Exploración #3: la búsqueda del tesoro

Cuando era chica, uno de mis juegos preferidos era la búsqueda del tesoro. Solíamos jugarlo en los cumpleaños, en las colonias de vacaciones y puede que en el colegio, aunque de eso no me acuerdo. El objetivo era ser los primeros en encontrar un tesoro oculto, y para descubrir dónde estaba escondido teníamos que ir siguiendo pistas. Nos dividíamos en equipos y nos daban un papelito con la primera pista a cada grupo: decía, por ejemplo, andá al tercer árbol de la esquina del colegio y mirá bien entre sus ramas, entonces íbamos corriendo al árbol para buscar la pista siguiente. Después de diez o quince pistas llegábamos al tesoro, que a veces era una bolsa de golosinas y a veces eran libros. Los domingos de Pascua de mi infancia también eran búsquedas del tesoro: mi mamá se levantaba temprano y escondía huevos de chocolate en el jardín y yo salía corriendo a buscarlos.

Cuando empecé a viajar y a mirar la realidad con otros ojos me di cuenta de que cualquier espacio público está lleno de tesoros. Es cuestión de prestarles atención. Así encontré un montón de naipes por el mundo —casi una baraja entera—, legos amarillos y piezas de rompecabezas en Barcelona y todo tipo de cosas en las calles de París. Objetos que algunos habían desechado por considerarlos basura, para mí eran hallazgos. Me llevó tiempo, sin embargo, animarle a levantarlos: sentía que la gente me miraba o que muchos me juzgarían por agarrar cosas que estaban tiradas en el piso. Pero un día me animé y desde que empecé no paré.

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-43

Hace unos meses me compré el libro [eafl id=”21149″ name=”The pocket scavenger” text=”‘The pocket scavenger'”] (de Keri Smith) y empecé a recolectar y a pegar todos mis tesoros en un mismo lugar. Keri Smith da una lista de 75 elementos para buscar en la calle, entre ellos un dibujo, algo imaginario, un cupón, algo roto, una postal, un origami y cosas así. Al final del libro da ideas para jugar a la búsqueda del tesoro con amigos: encontrar diez cosas en diez minutos, elegir un objeto y encontrar varios ejemplares, hacer una lista de cosas e intercambiarla con una amiga. Y cuando pensaba en jugar a la búsqueda del tesoro, la primera persona en la que pensaba era Lau. Como no sabíamos cuándo íbamos a estar juntas en un mismo lugar, decidimos jugar a la distancia. Armamos una lista entre las dos y cada cual salió por su ciudad a buscar cosas.

La consigna: encontrar todos los elementos de la lista en espacios públicos. La interpretación de cada cosa era libre: podía ser un barco de verdad, uno de juguete, un dibujo de un barco, la silueta de un barco.

Lugar de mi búsqueda: Biarritz (Francia), con lluvia y en invierno. Aproveché los pocos momentos de sol para salir, y otras veces busqué objetos bajo la garúa. Lau buscó los suyos en Mar del Plata (Argentina), que es una especie de alter-ego de Biarritz, y en verano, así que fueron búsquedas cruzadas.

La lista:

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-3

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-4

Después de sacar esta foto agregamos tres elementos más:

– algo que no sepas que es
– un dispenser
– algo que nos hubiese gustado que esté en la lista

Estos son mis resultados, en orden cronológico:

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] graffiti

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-1

Lau: me hubiese divertido más que estés acá para hacer la búsqueda juntas. Pero esto de buscar los mismos elementos a la distancia también me generó intriga: ¿qué habrás encontrado vos por allá?

El graffiti fue fácil, fue el primero que encontré. Ya lo tenía visto: está a una cuadra de casa hace meses, así que empecé con ventaja.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] un boleto

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-5

Esta ciudad es bastante limpia y pensé que eso me iba a jugar en contra en la búsqueda, pero el boleto apareció al toque.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo que parezca una cara

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-6

A esta le digo “la casa que ríe”.

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-24

Esta es “la moto bonachona”.

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-48

Y esta, “la papa expresiva”. No sé si te conté, pero tengo una carpeta de fotos que se llama “cosas que parecen caras”. Debo haber encontrado unas treinta, y sigo sumando.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo de otro tiempo

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-7

Es un palito de helado, pero para mí es algo de mi infancia. Lo vi y pensé en los recreos, en los helados Torpedo que comía en verano, en que siempre me tocaba el vale otro, en las esculturas con palitos que hacíamos en la clase de arte, en el verano y en los juegos.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo que no sepas qué es

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-9

No tengo idea. ¿Un pedazo de auto? Si alguien reconoce este objeto, que por favor me ilumine.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo escondido o camuflado

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-11

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-13

¿No es espectacular? Las hojas están incrustadas en el asfalto. Digamos que se camuflaron sin proponérselo. Se ve que asfaltaron en otoño y las hojas quedaron ahí, embalsamadas para siempre.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] un barco

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-15

Tanto mar acá y yo poniendo un barco que no flota. Pero me gustó. Acá los frentes de las casas tienen detalles así.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo rosa o violeta

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-17

La foto salió muy movida porque llovía mucho. Al principio lo vi y seguí de largo, pero me arrepentí y di la vuelta.

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-42

Y no podía no poner la casa rosa.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] un buzón

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-18

Cuando buscaba el buzón pensaba en los buzones rojos de Argentina. Acá el color oficial es el amarillo y este es uno de los buzones de La Poste, el correo francés.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo que tenga que ver con la música

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-19

Es mi gomita de pelo y no sé por qué se le dio por enroscarse formando la clave de sol. Me desperté y estaba así, en mi mesa de luz. No la encontré en un espacio público, pero me pareció muy buena como para dejarla pasar.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] un papel escrito

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-23

No sabés el viento que había este día. Salí de casa no me acuerdo para qué y encontré este papel cerca de la playa. Fue muy difícil lograr que se quedara quieto. Le saqué la foto y salió volando.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] una bicicleta

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-26

Había encontrado otra, una amarilla a la salida de la pileta, pero esta me gustó más. La vi camino al correo pero iba apurada porque el correo estaba por cerrar, así que la dejé pasar. A la vuelta pensé que esté que esté que esté, y sí, la bici me esperaba ahí.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo redondo

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-27

Puede que no sea un redondo perfecto, pero de lejos parecía una pelotita.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] un gato

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-28

A mí también me costó verlo, pero está ahí, asomado. Con los gatos fue la Ley de Murphy: cuando no los buscaba los veía todos los días, cuando pasaron a formar parte de mi lista se deben haber enterado porque se escondieron bien.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] una pelota

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-2

Dónde está la pelota, te estarás preguntando. En la foto no se ve, pero estuvo ahí, en ese pasto. Te cuento.

La pelota fue uno de los objetos que me costó mucho encontrar. Acá no se ven nenes jugando a la pelota en la calle, menos en los días de lluvia que hubo cuando salí a hacer la búsqueda.

Una tarde, L. y yo estábamos en casa y escuchamos que alguien golpeaba la puerta principal. Cuando fuimos a abrir vimos que el picaporte se movía: la persona que estaba del otro lado quería entrar, hubiese gente adentro o no. Abrimos y nos encontramos con un nene de unos nueve años. Sus amiguitos estaban cerca porque se escuchaban las risas. Dijo, con timidez: “Monsieur, excuse-moi, je perdu mon ballon dans votre jardin” (Señor, disculpe, perdí mi pelota en su jardín), y nos pidió permiso para pasar al jardín de atrás y recuperarla. La agarró y salió corriendo. Fue todo tan rápido que no tuve tiempo de sacar una foto. Pero la pelota estuvo ahí: cayó del cielo a mi jardín.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo con forma de flor

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-29

Varias veces me pregunté dónde iba a encontrar algo con forma de flor. Y mirá.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo que vuele

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-30

¿Vale? Esas rayas blancas son típicas del cielo de acá. Las hacen aviones que no sé bien qué función cumplen y casi siempre se ven así, en diagonal.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo que haga (son)reír

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-31

Sí, ya sé, no es que ves esta foto y decís JA JA JA QUÉ GRACIOSO POR DIOS, pero hace sonreír, ¿no? Como Biarritz está casi al lado de España, hay muchas casas que ponen sus nombres en castellano. Encontré una que se llama “Chalet Conchita” (y si me sale la argentina boluda de adentro, un poco me río). Pensé que le había sacado una foto pero no la encuentro.

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-25

La casa argentina.

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-38

Y el baño para perros elegantes.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] un dispenser

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-32

Bolsitas para el perro.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] un teléfono público

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-33

Esta fue una de las figuritas difíciles y como verás hice trampa. No encontré teléfonos públicos en Biarritz, no sé si hay o no, pero esto es lo que más se acerca.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo con una imagen o dibujo

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-34

Este sticker lo vi en varias paredes. Es una especie de estatua de la libertad musulmana, ¿no?

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo muy feo

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-35

Yo no soy nadie para hablar de arquitectura, pero a mí este hotel me parece feo. Lo que se dice feo. Habiendo un estilo arquitectónico tan lindo en Biarritz —y en todo el país vasco—, no entiendo por qué hacen algo que parece una caja de zapatos y te cobran carísimo por dormir ahí. Feo!

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] una textura

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-39

La textura de un tacho de basura. Me encantó.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo con etiqueta de “Made in”

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-36

Esta me costó un montón. Intenté encontrar alguna prenda de ropa tirada en el piso para poder sacarle una foto a la etiqueta, pero no apareció nada. Pasé por esta vidriera veinte veces y siempre me paré a mirar, pero me di cuenta del Made in Pays Basque cuando buscaba la bendita etiqueta.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] un globo

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-40

Otra foto con trampa: acá no hay ningún globo. Este fue el ítem imposible. Por un rato te envidié porque seguro que en Mar del Plata estaba lleno de vendedores de globos. Acá ni uno. ¿Por qué puse esta vidriera? Porque cada vez que pasaba por ahí y la veía, mi primera reacción era: ¡un globo! Y después: ah no, son esas lámparas. Así que eso: estos son mis falsos globos.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] 5 hojas de árbol

Este debería haber sido el más fácil. Estamos en invierno y las calles están llenas de hojas secas. Las vi por todas partes y les saqué fotos, pero esta mañana, cuando me senté a escribir este post, me di cuenta de que me había faltado una. A la tarde salí para ir al super y agarré la quinta hoja. Acá va la última foto.

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-50

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] un objeto sorpresa

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-47

Arturito (?). Visto en la vidriera de un vivero.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] cosas que me hubiesen gustado que estén en la lista

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-45

Una palabra

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-49

Una tipografía

busqueda-del-tesoro-biarritz-francia-21

Fósforos (porque ¿a quién se le ocurriría buscarlos?)

[box type=”star”]* Este post pertenece a la serie Viajes sincronizados, un conjunto de juegos a distancia con Lau, de Los Viajes de Nena. Pueden ver los resultados de la búsqueda del tesoro de Lau en su blog.

* Podés hacer esta búsqueda del tesoro en tu ciudad. Compartí los resultados usando el hashtag #viajessincronizados y enlazanos.

* Además de viajar juntas y jugar a la distancia, Lau y yo también escribimos libros, y como nuestros libros nacieron casi a la vez, decimos que son primos hermanos. Como les gusta mucho estar juntos, decidimos venderlos en combo para que no tengan que separarse: podés conseguir un ejemplar de “Caminos invisibles” (el libro de Lau y Juan) + un ejemplar de “Días de viaje” (mi primer libro) + un set de 7 señaladores en mi Tienda. [/box]

Una vuelta por la Provenza francesa

**Spoiler: este post no contiene fotos de los campos de lavanda. Me hubiese encantado verlos pero cuando fui todavía no habían florecido. Lo que sí incluye son muchas fotos de macarons. **

Cuando mi prima Flavia me dijo que venía a Europa y me preguntó si quería hacer un viaje relámpago por la Provenza francesa con ella y dos amigas le dije que sí enseguida. Era junio de 2014, estaba por empezar el verano, yo acababa de volver de Islandia y no tenía adónde ir. Mejor dicho, no tenía nada planeado, así que su propuesta me cayó en el momento justo. Viajé de Lyon hasta Antibes, la ciudad en la costa del Mediterráneo en la que hicimos base, y nos fuimos a recorrer pueblitos en el auto de una de sus amigas. Fueron seis días de playa, rutas, paisajes, charlas, risas y comidas. Y como hay ciertos recorridos que se relatan mejor en imágenes, acá van algunas de las fotos y momentos de ese paseo.

Hicimos base en Antibes, uno de los pueblos de la costa que más me gustó.

provenza-francia-16

Desde el balcón del departamento donde nos quedamos teníamos esta vista. Todas las noches nos sentábamos ahí a cenar, a picar algo o a charlar. No hay nada más lindo que disfrutar las noches con calor.

provenza-francia-8

Uno de los primeros lugares de la Provenza que visitamos fue Aix-en-Provence. No teníamos una ruta armada, así que fuimos improvisando según nuestras ganas. Algo que me encanta de Francia es la cantidad de cafés que hay en cada ciudad.

provenza-francia-9

Faltaba menos de una semana para que empezara el verano, y el calor ya se sentía. Iba a ser mi primer verano en Europa.

provenza-francia-13

Pasamos la tarde caminando por las callecitas.

provenza-francia-11

Y miramos vidrieras. Otra cosa que me gusta de Francia: las vidrieras de los negocios, la dedicación que ponen para armarlas.

provenza-francia-12

Todo me parecía lindo. A mí todos estos adornos y cositas me pueden.

provenza-francia-3

El olor del pan se sentía a lo lejos.

provenza-francia-4

Viva la baguette, otro punto para Francia.

provenza-francia-6

Y ahí, en Aix, cometimos el error de probar los macarons más ricos de nuestra vida. El resto del viaje fue un intento fallido de encontrar macarons mejores que esos. No aparecieron, y eso que probamos un montón.

Para quien no los conoce, los macarons son la versión refinada del alfajor. En realidad no tienen nada que ver, pero de aspecto son parecidos. Los macarons o macarrones son de origen italiano y se hicieron conocidos en el siglo XVI gracias al pastelero de la corte francesa. Se hacen con clara de huevo, almendra molida y azúcar, y se rellenan con lo que quieran: hay con chocolate, pistacho, rosa, caramel, coco, frambuesa, maracuyá, vainilla, café, menta. Lo que los diferencia, para mí, es eso: si el relleno es bueno, el macaron es bueno.

provenza-francia-5

Hay incluso con foie gras, aunque yo no lo elijo para comer todos los días.

En nuestra obsesión por encontrar el macaron perfecto —juro que hablábamos de eso durante horas— nos dimos cuenta de que había merchandising de macarons por todos lados.

provenza-francia-23

Al día siguiente fuimos a Grasse, pueblito famoso por ser la capital mundial del perfume y el escenario de la novela El perfume, de Patrick Suskind.

provenza-francia-17

Lo primero que me llamó la atención fueron las ventanas.
En todas las casas, ventanas como estas. Abiertas, cerradas, todas iguales, pintadas del mismo color.

provenza-francia-18

Algunas muy decoradas.

provenza-francia-22

También sus puertas.

provenza-francia-25

Los carteles antiguos.

provenza-francia-20

Y las calles que me hacían acordar a las medinas árabes.

provenza-francia-71

Grasse tiene una industria del perfume desde el siglo 18. Su microclima favorece el cultivo de flores: cada año se cultivan más de veintisiete toneladas de jazmines, por ejemplo, una flor que es la base de muchos perfumes. Muchas “narices” —expertos en distinguir olores— se entrenan en Grasse y son capaces de distinguir más de 2000 aromas.

provenza-francia-39

Al día siguiente nos fuimos a St. Tropez.

provenza-francia-38

La zona del puerto, que es la que casi todo el mundo visita, me abrumó. Demasiada gente, demasiados yates, demasiado show off.

provenza-francia-41

Hasta principios del siglo 20, St. Tropez era una aldea de pescadores y un fuerte militar. Después de la Segunda Guerra pasó a ser un punto reconocido internacionalmente por su afluencia de artistas franceses y estadounidenses. Músicos y actores elegían ese pueblo para pasar el verano o para vivir, y con ellos fueron llegando también los turistas curiosos.

provenza-francia-35

La zona cerca del puerto me gustó, pero no me encandiló como otros lugares.

provenza-francia-40

Seguimos caminando y, sin planearlo, llegamos a una zona que parecía ser más antigua y que estaba mucho más vacía.

provenza-francia-46

Era lindísima. Era la imagen de Provenza que tenía en la cabeza antes de viajar: calles muy angostas, casas pintadas de colores, flores en las ventanas, Vespa estacionadas en las puertas.

provenza-francia-45

Muchos detalles y colores.

provenza-francia-42

No conozco Italia, pero de a ratos sentía que estaba en ese país.
La imagen que tengo de Italia es parecida a la imagen que tenía de Provenza.

provenza-francia-36

Al día siguiente nos fuimos a St-Paul-de-Vence, otro pueblito que fue refugio de artistas, aunque de un estilo muy distinto a St. Tropez.

provenza-francia-48

Primero, St Paul no está a orillas del mar sino en una cima.
Segundo, casi todas las construcciones están hechas de piedra.

provenza-francia-50

Hay Space Invanders y todo.

provenza-francia-60

De todos los pueblitos que vimos, este me pareció el más encantador, mano a mano con Grasse.

provenza-francia-51

Creo que una de las cosas que más me gustaron fueron los detalles. Como este elefante que hace de manija de una puerta.

provenza-francia-54

Este buzón medio naif.

provenza-francia-55

La fuente y el pez.

provenza-francia-56

(Usada de asiento en los ratos libres)

provenza-francia-63

El caballo de herraduras.

provenza-francia-52

Las vidrieras.

provenza-francia-68

Las decoraciones en las ventanas.

provenza-francia-65

Incluso en los techos.

provenza-francia-59

Los ateliers por todas partes.

provenza-francia-58

Los cuadros en exposición en la calle.

provenza-francia-67

Los gatos pintados.

provenza-francia-53

La nena curiosa.

provenza-francia-69

Y las ventanas llenas de flores.

provenza-francia-29

No puedo terminar el recorrido sin mencionar Antibes.

provenza-francia-28

Como dije, fue la ciudad donde hicimos base.

provenza-francia-32

Y casi siempre suele pasar que uno deja lo que tiene cerca para después. O que lo desestima un poco por ser normalconocido. 

provenza-francia-30

Y cuando por fin caminamos por Antibes nos dimos cuenta de que fue uno de los lugares que más nos gustó.

provenza-francia-31

Así que aprovechamos que estábamos ahí y fuimos varias veces al mercado, a la playa y a los rincones que nos gustaron.

provenza-francia-33

Y también usamos el tiempo para perdernos por ahí.

provenza-francia-34

Cuando el viaje relámpago terminó y nos despedimos, me tocó elegir adónde seguir camino.

Una amiga de Flavia sugirió Biarritz y como no tenía otras opciones en mente, vine para acá. Así lo conocí a L. y me quedé a vivir acá y todo eso. Pero toda esa parte la cuento mejor en el próximo libro.

Cosas que me inspiran (6):
remedios para la tristeza de invierno

[box type=”star”]Este post pertenece a la serie Cosas que me inspiran: una dosis quincenal —a veces mensual— de charlas, ilustraciones, películas, libros, series y todo eso que encuentro por ahí y me inspira, a su manera, a crear cosas nuevas.[/box]

No sé si aguantaría un invierno entero en Islandia, por ejemplo, o en Laponia o en cualquiera de esos lugares donde no sale el sol por tres meses. Antes pensaba que sí, que sería bueno para escribir, pero viendo que acá en Biarritz: a) llueve sin parar y/o b) hace un frío que no podés asomar la nariz, sumarle a eso la falta de luz natural por noventa días sería demasiado. Siempre pienso que algún día voy a reconciliarme con el invierno, que me va a encantar el frío, que voy a estar feliz de pasear por una ciudad nueva a cero grados con los dedos de los pies duros como piedras, pero no pasa: le sigo diciendo BASTA a esta estación y ojalá que la primavera llegue rápido y que el invierno se extinga de una vez y para siempre.

invierno-laponia-1

Esta foto es de Laponia (Suecia). Acá en Biarritz no es para tanto (no nieva, por ahora)

Hace poco me enteré de que existe algo que se llama el Winter Blues o tristeza de invierno. Es un desorden afectivo o depresión estacional: algunos lo sufren en invierno y otros en verano, aunque en cada época los síntomas son distintos. La tristeza de invierno genera dificultad para levantarse a la mañana (¿quién dijo mañana? me estoy despertando en horarios de adolescente), ganas de dormir mucho (doce horas y contando), falta de energía, dificultad para concentrarse, antojos exagerados de cosas dulces (el “exagerados” se lo agregué yo) y pensamientos pesimistas. Y me parece que la estoy sufriendo. Dicen que hay varias maneras de sobrellevarla: ir al gimnasio (fui a nadar una vez y tuve que salir antes del frío), mantenerse lejos de los azúcares (¿cómo?), hacer un deporte de invierno (no me veo haciendo surf ni con traje de plumas), vestirse para el frío (eso hago, pero AH, otra cosa: volvieron los sabañones a mi vida, ¡bienvenidos!), aceptar el invierno (no puedo).

Yo propongo combatirlo de otra manera: con inspiración. El lado positivo de todo esto es que al no salir de la cueva tengo mucho más tiempo para leer, mirar películas y escribir. Tomé mucho ritmo con el libro y además estoy con otros proyectos que ya contaré, y a la vez leyendo y nutriéndome del trabajo genial de otros. Y pienso: al final yo elegí estar acá a pesar del invierno, así que tengo que aprovechar la falta de distracciones externas y crearme distracciones internas. Así que para el frío: diez cosas que me inspiran.

1. La música de los noventa

 

Ya sé que empezar con este tema de los Guns ‘N Roses no es lo más alegre para poner en esta lista, pero a mí me genera un efecto inverso al de querer cortarme las venas: me hace revivir un montón de momentos de los noventa, cuando tenía catorce y estas canciones me hacían soñar. No sé cómo fue que volví a escuchar a los Guns —creo uno nunca deja de escucharlos— pero este tema me llevó a otros: pasé por Estranged, Yesterdays, Don’t cry, de ahí a Metallica y Whisky in the jar, Turn the page, Nothing else matters, de ahí a Alanis Morisette y todos sus hits, y de golpe apareció No Doubt, Natalie Imbruglia, Sixpence None the Richter, The Cardigans y esto se pone cada vez más pop. Puse algunos en la lista de reproducción que les comparto: todos estos temas me ponen de buen humor. Otra cosa que me pone de buen humor: ver las intros de los dibujitos animados que miraba cuando era chica, como Jem, los Snorks o los Pitufos (¿alguien más hace eso?).

2. El Manifiesto Viajero de Maptia

maptia-manifesto

Maptia es una web donde escritores, fotógrafos y viajeros comparten sus historias de viajes (por el momento solo está en inglés). También tienen un blog y ahí es donde aparece el Manifiesto Viajero que acaban de ver. Ya ni sé cómo lo encontré pero me gustó. Dice:

“Yo, (          ), quiero ver el mundo. Avanzar hasta el extremo del mapa y luego seguir. No hacer planes. Confiar en mi instinto. Dejar que me guíe la curiosidad. Quiero cambiar de hemisferio. Dormir con estrellas desconocidas y dejar que el viaje se despliegue ante mí.”

¿Lo firmo?

3. Blog: Magical Daydream

Alerta! Bananas intrusas. Foto: magicaldaydreams.com

Alerta! Bananas intrusas.
Foto: magicaldaydream.com

Cuando descubrí este blog me quedé leyéndolo como hasta las seis de la mañana. Bueno, en realidad ya estaba desvelada y era tarde, pero no importa: no podía salir de ese mundo de creatividad y buena onda. Su creadora es Mariëlle, una chica holandesa que tiene ideas geniales y las comparte. Propone juegos/intervenciones artísticas/experimentos como ilustrar tu historia de amor, hacer bombas de brillantina con maníes, convertir a las bananas en personajes, hacer una Torre Eiffel de galletitas, dejar sobres con mensajes positivos y mucho más. Me encantó y estuve a punto de hacer lo de los sobres pero no salí por el frío. Pronto, pronto.

Más en: magicaldaydream.com

4. Serie web: Eléctrica

Para cambiar de rubro, una serie que vi hace unos meses y me hizo reír mucho: Eléctrica, otro falso reality show como Tiempo libre (serie que recomendé en otra ocasión), un género que cada vez me gusta más. Puede que sea una serie muy argentina (y uruguaya, porque varios personajes son de ahí) y creo que suma mucho conocer a los actores de antemano ya que hace que las situaciones sean aún más ridículas. Eléctrica es una supuesta productora que está haciendo un programa de televisión conducido por Liniers (el ilustrador argentino) y cada capítulo aborda uno de los grandes temas de la vida como el amor, la muerte, la música, el poder, entre otros. No digo más: miren el trailer.

5. The Oatmeal: “Reflexiones acerca de crear cosas para la web”

Si son como yo y abren cualquier enlace que les aparece en el inicio de Facebook, lo más probable es que ya se hayan cruzado con The Oatmeal. Sus comics más populares son “How to suck at your religion”, “What’s it like to own an Apple product” y “How to pet a kitty”, entre otros. Hace unos días me encontré con este y me pareció que describe muy bien a quienes trabajamos creando contenido para internet. Acá pongo las primeras viñetas y pueden seguir leyéndolo en su página.

the-oatmeal-things

Seguir leyendo en: theoatmeal.com (sigan que falta la mejor parte)

6. Película: PK (2014)

PK es una película india del mismo director de 3 idiotas (peli que recomendé en este post: películas para viajar). Cuando PK, un extraterrestre, aterriza en un pueblo de la India, un hombre le roba su collar. Ese es el único objeto que le permite ponerse en contacto con su planeta y volver a su casa, así que sale a buscarlo. PK no tiene idea de cómo funcionan las cosas en la Tierra: cuando le pregunta a la gente por su collar todos le responden que solo Dios sabrá, y ahí empieza su búsqueda de ese tal dios. La película da una visión distinta de la religión y desafía lo que es aceptado como normal en muchas sociedades (en India generó mucha controversia). Tiene una fotografía lindísima y da muchas ganas de viajar (al menos a mí).

Más info en IMDb

7. Serie: Por ahora

Otra serie argentina que no pude parar de mirar. Trabajan los mismos chicos que hicieron Cualca y son trece capítulos de 25 minutos cada uno. Trata de la vida de cinco amigos de Buenos Aires y sus historias, romances, trabajos, problemas y obsesiones.

8. Post: “The realities of traveling as an introvert”

Amé este momento (la foto aparece en el artículo que menciono)

Amé este momento (la foto aparece en el artículo que menciono)

Leo algunos blogs de viajes en inglés y suelo pasar seguido por el de Liz. Ella es de Estados Unidos y vive viajando como yo. No la conozco pero me gusta su sinceridad y me siento identificada con muchas cosas que cuenta. Hace unos días vi que publicó algo que me llamó la atención: “La realidad de ser una viajera introvertida”. Pensé: a ver qué tan parecidas somos. Y mientras leía iba moviendo la cabeza como esos perros de juguete que van en los taxis: sí, tal cual, esto también, yo soy así. En su artículo menciona, entre otras cosas: “mucha gente no entiende que sos introvertida y piensa que sos rara”, “no te molesta estar leyendo un libro mientras comés sola en un restaurante”, “te gusta viajar despacio” y “planeás tus viajes de acuerdo a tu humor”. Qué bueno saber que no soy la única.

El artículo está en inglés y pueden leerlo acá: youngadventuress.com

9. Humor: Les Luthiers

Decir solo humor es quedarme corta: Les Luthiers combina la música con los juegos de palabras, domina el idioma y lo usa a su antojo para hacernos reír con ocurrencias muy inteligentes. Muchos de ustedes los conocen, estoy segura, y los que no, se los presento: Les Luthiers es una agrupación cómica que se formó en 1967 en Buenos Aires. Tres de sus cuatro miembros fundadores (Daniel Rabinovich, Marcos Mundstock y Jorge Maronna) aún siguen siendo parte del grupo (Gerardo Masana, el cuarto, murió en 1973). Su género es la parodia musical y tienen uno de los humores más sanos y geniales que conozco. El tema del video lo vi en vivo hace seis años, en su show Lutherapia, y todavía me acuerdo de cómo me reí.

Acá pueden ver más videos.

10. Las ilustraciones de Gaping Void

gapingvoid2

—No debemos dejar que la tecnología maneje nuestra vida… —¿Tenemos vida?

gapingvoid

Sé real y no tendrás nada que temer

Hugh Mac­Leod es caricaturista y ya recomendé alguno de sus libros en otros posts (sino, les recomiendo “Ignore everybody and 39 other keys to creativity”). Empezó haciendo dibujos en el dorso de las tarjetas personales que le daba la gente, y ahora, entre otras cosas, dirige Gaping Void, una organización que transforma a las empresas a través del arte.

Acá hay más ilustraciones: gapingvoidart.com

*

PD: publiqué este post anoche y hoy me desperté con un sol espectacular. Se ve que tanta queja tuvo sus frutos. Salí a caminar después de varias semanas de no poder hacerlo. :) Pueden ver más cosas que me inspiran acá.

Relato fotográfico: una vuelta por el País Vasco

[box type=”star”]Imágenes y pensamientos de un viaje que hice por el País Vasco en junio de 2014. Si querés ver más relatos fotográficos de distintos lugares del mundo, podés hacerlo acá.[/box]

Viajé al País Vasco a fines de junio del año pasado, unos días después de que empezara el verano en Europa. Estaba en Biarritz, también en el país vasco pero del lado francés, y decidí hacer una escapada y conocer esa región de la que tanto me habían hablado.

El País Vasco o Euskadi —su nombre en euskera o vasco— es una comunidad autónoma española ubicada en la costa noreste del país, entre Cantabria y Francia. Está conformado por las provincias de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya pero, culturalmente, el País Vasco es más extenso. El término Euskal Herria significa país del euskera y se usa para referirse a la región cultural europea que comprende territorios de Francia y España y que tiene cultura vasca. Además de las tres provincias españolas, incluye a la provincia de Navarra y al Pays Basque francés —este último quedará para otro relato fotográfico—.

* Primera parada: Zumárraga

pais-vasco-aniko-villalba-1

Muchas veces elijo los destinos de mis viajes por las personas que me esperan ahí. Fui a Zumárraga a visitar a Gonzalo, un fotógrafo y bloguero de viajes vasco. Hice base en su pueblo y los días siguientes fui con él a conocer las tres ciudades más importantes de Euskadi: Bilbao, Donostia y Vitoria.

pais-vasco-aniko-villalba-2

Llegué a Zumárraga en una de las noches más especiales del año: la noche de San Juan. Es una tradición muy antigua que celebra la llegada del verano con una hoguera. Tradicionalmente, las familias se reunían en los caseríos rurales y prendían hogueras con el fin de espantar a los espíritus malos y las brujas, y pedir por una buena cosecha. Hoy, las fogatas se prenden en el centro de las plazas: se queman objetos que representen aquello que queremos olvidar o se tiran papelitos con deseos. Luego la gente salta sobre el fuego o baila alrededor de la hoguera hasta que esta se apaga. Estas fotos corresponden a las celebraciones en Urretxu, el pueblo pegado a Zumárraga.

* Segunda parada: Bilbao

pais-vasco-aniko-villalba-4

Bilbao es la capital de Vizcaya y la ciudad más grande de la región.

pais-vasco-aniko-villalba-3

—Dime qué te parece ese edificio —me dijo Gonzalo.
—Ja, no me lo esperaba. Es original —le respondí sin terminar de decidir si me gustaba o no.

No está mal.

pais-vasco-aniko-villalba-6

En el resto de Bilbao, sin embargo, encontré una arquitectura más tradicional.

pais-vasco-aniko-villalba-5

Con algunas excepciones, como el edificio que aparece al fondo del camino.

pais-vasco-aniko-villalba-8

O el Museo Guggenheim Bilbao, que imita la forma de un barco.

pais-vasco-aniko-villalba-9

Había oído hablar mucho de él. Es un museo de arte contemporáneo, fue diseñado por Frank Gehry, un arquitecto canadiense, e inaugurado en 1997. Su arquitectura es de estilo deconstructivista y, al parecer, el museo no tiene ni una superficie plana en toda su estructura.

Ese día tuve suerte: adentro había una exposición de Yoko Ono.

pais-vasco-aniko-villalba-10

En la explanada del Museo estaba Puppy, la escultura de un cachorro hecho con acero y recubierto de flores.

pais-vasco-aniko-villalba-11

Mide más de doce metros de altura y fue realizada por Jeff Koons, un artista estadounidense, en 1992.

pais-vasco-aniko-villalba-12

Y es un lindo espacio para jugar.

pais-vasco-aniko-villalba-14

Seguimos caminando y cuando cruzamos el puente nos encontramos con estos paddle-surfistas que justo pasaban por ahí. La costa marítima del País Vasco es muy reconocida por sus olas y surfistas.

pais-vasco-aniko-villalba-15

pais-vasco-aniko-villalba-16

Miro la fecha de las fotos y veo que era martes. Por la cantidad de gente en las calles, hubiese pensado que era viernes a la tarde. Pero después me acuerdo de que en el País Vasco la gente siempre estaba afuera. Algunos reunidos con amigos, otros paseando, otros comiendo. Las calles siempre pobladas.

pais-vasco-aniko-villalba-17

Y otras, como ellas, charlando con vistas panorámicas.

* Tercera parada: Donostia-San Sebastián

pais-vasco-aniko-villalba-18

El primer lugar de San Sebastián al que me llevó Gonzalo fue al final de la Playa de Ondarreta: desde ahí se podía ver el Peine del Viento, uno de los íconos de la ciudad. Es un conjunto de esculturas de acero hechas por Eduardo Chillida, un escultor vasco, e incrustadas en rocas que dan al mar Cantábrico. Gonzalo me mostró que en el piso, al lado del mar, había unos agujeritos y que si ponía la mano podía sentir cómo subían el viento y las gotitas de agua.

pais-vasco-aniko-villalba-19

—La ciudad se llama Donostia, pero nosotros le decimos, cariñosamente, Donosti —me dijo Gonzalo.

pais-vasco-aniko-villalba-20

Era época de Mundial, así que en los bares estaban pasando los partidos. Ese día jugaba Nigeria-Argentina.

pais-vasco-aniko-villalba-21

Nos dedicamos a caminar por la Parte Vieja de la ciudad.

pais-vasco-aniko-villalba-22

pais-vasco-aniko-villalba-46

pais-vasco-aniko-villalba-23

pais-vasco-aniko-villalba-24

Lo lindo de San Sebastián es que tiene el mar ahí nomás, muy integrado a la ciudad. Es una ciudad que combina mar, arquitectura, gastronomía y vida al aire libre.

pais-vasco-aniko-villalba-25

Y mires para donde mires, las vistas siempre son lindas.

pais-vasco-aniko-villalba-26

Tal vez por eso, la gente estaba sentada afuera, disfrutando del calor. Yo estoy esperando que sea primavera para ir de visita otra vez.

pais-vasco-aniko-villalba-27

pais-vasco-aniko-villalba-28

pais-vasco-aniko-villalba-29

pais-vasco-aniko-villalba-31

pais-vasco-aniko-villalba-32

pais-vasco-aniko-villalba-34

pais-vasco-aniko-villalba-35

pais-vasco-aniko-villalba-30

pais-vasco-aniko-villalba-36

Caminamos por el Paseo de la Concha, bordeando el mar. Mientras tanto, el sol iba bajando.

pais-vasco-aniko-villalba-37

Hasta las gaviotas miraban el atardecer.

pais-vasco-aniko-villalba-38

pais-vasco-aniko-villalba-39

pais-vasco-aniko-villalba-40

pais-vasco-aniko-villalba-41

pais-vasco-aniko-villalba-54

Después llegó la hora de irse de pintxos.

pais-vasco-aniko-villalba-42

Los pintxos consisten en rebanadas de pan con una porción de comida encima. A veces se sujeta con un palito o pincho, a veces no. Es similar a la tapa, aunque no es lo mismo: la tapa suele incluirse en algunos bares con la bebida, pero el pintxo se pide por separado.

pais-vasco-aniko-villalba-50

Hay pinchos fríos y calientes. Los fríos suelen estar puestos exhibidos la barra del bar para que cada uno se sirva lo que quiera. Los pinchos calientes se solicitan al mozo y son preparados en la cocina en el momento.

pais-vasco-aniko-villalba-47

Lo mejor es ir con alguien que conozca para que te lleve a probar las especialidades de cada bar. Nada mejor que ir alternando de lugar y probar algo en cada uno.

pais-vasco-aniko-villalba-48

A los pintxos más tradicionales —como tortilla de papa, pescado, pimientos, croquetas— se le suman las creaciones de los chefs de cada bar.

pais-vasco-aniko-villalba-49

pais-vasco-aniko-villalba-51

pais-vasco-aniko-villalba-52

No me voy a cansar de decirlo: qué bien que se come en el País Vasco.

pais-vasco-aniko-villalba-53

pais-vasco-aniko-villalba-44

Estas croquetas las comimos al día siguiente, con los chicos de GoLocal San Sebastián que nos llevaron a hacer un paseo en bici por la ciudad.

pais-vasco-aniko-villalba-55

La ciudad, de día o de noche, tiene mucha vida.

* Última parada: Vitoria-Gasteiz

pais-vasco-aniko-villalba-56

Vitoria es la capital política del País Vasco: es la sede oficial del Parlamento y de las instituciones vascas. Durante el 2012, fue la Capital Verde Europea: ese premio se le da a las ciudades que mejor se ocupan de cuidar el medio ambiente y el entorno de sus habitantes.

pais-vasco-aniko-villalba-76

pais-vasco-aniko-villalba-57

El casco medieval o zona antigua, me explicó Gonzalo, tiene forma de almendra: por eso se la suele llamar la almendra medieval.

pais-vasco-aniko-villalba-59

Vitoria fue, de manera sucesiva, gótica, renacentista, barroca, neoclásica y romántica. El casco viejo, sin embargo, mantiene el trazado gótico, y los nombres de las calles siguen haciendo referencia a las actividades que se practicaban en ellas: cuchillería, herrería, zapatería, entre otras.

pais-vasco-aniko-villalba-60

Una de las cosas que más me gusto de Vitoria fue la enorme cantidad de arte callejero que hay en sus paredes y construcciones.

pais-vasco-aniko-villalba-61

pais-vasco-aniko-villalba-62

pais-vasco-aniko-villalba-63

pais-vasco-aniko-villalba-64

pais-vasco-aniko-villalba-71

pais-vasco-aniko-villalba-72

Murales y murales y murales…

pais-vasco-aniko-villalba-66

pais-vasco-aniko-villalba-67

pais-vasco-aniko-villalba-70

Y esa arquitectura gótica que tanto me gusta.

pais-vasco-aniko-villalba-69

Ese día tampoco faltó la degustación.

pais-vasco-aniko-villalba-73

pais-vasco-aniko-villalba-74

pais-vasco-aniko-villalba-75

Y después de compartir comida, cerveza y charlas, nos despedimos y me fui de vuelta a Biarritz.

Y ahí empezó mi viaje por el Pays Basque francés, pero esa ya es otra historia…

pais-vasco-aniko-villalba-58

[box type=”star”]Si te gustó este post, podés ver otros relatos fotográficos haciendo click acá.[/box]

Ayer fui al cine

[box type=”star”]Este post pertenece a la serie La vida en Biarritz. Quedarme quieta en un solo lugar me permite hacer cosas que de viaje me resultan difíciles. Como ir a nadar dos veces por semana, guardar cosas en las alacenas, usar el buzón o ir al cine. Una oda a los placeres de la rutina estática y un intento de encontrar otras maneras de viajar aún estando quieta.[/box]

**Spoiler: este post no contiene spoilers.**

Relatos_salvajes-102488639-large1

Ayer fui al cine a ver Relatos salvajes, la película argentina de Damián Szifrón que quedó candidata al Óscar. No estaba en mis planes: pensé que ya no la daban acá en Francia. Cuando me enteré de la nominación la busqué en internet y cuando Google me dijo que la estaban pasando en un cineclub de Bayonne, la ciudad que está al lado de Biarritz, dije tengo que ir a verla. Me encanta el cine argentino y me había quedado con muchas ganas de ver esa peli: la habían pasado en el Festival de cine de Biarritz, a pocas cuadras de mi casa y con Damián Szifrón presente, y yo me había enterado tarde. Esta vez no me la iba a perder. Me aseguré de que la pasaran en idioma original —no tenía ganas de ver a Darín doblado al francés, además de que no iba a entender nada e iba a perder la mitad de la gracia— y decreté que ese sería nuestro plan de viernes a la noche.

Cuando salimos llovía un montón y había un viento de esos que te empujan a volver a tu casa. Llegamos a Bayonne en veinticinco minutos y mientras buscábamos dónde estacionar pasamos por la puerta del cine. No quise decirle nada a L., pero en la entrada vi dos afiches: uno que no alcancé a leer y otro que decía Les nouveaux sauvages (Los nuevos salvajes): “Un film de Pedro Almodóvar”. Pensé chau, Google se equivocó, asoció Relatos salvajes de Damián Szifrón con esta de Almodóvar porque se llaman parecido, era obvio que ya no la daban más en el cine, ahora cómo le explico a L. que vinimos a ver otra cosa, después de lo que le hinché para venir a ver esta. Almodóvar también me gusta mucho, pero yo iba mentalizada para ver una película argentina.

Todas las fotos son escenas de la película.

Cuando entramos al cine, un cineclub muy acogedor, por cierto, de esos que pasan pocas y buenas películas, miré el afiche de cerca y vi que aparecía la foto de Darín y el nombre de Szifrón. Estaba todo bien. Ahí me enteré de que Almodóvar la había producido. Mejor aún. Mi preocupación era, ahora, que Google se hubiese equivocado en lo del idioma y que la película estuviese doblada al francés y no subtitulada. El de la caja nos dijo que estaba subtitulada. Google siempre tiene razón, es como las madres. Y yo me adelanto demasiado con mis preocupaciones. Como a L. le gusta molestarme con las cosas argentinas, me dijo: “Seguro que la sala va a estar vacía, vamos a ser nosotros dos y el que pone la película”. La sala estaba llena. Tomá.

No voy muy seguido al cine cuando estoy de viaje: a veces por un tema de presupuesto, a veces porque me olvido de que es un plan posible, a veces porque estoy en países donde no entiendo ni el idioma original ni los subtítulos. En Buenos Aires voy de vez en cuando, pero tampoco tanto: está carísimo y muchas películas me da igual mirarlas en mi casa. Pero si pasan una de un director o temática que me gusta, no me la pierdo. Fui muchas veces sola y es una experiencia que disfruto un montón: si la película me engancha, me transporto a otro mundo y me olvido de dónde estoy. Es, además de leer, una de las mejores maneras de transportarse a otros mundos.

Creo que esta fue la primera vez que vi una película argentina —una película tan argentina— en el cine estando en otro país. No voy a contar casi nada de la película porque hay que verla con el factor sorpresa, lo único que voy a decir es que está dividida en seis relatos: cada historia tiene actores distintos y cuenta una situación diferente, pero todas están atravesadas por el humor negro, la ironía, el descontrol, la violencia y una argentinidad que me hizo volver a mi país desde la primera escena. Las historias están llevadas al extremo, pero todas parten de situaciones muy cotidianas y tienen desenlaces que no suelen pasar pero son posibles.

En el cine se reían muchísimo, pero yo me reía más. Cada vez que un personaje se mandaba alguna puteada bien argentina, yo moría. Ves, L., pensaba, ves que no soy la única loca que putea por cualquier cosa, en Argentina somos así, decimos boludo, pelotudo, hijo de puta, mierda, carajo y la puta madre en cualquier contexto y por cualquier cosa. Muchos matices se pierden en la traducción y hay cosas que supongo le causan el doble de gracia a un argentino porque son tal cual: la grúa que te lleva el auto, la burocracia, los intentos de coima, la pelea en la ruta, el casamiento.

Ver escenas cotidianas de Buenos Aires me generó nostalgia: Darín tomándose un café con medialunas —esas medialunas tan porteñas— en una esquina, la panadería y las facturas, el cumpleaños infantil en la casa, el avión sobrevolando la ciudad, el puesto de revistas, el tráfico, la vista desde la terraza de noche. Las imágenes de Argentina, los paisajes de Salta, el restaurante en la ruta y la fiesta con amigos me dieron ganas de estar allá, aunque estaba tan metida en la película que para mí estaba allá, nunca me había ido. Buenos Aires vista de lejos me hace extrañarla, más ahora que estoy quieta. Reniego de ella pero la quiero a pesar de su locura. Me aturde y me saca, pero es el lugar al que seguiré volviendo entre viaje y viaje. Supongo que muchos porteños tenemos una relación un poco bipolar con Buenos Aires.

Cuando apareció mi amiga Pau en escena —actúa en la historia del casamiento como amiga de la novia— le dije a L., desencajada: “¡Esa! ¡Esa es mi amiga! ¡La que acaba de abrazar a la novia!”. Se lo dije en castellano porque ya ni sabía en qué idioma hablar, y creo que él me entendió por lo emocionada que me vio. Quería frenar el tiempo, no quería que se terminara, o quería que se terminara para poder verla otra vez. Me había transportado, durante dos horas, a un lugar en el que no había estaba hacía mucho tiempo. Salí del cine con una sonrisa, ni me hacía falta decir lo bien que la había pasado, lo mucho que me gustaron las actuaciones, la fotografía, el guión, el humor, la musicalización de Santaolalla, los diálogos. Le conté a L. de Darín, de que en twitter se llama Bombita, de que Buenos Aires es así, de que en Argentina esas cosas son posibles.

38908

Cuando nos subimos al auto para volver y cruzamos uno de los puentes de Bayonne, vi las casas vascofrancesas a orillas del río y el impacto fue doble: de golpe me acordé de que estaba en Francia y no en Buenos Aires, y me sentí lejos. Me dieron ganas de volver, algo que tengo planeado para dentro de unos meses, pero a la vez me sentí contenta de haber visto esa película argentina en Francia. Fue como disfrutar de manera cruzada de cada país: estuve en Francia y me fui a Argentina por un rato. Me pasé el viaje de vuelta a Biarritz escribiendo todo esto. No sé para qué, pero necesitaba dejar por escrito todas las emociones que me había generado ir al cine.

Exploración #1: viaje sincronizado

Después de aquel viaje a Islandia, Lau y yo nos quedamos con ganas de hacer otros viajes de ese estilo juntas. A qué me refiero con de ese estilo: con juegos, pruebas, complicidad, azar y risas. El viaje a Islandia fue de desafíos: nos pusimos metas como subirnos a un barco de pescadores, no pagar ni una noche de alojamiento, dar la vuelta a la isla solo a dedo, no perder el avión, abrazar islandeses. Y logramos casi todas. Creo que para las dos, marcó un antes y un después. Después de eso, cada vez que chateábamos, ella en un país y yo en otro, decíamos cosas como qué ganas de volver a Islandia tenemos que hacer otro viaje así juntas. Mirando el calendario, nos dimos cuenta de que iban a pasar muchos meses hasta que volviéramos a coincidir en un mismo lugar. Así que nos dijimos, ¿y si viajamos juntas, pero separadas? Es decir, ¿si hacemos las mismas cosas en distintos lugares? Así surgió la idea de esta serie que hoy inauguramos, llamada “Viajes sincronizados”: seguiremos las mismas consignas en lugares distintos y subiremos los resultados a nuestros blogs.

Estas ideas no surgieron de la nada. Nos inspiraron varios libros, entre ellos: [eafl id=”21109″ name=”Cómo ser un explorador del mundo” text=”Cómo ser un explorador del mundo”] (de Keri Smith), [eafl id=”21143″ name=”Viajes experimentales” text=”Lonely Planet’s Guide to Experimental Travel”] (de Rachael Antony y Joël Henry), [eafl id=”21149″ name=”The pocket scavenger” text=”‘The pocket scavenger'”] (también de Keri Smith), [eafl id=”21152″ name=”Turista lo serás tú” text=”Turista lo serás tú”] (de Pablo Strubell e Itziar Marcotegui). Libros muy distintos con algo en común: invitan a mirar la realidad con más detenimiento, a jugar con lo que nos rodea, a ser exploradores de nuestro propio jardín. Son libros que permiten convertir cualquier viaje en un juego, o cualquier caminata cotidiana en un viaje.

Para esta primera exploración, elegimos el juego que le da el título a esta serie. Acá van los resultados.

[hr]

Exploración #1: viaje sincronizado

Materiales necesarios para un viaje sincronizado

Materiales necesarios para un viaje sincronizado

Objetivo: hacer un camino sincronizado con tus amigos.

Elementos necesarios: dos o más participantes, un cuaderno y una cámara.

Método: los participantes deben recorrer una locación elegida por ellos usando una lista de diez pasos o instrucciones comunes. Deben tomar notas y fotografías en cada etapa de la exploración. Si las indicaciones no coinciden con el lugar, improvisar.

Lugar elegido: Biarritz, Francia

Lo esencial: un amigo en otra parte del mundo.

Lo esencial: un amigo en otra parte del mundo.

Pasos o instrucciones comunes a seguir:

1) Este es tu punto de partida

Punto de partida: el número 14.

Mi punto de partida: el número 14.

Salgo. Eso ya es un gran primer paso. Hace varios días que no dejo la cueva, tengo todas las excusas: hoy hace frío, hoy llueve, el invierno es para quedarse adentro, mirá si voy a salir con estas nubes, tengo tendinitis y no puedo caminar mucho. Pero hoy hay sol, que es lo que estuve esperando para hacer esta exploración, así que ya no tengo excusas. Bah, las tengo, pero no me sirven.

Salgo del número 14, miro a mi alrededor y decido empezar en linea recta. Me encanta el sol que hay hoy, parece primavera.

*

2) Caminá en cualquier dirección por 50 o 100 pasos, después girá 180 grados

Todas las fotos de este post están sacadas con un celular. Esta es la calle por la que empiezo a caminar.

Todas las fotos de este post están sacadas con un celular. Esta es la calle por la que empiezo a caminar.

La versión en inglés de estas instrucciones dice walk for 50 to 100 paces. No sé qué es paces, supongo que es pasos, pero quizá es una de esas palabras super específicas para medir la distancia que significa cuarenta y cinco centímetros o tres pasos de pajarito. Decreto que significa pasos normales.

Voy por la calle perpendicular a mi casa. Es una vía privada, acá hay muchas de esas. No sé si eso quiere decir que no se puede caminar, que no pueden estacionar los autos o que no puede pasar nadie que no sea de ahí. Yo la camino igual y nadie me dice nada. Además no hay gente a la vista. Voy contando los pasos: veinte veintiuno veintidós veintitrAH MIRÁ. Ya empiezo a encontrar cosas: una puerta de madera que me gusta por lo distinta que es al resto, un ramo de flores casi secas enganchadas en otra puerta de entrada. Veo cosas azules.

La puerta interesante

La puerta interesante

Flores en la puerta

Flores en la puerta

Cosas azules o celestes

Cosas azules o celestes

No giro 180 grados. Es mi primera trampa: si giro 180 grados voy a volver por el mismo camino y no quiero, así que giro solo noventa grados y voy rumbo al mar.

*

3) Seguí caminando en esa dirección hasta que veas algo azul

Algo azul #1: auto combinando con la casa

Algo azul #1: auto combinando con la casa (esta foto, en realidad, la encontré unas calles después, pero la pongo acá porque me gusta)

Algo azul #2: una calle

Algo azul #2: una calle

Algo azul #3: señalización

Algo azul #3: señalización

Algo azul #4: el mar

Algo azul #4: el mar

Hay muchas más cosas azules de las que pensaba. Están las de siempre, como el cielo, y las que están ahí y uno nunca ve, como los carteles. Todos los nombres de las calles de Biarritz están puestos en carteles azules. Algunos, incluso, explican quién fue el señor en cuestión.

Hay un montón de autos azules estacionados frente a casas con puertas y ventanas pintadas de azul. Acá todo combina.

Voy hasta el mar y lo miro desde arriba. Para ir a la orilla de esta playa hay que bajar muchas escaleras, me duele la rodilla y no sé si quiero, así que me quedo arriba y escucho el sonido de las olas. Hoy está bravo. Hay marea alta, no veo ningún surfer.

*

4) Doblá a la izquierda y caminá 50-70 pasos

Camino paralelo al mar y a los 70+10 pasos quedo parada frente a una máquina para pagar el parking. Estoy estacionada frente al mar. Vi esta máquina muchas veces pero nunca la miré. Tampoco me di cuenta de que esta playa de estacionamiento tiene vista al mar. Bah, ya lo sabía, pero nunca lo pensé.

viaje-sincronizado-12

Esta es una de esas fotos que nunca se me hubiese ocurrido sacar si no fuese por este juego.

*

5) Caminá en cualquier dirección hasta que veas algo que sea o parezca al número 7 u 11

Si voy a lo fácil, hay un montón de sietes y onces: este lugar está lleno de patentes. Así que busco alternativas. En realidad cualquier cosa que sean dos lineas rectas juntas puede ser un once. El siete es un poco más difícil.

Un 11.

Un 11.

Un 7. Con trampa.

Un 7. Con trampa.

*

6) Doblá en la primera izquierda y seguí caminando hasta que encuentres un lugar donde sentarte

Las instrucciones piden y la realidad otorga: acá debe haber unos quince bancos de plaza para sentarse. Las normas sociales indican que usemos bancos o sillas, pero a mí me encanta sentarme en cualquier lado: barandas, escalones, veredas, desniveles, canteros. Me gusta mucho, por ejemplo, comer sentada en la calle. Me parece algo muy de estar de viaje.

Hay mesas

Hay mesas

Y bancos con sol.

Y bancos con sol.

Me siento en un banco, ya que están, y me pongo a tomar apuntes. Estoy tan concentrada que no me doy cuenta de que se me acercó un señor y me está mirando. Con voz carrasposa y muy fuerte me pregunta, en francés, qué estoy escribiendo. Me asusto y a la vez me bloqueo. Le respondo, en castellano: “¡Ay, qué susto!”. Y después me sale, en automático, un “je ne parle pas français”, aunque algo hablo, o por lo menos entiendo. Me sigue hablando en francés, me pregunta en qué idioma escribo.

—En español.

—¡Pero hablás francés!

—No, no.

Y se va riéndose. Yo también me río sola.

Escucho un clac clac clac que me suena conocido. A pocos metros, detrás de esos árboles, están jugando a las bochas. Diría que es uno de los deportes o entretenimientos típicos de los días con sol en Biarritz. Me acerco.

*

7) Elegí cualquier dirección y caminá 25 o 50 pasos

Partido de bochas.

Partido de bochas.

Los cincuenta pasos me dejan justo frente a la cancha de bochas. Es una cancha improvisada, aunque siempre juegan acá, lo sé porque cada vez que salgo a caminar los veo reunidos: los señores jugando, las señoras sentadas al sol, charlando. Me acuerdo de la vez que jugamos a las bochas en Campodónico, detrás de una pulpería en medio del campo bonaerense. Fue un viaje en el tiempo.

Tengo un poco de hambre, van a ser las dos y no almorcé. Decido adaptar los pasos siguientes para que el camino me lleve en dirección a casa.

Me cruzo con una mamá canguro: su bebé me mira. Tiene un gorrito de Papá Noel.

*

8) Seguí caminando hasta que veas un forma, color o textura rara. Girá 180 grados.

¿Qué será raro? Acá todo es raro. En cada lugar del mundo, todo es raro. Camino y encuentro cosas como estas:

Flores secas tiradas al lado de un tacho de basura.

Flores secas tiradas al lado de un tacho de basura.

Una sonrisa.

Una sonrisa.

Hello Kitty adentro de un auto

Hello Kitty adentro de un auto

Los colores de esta casa.

Los colores de esta casa.

Esta planta

Esta planta

Esos árboles que parecen brazos

Esos árboles que parecen brazos

Esta no me acuerdo por qué la saqué, pero me gusta.

Esta no me acuerdo por qué la saqué, pero me gusta.

La textura de esta pared.

La textura de esta pared.

Más de cerca.

Más de cerca.

Puede que no sean raras, pero a mí me llamaron la atención.

*

9) Seguí caminando en cualquier dirección hasta que veas un arco o una característica arquitectónica inusual

Puerta con arco.

Puerta con arco.

¿Esta puerta vale como arco, no? Tengo hambre.

Me meto por una calle que nunca caminé y me encuentro con una pared que no tiene que ver con nada. Esas piedras me hacen pensar en Cusco.

Esta es la pared que parece salida de otro lugar.

Esta es la pared que parece salida de otro lugar.

Esa chimenea también me llama la atención.

Esa chimenea también me llama la atención.

Y estas dos viviendas, una al lado de la otra, que no tienen nada que ver.

Y estas dos viviendas, una al lado de la otra, que no tienen nada que ver.

*

10) Volvé a casa, pero en el camino seguí buscando algo que te llame la atención

Vuelvo caminando un poco más rápido, pero sigo atenta.

Hay una casa blanca con ventanas verdes, y asomado a una de ellas hay un hombre vestido de rojo, hablando por teléfono. Está para la foto. La realidad nos ofrece imágenes así todo el tiempo, lo único que tenemos que hacer es prestarles atención.

Veo un auto rojo combinando con casa roja.

Veo un auto rojo combinando con casa roja.

Este muñequito en un auto

Este muñequito en un auto

Me gustaron los colores (hay mucho rojo por acá)

Me gustaron los colores (hay mucho rojo por acá)

Una escultura

Una escultura

Y la casa rosa.

Y la casa rosa.

Al principio de este experimento estaba escéptica, pensaba que conocía el barrio y que no iba a encontrar nada fuera de lo normal, pero encontré cosas que nunca hubiese mirado con detenimiento de no ser por estas instrucciones.

*

viaje-sincronizado-1-4

[box type=”star”] * Este post pertenece a la serie Viajes sincronizados, en conjunto con el blog “Los viajes de nena”. Podés leer los resultados de la exploración de Lau en su blog.

* El libro que usamos para esta exploración es [eafl id=”21143″ name=”Viajes experimentales” text=”The Lonely Planet Guide to Experimental Travel”]No es muy fácil de conseguir, yo lo compré usado por Amazon y muy barato, pero la última vez que me fijé los estaban vendiendo como ejemplares de colección y bastante caros. Tampoco se consigue en ebook.

* Si quieren sumarse a este experimento, pueden hacer un viaje sincronizado por su barrio o por una ciudad nueva siguiendo las instrucciones de este post. Pueden compartir el experimento usando el hashtag de la serie, #viajessincronizados, y linkear los resultados de nuestro experimento. [/box]

Desbalance de año nuevo

The whole future lies in uncertainty: live immediately.
(El futuro está sumido en la incertidumbre: vive de inmediato)
Séneca, De la brevedad de la vida. Escrito en el 55 d.C.

resumen-2014-26

Acá pasé Navidad este año, en un pueblo de Alsacia, Francia.

Iba a escribir un balance de fin de año pero preferí convertirlo en una reflexión de año nuevo. Si bien cambiar de año no me parece más que algo simbólico —no es que nuestra vida vaya a dar un vuelco solo por pasar del 31 de diciembre al 1 de enero— creo que es bueno usar este ritual de excusa para mirar hacia atrás y reflexionar y para mirar hacia adelante y proyectar. Es como el cambio de estaciones o el paso del día a la noche y de la noche al día: un ciclo necesario para poder ordenar nuestro tiempo y relatarnos nuestra historia.

En estas últimas semanas recibí varios mails con el mismo mensaje: “Envidio tu vida, yo no tuve las mismas oportunidades que vos”, “te odio de manera sana”, “me da rabia conocer vidas como la tuya”, “quiero vivir viajando pero no tengo el coraje”, “tu mundo es bucólico, romántico, envidiable y lejos de mi alcance”. A veces siento que cuando nos ven de afuera creen que porque nos fuimos de viaje nos metimos en una burbuja de felicidad lejos de la tristeza, los duelos, el sufrimiento, la soledad, la frustración, el cansancio, la falta de motivación, el desamor, la desilusión y los problemas. Como si, de golpe, tuviésemos la vida resuelta y nada nos afectara.

Las fotos de este post van a modo de resumen de los lugares que conocí en el 2014

Las fotos de este post van a modo de resumen de los lugares que conocí y los detalles que encontré en el 2014

Entiendo esos mails porque yo también, cuando miraba de lejos, pensaba que esta era una vida ideal. Me veía yendo de un lado a otro, escribiendo frente al mar, inspirada todos los días y con un único sentimiento constante: la felicidad. Y no es que no haga esas cosas o que no me sienta feliz, es que entremedio de esas actividades que tanto me gustan pasan un montón de otras cosas —léase: la realidad— que me siguen afectando sin importar el lugar del mundo en el que esté. Y este año que se acaba de ir fue uno de los más difíciles que me tocó pasar desde que empecé a vivir viajando.

Un nene en Cusco

Un nene en Cusco

2014 fue el año de los duelos. En pocos meses se murieron cinco personas muy cercanas. Todas fueron muertes inesperadas, una atrás de otra, como un dominó. Dos eran amigos que me había hecho viajando: él murió de un paro cardíaco, ella de leucemia. No tenían ni treinta años. La primera muerte, anterior a esas dos, me desencadenó emociones negativas que me costó mucho superar: además de pasarme meses llorando y tratando de entender por qué esa persona se había ido tan de golpe, durante mucho tiempo sentí que la vida había perdido sentido. ¿Para qué esforzarse tanto si al final nos vamos a morir? O ni siquiera al final: puede que nos vayamos mañana, sin aviso, y chau todo. ¿Por qué perdemos tanto el tiempo en cosas que no importan? ¿Será que la vida es pasarse los días sufriendo la muerte de los que amamos?

Un corazón por las calles de Cusco

Un corazón por las calles de Cusco

Hace unos días me topé, por varias vías, con el texto de Séneca “De la brevedad de la vida”. Séneca fue un filósofo, político, orador y escritor nacido en la actual Córdoba (España) durante el Imperio Romano. Escribió este tratado acerca de la vida, la muerte y nuestro uso del tiempo en el siglo 1 d.C. Muchos pasajes siguen siendo tan actuales que da miedo. A lo largo de este texto lo cito varias veces.

[quote]Oirás a la mayoría decir: «A partir de los cincuenta me retiraré a descansar, los sesenta años me librarán de obligaciones». ¿Pero quién te garantiza una vida lo bastante larga? ¿Quién dará permiso para que eso salga como dispones? ¿No te da vergüenza reservar para ti los remanentes de tu vida y destinar para el bien espiritual solo ese tiempo que no se puede dedicar a ninguna cosa? ¡Qué tarde es empezar a vivir justamente cuando la vida termina! ¡Qué olvido de nuestra mortalidad tan estúpido aplazar los planteamientos sensatos para los cincuenta o los sesenta años y pretender empezar la vida en un momento al que pocos logran llegar![/quote]

De Sudamérica me fui a Europa. Sentía que mi viaje tenía que seguir ahí. Madrid me ofreció color, pero yo seguía viendo un mundo gris.

De Sudamérica me fui a Europa. Sentía que mi viaje tenía que seguir ahí. Madrid me ofreció color, pero yo seguía viendo un mundo gris.

Durante el 2014 estuve tan triste que me costó mucho viajar. Me fui de Buenos Aires porque sabía que si me quedaba me iba a sentir peor. Confié en que el viaje me iba a curar, pero costó mucho. Salir de mi zona de confort me fue muy difícil, me sentí incómoda como huésped, me costó comunicarme con la gente porque no tenía nada para dar ni para decir, perdí la motivación con mi trabajo, dejé de disfrutar los viajes como antes. Y entendí, a la fuerza, que cuando estás mal, estás mal donde sea y aunque estés haciendo lo que más te gusta.

Tuve algunos remansos de alegría, como Altea, en España.

Tuve algunos remansos de alegría, como Altea, en España. Tampoco es que estuve mal todo el tiempo, pero mi sentimiento de base era la tristeza.

Puertas y dibujos

Puertas y dibujos

Arte callejero en Barcelona

Arte callejero en Barcelona

Rayuela en París

Rayuela en París

Liverpool

Liverpool

2014 fue el año de la soledad y la desilusión. Volví a lugares que me habían encantado y me desilusioné. Fui a lugares que quería conocer y me desilusioné. Viajé en pareja y no fue como esperaba. Me separé y volví a ser yo contra el mundo. Yo, sola, solitaria, en soledad. Como me costó viajar, me desilusioné de mí misma como viajera. Como tuve un bloqueo de escritura durante meses, me desilusioné como escritora. Me pregunté si estas actividades eran de verdad mi vocación o cosas que me habían salido bien por un tiempo pero que ya no me motivaban. Y aunque sé, como me dijo un amigo, que la vida es una rueda y a veces estamos arriba y a veces abajo, me costó confiar en que el tiempo cambiaría las cosas.

Soledad

Soledad

Ilustración: vero gatti

Ilustración: vero gatti

Pero un día, casi sin darme cuenta, la tristeza se empezó a ir. Una tarde, cuando terminé de escribir “El lado oscuro de los viajes”, llamé a mi mamá llorando para decirle lo sola y perdida que me sentía. Esa misma noche lo conocí a L. Fue inesperado y pensé que no iba a durar. Nos fuimos de road-trip juntos, de Francia a Hungría, y después de unos meses me pidió que me quedara un tiempo en Francia con él. Le dije que no, que yo viajaba y que tenía que seguir viajando y bla bla bla. Un blablabla que no me convenció ni a mí. Así que acepté frenar en Biarritz, en principio por unas semanas, para probar, y al poco tiempo la tristeza se aburrió y me dijo chau: “Yo sigo viaje, que la pases lindo”. El bloqueo creativo también se fue con ella y empecé a sentirme mejor. Y me di cuenta de que lo que necesitaba no era viajar sino frenar, escuchar a ese lado no-viajero mío y aceptar que necesito ese ciclo de viajar-frenar-viajar-frenar para encontrar mi equilibrio. Y entendí que la vida siempre nos manda lo que necesitamos, nos pone una solución del mismo tamaño que nuestro problema, una solución que está ahí pero que hay que saber ver.

Juro que la primera vez que vine no pensé que terminaría viviendo acá.

Juro que la primera vez que vine no pensé que terminaría viviendo acá.

Y ahora amo este mar.

Y ahora amo este mar.

Ahora, mirando en perspectiva, puedo decir que 2014 fue el año de los golpes pero también fue el año de algo que para mí terminó siendo lo más positivo: la desidealización. Casi siete años después de haber empezado me di cuenta de que viajar no me hizo llegar al nirvana ni alcanzar un estado de iluminación ni me convirtió en mejor persona o en superhéroe. Entendí que mi felicidad no está basada solo en el viaje en sí, sino en tener la libertad de poder elegir cómo vivir, y cómo y con quién pasar mi tiempo. Y al final, más allá de mi amor por los viajes, eso es lo que quiero transmitirles: que se puede vivir de otro modo, que somos libres de inventar nuestras reglas, que estamos acá para algo y que tenemos que aprender a ser dueños de nuestro tiempo. La vida se hace corta si la vivimos para otros o si la desperdiciamos tratando de cumplir expectativas ajenas. “La vida, si sabes usarla, es larga”, dijo Séneca en el siglo 1 d.C. Cuesta más, porque implica salirse del camino señalizado, pero se puede.

El viaje a Islandia fue otro remanso de felicidad en un año difícil.

El viaje a Islandia fue otro remanso de felicidad en un año difícil.

"Sé el cambio que quieres ver en el mundo"

“Sé el cambio que quieres ver en el mundo”

[quote]“Suelo extrañarme cuando veo a los unos pedir tiempo y a los otros, los solicitados, dispuestos a dárselo. Unos y otros atienden a aquello por lo que se pide el tiempo, ninguno al tiempo en sí: se pide como si no fuera nada, como si no fuera nada se da. Se juega con el bien más valioso de todos, pero los engaña el que sea un bien incorpóreo, el que no esté a la vista, de manera que se considera muy barato, más todavía, que su precio es casi nada.”[/quote]

[quote]“Créeme, es propio de un personaje grande y levantado por encima de los extravíos humanos no consentir en que le sorban ni una pizca de su tiempo, y su vida se hace larguísima justamente porque toda su extensión queda disponible para él solo.”[/quote]

Otro momento alegre fue el viaje que hice con mi prima Flavia y sus amigas por la Provenza francesa.

Otro momento alegre fue el viaje que hice con mi prima Flavia y sus amigas por la Provenza francesa.

Tan llena de flores y colores.

Tan llena de flores y colores.

Y macarrons. Comer macarrons fue una de las mejores cosas que me pasó este año.

Y macarrons. Comer macarrons fue una de las mejores cosas que me pasó este año.

En el 2014 me di cuenta, también, de que cada vez me considero menos viajera y más freelancer / trabajadora independiente / nómada digital / location-independent worker o como quieran decirle. Me siento cada vez más alguien que ama escribir y que busca el movimiento, la adaptación, la variedad cultural y el cambio de paisaje para inspirarse. También entendí que a la frase “Do what you love and the rest will come” (Hacé lo que amás y el resto vendrá solo) hay que agregarle otra cláusula: Do what you love, work hard, and the rest will come (Hacé lo que amás, trabajá mucho, y el resto vendrá solo). Aunque visto de lejos no lo parezca, todos los que están viviendo de su pasión pusieron muchísimas horas de trabajo invisible por detrás. Trabajo que no se siente como trabajo, ya que cuando uno hace lo que ama lo disfruta, pero que sigue requiriendo esfuerzo, empuje, constancia, dedicación y confianza en uno mismo.

Mensajes en el Muro de John Lennon, Praga

Mensajes en el Muro de John Lennon, Praga

Quedarme quieta en un lugar desencadenó muchas cosas:

1. Volví a tener una biblioteca y un buzón, combinación peligrosa, así que pude comprarme libros en papel. Esos libros me fueron llevando a otros libros y me hicieron descubrir a un montón de autores. Empecé a rodearme de cosas que me inspiran y así me desbloqueé.

2. Volví a estudiar. Este año descubrí dos páginas espectaculares que quiero compartir con ustedes: Duolingo, una web y aplicación gratuita para aprender idiomas con la que estoy estudiando francés, y Skillshare, una web con cursos online de fotografía, diseño y escritura, entre otras cosas, en la que estoy estudiando hand lettering (se paga por mes, pero lo vale. Si se suscriben a través de mi enlace, tienen un mes gratis). Aguante el aprendizaje autodidacta.

3. Estas webs, a la vez, me abrieron mundos nuevos: el de gente que vive haciendo lo que le gusta y que se agrupa en comunidades, reales o virtuales, para compartir sus logros, sus errores, su aprendizaje y su vulnerabilidad.

4. Volví a sentirme bien, en equilibrio, y eso me hizo sentirme lista para escribir otro libro. Que, supongo, es como decir que estoy lista para tener otro hijo.

El viaje a las raíces fue otro punto fuerte del 2014.

El viaje a las raíces fue otro punto fuerte del 2014.

El roadtrip a Budapest, también.

El roadtrip a Budapest, también.

Se convirtió en otra de mis ciudades preferidas.

Se convirtió en otra de mis ciudades preferidas.

Pero el punto más fuerte de toda esta desidealización y golpes de realidad que me dio el 2014 fue darme cuenta de que la vida es ahora: no cuando me compre tal cosa ni cuando vaya a tal lugar ni cuando publique tal libro ni cuando mi blog sea de tal manera ni cuando me reconozcan por tal cosa ni cuando termine de estudiar ni cuando tenga hijos ni cuando nada. La vida no es eso que te va a empezar a pasar cuando termines el colegio o la facultad, cuando te vayas de viaje, cuando tengas lo que te falta. La vida es esto, es ya, y si no te das cuenta se va rápido, se te escapa de las manos. How we spend our days is, of course, how we spend our lives, dijo Annie Dillard, escritora.

Imagen vista en Biarritz

Imagen vista en Biarritz

Por eso si querés viajar viajá, si querés dibujar dibujá, si querés hacer música hacé música, si querés construir cosas construí cosas, si querés contar tu historia contá tu historia. Pero no regales tu tiempo y no lo pierdas mirando a otros y diciendo qué envidia, qué linda vida que tenés, yo no puedo hacer lo mismo que vos. Basta de excusas, basta de pensar que no se puede, basta de dejar que los días te pasen por encima, basta de estar esperando un cambio para empezar a vivir como soñás, basta de piloto automático, basta de no ser conscientes de lo que nos pasa minuto a minuto. A uno de los chicos que me escribió el mail de “yo no puedo” le dije: “No mires mi mundo como romántico y envidiable, porque eso lo hace parecer irreal e inalcanzable, solo para unos pocos, y no es así: mi mundo es fruto de mis elecciones y es tan imperfecto como el tuyo o el de cualquier persona, porque es real. No tengo una vida perfecta, trabajé mucho para poder vivir así, y sabé que se puede”.

Let it snow, let it be

Let it snow, let it be

Así que feliz año nuevo, feliz no-año nuevo, feliz vuelta al sol. Festejen, no festejen, pásenlo como quieran. Pero acuérdense que estamos todos en el mismo barco, vamos todos al mismo lugar y no hay nada mejor que sentirse acompañado en este viaje.

[quote]“Nadie te restituirá esos años, nadie te devolverá tu propia persona. La vida seguirá su camino sin volver hacia atrás ni detener su carrera. No armará alboroto, no te dará ningún aviso de su velocidad: se deslizará callada. No será más larga por mandato del rey ni por aprobación del pueblo. Así como empezó a correr desde el primer día, seguirá corriendo sin hacer pausas. ¿Qué pasará? Tú habrás estado ocupado mientras la vida se aceleraba. Mientras tanto llegará la muerte, para la cual, lo quieras o no, habrás de tener tiempo de sobra.” *[/quote]

gapingvoid

Fuente: gapingvoid.com

* Todas las citas de este texto, como mencioné arriba, pertenecen a De la brevedad de la vida, de Séneca, escrito en el siglo 1 d.C. Les recomiendo mucho ese texto.

Música para viajar en auto a Barcelona

La semana pasada, L. y yo nos fuimos de road trip a Barcelona. Fue un viaje no planeado y en modo relámpago: cuando Lau y Juan, amigos viajeros, me dijeron que iban a estar de paso en la ciudad por dos días, dije vamos para allá. Y nos fuimos. El viaje en auto desde Biarritz duró casi ocho horas. Como no tenemos manera de conectar el teléfono a los parlantes del auto, hice zapping de radio y dejé que la lista de canciones se arme sola. Quedó algo así.

Música random para viajar en auto a Barcelona:

1. Maria – Blondie

—Me encanta esta canción. Fue uno de los primeros temas que me bajé en el Napster, en mis inicios de internet —le digo a L.

Todavía estamos del lado francés, viajando por una ruta nacional que pasa por St Jean de Luz, Hendaye y otros pueblos vascos lindísimos. Decidimos no ir por autopista para evitar los peajes, así que tenemos unas dos horas extra de viaje.

Lo de Napster me hace reflexionar acerca del inicio de las cosas (mientras escribo esto estoy teniendo un déjà-vu, no sé de qué):

—¿Te acordás de la página que me mostraste con esas webs armadas en Geocities? Hoy nos parecen horribles pero en su momento eran las primeras páginas de internet y la gente las leía. Creo que visto con tiempo y humor, el inicio de cualquier cosa termina siendo ridículo si se lo compara con lo actual. A veces siento que somos como monos con navajas: nos dan internet y nosotros hacemos lo que podemos.

*

2. Don’t speak – No Doubt

Los temas retro van bien con los road trips, pienso. En esta radio también pasan Karma Chameleon y una de los Guns’n’Roses. Me acuerdo de cuando tenía dieciséis.

Le pido a L. que me diga un trabalenguas en francés. Me dice: un chasseur sachant chasser sans son chien est un bon chasseur. Yo le enseño tres tristes tigres comen trigo en un trigal y Pablito clavó un clavito qué clavito clavó Pablito.

*

3. Trail of broken hearts – k.d. Lang

Cruzamos a España, pasamos Pamplona —pamplemousse, según yo, porque me suena parecido— y de golpe aparecen los Pirineos, con la nieve iluminada por el sol. No paro de decir: woooowww!

Cuando termina esta canción, el locutor dice: “…vamos por un camino difícil…” y justo al lado aparece el río y la ruta se vuelve sinuosa. Es un camino lindísimo.

*

4. Blues for Hubert Sumlin – Ronnie Earl 

Esta canción va perfecto con el paisaje por el que estamos pasando. Siento que estamos adentro de Jurassic Park. Hay montañas, río, bosque y un pueblo en ruinas del mismo color que las montañas. Me hace acordar a la kasbah de Ait Benhaddou en Marruecos. Me dan ganas de bajarme ahí y ponerme a explorar ese pueblo abandonado.

Esta foto la saqué con el teléfono y en movimiento, pero para que se den una idea del pueblo en las rocas.

Esta foto la saqué con el teléfono y en movimiento, pero para que se den una idea del pueblo en las rocas.

Quiero saber cómo se llama este tema. Es largo, intento no distraerme para no perderme la voz del locutor. Después me entero que se llama “Blues for Hubert Sumlin”, pero yo al locutor le entiendo “Blues for humans only” y pienso qué buen título.

*

5. One day / Reckoning song – Asaf Avidan

Cambio de radio porque la estación anterior se queda sin señal. Suena un hit. Me pregunto si los hits de acá son los mismos que están sonando en Sudamérica. No tengo ni idea. De a ratos me digo pf sí, obvio, la industria discográfica se vende en todo el mundo y de ratos digo mmm no sé, quizá por allá los hits radiales son otros. Estas canciones no son de viaje pero yo las escucho siempre en la ruta, así que para mí quedaron asociadas al movimiento.

*

6. Addicted to you – Avicii

Otro hit muy pegadizo. Como el anterior, es un tema no rutero pero que puesto en un viaje en auto combina bien. En realidad todo combina con todo, la vida consiste en buscar la conexión invisible entre las cosas, leí en alguna parte.

*

7. Stolen dance – Milky Chance

—Poné Milky Chance.

Apago la radio y escuchamos música, muy bajita, desde el teléfono.

—Tenemos que conseguir algún parlante portátil.

Esta es una banda que descubrí acá y me encanta, pero no tengo idea si por allá se escucha. Cuentenme.

*

8. Instant Crush, Daft Punk ft. Julian Casablancas

—Me parece que nadie toma esta ruta para ir a Barcelona.

Está todo vacío, y eso que es viernes. Hacemos Pamplona – Huesca – Lleida – Barcelona. Hay zonas con paisajes que parecen de otro planeta: formaciones rocosas altísimas, pueblos muy chiquitos en la base.

 

Espectacular esa formación rocosa.

Espectacular esa formación rocosa.

Hay partes me hacen pensar en rutas de Estados Unidos por las que no estuve.

—Acá podría estar Twin Peaks*.

*Twin Peaks es el pueblo protagonista de la serie del mismo nombre, dirigida por David Lynch y muy recomendada.

*

9. Tous les mêmes – Stromae

Se hace de noche. Pongo esta canción con el teléfono. Me intriga mucho: ¿se escucha Stromae del otro lado del charco? Acá es muy famoso, yo no lo conocía. Es belga, tiene 29 años y su música mezcla hip hop con electrónica con influencias africanas. Lo vi en el Festival Sziget en Budapest: tocó en una de las carpas cerradas y hubo tanta gente que muchos se quedaron afuera.

*

10. Malegría – Manu Chao

—Poné Manu Chao.
—¿Qué canción?
—Malegría.
—¿Cuál? No inventes.
—Sí, Malegría. Aunque puede que sea de Mano Negra.
—A ver, tarareala.
Tararea algo que ni idea y que no tiene nada que ver con el tema.
—No existe. Otro.
Y cuando miro la lista de temas, ahí está. Lo peor es que lo escuché mil veces pero nunca retuve el título. Según Manu Chao, la malegría es una tristeza que se combate con la risa.

Barcelona nos espera.

Barcelona nos espera.

El GPS dice que faltan veinte minutos para llegar a Barcelona. Me acuerdo de una de las pautas del libro “101 experiencias de filosofía cotidiana”: Hacé de cuenta que el mundo se termina en veinte minutos. Me imagino una situación post-apocalíptica: ¿Y si llegamos a Barcelona y hay un terreno baldío? Aquí estuvo Barcelona, población actual: 0. ¿Y si un día a las ciudades se les da por jugar y cambian de lugar? Bienvenido a Estambul. ¿Pero cómo? Si yo iba a BarceBienvenido a Estambul, no pregunte. ¿Y si los países cambiaran de lugar? Esto ya me lo pregunté cuando estaba por viajar a Islandia, y no me parece una mala idea.

viaje-a-barcelona-5

Llegamos a las diez de la noche. Esa noche duermo mal, tengo frío e insomnio. La segunda noche, lo mismo. El tercer día me agarra un dolor muy fuerte en la rodilla y casi no puedo caminar. Estoy como la antiviajera. Extraño Biarritz, mi cama, mis libros. ¿Está bien? ¿Está mal? No sé, me pasa eso. Tengo homesickness: dícese del síndrome de extrañar tu hogar.

¿Ya les dije que me cuesta mucho viajar cuando estoy en modo estático? Me cuesta mucho viajar cuando estoy en modo estático. Es como si me sacaran a la fuerza de la cueva cuando estoy hibernando y me pusieran en un espacio abierto contra mi voluntad. No es que la pase mal, es que si no estoy mentalizada para eso, todo me incomoda. Por eso creo que para viajar hay que alinear las ganas y el estado mental: hay que querer hacerlo con la cabeza y con todas las partes del cuerpo.

Algo de arte callejero visto en Barcelona

Algo de arte callejero visto en Barcelona

viaje-a-barcelona-7

viaje-a-barcelona-9

viaje-a-barcelona-8

Y mi libro a la venta en Altair, una librería de viajes :)

Y mi libro a la venta en Altair, una librería de viajes :)

Otra cosa que me pasa es que me cambió el ritmo interno. Siempre me jacté de ser una chica de gran ciudad, de padecer y a la vez disfrutar ese caos de los lugares llenos de gente, y ahora no me reconozco como tal. Vivir en una ciudad-pueblo donde la vida transcurre tan lenta me hace sentir que en otros lugares —en este caso, Barcelona— todo va demasiado rápido. Nunca había vivido varios meses en un lugar chiquito y creo que me gusta, sobre todo si estoy en etapa de escritura. También me gusta sentir que convertí a un lugar en mi hogar, aunque sea temporario.

Barcelona

Barcelona

El hospital de Sant Pau

El hospital de Sant Pau

Uno de mis lugares preferidos: el jardín de los cactus de Mossèn Costa i Llobera, en Montjuic

Uno de mis lugares preferidos: el jardín de los cactus de Mossèn Costa i Llobera, en Montjuic

La Sagrada Familia

La Sagrada Familia

Pero rápida o no, Barcelona tiene cosas que siempre me sorprenden. Como su olor. Hay un olor a Barcelona que no sabría describir del todo pero que es una mezcla de madera y perfume. Lo más lindo de este olor es que siempre me lo olvido, entonces cuando lo siento, donde sea, enseguida pienso en Barcelona. Es automático. Me pasó de sentirlo de manera muy fugaz en otras ciudades y supe que ese olor no era de esa ciudad sino de Barcelona, y llegó hasta ahí quién sabe cómo o gracias a quién. Esta vez lo siento la primera mañana, cuando me despierto sin recordar muy bien dónde estoy: ese olor a madera de casa antigua me hace reconocer el espacio.

El arco de triunfo

El arco de triunfo

Pasamos unos días ahí con los chicos y volvemos para Francia. La misma ruta a la inversa: Pirineos al costado, algo de autopista porque nos equivocamos de salida, música. El único tema de la vuelta que me queda pegado es este:

Suena justo cuando estamos a pocas cuadras de casa. En vez de subir por nuestra calle, L. da una vuelta completa a la rotonda y estaciona el auto frente al mar. Son las nueve de la noche, hay un viento que me vuelo y hace frío, pero nos quedamos un ratito mirando el mar desde un parking vacío. Después a la casa y a retomar el ritual de los últimos meses: mirar series, leer, escribir, dibujar, estar quieta. Estar.

We are all mad here.

We are all mad here.

viaje-a-barcelona-17

viaje-a-barcelona-28

[box]Algunas recomendaciones sueltas:

* Hablando de viajar o no viajar por autopista, hay un libro muy interesante de Julio Cortázar y su mujer Carol Dunlop: [eafl id=”21096″ name=”Los autonautas de la cosmopista” text=”Los autonautas de la cosmopista”]. La pareja decide viajar de París a Marsella en su combi roja durante un mes sin salir nunca de la autopista. El libro relata los treinta y tres días que pasan ahí adentro, en ese universo de asfalto.

* [eafl id=”21154″ name=”101 experiencias de filosofía cotidiana” text=”101 experiencias de filosofía cotidiana”] (de Roger Pol Droit) es un libro que ahora mismo me gustaría tener encima, pero quedó en Buenos Aires. Propone juegos simples como viajar en tren sin fijar un destino, seguir el movimiento de las hormigas, decir tu nombre en voz alta en una habitación vacía, ducharte con los ojos cerrados y otras consignas para agudizar la percepción de la realidad.

* Les recomiendo mucho la serie Twin Peaks, de David Lynch. Empieza con el asesinato de Laura Palmer, una estudiante del pueblo de Twin Peaks y la investigación va derivando en cosas rarísimas. Todavía no la terminé pero cada vez se pone mejor. Son dos temporadas.

* Esta es mi lista de Música para caminar por Bruselas.

* Y estos son otros posts que le dediqué a Barcelona:
– Pasó (Razones por las que me enamoré de Barcelona)
– vivir/viajar (o Por qué me cuesta tanto escribir acerca de Barcelona)
– Carcelona
– Carcelona Reloaded
– Por las calles de Barcelona. [/box]

Mapa subjetivo de Biarritz

The ordinary is extraordinary
(Lynda Barry)

 

I.

Escribí: esta va a ser la primera navidad que voy a pasar en invierno. Y enseguida me di cuenta de que no. Pero me gusta la frase y la voy a dejar. Esta va a ser la segunda navidad que voy a pasar en invierno: la primera fue hace tres años, cuando viajé a España y conocí a mi familia asturiana.

Juré que no iba a pasar otro invierno en Europa. Pero uno hace planes y ellos se deshacen solos. También juré que no iba a vivir en Francia y acá estoy.

L. y yo nos vamos a ir a Estrasburgo a pasar las fiestas con su familia. Otro road-trip juntos, esta vez sin cruzar fronteras.

—Las decoraciones de Navidad que hay allá son impresionantes, te va a encantar. Eso sí, va a hacer mucho frío.

—¿Va a nevar?

—No creo.

Sigue pendiente la Navidad con nieve, entonces.

Acá ya está todo decorado.

Acá ya está todo decorado.

biarritz-francia-22

biarritz-francia-27

biarritz-francia-26

Hasta en mi pileta es navidad

Hasta en mi pileta es navidad

biarritz-francia-25

biarritz-francia-46

II.

Mi hábitat: la casa-cueva.

Vivo en una casa que está a menos de dos cuadras del mar. No salgo mucho. Hace frío, llueve bastante y estoy en período de reclusión creativa. Lo de que soy cíclica lo descubrí hace un tiempo. Antes me parecía mal frenar en medio de un viaje, me daba vergüenza, me sentía menos viajera. Ahora sé que es necesario: para mí, al menos, es necesario.

Desde que frené recuperé la felicidad y la inspiración. Es casi una paradoja. Tuve que irme de viaje triste para poder frenar después de un año y volver a estar contenta. Pero si me hubiese quedado quieta en Buenos Aires no hubiese sido lo mismo: necesitaba el proceso.

Estoy rodeada de las cosas lindas que me están mandando por correo.

Estoy rodeada de las cosas lindas que me están mandando por correo.

Me mandaron flores con olor y todo!

Me mandaron flores con olor y todo!

Estoy abusando del buzón y comprando libros por internet. Que alguien me frene porque no sé cómo voy a hacer para volver a Argentina con tanto peso.

Estoy abusando del buzón y comprando libros por internet. Que alguien me frene porque no sé cómo voy a hacer para volver a Argentina con tanto peso.

Me rodeo de cosas que me inspiran. Como los libros de Keri Smith.

Me rodeo de cosas que me inspiran. Como los libros de Keri Smith.

Y los textos de Austin Kleon (fuente: austinkleon.com)

Y los textos de Austin Kleon (fuente: austinkleon.com)

Y miro series que me gustan. (Gracias Bea por recomendarme The Flight of the Conchords, estos chicos son mis nuevos ídolos)

Y miro series que me gustan. (Gracias Bea por recomendarme The Flight of the Conchords, estos chicos son mis nuevos ídolos. Pronto lo recomendaré en mi serie de cosas que me inspiran.)

III.

Cada vez que salgo a caminar por Biarritz tengo los mismos pensamientos:

1. No puedo creer lo lindo que es este lugar.

2. ¿De dónde salió esta arquitectura?

3. No me quiero ir. Sé que en algún momento me voy a ir, pero no me quiero ir.

4. Es la primera vez que me quedo tanto tiempo en un lugar.

5. No sé si voy a volver de visita cuando ya no viva acá, este lugar va a quedar tan lleno de recuerdos que me van a dar ganas de llorar.

Magia pura.

Magia pura.

Al menos, esto es magia para mí.

Al menos, esto es magia para mí.

Hay batiseñales.

Hay batiseñales.

Carteles que dicen la verdad.

Carteles con sentimientos.

Pisos psicodélicos.

Pisos psicodélicos.

Casas que me encantan.

Casas que me encantan.

Mi preferida es esta.

Mi preferida es esta.

Decidí empezar a sacar fotos de los lugares y situaciones normales. Este es un negocio que está frente al correo.

Decidí empezar a sacar fotos de los lugares y situaciones normales. Este es un negocio que está frente al correo.

Un espacio en reparación, frente al mercado.

Un espacio en reparación, frente al mercado.

La librería-papelería en la que compro cosas.

La librería-papelería en la que compro sobres, papel y cosas.

Esta casa está justo enfrente del correo.

Esta casa está justo enfrente del correo.

A veces hago la misma ruta y a veces me pierdo. Siempre encuentro cosas en la calle, como por ejemplo:

– Una llave de auto

– Un espejo retrovisor roto

– Un espejo entero, apoyado contra un auto

– Un auto antiguo

– Una casa que me encanta

– Gatos

– Una tarjeta con la dirección de un coiffeur

– Un guante azul

– Un zapato de bebé

– Paraguas

– Un oso de peluche

Una de mis partes preferidas de la ciudad está acá nomás: es un laberinto de calles angostas y casas de colores. Cuando camino por ahí siento que estoy en un lugar que no existe en la vida real.

Encontré un auto con hojitas de otoño.

Encontré un auto con hojitas de otoño.

Detalles del mismo auto.

Detalles del mismo auto.

Banderín.

Banderín.

Un oso encerrado

Un oso encerrado

Un viajero a pie

Un viajero a pie

Fachadas

Fachadas

Gente en el mar

Gente en el mar

Gatos.

Gatos.

Más gatos.

Más gatos.

Mensajes

Mensajes

Cielos

Cielos

Plantas.

Plantas.

Olas.

Olas.

Barcos.

Barcos.

Surfers que se animan con el frío.

Surfers que se animan con el frío.

Y un invierno inminente.

Y un invierno inminente.

Y más cosas que dibujé acá (este es un ejercicio del libro "Acaba este libro" de Keri Smith)

Y más cosas que dibujé acá (este es un ejercicio del libro “Acaba este libro” de Keri Smith)

IV.

La gente se pregunta (me pregunta) qué hago todos los días en Biarritz, cómo es mi rutina. Creo que se imaginan de todo. Muchos piensan que estoy en París, porque asocian Francia con la capital, y yo estoy casi a diez horas, en el límite con España.

Deberían preguntarme qué hago todos los días en mi casa-cueva, porque mi hábitat ahora es este. Mi rutina acá no es de viajes sino de escritura. Estoy escribiendo otro libro, les digo. Estoy intentando escribir otro libro. Estoy metida en la cueva. Estoy con L. Estoy bien.

Y si tuviese que describir un día cualquiera, o una mezcla de días cualquieras, diría que las cosas que me pasan acá son más o menos así:

Me despierto,
a veces con la alarma,
a veces con la luz del sol,
a veces con la luz del ipad de L.
Estaba soñando, le digo.
Soñaba que para hacer cambios en el php teníamos que bailar y actuar una escena,
soñaba que cruzaba a España para ir a una verdulería muy incómoda, con un montón de escaleras caracol,
soñaba que teníamos vacas en el jardín
y que yo estaba en la proa de una lancha y casi salgo volando.
Leo un rato en la cama,
miro videos,
hago una lista en mi cuaderno,
o me doy vuelta,
me acurruco y sigo durmiendo.
Pero en general no quiero que eso pase,
no me gusta dormir tanto,
después no funciono bien.
Me levanto,
abro la ventana,
si hay sol, digo: hay sol,
si llueve, digo: llueve.
Pongo el agua para el té
y lo tomo sin azúcar
y frío,
yo el té lo tomo siempre frío.
Me preparo tres tostadas,
con mermelada de durazno y queso,
y las como en la cocina.
Después llevo la taza al escritorio y me siento:
tengo que escribir.
Primero voy a responder mails,
tengo varios pendientes,
también chequeo si tengo mensajes en facebook,
retuits en twitter,
likes en Instagram.
Leo los diarios, a ver qué pasa en el mundo,
reviso el buzón,
me fijo si la ropa se secó,
miro por la ventana.
Tengo que escribir,
pero se hizo medio tarde, tengo hambre, ¿vos tenés hambre?
Voy a preparar una tarta.
Mientras se cocinan los puerros, limpio.
“Es día de escritura, por eso la casa está tan limpia”, me dijo G.
Ella también escribe, ella me entiende.
Así que paso la escoba,
saco la basura,
lavo los platos,
ordeno.
Abro la heladera:
qué sucios que están los estantes,
esos cajones están llenos de migas,
eso está vencido.
Limpio la heladera,
la limpio a fondo,
saco todo, paso el trapo, vuelvo a guardar las cosas.
Ahora sí:
tengo que escribir.
Pero primero hay que comer.
Estoy por meter la tarta en el horno y se me cae,
se me caen los puerros sobre la puerta del horno y quiero llorar.
Rescato lo que no tocó el piso,
vuelvo a armarla,
la meto en el horno con cuidado.
La tarta caída pasa a formar parte de mi lista de accidentes domésticos, junto con:
la tortilla que se me cayó sobre el fuego cuando la di vuelta,
el arroz del sushi que cociné mal y se desarmó,
el huevo poché que derribé sobre la mesa,
el papel vegetal que se me quemó con la hornalla,
el medio kilo de azúcar que se me cayó adentro del café.
Comemos.
Tengo que escribir.
Vuelvo a revisar el buzón, por si pasó el cartero.
No hay nada.
Salió el sol,
no puedo estar encerrada,
mudo mi escritorio al jardín.
Llevo mis cuadernos y mis libros de escritura creativa
y me siento con las piernas cruzadas sobre la silla.
Miro la casa de enfrente, sus líneas rectas y diagonales.
“Uno mira las cosas bien cuando las dibuja”.
Dibujo, entonces.
Copio las líneas de la casa en lápiz,
no tengo goma así que no puedo borrar.
Más tarde le muestro el dibujo por skype a mi mamá, que es arquitecta, y se pone orgullosa de ese dibujo tan malo.
Tengo que escribir,
pero me duele la espalda: mejor voy a la pileta.
Nadar y escribir son las dos actividades que mejor me hacen sentir y que más me cuesta empezar.
Nado una hora y me lleno de ideas.
No me las quiero olvidar, así que mientras vuelvo caminando a casa se las cuento al grabador del teléfono.
Paso por el supermercado,
entro,
siempre hace falta algo.
Compro chocolate.
Compro más pan.
Compro verduras.
Compro croissants, a veces.
La pileta me da hambre.
Cuando salgo, los dos hombres que están sentados en la vereda me saludan,
como todos los días:
bonjour mademoiselle !
Bonshur,
les digo,
con mi acento tan argentino.
Vuelvo a casa,
lo abrazo a L.,
nos tomamos un café.
Me llegan noticias por whatsapp:
nació S.,
murió S.,
V. volvió a Buenos Aires,
O. ya tiene celular,
A. se está por casar.
Tengo que escribir.
Pero estoy tan cansada,
la natación me agotó,
mejor me meto en la cama y sigo desde ahí.
Mudo mi escritorio al colchón,
respondo mails, reviso facebook, miro twitter, leo los diarios.
Se me ocurre una idea para el libro,
la anoto en mi cuaderno, prefiero desarrollarla a mano.
Pienso en que quiero volver a tener el pelo corto,
la pileta me lo está destruyendo.
Se me pega una canción,
tengo que mirar el videoclip.
Afuera llueve,
hay viento,
ya es de noche.
El cuarto es como una estufa,
el aire está pesado, calentito.
Tengo que escribir.
Se nos pasó la hora de cenar,
qué tarde que es.
Comamos una pizza.
¿Querés ver una peli?
Dale, a esta hora ya no me da la cabeza para escribir.
Y empieza la pelea por la película,
que al final ni importa porque yo me voy a quedar dormida igual,
a menos que sea Star Trek,
The Lost Room,
o alguna de esas que juegan con la temporalidad.
Antes de apagar la luz agarro unos de mis journals,
que tiene una pregunta por día,
como cuál sería tu trabajo ideal del día o qué comiste esta semana
y la respondo.
Y después me quedo dormida,
y tengo un sueño lúcido con un caballo que entiende lo que le digo
y con un cuarto lleno de heladeras.
Y sé que aunque hoy no escribí nada,
estuve escribiendo todo el día.

Mi vida en Biarritz.

Mi vida en Biarritz.

El lugar que me cura.

El lugar que me cura.

Y más palabras sabias de Austin Kleon.

Y más palabras sabias de Austin Kleon.

* Todas las fotos de este post las saqué con el teléfono. Hay más en mi Instagram.

Empecé natación

[box type=”star”]Quedarme quieta en un solo lugar me permite hacer cosas que de viaje me resultan difíciles o imposibles. Como anotarme en la pileta e ir a nadar dos veces por semana. O tener mi propia cocina y guardar cosas en las alacenas. O usar el buzón sin miedo. Frenar en medio de un viaje largo me parece cada vez más necesario: me permite disfrutar los placeres de la rutina estática. Mi vida en Biarritz es tranquila, y a veces tiene episodios como este. Viene con ilustración en marcadores de Anikó Szabó, mi mamá.[/box]

Ilustración: Anikó Szabó (mi mamá)

Ilustración: Anikó Szabó

 

Mi sueño siempre fue ser la Sirenita. El único objetivo de mis viajes era llegar al mar, así que ahora estoy esperando a hacer el proceso inverso al de Ariel. Quiero que las piernas se me conviertan en cola de pescado. Quiero irme a vivir al fondo del mar y pasarme la vida cantando y peinándome con un tenedor.

Hace unos meses, en el taller de narrativa, Pedro nos pidió que escribiéramos un texto acerca de las cosas que no nos gusta hacer. El mío hablaba de la natación. Me encanta nadar, es mi deporte preferido, el único que más o menos me sale bien y el que hago casi desde antes de caminar. El cloro es mi olor a infancia. Cada vez que me meto en el agua siento que es mi hábitat, y si pudiera recorrer el mundo nadando, lo haría. Lo que odio es el ritual de la natación, todos esos pasos previos y posteriores que implica ir a nadar a una pileta cerrada:
primero, encontrar una que te quede más o menos cerca porque si está a más de quince cuadras vas dos veces y nunca más,
inscribirte y tomar la decisión de empezar,
armar un bolso para desarmarlo diez minutos después,
vestirte de aquaman,
ir,
ducharte,
nadar,
salir,
ducharte otra vez,
vestirte,
peinarte,
volver,
llegar a casa,
desarmar el bolso,
enjuagar las cosas,
colgarlas.
Me canso hasta de enumerar todo esto.

En la mochila que armé cuando salí de Buenos Aires en octubre del año pasado agregué una bolsita nueva con las antiparras, la malla entera y la gorra. Por si acaso, para obligarme a ir a nadar en cada ciudad en la que encontrase una pileta pública. Después de tres o cuatro ciudades, la bolsita pasó a formar parte del agujero negro de la mochila donde se acumulan esas cosas que uno no ve ni necesita. Hasta que me instalé en Biarritz y descubrí que frente a la playa hay una piscine municipale, a trece minutos caminando de mi casa.

La natación tomó la decisión de que yo empiece, porque si bien amo este deporte tengo que sentir la necesidad física de practicarlo, es imposible que vaya dos o tres veces por semana solo por placer. Y como me la paso sentada en el escritorio en este período de retiro creativo, mi espalda me lo estaba pidiendo. Así que preparé el bolso, me puse la malla y me fui a la pileta.

Biarritz me parece una de las ciudades más lindas que conozco, y cada vez que salgo a caminarla me gusta más: tiene casas bajas con las ventanas y las puertas pintadas del mismo color, chimeneas que me recuerdan a París, la rue Gambetta que me hace pensar en Maradona, hoteles enormes que pasan desapercibidos gracias a las construcciones vascas, el olor a pan que sale de la pâtisserie, las hortensias ahora marchitas, las calles que suben y bajan, el mar.

Hice el camino ansiosa por llegar al agua, pero en la puerta de la pileta me recibió un cartel rojo: FERMÉ. Cerrado. Miré los horarios e intenté retenerlos pero eran imposibles, algo así como lunes de once y media a cinco y media, miércoles de once y media a tres, viernes de once y media a dos y media y después de tres y media a ocho y diez y así. Por culpa de la confusión, siempre fui en los momentos equivocados: “Cerrado al público por vacaciones escolares”, “Cerrado al público por prácticas del equipo nacional de natación”, “Cerrado al público porque se nos canta”. Será que esta pileta abre alguna vez.

Hasta que por fin un día le acerté al horario y pude entrar. No era el club más exclusivo de Biarritz, era un lugar como otros, con una pileta olímpica de agua salada, una pileta para chicos, un hammam y un jacuzzi con vista al mar. Cuando me acerqué a la caja para comprar el pase de diez le pregunté a la chica si hablaba español. Me dijo que un poquito. Todavía no me animo a hablar francés, me da vergüenza lo argentinizado que pronuncio. Como estamos al lado de España, mucha gente habla castellano. Me dijo que los lockers se cerraban con monedas y me preguntó si necesitaba cincuenta sentimientos para poder usarlo. Sí, por favor.

Antes de entrar a la pileta leí las instrucciones pegadas en la pared. Casi todos los horarios son de pileta libre y los andariveles se dividen en:
1) nadadores lentos,
2) nadadores rápidos,
3) nadadores intermedios o con patas de rana y
4-5) libre.

Entré al 4-5. Era viernes a última hora y la pileta estaba llena. En ese andarivel, que es el doble de grande, había nenes tirándose de bomba sincronizada, madres nadando con sus bebés y ninguna lógica en el desplazamiento de los demás. Una mujer le clavó la tabla en la cabeza a uno mientras le pateaba la cara a otro. Una señora flotaba y se movía por el agua haciendo el pasito de Thriller. Salí en menos de cinco minutos.

Me pasé al 2. Pensé que haber entrenado y competido durante cinco años me alcanzaba para integrarme al ritmo de los rápidos. Duré menos que en el otro. Decidí irme cuando uno que nadaba mariposa me pasó por encima.

Fui al andarivel 1 y al principio me sentí bien, pero después de unos minutos me empecé a chocar con las piernas de las señoras que iban adelante, que circulaban con tablas y sin apuro. Hasta ese momento no me había dado cuenta de que el andarivel 3 no era solo para las patas de rana, sino también para nadadores intermedios como yo. Así que me pasé.

Nadar pileta libre es aburridísimo. No hay reloj más lento que el de las piletas. A veces, incluso, parece que va para el otro lado. Diez piletas y no pasaron más de cinco minutos, dieciocho idas y vueltas son diez minutos, otras veintidós sin mirar la hora, creyendo que así va a pasar más rápido, y diez minutos otra vez. Nadar una hora es imposible. Lo consigo cuando entro en ritmo y dejo de pensar en el tiempo, y en ese momento empiezo a preguntarme dónde habrá quedado la radio sumergible que tuve durante los noventa que tan bien me vendría para escuchar francés mientras nado. También podría ir con una amiga, pero nadar de a dos es una mentira: en natación siempre estás solo.

El ida y vuelta me genera pensamientos circulares. Voy para allá y pienso en un tema, doy la vuelta, me reseteo y pienso en otro, voy para allá otra vez y mi cabeza retoma el tema anterior, vuelvo y paso al otro, pienso, por ejemplo, en cosas que tendría que haber en las piletas para entretenerse:
una pantalla de cine en el fondo,
un kindle incorporado a las antiparras,
música ambiente que se escuche abajo y no solo cuando salgo a respirar,
cuadernos sumergibles,
google glass.
También hago un sondeo de gorras:
muchas negras,
algunas verdes,
una roja,
dos blancas, conmigo.

Esa tarde, en el andarivel 3 empezaron a pasar cosas raras. Iba por la pileta número cuarenta y dos cuando me crucé al sireno. Nadaba de costado, con el cuerpo recto, un hombro apuntando al fondo y el otro sobresaliendo del agua, tenía la cabeza afuera, un brazo estirado tipo Superman, llevaba una tabla, movía las patas de rana al unísono, avanzaba ondulándose. Cada vez que lo veía pasar me atragantaba de risa. En las piletas los personajes se repiten como si fuesen extras, en cada ida y vuelta te cruzás a los mismos: el de gorra verde, el que va en slip, la chica en bikini, la japonesa, el del tapón en la nariz y atrás, casi agarrado de su pie, el sireno con la mano estirada y la patada doble, flameando como si fuese una bandera. Nadan en loop.

Los andariveles se van llenando y vaciando sin mucha lógica, así que cuando el andarivel 3 se llenó de patas de rana me pasé al 1. Estando en el agua, los nadadores aparecen y desaparecen, nunca los ves en los bordes, nunca entran ni salen. Así llegó el señor de gorra roja. Avanzaba parado, corría dentro del agua en cámara lenta, dando patadas sin tocar el piso. Lo quise pasar y avancé para ponerme al lado, pero las antiparras empañadas y la miopía no me avisaron que venía otro de frente. Cuando apareció el segundo sireno concluí que ese debía ser el estilo francés. Y salí de la pileta porque ya estaba cansada.

Afuera el mar estaba violento. Había bandera roja. Volví caminando a casa con ingravidez y cansancio. Y me di cuenta de que acá, por ahora, disfruto el ritual de la pileta. Voy a ir a nadar todas las veces que pueda hasta que empiece a sirenizarme. Y cuando eso pase, al mar y chau, no me ven más la cara.

Yo no quería ir al Oktoberfest

“Sin dudas, el mejor invento en la historia de la humanidad es la cerveza.
Oh, les aseguro que la rueda también fue un buen invento, pero la rueda no va tan bien con la pizza”.

Dave Barry (escritor y humorista estadounidense)

yonoqueriair
Cuando me enteré de que íbamos a estar en Munich durante el Oktoberfest me estresé. Esa ciudad era la última parada —obligada— del viaje a las raíces que estaba haciendo con mi mamá y mi papá por Hungría y Alemania: ellos tomaban el vuelo de Buenos Aires desde Munich y yo el tren a Francia el mismo día. Como el cuelgue con las fechas suele ser de familia, ninguno de los tres se había avivado de que ir a fines de septiembre equivalía a ir durante el Oktoberfest, el festival de la cerveza más grande del mundo.

Unos días antes de viajar a Munich empezamos a buscar alojamiento, como habíamos hecho durante las tres semanas de viaje sin problemas, y vimos que todo estaba repleto y que lo disponible era carísimo. Pero carísimo a un punto que me indignaba: “No puede ser que tres noches de alojamiento en un hotel te cuesten arriba de mil euros, no puede ser que una cama en un dormitorio compartido de un hostel te cueste cien euros la noche, estamos todos locos”. Me parecía desorbitado. Y ahí nos dimos cuenta de que era porque el festival con nombre de octubre empezaba en septiembre. Bienvenidos a Munich durante el Oktoberfest: la ciudad de un millón y medio de personas que recibe a siete millones de visitantes y que triplica sus precios durante dieciséis días al año. Mis ganas de conocerla iban disminuyendo de manera directamente proporcional al aumento de sus precios.

Después de pasar varios días entre casitas de este estilo, no quería cambiar el campo por la ciudad.

Después de pasar varios días entre casitas de este estilo, no quería cambiar el campo por la ciudad.

El viaje por Hungría y Alemania había sido tranquilo y, dentro de todo, barato. Nos habíamos alojado en panzios, las pensiones húngaras, y habíamos descubierto lo más parecido al Couchsurfing (aunque pago): el alquiler de habitaciones en casas de gente local. Como familia queríamos un poco más de privacidad, y alquilar un cuarto era una opción más barata que un hotel y a la vez nos permitía entrar en contacto con la gente del lugar. Un día antes de viajar a Munich encontramos, a través de una de estas webs de alquileres, a un estudiante que alquilaba su cuarto a buen precio. No estaba en el centro y era mini, pero por lo menos tendríamos donde dormir. Había un boom de ofertas: todos querían aprovechar la llegada de gente para el Oktoberfest y hacerse unos euros extra.

Yo pensaba que solo me esperaba esto (que no está mal si uno va con ganas de tomar buena cerveza)...

Yo pensaba que solo me esperaba esto (que no está mal si uno va con ganas de tomar buena cerveza)…

Munich era un destino al que yo no tenía muchas ganas de ir pero por el que tendríamos que pasar sí o sí. Era como un viaje no deseado. A mí no me interesaba ni la ciudad ni el festival, todo culpa de mis prejuicios, mi desinformación y mi cansancio:
como Munich es una de las ciudades con mejor calidad de vida del mundo, me la imaginé aburrida y llena de edificios con logos de empresas;
como el Oktoberfest es uno de los festivales más populares del mundo, me lo imaginé caro, repleto y caótico;
como estaba viajando hace un año y ya deseaba de frenar, lo único que quería era disfrutar esos últimos días con mi familia sin estrés ni amontonamientos.

Al final Munich no podía ser más linda.

Al final Munich no podía ser más linda.

Cuando llegamos a Munich casi le pido perdón por no haberla querido conocer. Como nuestro alojamiento estaba en la otra punta, tuvimos que atravesarla, y durante el trayecto no paré de repetir, con la frente pegada a la ventana: “No puedo creer lo linda que es esta ciudad”. Las casas bajas de colores, una al lado de otra, en fila ordenada, me hacían pensar en Londres. Los espacios verdes, las lagunas, los árboles, las veredas limpias me hacían pensar en Vancouver. Munich es la tercera ciudad más grande de Alemania, es la capital de la Baviera y es un centro cultural, artístico y científico. Y saber que una de las ciudades con mejor calidad de vida tiene un montón de color, tiene bosques en el medio y no está repleta de edificios, me reconfortó. No era como me la imaginaba.

Era mil veces más linda.

Era mil veces más linda.

Cuando llegamos era domingo al mediodía y había mucha gente andando en bicicleta y familias vestidas con la ropa tradicional de Baviera: ellos con el Lederhosen y ellas con el Dirndl. Todos caminaban en una misma dirección: grandes, chicos, grupos de amigos y parejas iban, me enteré después, al Theresienwiese, el lugar donde se estaba celebrando la apertura del Oktoberfest. Ahí empecé a dudar: ¿Y si voy? Por algo estoy acá en esta fecha, además la cerveza me encanta y quién sabe cuándo volveré… Pero teníamos menos de dos días en la ciudad y mucho para ver.

Esa tarde recorrimos el centro y sacamos fotos desde los miradores. Caminamos por el Marienplatz, el centro de la ciudad desde 1158, y por el resto del centro histórico. Yo estaba impactada por la aquitectura, los detalles, los colores, las figuras talladas, las curvas, la mezcla de estilos, las terminaciones. La ciudad había sido bombardeada y destruida en parte durante la guerra, y luego reconstruida respetando su estilo. Mi mamá, que es arquitecta y pintora, también estaba disfrutando de las construcciones. Y en un momento me dijo, casi al pasar: “Está igual que cuando estuve acá hace treinta años…”, y yo: “Qué, cómo que ya estuviste acá, y por qué no me contaste nada”. A ella le encanta sacar estos ases de la manga, como cuando me dijo, unas semanas antes en Budapest, que ella nunca había conocido Hungría (y eso que es húngara de nacionalidad).

Por las calles, y miradores, de Munich

Por las calles, y miradores, de Munich

munich-alemania-oktoberfest-7

munich-alemania-oktoberfest-11

munich-alemania-oktoberfest-12

munich-alemania-oktoberfest-14

munich-alemania-oktoberfest-17

munich-alemania-oktoberfest-13

munich-alemania-oktoberfest-15

munich-alemania-oktoberfest-18

Se largó a llover, algo normal en esa ciudad tan cercana a los Alpes. Lo bueno de viajar con una madre es que siempre llevan paraguas, así que lo abrimos y seguimos paseando hasta que se hizo de noche.

Al día siguiente me encontré con V., una amiga argentina que había conocido en Budapest y que estaba viviendo por dos meses en Munich. Ella había ido al Oktoberfest el día anterior.

—Ani, tenés que ir.
—No sé, no me gustan los amontonamientos de gente. Además me dijeron que si no vas temprano no podés entrar a los jardines cerveceros, y seguro que todo es carísimo.
—La entrada es gratis.
—Ah… ¿enserio?
—Sí, pero más allá de eso, tenés que ir, es una experiencia única, aprovechá que estás acá.
—Bueno, vamos.

Al final no fue tan difícil convencerme.

Y cuando llegamos también estuve a punto de pedirle perdón al Oktoberfest por no haber querido conocerlo. Tampoco era como me lo imaginaba.

Bienvenidos al Oktoberfest

Era mil veces más divertido.

Una feria de juegos

Bienvenidos al Oktoberfest: una feria de juegos

Muy retro, en mi opinión

Muy retro, en mi opinión

Primera sorpresa: el Oktoberfest es una feria de juegos retro donde también se toma cerveza. Hay montañas rusas, autitos chocadores, atracciones de circo, osos de peluche gigantes, algodones de azúcar, choclo caliente.

munich-alemania-oktoberfest-27

Segunda sorpresa: la gente va vestida con la ropa tradicional bavaria, así que es como estar dentro de una película alemana.

munich-alemania-oktoberfest-39

Tercera sorpresa: como era lunes, no había tanta gente y se podía caminar bien.

munich-alemania-oktoberfest-22

Cuarta sorpresa: la cerveza que se sirve en el Oktoberfest tiene que cumplir “la ley de pureza de Baviera” y tiene que ser elaborada dentro de Munich. Por eso hay solo seis fábricas que venden su producto en este festival.

munich-alemania-oktoberfest-36

Quinta sorpresa: los precios no son taaan altos (un vaso de un litro de cerveza cuesta €10, medio pollo €10, un choclo con manteca €3, las entradas a los juegos entre €2 y €8. En términos europeos, no es tan terrible).

munich-alemania-oktoberfest-37

Sexta sorpresa: los patios cerveceros son de los lugares con más buena onda que conocí.

Un patio cervecero

Un patio cervecero

El Oktoberfest nació en 1810 en honor al matrimonio entre el Príncipe Ludwig de Baviera y la Princesa Therese de Saxe-Hildburghausen. Los ciudadanos de Munich fueron invitados a celebrar el casamiento en el Theresienwiese, un espacio abierto frente a las puertas de la ciudad, el mismo donde se celebra el festival hoy. Hubo carreras de caballos y la gente asistió vestida con su ropa típica. Al año siguiente, al evento se le sumó un show de agricultura, en 1850 se hizo el primer desfile, en 1882 aparecieron los primeros puestos de venta de salchichas y en 1892 se empezó a servir cerveza. A fines del siglo 19 aparecieron los patios cerveceros y la música en vivo, y ahora, cada año, se sirven más de seis millones de litros de cerveza.

munich-alemania-oktoberfest-38

munich-alemania-oktoberfest-46

munich-alemania-oktoberfest-45

munich-alemania-oktoberfest-33

munich-alemania-oktoberfest-28

munich-alemania-oktoberfest-32

V y yo nos subimos a algunos juegos. A los pedorros, según yo, porque a ella le daba miedo subirse a las montañas rusas, y esos pedorros terminaron provocándonos carcajadas del miedo. Espero que este carrito no se vaya a la mierda, decíamos mientras llorábamos de risa. Todo bien con los juegos de feria, pero dejame que desconfíe de las vías que se arman y se desarman cada año. Así y todo, fue espectacular.

munich-alemania-oktoberfest-48

Nos subimos a este, que no tiene rulos como las montañas rusas, pero en cada curva daba miedo.

Decidimos terminar el día en una de las carpas que hacía de patio cervecero. Buscamos dos huecos y nos sentamos en una mesa larguísima, junto con cientos de personas que estaban tomando cerveza. El vaso de litro que pedimos era tan pesado que costaba levantarlo con una mano: admiro a las alemanas que levantan ocho de esos vasos como si nada y los llevan de mesa en mesa. Alrededor nuestro, la gente hablaba, gritaba, cantaba, brindaba. Era como estar en un bar comunitario gigante donde todos éramos amigos. Cada vez que tocaba la banda, algunos se subían a la mesa, otros bailaban, otros intentaban cantar al unísono y todos brindábamos con los que tuviéramos cerca. Ojalá todos los bares fuesen así.

munich-alemania-oktoberfest-43

munich-alemania-oktoberfest-40

munich-alemania-oktoberfest-42

A la vuelta vimos algunos borrachos que se tambaleaban mientras volvían a sus casas, pero nada fuera de lo común. V y yo nos despedimos y prometimos reencontrarnos en Buenos Aires. Caminé un rato sola antes de volver al departamento. Me di cuenta de que ya era veintidós de septiembre: se me había terminado el verano europeo y, a la vez, en Argentina había empezado la primavera. Así que el mundo estaba en primaotoño, mis dos estaciones preferidas. A la mañana siguiente tenía que tomar el tren a Francia y me había quedado mucho de Munich por ver, pero estaba contenta: ese viaje no deseado se había convertido en la despedida perfecta. Despedida de mi familia, despedida del verano y despedida de mis viajes, por un tiempo. A veces uno no elige a los lugares, sino que los lugares lo eligen a uno. Yo no quería ir al Oktoberfest, pero tenía que ir igual. Munich sabrá por qué.

Gira mágica y misteriosa por Liverpool

Antes que nada, esto:

Ahora sí.

*

Liverpool is the centre of the consciousness of the human universe
(Liverpool es el centro de la conciencia del universo humano)
Allen Ginsberg (poeta estadounidense), 1965

liverpool-beatles-viajandoporahi-41

“¿Para qué vas a ir a Liverpool?”, me preguntó M. con cara de ¿hace falta dejar Londres para ir a una ciudad en la que no hay nada? Es que no puedo estar en Inglaterra y no ir a Liverpool. Ya sé: Los Beatles ya no están ahí, todo lo que voy a encontrar va a ser el post-marketing de una banda que ya no existe en la vida real, no me voy a cruzar ni con Paul ni con Ringo ni con sus familiares o ex novias, no va a ser más que una ciudad que alguna vez fue la cuna de mis artistas preferidos. Pero no puedo no ir. Uno de los mandamientos beatles es irás a Liverpool al menos una vez en tu vida. Para nosotros es como hacer la peregrinación a la Meca. Así que entendeme: Liverpool me espera desde que nací.

Mentiría si digo que no fui con expectativas. Fui con todas las expectativas del mundo: no tanto de ver o hacer o encontrar algo en particular, sino de estar en el mismo espacio físico que alguna vez estuvieron ellos. Porque si los Beatles surgieron en Liverpool fue por algo: no surgieron en Buenos Aires ni en Tokio, sino en esa ciudad industrial inglesa que fue el lugar justo en el momento indicado. Porque en realidad no es que Los Beatles nacieron en Liverpool: Liverpool (al menos para mí) nació en Los Beatles.

Réplica de The Cavern en el museo Beatle's Story de Liverpool

Réplica de The Cavern en el museo Beatle’s Story de Liverpool

Tomé un bus desde Londres y casi seis horas después me bajé en la terminal de Liverpool y me encontré con Greg y Emilie, los chicos que me recibirían en su casa. Nos subimos a un tren urbano y unos siete minutos después aparecimos en las afueras, en una zona de fábricas, espacios abiertos y casas puestas en fila como fichas de dominó. En el camino vi una bicicleta BMX rota, tirada en medio de una calle vacía. Volví a verla los tres días que pasé por ahí, inmóvil. Greg —entremedio de su humor tan inglés, muy ocurrente pero siempre dicho en tono serio— me dijo algo que me quedó grabado: “Liverpool is raw” (Liverpool es un lugar crudo). “Esta ciudad tuvo muchos problemas sociales y de desempleo, pero hace un tiempo que está mejorando. No tiene nada que ver con Londres, yo me vine a vivir acá porque me parece más real y tiene mucha movida cultural. La gente no quiere quedar bien con nadie, pero a la vez es amigable. Ya vas a ver”.

Calle típica de los suburbios de Liverpool

Calle típica de los suburbios de Liverpool

Primeras imágenes de Liverpool.

Primeras imágenes de Liverpool.

Liverpool es una ciudad más linda e importante de lo que esperaba: tiene más de 800 años, varias zonas son Patrimonio de la Humanidad, fue nombrada la capital del pop y al ser una ciudad portuaria recibe inmigrantes de todas partes del mundo.

Liverpool es una ciudad más linda e importante de lo que esperaba: tiene más de 800 años, varias zonas son Patrimonio de la Humanidad, fue nombrada la capital del pop y al ser una ciudad portuaria recibe inmigrantes de todas partes del mundo.

Después de dejar las cosas en la casa, pensé: “No voy a ir hoy mismo a ver The Cavern, tuve un viaje largo y quiero descansar…” (nota: The Cavern es el bar donde tocaron Los Beatles durante sus inicios y donde fueron descubiertos por Brian Epstein, quien luego sería su manager). PF, QUÉ NO. “Por favor no me pidas que vaya a ver las atracciones beatles con vos, ya fui muchas veces con otros huéspedes y no es algo que me interese”, me dijo Greg. Enterado y entendido. Miré los precios de los tours Beatles —hay, como se imaginarán, todo tipo de tours en todo tipo de vehículos— pero me parecieron muy caros (por un momento tuve una lucha entre pero si ya estás acá no seas rata y pagá vs. estaré en Liverpool pero no voy a pagar por algo que puedo hacer sola), así que decidí hacer un recorrido temático autogestionado: sí, la gira mágica y misteriosa por Liverpool tenía que ser por mi cuenta.

liverpool-beatles-viajandoporahi-10

[highlight]* Primera parada: Matthew Street. “Vendí todos mis álbumes: no los quiero escuchar más”.[/highlight]

Cuando llegué al centro me recibió una gaviota. Cierto que esta es una ciudad portuaria, pensé, y ya me cayó bien la gaviota. A primera vista, me pareció una ciudad muy poco pretenciosa, y eso me gustó.

Fui derecho a Matthew Street, lo que debe ser la calle más comercial de la ciudad pero por una buena razón: ahí está ubicado The Cavern. Y cuando me encontré cara a cara con la escalera que bajaba al club donde tantas veces tocaron los Beatles sentí una emoción que hacía tiempo no sentía por nada. Bajé saltando, sonriendo, temblando y me encontré con ese escenario de techo redondo tan reconocible, que vi tantas veces en fotos y en videos en blanco y negro. Había un hombre tocando temas de los Beatles (obvio): The Cavern tiene música en vivo todos los días casi a toda hora. Si son fans de los Beatles vayan a The Cavern (segundo mandamiento beatle: entrarás a The Cavern y te quedarás escuchando a la banda que esté tocando). Mi visita a Liverpool valió la pena solo por ese momento, pero todavía faltaban más cosas.

Matthew Street.

Matthew Street.

Emoción!

Emoción!

El señor que estaba tocando temas de los Beatles

El señor que estaba tocando temas de los Beatles

liverpool-beatles-viajandoporahi-7

liverpool-beatles-viajandoporahi-8

Estatua de John Lennon

Estatua de John Lennon

Y la estatua de Eleanor Rigby

Y la estatua de Eleanor Rigby

Salí a la calle y entré al primer beatle shop que vi: Bueno, acá es donde pierdo todo tipo de razón y me vuelvo una potencial compradora compulsiva de cosas que no me van a servir pero sin las que no sé cómo viví todos estos años. El lugar era una sobredosis de estímulos: Ahhhh! Un vestido con dibujos de Yellow Submarine. Ahh! Cajitas de lata con las tapas de los discos. Ahhh! Fotos de la época. AAAHHH! Muñequitos delantales valijitas botas imanes libros remeras tasas cajas más muñequitos tantas cosaaaas. Agarré, toqué, sacudí, miré, fotografíe y me probé todo lo que pude, pero lo único que me compré (no sé cómo me contuve) fue una cajita de lata con la tapa de Yellow Submarine. De fondo, no sé si hace falta decirlo, sonaban los Beatles.

liverpool-beatles-viajandoporahi-3

Sí, estos lugares son lo más comercial que hay, pero yo no puedo resistirme.

Se vende de todo.

Se vende de todo.

Las botas!

Las botas!

liverpool-beatles-viajandoporahi-13

Me puse a charlar con el vendedor. Me contó que trabajaba ahí desde 1985 (toda mi vida), es decir que hace casi 30 años que escucha a los Beatles todos los días.

It’s just background noise now. A few months after working here I sold all my Beatles records, I don’t want to listen to them at home. I don’t have any Beatles stuff, they were never my favourite band. (Son sólo ruido de fondo para mí. Unos meses después de empezar a trabajar acá vendí todos mis discos, no quería escucharlos más en casa. No tengo nada de los Beatles, nunca fueron mi banda preferida.)

Y sí, cualquier cosa en exceso termina saturando, supongo. Yo no sé si soportaría 30 años escuchando la misma música en repeat (por más que sean Los Beatles). Aunque a la vez se me vino la frase de la película El secreto de sus ojos: “Podes cambiar de vida, de casa, de novia, de familia o religion. Pero hay una cosa de la que nadie puede cambiar: de pasión”. Habría que ver qué pasa después de 10 950 días escuchando las mismas canciones.

Tuve que contenerme para no comprarme este bolso.

Tuve que contenerme para no comprarme este bolso.

[highlight]* Segunda parada: Strawberry Field. “¡Rejas de mierda!”[/highlight]

Al día siguiente busqué Strawberry Field en el mapa y seguí las indicaciones: tomé el tren a West Allerton y caminé media hora hasta las rejas. ¿Qué es Strawberry Field? Además de una de las canciones más conocidas de los Beatles (“Strawberry Fields Forever”), Strawberry Field era un hogar de niños del Ejército de Salvación, ubicado en uno de los suburbios de Liverpool, muy cerca de la casa de John Lennon. Parece que de chico, John jugaba con sus amigos en el parque detrás del edificio, e iba todos los veranos a la fiesta que organizaba el Ejército de Salvación en el jardín del lugar. De esas memorias surgió la canción. Strawberry Field cerró en el 2005 y hoy quedan las réplicas de las rejas de entrada.

Por acá caminé media hora

Por acá caminé media hora

Vi cosas en las ventanas.

Vi cosas en las ventanas.

Pasé por parques

Pasé por parques

Y llegué a las rejas de Strawberry Field

Y llegué a las rejas de Strawberry Field

:)

:)

Cuando llegué a las rejas me encontré con el Magical Mystery Tour bus, un bus que replica al de la película y hace un tour por los atractivos beatles de Liverpool. Cuando el bus y sus pasajeros se fueron, las rejas quedaron solo para mí. La vándala que tengo adentro quiso treparse y pasar al otro lado, pero mientras lo pensaba pasó un auto a toda velocidad y alguien desde adentro me gritó: “Shit gates!” (que sonó como shit gueeeeeeeitsss), es decir: rejas de mierda. Puede ser, si no fuese por los Beatles no me interesarían en lo más mínimo. Me reí sola.

El bus

El bus

Y pasé por este lugar que no recuerdo cómo se llama.

Y pasé por este lugar que no recuerdo cómo se llama.

De ahí me fui caminando hasta Penny Lane (sí, esa, la de la canción). En alguna parte del trayecto pasé por al lado de una cancha de fútbol donde un montón de pibes jugaban un partido. Seguí de largo y escuché: “Hey, pretty!” (“Ey, linda!”), y pensé: no debe ser para mí. Aunque no había nadie más. Seguí caminando y otra vez, con más fuerza: “Hey, pretty!”. Yo nada. Y no se daba por vencido: “HEY, pretty!”. Si hay algo que me causa gracia (y me encanta) es el acento de los scouser (así se le dice a la gente de Liverpool). Si escucharon a cualquiera de los Beatles hablar, ya lo conocen, y sino tengan en cuenta esto: se escribe Liverpool pero se pronuncia algo así como “livapu”.

Mensaje scouser que encontré en el tren.

Mensaje scouser que encontré en el tren.

[highlight]* Tercera parada: Penny Lane. “No vas a encontrar a los Beatles acá”.[/highlight]

Y llegué, por fin, a Penny Lane.

https://www.youtube.com/watch?v=62s-Jier2yI

Debe ser, junto con Abbey Road, una de las calles más famosas del mundo, pero lo que me gustó es que no había nadie cruzando el paso de cebra ni haciendo fila para sacar una foto. Era una calle común y corriente. La caminé de punta a punta; en el medio encontré un centro comunitario y entré. La mujer que estaba detrás del escritorio me preguntó si podía ayudarla a rotar un PDF en la compu, le dije que sí y lo hice. “Por ayudarme, te voy a mostrar las fotos de un proyecto en el que estamos trabajando”. Y estuvimos como una hora mirando fotos de Penny Lane, esa misma calle, a lo largo del tiempo, antes y después de los Beatles.

Se robaron tantas veces este cartel que ya no lo ponen empotrado a la pared.

Se robaron tantas veces este cartel que ya no lo ponen empotrado a la pared sino así como lo ven.

Esta es Penny Lane

Esta es Penny Lane

En la entrada del centro comunitario Penny Lane.

En la entrada del centro comunitario Penny Lane.

En el patio del centro comunitario

En el patio del centro comunitario

liverpool-beatles-viajandoporahi-43

Salí, caminé hasta la esquina, y me encontré con un policía vestido de naranja que estaba cortando el (poco) tráfico para que los chicos que acababan de salir del colegio pudieran cruzar. Inferí (porque era obvio, por la ubicación) que ese debía ser el colegio al que había ido John Lennon, así que fui a mirar. No me generó nada (supongo que lo mismo que si hubiese ido a ver los hospitales donde nacieron), pero fue un detalle de color. Volví a la esquina donde estaba el policía y él solo me empezó a hablar. Me preguntó si estaba buscando algo en particular, le dije que estaba haciendo un walking tour independiente de los Beatles. Me hizo señas de que me pusiera al lado de él (en medio de la calle, mientras cortaba el tráfico), extendió el brazo y empezó a señalar:

—So you see there, that’s the shelter in the middle of a roundabout. Down the road there’s St Barnabas Church, where Paul McCartney sung as a choir boy and then stood as best man when his brother got married. And that way, you already saw, is where John Lennon went to school. (Ves allá, ese es el refugio en el medio de la rotonda —nota: en inglés, esas son las palabras exactas que aparecen en el tema Penny Lane. Más allá está la iglesia St Barnabas, donde Paul McCartney cantó en el coro juvenil y luego fue padrino en el casamiento de su hermano. Y allá, de donde venís, está el colegio al que fue John Lennon).

Y agregó:

—Paul and John used to meet at the bus stop here to go together to the center of the town. But you won’t find the Beatles here anymore! (Paul y John se encontraban en la parada del bus para ir al centro de la ciudad. ¡Pero ya no vas a encontrar a los Beatles acá!)

No. Pero puedo seguir escuchando sus letras, y esta vez en el lugar donde surgieron…

El policía simpático que me hizo un free standing tour.

El policía simpático que me hizo un free standing tour.

Más negocios de Penny Lane

Más negocios de Penny Lane

Y la iglesia

Y la iglesia

Penny Lane is in my ears and in my eyes

There beneath the blue suburban skies.

Así era el cartel anterior (este está adentro de un bar9

Así era el cartel anterior (este está adentro de un bar)

[highlight]* Cuarta parada: una caminata por el centro. En busca de los seres mitológicos.[/highlight]

Más allá de tour Beatle —que seguí al día siguiente con la visita al museo Beatle’s Story, donde hay réplicas a tamaño real de The Cavern, el estudio de grabación de Imagine, el submarino amarillo, la tapa de Sgt. Pepper, entre otras cosas—, Liverpool me gustó mucho. Me pareció una ciudad bien inglesa, real, con mucho arte y gente amable. Tal como me había dicho Greg. Mi anfitrión, además, me propuso un desafío: “Hay unas criaturas mitológicas en Liverpool, no se sabe si existen o no. Emilie dice que las vio una vez. Son las roller girls, chicas que salen de su casa muy bien vestidas y con los ruleros puestos. Si llegas a ver alguna por favor decímelo”.

Todo lo que vi caminando por el centro de Liverpool.

Todo lo que vi caminando por el centro de Liverpool.

La zona del puerto.

La zona del puerto.

Una princesa

Una princesa

Dentro del museo Beatle's Story

Dentro del museo Beatle’s Story

El submarino amarillo

El submarino amarillo

Imagine

Imagine

Una calle de Liverpool

Una calle de Liverpool

Y otra.

Y otra.

Y otra...

Y otra…

Y un mensaje.

Y un mensaje.

Dediqué mi último día a caminar por el centro y alrededores. Fui al puerto, al museo y en general deambulé por ahí. Me llamó la atención que había grupos de gente muy bien vestida (como si estuvieran yendo a una fiesta de casamiento), y después me enteré que estaban yendo a ver las carreras de caballos (un deporte, para ellos, tan importante como el fútbol). Cuando se hizo de noche fui a tomar el tren para volver a lo de Greg, y mientras esperaba en el andén los vi: ruleros que se asomaban, con orgullo —como diciendo sí, acá estamos, no queremos escondernos ni quedarnos en casa—, del pelo de una chica. Y de otra. Y de otra más. Avistamiento de tres figuras mitológicas en un mismo lugar y a la misma hora. Enseguida le mandé un mensaje a Greg: “Existen. Acabo de ver tres”.

Y, satisfecha, me subí al tren que me llevaría de vuelta a los suburbios de Liverpool.

liverpool-beatles-viajandoporahi-42

[box border=”full”]Algunas cosas al respecto de Liverpool:

  • Si son fans de los Beatles, vayan, por el amor de dios, vayan. 
  • Van a ver que hay un montón de tours y visitas guiadas por la ciudad y por los atractivos beatles (incluyendo las antiguas casas de algunos de ellos). Los buenos tours me parecieron muy caros, y los baratos no tenían buenas referencias. Así que investiguen. Hay guías especializados en los Beatles que pueden contarles y mostrarles un montón de cosas que de otra manera se perderían, pero son caros, sobre todo si están solos (para grupos es más barato). Lo bueno es que se puede hacer un tour independiente: usen google maps y caminen mucho.
  • Tienen que ver Magical Mystery Tour, por más que sea una de las películas más bizarras, de momentos mala y la menos popular de los Beatles, tienen que verla (déjense llevar, aunque no entiendan nada de lo que está pasando, y escuchen esa música). En realidad tienen que ver todas (a mí me encanta Help!).
  • Un buen libro para leer durante este viaje es [eafl id=”21083″ name=”El elemento” text=”‘El elemento'”], de Ken Robinson (uno de los educadores y oradores más importantes e influyentes de la actualidad, nacido también en Liverpool). Si bien no tiene nada que ver con los Beatles (o sí, porque pone de ejemplo a Paul McCartney, entre otros), el libro de Ken Robinson los hará pensar en ese talento que todos cargamos y que tenemos que escuchar (¿qué hubiese pasado si los Beatles le hubiesen hecho caso a algún profesor o pariente que les dijo que nunca iban a poder dedicarse a la música?). Léanlo. [/box]

Cielo de Salamanca

Salamanca

Salamanca, ciudad española, y su cielo

Al final uno se instala, dice que va a dejar de viajar por un tiempo, que mejor quedarse quieto, y pasa lo mismo: surge un viaje. Acepté solo por una razón: Sue, la prima de mi mamá, húngara-canadiense, a quien no veía hacía cuatro años, iba a estar unos días en Salamanca, España. Miré el mapa: Biarritz – Salamanca 559 km. ¿Qué son 559 km? Unos 150 más que ir de Buenos Aires a Mar del Plata, mucho menos que ir de Buenos Aires a Vancouver. Voy. Eso sí: de viaje relámpago, nada de quedarme deambulando por España, que estoy en modo no-viaje, achanchada y con pocas ganas de moverme.

Reservo un viaje por blablacar (el sistema de coches compartidos). Sale el domingo en el horario perfecto: me dejaría en Salamanca de noche. El plan es quedarme dos noches ahí, pasar muy velozmente por Madrid y volver. Tengo todo calculado. Unos días antes, el chico de blablacar me cancela: tuvo que cambiar el trayecto y va para otro lado. Ufa. El único viaje que hay sale a la mañana en vez de a la noche, lo cual arruina mis planes de ir a ver la final del campeonato mundial de surf en Hossegor, un pueblo cerca de acá. ¿Desde cuándo soy fan del surf yo? Desde nunca. Bah, sí, siempre quise hacer surf, pero al único que conozco así de nombre es a Kelly Slater, es decir que tengo conocimiento casi cero del tema. Me encapricho. Quiero ir a ver a Kelly (?). Al final lo pienso y decido mantener mi plan original. Reservo el viaje en blablacar y preparo la versión viaje relámpago de mi mochila: es decir, voy bien liviana.

Esto me espera en destino, aunque no conozco Salamanca así que no sé qué imaginarme

Esto me espera en destino, aunque no conozco Salamanca así que no sé qué imaginarme

El mensaje de A., el francés que me va a llevar hasta Salamanca, dice, entre otras cosas: “Estaremos en un grande bus verde”. No leí todo su perfil porque estaba en francés, pero al parecer son dos y están de surf-trip. Así que el domingo a la mañana camino hasta la rotonda por donde me van a pasar a buscar y cuando aparece el grande bus verde casi me muero. Es espectacular. Es un Mercedes de los años 70, reacondicionado como casa rodante: mi sueño motorizado. Uno de los chicos abre la puerta y cuando me quiero subir me empieza a ladrar un perro. ¡Hay perro y todo! Pero enseguida nos hacemos amigos y al rato se olvida de que estoy ahí.

El bus

El bus

Por dentro

Por dentro

La cocina

La cocina

La primera hora y media de viaje me la paso sacando fotos y haciendo preguntas. Los chicos de la casa rodante (o del bondi rodante, mejor) son dos: A. y J. Ambos viven ahí, J hace ocho años, y están yendo al sur de Portugal a surfear y de ahí a Marruecos a pasar el invierno. Van muy tranquilos, sin apuro. Pienso en decirles que cambié de idea y que necesito ir hasta Marruecos (pasando por Portugal, obvio) para ver cómo anda todo por allá. ¿Me llevarán? La casa tiene todo lo que un viajero necesita: camas, una cocina, una biblioteca, una mesita, un sillón, música, una letrina (¡viva la letrina!). A todo esto sumarle seis tablas de surf, dos bicicletas, una moto y un perro, no olvidar al perro.

El viaje que iba a ser de cinco horas termina siendo de diez. Vamos despacio y frenamos varias veces en la mitad, una de ellas para cocinar. Es buenísimo esto de tener cocina móvil y poder comer en cualquier parte. Charlamos. Los dos chicos estuvieron en Argentina y hablan un poquito de castellano (con acento argentino y todo). Más tarde volvemos a frenar, esta vez en un parador vacío: tiene hoteles y restaurantes, pero todo está cerrado por vacaciones. Los únicos ruidos que se escuchan son una botella de plástico que rueda por el piso con el viento y un tipo vomitando a lo lejos. Estos lugares de ruta son escenarios en sí mismos.

Empieza a bajar el sol...

Empieza a bajar el sol…

La segunda parte del viaje me la paso leyendo el libro ÁgilMente, de Estanislao Bachrach, doctor en biología molecular y experto en creatividad. El objetivo del libro es que entendamos cómo funciona nuestro cerebro para poder potenciar nuestra creatividad. Propone ejercicios bastante interesantes, como dibujar nuestro desafío creativo (que puede ser cualquier cosa, desde “escribir más libros”, en mi caso, hasta “inventar un sabor de helado nuevo” o lo que sea) y darle personalidad, encontrar relaciones entre palabras que parecen no tener nada que ver, imaginar una ruta vacía por donde van y vienen pensamientos, elegir un color al azar y buscarlo durante todo un día en las cosas, anotar las últimas diez buenas ideas que tuviste y, el que más me gustó, pensar cien ideas acerca de un tema en una hora.   

Mensajes que encontraría más tarde por Salamanca

Mensajes que encontraría más tarde por Salamanca

Vos también.

Vos también.

Poemas.

Poemas.

Así que durante un largo rato, escribo. El perro descansa en el piso: lo miro, me mira, nos miramos un largo rato, después cruza una pata sobre la otra y cierra los ojos. Empieza a bajar el sol y yo me siento en altura crucero: estar en esta ruta, en esta casa rodante, en España, leyendo, escribiendo, mirando por la ventana, es como si todo fluyera solo. Llegamos a Salamanca a las ocho de la noche, pero el cielo todavía está claro. Los chicos me dejan a unos dos kilómetros del centro, no quieren entrar con el colectivo, así que me bajo y camino contenta. Me gusta entrar a las ciudades caminando (siempre que no esté muy cargada), ver cómo va aumentando la cantidad de gente de a poco. A primera vista, Salamanca parece linda. Venir a España siempre me pone de buen humor. Esa noche, unos minutos antes de quedarme dormida, se me cruza por la cabeza la frase: “Viajar es un estado de la mente”. La escribo.

Una de las primeras imágenes que tengo de la ciudad: la Plaza Mayor.

Una de las primeras imágenes que tengo de la ciudad: la Plaza Mayor.

salamanca-españa-viajandoporahi-24

Adivinanza: ¿Cómo saber que estás en España? Por la cantidad de comida que te ponen en el plato! :D

Adivinanza: ¿Cómo saber que estás en España? Por la cantidad de comida que te ponen en el plato! :D (Esos espárragos estaban tan buenos como parecen)

Los dos días siguientes me dedico a caminar por Salamanca con Sue. Ella está hace más días así que me lleva a sus rincones preferidos. La ciudad es impresionante: todos los edificios me parecen monumentales, como si estuviese caminando por un museo a gran escala. Hay mucha mezcla de estilos: barroco, románico, mudéjar, gótico, renacentista, modernista. Es que por la historia de Salamanca pasaron muchos pueblos: entre ellos, romanos, visigodos y musulmanes. Acá está, además, la universidad más antigua del país, creada en 1218. La ciudad vieja fue nombrada Patrimonio de la Humanidad en 1988 y Salamanca, toda, está muy ligada al desarrollo de la literatura española. Es una ciudad de estudiantes y de letras. A mí, lo que más me llama la atención, es su color.

Color Salamanca

Color Salamanca

salamanca-españa-viajandoporahi-26

Con detalles rojos.

Con detalles rojos.

Pero en general marrón.

Pero en general marrón.

Salamanca es toda marrón (o dorada, según cómo le dé el sol). Toda. No hay otro color que domine tanto como este tono de marrón. Marrón Salamanca. Y lo que mejor le queda, pienso, es el cielo. Ese celeste intenso combina muy bien con este marrón. Creo que sin darnos cuenta, Sue y yo estamos atentas a lo que pasa en el cielo, casi minuto a minuto. Mirá esa bandada de pájaros, le muestro. Son un montón, son blancos, algunos tienen el pecho rosa y se la pasan volando en grupo. Uy, se nubló, vamos allá que hay un pedacito de sol, y nos movemos como gatos en busca del calor. Cuando se nubla y sopla el viento hace frío, pero las nubes van tan rápido que a veces el cielo parece un time-lapse. Entremos acá, que quiero ver el Cielo de Salamanca, me dice Sue.

No me digan si no combinan los colores.

No me digan si no combinan los colores.

salamanca-españa-viajandoporahi-29

El cielo siempre presente

El cielo siempre presente

Y las nubes también

Y las nubes también

salamanca-españa-viajandoporahi-50

salamanca-españa-viajandoporahi-49

Estaban preparando una muestra de fotos.

Estaban preparando una muestra de fotos.

salamanca-españa-viajandoporahi-21

El Cielo de Salamanca está escondido en una de las aulas del patio de las Escuelas Menores: es una pintura, parte de un mural de fines del siglo 15, que originalmente estaba en la bóveda de la antigua biblioteca de las Escuelas Mayores. Se le atribuye al pintor español Fernando Gallegos y se descubrió a mediados del siglo 20. Para ver esta obra tenemos que quedarnos al menos cinco minutos adentro del aula, hasta que se nos adapte la vista, me adelanta Sue. Entramos a un cuarto con luz muy tenue y nos sentamos a mirar el Cielo desde abajo. De a poco va tomando claridad y empiezo a ver las formas, los dibujos, las conexiones, las palabras. Es un cielo astrológico. No dejan sacar fotos, así que intento grabármelo en la cabeza. Cuando salimos, la luz me parece fuertísima.

salamanca-españa-viajandoporahi-45

Rincones y momentos de dos días en Salamanca

salamanca-españa-viajandoporahi-37

salamanca-españa-viajandoporahi-34

Sus frentes

columnas

columnas

relieves

relieves

texturas

texturas

y personas.

y personas.

Y hasta un astronauta tallado.

Y hasta un astronauta tallado (a ver si lo encuentran).

El día que me voy de Salamanca hay un atardecer lleno de colores. En el bus rumbo a Madrid escribo una lista con cien ideas acerca del cielo, y pienso (sin pensar demasiado, en realidad, sino dejando que fluya el pensamiento), por ejemplo: 7. El cielo combina mejor con ciertas ciudades (como con el marrón de Salamanca), 33. Las cosas más impresionantes están en el cielo: la aurora boreal, el sol de medianoche, las estrellas, la luna, el sol, las nubes, la batiseñal (?). 41. Del cielo también cae nieve, 42. Pueden caer bolas de granizo, 43. Puede haber una lluvia de hamburguesas, 44. En Un cuento chino cae una vaca, 45. En las noticias caen aviones, 68. Cuando sale el sol en París, la gente está más contenta, 84. ¿Y si el cielo fuese rojo? ¿Nos alteraría?, 88. Te quiero hasta el cielo, 92. Mirar el cielo desde abajo del agua, 94. El cielo durante la guerra, 97. Ese azul intenso del cielo en Argentina. Cuando llego a Madrid ya es de noche. Me espera un viaje en metro y, menos de dos días después, un viaje de vuelta a Francia.

Datos y consejos para viajar por Europa

[box type=”star”]Aclaración: esto no es una guía de viajes sino una ayuda para todos los que me escriben pidiéndome consejos para viajar por esta parte del mundo. Aclaración más importante aún: Europa tiene 50 países (y 6 parcialmente reconocidos) de los cuales recorrí (ni siquiera en profundidad) 10, así que lo que encontrarán en este texto son datos y consejos basados en mi experiencia por Alemania, Bélgica, España, Francia, Hungría, Inglaterra, Islandia, Portugal, República Checa y Suecia. [/box]

europa-variete-viajandoporahi-18

* DESTINO: EUROPA

Los países más visitados del mundo están en Europa. En mi caso, el continente nunca fue una prioridad entre mis destinos. Cuando empecé a viajar soñaba con lugares lejanos y exóticos (por eso, quizá, me fui a Asia antes que a los lugares más “tradicionales”) y Europa me parecía muy turística y un poco aburrida. Tenía los típicos prejuicios: “Es caro”, “es demasiado ordenado”, “va a seguir igual por varias décadas”, “es para conocer de grande” (?), “es para ir a ver museos y ruinas”, “es un destino fácil”. Error. ERROR (me pegaría). Ahora que la conozco siento que vine en el momento justo de mi vida: en Europa pasa de todo y me encanta estar disfrutándola a esta edad (casi 30).

Mis raíces, al igual que las de muchos argentinos, están en Europa: mi mamá es húngara (nacida en Alemania) y mi papá es hijo de españoles asturianos. Y en algún momento las raíces empezaron a tirar.

Así que en el 2011 me fui a España.

Y conocí Europa por primera vez.

Y me encantó.

Sin haberlo planeado, ya pasé más de un año (aunque no todo seguido) viajando por y viviendo en Europa. Pasé inviernos, veranos, primaveras, otoños. Conocí varias de las grandes capitales y muchas me quedaron pendientes. Me perdí en pueblitos y me di cuenta de que Europa parece chiquita pero es enorme y hay demasiado para ver. Así que una de dos: quédense todo el tiempo que puedan o vengan con el modo slow travel activado. No vale la pena ir a las apuradas de una ciudad a otra. Lo lindo en Europa es el camino.

Cartel visto en Praga

Cartel visto en Praga

[hr]

* ITINERARIO

Cuando me preguntan qué recomiendo conocer de Europa me quedo en blanco. En este continente hay 50 países (y 6 parcialmente reconocidos) y de esos 56 conozco 10: ni un 20 por ciento. Cuando miraba el mapa de Europa, sentada en el escritorio de mi casa, sentía que todo estaba cerca y que la iba a poder recorrer en poco tiempo. Otro gran error. Europa es chiquita (si la comparo con, por ejemplo, las distancias en Argentina o América Latina) pero muy poblada y variada. Es cierto que todo queda cerca y que muchos países se pueden atravesar en pocas horas, pero cada uno es un mundo y merece su tiempo.

Sé que hacer el “gran tour” de Europa puede parecer muy tentador (por alguna razón, esa es la manera más “famosa” de recorrer Europa), también sé que muchos solamente pueden venir por 15 o 30 días y quieren ver todo lo posible, pero mi recomendación: no hagan ese recorrido maratónico de una capital por día o un país distinto cada dos días. Sí, se van a sacar las fotos típicas en todos los monumentos famosos de Europa (¿sirve de algo?), pero van a estar agotados, no van a tener tiempo de disfrutar de cada lugar, van a gastar mucho más que si viajan lento y va a llegar un punto en que no van a saber dónde están.

Las capitales europeas son para vivirlas: hay muchísimo para ver, hacer, caminar, conocer. Y en dos días no se puede. Por eso les aconsejo que cambien el chip, desaceleren y se armen un itinerario con menos lugares (y que antes de viajar investiguen: hay taaantas joyitas ocultas…). Yo diría 5/7 días por capital, y en las ciudades más chiquitas y pueblos pueden estar 3/4 días (mínimo) (si es por mí, quédense mucho más).

[box type=”tick”]Webs útiles:

– En 101 Viajes encontrarás información útil y muchas ideas de experiencias, paseos y excursiones para hacer en todas las ciudades de Europa. También podrás leer las guías de cada ciudad para decidir qué lugares conocer durante tu viaje.

-La web de la revista Time Out tiene una agenda con los eventos semanales y mensuales de muchísimas ciudades y tiene listas de 20 cosas para hacer en las principales ciudades europeas.

– No sé qué tan acertada será TripTuner, pero por lo menos es divertida para probar: seteen los controles según sus expectativas y la web les dirá a qué destino les recomienda viajar. [/box]

Casita de Catalunya

Casita de Catalunya

[hr]

* LISTA PERSONAL

Los países europeos por los que viajé son los siguientes (no en este orden) (si hacen click en los nombres podrán leer los relatos que escribí acerca de cada lugar).

  • Alemania. Fue mi viaje a las raíces: recorrí la región de Baviera (los pueblitos y las ciudades como Munich o Regensburg) con mi familia con el objetivo de conocer el pueblo donde nació mi mamá. Caí a Munich, sin saberlo, en pleno Oktoberfest. Y me encantó. Alemania queda en mi memoria como el país de los valles verdes, los bosques mágicos y la cerveza artesanal.
  • Bélgica. ¿Dije cerveza? Nunca probé cerveza tan rica como en Bélgica. Este país no estaba en mis planes (¿qué país estaba en mis planes?) pero fui porque al estar tan cerca de París, ¿por qué no? Y me sorprendió. Hice base en Bruselas (qué lindos murales hay en Bruselas) y me fui a recorrer pueblitos.
  • España. Cada vez que voy a España me siento como en casa (además de que estoy enamoradísima de Barcelona, pero esa es otra historia…). No sé si es el idioma, la historia compartida o la buena onda que parece haber entre españoles y argentinos, pero este es uno de esos países a los que sé que voy a volver siempre. Tiene playa, fiesta, buena comida, pueblitos mediterráneos y muchísima variedad cultural.
  • Francia. ¿Lo digo o no? Lo digo. No quería conocer Francia. Estaba negadísima con este país (no tengo explicación). Creo que al ser tan turístico me generaba cierta aversión. ¿Y ahora? Estoy viviendo en un pueblo costero del país vasco francés. Ja. Y nunca me voy a cansar del queso, de los vinos, de la comida, de las chimeneas de París, del arte (en los museos y en las calles) y de ese acento tan pero tan seductor (e impronunciable).
  • Hungría. Ay Hungría, cómo te quiero. Crecí escuchando a mi mamá hablar húngaro, usando ropa con bordados típicos, comiendo goulash y paprika. ¿Cómo no me iba a enamorar de Hungría? Fui a Budapest para aprender el idioma y después a recorrer el país con mi familia, y si bien me queda mucho por ver, es otro de esos lugares a los que les digo que vayan. Budapest es una de las ciudades más lindas del mundo.
  • Inglaterra. Ah… el país de mis sueños, uno de esos lugares que siempre siempre quise conocer (debe ser por Los Beatles, el brit-pop, el humor inglés —ese acento—, la literatura y tantas otras expresiones artísticas y culturales que me gustan). Fui a Londres y a Liverpool y me quedé con ganas de mucho más.
  • Islandia. Uno de los lugares más surrealistas a los que viajé en mi vida. Me fui durante dos semanas con mi amiga Lau y fue un viaje delirante, bizarro, mágico. En Islandia todo es posible: dar la vuelta a dedo, rescatar patos de la ruta, encontrar fábricas de artistas, golpear puertas para pedir frazadas, subirse a barcos de pescadores, emborracharse de tanto sol. Vayan, por favor vayan a Islandia. No hay manera de que se arrepientan.
  • Portugal. Pienso en mis días en Portugal y ya me da saudade. Si este país fuese una persona, lo abrazaría y lo guardaría en la mesita de luz. Es divino. Muchos se olvidan de él porque está en la punta del continente: no saben lo que se pierden. Lisboa es otra de las ciudades más lindas y nostálgicas del mundo (en mi opinión): el tranvía, los cafecitos, los artistas callejeros, la poesía. Portugal es un país para caminarlo de punta a punta.
  • República Checa. Praga… y sí, imposible no nombrarla: es una de las ciudades más encantadoras de Europa Central (aunque, eso sí, a ser compartida con los miles de turistas que van todos los días). Y de mi road trip por República Checa me quedan sus castillos, los paisajes de campo, las fábricas de cerveza y sus ciudades medievales.
  • Suecia. Conocí muy poquito de Suecia y fue como estar en un sueño. Viajé cinco días a Laponia, una de las regiones con mayor naturaleza salvaje de Europa, y pensé en quedarme ahí para siempre. Caminé por bosques nevados, vi la aurora boreal, fotografié casitas de colores y me prometí hacer un recorrido mucho más en profundidad por los países nórdicos.
Algunas fotitos al tuntún. Esta: Laponia sueca.

Algunas fotitos al tuntún. Esta: Laponia sueca.

La Tabacalera, espacio artístico recuperado y autogestionado en Madrid

La Tabacalera, espacio artístico recuperado y autogestionado en Madrid

Munich durante el Oktoberfest (debo crónica de ese evento)

Munich durante el Oktoberfest (debo crónica de ese evento)

Los baños termales de Budapest: lugares de reunión social.

Los baños termales de Budapest: lugares de reunión social.

Islandia, donde los abrazos gratis son muy bien recibidos.

Islandia, donde los abrazos gratis son muy bien recibidos.

Ghent, uno de los lugares de Bélgica que me sorprendió.

Ghent, uno de los lugares de Bélgica que me sorprendió.

París y su arte en las paredes.

París y su arte en las paredes.

Portugal y su otoño tan lindo.

Portugal y su otoño tan lindo.

Praga, ya sabemos que sos linda.

Praga, ya sabemos que sos una diva.

La casa de un amigo en Londres, el lugar perfecto para festejar su cumple.

La casa de un amigo en Londres, el lugar perfecto para festejar su cumple.

[hr]

* VISAS Y TIEMPO DE PERMANENCIA

[box type=”star”]En el 2022 entrará en vigor el permiso ETIAS, una nueva autorización para viajar a Europa. Gracias a los avances en torno a su manejo de la pandemia, la UE ha incluido a países de América Latina como Chile o Uruguay en su lista segura, y sumó recientemente a Argentina, Colombia y Perú. En la web de Visa Europa pueden encontrar una guía que provee todos los detalles clave. [/box]

(Spoiler: podés quedarte —legalmente— más de 90 días en Europa. Seguí leyendo.)

Esta es una de las partes más complicadas así que les recomiendo que investiguen el tema más en profundidad. Los datos importantes son los siguientes:

* En Europa existen la Unión Europea y el Espacio Schengen: este último es un acuerdo de libre circulación firmado por 26 países (es decir que entre esos países no hay fronteras: entrás a uno y si pasás a otro no necesitás hacer migraciones). Pero atención: hay países de la Unión Europea que no forman parte del acuerdo Schengen (como Irlanda y el Reino Unido) y hay países de Schengen que no son de la Unión Europea (Suiza, Noruega e Islandia). En este mapa está bien explicado:

Fuente: thesavvybackpacker.com

Fuente: thesavvybackpacker.com

* Los ciudadanos de (entre otros países) Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Uruguay y Venezuela NO necesitan visa para entrar al espacio Schengen y pueden quedarse un máximo de 90 días en un período de 180 días. Es decir que entrás, por ejemplo, a España (mostrás tu pasaporte en el aeropuerto) y a partir de ese días tenés 90 días para moverte libremente dentro de los países Schengen. Cuando salís de Schengen tenés que esperar otros 90 días para volver a entrar. Si salís, por ejemplo, a los 45 días de estar en Schengen, te vas 10 días a otra parte y volvés a entrar, tendrás 45 días más (esos 10 días que saliste no se cuentan).

* Los ciudadanos de otras nacionalidades (chequear cuáles en esta web) necesitan aplicar a una visa Schengen antes de viajar. Si te la dan, es lo mismo: podés estar 90 días en un período de 180. En este post explico el tema de las visas con más profundidad y hay muchos comentarios de los lectores contando sus experiencias migratorias en Europa: Cuestiones pre-viaje: visas, pasaporte, pasaje de salida, tiempos de estadía y algunos consejos prácticos.

* Puede que en el aeropuerto europeo al que llegues te pidan una carta de invitación, las reservas de hotel y el comprobante del seguro médico. Escuché todo tipo de historias y no sé cada cuánto lo piden, pero sepan que se los pueden requerir.

* Si tenés pasaporte europeo podés quedarte por tiempo ilimitado y trabajar.

europa-variete-viajandoporahi-50

Visto en Londres

* Si bien la visa Schengen NO se puede extender, hay algunas maneras de quedarse legalmente más de 90 días en Europa. Algunas opciones:

1. Movete de un país a otro. Entrá a cualquier país del espacio Schengen, quedate los 90 días y después andá a otro país europeo que no forme parte de Schengen. Ahí te van a dar un tiempo de permanencia (depende de cada país, y ojo porque algunos piden visa), quedate por ejemplo dos meses, pasá a otro país que esté fuera de Schengen, quedate un mes más, y ahí (como ya pasaron 90 días desde que saliste de Schengen) podés volver a entrar a los países Schengen y quedarte 90 días más. Y así sucesivamente. Obviamente no sirve si querés quedarte más de 90 días en un mismo país.

2. Aplicá a otro tipo de visa. Si sos estudiante y querés cursar una carrera universitaria en Europa, podés aplicar a una visa de estudiante. Hay ciertos países que ofrecen visas de trabajo y te permiten quedarte hasta un año en todo Schengen (las que conozco, al menos para argentinos, son las que otorgan Francia e Irlanda. Averiguen).

3. Trabajá freelance. Alemania ofrece una visa para trabajadores independientes (artistas, programadores y cualquiera que trabaje a distancia): tenés que aplicar una vez que estás allá, en Berlín, y si te la dan podés quedarte entre uno y dos años viviendo y trabajando desde ahí. En esta web está toda la información.

[box type=”tick”]Estas dos webs tienen información mucho más detallada de todo esto (en inglés):

– The Savvy Backpacker: Long term travel Europe

– NomadicMatt: How to legally stay in Europe for more than 90 days [/box]

Mensaje visto por ahí.

Mensaje visto por ahí.

Postales de Portugal

Postales de Portugal

Granada (España) al atardecer

Granada (España) al atardecer

Y carteles en París

Y carteles en París

[hr]

* TRANSPORTE

Los países y ciudades europeas están muy bien conectadas, aunque el transporte, en mi opinión, es lo más caro de Europa (a menos que viajes haciendo autostop, claro). Estas son las opciones más usadas para ir de un lado a otro:

[highlight]– Avión.[/highlight] No soy fan de los aviones, pero en Europa existen varias aerolíneas de bajo costo que permiten ir rápido de un punto a otro y pagar menos que yendo por tierra. Ejemplo: Ryan Air, Vueling. (Acá tienen la lista completa de aerolíneas de bajo costo en Europa)

[box border=”full”]Lo bueno: el precio.

Lo malo: a ese precio hay que sumarle otros (como el costo de moverse hasta el aeropuerto o el costo de despachar las valijas), los vuelos baratos suelen salir de aeropuertos alternativos (que muchas veces quedan en otras ciudades, bastante alejados), uno cree que va más rápido pero a veces se tarda lo mismo que yendo en tren (porque hay que sumarle el tiempo de traslado desde y hasta el aeropuerto y el tiempo de espera), los aviones suelen ser incómodos (asientos muy chiquitos).[/box]

[highlight]– Tren.[/highlight] Durante dos meses me moví por Europa con el Pase Global de Eurail y ohporfavor qué placer. Europa es un continente hecho para recorrerlo en tren (y para pasarse horas mirando por la ventana).

[box border=”full”]Lo bueno: las estaciones están en el centro de la ciudad (o sea que son fácilmente accesibles en metro o a pie), los trenes son híper puntuales (salen en el minuto exacto, aunque muchas veces puede que se retrasen a mitad de camino), son mucho más cómodos que los aviones, podés ir viendo el paisaje mientras viajás, tienen mesas para que trabajes, los trenes de alta velocidad hacen el trayecto en un tercio del tiempo.

Lo malo: el precio. Los trenes en Europa son caros (aunque en algunos casos, para distancias largas, cuestan lo mismo que un avión, por eso hay que comparar).[/box]

Los pases (como el Eurail, ofrecido por Rail Europe) te permiten viajar en los trenes europeos de manera casi ilimitada (depende del pase que compres, pero imaginátelo como un boleto único que te sirve para subirte a casi todos los trenes de Europa) durante una cierta cantidad de días (por ejemplo, podés viajar durante 15 días distribuidos en dos meses: durante cada uno de esos días podés hacer todos los viajes que quieras). Entonces: elegís tu pase, pagás un monto final por anticipado, lo recibís en tu domicilio y cuando llegás a Europa ya podés viajar en tren. Este pase vale la pena si planeás hacer muchos viajes en poco tiempo (y en especial viajes largos).

[box type=”tick”]Webs útiles:

– en Rail Fan Europe hay enlaces a las webs de todas las compañías de tren de Europa, organizadas por país

Seat61 es la guía más completa y actualizadas de los trenes de todo el mundo.[/box]

Las vías en Sant Pol

Las vías en Sant Pol

[highlight]– Bus.[/highlight] En Europa (por lo menos por donde yo viajé) no se usa tanto el bus como en otras partes del mundo, aunque hay empresas que cubren los destinos principales de cada país (pero si te querés ir a un pueblito, es más probable que encuentres pasaje en tren antes que en bus).

[box border=”full”]Lo bueno: donde hay, suelen ser bastante más baratos que los trenes, son cómodos, tienen baño y wifi.

Lo malo: no tienen tanta frecuencia, son más lentos, para distancias muy largas pueden ser más caros que un avión.[/box]

[box type=”tick”]Web útil y un consejo:

Eurolines es la empresa de buses más extensa de Europa y suele tener muy buenos precios.

– Una de las maneras más baratas de cruzar de Francia a Inglaterra es en bus (suele haber muy buenas ofertas, mucho más baratas que el tren o barco)[/box]

[highlight]- Carpooling (o coches compartidos).[/highlight] Esta iniciativa me parece excelente: la gente “vende” los espacios vacíos en su auto y lleva a otros pasajeros (desconocidos) en su trayecto. Es como hacer dedo pero por internet (y pagando). Hay muchas webs que ponen en contacto a los conductores con los pasajeros, como blablacar.es.

[box border=”full”]Lo bueno: es la manera más barata de moverse de un lado a otro (más que el bus y mucho más que el tren), te permite conocer gente local y charlar, si sos mujer y estás viajando sola es una opción segura porque los conductores tienen referencias y están registrados en la web.

Lo malo: no hay viajes a todas partes, el horario de salida depende del conductor, los viajes más requeridos (de una gran ciudad a otra) son pocos y se llenan enseguida, algunas webs empezaron a cobrar comisión por el servicio.[/box]

[highlight]- Autostop.[/highlight] Europa es un buen lugar para hacer autostop. Yo lo hice varias veces, aunque nunca sola (es un miedo que todavía tengo que superar).

[box border=”full”]Lo bueno: te permite conocer la cultura local desde adentro, podés viajar sin horarios (vos decidís cuándo salir a la ruta), es gratis, te puede llevar a situaciones inesperadas (como que te inviten a quedarte en su casa o a conocer un lugar que no estaba en tus planes).

Lo malo: tenés que ir con paciencia, salir de las grandes ciudades a la ruta suele llevar bastante tiempo de traslado, puede que estés horas esperando, puede que no llegues cuando tenías pensado. [/box]

[box type=”tick”]Web útil para viajar a dedo: HitchWiki.org[/box]

[highlight]– Auto alquilado.[/highlight] Si vas en grupo, alquilar un auto es una muy buena opción (y, al dividir gastos, bastante económica).

[box border=”full”]Lo bueno: tenés libertad total, podés ir a donde quieras en el horario que quieras, las rutas son muy buenas, hay mucha señalización (o podés alquilarlo con GPS), si compartís gastos resulta barato, si no encontrás dónde dormir podés dormir en el auto.

Lo malo: la nafta en Europa es cara, es muy difícil estacionar en las grandes ciudades (o tenés que pagar un parking de 2-4 euros la hora), si alquilás el auto en un país y querés devolverlo en otro suelen cobrarte un extra bastante alto.[/box]

[box type=”tick”]TIP: mucha gente alquila motorhomes. Son más caros, pero si son varios y planean dormir ahí, también me parece una buena opción. Aunque OJO: en muchas ciudades no dejan estacionarlos en cualquier lado y los obligan a ir a un camping (pago) sí o sí.[/box]

[box type=”tick”]Si planeás alquilar un auto y conducir por Europa, vas a necesitar un permiso internacional para conducir o IDP (International Driver’s Permit). Ojo, el permiso no es una licencia en sí, si no un documento que traduce tu licencia a otros idiomas y la valida en el exterior, por eso siempre necesitás tener una licencia o registro de conducir previamente emitido en tu país de residencia. Podés sacar el IDP a través de la web de International Driver’s Association o, si tu registro es de Argentina, en el ACA.[/box]

[highlight]– Barco/Ferry.[/highlight] Hay trayectos entre países (o dentro de los mismos países) que solamente se pueden hacer en barco. A mí no me tocó ninguno así que no puedo hablar por experiencia. En esta web hay un buscador y comparador de precios y rutas.

Transporte dentro de las ciudades: es muy fácil ir de un lado a otro ya que el transporte público está muy bien organizado y tiene bastante frecuencia. En general las grandes ciudades tienen metro (subte), colectivos (buses), tranvías, trenes y taxis. Además muchos lugares se pueden recorrer caminando o en bici.

[box type=”tick”]Webs útiles:

– en Urban Rail pueden encontrar los mapas del metro de casi todas las ciudades de Europa.

– World Travel Guide tiene una guía de aeropuertos: ahí pueden ver qué opciones de transporte hay para llegar al centro de cada ciudad.[/box]

europa-variete-viajandoporahi-5

La salida del metro en París

La salida del metro en París

Los motorhomes están por todas partes.

Los motorhomes están por todas partes.

En algunas ciudades se pueden alquilar Smarts por horas o minutos.

En algunas ciudades se pueden alquilar Smarts por horas o minutos, con el mismo sistema de alquiler de bicicletas.

Y hablando de bicis, en la mayoría de las grandes ciudades hay sistemas de alquiler de bicis por hora (aunque para pagarlo necesitan tarjeta de crédito con chip).

Y hablando de bicis, en la mayoría de las grandes ciudades hay sistemas de alquiler de bicis por hora (aunque para pagarlo necesitan tarjeta de crédito con chip).

El autostop se hace en todos lados.

El autostop se hace en todos lados.

Varias ciudades tienen tranvía (como Praga)

Varias ciudades tienen tranvía (como Praga)

Y taxis también hay en todos lados (aunque caros!)

Y taxis también hay en todos lados (aunque caros!)

[hr]

* ALOJAMIENTO:

¿Dónde dormir? Algunas opciones:

[highlight]- Hostels.[/highlight] Hay en casi todas las ciudades (no tanto en los pueblos) y suelen ser la opción más económica. En general, una cama en un dormitorio compartido ronda los €10-20 (aunque si vas, por ejemplo, a Munich durante el Oktoberfest podés encontrarte con la sorpresa de que una cama en una habitación compartida te cuesta €100) (leíste bien). Podés buscar hostels en hostelbookers.com o hostelworld.com

[highlight]- Hoteles.[/highlight] Hay por todas partes aunque son bastante más caros que los hostels (de €40/50 para arriba). Una buena página para buscar alojamiento es booking.com

[highlight]- Campings.[/highlight] Casi siempre están en las afueras y no son tan baratos como esperaba, pero están muy bien equipados (duchas, baños, lavarropas, piscina, estacionamiento). En Francia y España pagué un promedio de €20 por noche de camping. En los lugares con playa son una buena opción porque suelen estar ubicados cerca del mar (ojo que cada país tiene sus leyes con respecto a la acampada: en España la policía me desalojó porque había acampado en la playa y no estaba permitido).

[highlight]- Guesthouses/Pensiones.[/highlight] En algunos países (como Hungría) las pensiones o casas de huéspedes son muy comunes. En estas casas cada huésped tiene su habitación y a veces se comparten el baño y la cocina. A mí me gustan mucho más que los hoteles (y son más baratas).

[highlight]- Alquiler de departamentos o habitaciones a gente local.[/highlight] El alquiler de departamentos puede ser una opción mucho más barata (y cómoda) que el hotel, sobre todo si viajás en grupo, en pareja o en familia. Las webs más populares para esto son Airbnb y Wimdu, en ambas podés alquilar un departamento entero o solamente una habitación (generalmente, cuando alquilás solo la habitación hay gente viviendo en el resto de la casa o te tocará compartir la vivienda con otros huéspedes). Los precios varían según el tamaño del departamento, la ubicación, las comodidades, los servicios y la cantidad de personas, y en general es más barato que un hotel. La web HundredRooms te permite ver y comparar los precios de los departamentos ofrecidos en distintas plataformas (Wimdu, Airbnb, Booking, HomeAway y más) en un solo lugar.

[highlight]- Couchsurfing.[/highlight] En todos los países de Europa que visité se hace Couchsurfing (podés quedarte de manera gratuita en casas de gente local). ¿Querés saber de qué se trata? Acá lo explico.

[highlight]– Intercambio de casas.[/highlight] Nunca lo probé pero parece que se usa bastante: podés intercambiar tu casa con la de otra familia (por los días que dure el viaje) de manera gratuita. Una de las webs más usadas es intercambiocasas.com

[highlight]– Alojamiento a cambio de trabajo.[/highlight] Conocí gente que se queda en casas o granjas orgánicas a cambio de trabajo. A través de Helpx podés encontrar gente que ofrece alojarte semanas o meses en su casa a cambio de que, por ejemplo, le enseñes tu idioma o lo ayudes con las refacciones; a través de wwoof podés contactarte con los dueños de granjas orgánicas para quedarte con ellos a cambio de trabajar en la granja; a través de Staydu podés quedarte con gente local a cambio de dinero, trabajo o de manera gratuita.

[highlight]– HouseSitting (cuidado de casas).[/highlight] Mucha gente se va de vacaciones (o de viaje) y necesita a alguien que le cuide la casa, así que si buscás estadías largas podés investigar esta opción. Para mucha más información de HouseSitting les recomiendo la web La guía de Housesitting. La plataforma que suelo usar para esto es TrustedHousesitters.com

Camping en España

Camping en España

Uno de mis hostels preferidos: el Sant Jordi Rock Palace de Barcelona

Uno de mis hostels preferidos: el Sant Jordi Rock Palace de Barcelona

Un hotel en Laponia Sueca

Un hotel en Laponia Sueca

Un arbolito a la salida de la casa donde nos quedamos en Zandt (Alemania)

Un arbolito a la salida de la casa donde nos quedamos en Zandt (Alemania)

[hr]

* PRESUPUESTO: ¿Cuánto plata necesito?

[box border=”full”]El presupuesto, como digo siempre, depende de muchos factores: de qué manera querés viajar, con quién vas, cuánto tiempo, qué tan rápido planeás moverte, cuánto equipaje vas a llevar, dónde querés quedarte, qué querés comer, qué transporte querés usar… Es difícil calcular un presupuesto diario porque depende de qué hagas ese día (si te tomás un tren va a subir bastante, pero si solamente gastás en dormir y comer podés mantenerlo más bajo).[/box]

Acá van algunos números (promediados) para que puedas hacer cuentas.

– El euro es una moneda muy fuerte y si bien muchos países de Europa lo utilizan, en cada país tiene un valor distinto (la economía no es igual en todas partes, hay países más caros —como Alemania o Francia— y más baratos —como Hungría o Portugal—). No sé si hace falta aclararlo, pero Europa es caro (al menos en comparación con otros destinos como el Sudeste Asiático o América Latina).

[highlight]- Alojamiento:[/highlight] quedarte en la habitación compartida de un hostel puede costarte entre €10 y €20 la noche (promedio). Alquilar un cuarto en un departamento puede costarte desde €20 hasta €100 o más (según el tipo de departamento, la cantidad de personas que se queden y la ciudad en la que esté ubicado). Los hoteles me parecen caros (€50/70 o más), hoy en día hay muchas otras opciones de alojamiento así que no es necesario quedarse en un hotel sí o sí. Los campings rondan los €10-25 (al menos en los que estuve); en algunos países se puede acampar en cualquier lugar sin pagar (como en Islandia) y en otros está restringido (pero siempre pueden pedirle permiso a alguien para armar la carpa en su jardín).

[highlight]– Transporte:[/highlight] para mí, el transporte es lo más caro que tiene Europa. Lo más barato es hacer carpooling (un viaje de 6 horas te cuesta unos €25-30, por ejemplo) o autostop. Un viaje en tren depende mucho del país (en España, un viaje de una hora tal vez te cuesta menos de €10, mientras que en Francia, en el tren de alta velocidad, te puede costar €25) (el precio del tren es muy difícil de calcular, lo mejor es que entren por ejemplo a esta web y busquen algunos trayectos para ver los precios, aunque si tuviese que estimar un promedio diría que viajar en los trenes normales, no de alta velocidad, cuesta unos €10 por hora de viaje). Hay empresas de bus que tienen ofertas muy buenas (como Megabus, iDBus o Eurolines).

[highlight]- Transporte interno:[/highlight] el transporte público tampoco es tan barato (si convertimos de euro a pesos), pero siempre es mucho más barato que moverse en taxi. Un viaje en metro puede costar entre €1 y €5 (el de Londres fue el más caro que me tomé: arriba de 3 libras por viaje), y siempre es más barato comprar los pases de 10 viajes o los pases diarios. Los buses suelen ser más baratos, aunque también cuestan entre €1 y €3 por viaje. Los trenes de cercanías son los que van a las afueras, a barrios más alejados o a los pueblos vecinos: los precios dependen del tipo de tren, de la distancia, de la velocidad…

[highlight]- Comida:[/highlight] los precios varían según el país, pero en todos lados lo más barato es hacer una compra en el supermercado y cocinarte (por €10 pueden comer tres). Sino, un menú de almuerzo o cena está entre €10 y 20 por persona (pregunten porque en algunos lugares pueden pedir medio menú) (obviamente hay lugares donde se come más barato, es cuestión de buscar), un desayuno en España puede costarte €2 (café + croissant) mientras que en Francia puede costarte €5 o más. O la opción clásica: baguette + queso + jamón = picnic improvisado y barato (esto existe en todas partes). Y si se animan, dumpster diving y table diving. Ah, un café con leche cuesta entre €1.50 y 3.50 aprox., un croissant/baguette alrededor de €1, una botella de agua de 1/2 L depende de dónde la compres (en el super unos 30 centavos, en la calle de €1 para arriba), un vaso de cerveza depende del país, pero entre €1 y €7.

europa-variete-viajandoporahi-3

En el Oktoberfest, un vaso con un litro de cerveza costaba €10

En el Oktoberfest, un vaso con un litro de cerveza costaba €10

Si compran souvenirs, van a encontrar desde postales por €1 hasta lo que se les ocurra

Si compran souvenirs, van a encontrar desde postales por €1 hasta lo que se les ocurra

Para subir a ciertos miradores hay que pagar entrada, en general ronda los €3-6

Para subir a ciertos miradores hay que pagar entrada, en general ronda los €3-6

Si bien no es como Asia, hay bastantes puestos de comida callejera (no por eso baratos). En Hungría, por ejemplo, se vende este pan por todas partes (a €2)

Si bien no es como Asia, hay bastantes puestos de comida callejera (no por eso baratos). En Hungría, por ejemplo, se vende este pan por todas partes (a €2)

Y en Bélgica, los waffles.

Y en Bélgica, los waffles.

Los mercados callejeros (generalmente matutinos) son buenos lugares para comprar frutas y verduras frescas

Los mercados callejeros (generalmente matutinos) son buenos lugares para comprar frutas y verduras frescas

En muchos países, además de la comida local, hay restaurantes de otras partes del mundo. La comida rápida más barata es el kebab (que puede costar unos €3-5). Esta es una bandeja de comida libanesa que me comí en París por algo así como €7

En muchos países, además de la comida local, hay restaurantes de otras partes del mundo. La comida rápida más barata es el kebab (que puede costar unos €3-5). Esta es una bandeja de comida libanesa que me comí en París por algo así como €7

En Europa hay un montón de museos, y muchos que vale la pena ver (como el Guggenheim). Eso sí, son un presupuesto aparte: pueden costar entre €2 y €12.

En Europa hay un montón de museos, y muchos que vale la pena ver (como el Guggenheim). Eso sí, son un presupuesto aparte: pueden costar entre €2 y €12.

europa-variete-viajandoporahi-59

En Europa se usan mucho los “free walking tours” (tours gratuitos, generalmente a cambio de una propina voluntaria al final). Los chicos de Go Local San Sebastián me llevaron en un bici-tour por la ciudad.

[highlight]Popurrí:[/highlight]

– Si quieren ir a un supermercado barato, busquen el Lidl más cercano. Suele tener los mejores precios, aunque no tanta variedad como otros supermercados.

– Los precios de los museos varían, pero casi todos tienen algún día u horario de entrada reducida o gratuita, así que averigüen en la página web antes de ir.

– En Praga es más barato tomar un vaso de cerveza que una gaseosa. En España también.

– En Granada (España) si te pedís un jugo o cerveza te dan una tapa o ración de comida (por algo así como €2).

– De los países que visité, los más caros me parecieron Francia y Alemania. Hungría me pareció uno de los más baratos.

– Hay muchos descuentos para estudiantes o menores de 26 años (en transportes y museos). También hay descuentos para jubilados.

– Hay muchas maneras de ahorrar durante un viaje. En este post doy varios consejos.

europa-variete-viajandoporahi-39

[box type=”note”]Muchos argentinos me preguntan cómo llevar la plata. Según lo que vi, en el aeropuerto de Madrid cambian pesos argentinos a euros pero a una cotización malísima. No conviene. Así que me parece que las opciones son llevar todo en efectivo (en euros en lo posible, o en dólares y cambiarlos acá) o viajar con tarjeta de crédito (la aceptan en casi todas partes así que con eso pueden pagar y a la vez sacar plata de los cajeros con la opción de “adelanto en efectivo”) Eso sí, a cualquier transacción con la tarjeta hay que sumarle el impuesto del 35 por ciento.[/box]

[hr]

* OTRAS COSAS

[highlight]– Seguridad.[/highlight] Si bien Europa es un continente muy seguro, en algunas ciudades hay que estar alerta (en Barcelona intentaron robarme como tres veces, aunque siempre aprovechando alguna distracción; en el metro de París también roban bastante, dicen). Yo ando con la cámara colgada al cuello y no pasa nada, también suelo usar la computadora en parques, en los trenes o al aire libre y nunca tuve problemas.

[highlight]– Idioma.[/highlight] Hay países donde se habla muy buen inglés (Islandia, Suecia, Hungría) y otros donde cuesta más comunicarse en ese idioma (como Francia o ciertos pueblitos de Alemania). En varios países se habla algo de castellano, pero en general en los lugares turísticos casi siempre podrán comunicarse en inglés.

[highlight]– Clima.[/highlight] Europa tiene cuatro estaciones muy marcadas. Mis preferidas son el otoño (de septiembre a diciembre) y la primavera (de marzo a junio). En invierno suele hacer bastante frío y en verano mucho calor, así que nada mejor que un punto medio. Si quieren saber qué clima hace (o hará en los próximos días) en la ciudad que van a visitar, les recomiendo la web (o app) de Yahoo Weather, de todas las que usé me parece la más acertada.

[highlight]– Equipaje.[/highlight] Les recomiendo llevar poco ya que van a estar moviéndose de un lado a otro. Fíjense qué clima hará cuando vayan y empaquen en función de eso. Si les falta ropa no se preocupen, en Europa se consigue de todo y a muy buen precio (pueden ir al Decathlon para ropa de deporte, a HyM para ropa de moda o a Primark para ropa bien barata). Si llevan equipaje liviano no van a tener que tomarse un taxi jamás, pueden subir con la valijita o mochila al transporte público, además si viajan en avión y llevan todo en la cabina se ahorran el costo de facturación del equipaje (que puede costar unos €40).

[highlight]– Internet.[/highlight] En estos países no vi nada que se parezca a un ciber café, sino que la gente lleva su computadora, teléfono o tableta a los bares y cafés y se conecta al wifi. En general todos los hostels y hoteles tienen wifi (a veces los campings también).

Castillo de Sintra, Portugal

Castillo de Sintra, Portugal

Bar en Budapest

Bar en Budapest

Brujas, en Bélgica

Brujas, en Bélgica

Callecita de Portugal

Callecita de Portugal

Pueblo checo.

Pueblo checo.

Y una esquina de Praga.

Y una esquina de Praga.

* Otras webs útiles para viajar por Europa:

rome2rio.com y goeuro.com.ar: ponen dos destinos en el buscador y estas webs les da todas las opciones de transporte (con precios estimados).

mappy.com y viamichelin.com: estas webs son muy útiles si planean viajar en auto o bici por las rutas de Europa, ya que les arman el itinerario detallado y les dicen cuánto van a tardar, cuánto van a gastar (peajes, nafta) y qué opciones de rutas tienen.

– Wikitravel: Europe: guía colaborativa (wiki) con información y consejos para viajar por Europa (en inglés)

– Wikitravel: Travel in the Schengen Zone: wiki con información muy detallada acerca de Schengen y las visas (en inglés)

europa.eu: la web con toda la información de la Unión Europea (en esta sección: Documentos necesarios para viajar)

visiteurope.com: web de turismo de Europa

eurocheapo.com: buscador y tips para viajar barato por Europa

skypicker.com: esta la acabo de descubrir (nunca la usé para comprar) y me parece muy útil, por lo menos para chusmear precios. Cuando entrás, la web reconoce en qué parte del mundo estás y te muestra una lista de todos los vuelos baratos que salen desde tu ciudad.

maps.me: con esta aplicación podés tener mapas de todo el mundo en tu teléfono y usarlos offline. La estoy usando hace poco y me parece muy útil.

europa-variete-viajandoporahi-40

Y estos músicos callejeros que vi en París y me encantaron.

Nota: le pongo muchas horas de viaje, caminatas, investigación y trabajo a estas guías prácticas y te las ofrezco de manera gratuita porque es lo que a mí me hubiese gustado leer antes de viajar. Si te sirven para planificar tu viaje, por favor considerá reservar alguno de los siguientes servicios (vuelos / hoteles / Airbnb) a través de estos buscadores. Si lo hacés, me dan una pequeña comisión que no se suma al precio final de tu compra y que me ayuda a seguir viajando y publicando guías como estas. ¡Gracias!

airbnb_credito

 

Este post contiene enlaces de afiliado (si contratás ciertos servicios a través de mi blog, recibo una comisión que no se suma al valor final de tu compra) y enlaces patrocinados.

Volver sin volver

Querida Lau:

Acabo de volver de un viaje de tres semanas por Hungría, República Checa y Alemania. En realidad debería decirte: acabo de volver de un viaje de casi ocho meses por Europa. O podría decirte: acabo de volver de un viaje de un año por Sudamérica y Europa. Pero volver a dónde, te preguntarás, si como sabés estoy en Francia y no en Buenos Aires. Será que después de mucho viajar uno se da cuenta de que volver no implica ir a un lugar concreto, sino activar el modo sedentario y quedarse quieto en donde sea. O quizá me equivoco y la única manera de volver del todo es regresar al punto de partida, a nuestro lugar de origen, a la ciudad donde consideramos que está nuestro hogar. No lo sé. Y ya sabés que últimamente soy la campeona del no sé.

Acá estoy ahora.

Acá estoy ahora. La costa está llena de edificios, pero el resto del lugar son casitas.

Lindo, ¿no?

Lindo, ¿no?

Tiene mar...

Tiene mar…

Y playas enormes.

Y playas enormes.

Lo que sí sé es que estoy cansada. Muy. Ya hace un año (este 15 de octubre se cumple) que me fui de Buenos Aires. Hace un año que no paro de moverme: Argentina, Chile, Bolivia, Perú, España, Francia, Bélgica, Inglaterra, Francia otra vez, España otra vez, Islandia (nuestro viaje inolvidable y bizarro), Francia otra vez (nunca pensé que el destino me llevaría tantas veces a este país, si te soy sincera era uno de los que menos me llamaba conocer), Hungría, República Checa, Alemania y Francia una vez más. Viajé en avión, en tren, en auto, a dedo, en blablacar. Me quedé en hostels, en casas de lectores, en casas de amigos, en casas de familias, en campings, en hoteles. Salí de mi zona de confort (¡cómo me costó arrancar! ¿te acordás), me di cuenta de lo importante que es estar, pasé duelos y dolores, presenté mi libro en España, aprendí a hacer surf (y de paso me esguincé la muñeca derecha), viajé al pueblo donde nació mi mamá, fui a Liverpool en busca de algo beatle, encontré un comodín en Chileestudié húngaro, deliré con vos en Islandia, hice 2000 kilómetros en auto de Francia a Hungría, sufrí el síndrome de París, participé en Sant Jordi, cubrí el Sziget Festival en Budapestco-escribí otro libro. Muchas cosas en muchos meses. Pero hoy, recién hoy, puedo decirte que conseguí algo tan simple como un escritorio propio y privacidad para sentarme a escribir. Porque durante un año no paré de moverme y no paré de ser huésped. Y fue agotador. Vos lo sabrás.

¡Ah! Fui al museo del mazapán. Lejos: el mujer museo de mi vida. Tendrías que haber venido conmigo. Y como si fuera poco, está en Hungría.

¡Ah! Fui al museo del mazapán. Lejos: el mujer museo de mi vida. Tendrías que haber venido conmigo. Y como si fuera poco, está en Hungría.

Tenían un montóoon de figuras hechas en mazapán.

Tenían un montóoon de figuras hechas en mazapán.

A que ahora le tenés un poco más de cariño... (Ya sé lo que estás pensando: "Mientras no tenga que comérmelo...")

A que ahora le tenés un poco más de cariño… (Ya sé lo que estás pensando: “Mientras no tenga que comérmelo…”)

Este lugar se llama Sopron y fue uno de los que más me gustó en Hungría.

Este lugar se llama Sopron y fue uno de los que más me gustó en Hungría.

Tenía una "torre del fuego". llegamos justo el día de la fiesta del vino.

Tenía una “torre del fuego”. Llegamos justo el día de la fiesta del vino.

Te lo vengo diciendo hace un tiempo y sé que me entendés: me cansé de viajar. Bah, no de viajar en sí, sino de viajar tan rápido (si bien me considero del club de los slow travelers, creo que voy a tener que ir extra slow). ¿Sabés de qué me di cuenta? (Y hace tiempo que lo venía sospechando). Creo que necesito quedarme más tiempo en un mismo lugar (que me guste, obvio), vivir dos, tres, cuatro meses y después moverme a otro lado. Al menos por el momento. No sé cuánto durará este momento, pero así como antes deseaba estar avanzando por la ruta de algún país lejano, hoy sueño con tener un lugar tranquilo donde poder escribir, una cocina donde prepararme lo que me gusta, un grupo de amigos que no se desintegre cada dos semanas, una bici para dar vueltas por ahí, un mar que no cambie de lugar enseguida. Mi cuerpo me está pidiendo una sola cosa: quietud. Es la prueba de que nuestras necesidades van cambiando. Además tengo un ama de casa viviendo adentro mío y últimamente anda con ganas de salir a tomar aire. Hoy me desperté y fui caminando al super, después cociné, limpié y ordené todo tres veces (mi lado obse en todo su esplendor, diría Maru; yo creo que es mi procrastinación necesaria para después sentarme a escribir). Supongo que mi manera de vivir es ir alternando estados. Porque también sé que no podría quedarme para siempre acá (ni acá ni en otro lado).

Te mando algunas fotos de cosas lindas que me hicieron acordar a vos, como este elefantito en medio de una calle húngara.

Te mando algunas fotos de cosas lindas que me hicieron acordar a vos, como este elefantito en medio de una calle húngara.

O este gato que me observaba.

O este gato que me observaba.

El monumento a la soda (?)

El monumento a la soda (?)

Una señora en la ventana.

Una señora en la ventana.

Chicos mirando la ciudad (Praga)

Chicos mirando la ciudad (Praga)

Y una lámpara rara en una callecita de un pueblo austríaco en el que nos perdimos.

Y una lámpara rara en una callecita de un pueblo austríaco en el que nos perdimos.

El otro día me reencontré con una amiga de Budapest en Munich (¡es linda Munich! Fui al Oktoberfest, pero después te cuento) y nos fuimos a caminar y a charlar (cómo fluyen las palabras cuando uno camina, ¿no?). Le dije que para mí la vida es cambio constante, estamos en evolución permanente, el mundo no para de avanzar. Y entendí que algo importante para mi felicidad es escuchar mis necesidades y hacer lo posible para satisfacerlas. Hace tiempo que algo adentro mío no andaba del todo bien, y ayer, cuando el tren me dejó de vuelta en Francia, entendí lo que era. Necesitaba frenar, nada más. Necesitaba saber que durante un tiempo no estoy “obligada” a irme a ninguna parte (ya sé que nadie nos obliga, pero la inercia y esa adicción que generan los viajes hace que sea difícil frenar). Y ahora me siento feliz: feliz de poder poner mis cosas en estantes y en cajones, feliz de tener un mar que me espera todos los días a dos cuadras, feliz de tener una cocina propia, feliz (tan feliz) de tener un escritorio que es solamente mío y en el que puedo dejar todas mis cosas desparramadas. No sé cuánto tiempo me quedaré acá, quizá en unas semanas piro y me voy. Pero por ahora es lo que necesitaba.

Este fue mi escritorio en Zandt, un pueblito de la Baviera alemana. Un adelanto de mi escritorio actual, aunque con otra vista.

Este fue mi escritorio en Zandt, un pueblito de la Baviera alemana. Un adelanto de mi escritorio actual, aunque con otra vista.

Allá veía el valle bien verde. Acá si hago fuerza puedo ver el mar.

Allá veía el valle bien verde. Acá si hago fuerza puedo ver el mar.

Esta maceta me gustó (la encontré en Hungría)

Esta maceta me gustó (la encontré en Hungría)

Y esta chica escribía un mensaje en el muro de John Lennon, en Praga.

Y esta chica escribía un mensaje en el muro de John Lennon, en Praga.

Te cuento algo más. Hace unas semanas, mi alma (¿será el alma?) me está sugiriendo, así bajito, como quien no quiere la cosa: Ey… pst… Ani… ¿y si volvés un tiempito a Buenos Aires? ¿No tenés ganas? Allá tenés a tus amigas, a tu familia… Podés salir a andar en bici, ir a la Masa Crítica, encerrarte a escribir, salir a caminar. Ya sé que no hay mar y que la ciudad después de un tiempo te satura, pero sería por un ratito nomás. Capaz podés hacer cosas allá, presentar más libros, organizar alguna muestra de fotos. Podés pasar las fiestas allá y después ves. Sí, sí, Buenos Aires en verano es horrible, podés freír huevos sobre el asfalto, pero te ponés un buen ventilador y chau. ¿No te dan ganas? Y todos los días me lo repite, no sé si para convencerme de que todo fue idea mía o para ganarme por cansancio.

Y la verdad es que sí, quiero volver a Buenos Aires. Pero antes quiero hacer una prueba. Quiero ver qué pasa si me quedo quieta durante, ponele, dos o tres meses en un mismo lugar, con el modo viajero desactivado. Un viajar sin viajar, digamos. Mis candidatas son Biarritz (donde estoy ahora) y Barcelona. Porque al fin y al cabo lo que necesito es quietud, una rutina, un espacio donde trabajar. Entonces quiero ver si teniendo todo eso —fuera de Buenos Aires— todavía sigo con ganas de volver a Buenos Aires. Es que lo que necesito, también, es tener a mi familia y a mis amigos de siempre cerca, tenerlos a una caminata o un viaje en bondi de distancia, poder decirles “¿vamos a tomar algo?” y unas horas después hacerlo. En Europa también tengo amigos y familia, pero mientras yo me siga moviendo ellos también seguirán estando lejos. Aunque te confieso algo más (ya sé que soy una vueltera, pero ya me conocés): durante estas últimas semanas, mientras seguía en movimiento, pensé mucho en volver a Buenos Aires, pero ahora que estoy acá, instalada en mi casita temporaria, lo estoy pensando dos veces. Por un lado: sí, quiero. Quiero Buenos Aires amigos familia bici río cafecitos charlas. Por otro: me aterra la idea de subirme a un vuelo tan largo (¿te acordás cómo me puse durante el vuelo a Islandia? Pensé que se caía el avión) y tengo miedo de volver, de estar contenta un tiempito, de que Buenos Aires vuelva a enloquecerme (es tan linda pero tan neurótica) y de querer irme otra vez. ¡Además estoy viviendo frente al mar! El sueño de mi vida… Por eso, ya veré qué me dice esa vocecita durante estas semanas.

Por el momento pienso en tener una bici...

Por el momento pienso en tener una bici…

Y me acuerdo de todos los lugares que visité en este viaje. Como Munich.

Y me acuerdo de todos los lugares que visité en este viaje. Como Munich.

Munich otra vez.

Munich otra vez.

¡El Oktoberfest! Qué bueno que estuvo, era totalmente distinto a lo que esperaba.

¡El Oktoberfest! Qué bueno que estuvo, era totalmente distinto a lo que esperaba.

Regensburg también me pareció muy linda.

Regensburg también me pareció muy linda.

Y Hungría ni hablar. Esta foto me hace pensar en París, creo que por las chimeneas.

Y Hungría ni hablar. Esta foto me hace pensar en París, creo que por las chimeneas.

Test: ¿cuántos maniquíes hay en la foto?

Test: ¿cuántos maniquíes hay en la foto?

Me gustan los colores de esta foto.

Me gustan los colores de esta foto.

Y el frente de este negocio.

Y el frente de este negocio.

Y las dos mujeres de la mano.

Y las dos mujeres de la mano.

Te extraño. Me encantó tu carta. Me encanta ver que hay gente viajando de tantas formas. Porque con nosotros los viajeros pasa lo mismo que con personas de cualquier otra profesión (fah! profesión mandé!): cuando nos ven de lejos, piensan que todos viajamos igual, que todos somos mochileros o que todos somos escritores o que todos viajamos haciendo couchsurfing. Y no. Hay tantas maneras de desplazarse por el mundo, y lo lindo es que cada uno puede elegir (o inventar) la más acorde a su personalidad. No hay que ser mochilero como tampoco hay que ser escritor para poder viajar. Me llegan mails de gente con todo tipo de profesiones (¡hasta policías!) que quieren saber si es posible combinar su trabajo con los viajes. Yo les suelo responder que se puede, aunque no tengo la fórmula. El cómo ya depende de la creatividad de cada uno. Pero como poder, todo se puede. ¿No te parece?

Es cuestión de pensar positivamente.

Es cuestión de pensar positivamente.

¡Salud!

¡Salud!

Bueno Lau, te dejo. Me voy al barcito de la esquina a encontrarme con amigos. Ja. Ya soy una porteña cualquiera, aunque lejos de Buenos Aires. Hoy estoy feliz. Necesitaba volver a esto. Contame cómo sigue todo por Kosovo. Y cuando quieras huir de Juan por un rato, vení a visitarme. :)

Un abrazo,

Ani

Viaje a las raíces

baviera-alemana-15

En la mesa del living de la casa de mi mamá, donde crecí, siempre hubo dos cajas de madera llenas de fotos en blanco y negro. Digo siempre porque estaban ahí desde que yo nací, y cuando nacemos y vemos que algo está ahí o es así, nos parece que fue así siempre. Yo me pasaba tardes enteras mirando esas fotos, clasificándolas, oliéndolas (las fotos viejas tienen un olor tan particular), tratando de imaginarme cómo había sido mi mamá a los tres años y cómo habían vivido mis abuelos en Europa. Las fotos son casi todas de Hungría y Alemania y las sacó mi abuelo, el papá de mi mamá, que murió cuando yo tenía 12 años. Si bien no pude conocerlo tanto como hubiese querido, con él me pasa algo raro: siento que charlé con él después de mis 12 años, como si lo hubiese conocido más de grande. Lo siento muy presente y cercano; debe ser porque admiro su arte (fue un gran retratista y paisajista) y su historia de vida, y porque varias veces soñé que charlaba con él.

Un retrato dibujado por mi abuelo

Un retrato de mi mamá dibujado por mi abuelo

Y así me retrató a mí cuando era bebé.

Y así me retrató a mí cuando era bebé.

Cuesta entender, creo yo, que nuestros padres y familiares vivieron tantas cosas antes de que nosotros naciéramos. Cuando yo llegué, mi mamá ya era pintora y estaba viviendo en Argentina hacía mucho tiempo —si bien seguía hablando húngaro—, y para mí eso era lo normal; yo empecé a ver la película desde esa escena. Todo lo que le había pasado antes estaba en fotos, en cartas y en sus relatos. Estamos tan enfocados en escribir nuestra propia historia que nos olvidamos de que todos los que nos rodean, especialmente nuestros familiares, cargan con varios tomos. Siempre me gustó que mi mamá me contara recuerdos de su infancia o historias de cuando tenía mi edad, y los relatos del exilio de Hungría y Alemania me parecían eventos ocurridos en otra dimensión. Nunca viví una guerra —y las guerras son algo que no me entra en la cabeza— así que siempre me costó entender que alguien tuviese que pasar por tantas cosas con tan poca edad.

Puente

Cuando mi mamá me confirmó que venía a verme a Europa con mi papá, le pedí que por favor me traiga una foto que tenía guardada en el primer cajón de mi escritorio. Es una foto en blanco y negro, sacada también por mi abuelo, en la que aparece mi mamá, muy chiquita, con su mamá y otra señora en un puente de Alemania. Ella me ganó de mano y no solo trajo esa, sino varias más de las que tenía guardadas en las cajas de madera. Ambas sabíamos que este iba a ser un viaje a sus raíces (y a las mías), y esas fotos eran la única evidencia tangible de sus primeros tres años de vida en un pueblito de la Baviera alemana. Queríamos encontrar esas imágenes y replicarlas, más de sesenta años después, pero no sabíamos si quedarían rastros de esos momentos y lugares que mi abuelo había capturado hacía tantos años con su cámara de fotos.

baviera-alemana-19

El río Regen

*

En este relato y esta búsqueda participaron muchas personas. Todos desconocidos. Todos alemanes. Salimos por el pueblo con las fotos en la mano y empezamos a preguntar: “¿Sabe dónde queda esta iglesia?”, “¿desde dónde podemos ver este paisaje?”, “¿esta casa cuál es?”, y así. No pensamos que el idioma iba a ser una barrera tan grande, pero en esta parte de Alemania no muchos hablan inglés así que nos comunicamos como pudimos, mezclando alemanglish con espanglish con traducciones de google, con “creo que está diciendo tal cosa” y con señas. Muchas cosas no pudimos averiguarlas y otras sí, pero lo que encontramos, en todas las personas con las que hablamos, fue una muy buena predisposición y ganas de ayudar. Así que estos momentos que comparto son el resultado de varios días de búsquedas laberínticas, de preguntas a desconocidos y de idas y venidas por las rutas de la Baviera.

Un paisaje de la Baviera

Un paisaje de la Baviera

*

* La estación de tren de Blaibach

“En nuestra huida de Hungría, los tres últimos vagones del tren en que viajábamos fueron bombardeados a pesar de tener pintada la Cruz Roja en sus techos. Como mi papá y mi mamá –embarazada de mí– iban en el primer vagón, salvaron sus vidas y la mía milagrosamente. Una vez que mis padres llegaron, con pocas pertenencias, a la estación de tren de Blaibach fueron hospedados por un campesino alemán en su granja. No había dificultades de idioma ya que todos los húngaros hablaban alemán como segunda lengua.”

(Las citas en itálica son fragmentos de un texto que escribió mi mamá en el 2009 para el libro “Nos trajeron los barcos”, una recopilación de historias de argentinos hijos de inmigrantes)

Blaibah_3 copy

La foto que sacó mi abuelo desde la estación de tren

La foto que sacó mi abuelo desde la estación de tren

El tren sigue pasando por Blaibach, pero la estación está casi abandonada. “Acá llegaron mis papás con sus valijas, pobrecitos, pensá que habían dejado todo y no tenían a dónde ir”, me dice mi mamá. “Un alemán les dio una casa para que vivieran en Plarnhof, donde nací; en esa época era muy común alojar a refugiados de guerra en el campo”. Buscamos el arco desde donde mi abuelo sacó la foto de Blaibach. Lo encontramos. Se ve que antes formaba parte de la entrada de la estación y tenía una tranquera: “Mirá, todavía están las bisagras”. Intento pararme en el mismo lugar y sacar la misma foto, pero es muy difícil: en sesenta años los árboles crecieron mucho, además pusieron cables y postes, y el cuarto está lleno de cachivaches que no me dejan moverme mucho. Pero el lugar fue este. Hay algo que me gusta mucho de las fotos de mi abuelo: son muy positivas, me reconfortan, transmiten la esperanza de haber podido empezar de nuevo.

baviera-alemana-34

Desde acá mismo sacó la foto mi abuelo. El lugar donde estaba la tranquera hoy está lleno de cachivaches y basura, por eso la corté tan abruptamente.

* El bosque con olor a almendras

“Plarnhof está ubicado en un valle de colinas verdes y arboladas, y está conformado por un conglomerado de casitas rurales con techos a dos aguas cerca del río Regen. Es un lugar tranquilo que no figura en los mapas turísticos ya que no hay puntos de interés que atraigan a los viajeros.”

baviera-alemana-17

Plarnhof no tiene más de cuatro casas y aún así es el lugar más importante que visitamos en este viaje. Es el pueblo donde nació mi mamá y donde vivió sus primeros tres años de vida, antes de irse a Argentina. “La otra vez que vine a Europa, hace como treinta años, no lo pude conocer. Me acuerdo que llegamos en tren hasta Blaibach, pero era domingo y llovía muchísimo así que no conseguimos ningún transporte que nos lleve a mi pueblo”, me cuenta mi mamá mientras caminamos, por fin, por Plarnhof. El valle es verdísimo, el sol no puede más, casi no hay nubes: es un día espectacular. Mi mamá mira y empieza a recordar: “¡Ay sí! Acá fue donde me caí de la escalera. Mi papá la había puesto contra un manzano y yo me subí y me caí y quedé inconsciente. Mi mamá pensó que me había muerto”. No sabe si son sus recuerdos reales o si están basados en lo que le contó su papá, pero da igual.

baviera-alemana-36

Frente al bosque

Frente al bosque

El valle verde

El valle verde

El pueblo está vacío, solamente hay dos vecinos trabajando en sus tractores. Ninguno habla inglés, pero les mostramos las fotos y nos llevan hasta los puntos desde donde fueron tomadas. Lo que más me llama la atención del lugar es el olor a almendras. Lo siento todo el tiempo, muy fuerte, como si hubiesen derramado esencia de almendras sobre el pasto. Es mi olor preferido y qué lástima que no lo puedo adjuntar a este texto, porque para mí define al lugar. Caminando encontramos la capilla donde mi mamá fue bautizada; hoy oficia de mini-cementerio y tiene la placa con el nombre del señor alemán que les dio refugio. Otra pieza del rompecabezas.

Todavía no sabemos en cuál de las casas del pueblo vivieron, sospechamos —no sabemos por qué, quizá porque alguien nos dijo que es la que está abandonada— que en el establo de la entrada. De lo que sí estamos seguras es del bosque. Es el bosque de mi mamá. Y tiene una magia que le vi a pocos bosques. “Mi papá me llevaba en sus hombros por el bosque nevado para ver a los ciervos. Él me decía que no hablara porque los iba a espantar, y obviamente yo gritaba de emoción y los ciervos se iban corriendo”, me cuenta mientras miramos cómo los rayos del sol se filtran entre los troncos e iluminan a una colonia de hongos. Es el bosque más lindo que vi en mi vida. “Mi papá siempre decía que los tres años que vivimos acá fueron de los más felices de sus vidas”.

baviera-alemana-7

Si mirás hacia arriba ves esto.

Si mirás hacia arriba ves esto.

baviera-alemana-29

* Sentada frente al río

Hay una foto de las que sacó mi abuelo que me encanta: está mi mamá de espaldas, con dos o tres años, sentada frente al río. Aunque no se le vea la cara se nota que está muy concentrada haciendo algo, quizá mirando algo o inventando un juego. En la foto se ve un puente, a lo lejos, y un conjunto de rocas en el agua. Y es la imagen que más nos cuesta encontrar.

MiRio

baviera-alemana-22

Bordeamos el río Regen y llegamos hasta el puente de la foto; sabemos que mi abuelo sacó la foto de lejos, pero no logramos encontrar desde dónde. Es un terreno plano y todo lo que bordea al río está en pendiente. No coincide. Por un rato decidimos no buscar y solo caminar y disfrutar el día.

—Si ustedes no se hubiesen ido a Argentina, yo no existiría, —le digo de repente a mi mamá.

—Existirías pero con otro nombre y nacionalidad, yo hubiese tenido hijos igual.

—Seríamos todos alemanes… Si esto fuese Family Guy ahora aparecería una escena con nosotros tres en versión alemana, rubios y de ojos celestes, vestidos con la ropa típica.

—Quizá vos te llamarías Inge.

—Inge Heinz o Strasse (?).

(…)

—Siento que mi papá está caminando por acá con nosotros, ¿no?

—Sí. Me hubiese encantado conocerlo más. Qué bueno que sacó todas estas fotos.

El puente en cuestión

El puente en cuestión

Paisaje bordeando el río

Paisaje bordeando el río

Nos subimos al auto y seguimos camino. Cuando pasamos por el camping, que está ubicado a orillas del río, me parece ver una zona baja, de pasto recto, parecida a la de la foto. “Es acá”, les digo. Entramos y le mostramos la foto a uno de los dueños y nos dice que sí, que la foto fue tomada desde el camping cuando todavía no era camping y los árboles no tapaban la vista. Nos guía hasta el lugar y pasamos un largo rato ahí, sacándonos fotos y mirando a los patos.

Fue desde por acá, aunque hoy hay tanta vegetación que la vista no es la misma.

Fue desde por acá, aunque hoy hay tanta vegetación que la vista no es la misma.

A lo lejos se ve el puente

A lo lejos se ve el puente

baviera-alemana-25

* La casa de Plarnhof

“La granja estaba ubicada en medio de un frente de batalla entre las Potencias Aliadas y las del Eje. Era un sitio peligroso: se escuchaba el persistente ruido de las metrallas y las tropas beligerantes recorrían la zona constantemente. En una ocasión los norteamericanos entraron a la granja y abrieron la puerta a patadas en búsqueda de armas. Mi mamá, que era actriz de teatro, ordenó a los integrantes de la granja que se pusieran a jugar a las cartas y cuando los norteamericanos los apuntaron ella contestó en inglés, con voz estridente, que no distrajeran a la gente que estaba concentrada en ese juego. Tenían escondidas varias escopetas dentro del asiento del sillón de doble cuerpo donde ella estaba sentada –el granjero tenía siete hijas mujeres y temía por ellas, ya que eran frecuentes las violaciones por parte de los soldados–. Los norteamericanos se acercaron a ver a qué y cómo jugaban, cuando terminaron registraron la propiedad y no encontraron nada.”

Plarnhof-ba2

MiCasa1

baviera-alemana-5

Volvemos varias veces a Plarnhof. Quizá para encontrar a alguien que pueda contarnos algo, quizá para volver a oler ese bosque, quizá para viajar un poco en el tiempo y hacer de cuenta que mis abuelos todavía están acá. Uno de los vecinos —el mismo de la otra vez— nos hace señas de que nos subamos a su auto y nos lleva de vuelta a Blaibach, a la casa de un señor de unos 80 años. El señor habla un poco de inglés y nos cuenta que conoció al hombre que había alojado a mis abuelos. Se acuerda también del tren que llegó de Hungría al final de la guerra, pero dice que no conoció a mis abuelos.

Nos invita a pasar a su casa. Quiere mostrarnos fotos de esa época. Tiene varias de las casas de Plarnhof, y así nos enteramos de cuál es la casa en la que nació y vivió mi mamá. No es el establo, es una que quedó abandonada cuando su último dueño murió. Así que volvemos al pueblo y la miramos de cerca, la rodeamos, buscamos alguna ventana abierta, espiamos. No encontramos rastros de aquellos tres años. Pero ahí entendemos por qué entre las fotos de mi abuelo aparece tantas veces esa casa. Teníamos la respuesta frente a nuestros ojos, era muy simple, pero en la emoción no la vimos.

La casa.

La casa.

Esta foto de la casa la sacó mi mamá.

Esta foto de la casa la sacó mi mamá.

* Mi mamá y mi abuela en el puente

“Todavía resuenan en mi memoria las alegres canciones húngaras que mis padres cantaban a dúo mientras recorríamos los caminos del pueblo o nos quedábamos a orillas del río bajo la sombra de los pinos y los abetos. En verano el aire estaba perfumado por el aroma intenso de los muguets –una flor típica de climas fríos– que crecían por las praderas. Mis padres eran entonados y afinados; en Europa era habitual que las familias cantaran en sus casas o en cualquier otro lugar y ocasión.”

Mi abuela era actriz. Ayer la vi por primera vez en una película húngara.

Mi abuela era actriz. Ayer la vi por primera vez en una película húngara.

No conocí a mi abuela materna. Murió cuando mi mamá era muy chiquita, poco tiempo después de que se fueran a vivir a Buenos Aires. La vi en fotos y en una película: era actriz de teatro y de cine.

La foto del puente me encanta: mi mamá está corriendo y su mamá la está mirando. Mi abuelo se paró a un costado y capturó esa escena cotidiana. El puente lo reconocí enseguida. Sigue teniendo las mismas barandas, pero cambió. Por todos los intentos (fallidos) que hago para sacar esa misma foto, puedo concluir que a este puente lo ensancharon, porque no me da el ángulo ni la perspectiva. Supongo que en estas décadas pasaron muchas cosas.

baviera-alemana-38

No puedo replicar esta foto, y eso que es mi preferida. Quizá fue un momento tan único que mejor dejarlo ahí, en esa imagen.

* De espaldas en la estación

“Mi familia ya no se podía quedar en Alemania: estaba convencida de que la situación política desataría una Tercera Guerra Mundial. Mis padres solicitaron la visa para poder ingresar a EEUU, país donde vivía exiliado mi padrino, pero les fue denegada. Decidieron venir a la Argentina, tierra de paz que aceptaba a los refugiados de guerra sin discriminación.”

2014-09-21 12.16.34

baviera-alemana-41

“Quiero que volvamos a la estación de tren para ver si la foto donde está mi mamá de espaldas es ahí, porque ayer no nos fijamos”, nos pide mi mamá. Es tu viaje, vamos a donde quieras. Así que volvemos a la estación de Blaibach. Habíamos estado tan concentrados en buscar el arco que no miramos la parte de atrás. La foto coincide enseguida. “¡Sí, fue acá!”, le digo contenta. “Vamos a replicarla. Ponete ahí y caminá… a ver, más a la izquierda… pero no camines en diagonal ma… ¡caminá normal! ¿qué es eso?”, me agarra tal ataque de risa que me cuesta mucho sacar la foto. Mi mamá es un personaje cuando quiere.

baviera-alemana-31

baviera-alemana-32

Después de eso volvemos a cruzar el puente, volvemos a pasar por su pueblo y volvemos a ver el bosque, esta vez de lejos. “Cuántas cosas pasaron antes de que yo naciera”, le digo. “Cada vez que me hablás de la guerra siento que me estás contando una película, parece mentira que haya sido real”. Pero todo eso pasó y por eso hoy estamos acá, tratando de reconstruir un pedacito del pasado.

Blaibach de lejos.

Blaibach de lejos.

*

Ni sé cómo terminar este texto. Todo lo que vivimos estos días también me parece irreal. Esta región de Alemania me sorprendió mucho. No pensé que iba a querer quedarme tanto, pero estamos acá hace cinco días y me quedaría muchos más. Me encanta ver el valle tan verde por la ventana. Me encanta la forma de las nubes, los bosques al costado de la ruta, el río Regen, el olor a almendras, los frentes de las casas llenas de flores, los vecinos que nos miran con curiosidad. Y me encantan las fotos que sacó mi abuelo, estas fotos viejas que pasaron de mano en mano, estas fotos que nos mostraron cómo fue la vida en algún momento y que nos ayudaron a ir armando el rompecabezas de nuestra historia. No sé si mi abuelo se habrá imaginado el destino que iban a tener sus imágenes cada vez que puso el ojo en el visor y capturó, con la cámara, un pedacito de su presente.

déjà vu (por las calles de Budapest)

déjà vu (del francés: ya visto) es esa sensación de que ya viviste en el pasado lo que estás viviendo en el presente (haya ocurrido o no). Algunos dicen que el déjà vu es la memoria de los sueños.

budapest-hungria-66

En todas las ciudades del mundo, en general, se repite la misma historia: una persona nace, crece y pasa gran parte de su vida en ese escenario; quizá viaja por trabajo, por placer, por vocación, y después vuelve, sigue viviendo, trabaja, se enamora, tal vez se desenamora, crece más, tiene amigos, tiene hijos, tiene nietos y tiempo después muere en esa misma ciudad. Para algunos, viajar o mudarse a otra ciudad o país es normal, pero la mayoría de la gente suele quedarse en el lugar donde nació. A veces pasa, sin embargo, que una circunstancia extraordinaria irrumpe el fluir cotidiano de esa ciudad y quiebra la vida de las personas en dos: hay un desastre natural, una guerra o una dictadura, y miles (quizá millones) de personas se tienen que ir a otro lado, tienen que escaparse o exiliarse contra su voluntad, tienen que dejar una ciudad y una vida que quizá no tenían ganas de dejar y están obligados a empezar de nuevo en un lugar distinto. Esto pasa en todas partes del mundo, y esto le pasó a millones de familias húngaras durante las grandes guerras del siglo veinte.

Budapest y el Danubio

Budapest y el Danubio

Todas las fotos de este post  son de Budapest

Todas las fotos de este post son de Budapest

budapest-hungria-15

budapest-hungria-47

La primera sensación que tuve al llegar a Budapest fue que había viajado en el tiempo, como si el trayecto en auto desde Francia también me hubiese llevado un par de siglos hacia atrás. “Esta ciudad debería estar en un museo”, me dijo L. cuando vimos el tranvía amarillo y las construcciones antiguas de Buda (porque Budapest es la unión de tres ciudades: Buda, Pest y Óbuda) por primera vez. Habíamos llegado un domingo. Unos días después salí a caminar y me sentí en una Europa muy distinta de la que había conocido hasta el momento. Estaba en una ciudad majestuosa y a la vez descascarada, antigua y melancólica, imponente y un poco descuidada (una dualidad que me fascina y que, para mí, define a las ciudades más lindas). Sentía que Budapest me transmitía una tristeza sutil en suspiros mientras yo la caminaba: “Hola, sí, soy yo, Budapest… ¡pero ay, qué vida la mía!”, como si levantara los hombros, respirara y se desinflara en recuerdos. No tuve mucho tiempo libre para conocerla: enseguida me metí en la vorágine de la rutina (mis estudios de húngaro y todas las actividades complementarias del instituto) y dejé que la ciudad se convirtiera en el telón de fondo de mis actividades durante cuatro semanas.

Hay construcciones así

Hay construcciones así

y así

y así

y puentes

y puentes

castillos

castillos

y frentes descuidados (los que más me gustan)

y frentes descuidados (los que más me gustan)

budapest-hungria-7

y este tipo de construcciones también

y este tipo de construcciones también

Una semana antes de terminar el curso conocí a mi familia húngara (de parte de mi abuelo materno) y nos fuimos al aeropuerto a buscar a mi mamá y a mi papá que estaban llegando de Buenos Aires después de diez meses sin vernos. La familia de mi mamá (tanto mi abuelo como mi abuela) era oriunda de Budapest: mi abuelo era arquitecto-ingeniero civil y pintor, y mi abuela cantante y actriz de teatro y de cine. Durante la Segunda Guerra Mundial tuvieron que huir de Hungría por motivos políticos, así que se subieron al último tren de la Cruz Roja —mi abuela, embarazada de mi mamá— que partió de Budapest a Alemania poco antes de que el régimen comunista cerrara las fronteras del país. Hungría quedó del otro lado de la Cortina de Hierro, y mis abuelos dejaron ahí a sus padres, que no quisieron abandonar su tierra y murieron tiempo después sin haber podido conocer a sus nietas. Mis abuelos vivieron los tres años siguientes en distintos pueblitos de la Bavaria alemana, donde nació mi mamá y una de sus hermanas. Después cruzaron en barco a Argentina (país que los recibió como a otros millones de refugiados de guerra e inmigrantes europeos) y vivieron el resto de sus vidas en Buenos Aires. Aprendieron castellano y se adaptaron al modo de vida argentino, aunque mantuvieron las costumbres y el idioma húngaros. Si bien soñaban con volver a Hungría, nunca pudieron hacerlo.

budapest-hungria-30

budapest-hungria-61

budapest-hungria-43

budapest-hungria-37

budapest-hungria-36

Cuando volvíamos del aeropuerto hacia el centro de la ciudad le dije a mi papá: “Budapest te va a encantar, no sabés qué linda que es, los puentes son impresionantes, las construcciones son muy antiguas, hay…”, y me interrumpí: “A vos ma no te digo nada porque ya conocés”. Y ahí me respondió algo que nunca jamás en mi vida me había planteado: “No Ani, yo nunca estuve en Budapest”. Al principio no le creí: “¿Cómo que no? Si viajaste a Europa en los 70, cuando viniste a conocer tu pueblito en Alemania, y también viniste a Budapest…¿no?”. Y me respondió algo que rompió todos mis esquemas: “Ani. Esta es la primera vez que vengo a Hungría”. QUÉEEEEE. Toda mi vida di por sentado que mi mamá (húngara, criada como húngara, con nombre húngaro, que habla húngaro perfecto) conocía su país, y resulta que la otra vez que vino a Europa, Hungría todavía estaba bajo el régimen comunista y ella prefirió no conocer. “O sea que estás pisando tu país por primera vez, no lo puedo creer”, le dije. Pero ella estaba en otra: leía todos los carteles en voz alta y me los traducía, y cada vez que veía algo que le gustaba decía “milyen szép!” (¡qué lindo!) con la nariz pegada a la ventana. Ahí, cuando la escuché explicando el significado de algún cartel, fue cuando tuve el primer déjà vu: pará, esto yo ya lo viví, o quizá lo soñé, pero me acuerdo. 

Mi mamá llegó el día de Szent István király y vio los fuegos artificiales y festejos en honor al primer rey de Hungría.

Mi mamá llegó el día de St. Stephen y vio los fuegos artificiales y festejos en honor al primer rey de Hungría.

budapest-hungria-40

budapest-hungria-41

budapest-hungria-34

budapest-hungria-33

Baldazo de agua fría

Baldazo de agua fría

budapest-hungria-46

Si bien durante las cuatro semanas que duró el curso me moví bastante por la ciudad, empecé a conocerla el día que me dieron el diploma de fin de curso, cuando la rutina ya no me tenía los ojos vendados. Volví a caminarla con la cabeza despejada y redescubrí lugares por los que había pasado todos los días sin mirar. Iba con mi mamá y le dije: “Fahh, mirá esa construcción qué linda, nunca caminé por acá”, y pocos metros después me di cuenta de que estaba a la vuelta de uno de los barcitos donde cené un montón de veces (fue como un déjà vu pero tardío). Cuando uno no mira, no ve. Saqué un montón de fotos de los edificios y las esquinas y decreté que Budapest es una de las ciudades más lindas y fotogénicas que conocí en mi vida, y no solo porque sea Budapest, sino porque no es perfecta ni pretende serlo, y eso es lo que más me gusta de ella. Durante nuestras caminatas descubrí que en ella (como pasa con tantas ciudades) se esconden y conviven otras: yo vi a Madrid, a París y a Buenos Aires.

budapest-hungria-57

budapest-hungria-56

budapest-hungria-52

budapest-hungria-38

Memorial a Michael Jackson

Memorial a Michael Jackson

Una de las tantas casas de baño de la ciudad

Una de las tantas casas de baño de la ciudad

budapest-hungria-12

budapest-hungria-10

budapest-hungria-35

budapest-hungria-22

Un día antes de irnos de Budapest me senté sola frente al Danubio, en el memorial de los zapatos (dedicado a los judíos que fueron asesinados frente al río y obligados a dejar sus zapatos en la orilla antes de ser fusilados), y me puse a pensar en mi abuelo. ¿Cómo habrá sido su vida en esta ciudad? ¿Por dónde habrá caminado? ¿Se habrá sentado acá alguna vez? ¿Qué hubiese sido de él si se quedaban durante el régimen comunista? ¿Quedará, acá, gente que lo conoció en persona? ¿Lo recordarán por sus obras? (Diseñó, entre otras cosas, el antiguo aeropuerto de la ciudad, varias iglesias y edificios, pero el régimen soviético sacó todas las placas con su nombre). Pensé en todas las cosas que pasaron en esta ciudad (las tomas, las guerras, los bombardeos, la destrucción, los enfrentamientos, la revolución) y entendí un poco el por qué de esa tristeza que me transmitió el primer día. También entendí, después de conocerla más, el por qué de la nostalgia de los húngaros exiliados por su tierra. Budapest es tan linda que duele.

budapest-hungria-64

budapest-hungria-63

budapest-hungria-21

budapest-hungria-14

budapest-hungria-9

budapest-hungria-4

budapest-hungria-51

budapest-hungria-67

Y durante esas horas que pasé frente al Danubio pensé que la vida, al final, consiste en dónde pasás tu tiempo y cómo. Al final todo se reduce a eso. Nacemos, recibimos un cuerpo, aprendemos un idioma y con él una manera de entender y ordenar la realidad que nos rodea, tenemos una cultura y una nacionalidad que nos moldea. Hacemos cosas, tenemos historias, pasamos por situaciones difíciles y agradables. Y en este tablero algunos necesitamos el movimiento para ser felices y otros son obligados a moverse y no quieren. Hay quienes nacen en el lugar que sienten correcto y otros en el que consideran equivocado. Y hay miles, millones, que viven con nostalgia del lugar que tuvieron que abandonar: su ciudad, el lugar donde crecieron, su país. Y esa, sospecho, debe ser una de las tristezas más difíciles que nos toca soportar.

[box border=”full”]Les recomiendo el libro “La mujer justa” de Sándor Márai (escritor húngaro). Una misma historia contada por sus tres protagonistas, una reflexión profundísima y excelente acerca del amor, la soledad, la muerte y los mandatos sociales. Y está situada en Budapest.[/box]

Ojos nuevos

I can speak Hungarian, what’s your superpower? / Hablo húngaro, ¿cuál es tu superpoder?
(Mensaje visto en una remera* en Budapest) (*en Argentina, remera —y no ramera ni mujer que rema— es lo que en otros países llaman polo, camiseta, chomba… o en inglés: shirt)

hungria-1

Por las calles de Budapest

Cuando dije que iba a aprender húngaro muchos me preguntaron para qué. Con el modo sarcasmo activado, me dijeron: “Ah, pero te va a ser muy útil”. Sí, tanto como el poco indonesio que hablo o el catalán que quiero aprender. Nos enseñan a ver los idiomas desde el lado práctico y no desde el humano. Aprender un idioma que se habla en un solo país o región y que no sirve para comunicarse internacionalmente parece una pérdida de tiempo, plata y esfuerzo. Es cierto que en este mundo los idiomas que hay que aprender son otros, pero los que salieron elegidos están en el podio solo por una cuestión de historia. Si las cosas se hubiesen dado distinto quizá todos estaríamos hablando latín, ruso o mandarín (dicen que es el idioma que se viene). Lo lindo de aprender otro idioma (sobre todo si es uno muy distinto al propio) es que a la vez aprendés a ver el mundo con ojos nuevos: a new language gives you a new mindset. Un lenguaje nuevo también te da una manera nueva de pensar y de entender la realidad. Y esa, para mí, es la mayor ganancia.

El tranvía en Budapest

El tranvía en Budapest

Vista de Budapest

Vista de Budapest

Pasé 29 años escuchando a mi mamá hablar húngaro. Como nunca entendí lo que decía, no le presté demasiada atención. A mí me sonaba a idioma inventado: seguro que ella y sus hermanas lo crearon cuando eran chiquitas, jugando, y lo mantuvieron de grandes para poder hablar en secreto delante de todos (como el jeringozo o ese idioma escrito de palitos y puntitos con el que me escribía cartas indescifrables con una amiga en el colegio). El húngaro me parecía un idioma tan imposible que ahora, después de haber hecho un curso de un mes, no puedo creer que ya tengo noción de la gramática, que puedo decir algunas cosas básicas y que puedo leer (y mitad inferir) los carteles más básicos de Budapest. Nada es imposible.

Ahora sé que "otthon" significa "en casa", pero el día que saqué la foto no tenía ni idea.

Ahora sé que “otthon” significa “en casa”, pero el día que saqué la foto no tenía ni idea.

Atardeceres desde mi ventana

Atardeceres desde mi ventana

Cuando dije que iba a estudiar húngaro, otra de las cosas que me preguntaron fue: “Y es parecido al alemán, ¿no?”. No. El húngaro no se parece a ningún otro idioma, es como una isla lingüística en medio de Europa. No pertenece a las lenguas indo-europeas (como el inglés, el español, el ruso, el alemán, el francés, entre otros), tampoco a las eslavas (como los idiomas de la gran mayoría de los países de Europa del este); es un idioma de origen urálico, como el finlandés y el estoniano, pero que tampoco se parece demasiado a los de su grupo. “El húngaro es un idioma al que hasta el diablo le tiene miedo”, dicen por ahí. Y entiendo por qué: la gramática es complicada, las palabras se forman por aglutinación (se agregan sufijos y prefijos, se pegan dos o tres palabras y se forman palabras nuevas larguísimas), hay 14 vocales, hay que tener bastante memoria para recordar el vocabulario y hay ciertas conjugaciones verbales que parecen raps mezclados con trabalenguas. Lean, por ejemplo, estas palabras en voz alta (y pónganle ritmo y movimiento de mano): tettem tettél tett tettünk tettetek tettek. Felicitaciones, acaban de conjugar el verbo tesz (hacer) en pasado indefinido. Ya pueden decir que saben rapear en húngaro.

Conjugaciones

Conjugaciones

hungria-20

Este cartel no lo entiendo todo, por ejemplo.

Los idiomas me fascinan. Si pudiera elegir un superpoder creo que cambiaría el de la teletransportación por el de ser capaz de hablar todos los idiomas del mundo. Me pongo a pensar en cómo nacen los idiomas y en cómo es que nosotros nacemos con la capacidad de aprender cualquier idioma y no encuentro respuestas. ¿Cómo fue? ¿Un día un húngaro empezó a señalar cosas y a darle nombres al azar? ¿Y cómo se llegó al acuerdo de que ese elemento, de ahora en más, se iba a llamar así? ¿Y cómo se inventaron las letras? ¿Por qué se le pusieron puntitos y palitos y colitas? ¿Y quién decidió la pronunciación? ¿Y cómo es que un chico, a determinada edad, es capaz de empezar a hablar? ¿Cómo es que entendemos que eso que tenemos adelante se llama así y que eso otro se llama asá?

¿Por qué en un lugar del mundo "panqueque" se dice "palacsinta"?

¿Por qué en un lugar del mundo “panqueque” se dice “palacsinta”?

hungria-13

o “cine” se dice “mozi”…

Intento imaginarme el origen de cualquier idioma y no puedo, es algo que me sobrepasa. Lo mismo que las jergas: ¿quién inventa el slang? Sí sí, ya sé que es el idioma que se habla en la calle, que es el lenguaje informal, pero alguno debe haber sido el primero que dijo la palabra chamuyar, por ejemplo. No sabés cómo me chamuyé a esa mina, le habrá dicho a un amigo, y el amigo no entendió. Y de repente en otra parte del país alguien usó la misma palabra para la misma acción, pero ¿por qué? ¿Cómo supo? ¿Cómo se dio esa casualidad? Me exprimo la cabeza pensando en estas cosas. Es que amo las palabras y todo lo relacionado (hoy, caminando por Budapest, llegué a una de esas revelaciones obvias: las palabras son mi materia prima, otros trabajan con colores, con sonidos, con papel, con arcilla, con números. Yo trabajo con veintisiete letras que puedo combinar como quiera).

hungria-10

El cartelito blanco dice “rossz a zár” (cerradura rota)

Hay otras palabras, como "posta", que son más fáciles de inferir.

Hay otras palabras, como “post” o “posta” o “postas” —todas relativas al correo—, que son más fáciles de inferir. El húngaro también tiene varias palabras que provienen del latín.

Y acá encuentro mi nombre por todas partes! :)

Y acá encuentro mi nombre por todas partes! :)

Hasta en las lapiceras estandarizadas.

Hasta en las lapiceras estandarizadas.

Y también me pregunto: ¿el idioma moldea la manera de ver el mundo? ¿O la manera de ver el mundo moldea al idioma? Los húngaros tienen un lenguaje muy musical (algo que, como pasa con cualquier idioma, se pierde en la traducción). El húngaro es un idioma de armonía: cada sufijo, por ejemplo, tiene dos o tres variantes, ya que el elegido depende de las vocales que tenga la palabra raíz (no sea cosa de que desentone). Es un idioma sin un orden estricto de palabras, al contrario, el orden se decide según lo que se quiera enfatizar. Por eso, quizá, es un idioma de poetas, de inventores y de creativos. ¿Será que los húngaros son creativos a causa de su lenguaje? ¿O crearon un lenguaje así porque ya eran creativos? ¿Qué vino primero: el huevo o la gallina húngara?    

hungria-22

hungria-16

También encuentro mensajes en inglés.

También encuentro mensajes en inglés (acá casi todos hablan inglés).

Mi mamá está feliz porque llegó a un país donde todos hablan su idioma. Se la pasa leyendo y traduciendo carteles y me ayuda a practicar lo que aprendí. Durante este mes de estudio en el Balassi (el instituto donde aprendí húngaro) mi cabeza fue un lío: doy fe de que cuando uno empieza a aprender un idioma nuevo se le vienen a la cabeza todos los idiomas que aprendió alguna vez. Pensé que mi indonesio había quedado sepultado, pero cada vez que buscaba una palabra en húngaro en mi memoria aparecía, sin que la llamara, la versión en indonesio. A veces pienso que guardamos las palabras en otros idiomas como en bolsitas y cuando las buscamos aparecen en todas sus versiones conocidas (—¿Qué buscás? Ah, “gracias”. Mirá, esa la tengo en indonesio, en francés, en italiano, en portugués, en catalán, en inglés… ¿cuál querés?). También estoy aprendiendo francés (aunque por mi cuenta y muy de a poco) y fueron muchas las veces que estuve a punto de decir merci en vez de köszönöm o oui en vez de igen.

El instituto donde estudié. Atención gente con familia húngara, si les interesa aprender el idioma investiguen la web del Balassi, hay becas y muchos cursos interesantes.

El instituto donde estudié. Atención gente con familia húngara, si les interesa aprender el idioma investiguen la web del Balassi, hay becas y muchos cursos interesantes.

Collage que hicimos el último día de clases. Tomate se dice "paradicsom" (que en húngaro también significa paraíso). "Alma" es manzana. Gato se dice "cica" (se pronuncia tsitsa), "sör" es cerveza y pálinka es un trago que seguro les van a hacer probar si vienen para acá.

Collage que hicimos el último día de clases. Tomate se dice “paradicsom” (que en húngaro también significa paraíso). “Alma” es manzana. Gato se dice “cica” (se pronuncia tsitsa), “sör” es cerveza y pálinka es un trago que seguro les van a hacer probar si vienen para acá.

Pero lo mejor de haber estudiando un idioma en su país de origen es que vi cómo las palabras cobraban vida. Porque una cosa es aprender el idioma con libros y en clases, saberse la gramática y acordarse algo de vocabulario, pero otra cosa es ver esas palabras convertidas en algo real, casi tangible. Como cuando me senté a la mesa de la cocina de mi familia húngara y les dije lo que era cada cosa en húngaro (vaso, plato, cuchillo, tenedor, ensalada, pollo), o como cuando una húngara se emocionó porque le dije que sabía decir los colores en su idioma y me empezó a mostrar cosas para que le dijera de qué color eran, o como cuando dicté el número de teléfono de mi mamá en húngaro, o cuando le dije a una de mis parientas viszlat! (Chau chau, nos vemos) y me dijo holnap? (¿Mañana?). Pero lo mejor fue lo que me pasó el último día de clases, después de la ceremonia final. Salí del instituto con la cabeza mucho más relajada y por fin me dediqué a mirar de verdad. Leí, como todos los días, el cartel que está frente a la parada del colectivo (que nunca había entendido, pero leía porque estaba ahí), y me dije: “Pará. Elsö significa primero, szénsavas significa con gas, vodkája significa el vodka de y Magyarország es Hungría: ¡El primer vodka gasificado de Hungría!”. Leí mi primer cartel completo el mismo día que terminé de estudiar. Y ahí fue, también, cuando empecé a conocer Budapest.

hungria-21

Sziget Festival (días 6 y 7): y todo lo demás también

[box border=”full”]Este es el último post de la serie dedicada al festival Sziget de Budapest. No es un error que haya saltado del día 4 al 6: es que el 5 no fui. Mis conclusiones y el lado A (de arte) y B (de be) de este festival.[/box]

Si bien este es el video resumen del Sziget 2013, el ambiente, los escenarios y la decoración fue casi la misma que la de este año. Cambiaron las bandas y el público, pero la esencia del festival se mantuvo. El Sziget —que significa “isla” en húngaro— se hace en la isla Obudai de Budapest y durante siete días es un mini país (o isla-estado) con gente de todas partes del mundo (cuando entrás te dan un pasaporte y todo). Pero que se celebre en una isla no quiere decir que esté aislado de la ciudad/país/mundo que lo rodea. Este año, el Sziget coincidió con tres aniversarios: los 45 años de Woodstock, los 25 años de la caída del Muro de Berlín y del cambio de régimen en Hungría y los 40 años de la invención del cubo Rubik por el húngaro Ernő Rubik. Lo que me parece interesante, también, es que nació como consecuencia de la situación del país.

sziget-festival-33

sziget-festival-42

sziget-festival-35

Sziget nació en 1993 como un campamento con música, arte y teatro. Fue organizado por un grupo de amigos con el objetivo de reavivar los festivales de verano, eventos que habían quedado sin financiación oficial tras la caída del comunismo en 1989. Lo pensaron como algo para divertirse y lo planearon durante su tiempo libre. La primera edición se llamó Diáksziget (isla de los estudiantes) y reunió, durante siete días, a músicos y artistas húngaros y a 43.000 personas. Era la primera vez que se organizaba algo así en el país y las ganancias no alcanzaron para cubrir la inversión, pero aquel grupo de amigos decidió seguir organizando una edición por año del festival. Recién en 1997 lograron recuperar los costos con ayuda de sponsors. Hoy, veintiún años después, el festival se convirtió en uno de los más grandes de Europa. Pero la esencia, según nos explicaron sus organizadores actuales, sigue siendo la misma: un campamento de amigos con música, arte y teatro.

sziget-festival-36

sziget-festival-38

sziget-festival-54

sziget-festival-41

sziget-festival-55

En esta edición de Sziget, además de música, hubo juegos y espectáculos. Por ejemplo: una carpa de circo con shows en vivo, un dragón que todas las noches largaba fuego, una carpa de juegos lógicos (cubos rubik, ajedrez, campeonatos de poker), clases de yoga, tai chi y danza; una feria de juegos que imitaba a las ferias de Europa del Este de otra época, teatro callejero, proyecciones de películas, bunjee jumping, clases de húngaro, fogatas para sentarse alrededor, pintadas de arte en vivo, mesas de ping pong, la playa de río. Y además de eventos, hubo muchísima gente: alrededor de 415.000 personas en siete días.

sziget-festival-52

sziget-festival-53

sziget-festival-51

sziget-festival-44

sziget-festival-43

El Sziget está entre los 10 festivales de música más grandes del mundo (junto con, por ejemplo, el Rock in Río de Brasil, el Coachella de Estados Unidos, el Mawazine de Marruecos, el Exit de Serbia, Tomorrowland de Bélgica). Como puesta en escena me pareció impresionante: la isla estaba muy bien decorada y repleta de luces y colores; el escenario principal se adaptaba al show de cada artista (cambiaba la escenografía y las luces para cada banda); el sonido era impecable; había varios escenarios con distintos tipos de música (reggae, música del mundo, bandas europeas). Sziget se diferencia por su lado artístico y también porque no está encasillado en ningún género musical (otros festivales son solamente de música electrónica, de música indie, o de rock, en cambio Sziget es más de adaptarse al gusto actual de los espectadores).

sziget-festival-50

sziget-festival-60

sziget-festival-48

sziget-festival-47

El último día no me quedé hasta el final: no me dio el cuerpo. Ahora me arrepiento un poco. Creo que si me hubiese quedado los siete días seguidos acampando ahí (con la mente puesta únicamente en el festival) hubiese sido distinto, pero ir todos los días y volver a la noche para tener que levantarme a la mañana siguiente e ir a clases de húngaro (y cambiar el chip a modo húngaro) fue algo que me agotó. Además tengo un problema: no me gustan los amontonamientos de gente, me lo banco un rato pero después ya no la paso bien. No sé si es algo de la edad, pero me irrita bastante que me empujen, o no poder ver el escenario, o justo al lado tener a un grupo de gente que se la pasa gritando y no me deja disfrutar la música (y no poder moverme de ahí por estar más encastrada en la masa que una pieza de tetris). Pero también sé que estos eventos no serían lo que son sin la gente: lo que es en vivo se disfruta colectivamente (sería ridículo pretender que toquen solo para mí). Así que durante el último día mi lado amante de la música y del arte se peleó un poco con esa señora malhumorada que llevo adentro y que se despierta cuando está atrapada en una masa muy grande de gente.

sziget-festival-59

sziget-festival-46

sziget-festival-45

sziget-festival-39

Ahora que el festival terminó, mi foco está en Hungría. El curso de húngaro se termina en unos días y si bien no puedo tener más que una conversación muy básica (o ni siquiera eso), por lo menos empiezo a entender la lógica del idioma y soy capaz de leer algunos carteles o cazar palabras sueltas (pero me parece que es cierto eso de que el húngaro es un idioma al que hasta el diablo le tiene miedo). Mi familia llegó hace unos días y pronto empezaremos nuestro viaje por el interior de Hungría y por Alemania. Sé que van a ser tres semanas muy especiales. No sé cuánto publicaré en tiempo real al respecto, pero estoy tomando notas. Este viaje por Hungría es muy mío y creo que me va a costar un poco relatarlo.

[box border=”full”]Este fue el último post de la serie Sziget Festival. Podés leer los otros acá:

Día 1: la isla de la libertad
Día 2: efecto retardado
Día 3: lo que nos define
Día 4: la marea

Más información del festival: szigetfestival.com[/box]

Sziget Festival (día 4): la marea

[box border=”full”]Entre el 11 y el 17 de agosto fui al festival Sziget en Budapest, uno de los eventos musicales y artísticos más grandes de Europa. En estos posts (que ya no son en tiempo real sino en tiempo irreal) hablo acerca de algún artista o detalle que me haya gustado (o no). Y casi siempre termino filosofando acerca de la vida en general, no sé por qué.[/box]

 

Ya sé: estoy haciendo trampa. Me hice la loca y dije que iba a escribir un post por día de festival (es decir siete posts en siete días) y al cuarto día abandoné la misión y me fugué de internet. La verdad es que no me dio el cuerpo ni la cabeza para seguir el ritmo de Sziget y a la vez ir a las clases de húngaro todas las mañanas (seré nerd pero vine a Budapest a estudiar húngaro y no quería descuidar eso). Los textos anteriores los escribí con pocas horas de sueño encima y me da miedo releerlos porque no sé si tienen mucho sentido. Así que voy de nuevo. Toma 2, ¡acción!

2014-08-14 22.39.11

El día 4 no llevé la cámara, así que las pocas fotos que saqué fueron con el teléfono (el resto son de los fotógrafos oficiales de Sziget)

Siempre me gustó leer las biografías de mis artistas preferidos. Me interesa saber cómo se criaron, dónde crecieron, qué les pasó de chicos, qué querían ser, cómo llegaron a donde están, qué experiencias tuvieron, en qué creyeron fallar. Vivimos en un mundo de resultados y en general conocemos a los artistas cuando ya están arriba, cuando ya son John Lennon o Gabriel García Márquez o Stanley Kubrick o Soda Stereo y nos olvidamos de que todos transitaron un camino que los llevó hasta ahí, todos empezaron con una idea, un talento, un sueño, una vocación, un impulso y fueron paso a paso. Hace un tiempo leí un post en el blog Zen Habits y ahora no puedo encontrarlo para citarlo pero decía, en otras palabras, que si salimos a correr y vemos a otro que está corriendo más rápido o mejor que nosotros no tenemos que sentir bronca ni envidia ya que no tenemos ni idea de qué proceso transitó esa persona para correr así (quizá está entrenando para una maratón, quizá acaba de terminar su rehabilitación y está feliz de volver a correr, quizá está corriendo rápido para no pensar en cosas que le hacen mal). Todos estamos en proceso de algo.

El cuarto día de Sziget fue uno de mis preferidos pero también el más agotador. No fui con tantas expectativas como los días anteriores: el lunes fui por Blink 182, el martes por Ska-p, el miércoles por Placebo. El jueves fui más bien a ver qué onda. Y tuve tanta suerte que vi en vivo a un dúo que ahora me gusta mucho: Macklemore & Ryan Lewis. Confieso que unos días antes los googlé para ver si conocía algún tema y cuando me encontré con Thrift Shop (lo pongo acá abajo) dije ¡ah, son ellos! y fui contenta (sin saber lo que me esperaba).

Macklemore (Ben Haggerty, nacido en 1983) es un rapero estadounidense que produce su música de manera independiente desde el 2000. Ryan Lewis (nacido en 1988) es un productor, músico, fotógrafo y DJ estadounidense que también produce sus propios álbumes y que trabaja con Macklemore desde el 2006. En el 2012 grabaron, produjeron y distribuyeron el álbum The Heist de manera independiente, sin ningún tipo de promoción mainstream, y llegaron al primer puesto en iTunes horas después de haberlo publicado. Sus videos tienen millones de vistas y miles de personas van a sus recitales, y todo sin sello discográfico de por medio (otra prueba más de que el contacto entre artistas y fans cada vez es más directo).

2014-08-14 21.43.53

2014-08-14 22.38.05

Hay algo del hip-hop (la cultura de la que forma parte el rap) que me gusta mucho: supongo que es la importancia que tienen las palabras, las letras, en las canciones. Si bien es un género que no tengo explorado a fondo para nada, siempre me atrajo. En el show de Macklemore y Ryan Lewis había 85.000 personas (fue el día con más gente del festival) y si bien no me gustan (ni me motivan) las masas de gente así toda junta tengo que reconocer que fue una noche cargada de energía. Macklemore no solo cantó sino que se conectó mucho con la audiencia. Una de las frases que dijo y que más me gustó fue: “We need differences, we are products of something bigger, if we were all the same there would be no creativity” (“Necesitamos diferencias, somos productos de algo más grande que nosotros mismos, si todos fuésemos iguales no habría creatividad”). Ahí empecé a ver por dónde venía la mano.

SzemereyBence5417-ch

Foto: szigetfestival.com / Szemerey Bence

SzemereyBence5727-ch

Foto: szigetfestival.com / Szemerey Bence

Creo que si bien existen las biografías y las autobiografías y las memorias, los artistas escriben su historia a través de sus obras. Las letras de Macklemore y Ryan Lewis hablan acerca de temas que nos tocan a todos, están cargados de franqueza y apuntan a los conflictos más básicos y humanos de cualquier persona. La canción Ten thousand hours (Diez mil horas) hace referencia a un concepto del autor Malcolm Gladwell: “Una de las claves para tener éxito es practicar una tarea durante 10.000 horas”. Y Macklemore dice, por ejemplo: “I stand here in front of you today all because of an idea / I could be who I wanted if I could see my potential” (“Hoy estoy acá parado frente a ustedes todo gracias a una idea / Podía ser quien quería si podía ver mi potencial”); “The greats weren’t great because at birth they could paint / The greats were great cause they paint a lot” (“Los grandes no fueron grandes porque pudieron pintar desde que nacieron / Los grandes fueron grandes porque pintaron mucho”); “A life lived for art is never a life wasted” (“Una vida vivida para el arte nunca es una vida desperdiciada”); “I make my living off of words / And I do what I love for work” (“Me gano la vida con mis palabras / Y trabajo de lo que amo”); “Generation of kids choosing love over a desk” (“Generaciones de chicos eligiendo el amor antes que un escritorio”).

En Victory Lap habla, justamente, acerca del camino que transitó para llegar a donde está: “I remember the days with nothing but a bus pass” (“Me acuerdo de los días en que no tenía más que un pase de bus”); y acerca de ser un artista independiente: “But I got creative control and my soul is mine / I wouldn’t trade it, maybe I’m crazy” (“Pero tengo control creativo y mi alma me pertenece / No lo cambiaría, quizá estoy loco”), “Now a days make good music, the people are your label” (“Hoy en día hacé buena música, la gente es tu discográfica”). Y, por sobre todo: “Music is the only medium that I could find myself through” (“La música es el único medio por el que me puedo encontrar”). Cada cual se expresa como mejor le sale, unos usan la música, otros usan las letras, otros los colores, otros el baile, pero todos hablan de lo mismo, de todo eso que tienen adentro.

Las letras de M&RL me hacen pensar mucho en las historias y conceptos del libro El Elemento de Ken Robinson (del cual hablaré en otro post, porque me parece un libro fundamental y que todos tienen que leer): ambos hablan acerca de hacer lo que uno ama, ambos redefinen el concepto de trabajo y de educación. Ahora, quizá uno se pregunta por qué tanta gente fue a ver a esta banda. ¿Es una moda? ¿Es el género cool del momento? No sé, no creo, me parece que la diferencia la marca la autenticidad de lo que hacen. Una de las canciones más reconocidas del dúo se llama Same love (Mismo amor) y se convirtió en el himno a favor de la legalización del matrimonio igualitario: “Whatever god you believe in / We come from the same one / Strip away the fear, underneath, it’s all the same love” (“Sea cual sea el dios en el que creas / Todos venimos del mismo / Sacate el miedo, en el fondo, es todo el mismo amor”). Es la primera vez que un grupo de hip-hop habla acerca de la necesidad de respetar estos derechos.

El jueves fuimos una marea de 85.000 personas cantando acerca de temas que nos importan, acerca de temas que definen a esta época y a esta generación. Y cada vez me convenzo más de cómo está cambiando todo, cómo se está redefiniendo la realidad, cómo los conceptos de trabajar/amar/educar/vivir/(y viajar, por qué no) van tomando nuevos significados y dejan de estar encasillados en un solo modelo. Todavía hay muchos que dicen (y condenan): “Eso no es música”, “eso no es trabajo”, “eso no es amor”, “eso no es educación”. No quieren mirar hacia adelante ni dejar atrás estructuras que cada vez se vuelven más obsoletas y se alejan más de la naturaleza humana. Pero por suerte hay miles de personas cantando, escribiendo, pintando, bailando, pensando y haciendo lo posible para generar otra manera de mirar.

Privacy Settings
We use cookies to enhance your experience while using our website. If you are using our Services via a browser you can restrict, block or remove cookies through your web browser settings. We also use content and scripts from third parties that may use tracking technologies. You can selectively provide your consent below to allow such third party embeds. For complete information about the cookies we use, data we collect and how we process them, please check our Privacy Policy
Youtube
Consent to display content from Youtube
Vimeo
Consent to display content from Vimeo
Google Maps
Consent to display content from Google