta, acá no hay lugar, allá está muy vacío, este no tiene el plato que quiero, este no me gusta y un largo etcétera. Cuando estoy cansada, sobre todo, me pongo quisquillosa.

gastronomia-serbia-croacia-61

Este plato costó 50 kunas (€6.60).

Pero al final el falso tour gastronómico terminó bien. Encontramos un lugar que parecía bastante local —Split es muy turístico— y comimos estos riquísimos pimientos rellenos con puré de papas y una ensalada de pulpo. Viva el puré de papas, cómo me gusta.

gastronomia-serbia-croacia-62

Ensalada de pulpo: 60 kunas (casi €8). Compartimos ambos platos.

Gracias al mapa también encontramos un lugar de comida vegana así que al día siguiente almorzamos ahí.

gastronomia-serbia-croacia-57

* Milna: los sandwiches de jamón y queso también son gastronomía viajera

Creo que no hay comida más viajera que los sandwiches preparados en la vereda o en el pasto. A veces suelen ser la opción más barata y la verdad es que siempre te salvan, pero después de vivir cinco días a base de sandwich me termino cansando. En este viaje no apelamos tanto al sandwich salvador porque la comida en general era barata, pero hubo un día que nos la pasamos de picnic.

gastronomia-serbia-croacia-63

Fue en la isla de Brac, en Croacia, donde hicimos Couchsurfing en un velero estacionado sobre tierra. Nos dijeron que a media hora de caminata había una playa de agua turquesa así que ni lo dudamos: salió picnic a orillas del mar. Fue un picnic medio caro, eso sí, porque el único mercado que había cerca era el de la Marina y la verdad que se emocionaron un poco con el monopolio (más tarde, cuando fuimos a otro super, nos dimos cuenta de que habíamos pagado casi el doble por todo). Compramos lo mínimo indispensable: pan, jamón, queso y un pepino. Armamos sandwichitos, nadamos en el mar turquesa y dormimos una siesta épica sobre las rocas.

gastronomia-serbia-croacia-64

A la noche encontramos el otro super, agregamos un par de cosas más e hicimos el picnic de cena: pan, jamón, queso, tomate, mozzarella, pickles, tomate, pepino, choclo, queso untable, banana, yogur. Entre las dos compras, gastamos unos €12 entre las dos. Caro, comparado con los precios anteriores. Pero hay que tener en cuenta que estábamos en una isla, donde las cosas siempre son un poco más caras, y que cuanto más te acercás a Split y Dubrovnik, más se empieza a encarecer todo.

* Dubrovnik: listo, me terminé el atún, apagame la música

Dubrovnik fue nuestra última parada, así que decidimos pasar tres noches ahí para relajarnos un poco y poder conocer la ciudad, las playas y los alrededores con más tranquilidad. Nunca nos imaginamos la horda de turistas que nos encontraríamos dentro de la ciudad amurallada. Ya sé, es uno de los lugares más lindos de Croacia, es el escenario de Game of Thrones, tiene buena comida y playas turquesas, pero ohdiosmío, cuánta gente. Hace mucho que no estaba en una ciudad tan visitada.

Una foto-adelanto de Dubrovnik (se viene un post fotográfico del viaje, pero no ahora porque este ya está demasiado repleto)

Una foto-adelanto de Dubrovnik (se viene un post fotográfico del viaje, pero no ahora porque este ya está demasiado repleto)

gastronomia-serbia-croacia-66

En una de las tantas panaderías compramos burek relleno de papa.

gastronomia-serbia-croacia-67

Una mañana salí a caminar temprano (antes de las 7 am) y pude ver los preparativos del mercado de frutas, verduras y flores.

gastronomia-serbia-croacia-69

La comida mediterránea estaba por todas partes. Y la pizza también.

El último día tuvimos una invitación muy especial: ExperienceDubrovnik, la oficina de turismo de la ciudad, nos dio la bienvenida con una visita guiada por el centro histórico y un almuerzo de cortesía. Dejamos que nuestra anfitriona eligiera los platos, así que probamos varias cosas típicas de la región.

gastronomia-serbia-croacia-70

Este jamón que estaba espectacular.

gastronomia-serbia-croacia-71

Una tabla con varios tipos de quesos. Delicioso. Ya dije que me encanta el queso.

gastronomia-serbia-croacia-72

Carpaccio de pulpo

gastronomia-serbia-croacia-73

Ensalada capresse

Esta ensalada que me encantó: manzana verde, nueces,

Esta ensalada que me encantó: manzana verde, nueces, lechuga y pasas de frutos rojos.

gastronomia-serbia-croacia-74

Y filet de atún con semillas de sésamo.

Listo, era lo que me faltaba para dar por terminado el tour gastronómico. Me fui con la panza llena.

* Para todo lo demás, existe el rakija

gastronomia-serbia-croacia-24

“El rakija sirve para todo: si te duele la cabeza, si estás mal de la panza, incluso si tenés fiebre te ponés un pañuelo con rakija en la frente…”, nos dijo un croata.

El rakia es un brandy de frutas que suele tener 40 por ciento de graduación alcohólica, pero que hecho en casa tiene de 50 a 90 por ciento. Es la bebida nacional de Albania, Bosnia y Herzegovina, Bulgaria, Croacia, Macedonia, Montenegro y Serbia, aunque cada país tiene sus variantes y costumbres para tomarlo. En general se produce a base de ciruela, damasco o uvas. En Croacia es la bebida espirituosa más popular, y cada región tiene su variedad: con mrtina, con nueces, con miel. Serbia es la nación que más rakia produce y consume en el mundo.

Se toma en vasos pequeños y también se puede servir caliente, con miel o azúcar y especias, sobre todo en invierno. Es la bebida más popular de la región y les aseguro que no se van a ir sin probarlo. El problema es que es muy rico… Al principio me recordó al palinka, el brandy húngaro, no tanto por su sabor sino por eso de que cura todo. Una vez estaba en Budapest, en lo de mi familia, y les dije que me dolía la panza. Me dieron un vaso de palinka y se me pasó. El rakia tiene el mismo efecto.

* Posdata: sí, comí pizza y no me arrepiento

gastronomia-serbia-croacia-2

Eso. Comí pizza. Varias veces. Enteras y en porciones. Con jamón, con ananá, hasta con pedazos de maíz. Y lo volvería a hacer.

[box type=”star”]Este post forma parte de la serie Desafío Serbia Croacia, un viaje en conjunto con Lau de Los Viajes de Nena. Nos fuimos tres semanas a Serbia y Croacia con diez desafíos por cumplir, y los relatamos en nuestros blogs, yo los impares y ella los pares. Pueden leer el Desafío #10: Poder gritar a los cuatro vientos “This is Croacia” en el blog de Lau. Con estos posts terminamos la serie, aunque aún quedan cosas por compartir. Estamos preparando una guía práctica por si quieren hacer un viaje por la región, así como fotoposts y mini-desafíos. Agradecemos el apoyo de Eurail en este viaje de desafíos.[/box]

Desafío Serbia Croacia #7: explorar lugares abandonados

Take nothing but photographs, leave nothing but footprints
(Toma solo fotografías, deja solo huellas)
Uno de los lemas de los exploradores urbanos

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-2

Un bus abandonado en el desierto de Atacama

No sé cuándo fue que empecé a sentir cosquillas en la panza al escuchar las palabras “lugar abandonado”. Fue mucho antes de ir al castillo de Egaña, una mansión abandonada en el campo de Buenos Aires, de eso estoy segura porque sino no hubiese viajado para allá con tanta emoción. Fue antes de explorar la fábrica abandonada —ahora recuperada y en refacción— de Islandia, antes de encontrar una carta manuscrita de fines del siglo 19 en un pueblo fantasma de Bolivia, antes de formar parte de una movida que llenaba de arte espacios a punto de ser demolidos. Siempre me interesó ver los lugares al natural, sin cirugías plásticas ni maquillaje, por eso me gustan tanto las paredes descascaradas por el tiempo o por la sal (como en Essaouira o Savannakhet), por eso prefiero las ciudades que muestran el paso del tiempo con elegancia, como Budapest o incluso Buenos Aires, y que no lo tapan bajo fachadas pulcras y modernas.

Egaña, una mansión abandonada en el campo bonaerense

Egaña, una mansión abandonada en el campo bonaerense

En este viaje —y por este viaje me refiero al que empezó en octubre de 2013, la última vez que salí de Buenos Aires— me descubrí muy urbana. Me gusta la naturaleza, me encanta el mar, disfruto estar al aire libre —aunque después de unos días no sé qué hacer—, pero me llama mucho la atención lo urbano, y no me refiero solo a las ciudades, sino a lo construido por el hombre, lo creado por nosotros, desde un libro u objeto de decoración hasta una fábrica o un castillo. Lo abandonado, entonces, me llama doblemente la atención porque cuenta dos historias: la de su hábitat y la de su abandono. Entrar a un lugar abandonado es como viajar en el tiempo y llegar a un limbo donde las horas dejaron de avanzar y la realidad se congeló. Los lugares abandonados gritan sus historias en silencio.

En este viaje también descubrí que muchas actividades que me gustan son practicadas por grupos de gente en todo el mundo —algunos hasta organizados a través de redes sociales—: el Geocaching es la versión moderna y mundial de la búsqueda del tesoro, el dumpster diving le da una etiqueta a todas esas veces que encontré cosas desechadas en la calle y me las llevé a casa para darles un nuevo uso, el journaling es la actividad de crear o completar journals (mi nueva adicción), el snailmail es el arte de mandarse cartas y cosas por correo postal, el bookcrossing implica dejar libros libres por ahí para que otros los encuentren, el postcrossing es el intercambio de postales con gente de todo el mundo, el housesitting es el cuidado de casas, y así hay muchas actividades más. Y a mí estas cosas me encantan. La última que descubrí, mientras buscaba una lista de lugares abandonados en Serbia y Croacia, fue la exploración urbana.

La exploración urbana —también llamada urbex o UE— comenzó a ganar popularidad en los años noventa: es la exploración de estructuras hechas por el hombre, en general abandonadas o en ruinas. Como cualquier actividad, tiene muchos matices: algunos solo entran a lugares abandonados, mientras otros se dedican a explorar los túneles que pasan por debajo de una ciudad, se meten en las alcantarillas, trepan edificios vacíos o saltan por los techos (existe, se llama ruffing). Lo mío no es tan extremo, a mí me interesa ver y fotografiar los lugares que quedaron inhabitados por distintas circunstancias —en general guerras, emigraciones masivas o desastres naturales— y a los que se puede acceder de manera fácil y segura: fábricas, parques de diversiones, barcos, hospitales, instalaciones militares, hoteles, silos, centros comerciales, pueblos, mansiones. Por ahora no tengo planes de ponerme a saltar por los techos.

Cementerio de trenes en Uyuni

Cementerio de trenes en Uyuni

Si bien hay exploradores urbanos con intereses y objetivos muy distintos, entre la comunidad existen códigos comunes: el más importante es no vandalizar el lugar explorado, no hacer graffitis y no tirar basura. “Llevarse solo fotografías y dejar solo pisadas”. El objetivo no es destruir ni desarmar, sino observar —o sacar fotos— y dejar todo tal cual para el próximo explorador. Como la actividad roza el borde de lo legal, los exploradores urbanos más puristas solo permiten el tresspassing (la intrusión) pero no están a favor de romper puertas ni ventanas para entrar a un lugar. Si hay posibilidad, nunca está de más pedir permiso, aunque muchos de estos lugares no pertenecen a nadie o no tienen un responsable a la vista. La exploración urbana es una actividad que tiene riesgos, claro: los lugares abandonados no tienen mantenimiento, pueden estar en muy mal estado y tener derrumbes, puede haber presencia de gases tóxicos y puede haber gente non grata, por eso recomiendan no ir solo, llevar agua, linterna, buen calzado y, si es necesario, máscaras de gas y kit de primeros auxilios. Pero, a pesar de los riesgos y leyes, hay algo muy atractivo en estos espacios vacíos de gente y repletos de belleza en decadencia.

Investigando acerca de Serbia y Croacia, antes de viajar, llegué a un artículo que me hizo saltar de emoción: Exploring Ruin Porn in Yugoslavia – Dim The Lights, Shut the Door, del blog Yomadic. Ruin porn es un término que me parece genial y que se usa para referirse a un movimiento dentro de la fotografía que consiste en tomar como sujeto artístico la decadencia de lugares abandonados, como ciudades, edificios e infraestructuras. Lo mismo que la exploración urbana pero con un interés puramente fotográfico. Los países de la ex Yugoslavia, por su historia y sus guerras, están repletos de espacios y monumentos abandonados, muchos construidos durante el socialismo y abandonados cuando el país se desmembró. Enseguida supe que explorar estos lugares tenía que ser uno de los desafíos centrales de este viaje, así que acá les dejo algunos de los resultados de nuestras —ejem— intrusiones.

* La sinagoga de Subotica (Serbia)

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-12

Empezamos con algo no del todo abandonado, pero si vacío y fuera de uso: la sinagoga de Subotica (Serbia), en restauración hace varios años. Cuando la vimos desde afuera nos impactó: fue construida por el Reino de Hungría —que formaba parte del Imperio Austro-Húngaro— en 1902 y es el único templo judío de Art Nouveau húngaro que queda en el mundo. En aquella época, la comunidad judía superaba las 3000 personas, pero después de la Segunda Guerra Mundial quedó muy reducida e incapaz de mantener un edificio de ese tamaño. La sinagoga, que había sido construida con capacidad para mil personas, quedó en desuso. Durante algunos años, el edificio fue sede del Teatro Nacional de Subotica, pero después quedó vacío. Durante los últimos años se hicieron varios proyectos de reparación, pero la sinagoga de Subotica es un edificio en riesgo y necesita un programa de restauración urgente.

Quisimos entrar pero vimos que todas las puertas estaban cerradas. Se nos ocurrió rodear el edificio y nos encontramos con dos obreros que estaban descansando a un costado. No hablaban inglés, pero les preguntamos si podíamos pasar, les mostramos las cámaras de fotos y nos dejaron entrar sin problema. Todavía no sé si esta sinagoga es más imponente por fuera o por dentro.

La Sinagoga por fuera

La Sinagoga por fuera

Y por dentro...

Y por dentro…

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-8

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-10

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-11

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-13

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-14

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-15

* El Hotel Haludovo en Malinska (isla de Krk, Croacia)

A fines de los años 60, Bob Guccione, multimillonario estadounidense y creador de la revista erótica Penthouse, decidió invertir 45 millones de dólares en una bahía de Krk, una isla de la actual Croacia, porque había tenido una visión que permitiría “contrarrestar los efectos de la Guerra Fría”: su plan era crear un resort de lujo en la costa de Yugoslavia para atraer turistas extranjeros y reconciliar a los bloques enemigos a través de actividades compartidas en el casino y spa del hotel. La paz a través del hedonismo. El timing era bueno: Yugoslavia ya no pedía visa a los turistas extranjeros, el aeropuerto de Rijeka (a 15 minutos) estaba en funcionamiento y no había regulaciones con respecto a los casinos.

El Haludovo Palace Hotel and Penthouse Adriatic Club Casino abrió en 1972. Su arquitectura era modernista y extravagante, quizá la más exagerada dentro de las construcciones socialistas de la región. Tenía playa privada, piscinas, bares, canchas de tenis, bowling, sauna, centro médico, esculturas, alfombras de terciopelo, salones de belleza y una cocina donde se preparaban 100 kilos de langosta por día. Había rumores, incluso, de que una de las piletas se llenaba con champagne. Guccone quería atraer estadounidenses a su resort para que trabajaran con los ciudadanos de un país socialista y así lograr el entendimiento y la paz. En el Haludovo se alojaron políticos y figuras desde Saddam Hussein hasta Tito.

El Haludovo en sus buenas épocas

El Haludovo en sus buenas épocas

En 1973, un año después de haber abierto, el Haludovo quedó en bancarrota. Y si bien siguió funcionando durante veinte años más, fue cayendo en picada. En 1991, cuando empezaron las guerras yugoslavas, el hotel quedó vacío de turistas y se convirtió en el refugio de muchas familias que escapaban de la guerra. Dicen que cuando la guerra terminó, obligaron a los refugiados a dejar el hotel y muchos se llevaron todas las cosas de valor que pudieron cargar, incluyendo bañaderas. El hotel se privatizó, tuvo malos manejos y quedó oficialmente abandonado a fines del 2002. Hoy, la estructura del hotel sigue en pie, pero el interior está destruido.

Con ustedes, el Haludovo Hotel.

Con ustedes, el Haludovo Hotel.

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-21

Este era el lobby, suponemos

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-17

Está en ruinas, así como lo ven, con pedazos de duchas y mucho vidrio

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-18

Ascensores descompuestos

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-19

Máquina que no sé para qué funcionaba, parece la caja registradora

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-22

Con lindísima vista al mar

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-24

y estructuras así, cuadradas.

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-25

Las escaleras todavía se pueden transitar

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-26

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-29

Acá hubo guerra de almohadas

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-30

La pileta exterior (¿la que llenaban con champagne, quizá?)

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-31

Había partes que daban miedito

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-32

El Haludovo está siendo devorado por la vegetación

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-33

Sperman claramente NO es un explorador urbano (no sigue las reglas de conducta)

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-34

Lau, explorando.

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-36

Silla con vista al vacío.

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-37

Medio futurista era.

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-39

Acá preparaban los 100 kilos de langosta

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-40

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-41

el túnel…

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-35

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-43

Para llegar hicimos dedo desde Kastav, un pueblo cerca de Rijeka, hasta Malinska, en la isla de Krk, unida al continente por un puente. El hotel es fácil de encontrar porque sigue estando señalizado, y como todos los vidrios desaparecieron y no quedan puertas, se puede entrar sin problemas. Adentro hay escombros, vidrios rotos, ascensores caídos, objetos tirados por el piso, menúes y el mar de fondo. Nos encontramos con dos gatos y con dos personas, pero el resto era silencio. Pocas veces quedé tan impactada frente a un lugar en ruinas.

* La bahía de hoteles abandonados (Kupari, Croacia)

Se dice que la bahía de Kupari, sobre el mar Adriático y a pocos kilómetros de Dubrovnik, tiene las mejores playas de Croacia. En los años sesenta, cuando el país formaba parte de la Federación Socialista de Yugoslavia, Kupari se convirtió en un resort militar de lujo que sirvió de lugar de vacaciones para las elites militares y sus familias. Estaba conformado por cinco hoteles: el Goričine, el Goričine II, el Pelegrin, el Grand Hotel y el Kupari. Tito también tenía su casa de vacaciones ahí y además había un camping con capacidad para 4500 huéspedes más. En 1980, el resort se abrió a turistas extranjeros y Kupari se convirtió en uno de los destinos más populares de la costa europea.

messynessychic

El complejo de hoteles de la bahía de Kupari en los años 80 (Fuente: messynessychic.com)

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-53

El mar en Kupari

Pero en 1991, cuando empezó la guerra por la independencia croata, los hoteles se convirtieron en blancos de los disparos. El resort quedó destruído y abandonado. Hoy, al igual que el Haludovo, las estructuras siguen en pie, pero los interiores están hechos escombros.

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-44

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-49

No nos animamos a subir por esa escalera…

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-48

Esta construcción es más antigua, estaba antes de que hicieran el resort

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-46

Está todo mucho más destruido…

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-47

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-45

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-58

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-52

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-50

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-55

La bahía de Kupari sigue siendo una playa popular entre las familias croatas, así que nos fuimos a pasar la tarde ahí y a nadar en un mar turquesa con hoteles fantasmas de fondo. Esto de explorar lugares abandonados se hace vicio, así que ya estoy mirando el mapa para ver si tengo algún otro cerca. O quizá empiece a planear otros viajes teniendo en cuenta estos lugares —vacíos y llenos— que tanto me atraen.

[box type=”info”]Un poco más acerca de la exploración urbana: enlaces interesantes y fuentes de este artículo

* Urbanexplorers.net es una red social de exploradores urbanos. La gente comparte sus hallazgos y hay listas de lugares abandonados en todo el mundo.

* “What are urban explorers?”, un artículo interesante acerca de qué es ser explorador urbano (en inglés).

* Forbidden places: listas de lugares prohibidos y explorables.

* An introduction to urban exploration, un artículo de Digital Photography School, la exploración urbana desde un punto de vista fotográfico.

Abandoned Penthouse Casino – The Haludovo Palace Hotel – Bikini, Optional, otro post de Yomadic.com con muy buenas fotos.

* Deserted places, blog para los amantes de pueblos fantasmas, edificios abandonados y exploraciones urbanas.

* Messy Nessy Chic, web con un montón de artículos y muy buenas fotos de lugares abandonados por el mundo.

* Balkanist.net, revista online con contenido muy interesante acerca de los Balcanes (el enlace los lleva a un artículo muy completo acerca del Haludovo Hotel).

* [eafl id=”21146″ name=”Access all areas” text=”Access all areas: A user’s guide to the art of urban exploration”], un libro-guía para quienes recién empiezan.

Si van a hacer exploraciones urbanas, siempre piensen en los riesgos y vayan con cuidado. No los incentivo a saltar techos (me quedé mal con eso) ni a trepar edificios, pero sí a mirar los lugares abandonados con otros ojos y encontrar la belleza en lo inhabitado y decadente.

Si conocen otros lugares abandonados para explorar, por favor cuenten en los comentarios. En internet hay un montón de información al respecto, pero quisiera conocer las experiencias personales de ustedes o saber cuáles son los lugares abandonados que tienen en la lista. Yo, por ejemplo, quiero ir a Epecuén, en la provincia de Buenos Aires.

[/box]

Fotito bis: el Belvedere, en Dubrovnik, es un hotel abandonado donde se filmó un capítulo de Game of Thrones.

Fotito bis: el Belvedere, en Dubrovnik, es un hotel abandonado donde se filmó un capítulo de Game of Thrones.

[box type=”star”]Este post forma parte de la serie Desafío Serbia Croacia, un viaje en conjunto con Lau de Los Viajes de Nena. Nos fuimos tres semanas a Serbia y Croacia con diez desafíos por cumplir, y los estamos relatando en nuestros blogs, yo los impares y ella los pares. Pueden leer el Desafío #8: hacer barcoestop en el blog de Lau. Agradecemos el apoyo de Eurail en este viaje de desafíos.[/box]

Desafío Serbia Croacia #5: encontrar a Kusturica
(o subirnos al Šargan Eight)

Este es Emir Kusturica, "el más latinoamericano de los directores europeos"

Este es Emir Kusturica, “el más latinoamericano de los directores europeos”

Y este es el Šargan Eight, un tren histórico a vapor

Y este es el Šargan Eight, un tren histórico a vapor

Ya sé que pretender encontrar a Kusturica (el director de cine serbio) solo porque estábamos en Serbia era una idea ridícula. Es como cuando fuimos a Islandia y pensamos en encontrar a Björk. Incluso le mandamos un tweet invitándola a comer un pancho (hot dog) con nosotras en Reykjavik, pedido al que, por supuesto, ella jamás respondió. Nos debe haber agregado a su lista de freak stalkers – block now. Nosotras preferimos creer que nunca vio nuestro mensaje. Y si seguimos con este razonamiento delirante, podríamos ir a Colombia a buscar a Shakira, o a Hawaii a interceptar a Murakami alguna mañana que salga a correr por la playa. En fin, nosotras solo queríamos saludar al director de cine, aprovechando que estábamos por la zona.

Fotograma de "Underground", una de sus películas más conocidas

Fotograma de “Underground”, una de sus películas más conocidas

Conocí las películas de Kusturica hace unos seis años, cuando un amigo me pasó Underground (1995) y Black Cat, White Cat (1998) y me hizo escuchar su música. La región de los Balcanes siempre me fascinó, así que no fue difícil que esos ritmos acelerados se me pegaran. En esa época me convertí en habitué de las Fiestas Bubamara, encuentros que se hacían —creo que aún se hacen— no sé cuántas veces al mes en distintos boliches de Buenos Aires y en los que solo se pasaba música balcánica. Si fuese una chica que sueña con una gran boda, en mi fiesta solo habría música de ese estilo.

No soy una gran conocedora de la obra de Kusturica, pero creo que a ningún artista se lo puede aislar de su contexto: es decir, para entender el trabajo de una persona hay que saber quién es, dónde y en qué época nació, en qué cree, qué busca, qué temas le interesan. Emir Kusturica nació en 1954 en Sarajevo, la capital de Bosnia y Herzegovina, país que en aquel momento formaba parte de la República Federativa Socialista de Yugoslavia junto con Eslovenia, Croacia, Serbia, Macedonia y Montenegro. Si bien nació bosnio y musulmán, Kusturica se declaró serbio y se convirtió al cristianismo ortodoxo en 2005. Él se define como yugoslavo y sus films suelen tener un punto de vista pro-yugoslavo que muchas veces generan polémica.

Filmando "Maradona by Kusturica"

Filmando “Maradona by Kusturica”

Dirigió su primera película con 27 años, en 1981 (Do you remember Dolly Bell?), y ganó el León de Plata en el Festival de Cine de Venecia. Con su segundo film (When father was away on business, 1985) ganó la Palma de Oro en Cannes y cinco premios Yugoslav. En 1995 ganó otra Palma de Oro por su comedia negra Underground, película épica que muestra la historia de Yugoslavia desde principios de la Segunda Guerra Mundial hasta el inicio de las Guerras Yugoslavas (1991). Underground tuvo mucho éxito internacional, pero también generó controversia. Después de recibir críticas agresivas de varios intelectuales franceses, Kusturica anunció, con 41 años, que se retiraba del cine. No mucho después, sin embargo, cambió de idea y volvió con la película Black Cat, White Cat, una obra de ficción que había nacido como un documental de música gitana y terminó siendo una comedia romántica. Kusturica, además de director, es músico (forma parte de la banda Emir Kusturica & the No Smoking Orchestra), escritor (publicó su autobiografía) y constructor. Esto último fue lo que más me llamó la atención.

Drvengrad

Drvengrad

En el sudoeste de Serbia, a doscientos kilómetros de Belgrado, está Drvengrad (también conocida como Küstendorf y Mećavnik), una aldea tradicional construida por Kusturica para su film Life is a miracle (2004). Supe de su existencia antes de viajar y la agregué enseguida a nuestro itinerario. Después me enteré de que Kusturica vive ahí y de que no era difícil encontrárselo: dos personas en dos situaciones distintas me contaron que lo habían visto mientras visitaban la aldea. Quizá encontrar a Kusturica no era una idea tan loca. Decidimos ir a Mokra Gora, la región montañosa donde está Drvengrad, con varios desafíos: conocer la aldea, encontrar a Kusturica, subirnos al Šargan Eight —un tren a vapor que va por las montañas— y experimentar la hospitalidad de las zonas rurales serbias.

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-2

La región montañosa de Mokra Gora

La región montañosa de Mokra Gora

Tomamos el tren de las nueve de la mañana de Belgrado a Uzice e hicimos dedo a Mokra Gora. Nos levantó un chico rumano que iba a Bosnia y nos ofreció de seguir camino con él, pero nosotras teníamos un destino final. Escuchamos Led Zeppelin, comimos los sandwiches que le había preparado la mamá y nos despedimos a pocos metros de Drvengrad, a donde subimos caminando. Kusturica hizo algo parecido a lo que yo sueño, aunque a mucha mayor escala: construyó un pueblo —a mí me bastaría con construir una casa que oficie de centro cultural viajero— y nombró las calles, las plazas y todas las instalaciones en honor a artistas que admira. La librería Ivo Andrić (escritor yugoslavo ganador del Premio Nobel de Literatura), el cine Stanley Kubric, la plaza Diego Armando Maradona, las calles Nikola Tesla, Ernesto Che Guevara, Federico Fellini e Ingmar Bergman, entre otras. Además de vivir ahí, Kusturica organiza seminarios de cine y arte y el Festival Küstedorf de Cine y Música, y la aldea en sí funciona como hotel.

La entrada a la aldea

La entrada a la aldea

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-5

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-10

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-11

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-17

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-16

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-18

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-14

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-9

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-8

Nos sentamos a tomar un café turco en una terraza con vista a las montañas y nos acercamos a uno de los mozos para charlar. Con la risa que se nos escapaba, le hicimos una pregunta que sonaba aún más ridícula en voz alta, pero teníamos que intentarlo:

—¿Está Kusturica?

Se rió. Supongo que no éramos las primeras.

—No, chicas, está filmando en Bosnia.

En ese momento pensamos en el rumano que nos había levantado a dedo y que había seguido hasta Bosnia. De haber sabido… Nos pusimos serias y nos imaginamos la situación: suponiendo que llegábamos a la ciudad de Bosnia donde estaba filmando, ¿qué hacíamos? No daba caerle en el set al pobre tipo mientras estaba trabajando. Ese día ya era muy tarde para salir, además era fin de semana, ¿trabajaría los domingos? ¿Y si nos veían entrar al set y llamaban a la policía? Nos fuimos a dormir y decidimos consultarlo con la almohada. Como esa iba a ser la primera noche en la que podríamos dormir más de ocho horas, no pusimos el despertador.

Detalle de una lámpara en el restaurante donde preguntamos por Kusturica

Detalle de una lámpara en el restaurante donde preguntamos por Kusturica

A las diez y media de la mañana me desperté. Miré los horarios del Šargan Eight, el tren a vapor que pasa cerca de Drvengrad, y vi que el próximo salía en una hora. Si queríamos hacer el tren más la búsqueda de Kusturica tendríamos que apurarnos, aunque sabíamos que estábamos medio jugadas con el tiempo. Entre que nos desperezamos, juntamos nuestras cosas y bajamos a la ruta se hicieron las once y algo, y todavía estábamos a unos dos kilómetros. Caminando no llegábamos, así que hicimos dedo y en menos de dos minutos nos levantó un serbio y nos dejó al pie de la estación (viajamos bastante a dedo, ya contaré en otro post). Subimos corriendo, llegamos a la boletería y le pedimos dos tickets a la señora, que nos miró con poca simpatía y nos dijo: “No”, cerró la ventanilla y dio vuelta la cara.

Cuando llegamos a la estación nos encontramos con esta escena: locomotora lista para partir

Cuando llegamos a la estación nos encontramos con esta escena: locomotora lista para partir

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-19

El Šargan Eight es un tren histórico, de trocha angosta (760 mm) y locomotora a vapor, que va de la aldea de Mokra Gora hasta la estación Šargan Vitasi. Se llama Šargan Eight porque, visto de arriba, sus vías forman un ocho; fue un desafío construirlo porque ambas estaciones tienen una diferencia de altura de 300 metros.  Los primeros nueve kilómetros de vías fueron tendidos por la monarquía Austro-Húngara en 1916, pero el proyecto se terminó recién después de la Segunda Guerra Mundial. Entre tres y cinco mil personas participaron en la construcción de 15 000 metros de vías, 22 túneles y más de 20 puentes y viaductos y, en 1925, el primer tren con locomotora a vapor hizo su ascenso por la montaña Šargan y estableció una conexión directa entre Belgrado, Sarajevo y Dubrovnik.

Acá pueden ver el recorrido del tren

Acá pueden ver el recorrido del tren

“Poco después del establecimiento del tren en 1925, intereses económicos y productos de Serbia, Bosnia y regiones costeras abrieron la perspectiva de desarrollo y de una mejor vida para el recién formado estado de Serbios, Croatas y Eslovenos. El tren y sus vías se convirtieron en miembros de la familia. Le daba seguridad a las aldeas más pobres y ayudaba a que la gente no tuviera que irse de sus casas. (…) Con el tiempo, el tren se convirtió en “la madre que ganaba el pan”. (…) Todo estaba ligado al tren. Muchos habían nacido en el tren, otros se enamoraban en el tren y recibían propuestas de matrimonio ahí. Todos tenían un secreto que solo el tren conocía. (…) El tren era un miembro invisible de cada familia y se contaba en él como en un pariente exitoso para recibir ayuda en caso de necesitarla”.

– Fragmentos de carteles puestos en la estación del Šargan Eight

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-31

Durante sus 49 años de funcionamiento, pasaron hasta 38 trenes por día por la estación de Mokra Gora y más de 500 personas trabajaron de ferroviarios. Luego, en nombre del progreso, como pasó en muchos lugares del mundo, la locomotora a vapor fue obligada a jubilarse. En febrero de 1974, Yugoslavia no encontró razones para seguir manteniendo un tren que “no daba ganancias” y lo cerró. “Cuánto esfuerzo humano, problemas y vidas fueron necesarias, sin mencionar el dinero, para construir esta linea, y otras en otros lugares, y luego, otra vez por manos humanas, todo fue destruido y tirado a la basura porque inventamos algo mejor…”, leí en otro de los carteles. Tras el cierre, las mujeres se vistieron de luto por la pérdida, las aldeas de la región empezaron a vaciarse y las más de 200 estaciones quedaron abandonadas. La vegetación creció y escondió la entrada de los túneles. Todo quedó en silencio.

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-23

En 1999, después de la insistencia e iniciativas de la gente de Mokra Gora y de grupos de amantes de los trenes, el director general de la compañía ferroviaria Beograd aceptó reconstruir el tramo Mokra Gora – Vitasi y reactivar el tren para fines turísticos. Con el apoyo del Ministerio de Turismo de Serbia, de Serbian Railways y de Emir Kusturica, entre otros, el Šargan Eight volvió a funcionar en el 2003.

Entonces, estar ahí, al pie de un tren con tanta historia, y no poder subirnos porque la mujer nos había dicho que no y había dado vuelta la cara sin más explicaciones fue algo que no quisimos aceptar. El desafío Kusturica se había convertido en el Desafío Subirnos al Tren a Vapor. La locomotora estaba ahí, tirando humo y lista para arrancar, y si bien los dos vagones tenían gente, no se los veía repletos, así que no entendíamos muy bien qué pasaba. El siguiente tren saldría en varias horas y, si queríamos ir hasta Bosnia a buscar a Kusturica, no podíamos quedarnos a esperarlo (esto es lo malo de viajar con los días contados).

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-29

Nos acercamos a uno de los guardias del tren y le preguntamos si podíamos subir. Nos dijo que no, que el tren estaba full. Le preguntamos si podíamos ir paradas, dijo que no y miró para otro lado. No había chances. Nos acercamos al otro guardia del tren y le dijimos la verdad: que estábamos escribiendo acerca del viaje por Serbia y que esa era nuestra única oportunidad de subirnos al tren histórico, que por favor nos dejara. Nos miró y dijo: “Talk to the chief” (Hablen con el jefe), y señaló al otro guardia. Nos desilusionamos. No había chances. Nos acercamos al guardia número uno y le preguntamos si él era el chief, a lo que dijo que no, que el chief era aquel de allá, y señaló a otro serbio. Nos acercamos al serbio número tres y le dijimos lo mismo, que éramos escritoras y queríamos subirnos a ese tren. Se dio una conversación así:

—Chicas, ¿pero ustedes saben que este es un tren especial?

Nosotras, pensando que se refería al Šargan Eight en general, como tren histórico, le dijimos:

Of course! Por eso queremos subirnos. Vinimos hasta acá solo para viajar en este tren.

Mientras tanto, la locomotora seguía echando vapor y se la veía con ganas de arrancar.

—Este tren fue reservado por un grupo de griegos, este es un viaje privado, no pueden subir acá a menos que el chief de los griegos les dé permiso, pero tendrían que preguntarle a él…

Nos envalentonamos.

—¿Dónde está el chief de los griegos? Queremos hablar con él.

Se bajó un griego petiso y risueño para ver qué pasaba. Era el jefe del grupo. El otro le dijo algo en voz baja y el griego se nos acercó. Lo primero que nos preguntó fue de dónde éramos.

—Oh Argentina! I love Argentina! I went to Buenos Aires! Please, please, come with us, you are our guests.

El tren por dentro

El tren por dentro

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-36

No hizo falta explicarle nada, él nos invitó. Y así, gracias a que el griego estaba de buen humor y le cayó bien nuestra nacionalidad, nos subimos al tren con ellos. Fuimos recibidas por la mirada de odio de veinte griegas que no entendían que hacían esas dos en su tren privado. Al principio nos sentimos un poco intimidadas, así que nos quedamos paradas al lado de una ventana, tratando de no molestar. A los dos minutos el tren arrancó y la atención se desvió al paisaje. Nosotras íbamos muy cerca de la locomotora, así que tuvimos buena vista y nos llenamos varias veces de carbón (me quedó carbón hasta en el pasaporte).

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-25

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-26

Pasamos por varios túneles

Pasamos por varios túneles

Y vimos, literalmente, la luz al final del túnel

Y vimos, literalmente, la luz al final del túnel

Los griegos iban felices, hablaban todos a la vez y sacaban fotos. Pocas veces vi un grupo tan hiperquinético. Recién cuando estábamos a mitad de camino nos enteramos de que ese no era el Šargan Eight turístico, sino un Šargan Eight edición especial con locomotora a vapor que solo se usaba en ocasiones especiales para gente que lo reservaba con anticipación. Los cincuenta griegos con los que viajábamos eran de un club de amigos de los trenes de Atenas y habían viajado a Serbia y Bulgaria solo para hacer viajes en trenes a vapor antiguos. Si hubiésemos sabido no sé si nos hubiésemos animado a hacer trenestop con tanto descaro. Pero las cosas se dieron así y ya estábamos arriba.

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-27

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-22

Pasamos por varias estaciones abandonadas

Pasamos por varias estaciones abandonadas

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-38

Este es el Sargan Eight "normal" (lo vimos después cuando volvimos a la estación inicial)

Este es el Sargan Eight “normal” (lo vimos después cuando volvimos a la estación inicial)

El recorrido duró varias horas, más de lo que dura el viaje turístico, ya que los griegos no solo habían alquilado el tren sino que habían acordado hacer varias paradas en las montañas para sacar fotos y filmar. Me gusta ver grupos de gente unida por una misma pasión. Estuvimos charlando la mayor parte del viaje con un inglés que vivía en Atenas y con un griego que hablaba cinco idiomas —quizá más—, pasamos por túneles, nos sacamos fotos con el guardia número uno (que aflojó y resultó tener muy buena onda, aunque no hablaba inglés), disfrutamos el paseo por las montañas y hasta vimos Drvengrad de lejos. Se nos hizo tarde así que desistimos de la idea ridícula de ir a stalkear a Kusturica al set de filmación, pero quedamos más que contentas con los resultados del día. A veces uno se va de viaje con cierto objetivo y, al final, en el camino aparecen otras cosas. Y suelen ser oportunidades que no hay que dejar pasar. Además, suponiendo que llegábamos a Bosnia y entrábamos victoriosas al set, ¿qué hacíamos? Habíamos estado paradas frente a un tren con mucha historia, y verlo a Kusturica iba a ser como estar paradas frente a un hombre con mucha historia. No tengo idea de qué le hubiésemos dicho. Quizá algo como… hola, ¿te hacen falta extras?

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-40

[box type=”info”]Info útil para Mokra Gora, Drvengrad y el Šargan Eight:

– Cómo llegar: se puede ir en tren o bus desde Belgrado a Uzice (en tren son cuatro horas, en bus son menos pero es un poco más caro). De Uzice hay que tomar un bus a Mokra Gora. Nosotras fuimos a dedo (nos levantaron en menos de cinco minutos). Pueden ver los horarios de trenes acá y los horarios de buses acá.

Alojamiento: se puede dormir en Drvengrad aunque no es barato (unos €75 para dos personas). Nosotras dormimos en unas cabañas afuera de Drvengrad por €10 entre las dos. Limpias, con baño privado y wifi.

– Drvengrad (o Mecavnik o Kustendorf) es el pueblo construido por Kusturica. Está a menos de dos kilómetros de Mokra Gora. Hay que pagar 2 euros de entrada. Adentro hay un hotel, un spa, sala de cine, librería, peluquería, farmacia y restaurantes. Hay un buffet donde se come muy bien por 600 dinares (4 euros). Web: mecavnik.info

– El Sargan Eight sale todos los días y cuesta 600 dinares (4 euros).

– Y unas cositas más acerca de Kusturica: desde fines de 2013 está filmando un documental sobre la vida de Pepe Mujica, ex presidente uruguayo, a quien considera “el último héroe de la política”. Además dirigió el videoclip de “Raining in Paradize”, de Manu Chao, y en el 2005 recibió el Premio Europeo de Arquitectura Phillipe Rotthier por su proyecto de ciudadela étnica, Drvengrad. El premio se da cada tres años por la Fondation pour l’architecture de Bruselas y es una de las más distinciones europeas más prestigiosas en el campo de la arquitectura.[/box]

[box type=”star”]Este post forma parte de la serie Desafío Serbia Croacia, un viaje en conjunto con Lau de Los Viajes de Nena. Nos fuimos tres semanas a Serbia y Croacia con diez desafíos por cumplir, y los estamos relatando en nuestros blogs, yo los impares y ella los pares. Quedan solo dos más cada una, en mi caso: “explorar lugares abandonados” y “hacer un tour gastronómico”. Pueden leer el Desafío #4: no dejar pasar el tren en el blog de Lau. Agradecemos el apoyo de Eurail en este viaje de desafíos.[/box]

Desafío Serbia Croacia #3: dejar que nos lleve el azar

[box type=”star”]Quizá pretender que el azar nos lleve es como pedirle a alguien que sea espontáneo o poner un cartel de prohibido prohibir. Este post es una reflexión acerca de cómo el concepto de azar cambia según el lugar del mundo, cómo cada región invita a ser viajada de manera distinta y cómo a veces hay que darle un empujón a las casualidades. Ah, y de cómo la letra S decidió todo lo que hicimos en un día en Serbia.[/box]

Read More

Desafío Serbia-Croacia #1: buscar tesoros en Zagreb

zagreb-croacia-37

Cuando decidimos que empezaríamos el viaje de desafíos en Zagreb, la capital de Croacia, le propuse a Lau hacer una búsqueda del tesoro por la ciudad. Tenía la idea de armar una lista, como habíamos hecho a distancia en Mar del Plata y Biarritz, y salir a buscar cosas como “algo redondo”, “un dibujo descartado”, “algo que nos haga pensar en la infancia”, “objetos amarillos” y así. Sería un juego simple para entrar en calor y conocer la ciudad de una manera divertida. Ninguna de las dos se imaginó que los tesoros de Zagreb nos encontrarían a nosotras, más que nosotras a ellos.

Una de las primeras cosas que nos enteramos, gracias a una lectora, fue que en Zagreb había un sistema solar escondido por las calles. Mirá vos, Zagreb. Enseguida pusimos los nueve planetas en la lista. Después nos contaron que había una máquina del tiempo: otro elemento para la lista. Después alguien nos dijo que había un museo que recolectaba y exponía objetos cotidianos de desamor. Más tarde nos enteramos del restaurante que vendía dulce de leche para argentinos nostálgicos, de los corazones con espejos, de la virgen que no se quemó en el incendio de la ciudad, del dragón que vive en el mundo subterráneo, del fantasma que ordena la ropa, de la reina serpiente, de las brujas, de los faroleros. La lista de tesoros se iba armando sola, y era mucho más original de lo que pensábamos.

zagreb-croacia-81

Primeras imágenes de Zagreb. Al fondo, la plaza de St. Mark’s.

El vuelo de Barcelona a Zagreb duró solo dos horas, pero el viaje de cada una para llegar a Croacia fue mucho más largo: Lau se tomó dos aviones desde Argentina, yo hice una combinación de bus + tren + bus + bus desde Biarritz a Barcelona que me llevó un día. Dormimos en el aeropuerto y salimos a las 7 de la mañana del viernes. Cuando llegamos a Zagreb estábamos cansadas —ya nos pega la edad, che— y no llovía: diluviaba. Y hacía mucho más frío del que esperábamos. ¿Qué pasa que no llega la primavera en Europa? O soy yo que llevo el agua a todas partes. Pedimos paraguas prestados en el hostel y salimos a caminar igual, no queríamos que un poco de agua nos frenara.

hola lluvia

hola lluvia, pensé que ibas a quedarte en Francia

Una de las primeras fotos que saqué en Zagreb

Una de las primeras fotos que saqué en Zagreb, en la calle Ilica ul, la más larga de la ciudad.

zagreb-croacia-3

Aparecimos en la calle Ilica ul, la más larga de Zagreb, y lo primero que pensé fue que, por momentos, la arquitectura me hacía acordar a partes de Praga y Budapest. Después entendí que las similitudes tenían sus razones históricas: Zagreb tiene más de novecientos años de vida y, al estar en uno de los cruces de caminos de Europa, tiene influencias de varios países e imperios vecinos. Tratamos de seguir el mapa pero nos dimos cuenta de que el centro y la parte alta de Zagreb eran laberínticas. Mejor: las ciudades-laberinto suelen esconder muchas cosas, los recovecos son ideales para guardar tesoros e historias. Ese día, entre el cansancio y la lluvia, decidimos dejar la caminata un poco al azar, así que agarramos curvas, subimos escaleras y aparecimos frente a la plaza de San Marcos, el espacio más importante durante la época medieval. A partir de ese momento, durante los tres días siguientes, los tesoros nos fueron cayendo uno a uno en la cabeza.

Se nos ocurrió, entonces, hacer un contra-desafío: a quienes quieran jugar, los desafiamos a encontrar la lista de cosas que aparecen abajo. A quien encuentre todos —y pueda probarlo con fotos— le mandaremos una postal cada una —con mensajito, obvio—, desde el lugar del mundo en el que estemos. Algunos ítems son más fáciles que otros, vamos a darles varias pistas y la idea es que se diviertan explorando la ciudad y que le presten atención a ciertos detalles que le dan personalidad a Zagreb. Por si quieren imprimirla, acá pueden descargarse la lista completa.

zagreb-croacia-62

La contrabúsqueda del tesoro

Si vas a Zagreb, te desafiamos a encontrar:

* Jupiter

zagreb-croacia-68

El Sol de Zagreb

zagreb-croacia-67

La Tierra

zagreb-croacia-35

Saturno

En el centro de Zagreb hay un sol (se llama Prizemljeno Sunce). Fue hecho por el escultor Ivan Kozarić en 1971 y, como ven en la foto, es bastante grande, así que no les va a costar encontrarlo. El artista Davor Preis se inspiró en ese sol y, en el 2004, escondió un sistema solar por la ciudad: llamó a la instalación Devet pogleda o Nine Views. Calculó el tamaño de los planetas y la distancia en proporción al sol y los distribuyó en el mapa. En noviembre de 2004, un grupo de estudiantes salió a buscarlos —la instalación no era conocida entre la gente local— y develó la ubicación exacta de cada uno. A ver si encuentran Júpiter (nosotras no pudimos).

* Un comodín

zagreb-croacia-9

Para este tesoro tienen dos opciones. La fácil: ir al Museum of Broken Relationships. La difícil: encontrar el comodín tirado en la calle. Les recomiendo mucho ir al museo, a mí me pareció uno de los más originales que visité: expone objetos cotidianos que quedaron llenos de sentido —y cargados de recuerdos— después de una historia de amor fallida. Van a ver zapatos, libros, jarrones, enanos de jardín, peluches, ropa y hasta un hacha. Cada objeto, además, tiene su historia escrita al lado. ¿Qué hacer con el dolor que queda tras una relación fallida? Convertirlo en un bálsamo para otros.

* Algo que tenga que ver con el café (una taza de café, el barista, cafés incrustados…)

Una de las actividades más practicadas por la gente de Zagreb es reunirse en las kavanas (cafeterías) a tomar café y charlar durante horas. El objetivo no es tanto tomar café en sí, sino encontrarse con amigos, familiares y colegas y socializar. La cultura del café en la capital croata es una costumbre adquirida por la influencia austro-húngara, otomana e italiana. Ya lo dije en otras ocasiones, pero sentarme a tomar un café es una de mis actividades preferidas, esté de viaje o en Buenos Aires: cuando estoy sola me encanta aprovechar ese momento para descansar y escribir, cuando estoy con amigas, el café es una excusa para charlar. Les guste el café o no, es muy probable que, entre caminata y caminata por Zagreb, terminen en una cafetería.

* Un corazón

zagreb-croacia-111-2

El corazón es el símbolo de Zagreb (Lau les cuenta más al respecto en su post: “Encontrar el corazón de Zagreb”): el original se llama licitar y es una galleta de miel con forma de corazón, a veces con un espejo en el medio, que se usa como decoración y regalo en las celebraciones. Es uno de los patrimonios intangibles de la cultura croata, y no les va a ser difícil encontrarlo.

* Un candado

zagreb-croacia-16

Muchas ciudades europeas tienen sus candados del amor. Zagreb también. Vayan a buscarlos y disfruten la vista. Pista: están en la parte alta.

* Una vidriera retro

Las vidrieras de Zagreb merecen un post aparte. Algunas son, sin proponérselo, muy retro. Presten atención y elijan la más retro que encuentren.

* Un huevo de Pascua pintado a mano (más puntos si es gigante)

zagreb-croacia-111-3

Son otro elemento típico de la cultura croata —y de la húngara también, me acuerdo de mi infancia—. En Zagreb encontré solo este, pero en Koprivnica, cerca de la frontera con Hungría, se exhibe una colección de huevos pintados todos los años, durante la Cuaresma.

* Un tranvía rojo

zagreb-croacia-66

Los tranvías en Zagreb son azules, pero de vez en cuando se ve alguno rojo. Estén atentos porque pasan rápido (por eso mi foto está tan movida: ¡tranvía rojo, tranvía rojo! + click)

* Los paraguas típicos de Zagreb

zagreb-croacia-42

Los paraguas que estas mujeres tienen en la mano se llaman Šestine y son típicos de la región del mismo nombre. Provienen del siglo 18 y forman parte de la vestimenta tradicional de la gente de Šestine. Son rojos y tienen rayas de colores. Los van a ver bastante, llueva o no. Pista: miren bien en el mercado que está al aire libre.

* Un dispenser de lecha fresca (pista: en el mercado)

zagreb-croacia-23

En Zagreb es más barato comprar un litro de leche fresca que un litro de leche envasada. Este señor, por ejemplo, llevó cinco botellas vacías y las llenó todas por menos de un euro cada una.

* Una puerta con algún detalle interesante

zagreb-croacia-65

Presten atención a las puertas, van a encontrar todo tipo de trabajos artesanales. Elijan la que más les guste.

* Un cartel

zagreb-croacia-70

zagreb-croacia-60

zagreb-croacia-102

En el idioma que quieran.

* El farolero de Zagreb

zagreb-croacia-74

zagreb-croacia-77

En la parte alta de Zagreb hay más de doscientos faroles. Cada tarde, antes de que baje el sol, dos faroleros recorren las calles y los encienden, uno a uno. No es una ceremonia ni un show: es un oficio casi extinto que en esta ciudad se mantiene vivo. Eso sí, les recomiendo que estén atentos y se apuren porque los faroleros son muy rápidos y desaparecen antes de que te des cuenta.

* La máquina del tiempo (solo durante primavera y verano)

Todos los sábados de primavera y verano, entre las cinco de la tarde y las ocho de la noche, la plaza de San Marcos viaja al pasado. Dénse una vuelta por ahí y van a encontrarse con Marija Juric Zagorka, la primera periodista de Zagreb, Antun Gustav Matos, poeta y escritor de viajes croata, el repartidor de periódicos, el cartero, la lavandera y otros personajes típicos del Zagreb de hace varios siglos. Son muy simpáticos y te cuentan su historia. Si van en otoño o invierno, tachen este ítem de la lista.

* Algo amarillo

zagreb-croacia-64

Yo elegí la Ópera.

* Un ritual (pista: vayan al Stone Gate)

zagreb-croacia-20

El Stone gate (puerta de piedra) es lo único que queda de la antigua muralla medieval que protegía a la ciudad de Gradec, hoy parte de Zagreb. Si pasan por ahí van a ver que a toda hora hay gente prendiendo velas y rezando en silencio. ¿Por qué? Porque ahí está el altar de una Virgen milagrosa. En 1731, un incendio destruyó gran parte de la ciudad. En uno de los departamentos de la torre que está encima del Stone gate encontraron la imagen de una Virgen con Jesús que había quedado intacta. El marco había sido destruido por el fuego, pero el resto del cuadro estaba entero, así que la consideraron milagrosa y le hicieron un altar.

* Un fantasma (o un lugar embrujado)

zagreb-croacia-19

Dicen que Zagreb es una ciudad llena de fantasmas, lugares embrujados, leyendas y supersticiones. En la farmacia más antigua de Zagreb, ubicada a pocos metros del Stone Gate, se vendía sangre de dragón para hacer pociones. Muchos habitantes creían, además, que había un dragón durmiendo debajo de la ciudad y que la reina serpiente vivía en los túneles junto con sus tesoros. Muchos fueron a buscarlos y no volvieron. Varios escritores y poetas de Zagreb tuvieron a sus propios fantasmas —a uno se le apareció una sombre violeta que le ordenó la ropa del placard—, hay una mujer vestida de blanco que aparece las noches de lluvia, hubo un drácula croata y, hasta no hace mucho, a las mujeres se las acusaba de brujería y se las quemaba en la plaza de St. Mark’s.

Para este tesoro vale todo: lugares embrujados, fantasmas (si los ven), cementerios abandonados (hay uno en la parte alta), una bruja… Si necesitan ayuda, pueden hacer el Zagreb Ghost Tour, un recorrido nocturno por las leyendas y misterios de la parte antigua de la ciudad.

* La tumba más antigua de Mirogoj (pista: fíjense en la vegetación)

zagreb-croacia-44

zagreb-croacia-46

Nos vamos al cementerio. A mí me gusta mucho visitar cementerios en otros países, pero sé que no es una actividad para todos. El de Zagreb, sin embargo, vale la pena. Se llama Mirogoj y fue diseñado por Hermann Bollé, un arquitecto franco-alemán que, según dicen los locales, le cambió la cara a Zagreb. El cementerio se construyó en 1876 y guarda los restos de muchos croatas famosos y de gente católica, ortodoxa, protestante, musulmana y sin religión. Un lector nos desafió a encontrar la tumba más antigua del cementerio y fallamos: sabíamos el nombre de la persona —fue un croata muy querido— pero lo ubicamos mal en el mapa y le sacamos fotos a otra tumba.

* Un gato (vale doble si es negro y está en el cementerio)

zagreb-croacia-47

Hay bastantes gatos, así que estén atentos.

* Un peso argentino (pista: detrás de la tumba de un poeta croata)

zagreb-croacia-49

Acá se empieza a poner más compleja la cosa. Hace unos posts les conté de Geocaching, la búsqueda del tesoro más grande del mundo: hay más de dos millones de caches escondidos en todo el mundo. Se localizan con GPS y tienen distintos tamaños: algunos son como el tubo que ven esta foto, otros son tuppers, otros son recipientes muy chiquitos. Todos tienen un logbook, o libro de firmas, y objetos dejados por la gente. En el cementerio de Mirogoj hay dos (si tienen la versión Pro de Geocaching van a ver más, pero con la versión gratuita se ven dos). En uno de esos dos dejamos una moneda de un peso argentino y nuestras firmas.

(Quedan liberados de este ítem si: no tienen teléfono con gps o si encuentran el recipiente y la moneda y el papel con nuestra firma ya no está.)

* Un delfín (pista: en una avenida larga, cerca de la estación de tren)

zagreb-croacia-34

Muy cerca de la estación de tren hay una avenida muy larga toda cubierta de arte callejero. Pregúntenle a la gente en Zagreb y van a saber indicarles. Sabemos que el arte callejero es efímero, así que si el delfín no aparece, vale la foto de cualquier otro animal pintado en esa pared.

* Un lugar abandonado

zagreb-croacia-36

Fuera del centro de Zagreb se ven muchos edificios abandonados. Me encanta. Este es, al parecer, un rasgo común de los países de la ex Yugoslavia. Si viajan por esta región van a ver varios por día.

* El río

zagreb-croacia-53

Zagreb está atravesada por el río Sava, pero si no lo vas a buscar, no lo vas a ver. No queda muy lejos del centro y hay varios tranvías que te llevan. Además, para encontrar los siguientes tesoros vas a tener que ir para allá y caminar casi por la orilla entre dos de sus puentes: el Jadranski Most y el de la Avenija Većeslava Holjevca.

* Un monumento o construcción de la época socialista

En el paseo del río van a ver bastantes, así que elijan el que más les guste. La historia de cada uno y el mapa detallado lo encuentran en este blog (en inglés).

* Una calle o lugar que haya sido el escenario de una película

Primeras vistas de Zagreb

En Zagreb se filmaron muchas películas y series. En varias locaciones de Croacia se filma Game of Thrones, así que el país en general es un set de cine. En la plaza de la iglesia de St. Catherine se filmaron algunas escenas de El violinista en el tejado (tengo que verla). ¿Qué otras locaciones encuentran?

* Un objeto al azar

zagreb-croacia-31

Y acá pueden poner lo que quieran. Yo encontré este libro. Y lo dejé ahí.

Zagreb, la verdad, me sorprendió mucho. En general cuando se habla de ciudades europeas son otras las que están primeras en la lista. Y Zagreb, siento, sigue siendo una ciudad para croatas en la que nosotros, los visitantes, podemos espiar por un rato. Es muy fotogénica y tiene un montón de detalles más que no puse en esta lista para no hacerla interminable, pero si van para allá no dejen de buscar, además, las esculturas, las mujeres vendiendo frutillas, las corbatas (la corbata es un invento croata), el rakija (la bebida típica), los fotocharcos, los reflejos. La cantidad de tesoros es inagotable.

zagreb-croacia-111-4

zagreb-croacia-78

zagreb-croacia-71

zagreb-croacia-27

zagreb-croacia-63

[box type=”info”]Info útil para visitar Zagreb:

* En comparación con otras capitales europeas, Zagreb no es una ciudad tan cara. La moneda es el kuna y el cambio está a 7.50 kunas por un euro (datos de mayo de 2015).

* La ciudad está bien conectada con el sistema de tranvías, buses y funiculares, aunque podés llegar a casi todas partes caminando. Un viaje en tranvía cuesta 10 kunas y es válido por casi dos horas (podés hacer transbordos sin volver a pagar). De noche es un poco más caro (15 kunas), pero si vas a quedarte varios días podés comprarte la Zagreb Card (cuesta 90 kunas, unos 12 euros): es válida por 72 horas y te permite viajar en transporte público y te da descuentos en museos, restaurantes, tiendas y otros servicios. Pero de verdad: caminen, todo queda cerca.

* Podés comer un plato abundante por unos 40 kuna (menos de € 6) y tomar un café por 10 – 14 kuna. Acabo de descubrir esta página y me pareció muy útil: expatisan.com, te dice cuál es el costo de vida en más de 1900 ciudades del mundo.

* La mayoría de la gente habla inglés y, los que no, tienen muy buena voluntad para comunicarse.

* Una cama en el dorm de un hostel cuesta entre 80 y 130 kuna, y hay bastante oferta de alojamiento. Nosotras nos quedamos en el Swanky Mint Hostel y nos gustó mucho.

* Si quieren recorrer Zagreb con una guía que habla castellano y que sabe muchíiisimo acerca de la ciudad, les recomendamos contactar a Dalma Čipčić: es croata-argentina y vive hace más de veinte años en Zagreb. La contactan por mail a dalmacipcic(arroba)gmail.com (y le mandan saludos de nuestra parte) :)

* Algunos blogs con información interesante de Zagreb y Croacia: Zagreb Honestly, Chasing the Donkey y Yomadic. Una app que les puede servir para recorrer la ciudad: Be There.

* Agradecemos el apoyo de la Oficina de Turismo de Zagreb que nos dio un montón de información para llevar a cabo estos primeros desafíos.[/box]

[box type=”star”]

Este post forma parte de la serie “Desafío Serbia Croacia”, un viaje de veinte días con Laura, de Los Viajes de Nena, por ambos países. Pueden leer el Desafío #2: encontrar el corazón de Zagreb en su blog. También pueden seguir el día a día de nuestro viaje por Instagram. En los próximos desafíos: Belgrado. [/box]

Privacy Settings
We use cookies to enhance your experience while using our website. If you are using our Services via a browser you can restrict, block or remove cookies through your web browser settings. We also use content and scripts from third parties that may use tracking technologies. You can selectively provide your consent below to allow such third party embeds. For complete information about the cookies we use, data we collect and how we process them, please check our Privacy Policy
Youtube
Consent to display content from Youtube
Vimeo
Consent to display content from Vimeo
Google Maps
Consent to display content from Google